Mision asesinar ser follado por Hyunjin

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Summary

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Genre
Erotica
Author
Lisa
Status
Ongoing
Chapters
26
Rating
5.0 4 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

El aire en la oficina de Felix estaba cargado de tensión. Las paredes blancas y minimalistas parecían encerrar el ambiente, como si el espacio mismo supiera de la gravedad de la situación. Cada paso de Felix, firme y decidido, resonaba en el suelo de mármol, haciendo eco de su rabia contenida. La mirada de Felix era gélida, y su mandíbula apretada dejaba claro que su paciencia estaba al borde del colapso. Cada sirviente y guardaespaldas que encontraba en su camino se detenía en seco, bajando la mirada, incapaz de siquiera respirar profundamente, temerosos de atraer su ira.

Al entrar en la oficina, el pelinegro abrió la puerta de un tirón, como si la madera fuera apenas un obstáculo para su furia. El golpe resonó con fuerza, haciendo que Han Jisung, quien estaba revisando algunos papeles, se sobresaltara. Jisung, pese a sus años de experiencia y su habilidad para controlar su miedo frente a Felix, no pudo evitar el leve estremecimiento que recorrió su cuerpo.

Felix se dejó caer en la silla de cuero detrás de su escritorio, y sin mirar a Jisung, comenzó a frotarse las sienes, un gesto habitual cuando estaba al borde de explotar. El silencio entre ellos era tan espeso que parecía vibrar en el aire.

— ¿Ahora qué? —gruñó Felix, sin molestarse en suavizar su tono. Sus ojos, oscuros y afilados, finalmente se alzaron para encontrarse con los de Jisung—. No me digas que fallamos por décima vez.

La voz de Felix era una mezcla peligrosa de control y furia contenida, un equilibrio que solo él podía mantener, pero que estaba a punto de desmoronarse. Jisung tragó saliva, pero no desvió la mirada. Él era el único que podía hablarle a Felix sin temer por su vida... la mayoría de las veces.

— Felix, no creí que sería tan complicado asesinarlo —contestó Jisung, haciendo un esfuerzo por sonar tranquilo—. Es como una maldita cucaracha, no muere con nada.

Felix soltó una risa fría, desprovista de humor.

— ¿A qué nos afrontamos? —replicó, la rabia comenzando a teñir su voz—. ¿A un ser invencible o a un jodido humano? ¡Es solo uno más del montón! Algo están haciendo mal, tus hombres no sirven para nada.

Jisung, pese a la tensión en el aire, se mantuvo firme.

— Felix, entiende —respondió, tratando de calmar la situación—. Nunca creí que un empresario de quinta tuviera tanto poder.

— Entonces no es un empresario de quinta, Han. ¡Nunca lo fue! —Los ojos de Felix chispeaban con un fuego oscuro, y se inclinó sobre el escritorio—. ¿Por qué no tomaste medidas extremas desde el principio? Sabías que exterminó a muchos de nuestros hombres en un día. ¡Entregó nuestro camión de metanfetamina a la policía! ¡Sabes cuánto costó sacar ese camión de Corea!

Felix golpeó la mesa con el puño, un sonido seco que reverberó en la sala.

— Felix... —comenzó Jisung, pero fue interrumpido por la impaciencia del líder.

— ¡Tú mismo sabes el costo de esa operación! —continuó Felix, su voz endurecida por la frustración—. ¡Y ahora me dices que fallaron diez veces en intentar asesinarlo! Esto es inaceptable.

El silencio cayó nuevamente entre ambos. Felix respiraba con dificultad, intentando mantener el control sobre sus emociones. Luego, después de lo que pareció una eternidad, se levantó de golpe, dejando caer su silla hacia atrás.

— Entonces yo lo haré.

La declaración fue un golpe seco que dejó a Jisung sin palabras. Felix se giró hacia él, con los ojos ardientes de decisión.

— Felix, no puedes dejar la organización sin tu liderazgo —insistió Jisung, intentando hacerle entrar en razón.

— Tú te quedarás aquí, Han —respondió Felix con frialdad, su tono final e inquebrantable—. Yo no tardaré en asesinarlo. Ese hijo de puta va a morir. ¡Nadie se mete con Lee Felix!

Jisung, acostumbrado a la naturaleza implacable de Felix, sabía que ya no había vuelta atrás. Cuando Felix tomaba una decisión, no había poder en la Tierra capaz de hacerle cambiar de opinión.

Felix recogió sus cosas con una precisión fría, llenando una maleta con lo necesario. Un arma, un veneno, algo de ropa, nada más. La decisión estaba tomada, y el viaje estaba ya en marcha. En menos de diez minutos, el líder de la mafia más poderosa de Asia estaba a bordo de su jet privado, rumbo a Dubai, con la mirada fija en la ventana, planeando meticulosamente cómo acabaría con su presa.

Cada movimiento de Felix, cada pensamiento, era un reflejo de su determinación inquebrantable. Nadie le había desafiado antes sin enfrentar su destino, y este enemigo no sería la excepción. La fría calma que ahora lo envolvía no era más que la antesala de una tormenta brutal que estaba por desatarse.

Después de un vuelo largo y extenuante, la silueta luminosa de Dubái comenzó a dibujarse a lo lejos, brillando con una majestuosidad que rivalizaba con las estrellas del cielo. El Bugatti Divo avanzaba por las amplias avenidas a una velocidad vertiginosa, y dentro del auto, Lee Felix mantenía una expresión impasible, aunque sus pensamientos hervían bajo la superficie. Para él, todo debía ser impecable, desde la maquinaria que conducía hasta el lugar donde descansaría. Nada menos que la perfección sería aceptable.

