CAPĂŤTULO UNO
En el momento en que Jungkook abriĂł la puerta del restaurante, Jimin no podĂa quitarle los ojos de encima. No era sĂłlo porque fuera una figura imponente con hombros anchos y una mandĂbula cincelada, aunque eso ciertamente no dolĂa. No, era algo más que eso. Algo que no podĂa identificar.
Cada vez que Jungkook venĂa al restaurante, lo cual era todos los dĂas, sentĂa una extraña conexiĂłn con el tipo, como si lo hubiera conocido de toda la vida, y era una locura ya que Jimin habĂa estado en Midnight Falls desde hacĂa apenas un mes y aĂşn no tenĂa una conversaciĂłn decente con Ă©l.
—Um… hola —dijo Jimin mientras caminaba hacia la mesa donde Jungkook se habĂa sentado—. ÂżQuĂ© puedo traerte hoy?
—Sólo una taza de café por ahora, Jimin —dijo Jungkook, con voz profunda y suave.
Si el tipo sĂłlo querĂa cafĂ©, Âżpor quĂ© no habĂa ido al Bluebird CafĂ©? No es que se estuviera quejando. Nunca se quejarĂa de tener la oportunidad de babear por el sheriff.
—Por supuesto.– Jimin sirviĂł el cafĂ© con manos ligeramente temblorosas. Intentaba mantener la calma con el sheriff, pero cada vez era más difĂcil cuando entraba al restaurante. HabĂa algo en Ă©l que hacĂa que sintiera que iba a explotar de deseo.
Mientras servĂa el cafĂ© Jimin mirĂł a Jungkook. Sus miradas se encontraron por un instante y, en ese momento, Jimin sintiĂł que algo se movĂa dentro de sĂ. Fue como una descarga elĂ©ctrica corriendo por sus venas.
—No pude evitar notar que pareces un poco distraĂdo —dijo Jungkook, su tono juguetĂłn, pero con un toque de sugerencia—. ÂżTodo está bien?
Jimin se sonrojĂł furiosamente, pero no podĂa negar la quĂmica entre ellos.
—Ah, sĂ. Es-estoy bien —tartamudeó—. SĂłlo... eh... perdido en mis pensamientos, supongo.
Jungkook se riĂł entre dientes.
—Bueno, no me dejes interrumpirte. ¿Qué estabas pensando?
—Nada importante. —Jimin negó con la cabeza—. Cosas simplemente.
Como cuántas superficies planas habĂa en el restaurante para que Jungkook lo inclinara. Como cĂłmo se sentirĂa besar a ese hombre maravilloso. Como cĂłmo se sentirĂa tener todos esos mĂşsculos alrededor de Ă©l mientras Jungkook golpeaba en su trasero.
Jimin se apresuró a alejarse, maldiciéndose a sà mismo por convertirse en un tonto sin sentido cada vez que Jungkook estaba cerca de él.
Dios, dispárame ahora…
Jimin se apresurĂł a atender a los clientes en las otras mesas, pero sentĂa que la mirada de Jungkook lo seguĂa a todas partes. Cuando se mudĂł a Midnight Falls hacĂa más de un mes, estaba deprimido debido a una mala ruptura, pero nunca pensĂł que un galán como Jungkook coquetearĂa con Ă©l.
Ni en un millón de años.
Jimin sabĂa que no era mal parecido, pero Jungkook era al menos un diez, mientras que Ă©l rondaba el cuatro o cinco. No tenĂa idea de por quĂ© el sheriff le coqueteaba y, maldita sea, ese coqueteo siempre lo ponĂa nervioso.
Le costaba coquetear, no tenĂa buenas conversaciones casuales con hombres atractivos y, por lo que habĂa visto hasta ahora en el pueblo, allĂ vivĂan toneladas de hombres atractivos. Ninguno le habĂa prestado atenciĂłn, y eso le agradaba. Le gustaba mantenerse en un segundo plano. No era una de esas personas que necesitaban ser vistas.
Pero Jungkook lo veĂa.
—¡Cuidado!
Jimin estaba tan perdido en sus pensamientos que se habĂa quedado sin aliento.
