Here With Me, Os Larry Stylinson

All Rights Reserved ©

Summary

Harry y Louis se conocen en Los Ángeles. Los dos están buscando una oportunidad para sobresalir en el cine y el periodismo, sin embargo, jamás imaginaron el precio que deberían pagar. Sus sentimientos son castigados, y deben separarse para poder avanzar en sus trabajos. Sin embargo, el final nunca está escrito. OS, LT/HB, sin smut.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Siempre Contigo


Los Ángeles, Estados Unidos, 1988.

Primavera.

Frío que cala los huesos.

Harry caminaba apresurado por las solitarias calles, hasta llegar a un bar al final de la avenida Sunset Boulevard. Miró a todos lados antes de entrar en el pequeño callejón, y cuando se sintió seguro, dio tres golpes en la puerta.

—¿Diga? —Le contestó una voz grave, desde adentro.

—Estrella libre, —susurró Harry.

De inmediato se abrió la puerta y pasó rápidamente. Ahí lo estaba esperando el dj del lugar y su amigo desde que eran niños.

—¿Cómo estás? —Preguntó Zayn, abrazándolo con fuerza.

—Estoy congelado, necesito un whiskey... ¿Y tú?

—Bien, ya me falta poco para comenzar con la fiesta, pero te quería presentar a un amigo nuevo.

—¿Ya me estás cambiando? Pensé que éramos mejores amigos.

—Lo somos, —contestó Zayn riendo. —Ven. Louis, te presento a Harry, —dijo, acercándose a un lindo chico de preciosos ojos azules. —Harry, él es Louis.

Se dieron la mano, y una electricidad los recorrió como nunca antes. Se miraron con profundidad, tratando de descubrir al otro en esos pocos segundos en que se tocaron.

—Por fin te conozco, Zayn me ha hablado mucho de ti, —comentó Louis.

—Quizás qué mentiras te dijo, —rio Harry, mostrando una sonrisa más que hermosa, que derritió las pocas defensas de Louis.

Un pequeño silencio apareció, mientras de fondo sonaba una canción, la de moda, la más escuchada en ese momento. “Here With Me” y sus palabras calando en ellos, para siempre.

No importa dónde estés esta noche,

Una parte de ti está aquí conmigo,

Aquí conmigo (¿estás aquí conmigo?).

—Los dejo, voy a empezar con la música, —avisó Zayn, caminando hacia el escenario donde estaba todo preparado.

—Entonces, Harry, sé que eres actor. No sé por qué tengo la impresión de haberte visto antes...

—Vengo de Londres. Participé en algunas obras de teatro y películas de bajo presupuesto, a pesar de no tener experiencia.

—Puede ser que te haya visto. También vengo de Londres, y aunque no es lo mismo el periodismo musical, muchas veces cubrí la escena más escondida de la ciudad.

—Qué interesante... Me gustaba ese ambiente, pero mi agente dice que tengo talento para cosas más grandes. Por eso me mudé, aunque no ha sido fácil.

—¿Por qué lo dices?

—Primero, porque este lugar es mucho más costoso. Una pieza sale el doble o el triple que en Londres. Lo mismo pasa con la ropa y la comida... Y lo segundo, es que somos muchos intentando tener una oportunidad y a mí no me gusta eso de andar aplastando a otros para sobresalir, y acá ya lo he visto un par de veces.

—Tienes toda la razón, te entiendo, se pone cuesta arriba muchas veces. Pero tu agente debe tener razón. Eres alguien que llama la atención, que pareciera tener magia.

Harry se sonrojó. Había notado que Louis lo miraba con insistencia, y eso, increíblemente, lo hacía sentir tímido.

—Gracias... Mejor dime en qué trabajas.

—En una revista underground de música. Mi sueño es llegar a reportear a los grandes, reseñar recitales donde el espectáculo no termine con todos borrachos, —contó, riendo, Louis.

—¿Pasa mucho?

—Ni te lo imaginas. Al principio es llamativo, pero luego es desagradable.

—¿Y cambiar de trabajo es una opción?

—No, no en este momento. Tuve mucha suerte de encontrar un trabajo tan rápido y me alcanza para mantenerme. Me sirve para tener experiencia y poder buscar algo mejor después.

