Único.
Había estado yendo regularmente al gimnasio, me prometí que este año tendría mejores hábitos.
Nada de dormir doce horas, con ocho serían suficientes. Cero comida chatarra, tenía que acostumbrarme a comer verduras aunque no me gustaran del todo.
Y principalmente, hacer ejercicio. Ya no quería estar sentado frente a mi computadora todo el día. Sería un año de buenos hábitos. Claro que si.
Empecé a ir al gimnasio que estaba en el centro, y como primer logro, me propuse caminar hasta ahí. Eran diez cuadras. Ya me estaba acostumbrando, era agradable.
Podía ver los autos pasar, mientras en mis audífonos sonaba alguna canción de mi playlist. Las parejas caminaban de la mano, y las personas que trabajan siempre iban de prisa en la mañana. El olor matutino era agradable, una sensación fresca a pesar de estar en la ciudad.
Llegaba al gimnasio con energía. Guardaba mi mochila en el locker, solo llevaba conmigo el bote agua, mi celular y los audífonos. Salí de la habitación.
Siempre empezaba con la caminadora. Media hora de cardio sería suficiente. La música sonaba, mi sudadera negra empezaba a darme calor. Subí las mangas y me quité el gorro. Mi cabello negro se desordenaba siempre.
Sentí la presencia de alguien en la caminadora de la par, pero no necesitaba verlo para saber quien era.
Jungkook.
Conocí a Jungkook desde la primera vez que vine. Era un tipo... especial. Especialmente tonto.
No lo soportaba, me molesto desde la primera vez que cruzamos miradas.
Se burlaba de mi porque hacía mal los ejercicios. O decía que yo no necesitaba hacerlos. Que parecía ridículo. Aprendí a ignorarlo, pero siempre se volvía más fastidioso. Me seguía a donde iba.
Pero luego se volvió fastidioso... bien. Me corregía los ejercicios a las cuatro semanas de empezar mi proceso. No se que cambió, pero las burlas se volvieron en ordenes. Quise ignorarlo, pero se molestó y dijo:"—¿Quieres seguir haciendo el ridículo? Aprende los ejercicios bien."
Me enojé, porque conmigo nadie jugaba de esa manera. Si se van a burlar de mi, que luego no me ayude ¿no?
Pero no dejo de insistir.
A los dos meses decidí escucharlo. Su sonrisa burlesca desapareció de su rostro, y empezó a haber un ceño fruncido siempre.
Me corregía los ejercicios, y luego desaparecía. Y al siguiente ejercicio regresaba a corregirme. Cuando los supe mejor, ya no necesitaba su ayuda. Y se enojaba más.
No lo comprendía.
Hacía ya dos semanas que no me hablaba, aunque casi nunca lo hizo bien. Era más él ordenando, y yo haciendo caso. No teníamos conversaciones profundas más allá de un. "gracias por ayudarme" "hazlo bien" "te veo mañana" "como digas"
Y ese era nuestro intercambio de palabras.
Y hoy, como casi los últimos días, estaba ignorándome.
Volteé a verlo, usaba una sudadera negra, y pantalones cortos negros. Casi parecía que andábamos uniformados.
Me concentré en lo que hacía, cambié la canción, y empecé a correr los últimos diez minutos de ejercicio.
Jungkook también empezó a correr.
Terminé y me fui a otra máquina, sentí su mirada. Era incomodo. ¿Porque hacía eso?
Me fui a las máquinas para trabajar abdominales. Estaba en mi segunda ronda, cuando vi a alguien caminar hasta mi.
Jungkook con su mirada seria, caminó hasta quedar frente mío.
—¿Después de tanto, aun no lo haces bien?—escuché que decía.
—¿De qué hablas?—solté un suspiro.
—Lo estas haciendo mal.
—No lo estoy haciendo mal.—repliqué.
Deje la máquina, ya no tenía sentido seguir. Busqué mi bote de agua que había dejado cerca de la máquina de correr.
—¿Ya no vas a seguir?—preguntó.
—¿Para qué? Seguirás fastidiando.—tomé un sorbo de agua. Me giré a donde estaba. Siempre con ese ceño fruncido.
