Capítulo 1
Alejandro Morales
Son las siete y media de la mañana, no me preparo para ir a la preparatoria lo hago para ir a entrenar, bajo a desayunar con mi padre y hermano.
— Buenos días — Saludó contento
— Buenos días. — Mi padre termina de dejar las cosas en la mesa — Come antes de que se enfríe.
Hasta ahora solo mi padre me devolvió el saludo, realmente no esperaba que Gabriel lo hiciera... Últimamente no soy de su agrado.
Tomó asiento y agarró un par de tostadas con huevo revuelto. Algo sencillo, no tengo demasiada hambre.
— Papá, vendrá una amiga a hacer tareas conmigo. — informó mi hermano — Para que por favor le digas a tu hijo, que se comporte y se quede en su habitación como el animal que es.
— Pero si la rata de alcantarilla eres tú. — dije colocando los ojos en blanco.
— Alejandro — advierte mi padre — Hazle caso a tu hermano, por esta vez.
Claro que no, no lo pienso hacer. ¿Qué tiene de malo hablar con las amigas de Gabriel? Son sólo sus amigas, no pienso cogerme a alguna.
Mi vida es una mierda, lo admito. Pero hace un año que realmente no salgo ni siquiera a celebraciones con el equipo. Aunque te esfuerces por ser alguien bueno, la gente siempre te recordará por las cosas malas.
— Está bien. — Hice una pausa, para morder la tostada — No estaré fastidiando. Igual llego tarde, creo.
Gabriel ignora abiertamente lo que dije y mira a mi padre. Suspiro y decido permanecer en silencio para no alterar a mi hermanito.
— Quizá la recuerdas — apoya un codo en la mesa — Es Isabela Londoño.
Casi me atraganto con el desayuno al escuchar ese nombre.
— Claro, ella solía jugar con ustedes. — Mi padre sirve jugo en un vaso y me lo pasa — Conozco a sus Padres, desde hace años.
Tomo mi jugo para calmar la tos.
— Si, es ella. Al menos no es como esas chicas que se van a fijar en ciertos animales — Él tono despectivo qué usa me hace volver a mirarlo
Si supiera... Cuando se me pasa la tos sonrió con malicia y vuelvo a comer otro trozo de tostada.
— ¿Te da miedo que me prefieras a mí? — Levanto ambas cejas divertido
— ¿Por qué me daría miedo? — me mira con desprecio, que realmente no se cuando comenzó — Ella nunca podría elegirte... Tendría que estar loca para hacerlo.
La sonrisa de mi rostro se desvanece poco a poco, Gabriel no sabe nada al respecto de mi pasado con Isabella... Pero claramente acaba de dar en el clavo. Y eso dolió.
— Todo puede pasar, Gabriel. — me encojo de hombros con indiferencia, continuando con mi desayuno.
Quise bromear con el tema, pero las palabras no salen de mi... aunque está más que claro que Isabella no me hablara si me ve...
— Gabriel. — escucho la voz firme de mi padre, pero mi mirada sigue en el desayuno. — Qué sea la última vez que tratas así a tu hermano, parece que lo odias.
Mi hermano no dice nada, y solo asiente. Me mira con rabia unos segundos antes de seguir desayunando.
La mirada de Gabo me duele, después de todo es mi hermano... No se porque me odia cuando solo he tratado de ser bueno con él.
— No sabía que teníamos vecinos nuevos — La voz de mamá hace que me gire para verla, viene con ropa deportiva. Seguro fue a correr — Se mudaron hace unas semanas... Creo que los conocemos, son los Londoño... Si no me equivoco.
Lo que dice me deja helado... Mi madre se queda de pie junto a la cocina revisando algo en su celular ignorante a toda la tensión anterior.
— Si, precisamente su hija viene hoy para editar un borrador del periódico de la Preparatoria. — comenta Gabriel con una sonrisa — Como es nueva, también le ayudaré a ponerse al día con lo del club.
Esta vez me ahogo con el jugo, tan solo escucho a Gabriel... doy unas palmadas en mi pecho para tratar de calmar mi tos.
No puede ser cierto... Mierda... Estoy jodido. ¿Por qué ahora? ¿Debía volver de la nada? ¿Ahora? justo cuando empezaba a olvidarla...
A pesar de no haber tenido nada, empecé a quererla cuando de la nada se alejó...
La respuesta de mi madre no la escucho, y me doy cuenta que me he quedado mirando el plato frente a mí demasiado tiempo...
— ¿Es linda? — pregunte cuando volví en sí, para desviar la atención que mi padre puso en mi — Pero que cosas pregunto, claro que es linda.
Empecé a reír, aunque algo nervioso. Y conmigo mi padre quien veía como Gabriel se fastidiaba, me toca reírme para no llorar...
