Unidos pero no Destinados

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Summary

Lucia Vitali construyó un refugio de estabilidad con Aiden durante seis años, pero cuatro segundos en un ascensor bastaron para derrumbarlo. El reencuentro con Káiser Dalmont, el hombre que le enseñó que el amor puede ser tan intenso como destructivo, rompe su paz con un simple y frío apretón de manos. ​Ahora, dividida entre la seguridad de su presente y el fuego de un pasado que creía olvidado, Lucia se refugia en un chat secreto y unas notas de voz que le recuerdan una verdad peligrosa. Esta es la historia de dos almas unidas por un hilo rojo, pero separadas por el destino.

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologó

“I had all and then most of you Some and now none of you Take me back to the night we met”)(The Night We Met Lord Huron)‧

​El ping del ascensor fue el sonido más terrorífico que Lucia había escuchado en seis años. Se abrió en un deslizamiento limpio e insignificante, pero lo que reveló en el pasillo la hizo sentir que las puertas se abrían directamente al infierno.

​Ahí estaban.

​Káiser. Y Emy.

​La mano de Aiden, su novio y su refugio, se tensó imperceptiblemente en la curva de su espalda. Lucia se obliga a no mirar a Emy, la mujer que se había quedado con el futuro que una vez fue suyo. Se obligó a ignorar cómo la mano de Káiser descansaba con una naturalidad ofensiva sobre la cintura de la otra.

​El aire se enrarece en ese pequeño espacio de acero. Káiser levantó la vista. Sus ojos, los mismos que le habían prometido ser su luz en la oscuridad, chocaron con los de ella, sin una sola chispa, sin un solo recuerdo visible. Solo había cortesía. Solo una educación fría y afilada como un bisturí.

​-Aiden, un placer. Lucia -dijo Káiser, extendiendo la mano con un gesto protocolario.

​Tuvo que obligar a su propio brazo a moverse. Cuando su piel tocó la suya, esperó y deseó que el ascensor cayera. Que el edificio colapsara. Que el universo le jugará esta broma tan pesada, tanta historia entre dos personas las cuales habían compartido tanta intimidad y que no podían tocarse de ninguna manera y que el universo no explotara.

​Pero solo fue un apretón de manos. Seco, formal, de dos perfectos desconocidos que sabían demasiado el uno del otro.

​Y cuando sus dedos se separaron, Lucia no pudo respirar. Seis años de estabilidad, de lucha por el olvido, se habían desmoronado en ese único y breve contacto. El caos había regresado a la ciudad