—Sí... El tema de la experiencia se vuelve todo en este mundo.

—¿Conoces hace mucho a Zayn? —Preguntó Louis.

—Desde niños. Luego él viajó por temas del trabajo de su mamá a Nueva York, y nos mantuvimos conectados a través de cartas. Después le empezó a ir mejor como dj, y se mudó a Los Ángeles. Cuando le dije que venía, me ofreció su departamento. Dormimos en la misma cama por unos meses, porque no teníamos como más acomodarnos.

—Son muy buenos amigos...

—Lo adoro, ha sido mi pilar no solo ahora, siempre.

—¿Nunca sintieron algo más?

—¿Un interés amoroso? No podríamos, somos hermanos, —contestó, Harry, riendo.

—Qué buena noticia...

Y Harry volvió a sonrojarse.

Esa noche, conversaron un poco más y luego Harry se fue a dormir.

Era difícil poder tener tiempo de esparcimiento. Había muchas redadas, la policía estaba encima de muchos locales donde se reunían personas homosexuales, lo que era un delito grave y peor aún, con el tema del SIDA que había explotado en el último tiempo.

Eso había propiciado que los locales para aquellos que no encajaban en la sociedad moralista, tuviera que crear redes de protección, como ubicarse de manera clandestina, cambiar de lugar muy seguido, usar contraseñas, y usar el boca a boca para poder entrar y divertirse algunos momentos, aunque esa diversión solo incluyera tomar una cerveza en calma, y en un buen ambiente.

Cerca de dos semanas, estuvieron Harry y Louis encontrándose en el bar, solo conversando, sin querer avanzar, ya que hacerlo era un riesgo grande, no solo en el sentido sexual, sino también en el laboral.

Una de esas noches, en que ya llevaban dos cervezas en el cuerpo, Louis quiso atreverse a dar un paso más.

—¿Te gustaría que siguiéramos conversando fuera de aquí? Sé que hace frío afuera, pero tanto ruido, humo y gente me tienen mareado.

—Sí, también me siento un poco asfixiado.

—¿No tienes que esperar a Zayn? —Preguntó Louis.

—No. A veces termina cerca de las cinco de la mañana y yo no puedo desvelarme tanto ni tan seguido.

—Debes cuidarte...

—Así es.

—¿Y no será peor el frío?

—Hoy está muy frío, pero nada se compara a Londres.

—Eso es verdad. ¿Vamos?

—Vamos.

Salieron sin llamar la atención. Harry abotonó su abrigo hasta arriba, y Louis cerró por completo el cierre de su chaqueta de cuero.

Caminaron por algunas de las calles más oscuras y escondidas, lento y despacio, intentando pasar desapercibidos.

—¿Qué tipo de películas te gustaría hacer?

—Me gusta el drama, y creo que es lo que mejor hago.

—¿Sueñas con ganar un Oscar?

—Sí, me encantaría hacerlo... Pero creo que más que ganar premios, lo mío va por el lado de llegar a ser un gran actor, reconocido, que pueda gestionar lo que quiero hacer y no depender de lo que diga alguien más... Es triste darse cuenta de que todo se maneja de una manera tan esclavizadora...

—¿A qué te refieres?

—Ahora que estoy aquí, y hablo con mi agente, siempre me dice que todo tiene un costo, y que la mayoría de los contratos te amarran y te obligan a hacer cosas que no siempre quieres...

—Explícame, —pidió Louis, sacando un cigarrillo y encendiéndolo.

—He sabido de muchos actores y también cantantes, a los que obligan a vender una imagen que no los representa. Por ejemplo, que se muestren con parejas con las que solo los une un contrato. Eso les sirve de publicidad a los dos. Cuando el objetivo se ha logrado, los hacen terminar públicamente.

—¿Y qué pasa si uno de ellos tiene pareja real?

—Supongo que no debe ser fácil para ellos, pero es una cosa por otra...

—¿Tú lo harías? —Preguntó Louis botando el humo.

—¿La verdad? Siempre pensé que no, pero no lo sé. No puedo negarme drásticamente, no si quiero estar en este mundo. Es algo complejo. ¿Tú venderías una historia íntima por reconocimiento?

