Unique
Hwang Hyunjin es un joven elegante, alto, con una silueta esculpida a base de entrenamientos y una disciplina casi obsesiva, es el típico chico que atraía miradas vaya donde vaya, en cada rincón del campus había suspiros por el, no solo por su físico, sino también por su presencia que es difícil de poder ignorar, su aura era lo que llamaba la atención. En este momento de su vida cursa el ultimo año de la carrera de sus sueños, arquitectura.
A sus cortos veinticuatro años de edad la vida de lujos era algo más que normal para él, lo que le llevó tener muchas amistades por conveniencia o simplemente porque se querían aprovechar de él y ver que tanto beneficio le sacaban a eso. Así que aprendió a distanciarse en cuanto veía algo fuera de lugar, por eso también mantenía su lado humilde, pensaba que valía mas la pena personas leales que una vida de cosas caras por doquier.
A pesar de eso Hyunjin no era del tipo que se dejaba arrastrar por cualquier cara bonita. Desde el inicio de la universidad se le conocía como alguien reservado, centrado, algo frío incluso. Sus prioridades eran claras: graduarse, destacar en su área, y mantenerse en forma. Nada más.
Hasta que llegó ella.
Lee Yuna, una joven de veintiún años, estudiante de turismo. Había llegado desde Londres como parte de un programa de intercambio semestral después de un año sabático, aunque bastó una semana para que su nombre comenzara a rodar entre los pasillos como si hubiera vivido allí toda la vida.
Era extrovertida. Tenía una sonrisa brillante, una risa escandalosa y un acento encantador que atrapaba a cualquiera que la escuchara hablar. Muchos la subestimaron al principio, viéndola solo como "la chica extranjera simpática", pero Yuna tenía algo más que eso, una astucia social natural, una habilidad para adaptarse, para leer a las personas y convertirlas en su círculo.
No tardó en hacerse amiga de todos. En especial, de Hyunjin.
Él aún lo recordaba con claridad. Había sido en una exposición de proyectos urbanísticos como celebración de inicio de semestre. Ella estaba perdida, preguntando en voz alta si había baños cerca, mientras sostenía un mapa doblado con torpeza. Él pasaba por ahí, con planos en mano, demasiado concentrado como para ayudar... pero algo en su voz le hizo detenerse.
—¿Perdón, sabes dónde están los baños? Creo que caminé en circulos tres veces...
Hyunjin apenas levantó la mirada, dispuesto a ignorarla. Pero cuando sus ojos chocaron con los de ella, algo se detuvo. Era castaña, con un delineado suave que le alargaba los ojos rasgados, las mejillas ligeramente sonrojadas por el calor. Y esa sonrisa... como si fuera imposible molestarla.
Terminó guiándola. Y terminó quedándose con ella el resto del evento. Lo siguiente fue invitarla a tomar café. Luego una caminata. Luego una cita. Luego besos. Luego algo más.
Nunca pensó que se involucraría tan rápido. Pero había algo en Yuna que lo arrastraba fuera de su rigidez. Era como una bocanada de aire fresco, una tempestad ligera en su mundo ordenado. Ella lo hacía reír. Ella lo tocaba como si no temiera a su seriedad. Y sobre todo, lo escuchaba. Le preguntaba por su carrera, le pedía que le explicara cosas, admiraba sus maquetas como si fueran esculturas de museo.
En poco tiempo, todos los conocían como "la pareja popular del campus".
Las chicas los envidiaban, algunos chicos también. No era común ver a Hyunjin tomar la mano de nadie. Y menos aún ver su sonrisa completa. Pero con Yuna, parecía relajarse. Dejarse llevar.
Él no lo decía en voz alta, pero lo pensaba con mucho orgullo, Yuna no era como las demás.
Ella no jugaba. Ella no mentía. Era directa, libre, espontánea, sí... pero también auténtica. Y Hyunjin, que ya había salido antes con mujeres que solo querían presumirlo por su dinero y todas esas cosas de lujo, o que no soportaban sus silencios, sentía que con Yuna podía ser él mismo. No necesitaba adornarse.
No necesitaba explicarse.
Ella simplemente entendía.
Claro, discutían a veces. Como todos. A veces ella se pasaba con las fiestas o salía sin avisar. A veces él era demasiado celoso, demasiado controlador. Pero todo se resolvía. Siempre volvían a buscarse.
