Capítulo 1 | La llama:
Hace 66 millones de años, la magia no era una leyenda; era el aire que se respiraba. Un mundo donde dragones surcaban los cielos, donde los ponis alados cortaban las nubes con sus cuernos y donde los magos moldeaban la realidad con un susurro. Pero la inteligencia, cuando se mezcla con la ambición, se vuelve veneno. Los magos, hambrientos de dominio, decidieron que los dragones sobraban. Los acorralaron. Los cazaron. Los convirtieron en trofeos
Los dragones que sobrevivieron lo hicieron escondiéndose, fundiéndose con la tierra, cambiando su propia esencia hasta aprender a plegar sus alas y a ocultar sus escamas bajo pieles más frágiles, pareciéndose al aspecto de los magos, Los magos, por su parte, olvidaron tanto sus hechizos que generaciones después nacieron sin siquiera una chispa de poder. Se convirtieron en lo que ahora llaman “humanos”. Solo unos pocos guardianes de la antigua verdad permanecieron, susurrando una profecía en la oscuridad: “Llegará el día en que una bruja de cabello blanco hará renacer la magia.”
Sam era un eco de ese pasado sangriento. Un descendiente de dragones que prefería el silencio. A sus veinte años, había perfeccionado el arte de volverse invisible en la universidad. Sus audífonos eran su escudo, su ropa oscura un truco para absorber cada rayo de sol y mantener caliente al depredador que dormía bajo su piel No había usado sus poderes desde los 5 años desde que aprendió a reprimir el fuego que le hervía en la garganta
Un martes cualquiera, esperaba su clase de termodinámica, con la mirada perdida en una grieta del techo, cuando una energía disruptiva estalló en el pasillo.
—¡Hola! ¡Yo soy Summer! —una voz demasiado alegre para las 7 de la mañana.
Sam no giró la cabeza. ¿Será Nueva? Nunca la he visto, y entonces, esos ojos se clavaron en los suyos,
Momento de irse,
Se escabulló justo cuando el profesor entraba al aula. Se sintió victorioso. Un día más sin interacciones forzadas. Pero al sentarse, la puerta se abrió de nuevo. Era ella. Susurró algo al oído del profesor, quien asintió con una sonrisa paternal.
—Atención, clase Esta es Summer, mi hija, A partir de hoy se une a nosotros—
—No. No, no, no.—
Summer escaneó la sala y su sonrisa se iluminó al ver el único asiento vacío, justamente el que estaba junto a Sam
Sam contuvo el aliento
—Hola, ¿Cómo te llamas?—
El dragón dentro de él se agitó, Pero los años de fingir normalidad pesaron más
—Sam —
respondió, con la voz más neutra posible
—Yo soy Summer, ¡Encantada! —
La clase fue un torbellino de susurros, Summer le contó, sin que él preguntara, quién le gustaba a quién, quién se había peleado con quién, y qué profesor tenía un tatuaje oculto, Sam, por primera vez en años, se encontró prestando atención a otra persona, a regañadientes por supuesto,
Al terminar, se dirigió a su rincón habitual para no comer, para simplemente existir en paz, Pero unos pasos resonaron detrás de él, Diez minutos después, una voz lo hizo saltar
—Entonces, nuevo amigo, ¿a dónde vamos?—
Sam se llevó una mano al pecho, su corazón latía como un tambor de guerra
—¡Aargh! ¡Estás loca! Casi me matas del susto —
Summer parpadeó, genuinamente confundida
— Lo siento, no quise asustarte, solo quiero saber a dónde vamos —
—Voy a… olvidalo, ¿Tú no vas a comer? Yo no suelo hacerlo —
—¡Yo sí! Me encanta cocinar, Lo hago todo yo —
Sam la miró, ese fuego interno que siempre sentía frío se templó un grado,“Una interacción no me va a matar”,La idea salió de su boca antes de que pudiera detenerla.
—Suelo ir a la biblioteca a leer. Si quieres… podemos ir —
La sonrisa de Summer fue tan radiante que Sam casi tuvo que entrecerrar los ojos, “Y así es como se adopta un introvertido”, pensó ella, satisfecha,
En la penumbra silenciosa de la biblioteca, Sam descubrió que Summer, además de hablar mucho, era graciosa. Se relajó, Dejó de calcular cada movimiento, Hasta que sonó el altavoz, “No hay clases programadas por el resto del día”
—Tengo una idea de cómo pasar el rato? —
Sam dudó pero Asintió, Summer
Lo guió hasta la terraza de la biblioteca, un lugar alto y desolado con una vista de todo el campus.
—Aquí vengo cuando estoy estresada —confesó Summer, dejando caer su mochila.
Sam sonrió, débilmente. Pero la calma se quebró cuando Summer, en un arranque de energía, saltó hacia la barandilla de concreto.
—¡El aire es tan libre aquí arriba! —gritó, balanceándose sobre el borde —
—Summer, ¡bajá de ahí! ¡Te vas a caer!—
— ¡Relájate, Sam! ¡Mirá la vista! —
Dio un paso atrás, y su pie no encontró cemento, sino aire,
Todo pasó en una fracción de segundo, Los ojos de Sam se contrajeron, El mundo se ralentizó, El instinto, ese viejo código draconiano de proteger a su manada tomó el control y
Saltó y al hacerlo, él estalló en llamas,
Un calor abrasador lo envolvió, no para quemar, sino para transformar, Escamas negras como la obsidiana brotaron de su piel, formando una armadura orgánica que se ceñía a su cuerpo, Su cabello negro se incendió en un rojo vivo, flotando alrededor de su cabeza como una corona de llamas ingrávidas, Sus ojos se afilaron, volviéndose felinos, y sus colmillos se alargaron, Con un sonido desgarrador, unas alas membranosas y enormes, del mismo negro azabache de sus escamas, se desplegaron de su espalda, envolviendo a Summer en un abrazo protector justo antes de que se estrellara contra el suelo,
Ascendió de un poderoso aletazo y aterrizó con suavidad de gato en la terraza, La soltó, El fuego en su cuerpo se apagó, pero la transformación permaneció, Temblaba de adrenalina y de una rabia furiosa,
—¡¿QUÉ TE PASA, SUMMER?! —
Summer, la chica morena de sonrisa fácil, estaba pálida como la ceniza. Temblando, con los ojos desencajados, miró al ser de escamas, alas y pelo flotante que tenía frente a ella. Un nudo en la garganta le impedía respirar.
—¿Qué… qué eres? —