Al alba.
Al alba desperté, escuché entre susurros tu nombre. Tu nombre venía como brisa de julio, se asomaba agresivo e invisible. Tu nombre venía como soplo vivo desde el fondo de mi mente. Nunca supe, hasta ese alba en que desperté, que tú habitabas tácito en mí, no conocía completo mi ser hasta que te escuché, clamor vivo de arroyo repentino, suave suena continuo, desde el fondo vino, clamando a aquel ser vivo.
Al alba dormí, con tu nombre entre los suspiros de mis labios entrecortados, un clamor, como petición al dios divino, ahí estabas entre un suspiro y la existencia eterna, eras una nada existente entre mis ideas y la claridad de un acto espiritual y existente, físico y lejano, lo suficiente para habitar entre el golpetear de mi lengua entre mis dientes al recitar el clamor de tu existir.
Al alba dejé ir y entonces entendí, como existes para mí. El alba se fue y pude ver, latido a latido tu nombre completo siendo revelado, cada uno en su color, se presentó, entonces los motivos, las razones y fuí como un bebé, un recién nacido en el mundo y cada cosa tan común antes tiene un significado, porque en ella estas marcado, tú nombre le da un significado.