Yuna le había dicho que vivía sola, aunque a veces creía que eso no era así, pero Hyunjin no insistió. Nunca había visto a nadie más en ese departamento, a pesar de que a veces olía a comida recién hecha cuando ellos apenas iban llegando o a un perfume extremadamente dulce que su novia nunca usaría ya que es más de olores florales, a veces escuchaba música de un grupo masculino llamado 2PM desde alguna de las habitaciones y Hyunjin juraba y perjuraba de que Yuna había afirmado que odiaba ese grupo, pero como ella nunca lo invitaba a pasar más allá del salón, él no presionaba.
Confiaba en ella. ¿Por qué no lo haría?
Hasta que llegaron esos mensajes.
[...]
Era jueves por la tarde. Hyunjin estaba en el gimnasio cuando su celular vibró varias veces con notificaciones. Pensó en ignorarlas, hasta que vio el nombre del remitente: Jisung, su mejor amigo.
«Hyunjin, esto te va a joder. Prepárate mentalmente...
No quería ser yo, pero alguien tenía que hacerlo.
Esto está rodando por todo el grupo de chicos de lenguas. Y un idiota de allí me lo reenvió porque no tiene tu número.
Parece que esto sucedió en la fiesta del domingo. Lo siento Hyun, cualquier cosa cuenta conmigo para todo. Te quiero bro.»
Y debajo, unos videos.
Hyunjin se sentó en una esquina del vestidor, con el corazón latiéndole con fuerza. Lo abrió. Ahí estaba. Yuna, en una fiesta que no reconocía, riéndose en los brazos de otro tipo. Se besaban. Él la agarraba por la cintura, luego más abajo. Yuna lo empujaba, pero riendo, como jugando.
El segundo video era peor. El mismo chico la llevaba de la mano por un pasillo mal iluminado. Yuna tropezaba de tanto reírse ó quizá de lo tan borracha que estaba. Luego entraban a una habitación.
Fin del clip.
Hyunjin se quedó mirando la pantalla un largo rato, sin pensar, sin respirar.
No podía ser. No ella. No Yuna.
Lo primero que hizo fue llamar. No contestó, frustrado empezó a mandar mensajes. Nada.
Se vistió de inmediato quitando su ropa sudada de ejercicio, cambiándola por ropa más casual y salió del gimnasio como si el edificio se incendiara. El sol ya estaba bajando cuando llegó a la zona del departamento. El tráfico era denso, pero no le importó.
Lo único que tenía en mente era una palabra retumbando una y otra vez sin parar: ¿Por qué?
Sacó la llave que aún guardaba en el bolsillo de su mochila, la llave que alguna vez su pareja se la dió "por si acaso". La metió en la cerradura y esta cedió sin resistencia. Hyunjin giró la perilla con fuerza, empujando la puerta como si necesitara descargar parte de la ira que le reventaba las costillas. Su respiración seguía irregular por la caminata rápida y el nudo de rabia en su garganta no lo dejaba tragar con normalidad.
—Yuna, ¿estás? —llamó Hyunjin en voz baja, cruzando el umbral sin pensar en que estaba invadiendo. Después de todo, ¿qué importaba ya la cortesía?
Entonces la vio.
Una figura más pequeña, se veía bajita, delgada, a pesar de estar recostada en el sillón a sus espaldas se notaba que tenía unas curvas que sobresalían incluso bajo la holgada camiseta que llevaba puesta, tenía un cabello castaño de un tono hasta más blanquecino que su novia, caía en leves ondas desordenadas sobre sus hombros que estaban medios desnudos por la prenda de ropa extremadamente grande para ella. Gracias a la luz cálida de la lámpara encendida a lado de ella noto sus pequeños hombros.
Definitivamente ella no era Yuna.
Vio como la castañita voltea rápidamente a verlo con una cara horrorizada, sus manos que no supo descifrar dónde estaban situadas anteriormente agarraron el borde de su gran camiseta y mientras cerraba las piernas agresivamente, las atraía a su pecho y cubrió con la tela sus blanquecinas y tan apetecibles piernas hasta más abajo de las rodillas.
—¿Quién... quién eres tú? —preguntó ella, con voz baja.
—¿Y tú quién eres? —respondió él al fin, sin moverse de la entrada.
—Yo te pregunté primero.
