Al despertar
Despertar sin los pensamientos de semana,
que se esfumaron cuando la vi caminar.
Mirarla soñando,
y pensar que descubrí lo que es amar,
con ganas de acariciar, besar
y cumplir
todos los verbos románticos terminados en -ar.
Mientras va despertando
de ese sueño fatal,
ocasionado por el cansancio,
de lo incesante de dos amantes.
Y ella, cubierta por telas sedosas y blancas,
camuflándose con su piel como si fueran una.
Y en esa posición vuelve a la realidad, abre sus ojos de a poco y me ve,
y con sus ojos me pierdo.
Las perlas me hacen viajar a otro universo.
La suspensión se sublima.
Me elevan,
y ella se acerca:
con su elegancia,
con su estilo,
con su todo.
Voy sintiendo su calor corporal,
sus pliegues
y su tacto en mí.
Mi corazón se acelera,
mi cabeza deja de pensar.
Acerca sus labios a los míos:
no podría ni siquiera chistar.
Cierra sus párpados,
acompañados de sus pestañas largas,
ladea su cabeza
y se produce el húmedo contacto.
Nuestros labios se vuelven uno,
y se convierten en agua,
resbaladiza, viva y fluctuante.
Después del beso,
entre dientes,
una sonrisa.
El despegue me enamoró
con el gesto demostrativo de amor.
Se sintió esa vibra
a amor adolescente,
mortal, corto pero pasional,
donde nuestro amor dejaría huellas en ese lugar para alquilar.
Y en mis pensamientos igual,
tendría que sobrellevar lo que resta del día,
por el secreto prohibido de una pasión fugaz.
-moshhi.