Louis se quedó en silencio, apoyando la espalda en una pared.

—Suena horrible, y como dices, sería difícil tomar una decisión correcta. Solo espero no estar nunca en una situación así.

—Esperemos que ninguno tenga que “venderse” de esa manera... Creo que nunca terminaré de entender por qué necesitas más visibilidad de la que te da tu talento, —dijo Harry, volviendo a caminar.

—Si eres bueno en lo que haces, debería ser suficiente.

—Así es...

—Te acompaño a tu departamento, —ofreció Louis.

—Gracias, vamos.

Siguieron conversando de lo mismo, mientras la madrugada los mantenía ocultos de las miradas curiosas de esa gente sin vida que abundaba en todas partes. Gente que mantenía ciertos temas en un tabú, haciendo todo más difícil.

Luego de esa noche, pasó una semana en que Harry y Louis no se vieron, porque Harry estaba con mucho trabajo. Tenía varios castings, algunas fotos y necesitaba dormir bien y lo que más pudiera.

Louis, en cambio, vivía de noches y madrugadas, siempre buscando en medio de las notas musicales, alguna historia que le despertara sus ganas de escribir.

—¿Has visto a Harry? —Le preguntó una de esas noches, Louis a Zayn, junto a una cerveza en la barra del bar.

—No ha venido. Supongo que es difícil que lo haga, su trabajo le consume mucho tiempo y ya ves que nos tocó cambiar de lugar de un día para otro y no le he podido avisar.

—Tienes razón...

—¿Algún interés en especial?

—Sí, me parece que es alguien con quien puedes conversar de todo y de nada. Hay pocas personas con las que conectas, y creo que podemos ser grandes amigos.

—Es verdad. Es alguien con ese algo, con una magia especial.

—¿Tocas hoy?

—Sí, en diez minutos empieza lo divertido, —contestó Zayn, estirándose. —Tanto bailar hace que me duela la espalda, —contó. —¿Puedo confesarte algo?

—Claro, lo que quieras.

—Hay un chico que viene casi todas las noches, y siempre baila en la misma posición, como si lo hiciera para mí. Nunca puedo hablarle, se va apenas termino, pero me encanta.

—¿Y si me dices quién es, y yo le hablo?

—¿Lo harías? Sabes que puede ser un problema, somos mal vistos.

—Solo hay que ser discretos, no te preocupes.

Apenas Zayn comenzó a poner música en su tocadiscos, un atractivo chico comenzó a bailar, dándole miradas muy insinuadoras.

Louis se acercó, con sutileza, sonriendo y con una cerveza en la mano.

—Es buena la música aquí, —dijo levantando la voz por el volumen de las canciones.

—Es el mejor lugar para venir a bailar. El dj es excelente, —confirmó el extraño.

—Sí, Zayn es muy bueno.

—¿Ese es su nombre? ¿Zayn?

—Sí, ¿y el tuyo?

—Soy Liam, —se presentó, dejando de bailar y extendiendo su mano.

—Louis... ¿Puedo ser indiscreto?

—Claro.

—¿Te gustaría conocerlo?

—Me encantaría, pero debo confesar que soy muy tímido para acercarme.

—Eso se soluciona rápido. Puedo presentarlos...

—¿De verdad? Sería genial... Gracias.

—No hay por qué. Voy a estar en la barra.

Liam sonrió y siguió bailando.

Cerca de las dos de las mañana, Zayn dejó su puesto de dj, y siguió el local con música envasada.

Llegó junto a Louis en la barra, donde pidió una cerveza. Apenas le había dado el primer sorbo, cuando alguien apareció a su lado.

—Zayn, te quiero presentar a Liam. Liam, él es Zayn.

—Un gusto, —dijo Liam. —Creo que eres uno de los mejores dj’s que he escuchado. Lo haces realmente bien.

—¡Gracias! La verdad es que me encanta pinchar discos, y me he dado cuenta de que disfrutas mucho de bailar.

—Sí, es lo máximo y...

Louis los dejó conversar tranquilos, en su propia nube. Se fue a dormir, por esa noche no había encontrado lo que buscaba.