—Hyunjin... ¿Y tú?
—¿No vienes con Yuna? ¿Cómo entraste?
—Calmada, tengo llave, y... Se podría decir que soy el novio... Bueno, ahora soy el ex de Yuna. Ahora, responde. ¿Quién eres tú?
—Minho.. Hermana de Yuna. Ella no e-está si la buscabas...
—Lo suponía... Espera, ¿hermana? —la castañita con una mueca que rozaba entre la inocencia y confusión asintió —nunca me mencionó que tenía una hermana.
—Y-Y a mi no m-me dijo que tenía... Novio —la castaña se veía inquieta y jadeaba levemente.
—Nos escondía... Umh.. Ahora entiendo porque —dijo Hwang viendo de arriba abajo descaradamente a la menor.
Minho abrazó más fuertemente sus piernas contra su cuerpo, no entendía que sucedía, un hombre entró de la nada al departamento que comparte con su hermana e interrumpió un momento íntimo para ella. Y ahora él muchacho que se hace llamar Hyunjin la estaba... ¿halagando?
—No te avergüences.. —Lee lo miró directo a los ojos, sus ojitos amenazaban con empezar a lagrimear en cualquier momento, cuando iba a abrir su boca para contestar se le escapó un agudo gemido.
Se tapó la boca rápidamente y el pelinegro se quedó estático en su lugar. Una sonrisa burlona apareció en su rostro.
—P-Perdón..
—¿Estás bien, Minho? —dijo acercándose lentamente al sillón donde está la castaña.
—Completamente bien, no te preocupes.
Sus piernas se notaban que temblaban aún así estuvieran cubiertas por la tela de la camiseta.
—Te noto tensa.
—¿Tensa? Pff.. N-No, para nada —al terminar de hablar se mordió su labio inferior fuertemente tratando de callar sus jadeos.
Cada vez su pecho se movía con más fuerza, y aunque intentara disimularlo, Hyunjin no se perdió el suave rebote de las gran y redondeadas tetas de la castaña. No las había visto y podía jurar que eran mucho mejores y más deliciosas que las de Yuna.
—¿Segura que estas bien? —insistió él, ahora enfrente de ella, agachándose apenas, apoyando un codo en el asiento esponjoso, ladeando el rostro para poder mirarla de cerca.
Minho tragó saliva con dificultad. Su voz se le había atorado en la garganta. La cercanía del hombre la quemaba, y el calor que sentía entre sus piernas se intensificaba de forma alarmante.
El aparato dentro de ella seguía en un movimiento constante tan placentero que se le hacía imposible pensar en otra cosa que no fuera querer terminar por fin.
Su flujo natural ya se estaba desparramando por el sillón, quizá era el momento, o las hormonas, pero Hyunjin se le hizo malditamente caliente, vio sus venosas manos y su rostro nuevamente y juro que podría tener un orgasmo visual ante tal imagen.
Sabía que era inapropiado. Que no debía. Que Hyunjin era el ex de su hermana. Pero el modo en que él la miraba... La excitaba más, quería que ese hombre musculoso la tocara.
—N-No estoy acostumbrada a... a hombres entrando así —susurró ella, con los ojitos vidriosos y la voz temblorosa, casi como si pidiera perdón por existir.
—¿Te interrumpí algo? —preguntó Hyunjin sin apartar la mirada de su rostro, aunque sus ojos bajaban de vez en cuando a sus muslos cubiertos, como si estuviera tratando de desnudarla con la vista.
La castaña bajó el rostro, y él lo notó. El temblor en sus piernas. El sonrojo en sus mejillas. El pecho moviéndose rápido. Sus labios, entreabiertos, tan suaves. Y luego... ese aroma tenue en el aire, tan sutil como envolvente, que solo un idiota no reconocería.
—Ah... —Hyunjin soltó una suave risa por la nariz, inclinando la cabeza hacia ella. —¿Estabas... jugando contigo?
Minho apretó los labios de inmediato. Un sonido de vergüenza se le escapó de la garganta. Se cubrió más, como si pudiera esconderse dentro de la camiseta gigante.
—¡N-No! ¡No estaba... haciendo nada!
—Pero gemiste. Yo lo escuché —susurró él ahora, su voz más baja, más gruesa —Y se siente en el aire, sabes... ese olor... tan rico... tan tuyo...