¡Oh, mierda! Estaba sirviendo una taza de cafĂ© a un cliente, con su mente en Jungkook, y la taza de lĂquido caliente se habĂa desbordado.
—¡Jimin! —le gritó Namjoon, su jefe y el dueño de Deep Dish.
Este no era su primer error. Antes de llegar a esta joya escondida del pueblo, habĂa trabajado en innumerables fábricas. No sabĂa nada sobre limpiar mesas y recibir pedidos, pero Namjoon le habĂa dado una oportunidad.
El chico probablemente se estaba arrepintiendo de esa decisiĂłn.
DespuĂ©s de agarrar un trapo y limpiar el derrame, Jimin corriĂł hacia el mostrador. La expresiĂłn de frustraciĂłn en el rostro de Namjoon no auguraba nada bueno para Ă©l. Realmente necesitaba este trabajo. NingĂşn otro lugar habĂa estado contratando empleados, excepto el Fearless Fox, pero servir bebidas era incluso menos atractivo que servir mesas.
No solo no sabĂa nada sobre bebidas, sino que su exnovio tambiĂ©n habĂa trabajado en un bar, lo habĂa engañado implacablemente y trabajar en un lugar como Fearless Fox podrĂa haberle traĂdo demasiados recuerdos dolorosos.
Lo mejor era olvidar que Jaemin existĂa y seguir adelante.
—Um, ¿s� —Jimin se preparó, esperando que Namjoon lo despidiera.
—Deja de babear por el sheriff y presta atención a lo que estás haciendo —advirtió Namjoon.
—¡No lo hacĂa! —argumentĂł Jimin.
—¿Prestar atenciĂłn? —preguntĂł Namjoon—. SĂ, pude ver eso.
—No, me refiero a babear por… bueno… no lo estaba. —Jimin agitó una mano en el aire como si fuera una idea absurda—. Sólo porque tiene ángulos faciales asombrosos, una bonita piel, ojos penetrantes y tiene la constitución de un toro, no significa que estuviera babeando por él.
Namjoon frunció el ceño.
—Acabas de enumerar todas las razones por las que estás babeando por él. Presta atención para no quemarle las pelotas a alguien con ese café caliente.
Desafortunadamente, Namjoon tenĂa razĂłn. Jimin necesitaba dejar de pensar en Jungkook y volver a su trabajo. Al menos su jefe no lo habĂa despedido. Se estremeciĂł ante la idea de tener que vivir en su auto si perdĂa su trabajo. Sus cheques de pago apenas alcanzaban para cubrir sus cuentas, pero tenĂa un techo sobre su cabeza y comida en su refrigerador.
Cuando se girĂł, vio a Yoongi riĂ©ndose. Su compañero de trabajo pensaba que la situaciĂłn era divertida y, si los papeles se hubieran invertido, Jimin podrĂa haber pensado lo mismo.
Jimin gimiĂł cuando vio a Jungkook tratando de hacerle señas para que se acercara. Estuvo medio tentado de enviar a Yoongi allĂ, pero era su mesa, asĂ que se dirigiĂł hacia el sheriff.
—He decidido desayunar —dijo Jungkook.
Genial, eso significaba que el chico estarĂa más tiempo en el restaurante. Por mucho que le encantará comerse con los ojos al sheriff, no necesitaba otro error. Y si Jungkook se quedaba, definitivamente habrĂa errores.
—¿QuĂ© puedo traerte? —Jimin sacĂł el pequeño dispositivo portátil que le habĂan entregado el primer dĂa para tomar Ăłrdenes. Le permitĂa a Namjoon recibir los pedidos en una pantalla en la cocina, lo que significaba que los pedidos salĂan más rápido.
En ese momento estaba bastante muerto, pero la mayorĂa de las mañanas eran caĂłticas.
—Quiero tostadas francesas de bollos de canela, salchichas, tocino, huevos a término medio, tostadas de trigo y una guarnición de sémola.
Jimin mirĂł a Jungkook de arriba abajo.
—¿Y dónde piensas poner toda esa comida?