—No te fastidio.
Me reí. ¿En verdad no se daba cuenta?
—Yo estaba tranquilo ahí.—señalé la máquina.—Y llegaste a decir estupideces.
—Te ayudo.–dijo en un tono casi irritado.
Lo ví a los ojos, quise encontrar un rastro de algo. Burla, sarcasmo, algo... pero no.
Parecía que lo decía en serio.
En serio valía la pena. Caminé hasta donde estaban los lockers para dejar mis auriculares, y teléfono, o el sudor los estropearía.
Los pasos detrás de mi me erizaron la piel. ¿Que le ocurría?
Abrí el locker, metí las cosas y lo cerré. Jungkook estaba apoyado sobre su hombro. Me miraba como si en algún momento le hubiera faltado el respeto. Sus ojos estudiaban mi rostro en busca de algo que yo no entendía.
—¿En que me equivoqué?—pregunté algo fin.
—En todo.—dijo.
Y no entendí. Juro que no entendí. Mi rostro se sintió caliente de repente. Mi mano se apretó fuerte. Me acerqué a él y le puse un dedo el hombro.
—Deja de fastidiarme. Si lo hago mal es porque me lo enseñaste mal.
Su voz era un murmullo cuando dijo:
—Cuidado con ese dedo.
Rodé los ojos. ¿Desde cuando era tan delicado?
Ah, casi siempre, casi lo olvido.
—¿Sabes que? Vete al di...
No terminé de hablar, cuando Jungkook se acercó inclinándose tanto a mi que casi pensé que quería... besarme.
—¿Quieres saber en que te equivocaste?—dijo con voz profunda.
—S-si. —mi voz salió estrangulada. Me sentí acalorado de repente, y mi pulso se volvió irregular. Porque esto no era normal.
Jungkook me rodeó, lo seguí con la vista. Se paró detrás de mi, donde ya no lo podía observar. Mi pulso estaba frenético. Su presencia detrás de mi se sentía peligrosa.
Una mano se posicionó en mi espalda.
—Esta parte siempre tiene que estar derecha.—dijo cerca de mi oído. Su voz era ronca, me erizó la piel.
—Lo estaba.—dije bajo.
Su mano viajó hasta mi abdomen rodeando mi cintura.
—El abdomen siempre tiene que estar contraído.—lo apretó, casi sentí que me estaba pegando a su cuerpo, pero cambió de posición.
Quedó de frente otra vez.
—Tu cuello.—pasó un dedo por ahí, sentí un escalofrío recorrerme todo el cuerpo.—Siempre derecho...—subió su dedo desde mi cuello hasta mi sien.—...o si no puede causar tensión. O dolor de cabeza.
Volvió a bajar su dedo. Pasó por mi cuello, hasta mi pecho.
—Tu respiración, una exhalación cuando subas, y una cuando bajas, dejando escapar el aire lento.
Y el calor ya no era por el ejercicio previo, era su dedo, que quemaba como si con cada roce tuviera una braza trazando mi cuerpo.
Nos vimos a los ojos, y pude ver el fuego en su mirada. Su respiración lenta y profunda.
Mi cabello se pegaba a mi frente, tenía muchísima calor, y Jungkook no estaba ayudando. Lo intensificaba a cada segundo.
Escuché pasos provenir de afuera. Y me separé, al igual que él, abrí mi locker una vez más. Saque mi teléfono.
Una chica entró, abrió un locker y metió sus cosas. Jungkook la vió desde su locker, me reí. La chica salió.
Deje mi teléfono ahí, cerré de golpe.
El mundo parecía girar alrededor de nosotros. Pero nosotros parecíamos estancados en ese momento que tuvimos.
Apoye mi frente en el metal.
Una mano se posicionó en mi cintura desde atrás. Me enderece y me di vuelta.
La expresión de Jungkook no me decía nada. Pero sus acciones gritaban sobre mi cuerpo.
No haríamos esto aquí.
Agarré su mano, lo tomé fuerte y nos lleve hasta un cuarto de limpieza abandonado.
No estaba tan sucio pero ya casi no lo usaban.