Minho tapó su rostro con ambas manos, su respiración ahora descontrolada. Cerró los ojos con fuerza mientras sentía que su vagina latía con cada palabra que Hyunjin le decía sumándole el golpeteo constante a su punto g. Estaba empapada.
—No te escondas, princesa —Hyunjin murmuró, y sus dedos apenas rozaron los bordes del dobladillo de la camiseta que ella apretaba —No es nada de lo que avergonzarse. De hecho... luces adorable así. Con la carita tan roja, y el cuerpecito temblando.
—P-Por favor... —susurró Minho, sin saber bien qué estaba pidiendo. ¿Que se detuviera? ¿Que se acercara más?
—¿Por favor qué?
Él ya estaba tan cerca que podía sentir el calor que irradiaba su cuerpo. El sillón crujió cuando Hyunjin apoyó una mano en uno de los cojines, inclinándose sobre ella.
—¿Quieres que me vaya... ó quieres que me acerque más? —sus dedos rozaron apenas el borde de su muslo, por fuera de la tela, y Minho soltó un jadeo agudo, agitando su cabeza con desesperación. Era una mezcla de negación y súplica.
Hyunjin sonrió al verla así. Sus grandes tetas se movían con cada respiración, y la camiseta ya no lograba ocultar del todo la forma abultada y mojada que se insinuaba entre sus piernas.
—Estás mojadita, ¿verdad? —le susurró directo al oído, con una voz tan baja y áspera que hizo que Minho apretara los muslos con más fuerza, pero ya no por miedo, sino porque necesitaba fricción.
—E-Estoy... —Minho quiso decir algo más, pero un nuevo gemido lo interrumpió, más suave, casi como un sollozo de deseo.
Hyunjin bajó la mirada. La tela de la camiseta, húmeda entre las piernas de la castaña, lo confirmó todo. Sus pupilas se dilataron y su expresión cambió a una mezcla entre diversión, deseo y algo más oscuro.
—Dios... mírate —susurró, acariciando ahora suavemente uno de sus muslos por encima de la camiseta. —Tan tierna, pero haciendo cosas dignas de una putita.
Minho apretó los ojos y su pecho subía y bajaba de forma desesperada. Se sentía humillada... pero también deseada.
—No te voy a tocar si no me dejas —añadió Hyunjin, con la voz calmada pero cargada de tensión. —Pero deberías saber que... si me pides que pare, me voy. Si me pides que siga... Mmh, no pienso tener piedad contigo, princesita.
Los ojitos de Minho brillaban entre lágrimas. Abrió la boca, pero solo logró gemir. Lo que Hyunjin interpretó como un permiso. Y sin esperar más, deslizó sus dedos más arriba, dejando que la camiseta subiera poco a poco...
Hasta que el coñito lampiño, rosadito, brillante, mojado y lateante quedó expuesto frente a él.
Se veía tan apetecible, hilos de flujos salían de su entrada la cual se veía ya rojiza.
Frunció el ceño. Bajó la mano, separando con dos dedos los labios hinchados, y ahí lo sintió claro. No era sólo la humedad lo que la hacía palpitar, era un vibrador.
—Oh, por la mierda... —murmuró, ladeando la sonrisa como un depredador que acaba de encontrar a su presa jugando sola.
—¡N-No, espera! —Minho intentó cerrar las piernas, pero Hyunjin ya había metido dos dedos en su interior, presionando justo en el centro donde el vibrador zumbaba enterrado dentro de su canal caliente.
—¿Un vibrador dentro de tu lindo coñito? —susurró, metiendo más presión y haciendo que el juguete se hundiera un poco más. —¿Así de desesperada estabas, muñeca?
Minho se cubrió la cara con ambas manos, llorando de vergüenza mientras su cuerpo temblaba.
—¡Es-es que no pensé que vendría nadie! Yo... yo solo... quería...
—¿Correrte solita en el sillón como una perra en celo? —Hyunjin le interrumpió con voz ronca, empujando un poco más con sus dos dedos contra el juguete —Qué zorrita tan sucia.
El gemido que se le escapó a Minho fue desgarrador. Su cuerpo se arqueó, y todo en ella gritaba que estaba a punto. Lo sentía subir, el cosquilleo dulzón en la base de la columna, el temblor en las piernas, los pezones endurecidos, su vagina apretando alrededor del vibrador con fuerza. Iba a correrse. Realmente iba a hacerlo, se notaba en lo fuerte que empezó a apretar.