Era cierto que Jungkook era un tipo imponente. Jimin calculaba que medĂa alrededor de un metro noventa y debĂa pesar cerca de ciento cuarenta kilos. Ciento cuarenta kilos de puro mĂşsculo.
¡Para!
—Tengo un apetito feroz. —La forma en que Jungkook lo miró, las insinuaciones que flotaban entre ellos, hicieron que el rostro de Jimin se encendiera.
—¿Las salchichas estilo hamburguesa o chorizo?
—De ambas. —Jungkook se dio unas palmaditas en el vientre plano— . Necesito las calorĂas si voy a servir y proteger.
—Más bien comer y tomar una siesta —bromeó Jimin y luego frunció los labios—. Te lo traeré tan pronto como esté listo.
Se escapó de Jungkook antes de que dijera algo más estúpido.
Jungkook sonriĂł mientras Jimin levantaba polvo tratando de alejarse de Ă©l. Cuando el humano comenzĂł a trabajar en el restaurante, Jungkook pensĂł que su compañero lo estaba rechazando, pero pronto descubriĂł que era inmensamente tĂmido.
PodĂa trabajar con su timidez. Ésa era una de las muchas razones por las que Jungkook se habĂa asegurado de pasar por Deep Dish todas las mañanas. QuerĂa que su pareja supiera que estaba interesado, pero hasta el momento, sus conversaciones no duraban mucho y apenas pasaban de los negocios.
Era a la vez dulce y frustrante.
Mientras Jimin corrĂa hacia la cocina, Jungkook quedĂł mirando las deliciosas curvas del humano, que parecĂan moverse mientras corrĂa. Sus instintos primarios se activaron cuando el dulce aroma de la cálida lluvia en un caluroso dĂa de verano de Jimin llenĂł sus fosas nasales. Era un olor que hacĂa que su oso rugiera de deseo.
Jungkook tratĂł de ignorar la sensaciĂłn que lo atenazaba mientras esperaba su desayuno, pero cuanto más miraba a Jimin, más querĂa su oso poseer al tipo. No importaba si este no sabĂa sobre el mundo sobrenatural. A su oso no le importaban cosas tan triviales.
Finalmente, le sirvieron el desayuno. Mientras Jungkook comĂa, no podĂa dejar de observar cada movimiento de Jimin. Cuando el humano le trajo más cafĂ©, notĂł la forma en que las mejillas de su compañero se sonrojaban cuando hicieron contacto visual.
—¿Cómo va todo? —preguntó Jimin.
—Perfecto. —Jungkook deslizĂł su mirada sobre Jimin —. Me preguntaba si querĂas pasar el rato despuĂ©s de tu turno.
Las cejas de Jimin se arquearon y Jungkook no estaba seguro de quĂ© hacer con eso. ÂżEstaba su compañero interesado o no? Estaba captando la sensaciĂłn de que a Jimin le gustaba, pero a veces era difĂcil saberlo. ÂżSu pareja sentĂa el tirĂłn? ÂżSe sentĂa tan tremendamente atraĂdo por Jungkook como este se sentĂa por Ă©l?
Como Jungkook nunca habĂa estado emparejado antes, estaba un poco inseguro.
—Um, yo… ya sabes… bueno…
—Di que sà —lo animó Jungkook—. Sin condiciones. Sólo dos personas con una floreciente amistad en el horizonte.
ÂżAcababa de decir eso? Jungkook puso los ojos en blanco para sus adentros ante lo cursi que habĂa sonado. Suave, genio.
Las cejas rubias de Jimin se fruncieron.
—¿Somos amigos?
—PodrĂamos serlo —dijo Jungkook —. ÂżO soy tan intimidante como un oso que no crees que podamos ser amigos?
Un pequeño juego de palabras nunca viene mal, aunque Jimin no tenĂa idea de que Jungkook era un cambiaformas oso.
—¡No! —La mano de Jimin revoloteĂł hasta su garganta—. ÂżPor quĂ© pensarĂa eso de ti? Ni siquiera nos conocemos.
—¿Asà que pasemos el rato? —dijo Jungkook.
