CapĂtulo 1
Lamida. Lamida. Lamida.
SonreĂ mientras miraba la mirada hacia mi hermana, quien estaba fervientemente de rodillas, lamiendo mi verga. Por alguna razĂłn, tomar mi verga en su boca cruzaba la lĂnea...pero estaba bien lamiĂ©ndola.
La pura vista probablemente hubiera sido suficiente para venirme, pero la sensaciĂłn de su suave y hĂşmeda lengua moviĂ©ndose por mi tronco, la forma en que se retorcĂa alrededor de mi punta y estimulada ese pequeño espacio entre la base y la punta...
“Ahora,” gemĂ, y ella levanto la mirada con una sonrisa, abriendo su boca para atrapar mi semen.
“Gracias,” dijo ella suavemente después de tragar mi carga, y asentà antes de guardar mi verga, dándole algo de agua (para lavar el sabor de su boca) y despertarla.
SesiĂłn 23:
Hubieran pensado que finalmente estaba viviendo mi fantasĂa, finalmente me habĂa venido en las tetas de mi hermana—no de forma hipotĂ©tica, no de forma abstracta, sino realmente viniĂ©ndome—pensarĂan que eso hubiera sido suficiente para saciarme por un tiempo.
Pero solo me puso hambriento por más.
No me malentiendan, venirme en las enormes y suaves bubis de Lucy era un sueño hecho realidad. Amaba cada segundo de esto, y no podĂa esperar hasta que pudiĂ©ramos repetir la experiencia, pero querĂa más. QuerĂa cogĂ©rmelas. QuerĂa cogĂ©rmela—su cara, su vagina, su culo. QuerĂa convertir a mi hermana en mi esclava sexual personal, hĂşmeda y deseosa de hacer lo que sea que pidiera.
Y, más y más, y estaba empezando a creer que era posible. Ya habĂa llegado muy lejos...en solo 22 sesiones habĂa convencido a mi hermana de hablarme mientras me masturbaba, de masturbarme frente a mi mientras yo hacĂa lo mĂo, e incluso habĂa empezado a controlar sus sueños y fantasĂas sexuales. HabĂa seducido a su mejor amiga, y me habĂa encargado de plantar recuerdos en el cerebro de mi hermana—recuerdos de ella masturbándome mientras yacĂa en el hospital, e incluso cuando llegue a casa.
En la mente de mi hermana, ella me habĂa visto venirme de 34 a 37 veces.
En la vida real? Solo dos. Pero sabĂa lo que habĂa hecho ahora. HabĂa pasado más lĂmites de los que nunca habĂa imaginado posibles, y habĂa muchas formas de hacerlo—aun no me habĂa encargado de tocar a mi hermana, o de convencerla para tocarme. Y no importa lo que hiciera, no habĂa sido capaz de afectar su vida despierta—excepto por dejarme decirle “gracias” despuĂ©s de masturbarme, nuestra relaciĂłn era la misma que siempre habĂa sido (siquiera un poco más abierta en cuanto al sexo).
Asà que cuando senté a mi hermana para otra sesión, después de haberme finalmente venido en esos gloriosos pechos suyos, no repetà la experiencia. Ni siquiera la puse en topless.
Fui directo a trabajar.
“Hipotéticamente—nos estamos masturbando mutuamente en la sala, Mama llega a casa, y dejas que me venga en tus tetas.”
AsintiĂł.
“Que se siente?”
“Se siente cálido. Caliente, supongo. Y pegajoso.”
“Te excit—...me dirĂas si eso te excita?”
“No.”
Un cálido rubor empezĂł a aparecer en la cara de mi hermana. Una parte de mi querĂa reĂrse—ella se habĂa masturbado frente a mĂ, se habĂa venido mientras eyaculaba en sus tetas...pero no me hablarĂa si lo encontraba o no excitante, incluso por lo obvio que parecĂa.
Como habĂa dicho antes, todos tienen lĂmites. No sĂ© de dĂłnde vienen, pero entre más los entiendes, más fáciles son de mover.
“Me dirĂas si te excitara que me venga en tu boca?”
Una oraciĂłn confusa, pero Lucy era muy brillante, y ella casi inmediatamente me respondiĂł.
“No.”
“Me dirĂas si te excitara pensar en masturbarme?”
“No.”
Estaba bastante seguro de que un “no” en este escenario significaba que sĂ, la excitaba, pero pensĂ© que valĂa la pena revisar. QuerĂa continuar con toda la informaciĂłn posible.
“Me dirĂas si...no lo sĂ©, si mi culo te excitara?”
“Si.”
“Mi culo te excita?”
“No.”
“Me dirĂas si mi verga te excitara?”
No hubo ni siquiera la más mĂnima pausa antes de que respondiera.
“No.”
Incluso en su estado hipnĂłtico, mientras mi hermana monĂłtona y fijamente me miraba, su cara temblĂł, como si hubiera querido bajar la mirada a mi pantalĂłn, y ese rubor familiar apareciĂł en sus oĂdos. Si, estaba bastante seguro de que sus negaciones eran realmente confirmaciones.
“Me dirĂas que piensas de mĂ?”