Y justo ahí, Hyunjin se apartó.
—¡N-No! —sollozó Minho, desesperada, intentando frotarse ella misma contra la tela del sillón, buscando fricción, lo que fuera.
Pero Hyunjin la sostuvo por la cintura y la inmovilizó.
—Aww, ¿ibas a correrte, mi puta linda? ¿Así, toda mojadita? —se burló, pegando los labios a su oído. —Lástima.
Y con la misma facilidad con la que le dio placer, comenzó a restregarse con el dedo índice sobre su clítoris... en circulos demasiado suaves para ser útiles, demasiado lentos para satisfacer. Era puro juego.
—¿Sabes qué me gustaría más que verte correrte? —preguntó, chupando el lóbulo de su oreja. —Verte tan cerca, que te duela... y no dejarte hacerlo.
Minho jadeaba, su pecho agitado, los ojos bañados en lágrimas y el rostro completamente rojo. Estaba deshecha. Se frotaba apenas, intentando alcanzar algo de alivio, pero cada vez que lo intentaba, Hyunjin la detenía con una presión sutil pero firme.
—¡Hyunjin, por favor, por favor, por favor...! —gimoteó con la voz quebrada —¡Duele!
—Pero te gusta, ¿no? —susurró él, y volvió a presionar el vibrador con un dedo, empujándolo justo contra ese punto dulce que la hizo convulsionar brevemente —Sientes ese calor, esa necesidad...
—¡No me dejes así! —gritó ella, su voz desgarrada, sus piernas pateando levemente el aire, sin coordinación —¡Necesito correrme! ¡Me duele... por favor!
—Shhh... —Hyunjin le besó la frente con una dulzura irónica. —Las putas buenas piden permiso para correrse.
Minho asintió rápidamente, con desesperación.
—¡Entonces déjame! ¡Déjame correrme! ¡Lo suplico, Hyunjin, por favor, me estoy volviendo loca...! —sollozaba tan fuerte que su voz se quebraba.
Hyunjin bajó la mano de nuevo, deslizando sus dedos por entre los labios húmedos, sintiendo la textura del vibrador apenas asomándose dentro. Su otro dedo buscó su clítoris otra vez, frotándolo con firmeza esta vez, haciendo que Minho se convulsionara bajo él.
—Ah, ah, ahí estás otra vez... —susurró —Estás cerca, ¿verdad? Tu coñito late tan fuerte que se me antoja meterte tres dedos y verte chillar...
Minho no podía ni hablar. Se agitaba, se arqueaba, sus piernas se abrían y cerraban por reflejo, sus pezones rozaban la tela de la camiseta con cada espasmo. Todo su cuerpo estaba en punto de ebullición.
Y justo cuando llegó ese instante... ese segundo de vacío, de caída... cuando su cuerpo estaba por liberarse, Hyunjin detuvo todo.
Le sacó los dedos junto con el juguete. Presionó su clítoris con un dedo frío y seco. Y la miró directo a los ojos.
—No.
El grito de Minho fue seco, frustrado, casi animal. Se retorció como una puta totalmente descompuesta, con lágrimas corriendo por sus mejillas y la boca abierta, sin sonido. El orgasmo abortado fue tan violento que casi la dejó sin aire. Se quedó temblando, jadeando, mirando al techo como si se le hubiera roto el alma.
—Ahora sí estás aprendiendo, muñeca —Hyunjin le dijo mientras la acariciaba suavemente entre las piernas, volviendo a presionar el vibrador dentro. —Tu cuerpo me pertenece ahora. Tú no te corres hasta que yo diga. ¿Entendiste?
Minho apenas pudo asentir con la cabeza, con la cara empapada de lágrimas, el cuerpo temblando sin control.
—Y hasta entonces —añadió él, deslizando de nuevo la punta de un dedo sobre su clítoris inflamado —Vas a quedarte con esto dentro y no vas a correrte.
—P-Pero... Hyunjin... —jadeó ella, al borde de la locura.
—Ah, no llores, mi amor. —Hyunjin le susurró, mientras se ponía de pie y la miraba desde arriba como si nada —Apenas es el comienzo, bonita.
