Capítulo 1: Batman en Beetlejuice.
Su garganta estaba reseca, pero su corazón ya no corría una carrera con su respiración aunque se había vuelto pesada, constante y sin embargo tenía esa necesidad que quemaba por dentro. Al poner un pie en la habitación pareció tragarlo entre sus propios jadeos, volvió a marcar el mismo número y sintió un desgarro en el pecho al ser desviada llamada: ¿dónde carajo estaba que no contestaba el teléfono? Bufó, y tiró el celular a un lado, ojalá tuviera una buena excusa por rechazarlo en este momento, caso contrario era capaz de...¡ash!, no tenía sentido seguirle dando vueltas a algo que no tenía solución.
Maldición.
Pasó frente al gran espejo, notando sus rizos castaños pegados a la nuca por el sudor, más abajo su cuello moreno estaba manchado de tierra, o lo que habia quedado como testigo del escape quasi inhumano que había protagonizado.
Suspiró y...¿dónde carajo había dejado el teléfono? Rebuscó en el suelo, tal vez, ¿s ele había caído?, a la par de reojo, el espejo lo volvió a rozar dejándole ver un fragmento de su piel morena justo en la curva del hombro, y se rió sin ganas porque ese hombre en el reflejo era
una sombra que parecía suya pero no se reconocía con la ropa que llevaba, o más bien los retazos de lo que en un tiempo no muy lejano había sido una camisa Gucci pero que ahora se había devaluado a menos que una de la salada: si, tenía la etiqueta de original pero se veía como una copia tal y como le mostraba el reflejo de sí mismo.
—¡Uf!...¡Ah! —gimió —¿Dónde...? ¡Ah-hh!.
Ahí estaba el celular... sobre el escritorio, donde nunca recordó haberlo apoyado pero no importaba. Volvió a marcar pero el silencio respondió por él, y hubiera deseado por primera vez que otra voz le contestara al menos para decirle que lo estaba haciendo sufrir por dejar en visto su relación.
—¡Hijo de puta!...que ganas de clavarte un cuchillo y después pegarme un tiro porqué te maté— se quejó dejando el teléfono en el lugar dónde lo encontró.
Sus dedos temblaban con esa sensación, ese hormigueo que antecede al miedo, de ese que se cala en los huesos y te aprieta hasta la carne. Volvió a llamar por tercera vez, y el tono sonó: Una, dos, tres veces, pero cada silencio entre timbres era más largo que el anterior, como si el tiempo se estuviera estirando a propósito cada que intentaba contactarlo.
—¿¡Qué estás haciendo que no respondes, maldito hijo de puta!?.
Volvió a quejarse justo cuando el celular vibró, lo chequeó pero no era una respuesta sino una notificación sin nombre y totalmente roja con una pregunta.
—Anata wa~sukidesuka?.
Su ceño castaño se frunció en extrañeza y corrió con sus dedos un rizo rebelde medio humedecido que se había metido en su campo de visión. Intento cerrarla pero el texto salió de la línea vertical.
—Anata wa~sukidesuka?.
¿Qué carajos? No entendía que lenguaje era y menos lo que decia, pero lo único que le faltaba era tener un virus en su puto celular. Bien, genial, estupendo, ahora estaba siendo oficialmente ignorado por Roma. De seguro había hablado con su psiquiatra y estaba preparando las valijas para irse en un vuelo directo a Japón, pon, pon, pon, brincando como un conejo pero sin pompón porque ese se lo iba a arrancar de las patadas en el culo que le iba a dar cuando lo viera.
—Anata wa akai heya ga sukidesuka?
Y apareció de nuevo en toda la pantalla, acomodandose como si la extensión de la pregunta la hiciera más simple de entender.
—Ay, ¿cómo puede ser?, otra vez esta mierda— se quejó sacudiendo el celular—déjame en paz, virus de mierda.
Sus dedos se movieron por la pantalla, intentando cerrarla nuevamente manchandola apenas con algo viscoso que eligió no notar, pasó el celular por sus pantalones y la pegajosidad entre los dedos
le recordaba algo que aún no quería pensar.
Entonces lo distrajo el destello de ese círculo de confianza, y se rio alto, burlandose de todo lo que significaba ese pedazo de metal, no por su condición de oro.
《—¿Confianza? Si, como no. 》
Se sacó el anillo, haciendolo girar en el escritorio, el giro decisivo una vez más lo perseguía y su voz también.
《—"Prometo amarte, honrarte y respetarte todos los días de mi vida".》
Gira.
Gira.
Gira.
En medio del dorado amarronado estaban todas las mañanas que vivío, los lugares donde se escondió, el encantamiento de Roma, sus ganas de estar en dos lados a la vez pero chocaron los zapatos rojos de rubí y entonces se hallaba en Oz. Pero no sabía si en Oz de la tierra de Oz, o, en la tierra de la Oz que quita la cizaña del trigo.