“En qué sentido?”
“Me dirĂas que piensas de mi sexualmente?”
“No.”
Buena señal.
“Me dirĂas que piensas de Mama, sexualmente?”
“Si.”
“Que piensas de Mama sexualmente?”
“Creo que es una mujer atractiva para su edad, pero no tengo atracciĂłn fĂsica hacia ella.”
Por muy tentador que fuera ver si podĂa jugar con eso, tenĂa una agenda. QuerĂa hacer que mi hermana durmiera conmigo, antes de ponerle la quizás—imposible tarea de acostarse con Mama.
Oh, carajo. PodĂa imaginármelo...las enormes bubis de Lucy entrando en contacto con las igualmente monumentales mamarias de Mama. Si morĂa antes de ver esa imagen volverse real, sabĂa que habĂa desperdiciado mi vida.
No, concéntrate. Entra en tu hermana antes de que entres en Mama.
“Los hermanos deberĂan ser honestos entre ellos, no es asĂ?”
“...hasta cierto punto, sĂ.”
“Hasta cierto punto?”
“Si.”
“A que te refieres?”
“Hay circunstancias cuando los hermanos no deberĂan ser honestos entre ellos.”
“Me dirĂas que circunstancias son esas?”
“Si.”
“Cuando no deberĂan ser honestos los hermanos?”
Hubo un gran silencio, mientras Lucy pensaba. Su increĂblemente sexy rubor nunca dejo su cara, y la mire fijamente mientras ella llegaba a una respuesta. Finalmente, justo cuando estaba considerando saltarme el resto de la sesiĂłn e ir directamente a venirme en sus tetas en su lugar, ella soltĂł una respuesta.
“Cuando uno de ellos está haciendo algo malo.”
“Por qué importa eso?”
Hubo otra pausa, ni de cerca tan larga como la anterior.
“Porque ser honestos podrĂa ser vergonzoso, y podrĂa destruir la relaciĂłn.”
Ah ha. Ella no querĂa avergonzarse (o a mi)—sabia justo que hacer.
“Lucy, en quien confĂas más que nadie en el mundo?”
“En ti.”
Ya habĂa labrado la tierra aquĂ.
SesiĂłn 14:
“Por qué te gusta ser hipnotizada, Lucy?”
“Porque me gusta sentirme libre.”
“Por qué te hace sentir libre?”
“Siento que le di el control a alguien más. Es lindo. Es relajante.”
“Por qué es relajante, Lucy?”
“Porque no tengo que pensar.”
“Asà es. Solo tienes que obedecer, no es as�”
“Si.”
“Te gusta obedecer?”
“Si. Algunas veces.”
“Cuando te gusta obedecer, Lucy?”
“Cuando necesito hacerlo, y es a alguien en quien confĂo.”
“ConfĂas en mĂ?”
“Si.”
“Te gusta obedecerme porque confĂas en mĂ, no es asĂ?”
“Si.”
“Y por eso te gusta ser hipnotizada?”
“Si.”
Considere continuar, pero querĂa asegurarme de que ese proceso mental estuviera claro.
“Lucy—disfrutas ser hipnotizada porque confĂas en mĂ, verdad?”
“Si.”
“Por qué disfrutas ser hipnotizada?”
“Porque confĂo en ti.”
“Dilo de nuevo.”
“Disfruto ser hipnotizada porque confĂo en ti.”
Estudie ironĂa dramática en la preparatoria, y estaba bastante seguro de que habĂa descubierto el ejemplo perfecto de eso.
“DejarĂas que alguien más te hipnotice?”
“No.”
“Asà que debes confiar en mi más que en cualquiera.”
Pausa.
“No es as�”
“...si.”
“Dilo.”
“ConfĂo en ti más que en cualquiera.”
“Buena chica. Dilo de nuevo.”
“ConfĂo en ti más que en cualquiera.”
“Por qué me dejas hipnotizarte?”
“Porque lo disfruto.”
“Y por qué lo disfrutas?”
“Porque confĂo en ti.”
SesiĂłn 23:
SabĂa que si querĂa llegar a algĂşn lado, tenĂa que hacer que Lucy hablara. Entre más pudiera hacer que me dijera, entre más informaciĂłn pudiera sacar de donde estaba, más fácil seria hacer la trama de mis prĂłximos pasos. Estaba tan cerca de afectar su vida real que podĂa saborearlo, estaba seguro.
Hasta ahora, solo habĂa descubierto una forma de controlar a Lucy en la vida real: dándole una sugestiĂłn, despertándola, y haciendo que pensara que realmente habĂa pasado. AsĂ es como me habĂa encargado de convencerla de que me dejara acercarme a ella y empezar a agradecerle cada vez que me masturbaba. AsĂ es como habĂa convertido a Marcie en mi juguete sexual de la vida real, asĂ como tambiĂ©n habĂa estado usándola para venirme cuando estaba hipnotizada. Lucy y yo nos habĂamos vuelto un poco más abiertos entre nosotros como resultado.