Sin embargo, a la noche siguiente, tuvo más suerte. Cerca de las nueve, encontró a Harry en la barra del bar.

—¡Hey! ¿Cómo estás? —Saludó feliz.

—¡Louis! Qué bueno verte... Estoy bien, ¿y tú?

—Ahora mejor, ¿por qué no habías venido?

—Además de que he tenido algo de trabajo, porque estoy haciendo un casting importante, mi agente me “obliga” a ir a otros lugares... Ya sabes, donde va gente de la industria. Apenas hoy pude arrancarme a tomar aire.

—Cuéntame de tu casting. ¿Quieres conversar aquí, o prefieres que vayamos a caminar?

—Hoy la noche está agradable, salgamos de aquí.

Salieron a sentir el frescor de la noche, por las ya desoladas calles.

—Entonces, cuéntame, —pidió Louis encendiendo su cigarrillo habitual.

—Es una película, un drama romántico. Es una producción mucho más grande de lo que estoy acostumbrado y ya pasé la primera prueba.

—¡Eso está muy bien!

—Sí... Pero solo eso ya me significa no poder organizar mi tiempo como lo deseo.

—Lo sé, pero como bien dijiste la vez anterior, es una cosa por otra.

—No pensé que sería tan difícil sentir que me voy a perder a mí mismo...

—Supongo que es un riesgo que tendrás que tomar. Poner en una balanza qué hacer, cómo actuar, hasta dónde ceder.

—Sí... —Dijo intentando una sonrisa. —Me gustaría no haber elegido la actuación, quizás debí ser profesor de teatro o algo así. Sería menos desgarrador. ¿No sientes algo parecido?

—Lo mío es parecido en algún punto. Me gustaría ser reconocido, que cuando escuches mi nombre sepas que hablas de un excelente periodista, pero no sé si podría venderme... No sé si podría arriesgarme a perder lo que soy.

—¿Me juzgas? —Preguntó Harry, sin malestar.

—Jamás lo haría. No estoy de acuerdo con la industria, pero entiendo que es la única manera de sobresalir. Estuve investigando el tema, y quedé muy sorprendido de la cantidad de mentiras que se han dicho en relación a la supuesta vida privada de las estrellas. Creo que no podré creer en ninguna supuesta relación.

—Es que es mucho... Yo tengo miedo de lo que me pidan que haga, espero que por lo menos me dejen vivir en paz.

—Déjame decirte, que es muy difícil. Eres gay, y eso, ya lo cambia todo.

Harry asintió.

—Es un gran problema, tienes razón.

—Para mí no lo es, —dijo Louis arrinconándolo en medio de la oscuridad de un pequeño callejón, donde lo besó despacio, siendo correspondido de inmediato.

—Louis... —llamó Harry, separándose. —Detente...

—¿Por qué? ¿No te gustó?

Por toda respuesta recibió un beso de parte de Harry.

—Claro que me gustó... Me gustas... Pero sabes tanto como yo, que esto puede ser muy mala idea...

—Lo sé, lo sé y lo siento... No debí hacerlo.

De inmediato Louis se alejó, encendiendo un nuevo cigarrillo.

Harry se quedó en el oscuro callejón, mientras lo miraba caminar y al humo fundirse con el viento que aparecía a esa hora para refrescar el ambiente.

Se fue a su departamento, y no podía dejar de pensar en los labios de Louis. Por lejos fue su mejor beso, más allá de lo corto que fue, sabía y sentía lo profundo que fue, al entender la intención de cada uno. Pudo sentir sin duda, todo lo que Louis era, todo lo que quiso transmitirle y eso lo hizo temblar y sentirse frágil y en extremo vulnerable.

No estaba en sus planes conocer a alguien. Menos a alguien como Louis, que era todo lo que estaba bien en esta vida. Pero simplemente pasó, fue inevitable caer por él desde ese primer saludo, aun sin conocerlo, aun sin saber nada de su vida, aun sin entender su lenguaje. Solo pasó, y ahora estaba frente a un gran problema. Su agente no estaría feliz, de eso estaba seguro.

De alguna manera, un día martes Harry logró escabullirse de una pequeña fiesta organizada por el director de la película en la que estaba haciendo el casting, y logró llegar al bar antes de medianoche. Sabía que Louis se iba bastante tarde del lugar.

