Prólogo
Su frágil cuerpo convulsionaba con cada descarga. Atado de pies, manos y cuello, lo único que podía mover eran los ojos, y ya no sabía si estaban abiertos o cerrados. Si estaba vivo o al borde de la muerte. Solo quería que pararan, ya no soportaba más.
— ¿Para quién trabajaban? — La voz venía de algún lugar detrás del vidrio. Tan monótona e inmutable, que parecía ya cansada de esperar respuestas.
Él jadeó. Las costillas le quemaban al respirar, sus labios partidos no formaban bien las palabras y sus ojos verdes se bañaban de un marco rojo.
— Ya les dije todo... no lo hicimos para nadie, no trabajamos para nadie, no había ni existía una misión. Todo fue por amor.
____
— Es increíble que siga con signos vitales después de la extracción — dijo uno de los cirujanos, limpiándose los guantes con la bata.
— No podemos perder este cerebro, lo necesitamos —respondió otro — es un genio...
Sobre la camilla, el cuerpo apenas respiraba, con el pecho abierto. Un nuevo corazón bombeaba, latente, sincronizándose con lo que quedaba de él.
— Sin embargo, existe el riesgo ante este tipo de resurrección científica. Puede despertar no siendo el mismo de antes.
— Aún mejor — sonrió — así, entonces podrá ser más fácil de manipular.
____
— No mientas. Tienes información clasificada gracias a él. Niveles de acceso, datos.
— ¡No... sé nada más! ¡Lo juro! — lloró.
Un nuevo impulso eléctrico recorrió su columna y otra vez gritó. No por el dolor, sino por el miedo de olvidarlo. Temía no salir de ese lugar o peor aún; salir sin sus recuerdos; aunque fuesen dolorosos.
— Prepárenlo para el borrado parcial y luego, envíenlo al frente. Que lo usen para lo que inicialmente estaba destinado.
____
— Está estable.
— Inicien la reconexión... Bienvenido devuelta a la vida.
Un sonido agudo llenó la sala junto a una luz blanca.
Y entonces pasó. Todo al mismo tiempo, todo el mismo día.
Dos cuerpos, dos almas rotas. Uno gritaba, el otro despertaba.
El primero moría.
El segundo renacía.
Dos voces distintas, en lugares distintos, repitieron la misma frase:
— Es mejor así... que no recuerden nada.