Entramos, Jungkook quedó tras mío, cerré la puerta.
Me dí vuelta y sin esperar, Jungkook estampo sin previó aviso su cuerpo sobre el mío. Me asusté cuando se acercó, pensé que sería brusco. Porqué su personalidad gritaba brutalidad por todas partes.
Pero una de sus manos se posicionó en mi cintura y la otra acarició mi mejilla. Sus ojos me veían como si de frente tuviera una joya. Como si estuviera viendo algo que no entendía pero que le resultaba interesante.
—No se que me hiciste.—dijo de repente. Sus ojos fueron a mis labios y tragué saliva por esa acción.—Pero me tienes mal.
—No hice nada.–murmuré.
—Eso es lo que no entiendo.—rió.—El que me fastidia a mi, eres tú. ¿Porqué tienes esa mirada?
—¿Qué mirada?—mi ojos no dejaban de ver los suyos, aunque los suyos viajaban por todas partes de mi rostro.
—Esa mirada .—su mano subió arrastrando la tela de mi sudadera, rozando mi piel con sus nudillos. Su voz bajo un poco más.—La que pones cuando te esfuerzas. La que pones cuando te enojas. La que me das cuando te corrijo. Cuando me miras como si no supieras si golpearme o si...
No terminó.
Su respiración se sintió más cerca de mis labios, calientes.
No sabía que hacer. Donde poner mis manos, ni que decir.
O tal vez si sabía pero el miedo a las consecuencias o arrepentimiento me lo impedía.
—Jungkook...—su nombre salió de mi boca como si fuera una necesidad. Y no sabía de donde salió eso.
—¿Me lo imaginé?—murmuró.—Dime que no me lo imagine.
Su mirada seguía moviéndose desde mis labios hasta mis ojos. Y yo sin poder contenerlo un momento más, vi sus labios.
El temblor en mis manos se intensificó, busque de donde sostenerme, su piel junto a la mía parecía hacer un perfecto ritual. Mi manos en sus hombros se deleitaron, y aquel temblor ahora viajaba a mis piernas.
Mi pecho subía y bajaba. Cada respiración era fuego.
Aquel cuarto pequeño parecía estar en el infierno, pero el chico delante mío parecía estar a punto de arder ahí mismo.
Sus ojos me desarmaron por completo y su voz cada vez más grave debilitaba mis defensas.
Se acercó a mi. Cada centímetro que eliminaba me dejaba con un temblor que no podía contener, su respiración caliente se mezclaba con la mía.
—¿Me lo estoy imaginando, Yoongi?
Mi nombre. Tan cálido. Tan perfecto.
Lo hizo tan suyo.
—No.—admití.
Y cuando ya no habían más palabras, justo ahí en ese lugar donde no había espacio para más verdades. El roce de labios se sintió directo en mi pecho.
Su mano en mi mejilla era un toque suave, pero su mano en mi cintura era un contraste brutal.
Y cuando pensé que el momento se rompería por la espera...
Su boca se posicionó sobre la mía. Sin avisó, sin espacio para pensar.
Se separó de mi, no supe que hacer. Pero él sabía como manejarlo.
Como manejarme.
Me giró a la pared fría. Su boca estampándose sobre la mía una vez más. Un beso desesperado, como si se hubiera estado conteniendo todo este tiempo. Como si la esperaba hubiera válido la pena.
Era un beso urgente, hambriento. No había espacio para ser cuidadoso. La suavidad anterior había quedado olvidada. Su boca reclamaba la mía, y la mía no había perdido tiempo en responderle.
Cerré mis ojos, lo tomé de la sudadera y lo acerqué a mí. Me rodeó con sus brazos. Nuestros pechos quedaron juntos.
Una mano suya subió por mi espalda levantando un poco mi sudadera. Luego esa mano sostuvo mi nuca como si quisiera fundirme con él. Como si nuestra cercanía no era suficiente. Como si tuviera miedo de que yo me apartara.
No quería apartarme.
En cambió, rodeo su cuello con mis brazos. Sentí su lengua queriendo abrirse paso. Y cedí, olvidé quien era yo, y olvidé quien era él. Solo quedamos nosotros y el roce de nuestras lenguas bailando. Una sincronía hermosa. Un deleite puro.