Y no se equivocó. Lo encontró conversando con un lindo chico.

—Hola, —saludó muy casual.

—Hola, —sonrió Louis. —Harry, te presento a Liam, es un nuevo amigo que tenemos con Zayn.

—Ah... Mucho gusto, —dijo dándole la mano.

—¿Quieres una cerveza? —Preguntó Louis.

—No, la verdad vine a conversar contigo. ¿Tienes tiempo?

—Sí, vamos. Nos vemos más tarde, Liam.

—Cuídense mucho, por favor... Yo voy a bailar.

Salieron a caminar, como ya se habían acostumbrado en ese poco tiempo de conocerse.

—¿Quieres hablar del beso?

—Sí...

—Harry, de verdad lo siento.

—No tienes que sentirlo. Yo también quería hacerlo, de eso no tengo dudas...

—¿Entonces?

—Hemos hablado de lo difícil que es esta industria, y el hecho de que yo me involucre sentimentalmente contigo o con otro hombre, puede ser nefasto para mi carrera... Y sí, sé que es muy tarde para mí, por lo que siento por ti, pero seguir con los besos es hacerlo más difícil aún.

—Lo sé, lo sé... Lo entiendo, pero Harry... ¿No podrías ser la excepción a la regla? ¿Quizás no te obliguen a aparentar lo que no eres?

—¿De verdad crees que eso puede pasar? Yo no...

—¿Y si lo intentamos? ¿Y si puedo seguir besándote?

—¿Y si después tenemos que separarnos?

Louis se quedó en silencio, solo fumando, solo pensando, solo odiando a la industria, a los tabúes, a la sociedad, a todo aquel que lo alejaba de Harry.

—¿Es un no definitivo? ¿No tenemos ninguna oportunidad?

—Solo puedo ofrecerte que lo hagamos mientras podamos, pero asumiendo el riesgo que significa.

—Lo tomo...

Botó el cigarrillo al suelo y se acercó a Harry, mirando hacia todos lados. Lo besó una vez más, en un beso corto e intenso.

—¿Deberíamos ir a otro lado? Necesito besarte como quiero...

—No... Aún no... Apenas me hice análisis hace un par de días y no tengo mis resultados aún...

—Entiendo... Está bien. Podemos besarnos en un callejón o volver al bar...

—Vayamos al bar, por lo menos sabemos que estamos en un lugar un poco más seguro.

—Tienes razón.

Una semana estuvieron con esa nueva rutina, de besarse algunas veces en el baño del bar, a veces no podían evitar hacerlo en la barra, pero siempre al encontrarse y al despedirse.

Un día miércoles, Harry, ya con sus resultados en la mano, y una vez que había recibido su beso de saludo de parte de Louis, se acercó a su oído y le susurró:

—¿Tu departamento?

Todo el cuerpo de Louis reaccionó. La música y las personas desaparecieron del mundo, dejándolo solo con Harry y lo que empezaba a crecer en su corazón.

Salieron y caminaron conversando, sin poder entrelazar sus manos, como grandes amigos, hasta llegar al departamento de Louis.

Harry se quitó su abrigo, quedando solo con una camisa estampada, muy vintage.

—Me gusta tu estilo, —dijo Louis, sacándose su chaqueta de cuero, y quedando con una camiseta de Sex Pistols. —¿Quieres un té? ¿Una copa de vino?

—Un té estaría bien.

—Voy a poner el agua, ya vengo.

Harry se quedó mirando el departamento, lo sencillo de todo, los muebles de madera. Era un lugar pequeño, pero con mucho carácter.

Pronto volvió Louis con dos tazas de té.

—Siéntate... Pero primero, ven acá...

Harry se dio la vuelta, sonriendo, hasta sentir los labios de Louis sobre los suyos, devorándolo, llevándolo al cielo con su boca. Se aferró a su cuello, mientras sentía su cintura ser apretada con deseo.

Pronto las manos de Louis desabotonaron lenta y tortuosamente la camisa de Harry, hasta deslizarla por sus hombros. Las caricias aparecieron a manos llenas, haciéndolos caer al sofá.