Minho se quedó ahí, tiradita en el sillón, con el pecho subiendo y bajando como si hubiera corrido kilómetros. Sus piernas aún temblaban, y su vaginita tan apretada vibraba con ese zumbido infernal que no paraba. Le dolía, le ardía, pero también suplicaba. Cada pulso la volvía más frágil.
Él la observó desde arriba, con los brazos cruzados. Su castañita estaba descompuesta. mejillas mojadas, labios hinchados, los ojitos abiertos pero vacíos, las piernas totalmente abiertas para él, luciendo tan bella, tan rota.
—Mirate —Hyunjin murmuró —Toda temblorosa, con el coño latiendo como si suplicara que alguien lo devore.
Se inclinó hacia ella. Lentamente. Llevó sus manos hacia el dobladillo de la camiseta y comenzó a subirla, sin pedir permiso. Solo observando cada centímetro de piel que iba dejando expuesta, el vientre liso, la cintura angosta, los muslos suaves y llenos de marcas de sus propios temblores.
Minho no dijo nada, ni siquiera se opuso. Solo abrió más las piernas, como una buena niña, como si su mente estuviera perdiendo ya toda resistencia.
—Así me gusta —Hyunjin sonrió, apartando la camiseta por completo y dejándola totalmente desnuda. —Qué cuerpo más delicioso tienes. Tan frágil... tan fácil de usar.
Sus ojos se clavaron en el coñito rosadito. El vibrador apenas se asomaba, Hyunjin bajó el rostro lentamente, hasta que su boca quedó justo frente a esa preciosura mojada, y entonces la besó.
Un solo beso lento, en el cual hundió su lengua entre los labios hinchados, lamiendo con fuerza, haciendo ruidos obscenos que se mezclaban con los gemidos de la castaña, sin pudor. Chupó el clítoris mientras el vibrador seguía trabajando por dentro, como si quisiera ver cuánto aguantaba antes de romperse del todo.
—¡Ah... por favor! —Minho casi gritó, arqueándose de inmediato.
Hyunjin no se detuvo. Sujetó sus muslos con firmeza, abriéndolos aún más, enterrando su cara entre sus piernas. Lamía con hambre, con la lengua recogía lo más que podía, con la boca abierta estaba sorbiendo el jugo que se desbordaba. El vibrador era empujado con cada movimiento, y eso solo lo hacía más intenso.
Minho se retorcía. Sus uñas arañaban el sillón, sus piernas pateaban levemente en el aire. El orgasmo volvió a subir como una marea incontrolable, peor que antes, más desesperado, más violento.
—¡Me voy a correr, Hyunjin! ¡No puedo más! ¡No puedo! ¡Por favor! —gimoteó, apenas entendible entre los sollozos.
Hyunjin se detuvo de golpe y sopló suavemente sobre el clitoris.
Una sola ráfaga de aire que la hizo chillar de frustración.
—No —dijo él, mirándola con la boca brillosa de sus fluidos. —Todavía no.
—¡No, no, no! —lloró ella, sacudiendo la cabeza con desesperación —¡No me hagas eso otra vez, por favor! ¡Déjame acabar! ¡Te lo suplico, Hyunnie, te lo suplico!
Hyunjin sonrió satisfecho al oírla decir Hyunnie por voluntad propia.
—Eso me gusta más —dijo con voz ronca —¿Ves lo que pasa cuando dejas que yo controle tu cuerpecito?
Minho asintió sin siquiera pensarlo. Su mente se sentía nublada. Confusa. El calor entre sus piernas no bajaba. El vibrador no se detenía. Su mente comenzó a dividirse: una parte de ella suplicaba descanso, y otra rogaba que nunca parara.
Eso era exactamente lo que Hyunjin quería.
Se inclinó sobre ella, cubriendo su cuerpo desnudo con el propio, lamiendo lentamente una de sus tetas y atrapando el pezón entre los dientes, jugando con él mientras su mano bajaba nuevamente al coño tembloroso.
—Tu cuerpecito me pertenece ahora, ¿sí, princesa? —susurró contra su piel. —Tu coñito, tus pezones, tus labios... todo es mío.
—Si... sí, es tuyo... t-todo tuyo... —balbuceó Minho, con la voz tan débil que apenas era un susurro. —Haz lo que quieras conmigo... solo, por favor, déjame... déjame acabar...
