El eco de la eternidad

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Summary

Cuando el tiempo se detiene, ni siquiera el inmortal puede escapar del silencio del caracol

Genre
Fantasy
Author
Erhitys
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

El eco de las piedras: El susurro del destino

En el año 12 d. C., el mármol recién pulido del Foro de Augusto brillaba al sol, y Aulo Marcio Crispus caminaba entre columnas y estatuas, seguro de sí mismo.

Tenía veinticinco años, hombros firmes, mirada intensa y una sonrisa que parecía conocer los secretos de los dioses.

Su elocuencia pronto lo llevó a los círculos del Senado; los veteranos murmuraban que aquel joven estaba tocado por la Fortuna.

—¡Por todos los dioses, Aulo! —exclamaba su mentor, el viejo senador Calpurnio—.

Si los hombres lo miran, creerán que Júpiter mismo te ha bendecido.

Aulo sonrió y guardó silencio.

Nadie debía saber la verdad: la noche anterior, bajo un olivo de su villa en Campania, había sellado un pacto con una voz surgida de las sombras.

Prometía juventud eterna.

El precio… apenas perceptible, un detalle que Aulo creyó pequeño e inofensivo.

Los años pasaron y Aulo ganó pleitos, acumuló villas y viñedos, y su nombre se mencionaba en las termas y en el Foro con respeto casi religioso.

Los amigos envejecieron; Calpurnio, encorvado y casi ciego, bromeaba:

—Debes tener en tu casa una fuente de juventud. Compártela, o harás que los dioses se pongan celosos.

Aulo reía, levantando el vino en un brindis:

—El buen vino y las noches tranquilas son los mejores médicos.

Pero tras cada carcajada, un escalofrío le recorría la espalda, un recuerdo de aquel pacto que jamás había revelado.

Con los años, los hijos y nietos de sus amigos comenzaron a mirarlo con recelo.

“¿Cómo es posible que siga joven?” se preguntaban.

Aulo nunca respondía. Su secreto era un muro impenetrable, construido con años de sonrisas, mentiras piadosas y silencios calculados.

A veces, de noche, en la villa silenciosa, percibía algo extraño: un rastro mínimo, apenas visible, un brillo distante entre las piedras iluminadas por la luna.

Se obligaba a no mirarlo directamente.

Sabía que cualquier descuido podría cambiarlo todo.

En su aniversario número noventa en Roma, aunque seguía mostrando veinticinco años, Aulo organizó un gran banquete.

Senadores, poetas y generales bebieron en su honor.

El vino corría, las carcajadas llenaban el salón, y Aulo se movía entre los invitados, riendo, haciendo bromas, con la ligereza de la juventud y la sabiduría de siglos que guardaba en secreto.

Entre risas, se apartó hacia el peristilo, donde la luna iluminaba suavemente los jardines.

El aire estaba tranquilo; la villa dormía a medias.

Aulo sintió un estremecimiento antiguo, un presagio frío, como si la sombra de la muerte rozara su espalda mientras sonreía.

A lo lejos, un brillo diminuto llamó su atención.

Un caracol, pequeño y silencioso, avanzaba lentamente, su presencia apenas perceptible entre las piedras iluminadas por la luna.

Aulo rió otra vez, intentando disipar el miedo.

Pero la risa se quebró al comprender que aquel ser venía por él.

No podía ignorarlo. No podía huir eternamente esta vez.

Se quedó quieto, observando el caracol a lo lejos, con un rastro tan leve que solo el ojo más atento podría distinguirlo.

El aire se volvió denso; un frío recorrió su espalda, y la risa se deshizo en un suspiro.

Aulo comprendió, de golpe:

Si quería continuar en este reino de inmortalidad, debía actuar. No podía simplemente reír y huir… algo debía hacerse.

El caracol avanzaba, paciente e inexorable.

Roma dormía, ignorante del presagio.

Y Aulo, entre el frío roce de lo inevitable y su risa que ya no lo consolaba, supo que el verdadero juego apenas comenzaba.

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║ ⛨ ERYTHIS ⛨ ║

║ ⚔️ Hermandad, misterio y destino escrito ⚔️ ║

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