—¿Tienes condones? —Preguntó Harry.

—No...

—No podemos entonces...

—¿Por qué no?

—¿Cómo que por qué no?

Harry se levantó, acalorado. Miró fijamente a Louis, con su respiración errática.

—¿No sabes del SIDA? ¿De todas las enfermedades a las que estamos expuestos?

—Claro que sí, pero yo estoy limpio.

—¿Cómo lo sabes?

—Me hice estudios apenas te conocí... —Confesó tímidamente.

Lo que pasó esa noche, solo pueden contarlo las paredes de ese departamento, que se llenó de calor, y suaves gemidos. También de incertidumbres, de miedos, de locura y de esperanza.

Desde ese momento, cada día lunes y jueves se juntaban en el bar, tomaban una cerveza, luego caminaban de madrugada por la ciudad, siempre escondiéndose, para terminar en el departamento de Louis. Era su rutina, una que armaron sin querer y que les gustaba mucho cumplir.

Amaban pasear cuando todo se calmaba, cuando solo la noche y las estrellas acompañaban sus pasos, cuando sus historias eran lo más importantes y sus compañías les daban calidez a sus vidas.

Siempre terminar en la cama de Louis era el desenlace perfecto, lo que les reiniciaba la vida, lo que por fin los conectaba con todo lo bueno de sus días juntos. De esa relación sin nombre, pero que tampoco la necesitaba.

Una de esas madrugadas, Harry tuvo algo importante que decir.

—¿Te acuerdas del casting que estaba haciendo hace unas semanas?

—Claro que sí, ¿ya hay noticias?

—Sí... No me dieron el papel para el que estaba audicionando.

—¿En serio? ¿Y por qué?

—Porque me dijeron que era muy bueno para un rol secundario. Me dieron el papel principal, ¡voy a ser protagonista!

—¿Qué? ¡Sí! ¡Te lo mereces!

Louis abrazó a Harry con toda su fuerza.

—Estoy feliz, —dijo Harry. —Estoy muy ilusionado...

—No es para menos... Es una noticia increíble...

—Lo sé... —sonrió.

—Tu sonrisa no tiene precio, —habló Louis, tomando la mano de Harry y besándola. —Cuando empiezan las grabaciones?

—La próxima semana, y tengo un poco de miedo...

—¿Por qué? ¿Pasa algo?

—Hay una chica, la que va a ser la actriz principal... Mi agente me ha estado hablando mucho de ella... No quiero pensar mal, pero no me da una buena corazonada... Además de eso, el productor de la película es muy... ¿Cómo decirlo? No soporta a los gays, y tengo que ser muy “correcto” cuando está él presente.

—Sabíamos que esto pasaría... Pero tenerlo de frente es diferente.

—Lo sé, —dijo Harry, botando el aire.

—Esperemos y confiemos en que todo saldrá bien... ¿Vamos?

—Sí, vamos... Hoy necesito de ti...

Louis solo sonrió, y comenzaron a caminar.

Esa semana en que comenzarían las grabaciones, fue en especial una semana donde los sentimientos de Harry y Louis echaron raíces y se volvieron mucho más profundos. Y por eso seguían con su rutina de verse dos días por semana. Esperaban no tener que cambiarla nunca, sabían que no lo soportarían.

Sin embargo, un mes después, cuando las grabaciones estaban en su punto máximo, a la revista donde trabajaba Louis, llegó una fotografía dirigida a la dueña de la revista, Vivianne. De alguna manera y seguramente, la persona que envió la foto conocía a Louis y a Harry.

Vivianne, esa tarde, llamó con urgencia a Louis.

—¿Pasa algo? —Preguntó preocupado.

—Algo grave. Sabes que si bien no somos una revista que se dedique a los chismes, sabemos cómo se mueven las cosas y sé que vas a entenderme mejor cuando veas esto.

Puso la foto sobre la mesa y Louis palideció de inmediato.

—No puede ser, ¿de dónde sacaste esto?

—Llegó de manera anónima.

—¿Y ahora?

—Ahora tienes un gran problema.

—¿Por qué lo dices?

