Acordes y pinceladas

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Summary

Un lienzo arruinado, una beca en juego y un vecino arrogante que asume la culpa para proteger un secreto. En las bulliciosas calles de Seúl, el explosivo encuentro entre Yuna, una artista apasionada y alocada, y Jae-Hyun, un brillante y frío estudiante de medicina/músico, marca el inicio de una guerra... ¿o de un inesperado romance?

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1: El arte de un mal comienzo

Yuna estaba en su balcón, con ropa cómoda, los lentes ligeramente resbalando por su nariz mientras revisaba un boceto con concentración. El sol de la tarde se filtraba entre los edificios altos de Seúl. A su lado, sus dos amigas, Aera, con su elegancia innata de bailarina, y Hae-Won, la rebelde de cabello largo, estaban pegadas a la barandilla, observando el ajetreo en el apartamento de al lado.

"Míralos", suspiró Aera. "La mudanza más glamurosa que he visto en este edificio".

Hae-Won entrecerró los ojos. "El mayor de los chicos... el que acaba de bajar la caja de libros... se ve interesante. Un poco frío, sí, pero tiene ese aire de 'genio torturado'".

Yuna, sin levantar la vista de su boceto, replicó: "¿Genio torturado? Parece el típico estudiante de medicina que duerme tres horas y bebe café por vía intravenosa. Y usa lentes. Hay miles". Secretamente, sin embargo, echó un rápido vistazo por encima de sus lentes y se mordió el labio. El chico, Jae-Hyun, era alto y tenía una mirada intensa y seria.

"¡Pero elegante!", insistió Aera. "Y la maleta que bajó era para un piano".

Yuna finalmente dejó el boceto, se estiró y miró a sus amigas con una sonrisa pícara. "En fin, mientras no hagan ruido, me da igual. Hoy termino el mural para la exhibición. Necesito concentración nivel monje budista".


Poco después, la Madre de Yuna, Min-Ji, impecable a pesar de ser chef y la dueña de un restaurante, entró en la sala de estar con su semblante de "mamá ejecutiva".

"Yuna", dijo Min-Ji con firmeza. "Arréglate. Vamos a ir a dar la bienvenida a los nuevos vecinos. Es lo que se debe hacer. Y por favor, quítate esa sudadera gigante. Te ves como un bulto".

Yuna protestó, a punto de subir a la azotea para pintar. "¿Ahora, mamá? Estaba a punto de..."

Su padre, Seung-Ho, un hombre amable y callado, intervino suavemente. "Cariño, tu madre tiene razón. Es solo un momento. Anda". Le dio un guiño cómplice a su hija.

Yuna se resignó. En la puerta de al lado, Min-Ji tocó y el Padre de Jae-Hyun abrió. Los saludos formales se sucedieron. Yuna estaba distraída hasta que sus ojos se encontraron con los de Jae-Hyun, que estaba de pie al fondo, con un libro en la mano, proyectando un aura de fastidio por la interrupción. La mirada de Yuna se quedó fija un segundo en él: su intensidad, sus lentes que reflejaban la luz, su pose tensa. Él apenas le devolvió un asentimiento frío.

Las madres charlaron amablemente. Min-Ji extendió la invitación para cenar al día siguiente. "Así nuestras familias podrán conocerse mejor. Además, Yuna estudia Arte en la Universidad Nacional de Seúl, estoy segura de que Jae-Hyun, que estudia Medicina, encontrará interesante hablar con ella". Yuna quiso desaparecer.

Jae-Hyun simplemente asintió brevemente. Su hermano, Min-Ho, sonrió encantadoramente a Yuna, mientras la hermana menor, So-Hee, se asomaba con curiosidad. La invitación fue aceptada, y las familias se despidieron.

Él es guapo, sí... pero tan frío que podría congelar mi arcilla, pensó Yuna.


Ya había caído la noche. Yuna estaba en su balcón, en pijama —camiseta de tirantes blanca y shorts negros—, su cabello corto y alocado ligeramente despeinado. Estaba concentrada, haciendo los últimos retoques a su inmenso lienzo apoyado en la barandilla. Era una pieza colorida y compleja, el trabajo de meses, un reflejo de sus sentimientos más profundos para un importante proyecto universitario.

Se alejó un paso para admirar su trabajo. Una sonrisa satisfecha se dibujó en sus labios. Entonces, un fuerte sonido de agua fluyendo. De repente, una avalancha de agua fría y sucia cayó desde el balcón superior (el apartamento de Jae-Hyun), empapándola por completo. El agua chorreó directamente sobre el centro de su obra maestra. Los colores se corrieron, la pintura se disolvió.