Hyunjin se rió suavemente, besando su cuello mientras sus dedos frotaban círculos sobre el clítoris sin detenerse.
—¿Y si te dejo correrte, qué harás por mí?
—¡Lo que sea! —gritó la castañita, las lágrimas cayendo otra vez de sus ojos —¡Lo que sea, Hyunnie, solo déjame, por favor! ¡Mi cabecita ya no puede más!
—¿Te estás rompiendo, amor? —le preguntó con falsa dulzura, acariciándole el rostro. —¿Se está rompiendo tu cerebrito por tanto placer?
Minho asintió violentamente.
—¡S-Si! ¡No aguanto más! ¡Estoy tan... tan llena...! ¡Mi partesita duele!
Hyunjin bajó lentamente y volvió a lamerla. Esta vez sin pausa. Su lengua trazaba círculos en el clítoris, su dedo presionaba el vibrador con fuerza, haciendo que este rozara su punto dulce como una tortura infernal. Minho gritaba, lloraba y jadeaba como si le arrancaran el alma. Estaba apunto, de nuevo.
—No. Aún no.
Minho se rompió, literalmente.
Su espalda cayó flácida sobre el sillón, el cuerpo cubierto de sudor, los ojos mirando al vacío. Su vagina seguía latiendo, goteando, y el vibrador no paraba. Pero su mente se había apagado.
—Buena niña —susurró Hyunjin, acariciando suavemente su carita descompuesta. —Ya estás casi lista para mí.
La respiración de Lee era entrecortada, su piel empapada en sudor, y su coño abierto. Una gota tibia se deslizaba desde el interior hasta manchar la tela del cojín, marcando una prueba indecente de su desesperación.
Hyunjin la observó desde arriba.
La había dejado exactamente como quería: rota.
Pero aún no terminaba con ella.
—Shhh, respira, princesa —le susurró con una sonrisa torcida mientras pasaba una mano por su muslo —Ya te rompí la cabeza... ahora voy a romperte el coño.
Minho apenas reaccionó. Tenía los ojos abiertos, pero ya no miraba con claridad. Todo su cuerpecito temblaba con cada pulso del vibrador enterrado. Solo alcanzó a gemir bajito cuando Hyunjin llevó una mano entre sus piernas, y sujetando firmemente la base del juguete, comenzó a sacarlo lentamente.
—Vamos, mi amor. Vas a sentirte vacía por un segundo... pero solo para llenarte con algo mejor —susurró.
El vibrador salió con un suave pop, brillante, cubierto del calor húmedo de su coñito hinchado. Minho jadeó, su cuerpo se sacudió como si le hubieran arrancado una parte vital.
Y antes de que pudiera respirar... Hyunjin lo colocó directamente sobre su clítoris.
—¡Ah, no, no, Hyunjin por favor no! —Minho gritó, arqueando la espalda, con los ojos en blanco —¡Está muy sensible! ¡No puedo, no puedo...!
—Claro que puedes —gruñó Hyunjin, sosteniéndola por la cintura mientras ajustaba el ángulo del vibrador sobre su punto más débil. —Te vas a venir con mi polla adentro, y este juguetito restregándose en tu botón.
Minho no tuvo tiempo de rogar.
Hyunjin se bajó los pantalones lo justo, su erección rozando la entrada caliente del coño con facilidad. Lo alineó con precisión, y sin avisar, la penetró de golpe.
Hasta el fondo de una sola embestida.
—¡Ah, Dios, Hyunjin! —el grito de Minho fue desgarrador, su voz rota, chillando entre gemidos de puro shock —¡E-Espera, es mucho!
—Lo sé, lo sé, preciosa —murmuró él, clavado dentro, su grueso miembro estírándola más de lo que jamás había sentido. —Estás tan mojada que mi polla se resbala sola dentro de tu coñito.
Hyunjin empezó a moverse. Lento, al principio, saboreando cada gemido que Minho soltaba sin poder evitarlo. Una de sus manos sujetaba uno de sus muslos abiertos con firmeza, empujando su cadera contra la suya una y otra vez. Y con la otra mano, presionaba sin pausa el vibrador contra el clítoris, haciendo que Minho convulsionara a cada embestida.
—Estás llorando otra vez —Hyunjin susurró contra su cuello, mientras la penetraba con más fuerza, el sonido húmedo llenando la sala —Pero ahora no vas a suplicar que me detenga, ¿cierto?
