Aquellos recuerdos
«¿Crees en la reencarnación?»
Aquella pregunta ha estado rondando por mi mente desde hace 14 años. En ese entonces ambos teníamos 22 cuando te escuché decir aquellas palabras.
Sinceramente, me he estado cuestionando si en verdad creo en ello. Sin embargo, ahora que lo estoy viendo frente a mí, no estoy seguro de que pensar.
Es posible que tú… después de aquel día…
14 años atrás:
Nuevamente, tuve que esperar a que mis clases terminaran. Tenía que buscar a Adam. Me enteré de que él se escapó, otra vez.
Suspire teniendo que regañarlo de nuevo por eso. Podría ser desesperante algunas veces, pero lo soportaba.
Sin la necesidad de buscarlo por todo el instituto —ya intuía dónde se encontraba—, lo halle durmiendo bajo el único árbol que está aquí.
Parecía tan tranquilo mientras el follaje le brindaba su sombra cuál manta, y el ligero viento parecía arrullarlo; moviendo ligeramente su cabello negro.
—Oye Adam— comuniqué sutilmente. Sin signos de que pareciera moverse, exclamé: —¡Adam, ya despierta! —No tenía tiempo para esperarlo todo el día, debía levantarse en este momento.
Aprecie su rostro sereno por un instante, antes de que él comenzara a abrir lentamente sus ojos, mostrándome el hermoso color celeste de ellos.
—¿Qué pasa?— cuestiona en voz somnolienta y ligeramente ronca. Se llegó a sentar sobre el césped. Estaba esforzándose en despertar mientras alzaba una de sus manos para tallar uno de sus ojos e incluso bostezo.
—¿Qué, qué pasa? —Era realmente increíble que estuviera actuando tan indiferente cuando sabe perfectamente a lo que me estaba refiriendo. —Pasa que te saltaste las dos primeras clases.
Al parecer había despertado por completo cuando fija nuevamente sus ojos sobre los míos. Seguía preguntándome por qué me fascinaba su mirada. Sentía que no debía de apartar la vista de sus ojos, por más que quisiera evitarlo. Me atraían de una forma demasiado fuerte.
Ahí también intuía que estaba por hacer algo más, algo inevitable. No, no te atrevas. De ninguna manera lo hagas. No me sonrías… lo hizo. Maldición siempre sonríe para librarse de mis regaños. Eran mi debilidad y lo detestaba aunque lo amara.
—No pasará nada si me salto una, quizás dos o todo el día las clases… ¿O sí?— manifestó inocentemente.
No inclines la cabeza… también lo hizo. Su mirada parecía la de un pequeño cachorro —o eso se ilustraba en los libros—, rogando que no fuera castigado.
Estoy completamente seguro de que Adam sabe lo que debe de hacer para que caiga ante sus palabras. No, esta vez tengo que ser fuerte. Sí, eso haré. Alentándome inhale y exhale para estar más sereno, así podría afrontar lo que sucederá.
—D-Definitivamente es malo que no asistas. —Había sido malo que tartamudeara en un principio, además de sonar nervioso, pero ya lo consideraba un avance. Seguía teniendo la determinación de llevarlo a clases.
Adam me observa unos segundos antes de chasquear la lengua, y volteó su mirada para evitar verme. ¿En serio acaba de chasquearme la lengua? Habría sido inesperado, sí, pero nada que no pudiera manejar.
Adam:
Había sido una bella mañana la que tuve desde que amaneció. Logre tener mi espacio favorito para dormir, estando completamente expuesto hacia cualquiera que pasara. Un ligero riesgo que correr.
Estuve descansando un buen tiempo hasta que la voz de Eliot logró despertarme. Fue una buena vista, lo admito. Viéndolo intentar mostrar seriedad bajo mi mirada, no hacía más que parecerme lo más lindo del mundo.
Era sencillo para mí el intentar convencerlo al tener el conocimiento de aquello que él ama de mí. Sin embargo, esta vez no funcionó. Eliot no cayó esta vez. Debería de intentar algo más. De ninguna manera me rendiría tan fácil.
Eliot:
Alcé mi mano para pasarla sobre mi rostro, estaba cansado de repetir lo mismo día con día. Suspire para relajarme, aunque sería complicado el llegar a hacerlo, nada es tan sencillo cuando se trata de Adam.
—Lo que sea, andando. —Estaba dispuesto a llevarlo al salón, aun si hubiera algún riesgo de por medio.
Lo veo mirarme por unos segundos más antes de que él se levantara rápidamente hasta quedar a centímetros de mí. —¿Y qué recibiré a cambio?— negoció en voz seductora, provocando que me estremeciera.
Maldición, ¿por qué tiene que ser más alto que yo?, a lo mucho nos llevamos como 6 cm y eso que mido 1.75. Levanté un poco la mirada para verlo a los ojos —un error de mi parte—, rápidamente desvié la mirada a un lado para que aquellos cautivadores ojos me dejaran atrapados en ellos.
—U-Un buen estudio y buenas notas— señalé nuevamente tartamudeando.
Al poco tiempo alcancé a escuchar su franca risa. No te rías de esa forma, sabes que también me encanta. Su alegría se detuvo. De pronto siento como un ligero toque se posa debajo de mi mentón. Mi rostro es suavemente girado y levantado un poco para que esta vez quede profundamente atraído hacia sus ojos. Mi cuerpo tiembla de solo mirar el cariño reflejado en ellos. Estaba perdido.
—Deja de hacerlo— pidió sin sonar severo. De mi parte estaba confundido hacia sus palabras, no comprendí lo que había dicho.
—¿Qué?— pregunté aturdido.
Su radiante sonrisa había vuelto. —Dije: “deja de hacerlo”. ¿Por qué aún te resistes? —La mano que seguía bajo mi mentón, sentí que la alejaba hasta que la coloca en mi mejilla, con su pulgar la frota delicadamente. En un instante su frente queda contra la mía. No había escapatoria. Mi corazón comienza a palpitar tan rápido que podría imaginar que saldría de mi pecho en cualquier momento. —Sabes, me estás volviendo loco— confiesa en un susurro. Su aliento chocó contra mis labios, causándome un cosquilleo.
Sucumbiendo, dejó que mis párpados bajen mientras ansió aquel esperado beso.
—¡ESTO ES UNA EMERGENCIA!— resonó fuertemente en los altavoces.
Fui el primero en apartarse, solo en caso de que alguien pudiera vernos.
—¡¿Ahora qué?!— se queja Adam demasiado molesto como si el que anunciara pudiera oírlo, de mi parte, suspire aliviado.
¡Un momento! ¡Adam estuvo a punto de besarme donde cualquiera pudo habernos visto!Me di cuenta alzando mis manos para revolver mi cabello oscuro. Realmente no me había detenido ni un momento para reflexionar mis acciones, casi cometía un error tan grande. Por un segundo dejé de maldecir mi ser, al haber notado la forma en que Adam se veía desconcertado.
—¿Qué ocu…? —Estaba por preguntarle lo que sucedía hasta que escuché atentamente el anuncio en los altavoces.
—¡ATENCIÓN A TODOS LOS ESCUADRONES! ¡SE LES NOTIFICA QUE HAY UN LLAMADO PARA COMBATIR EN BATALLA EN LA CIUDAD MUY CERCA DE LA INSTITUCIÓN! REPITO… ¡ATENCIÓN A TODOS LOS ES…!
No puede ser, ¿por qué ahora?… ¿Por qué? Esto no debió de haber ocurrido. Nada de esto tenía sentido.