Me faltaba el aire, me separé un poco. Mi boca entre abierta respiraba pesado y rápido. Jungkook no se separó y yo tampoco pensaba hacerlo. Apoyó su frente sobre la mía, nuestras respiraciones chocaban desordenadas.
—Me vuelves loco.—susurró su aliento chocando con mis labios adoloridos.—No sabes como me has tenido estos días.—volvió a decir con su voz ronca y profunda.
Y él no sabía como me tenía ahorita. Con el corazón hecho un desastre hermoso. Casi parecía que salía de mi pecho y corría para fusionarse con el suyo.
No dije nada. Pero no necesitaba palabras. Me incliné hacia el,y él me encontró en el camino.
Fue un beso suave, lento, como si ahora nuestros labios se estuvieran conociendo. Como si quisiera guardar en su memoria cada grieta de mi boca. La suavidad de sus labios me tenían en el borde de la locura. Sus dedos ascendieron a mi cabello y se quedó ahí.
No quería que me soltara.
—No me mires así.—murmuró sobre mi boca.
—No te miró de ninguna manera.
Ahora se rió, ese sonido que la verdad casi nunca escuchaba, y las pocas veces habían causado un revoloteó en mi estómago.
—Lo haces. ¿Te cuento como me miras?.—sonrió.
—Te escucho.—susurré.
—Me miras como si fuera a desaparecer ahora mismo.—dijo con voz entrecortada. Mis manos se cerraron más en su cuello, porqué tenía razón.—Me miras como si necesitaras más de mis besos.—me incliné hacia él, pero no lo besé.—Me miras como si te perteneciera.
—Deberías.—dije, mirando sus ojos.
—¿Desaparecer?
—Pertenecerme.
Sus ojos me estudiaron, y mi respiración se corto, pensé que había dicho algo incorrecto.
—No digas eso a la ligera.—murmuró.—Pertenecer, Yoongi, significa dar todo. No doy nada a medias.
—Quiero todo.—me escuché decir sin vacilación. Sus manos regresaron a mi cintura. Se apretaron ahí.
—¿Estás seguro?—preguntó, sugiriendo algo más.
—Seguro. Lo quiero todo.
Sonrió. Como si le acabará de dar permiso para destruirme. Y creo que así fue.
Sus labios buscaron los míos con más insistencia. Le correspondí al instante, eramos un mar de jadeos, un desorden de toques suaves.
De repente su boca se aparto de la mía, sus besos fueron a mi cuello, y mi cabeza se pegó a la fría pared. Aquel espacio reducido era testigo de mi voz saliendo en un desorden de palabras que ni yo entendía.
Jadeé fuerte cuando empezó a dejar una marca en mi cuello, mi mano fue a su cabello.
—Así...—dije sin aire.
—¿Te gusta?—preguntó sobre la piel erizada de mi cuello. Asentí porque no podía articular ni una palabra bien.
Sus manos tocaban con fuerza mi cintura. Levantó la tela de mi sudadera y metió su mano debajo tocando la piel de mi espalda con total descaro.
—¿Me sientes?—preguntó dejando besos en mi cuello.
—Si...—dije como pude.
—¿Quieres más?—preguntó bajo.
—Por favor.
Sus manos que habían estado tocando con descaro mi espalda, salieron debajo de mi sudadera, y la quitaron el frío del cuarto me golpeo. Era un contraste brutal, pero Jungkook se acercó a mi, no se en que momento se quitó la suya. Pero ambas yacían en el suelo de aquella habitación en penumbras.
Sus labios tocaron mis hombros dejando besos suaves. Mis manos tocaron su cintura, su piel era suave. Mis dedos se clavaron ahí, en su piel caliente.
Jadeó un poco y fue música para mis oídos.
—Puedes hacer lo que quieras.—me dijo.
Y no lo pensé. Actué. Porque lo necesitaba.