—¡Papá! — Se quejó Gabriel
Felipe, nuestro padre, respiró profundo, estaba harto de nuestras peleas estúpidas. — Aunque a veces se ríe como en este caso — se aclaró la garganta y me habló
— Alejandro ya basta, te prohibió tener cualquier tipo de acercamiento fuera de lo usual con Isabela. — Dijo en tono serio
No necesita decírmelo, no pienso hablar o acercarme a ella... Al menos no hasta que me dé una explicación.
— Sólo bromeaba. No es para tanto, ella también es mi amiga. — murmuró sin mirarlo.
— Si, claro — Gabo deja el vaso en la mesa con algo de fuerza — Para ti todo es una puta broma, pero te encanta jugar con las chicas y desecharlas después de usarlas.
— Que dramático. — Finalmente termino mi desayuno — Soy la peor persona del mundo. — Lo miro aburrido, no es la primera vez que dice esto.
— Gabriel. — lo reprende mi padre dando un golpe a la mesa — Respeta a tu hermano, y ofrécele una disculpa.
— ¿Por qué debería hacer eso mi hijo?
Yo también soy tu hijo.
Me levanto del comedor, tomo mi plato y voy a la cocina para lavarlo. Debo salir de aquí antes de que empiece la guerra.
Una vez termino tomo mi mochila del sofá, miró un segundo atrás y veo a mi madre viendo a mi padre con enojo y aunque él lo disimule más... El también está enojado. Suspiro.
— Nos vemos más tarde, iré a entrenar. — Me dirijo a la puerta y la abro.
— Sabes que no me gusta que practiques Fútbol — Volvió hablar mi madre con obvia molestia
Ignoro toda palabra de su boca cerrando la puerta con algo de fuerza. Acomodo mi bolso en mi hombro y meto la mano en mi bolsillo para sacar las llaves de mi auto.
Camino hacia donde está mi automóvil y de repente escucho un camión al lado, lo que llama mi atención. Echo un vistazo rápido a la casa de al lado, todo parece ser un caos total. Abro la puerta del auto y tiró la mochila al asiento del copiloto y antes de entrar la curiosidad me ganó y miró una última vez hacia la casa junto a la mía. Y justo ella estaba allí. Con una caja en sus brazos, su mirada fija en mí con sorpresa quizás... Mi cuerpo reacciona de inmediato y mi pulso se dispara al caer en cuenta en la situación que estoy... Después de unos segundos desvié la mirada fingiendo indiferencia, entré al auto y encendí el motor ¿Por qué justo aquí? ¿Por qué duele? Si nunca fuimos nada... Joder, qué idiota soy.
Ya era mitad de mañana y el sol brillaba intensamente sobre el campo, estábamos trabajando nuestras habilidades técnicas y corrigiendo errores del partido anterior, entre el calentamiento, tiros libres, penales, tiros de esquina y los pases se pasa la hora rápido.
Por suerte logré superar el percance que tuve hace rato con el encuentro inesperado de Isabella. Y desde que pise el campo me he olvidado de todo... Es mi manera de evadir la realidad.
— ¡Es hora de subir el nivel chicos! — grita — ¡Quiero ver pases más precisos Alejandro! — se queja nuevamente el entrenador.
Mis pases son precisos lo que no parece preciso es su vista, pero bueno quien soy yo para juzgar. No soy el mejor del mundo pero tampoco soy el peor, pero parece que el entrenador solo ve defectos en mis jugadas y en mi, cosa que a cualquier otro le parecería normal, pero se ha vuelto demasiado repetitivo, y aunque mejore parece no darse cuenta. Porque si el problema fuera yo, la directiva y otros entrenadores no me dijeran que he mejorado bastante.
— ¡Alejandro no te distraigas! ¡Diez vueltas al campo rápido! — aplaude con las manos para apresurarme.
Y donde me queje, serían cincuenta. Que dia de mierda...
Las dos horas de entrenamiento pasaron demasiado rápido, aunque contando la charla final y la ducha que tome se puede decir que serían casi tres horas.
— Morales, vayamos por algo de comer — junior pasó su brazo por encima de mis hombros. — Iremos los de siempre.
Lo apartó para guardar en mi mochila la ropa sucia del entrenamiento, hoy es viernes y este fin de semana no tengo entrenamiento. Estamos de descanso ya que estuvimos en California por un partido y recién llegamos el lunes.
— No puedo, tengo que hacer las compras del mes. — Termino de ponerme la camiseta — Aunque podemos hacer pizza en mi casa. —Propongo.
— ¿Pizza? — Camilo apareció a nuestro lado con una sonrisa y secándose el cabello con una toalla. — ¿Dónde y cuándo?