"No... no...", murmuró Yuna, congelada por el shock y sintiendo el goteo del agua fría sobre su piel.

Desde el balcón de arriba, So-Hee se asomó, con una manguera en la mano, pequeña y asustada por el grito inminente de Yuna. "¡Oh, no!", susurró, inaudible para Yuna, y se escondió de inmediato.

Jae-Hyun apareció en el balcón de su apartamento. Vio a su hermana pálida junto al chorro de agua que acababa de cesar y lo entendió todo. Sus ojos cruzaron la mirada con el lienzo arruinado en el balcón de Yuna. Maldición. La voy a proteger.

Un grito de rabia, frustración y pena resonó en la noche. "¡¡¡AHHHHH!!!"

Su padre, Seung-Ho, llamó desde adentro: "¡Yuna, ¿qué pasó?!"

Yuna estaba ciega de ira. Agarró el lienzo arruinado con ambas manos, sin responder a su padre, y corrió hacia la puerta principal.


Goteando agua y rabia, con su obra de arte destrozada chorreando en sus manos, Yuna aporreó la puerta de los nuevos vecinos.

La puerta se abrió. Min-Ho, el hermano atlético de Jae-Hyun, apareció en shorts de deporte, sorprendido. La miró de arriba abajo, y su sorpresa se tornó en una burla apenas contenida. "¿Quién eres tú? ¿Una sirena enojada?"

Yuna ignoró su comentario, con la voz temblando por la furia. "¡¿Quién tiene el balcón de arriba?! ¡¿Quién diablos vive arriba de mí?!"

Justo en ese momento, Jae-Hyun apareció detrás de su hermano, recién salido de la ducha, con el pelo húmedo, pero todavía con esa expresión seria. Sus lentes estaban ligeramente empañados. So-Hee se asomó tímidamente desde la cocina, muy pálida. Jae-Hyun la vio.

Min-Ho señaló a su hermano. "Ah, esa habitación es él. Creo que estaba regando sus..." Se interrumpió al ver el cuadro.

Yuna no esperó. Pasó por el lado de Min-Ho sin pedir permiso, irrumpiendo en el apartamento. Fue directamente hacia Jae-Hyun, levantó el lienzo arruinado y se lo puso en la cara, goteando pintura y agua sobre él.

"¡Oye!", exclamó Yuna, histérica, casi sin aliento. "¡Llevo tres meses trabajando en esto! ¿Sabes lo que acabas de hacer? ¡Acabas de arruinar el trabajo de mi vida!"

Jae-Hyun se limpió las gotas de sus lentes con un aire de superioridad, recuperando su frialdad casi de inmediato. Su frialdad se intensificó porque estaba lidiando con su propia moral y la necesidad de proteger a So-Hee. "¿Y esa es tu forma de entrar en la casa de un extraño, a gritarme por un poco de agua? ¿No pudiste simplemente llamar?"

La rabia de Yuna se encendió con la aparente indiferencia de él. "¿Un poco de agua? ¡Mira esto! ¡Esta era mi beca! ¡Mi proyecto! ¡Y tú solo te paras ahí como si fueras el rey de Corea!"

Jae-Hyun cruzó los brazos, su cuerpo tenso. Miró el cuadro con un desinterés fingido. "Parece un lienzo. Podrías hacer otro. Deberías guardarte tus 'dramas' para tu clase de Arte". Su tono era deliberadamente cruel, esperando que Yuna se marchara y dejara a So-Hee fuera de esto.

Yuna se quedó sin palabras por la arrogancia. Sus ojos se llenaron de lágrimas de frustración, no de tristeza. Jae-Hyun soportó la mirada, inmutable.

Finalmente, Yuna estampó el cuadro en el suelo con un golpe seco. "Eres un... ¡un arrogante! ¡Esto no se va a quedar así, idiota!"

Salió corriendo, hecha una furia mojada y desgreñada.

Una vez que la puerta se cerró de un golpe, Min-Ho se rió entre dientes por el espectáculo, pero Jae-Hyun se dirigió a So-Hee, quien había empezado a llorar en la cocina. "Está bien", dijo Jae-Hyun en voz baja, pero firme. "Se lo diré a Padre. Tú solo... no vuelvas a regar las plantas en el balcón. ¿Entendido?"

"Pero... ¿por qué le has dicho eso?", sollozó So-Hee.

Jae-Hyun recogió el cuadro arruinado, con una expresión ilegible. "Porque ya tiene suficiente con su madre para tener que lidiar con otra reprimenda por un estúpido error".