—Porque no es difícil de imaginar que esta fotografía no es la única, y que puede transformarse en un escándalo, no solo para el otro chico... También para ti, si se descubre que eres gay.

—Lo sé, esto es terrible.

—Sí, y no quisiera ponerte en esta situación, pero es una primicia y le daría mucha visibilidad a nuestra revista. Necesito que aceptes y asumas tu relación.

—¿Qué?

—Eso. Si no lo haces tú, lo hará alguien más. Esto es así, no hay tiempo ni de conmiseración ni de empatía. Hay que dar golpes noticiosos, y que un periodista de una pequeña revista under salga con el actor principal de la próxima película de Derek Frishman, es una super noticia.

—¿Es broma? Vivianne, dime que es una broma...

—Claro que no, no me estoy riendo. Si no lo haces tú, tendré que pedírselo a alguno de los otros chicos. Tienes que decidir qué vas a hacer.

—¿Puedo darte una respuesta mañana a primera hora?

—Preferiría que fuera ahora, pero está bien. Tienes hasta las nueve de la mañana.

Louis salió de esa oficina completamente destrozado. Jamás imaginó vivir una situación como esa, y lo peor es que se pondría más feo aún. Sabía que podía ser el principio del fin.

Apenas dieron las nueve de la noche, salió en dirección al bar. Necesitaba ver a Harry y perderse entre sus brazos y desde ahí encontrar calma, pero sabía que las cosas no serían así.

Cerca de las once de la noche llegó Harry, tranquilo, sin imaginar lo que estaba pasando.

—Hola amor... —Susurró en el oído de Louis, pero no le gustó lo que vio en los ojos azules.

—Tenemos que hablar, ¿vamos?

Y Harry pensó muchas cosas, cada una más terrible que la otra, pero jamás estuvo preparado para lo que vendría.

Bajo la noche oscura, en las calles vacías, Louis con un cigarrillo en sus labios, le entregó la foto a Harry.

—Dime que no es cierto...

—Lo es...

—¿Quieres ir al departamento de una vez?

—Sí, no podemos volver a arriesgarnos a que nos vean juntos.

Caminaron rápidamente hasta llegar y entrar. Se quitaron sus chaquetas, y se sentaron con una taza de té. Harry estaba mudo, y Louis sabía lo que iba a pasar.

—¿Puedes decirme algo?

—¿Sabes qué significa esto?

—Lo sé... Y no es lo peor.

—¿Hay algo más?

—La foto me la entregó mi editora, la dueña de la revista... Me pidió, o mejor dicho me exigió que asumiera nuestra relación... Quiere que escriba una columna donde confiese lo nuestro.

—No puede ser... ¿Y lo harás?

—¿Puedo hacerlo?

Harry se quedó en silencio, sopesando las opciones, pero solo había una respuesta.

—No quiero que me conozcan por un chisme, tampoco por mis relaciones ni por mis preferencias... Quiero ser reconocido por mi trabajo, lo sabes.

—Lo sé, lo entiendo, estoy de acuerdo... Si no lo hago lo más probable es que me despidan, perdería lo que he logrado también... Harry, no sé qué hacer.

Louis encendió la radio, y una canción conocida apareció, esa que parecía acompañarlos en ese momento tan difícil, tan íntimo, tan desgarrador.

Con lágrimas en los ojos, Harry se acercó a Louis. —Por favor, no lo hagas...

—¿Sabes lo que significa? Lo nuestro queda hasta aquí, no podremos seguir viéndonos...

—¡Es injusto! —Dijo Harry rompiendo a llorar. —¿Por qué no podemos amarnos en paz?

La respiración en el pecho de Louis se volvió errática, le dolía hasta la última fibra de su ser.

—No podemos, siempre lo supimos, y decidimos imaginar, ingenuamente que todo funcionaría bien... Yo pensé que podíamos hacerlo funcionar, y me equivoqué... Lo siento, ¡lo siento!

Se abrazaron llorando, botando su pena, su dolor, su amor.

Sus paseos de madrugada, sus conversaciones nocturnas, sus rutinas, su entrega cada vez que hicieron el amor.

Todo eso estaba desapareciendo.

Todo se estaba esfumando.

Todo.