— En mi casa — contesto mientras me siento en la banca para ponerme los zapatos. — ¿Vienes?
Camilo asintió feliz, no se resiste a la comida.
— Está bien — Deja la toalla a un lado — Paso por Paso y luego iré.
— Claro, como uno no tiene novia. Lo excluyen — bromea Junior, y luego me pone una mano en el hombro — Yo si me voy contigo, yo no te cambio por nadie. — Asegura
Yo enarco una ceja, y lo miró divertido.
— ¿Ni por Lyssa Lambert? — Le pregunto
— Yo no te cambio por nadie, excepto por Lyssa Lambert. — confiesa con una sonrisa.
Camilo y yo nos reímos.
— Nos vemos allá — se despidió Camilo una vez listo para irse — Y por favor, no lo mates.
Me señala en modo de advertencia, él sabe que no tengo paciencia y Junior habla hasta por los pies.
— Después el equipo se quedó sin portero — Sonrió divertido — Quizá después.
— Sigo aquí — reclama junior divertido
— Exactamente. —me pongo de pie para irme también — Apresurate, que primero debemos ir al supermercado y luego nos agarra el tráfico.
Junior asiente y se termina de preparar, cuando vamos de salida Vemos a Pablo con una toalla por la cintura y una pequeña en la mano mientras se seca el cabello
— Hola negrito— saluda junior a Pablo — Vamos a ir a casa de Alejandro, preparara de comer.
— Si, Igual iba a ir. — Pasa por nuestro lado y va a su taquilla — Y no soy negro. — suspira antes de darnos la espalda.
— Y yo no soy rubio — Comenta con sarcasmo junior, cosa que nos hace soltar una carcajada a todos los presentes.
— Paso por Julia y luego a tu casa. — comenta Pablo aun con una sonrisa.
Yo solo asiento y salgo del vestidor junto a Junior, apenas llegamos al estacionamiento todo de lo que había querido olvidarme vuelve... Aunque trato de mantenerme neutral con la situación... Al menos mis amigos irán y prefiero invitarlos, a estar solo y que deba aguantar la presencia de Isabella... Aunque también está la opción de quedarme en mi habitación.
— Tomates... ¿Dónde están? — murmuró frustrado.
Junior y yo tenemos una media hora caminando el supermercado y no vemos los tomates, o no hay, o somos muy estúpidos para comprar comida.
Mi madre me mandó un mensaje diciendo que hiciera las compras. Y yo aprovecho para comprar lo que hace falta para la pizza.
— Los encontré. — Los vi después de pasar diez veces por el mismo lugar — Espera, ya regreso.
Tome una cantidad razonable, me gusta cocinar y ver como todos disfrutan de lo que preparo, la cocina me relaja y después de un día tan exigente como el de hoy... Y una sorpresa incluida... Es necesario.
Vi en el estante del frente unas Papas Pringles e inevitablemente recordé a isa, como le gustaban antes, siempre que la veía, llamaba, o hacíamos videollamada estaba comiendo...
¿Para qué estoy recordando eso? Bueno la verdad, desde que supe que iría a mi casa. He estado ansioso, tengo muchas preguntas, y la cabeza me da vueltas, mierda. Además de recordar cada detalle así sea mínimo de ella o nosotros... Ja. Lo digo como si un “Nosotros” hubiera existido.
No debería afectarme después de tanto tiempo, realmente quise pensar que jamás la volvería a ver y me sentía tranquilo, al comienzo no quería eso. Pero hay veces donde uno se pregunta ¿Por qué se alejó de mí? ¿Por qué de la nada? ¿Le hice algo? Y aunque esas preguntas rondan por mi cabeza desde hace tiempo estoy seguro que si me vuelve a hablar, a escribir e incluso a llamar. Le voy a contestar...
— Oye, se me olvidó contarte que Sebas está saliendo con alguien — me dice junior apenas regresó con las cosas — ¿No te ha dicho quien es?
Sebas es uno de mis amigos, lo conozco desde que éramos niños, y jugamos juntos en el equipo.
— No lo he visto, supongo que me lo dirá después.
— Si te dice, me cuentas — empuja el carro mientras avanzamos
— Que chismoso — Le dije divertido — Paguemos para irnos, quiero darme una ducha.
— ¿Otra vez?
— Yo si me baño junior
Después de media hora de tráfico logramos llegar a mi casa, gracias a Dios.
— ¡ALELANDO! — Mi hermana pequeña corrió hacia mí en cuanto me vio — Te extrañe.
Lilia es mi hermana menor, tiene dos años y es mi vida. La amo demasiado. Es como mi hija, la cuido yo, la duermo, la saco al parque, la llevó a la guardería, le compro juguetes, en conclusión, es como mi hija.