El lujoso hotel Atlantis se alzaba imponente en la costa, una joya arquitectónica que parecía hacer una reverencia ante su presencia. A su llegada, los empleados del hotel se apresuraron a recibirlo, inclinándose ligeramente, conscientes de la influencia de Felix en la ciudad. Muchos de ellos ya lo conocían, o al menos sabían su reputación, y su llegada era tratada con el máximo respeto.

Sin embargo, al acercarse a la recepción, su mirada se posó sobre el hombre que estaba al otro lado del mostrador. Este no mostró ninguna emoción ante la presencia del poderoso líder de la mafia, algo que a Felix no le pasó desapercibido.

— Buenas noches, señor. Bienvenido a Atlantis, un hotel cinco estrellas —saludó el empleado con una sonrisa ensayada, que solo logró aumentar la irritación de Felix.

— Quiero una habitación con vista al mar —ordenó, sin molestarse en suavizar su tono.

El empleado revisó la pantalla frente a él antes de levantar la vista con una expresión de disculpa, aunque la sonrisa se mantenía.

— Me temo que en este momento todas están ocupadas.

El ceño de Felix se frunció de inmediato. La tensión en su mandíbula era evidente, y sus dedos tamborileaban ligeramente sobre el mostrador. La falsa sonrisa del empleado parecía burlarse de él, lo que solo alimentaba el fuego que ardía en su interior.

— ¿Acaso no sabes con quién estás hablando? —preguntó con una voz baja pero cargada de amenaza.

— Discúlpeme, señor, pero no —respondió el empleado, manteniendo una expresión neutral—. Y aunque fuera la persona más importante del mundo, no echaría a alguien de su habitación solo por un capricho suyo.

Los ojos de Felix se entrecerraron, y un aire peligroso se instaló en la conversación. Se inclinó hacia el empleado, susurrando de manera que nadie más pudiera oír.

— Haré que te despidan en cuanto termine esta conversación. Y después... apenas salgas de este edificio, me aseguraré de que no vuelvas a ver la luz del día.

Por un breve momento, Felix disfrutó del silencio que se produjo, creyendo que había logrado su objetivo de intimidar al joven. Sin embargo, el empleado se mantuvo inexpresivo, algo que comenzó a desconcertarlo.

— Si ya terminó, ¿quiere que le busque otra habitación o prefiere irse? —replicó el empleado con calma, dejando claro que no se dejaría intimidar.

Los ojos de Felix se abrieron con asombro, y un tic nervioso comenzó a aparecer en su rostro. El control que solía ejercer sobre cada situación se desmoronaba, y su ira amenazaba con desbordarse.

— ¿Cómo te atreves...? —comenzó a decir, llevando la mano a su costado, donde su pistola descansaba bajo el abrigo. Pero antes de que pudiera sacarla, una voz lo interrumpió.

— ¿Qué sucede aquí? —La voz pertenecía a un hombre coreano de cabello azabache, que se acercaba con un paso decidido.

Felix giró su cuerpo para enfrentarlo, la furia aún latente en su mirada.

— Este imbécil se niega a darme la habitación que pedí. ¿Qué tipo de servicio de primera clase es este?

El recién llegado esbozó una sonrisa diplomática mientras asentía, acercándose al recepcionista.

— Disculpe los inconvenientes, señor. Me encargaré de darle la habitación que desea —dijo, mirando al joven con una advertencia sutil en su mirada.

Se inclinó ligeramente hacia el empleado, lo suficientemente cerca como para que nadie más pudiera escuchar.

— Acaban de desocupar una habitación. Dale esa al niñato antes de que cause más problemas. No queremos armar un escándalo, y mucho menos con alguien como él.

El empleado más alto chasqueó la lengua, visiblemente molesto, pero asintió en silencio antes de comenzar a tramitar la habitación. En menos de un minuto, extendió la llave a Felix.

— Habitación 530, piso 10. Que tenga un buen hospedaje, señor.

Felix arrancó la llave de su mano con una mirada fulminante.

— Para que aprendas que conmigo nadie se mete, idiota —escupió con desprecio, antes de girarse bruscamente y hacer una señal a sus guardaespaldas para que lo siguieran. Mientras caminaba hacia el ascensor, el personal del hotel lo miraba en silencio, sabiendo que no era alguien con quien valiera la pena cruzarse.

El empleado de la recepción, en cuanto Felix se fue, soltó un suspiro de exasperación.

— Maldito niño de papi —murmuró entre dientes, apretando la mandíbula en un intento de calmar su rabia.

— Detente —le dijo el azabache, colocando una mano en su hombro—. Ese tipo no es de molestar.

— Yo tampoco soy de molestar —gruñó el más alto—, pero no quiero a ese niñato aquí.

— Es mejor eso que iniciar una guerra mundial —resopló su compañero.

El más alto rodó los ojos con frustración antes de quitarse la camisa de su uniforme de manera dramática y lanzársela a su compañero, dejando su torso al descubierto.

— ¿Podrías dejar de hacer eso? —pidió el otro, claramente hastiado del comportamiento del joven.

— Que te metan una polla en el culo —respondió el más alto con una sonrisa burlona, antes de salir corriendo hacia la puerta, seguido de cerca por su compañero que, resignado, lo seguía.

El caos que Felix había desatado en apenas unos minutos era palpable. Mientras subía al ascensor, sus pensamientos ya volvían a concentrarse en su objetivo en Dubai, sabiendo que este sería el último día que ese empresario vería la luz del sol.

...

Que cringe me dió leer esto para poder editarlo. Es que enserio no puedo 😭

⎱𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑗𝑎𝑟 𝑠𝑢 𝑣𝑜𝑡𝑜 ♡⎰

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