Mis labios rodearon sus pezones. Soltó un exquisito jadeó. Mis manos rodearon su cintura. Mi lengua jugó con toda su pezón. Era delicioso. Una mano agarró mi cabello. Mire hacia arriba y lo que vi en sus ojos me incendió. Si yo era fuego, Jungkook era gasolina.
Me agaché. Bajé un poco su pantalón. Lo necesario para dejar su miembro fuera. Besé su abdomen, mis ojos lo miraban de vez en cuando. El brillo de sus ojos me motivaban a seguir.
—¿Está bien esto?—pregunté.
—Esta perfecto.—dijo con un jadeó cuando volví a levantarme y bese su otro pezón. Siseó.
Tomé con mi mano su miembro, masturbándolo un poco.
—¿Te gusta?—pregunté sobre su boca ahora.
Su respiración era pesada, profunda, caliente.
—Me encanta, sigue así.
Me volví a agachar, sobre mis rodillas lo vi desde abajo en una pregunta silenciosa. Y asintió.
Con el corazón casi saliendo de mi pecho. Con la poca respiración que tenía, metí su miembro en mi boca. Siseó, y un jadeó profundo salió de su garganta. Mis movimientos eran rápidos. Lo necesario para darle el placer que quería y el que yo necesitaba darle. Me quiso apartar, pero aferre mis manos a sus caderas.
Lo tragué, sentía la pulsación de su miembro sobre mi boca y lo tomé todo.
Sus respiración se agitó. Me puse de pie, y lo besé, sin ninguna mueca de asco me devolvió el beso, intenso.
Esta vez lo arrinconé yo. Su pecho contra la pared. Su espalda contra mi pecho. Esperaba que sintiera mis látidos, eran por él y para él. Que sintiera lo loco que me estaba volviendo.
Baje un poco más su short. Y baje el mío.
—¿Puedo?—pregunté sobre su oreja.
—Te estas tardando.—dijo con urgencia, su trasero se inclinó hacia mi. Apreté su cadera con una mano, bese sus hombros. Inclinó su cabeza hacia atrás para darme espacio.
Me abrí paso entre sus glúteos con ayuda de mis dedos. Jadeó, lo hice despacio. Hasta encontrar un ritmo que le diera placer. Cuando lo logré, mi miembro entró.
—Despacio.—jadeó.
—Si.—apenas dije, concentrando en no lastimarlo.
Continue con un ritmo suave, hasta que me indicó que podía hacerlo. Y me meneé. Abrace su cintura con una mano y con la otra agarraba su hombro. Jungkook era un mar de jadeos, su voz era dulce y escucharlo gemir era la gloria, algo que nunca imagine, pero que ahora desearía escuchar toda mi vida. Terminé rápido, Jungkook volvía a estar erecto. Pero mi respiración ya se volvió pesada y mis piernas débiles.
—Date la vuelta.—dijo.
—¿Que?—dije con voz cansada.
—Doble deleite.—rió. Y entendí. Mis labios se curvaron en una sonrisa. Intercambiamos posición.
—Sin miedo.—le dije.
—Te lastim...
—Jungkook.—lo interrumpí.—Sin miedo dije.
Me volteó, quede frente a él. Sus labios me volvieron a devorar. Y lo recibí encantado. Me quitó el short por completo. Una mano suya se movió hasta mi pierna, rozándola entera, jadeé cuando la piel se me erizó debido al toque descarado.
—Agárrate fuerte.
Me elevó sin previo aviso. Mis piernas se enrollaron en sus caderas. Quedé muy expuesto ahí. Sus dedos se manearon sin pedir permiso, pero él podía hacer lo que quisiera con mi cuerpo de ahora en adelante. Era suyo. Completamente suyo.
Le dije que sin miedo, pero él no era así. Me dilató con paciencia, tal y como yo lo hice con él.
Aun enganchado a él, se alineó conmigo. Sus embistes fueron mejores que los míos. Porque a mi me llevó al cielo y me dejo caer en un infierno cuando nuestras respiraciones se acompasaron. Con un gemido profundo de ambos, terminamos.
Sudados, llenos de líquidos y extasiados.
Aquel chico que una vez me había hecho enfadar me había dado la mejor mañana de mi vida, y solo esperaba que todo se repitiera por la eternidad.