Sinners Heart

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Summary

Mason era uno de los apellidos más respetados y poderosos que se escuchaban alrededor del mundo, pero las decisiones de esta familia no solo provocaron el posible quiebre de su imperio, sino el posible exilio del mundo mágico al que pertenecen. Es por esa razón que el patriarca regresará acompañado de una joven que más que ser una desconocida es la única esperanza para recuperar lo perdido y sacar adelante su apellido. Ella se había preparado para todo menos para desatar la pasión y la lujuria en un secreto pecaminoso que no tendrá límites. El cielo y el infierno nunca se encontraron como aquella noche en que ambos cedieron por primera vez a sus deseos. Sinners Heart © 2021 by Kai Allen is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Los gritos acompañados del quiebre de objetos resonaban a su alrededor entre sus rápidos pasos que de vez en cuanto trastabillaba a causa de la larga tela de sus vestidos.

La adrenalina no solo alborotaba el calor en sus pieles que rozaban el fuego cruzado, sino que alimentaban el ardor en sus pulmones que parecían agitarse cada vez más rápido.

—¡Por aquí! —indicó uno de los hombres que protegían a un par de mujeres.

Su cabello largo y negro se agitaba entre las cenizas mientras los destellos de diversos colores poco a poco acababan con las personas que ella conocía desde su niñez.

—Hija… hija —una mujer de tez blanca, cabello castaño y ojos verdes tomó la cara de la chica que permanecía a su lado.

El ruido de la puerta cerrándose detrás de un hombre pelinegro de imponente figura hizo que ambas mujeres se sobresaltaran y prestaran toda la atención en él y en su acompañante que no tardó en moverse por una orden silenciosa que se dio.

—Padre —la voz de la pelinegra salió en un murmullo entremezclado.

La joven pelinegra se acercó al hombre para abrazarlo. Ella estaba preparada para pelear, parte de su educación fue alistarla para la peor de las circunstancias, tal como la que estaban viviendo.

—La resistencia está cayendo —avisó el segundo hombre cuyo cabello era canoso y su edad mucho más avanzada que el del pelinegro.

—Sabes que tienes que hacer —ordeno el pelinegro.

—Madre, ¿qué haremos? —la joven de cabello largo miró con preocupación a sus padres quienes parecían compartir algo en silencio—. Estoy lista, no…

Unos brazos rodearon su cintura y brazos privándola de sus movimientos y alertándola al impedirle acercarse a sus padres.

—Sabemos que estás listas, pero para ganar una guerra debemos hacer algunos sacrificios —el hombre de cabello negro acunó una de las mejillas de la joven mientras que su esposa lo siguió.

—Tu eres nuestro mayor tesoro y la única que podrá hacerse cargo, está en tu sangre —la mujer castaña derramó algunas lágrimas antes de brindarle un beso a su hija.

—No, no, vengan conmigo —se movió con brusquedad para soltarse del agarre del hombre que la jalaba para sacarla del lugar—. ¡Suéltame! Carajo ¡Suéltame! —ordenó y rasguñó la piel del hombre que no se inmutaba por el dolor que le infligía.

—Lo siento, Perlita, tu seguridad y bienestar está en mis manos.

—¡Padre! ¡Madre! —de un momento a otro los golpes en la única entrada y salida retumbaron con fuerza.

—Te amamos Ann, nunca lo olvides.

Ambos miraron como su hija era arrastrada hacia uno de los pasadizos secretos que la sacarían de aquel horrible lugar. Por un breve segundo sus corazones latieron tranquilos por saber que sus vidas serían recompensadas en la seguridad de su única hija.

El jade humedecido de la pelinegra se enfocó en aquellas personas a las que no paraba de llamar. Los sonidos cada vez se volvían más estruendosos, acompañados de las luces que intentaban derribar la entrada a la habitación.

Sus padres dejaron de mirarla para unir sus manos las cuales crear un destello que fue creciendo justo en medio de ellos hasta que adquirió una forma esférica que descendía hasta el suelo.

La puerta de madera que separa a la pareja de aquellos a quienes querían penetrar cedió al mismo tiempo en el que el panel del pasadizo se cerraba.

—¡NO! —grito la pelinegra al vislumbrar entre la hendidura de la puerta como los cuerpos de sus padres caían al suelo—. No… no…

Sus piernas flaquearon haciendo imposible mantenerse en pie.

—Perlita —la voz del hombre resonó lejana para ella.

El dolor la hizo ceder a una oscuridad que nunca había experimentado. Ella había perdido a quienes más amaba dejando su vida completamente vacía. La fuerza abandonó cada músculo de su cuerpo volviéndose un bulto de carne y huesos que lamentablemente seguía respirando.

—Estarás bien, Perlita —el hombre cargó el cuerpo de la joven hasta una de las aeronaves que se encontraba a las afueras de la zona de peligro—. No estarás sola, lo prometo.

Para ella no importaba las promesas de nadie, ya nada parecía tener sentido de seguir avanzando.