—Yo, eh, salgo a las tres —dijo Jimin —. ¿No seguirás trabajando?
—No. —Porque Jungkook se iba a tomar el resto del dĂa libre una vez que Jimin fichara su salida. Sus ayudantes podrĂan encargarse de las cosas en la estaciĂłn. No era como si Midnight Falls fuera un pueblo alborotado. Era lo más tranquilo posible.
Cuando los imbĂ©ciles no causaban problemas, y considerando que habĂa muchos imbĂ©ciles en el mundo sobrenatural, el caos podĂa sobrevenir en cualquier momento. Pero Ăşltimamente habĂa estado tranquilo y Jungkook estaba agradecido por ello.
Los humanos tambiĂ©n podĂan causar problemas, pero como no poseĂan ningĂşn poder, su tipo de problemas solĂan ser moderados en comparaciĂłn, al menos en opiniĂłn de Jungkook.
Autos robados, allanamiento de morada, vandalismo o robos ocasionales en la farmacia u otros negocios locales eran cosas que podĂa manejar.
Los demonios escapados, las hadas que ejercĂan magia oscura, los vampiros que intentaban matar a alguien y los cambiaformas con muy malas actitudes estaban en otro nivel.
Jungkook hacĂa todo lo posible para no involucrar al Ultionem, el consejo para lo sobrenatural, porque esos tipos ya tenĂan mucho entre manos. No. InsistĂa en manejar los problemas de Midnight Falls por su cuenta, con la colaboraciĂłn de sus ayudantes.
No tenĂan un alfa que dirigiera su pueblo. Mantener la paz dependĂa de Jungkook y sus hombres, y se tomaban su trabajo en serio porque les gustaba tener un lugar donde las familias pudieran criar a sus hijos y donde las personas se reunieran en tiempos difĂciles. El pueblo reavivaba la sensaciĂłn de una Ă©poca pasada en la que se podĂa dormir con las puertas abiertas.
—Está bien —dijo Jimin, sacando a Jungkook de sus pensamientos—. Te veré a las tres.
Con una sonrisa, Jungkook observĂł cĂłmo Jimin se apresuraba a servir otras mesas. TerminĂł su comida, pagĂł la cuenta y saliĂł al fresco aire del otoño. El DĂa de AcciĂłn de Gracias habĂa sido hacĂa una semana y Jungkook habĂa celebrado la festividad con sus ayudantes, que tambiĂ©n estaban solteros.
Pero hubiera sido bueno compartirlo con Jimin. Jungkook no tenĂa idea de lo que Jimin habĂa hecho ese dĂa y no habĂa preguntado. Ahora que su pareja habĂa aceptado salir con Ă©l, tal vez podrĂa llegar a conocerlo mejor.
Y si las cosas progresaban naturalmente, como esperaba, Jungkook podrĂa reclamar a su compañero.
Su oso gruñó de acuerdo.
—¿El Sheriff Jeon acaba de invitarte a salir? —preguntó Yoongi después de que Jungkook se fue.
—No es una cita —protestĂł Jimin, aunque no estaba seguro de si eso era cierto. ÂżJungkook realmente querĂa pasar el rato? ÂżPor quĂ©?
Yoongi empujĂł la yema del pulgar entre los ojos de Jimin.
—Estás pensando demasiado.
Jimin apartĂł la mano de un golpe.
—Y estás dándole demasiada importancia a esto.
—¿Pueden ustedes dos hacer algún maldito trabajo?
Jimin saltĂł al escuchar la voz de Namjoon detrás de ellos. No habĂa oĂdo el acercamiento del tipo.
—Jimin tiene una cita con el sheriff —le dijo Yoongi a Namjoon.
—Ustedes dos tienen una cita con sus mesas —replicó Namjoon—. Muévanse o les meto mi pie talla cuarenta y cuatro en el culo.
Jimin se apresurĂł a alejarse. Namjoon era un tipo grande, y no querĂa que ninguna parte del pie del hombre terminara en su trasero, aunque, en el fondo, sabĂa que realmente no harĂa eso. Bufaba y resoplaba, pero era un tipo realmente agradable.
Cuando querĂa serlo.