No importa lo mucho que haga que alguien cambie su mente sobre algo mientras estuviera hipnotizado, no se traducĂa a la vida real. Me habĂa encargado de convencer a Marcie bajo hipnosis de que ella deberĂa chupármela, pero hasta que altere sus recuerdos, ella no se movĂa hacia mis pantalones. Claro, nos besamos, pero ya sabĂa que le gustaba un poco.
PERO—si podĂa hacer que teĂłricamente accedieran a cambiar su moralidad, el cambio se mantendrĂa, cada vez que estĂ©n en trance. AsĂ es como logre que Lucy accediera a dejarme verla en topless, o la primera vez que hice que Marcie me la chupara. AsĂ es como habĂa persuadido a Lucy que me dejara venirme en sus tetas. Y eso, estaba seguro, de que era la clave para saber lo que estaba pensando.
“Lucy...no es saludable guardar secretos, verdad?”
“No.”
“Me dirĂas si tuvieras algĂşn secreto?”
“Si.”
“Tienes algún secreto, Lucy?”
“Si.”
Su rubor se intensifico, y estaba bastante seguro de que sabia cuáles eran esos secretos.
“Tienes secretos que no me dirĂas?”
“Si.”
“Pero es peligroso guardar secretos, no es as�”
No estaba seguro de que tan buenos eran estos ligeros parafraseo—peligrosos, despuĂ©s de todo, no era lo mismo a “no saludables”—pero mi hermana aĂşn tenĂa el top puesto, y en el peor escenario, so serĂa una sesiĂłn más corta. HabĂa una duda notable antes de que respondiera, e hice una nota mental sobre no llevar el parafraseo muy lejos.
“...si.”
“En quien confĂas más en el mundo?”
“En ti.”
“Le deberĂas contar tus secretos a la gente en quien confĂas, no es asĂ?”
“Si.”
“Quieres guardar tus secretos?”
“No.”
“AsĂ que deberĂas contárselos a alguien, no es asĂ?”
“Si.”
“Y tiene sentido que me los digas, la persona que más confĂas en el mundo...no es asĂ?”
“Si.”
“AsĂ que Lucy....me dirĂas tus secretos?”
“No.”
MaldiciĂłn. Mi hermana era un huevo duro de romper. Era un esfuerzo constante por abstenerme de desnudarla y observarla masturbarse de nuevo, pero tenĂa que pensar en lo lejos que habĂa llegado...y lo lejos que aĂşn estaba de llegar.
SesiĂłn 47:
“Quieres que te coja, no es asĂ, Lucy?”
AsintiĂł. Temblor. Estremecimiento.
“Quieres sentir mi verga dentro de ti, no es as�”
AsintiĂł. Estremecimiento.
“Estas buscando que me venga dentro de ti?”
AsintiĂł. Temblor. Estremecimiento.
“Lucy? Que dirĂas si te pido que me cojas?”
Una serie de cortos jadeos y gemidos eran mi Ăşnica respuesta, mientras mi hermana se venĂa, con sus tetas rebotando y su coño apretando repetidamente mis dedos.
MaldiciĂłn.
SesiĂłn 23:
“Por qué no me dices tus secretos?”
Era una pregunta arriesgada, pero nos estábamos quedando sin tiempo: ya casi pasaba la media hora, y si iba a despertar, era tan buen momento como cualquiera. Solo significaba que no podrĂa correrme en sus tetas, por lo cual—honestamente—realmente lo estaba esperando.
Hubo un largo silencio, antes de que respondiera suavemente.
“Porque no quiero que pienses que soy una pervertida.”
SonreĂ. Esa era exactamente la respuesta que estaba esperando.
“Lucy, recuerdas cuando te dije que necesita ayuda masturbándome?”
“Si.”
“Estaba super avergonzado, pero te lo dije porque confiaba en ti. ConfĂas en mĂ?”
“Si.”
“Crees que era un pervertido?”
“Bueno...no, no realmente.”
“Me arriesgue, no es as�”
“Si.”
“Me arriesgue porque confiaba en ti. ConfĂas en mĂ?”
“Si.”
“ConfĂas en mi para no juzgarte?”
“...si.”
“No es saludable guardar secretos, verdad Lucy?”
“No.”
“Y en quien confĂas más en el mundo?”
“En ti.”
“A quien deberĂas contarle tus secretos, Lucy?”
“A....a alguien en quien confĂo.”
“Asà que fueras a decirle a alguien un secreto, a quien seria?”
“...a ti.”
“A no quieres guardar secretos, o s�”
“No.”
Pause, y respire profundamente.
“Cuál es tu secreto, Lucy?”
“Yo...”
Definitivamente podĂa haberle dado más vueltas, pero estaba ansiosos de presionar. Si podĂa hacer que respondiera esto, aun tendrĂa tiempo para masturbarme con ella antes de tener que acomodar las cosas.
“Cuál es tu secreto, Lucy?”
“Yo...”
Hubo una larga pausa, y sus ojos parpadearon ligeramente. Intente acomodar mi cara a una expresión inocente, en caso de que despertara, pero después de varios segundos de silencio, la respuesta de mi hermana llego con su tono familiar.
“...creo que eres sexy.”