El reino de Oz era una parte de Dorothy.
La Oz es absoluta, quita la cizaña del trigo, porque como las personas una vez que se contaminan de cizaña ya no sirve su trigo y a él ya no le servía su trigo.
El problema era que no era un león, ya que no se podría decir en ese rostro que era cobarde, tampoco el espantapájaros, ya que no tenía nada de idiota o hipocrita y sólo restaba el hombre de hojalata pero...¿necesitaba un corazón? Si le bastaba con su lóbulo frontal para saber que sólo había vivido resignado a pasar sus domingos en la feria viendo a las aves hacer lo que justamente su razociño no le permitía.
Le hubiera encantado que fuera una película, que el trigo fuera maíz pisingallo le diera palomitas y el fuera un espectador viendo a Julie Garland pero tenía más cizaña de lo que su trigo se podia contaminar, porque cosechó pero olvidó sembrar.
Otra vez se rio y resonó en su mente....《espantapájaros》, si, la verdad era que espantaba...pero Toto ya no le ladraba y el camino amarillo se perdía en el magenta volviéndose carmesí.
Porque los vio felices, y él estaba tan lleno de dolor que...
Chack Chack, golpeó los zapatitos de Rubí pero...ya no vlvio a Kansas, porque estaba muy muy lejos de aquel lugar, en vez de eso era Jonathan Crane con la careta de Jeepers Creepers sacando a relucir sus propias fobias en otros. Porque al final era siempre Batman en Beetlejuice y en este caso era Crane en Oz.
Se tiende a pensar que la alegoría es a Michael Keaton y la alegoría es a Tim burton ya que lo contrataron por Beetlejuice y no por su trabajo. Si le gustaba Michael Keaton entonces que sea Beetlejuice, era un Batman maqueta que entraba en una cajita feliz porque el sabía que lo iban a volver a llamar pero esta vez para que hiciera de Batman...y él no entra en una cajita feliz porque no tiene padres que lo lleven a una hamburguesería, además ya dejó de ser niño, seguro pediría un cuarto de libra con queso que en aquel entonces era la hamburguesa más cara del menú. La cajita feliz era para Ricardo Tapia entonces que la dirija Joel Schumacher, es un prejuicio inconsciente...si estaba Robin tenia que ser Joel Schumacher y no por la cajita feliz sino para entender a Ricardo Tapia, está de más decir por qué ¿no?.
Eran otros tiempos....hoy contrataría a James Gunn, porque....Nolan ¡mierda le van a decir a Nolan que ponga un chiste!. Es como pedirle a Michael Bane que no explote el batimovil o a Woody Allen que Bruce Wayne no vaya al psicólogo. ¡Mierda que vas a meter a Tim Burton en una cajita feliz! Si se la negaste a Beetlejuice...con ustedes Batman en Beetlejuice.
¿Se imaginan un Mc Donald's en Gotham? Pega menos que Lidya Deetz en Madagascar o el Joker cantando esa canción de la banana.
《Batman, Batman Batman. Cásate conmigo Warner Bross. Siempre seré Tim Burton, el Tim burton que copió Disney y Nicolas Cage se fue con el traje pero no fue Superman porqué yo de Schumacher make a carton y Nicolas Coppola make a Superman pero no por Superman, por Tim Burton. 》
¿Ya dije qué era fanático de Marvel? Se llama Cage por Luke Cage, qué lastima que no hay maíz pisingallo para seguir hablando de cine y no volver a lo que sentía ahí, o allí.
O aquí para mí.
Porque se puede cambiar el lugar pero siempre va a ser aquí , allá o aquí más nunca allá aquí.
La idea había funcionado, esa de ser espantapájaros, por un tiempo ya que logró hacerse amigo de los pájaros pero...no todas las aves le creyeron su falsas bondad (y lo bien que habia hecho), entonces tomaron decisiones para interponerse en ese circulo de "confianza" que ahora giraba y giraba sin gollete alguno. Estaban las que confiaban, las que desconfiaban y las que reían, sólo se reían en Río porque eran las aves de allí, las otras, las de aquí y por supuesto estaban los cuervos, siempre están los cuervos, a esos se los combate con vida no con una gomera, ¿o a caso creen que a Goliat lo mato una pierda?, no lo mató el tamaño .
La coraza estaba rota desde el momento en que dos almas se habían encontrado para amarse y construir un futuro juntos, o a lo mejor el caprichoso destino solo los juntó para quemarlos. Como ahora, que Sekizan Myōjin sostenía el anillo suspendido en el aire, girando sobre su propio eje, sin decidir aún si caería del lado del milagro o de la condena.
...Continuará...