La Descendiente de Merlín

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Summary

¿Que soy la única que puede salvarlos? ¡Ja! Ni lo sueñen. ¿Meterme en medio de una guerra entre hechiceros y brujos solo porque un guapo con pinta de loco dice que soy descendiente de Merlín? No, gracias. Yo estaba bastante bien con mi vida aburrida, mis casi 18 años, y mis eternos dilemas existenciales sobre por qué demonios tengo el cabello blanco. Pero claro... las profecías no preguntan. Y los brujos tampoco. Al parecer, soy la única que puede evitar que todo se vaya al demonio... o acelerar el fin del mundo, dependiendo de cómo me levante ese día. ¿Salvarlos o morir en el intento? Sinceramente, preferiría no intentarlo. El problema es que nadie me ha dado esa opción.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

En el corazón de un mundo mágico, el destino de este descansa en los hombros de aquella que porta el legado de Merlín en su sangre.

"En un principio no había nada, solo una inmensa oscuridad, en una fría galaxia sin nombre.

Fue ahí donde grandes dioses fueron desterrados por unanimidad entre los celestiales más poderosos. Todo, por no abandonar a su descarriado hermano menor.

Estando ahí, estos grandes dioses, decidieron que aquella oscuridad no sería su morada eterna. Por eso, quisieron embellecer aquella galaxia inhóspita y vacía.

Aelthar, el primero de los hermanos, el mayor, quien se llamo a si mismo Rey de los Dioses, usó su aliento y encendió la luz, apartando así las sombras.

Con sus hermanos crearon, estrellas, constelaciones y, al final, algunos mundos. Eldris fue uno de estos mundos creados por los Dioses de Elyndor, llamándose así entre ellos mismos. Su plan fue perfecto y cada uno de ellos le dio vida a ese mundo.

Velmira creó las dos lunas que alumbrarían en la oscuridad, mientras que Belaris creo un enorme sol para iluminar el día.

En conjunto, los siete dioses crearon arboles, aguas, tierras, animales y criaturas impregnadas con magia. Y por último, la humanidad.

Pese a tener todo listo, no estaban del todo felices. Así que decidieron bendecir a estas nuevas almas y sus tierras con magia, pues ese era su don más preciado.

Lysena, diosa de la juventud, la belleza y el amor eterno, fue la primera en hacerlo, dándoles así la juventud eterna.

Velmira, diosa de la magia y la brujería, junto a Belaris, dios del sol y la luz, Thayron, dios de la guerra y el valor, y Aerys, dios de la magia pura, bendijeron a una estirpe de entre los que habitaban la tierra, dotándolos de magia con ciertas restricciones. Les concedieron así un fragmento de su propia escencia, la cual era visible para el resto del mundo.

Aerys, Lysena, Belaris y Thayron también se unieron para conceder sus dones a otro linaje, reflejándose también en sus ojos.

Por otra parte, Elowin, diosa de la adivinación y la profecía, escogió a su propia estirpe para bendecirla con su don profético, viéndose en ellos reflejados en sus ojos claros como las nubes, capaces de mirar los hilos del futuro.

Cuando Nhevox, dios de la magia oscura y la manipulación, quiso corromper a estas nuevas criaturas, sus hermanos, ya hartos de que no hubiera aprendido la lección tras ser desterrados, lo enviaron a un mundo que aún no estaba del todo formado, tan oscuro como su alma perversa. Lo encadenaron y encerraron en esa oscuridad eterna para que no dañara sus creaciones.

Por eso mismo, los dioses eligieron bajar y bendecir a algunos humanos, otorgándoles los dones de todos ellos. En estos humanos bendecidos por segunda vez, se produjo un cambio visible en sus ojos, reflejando así sus nuevos dones.

Aún encerrado, Nhevox podía influenciar a las criaturas y corromperlas desde lejos.

Es por eso que los dioses de Elyndor estuvieron de acuerdo en crear un ser tan poderoso que pudiera guiar a las masas y salvarlas de la corrupción.

Bajaron nuevamente e infundieron su poder desde el vientre de su madre, creando así al primer Elyndir: un humano guiado por los siete dioses, el único elegido, con un poder incomparable y con un alma incorruptible.

Y así fue creado Eldris, con humanos mágicos y otros sin magia, para conservar el equilibrio en el mundo.


“Estas palabras reposan en las páginas amarillentas del Codex Primigenius, el más antiguo de los pergaminos conocidos en Eldris, cuyos caracteres rúnicos narran la creación de los Dioses y sus bendiciones. Escritos en la lengua de los dioses, el Eldërian, una lengua conocida por pocos y olvidada con el tiempo.

Estas palabras estan guardadas en los rincones más recónditos del reino, bajo la tumba del rey Balinor, primer guardián de la corona y del secreto del alba.”

En una tierra donde la magia abunda, se encuentra un reino llamado Ealdor. En este reino, al igual que en todo el mundo, la magia es una parte integral de muchos de sus habitantes, aunque no todos poseen esta habilidad.

Balinor, el Rey de Ealdor, tomó por esposa a Denae, una hechicera de linaje noble, llamados así aquellos que usan magia. Con ella engendró a los gemelos: Merlín y Mordred, quienes fueron la luz de sus ojos.