— Yo también te extrañe — Deje las bolsas del mercado aún lado para levantarla en mis brazos, Esta mañana no logré verla ya que estaba dormida — ¿Quieres comer pizza?
Ella asintió con una sonrisa que me da mil años de vida, y pensar que dentro de un año ya no podré verla tan seguido.
— ¿Dónde están papá y los demás?
— No sé — se encoge de hombros —Mami me dijo que fuera una buena niña y no me moviera de aquí.
Increíble, mi madre la dejó sola. Lo único que faltaba, por suerte no tardamos, la pregunta es ¿Dónde está Gabriel? y como si lo hubiera invocado llego a casa, supongo que salió tarde hoy. Aun tiene el uniforme puesto.
— Hola — Saludó él de mala gana.
— Hola. — contestamos junior y yo a la vez
El siguió escaleras arriba algo desanimado ¿Qué le pasaría? Solo tiene esa actitud, cuando algo le pasa.
— Hola Lilia — la saludo junior — ¿Cómo estás?
Ella sonrió y se escondió detrás de mí
— Como que no le caigo bien — Suspiro junior
Dejé a Lilia jugando en la sala de estar, tomé las bolsas del mercado y las lleve a la cocina. Y Junior se quedó con mi Hermana a ver si le hablaba. Tengo la sospecha que es porque Lilia está muy enamorada y le da vergüenza que junior le hable.
Cuando acabé de acomodar las cosas del super fui hablar con mi hermano, estoy seguro que algo le pasó tal vez discutimos seguido pero sigue siendo mi hermanito.
— Hola — abrí la puerta de su habitación — Oye ¿Podemos...?
Gabriel se estaba colocando una camiseta cuando llego a notar unos golpes en su espalda
— Gabo ¿Que te paso? — Él terminó de colocarse la camiseta e ignoró mi pregunta — Gabriel, ¿Que te paso?
— No te importa.
Sigue sin mirarme.
— Última vez que pregunto, ¿Que te paso?
— No eres mi papá, vete de mi cuarto. — me mira con frialdad.
Cría cuervos y te sacarán los ojos. Siempre lo he cuidado, y trato de ser un buen hermano aun cuando la preferencia de mi madre hacia él es muy obvia... Más de una vez tuve que tragarme las ganas de responderle de la misma manera en que él me habla. Pero no lo hago porque sé que no es su culpa ser así.
— No seré papá, pero eres mi hermano. Si te pasa algo es...
— No actúes como si te importara — su tono fue seco y despectivo
— Está bien, está bien... No insistiré — Antes de cerrar la puerta de su habitación le volví hablar — Si tienes algún problema en la prepa, dimelo.
— Claro, porque tú eres alguien importante allí. — pone los ojos en blanco.
— Solo avísame, es todo. — cierro la puerta de un portazo.
Mi enojo se mezcla con tristeza, pues sigo sin entender qué fue lo que hice para que él cambiara tanto conmigo... Antes solíamos ser inseparables.
Bajo las escaleras para al menos empezar a cocinar antes de que se haga más tarde.
— ¿Qué te dijo tu hermano? — preguntó junior con una barbie en la mano lo que me hizo gracia — ¿De que te ries? que tenga casi 18 años no significa que no pueda jugar — Ambos reímos — ¿Qué te dijo?
— Que no actúe como si él me importara — Me encogí de hombros — Estará pasando por su etapa rebelde.
Muy viejo tu.
Suspiro. Haré la pizza y luego me bañaré de nuevo, tengo calor... Siento que me sofoco aquí en mi casa.
Después de una hora termine las pizzas fui a ducharme, deje a junior a cargo de sacarlas del horno. Ojala no las deje quemar.
— A las dos y media. — Le recuerdo mientras corro escaleras arriba
— Si, si. — apenas y escucho su respuesta.
Realmente no tarde demasiado, me coloque algo sencillo, cómodo y fresco. La verdad no se porque me siento ansioso ¿Será por ella? No creo que hayan pasado dos años, ya ni se debe acordar... Me siento tonto al recordar detalles de ella cuando quizá ella ni recuerde las cosas que le dije en su momento...
El sonido del timbre hizo que perdiera el hilo de mis pensamientos, solo puede ser una persona... Baje para ir abrir la puerta lo hice sin dudar... Todo esto debía pasar tarde o temprano.
La miró fingiendo que no se quien es, aunque no estoy muy equivocado las personas cambian con el tiempo y hace dos años que no hablamos. Y ambos cambiamos.
Pero es imposible no reconocer sus ojos cafés...
Lo que no ha cambiado es mi interés por ella, justo lo acabo de confirmar... Se ve preciosa.









holaaa