—N-N-no... no pares, Hyunnie... no me dejes vacía... —Minho sollozó, la voz arrastrada, descompuesta. —Duele tan rico... Me estoy deshaciendo...
—¿Si? ¿Mi putita se está partiendo con mi polla adentro?
—¡S-Sí! ¡Sí, sí, sí...! —Hwang rió en seco por la respuesta.
Embistió más fuerte, más profundo, haciéndola rebotar contra el sillón, mientras el vibrador en su clítoris se movía con cada sacudida.
—Estás tan apretada que pareces estar chupándome la polla —jadeó él, bajando la boca para lamer uno de sus pezones mientras la seguía follando sin freno —Y tu coño no deja de chorrear. Mira cómo goteas, perra.
Minho gritó. Un alarido agudo, irreconocible. Su cuerpo tembló de pies a cabeza. El orgasmo la golpeó como una ola que arrasó con todo. Se corrió de forma violenta, con el coñito apretando demasiado al mayor, su clítoris latiendo tan fuerte bajo el vibrador que parecía a punto de estallar, un río de flujos exquisitos salió de ella empapando a Hyunjin y el sofá, a pesar de eso él no paró.
La sostuvo con fuerza, le lamió las lágrimas, y la siguió penetrando mientras ella se corría una y otra vez, sin control, simplemente no paraba de salir aquel líquido debido a los orgasmos que tanto se le negaron.
—¡Hyunjin, Hyunjin, Hyunjin! —balbuceó entre sollozos, repitiendo su nombre como un rezo. —¡Ya no puedo más, por favor! ¡De verdad, no puedo!
—No, todavía no termino contigo —susurró él, hundiéndose más hondo —Aún te queda cuerda, muñeca. Tu cuerpo me va a dar todo lo que le pida.
Y como si fuera un castigo, Hyunjin empujó el vibrador con más fuerza contra su clítoris y se quedó completamente dentro de ella, llenándola hasta el fondo.
Minho chilló. Gritó como si se rompiera por dentro. Y lo hizo. Su mente se deshizo por completo. Su boca quedó entreabierta, los ojitos abiertos sin ver, y un último orgasmo la azotó, el más fuerte de todos, haciendo que su cuerpo se sacudiera en espasmos descontrolados.
Hyunjin la sostuvo fuerte, sintiendo cómo el coñito lo ordeñaba con furia, y solo entonces, gruñendo entre dientes, se corrió dentro de ella, profundo y caliente, llenándola por completo.
Ambos quedaron inmóviles por unos segundos.
El vibrador cayó a un lado, aún zumbando.
Minho no podía moverse. Sus manos colgaban flácidas, sus muslos temblaban, y su interior seguía palpitando alrededor del miembro de Hyunjin, que aún estaba dentro.
—Buena niña —murmuró él, acariciándole el cabello con ternura burlona. —Ya estás bien rota.
Minho no respondió.
Solo sonrió, deshecha, con la mirada perdida, y una única palabra se escapó de sus labios, entre un suspiro quebrado:
—Hyunnie...
—Lo hiciste bien, Minho. Aguantaste como una buena chica.
—¿S-Si?
—Definitivamente.
Lee estaba completamente desnuda, el semen de Hwang chorreaba entre sus muslos, manchando el sillón. Suspiro varias veces tratando de respirar bien.
—Eres hermosa, no entiendo como pudiste estar escondida de mí tanto tiempo...
—¿E-Eso crees? —Hyunjin asintió mientras recogía la camiseta de la castañita. —Tu también eres muy guapo.
—Gracias, muñeca. Ahora alza tus brazos —Hwang vistió a la castaña, se quedó viéndola por unos largos minutos, se veía débil y apunto de dormirse.
—Hyun...
—¿Si?
—Yuna puede llegar en cualquier momento.
—Que llegue, la terminaré de todas maneras. Le diré que su hermana está mejor que ella.
—Dios mío, cállate —la castaña rió levemente negando.
—¿Me puedes dar tu número, muñequita? Créeme que ahora estoy muy interesado en ti, hay que conocernos.
Minho asintió con una sonrisa mientras se sentaba como podía para buscar su celular en el mueble justo al lado del sillón.
Gracias Yuna y a su infidelidad. Ahora tu hermanita y tu ex novio están felizmente juntos.