Sin embargo, incluso antes de abrir los ojos a este mundo, Merlín fue señalado por el destino.

Se dice que los dioses posaron su mirada sobre el vientre de Denae y, movidos por designios que solo ellos comprenden, bendijeron al primogénito con sus divinos dones.

Así, Merlín vino al mundo con aquel poder celestial, otorgándole los dioses el nombre de Elyndir, y convertido así en el primer mago nacido, portador de un poder que ningún mortal había conocido.

Mordred, aunque nacido del mismo vientre, no recibió tales dones.

Denae abandonó el mundo de los vivos cuando sus hijos alcanzaron la edad de treinta y tres años; un mago adepto en las artes más oscuras vertió veneno en su copa, sellando su destino. Pese a la búsqueda que se extendió por cada aldea y bosque del reino, jamás hallaron al culpable.

Pasaron los años, y cuando Merlín y Mordred cumplieron ciento veinticinco años, unieron sus almas a dos bellas damas. Mordred se casó con Morgana, hechicera que en secreto era una adoradora del Vacío, seguidora del dios Nhevox. Merlín, en cambio, encontró su destino en Gwyn, una plebeya — llamada así por no usar magia — notándose esto en sus ojos grises.


Mordred comenzó a ansiar el trono de su padre, manipulado sin saberlo por su adorada esposa. Pero Balinor, al enterarse, dejó en claro que él decidiría cuál de sus hijos gobernaría tras su partida.

Pero antes de que pudiera coronar a uno de ellos, el mago oscuro regresó. Bajo las sombras de la noche, puso fin a la vida del Rey mientras este dormía. Durante el luto, Mordred, quien pese a todo amaba a su padre, no hizo movimiento alguno.

Un mes después, por insistencia de Morgana, intentó usurpar el trono, pero ya se habían leído el testamento del rey ante toda la corte, proclamando a Merlín como su legítimo heredero.

Aunque Merlín jamás codició la corona, aceptó la voluntad de su padre, pues conocía a su hermano y la oscuridad que rodeaba a esposa.

Sin embargo, Mordred no desistió. No se sabe cómo ni cuándo pactó con el mago oscuro, sellando el peor destino para Merlín y su pueblo: si lograban asesinar a Merlín, Mordred obtendría la corona que tanto anhelaba, a cambio de entregar su alma a Nhevox mediante un ritual oscuro y convertirse en hijo del Vacío. Si no lograban matarlo, pero podían encerrarlo, entonces cederían la mitad del reino a Ecco, el mago oscuro más viejo que existía.

El pacto fue sellado.

En un combate feroz, donde Merlín resistió con un poder casi ancestral, Mordred y Morgana viendose incapaces de matarlo, decidieron, junto a Ecco y otros magos oscuros, encerrarlo en una burbuja de cristal mágica.

Cansados por tan peligrosa y agotadora lucha, no vieron al oráculo de la corona, Oryndel, quien se acercó sigiloso hasta el cristal, escuchando las burlas de los traidores.

Posó sus manos sobre la superficie y murmuró en Eldërian, la lengua de los dioses, un conjuro que sello el destino. El cristal brilló con un resplandor blanco antes de volver a su estado etéreo.

Morgana, irritada al comprender lo que había hecho, ordenó matarlo. Uno de los magos lanzó una lanza que atravesó su corazón. Oryndel cayó al suelo con una sonrisa en los labios, feliz de haber cumplido con los designios del destino.

Tras su muerte, intentaron destruir el cristal para acabar con Merlín ahora que estaba indefenso, pero nada pudieron hacer. Furioso, Ecco tomó la burbuja y la llevó lejos, a un rincón tan remoto que aún hoy nadie sabe dónde está.

Desde aquel día, el reino se dividió. Los leales a Mordred, en su mayoria de ojos dorados, fueron llamados brujos; mientras que los fieles a Balinor y Merlín continuaron como hechiceros.

Mordred se hizo con la mitad del reino.

Ecco exigió la otra mitad, pero los ancianos de la corte se alzaron, defendiendo con fiereza lo que quedaba. Fueron días teñidos de sangre y muerte, pero gracias a su sacrificio, la mitad del reino quedó resguardada.

Desesperados, los ancianos consultaron al hijo del oráculo más antiguo, quien les habló de una nueva profecía. De un solo ser capaz de hallar y salvar a Merlín... o perecer en el intento, arrastrando consigo todo por lo que habían luchado desde la fundación del reino.

Escrito está en los Cánticos del Oráculo de Ithandor:

«Nacerá un descendiente directo de la sangre de Merlín, con cabellos tan blancos como la luna llena,

y marcado con el signo de la media luna en la muñeca, cambiando su color como su propio destino.

Solo por sus venas correrá la sangre capaz de romper el sello y rescatar al mago perdido.

Pero si su camino se tuerce y cae en la oscuridad, todo aquello que alguna vez protegió la luz desaparecerá,

y las sombras gobernaran Eldris para siempre.»

Así quedó sellado en el tiempo, esperando se cumpla la profecía de Ithandor, Oráculo de la corona de Ealdor.


HarunaNanami

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