TambiĂ©n era indiscutiblemente hermoso. TenĂa aproximadamente la misma altura que Jungkook, pero mientras Jungkook tenĂa bonitos ojos marrones, Namjoon tenĂa unos azules nĂłrdicos. TambiĂ©n tenĂa el pelo rubio oscuro que le caĂa en ondas.
Si no hubiera sido su jefe, podrĂa haber coqueteado con Ă©l, aunque no habrĂa tenido la menor oportunidad de ligar con el hombre sexi.
Justo pensaba que no tendrĂa ninguna oportunidad con Jungkook, pero el tipo le habĂa demostrado que estaba equivocado. DespuĂ©s de un mes de huir del sheriff cada vez que le coqueteaba, Jimin finalmente accediĂł a salir.
¿Por qué ahora? No estaba seguro, pero ahora estaba esperando su, no cita. Y además muy nervioso por eso.
Mientras Yoongi regresaba a la cocina, no podĂa quitarse de encima la sensaciĂłn de que la invitaciĂłn del sheriff Jeon era algo más que dos amigos pasando el rato. TenĂa que admitir que el hombre habĂa estado en su mente desde que empezĂł a trabajar en el restaurante. Jimin siempre se habĂa sentido atraĂdo por los hombres dominantes, y el sheriff definitivamente cumplĂa con los requisitos.
Jaemin tambiĂ©n encajaba en ese perfil y mira cĂłmo resultĂł. Lástima que no podĂa acallar la voz en su cabeza.
El resto de su turno pasĂł borroso y, antes de que se diera cuenta, eran las tres en punto y estaba marcando su salida. Mientras se dirigĂa hacia el frente del restaurante, vio a Jungkook apoyado casualmente contra una gran camioneta negra, luciendo exactamente como el hombre hermoso y confiado que habĂa llegado a conocer.
TambiĂ©n fue extraño ver a Jungkook con ropa normal. Siempre habĂa visto al tipo con su uniforme y, maldita sea, se veĂa aĂşn mejor con jean y una camiseta Henley de manga larga.
Después de darse un pequeño discurso sobre cómo calmarse, Jimin salió.
—Hola —dijo, sintiĂ©ndose un poco tĂmido mientras se acercaba al sheriff. No estaba seguro de lo que Jungkook tenĂa en mente.
—Hola —respondió Jungkook, dedicándole una sonrisa torcida—. ¿Listo para pasar un rato juntos?
—¿Qué vamos a hacer exactamente?
—Tengo algunos recados que hacer. Entonces pensĂ© que podrĂamos cenar. —Jungkook abriĂł la puerta del pasajero y Jimin quedĂł impresionado con la caballerosidad del hombre. En su opiniĂłn, ya nadie hacĂa eso. Dios mĂo, ÂżpodrĂa oler mejor el interior? Era una mezcla de pino, cuero y algo más que no podĂa nombrar, pero el olor era completamente masculino.
Jimin se abrochĂł el cinturĂłn de seguridad, todavĂa sintiĂ©ndose un poco nervioso. No podĂa decir si se trataba de una cita o simplemente de dos chicos pasando el rato. Pero de cualquier manera, estaba emocionado de pasar tiempo con el sheriff, de quien estaba muy flechado.
Miró a Jungkook y encontró los ojos del hombre fijos en él. Cuando Jungkook captó la mirada de Jimin, mostró una sonrisa.
—¿Emocionado? —preguntó Jungkook.
—SĂ, un poco. —Jimin se metiĂł un mechĂłn de pelo detrás de la oreja— . ÂżEntonces adĂłnde vamos?
—Solo espera. —Jungkook le guiñó un ojo.
Mientras conducĂan, Jimin miraba furtivamente a Jungkook. No podĂa evitar la atracciĂłn que sentĂa hacia el hombre. Sus anchos hombros, su mandĂbula afilada y su mirada penetrante hacĂan que se sintiera como si fuera la Ăşnica persona en el mundo. Pero al mismo tiempo se sentĂa un poco intimidado por el sheriff. Jungkook era tan confiado y seguro de sĂ mismo, una confianza de la que Jimin carecĂa.
Mientras Jungkook hacĂa sus recados, Jimin notĂł que se dirigĂan hacia el bosque en las afueras del pueblo. SabĂa que este era un lugar inusual para que lo llevara el sheriff, pero decidiĂł confiar en el tipo. Hasta el momento Jungkook no le habĂa dado ningĂşn motivo para no hacerlo.
Diez minutos despuĂ©s, conducĂan por un sendero en el bosque.
—Entonces, ¿vienes seguido por aqu� —Dulce niño Jesús. Eso sonó más como una frase cursi para ligar que el comienzo de una conversación. Jimin quiso palmear su rostro y retractarse de esa pregunta, lamentando incluso haber abierto su boca.
Jungkook se riĂł entre dientes.
—Tengo que admitir que paso mucho tiempo aquĂ. El bosque es un gran lugar para despejar la mente y estar en la naturaleza.
Jungkook asintiĂł, contemplando la belleza de los árboles y el sonido de los pájaros cantando a travĂ©s de la ventana abierta. Fue un cambio bienvenido con respecto al ajetreo y el bullicio del pequeño centro del pueblo. Midnight Falls era bastante tranquilo, pero seguĂa siendo un pueblo prĂłspero, que a Jimin le encantaba.
Cuando llegaron a un claro, Jimin notĂł una pequeña hoguera instalada en el centro. Cuando estacionaron y salieron, vio que Jungkook habĂa traĂdo una canasta con comida para cocinar sobre el fuego.
—Esto es increĂble —dijo Jimin, sonriendo ante el esfuerzo que el sheriff habĂa puesto en su lugar de reuniĂłn. DebiĂł haber ido antes, porque habĂa un pequeño montĂłn de leña al lado del hoyo. Incluso habĂa dos troncos allĂ, como si los hubiera acercado para que pudieran sentarse.
Jungkook sonriĂł, lo que hizo que sus ojos brillaran.
—QuerĂa hacer algo especial para ti, Jimin. Solo nosotros dos, disfrutando de la compañĂa del otro.
El corazĂłn de Jimin dio un vuelco ante la idea de pasar tiempo a solas con el sheriff. Era casi demasiado bueno para ser verdad.
Mientras estaban sentados junto al fuego, cocinando perros calientes y malvaviscos, Jimin sintiĂł como si estuvieran en una cita. Si Jungkook no sentĂa lo mismo, con suerte se lo guardarĂa para no arruinar el ambiente.
—Entonces, ¿traes aquà a muchos chicos con los que simplemente estás pasando el rato?
Jungkook estiró sus largas piernas frente a él. El crepitar del fuego, el cielo despejado y la belleza del bosque que los rodeaba creaban una atmósfera romántica.
Jungkook sonriĂł.
—No, en realidad eres el primer chico que traje aquĂ.
El rostro de Jimin se calentó mientras miraba hacia abajo, sintiéndose un poco avergonzado.
—Oh, no quise decir nada con eso. Solo pensé…
Jungkook lo interrumpiĂł.
—Sé lo que quisiste decir, Jimin. Y me alegra que hayas pensado eso. Porque, para ser honesto, te he echado el ojo desde hace un tiempo.
Los ojos de Jimin se abrieron con sorpresa.
—¿En serio? No tenĂa ni idea…
Él tenĂa totalmente esa vibra, entonces Âżpor quĂ© diablos estaba actuando tan tĂmidamente? AllĂ iba su cerebro, volviĂ©ndose una papilla alrededor de Jungkook otra vez.
Jungkook puso una mano sobre el muslo de Jimin.
—Lo sé. Eres bastante inconsciente cuando se trata de coquetear.
Jimin se estremeciĂł al sentir la mano de Jungkook en su pierna. EnviĂł una chispa de electricidad a travĂ©s de su cuerpo y supo que querĂa más.
Como si leyera su mente, Jungkook tomĂł la mejilla de Jimin y tomĂł posesiĂłn de sus labios. No esperaba que lo besara, y Jimin se alegrĂł de que el hombre lo hubiera hecho, porque fue el mejor beso de su vida.