Lentamente sus ropas quedaron en el piso, esparcidas, llenas de nostalgia y melancolía, hasta dejarlos desnudos y expuestos. Se entregaron más frágiles que nunca, buscando desesperados eso que estaban perdiendo y que quizás jamás podrían recuperar. Se amaron con lágrimas en los ojos, sabiendo en lo más hondo de sus corazones, que era la última vez.

Mañana no habría otra oportunidad.

Cuando Harry se despidió esa mañana, no dejó un último beso en los labios de Louis. Quizás era una promesa de volver a recuperarlo.

A media mañana, Dereck y Jean, su agente, se sentaron a conversar con Harry.

—Temprano llegó a nuestra oficina una fotografía tuya, caminando de madrugada con un chico. Sabemos quién es, —informó Dereck, molesto. —¿Eres gay?

—Creo que es lo de menos en este momento, —intentó salvar Jean. —Enfoquémonos en lo importante.

—Es importante y si yo hubiera sabido esto, no te doy el papel principal.

—¿Por qué? —Preguntó Harry.

—Mira Harry, —habló Derek, ya enojado. —Puedes ser un perro, un árbol o un maldito gay, pero nadie, escúchame bien, nadie puede saberlo. Vamos a tener que apresurar algunas medidas.

—¿A qué te refieres?

—Vamos a comenzar con los rumores de que estás saliendo con Marion, tu coprotagonista.

—¿Qué? ¡Pero eso es mentira!

—Sabes, o deberías saber que en este mundo, todo o casi todo es ilusión y necesitamos callar cualquier idea, teoría o pensamiento de que eres gay.

—¿Y si no lo hago?

—Te quito tu papel en la película y me encargo de que jamás vuelvas a hacer alguna audición y sabes que no solo soy capaz, si no que tengo los contactos para hacerlo. Y a ese amiguito tuyo, lo hago trizas y lo elimino del mundo periodístico.

Harry no solo palideció, su corazón se rompió por completo. Había trabajado tanto, tan duro, que darse cuenta de que la industria era peor de lo que jamás imaginó, le dolía en lo más profundo de su ser. Pero lo peor de todo no era su situación. Lo que más le dolía, era Louis, su Louis que nada tenía que ver y que podría ser perjudicado en lo más importante de su vida, su trabajo.

—Lo entiendo, —asumió Harry. —Haré lo que me dices, pero debes enseñarme cómo hacerlo...

—De más está decirte que no puedes andar de madrugada paseando con ninguno de tus amiguitos, y en lo posible, evita verlos. Pero como sé que es difícil, hazlo de manera discreta. Muy discreta. Lo de Marion lo iremos viendo con los días, pero tu supuesta relación con ella consiste básicamente en contar la historia de su amor que se hizo más fuerte a medida que pasaban más tiempo juntos grabando. Incluye salidas a comer, paseos por las calles de la ciudad tomados de la mano o abrazados, quizás incluso algunos besos. Siempre con mala cara, porque supuestamente no quieren ser vistos. Es eso básicamente, pero como ya te dije, lo iremos viendo con el pasar de los días.

—Y además, —dijo Jean, —es necesario que des un comunicado público, sobre la fotografía que ronda ya en varios lugares.

—¿Y qué dice ese comunicado?

—Que no tienes ninguna relación con ese chico.

—Está bien, lo haré, —confirmó mientras intentaba calmar el temblor de su cuerpo y de sus palabras.

Esa noche, Harry encontró a Louis tomando una cerveza en el bar, alejado de la barra.

De fondo, de nuevo esa canción, la que los acompañó el día en que se conocieron, la que sonaba a cada instante en las radios y que parecía acompañarlos en su historia de amor y desamor.

—Tenemos que hablar, —susurró Harry, poniéndose al frente de Louis, de manera muy casual.

—Lo sé... ¿Quieres ir a caminar?

—No podemos...

—¿Saben lo de la fotografía?

—Sí... Lo saben... Dereck me amenazó con quitarme el papel de la película y también cualquier oportunidad en la industria... Y además destruir tu carrera... Y yo... Louis, es tan difícil... —Dijo mientras pequeñas lágrimas luchaban por salir, a pesar de oponerse con todas sus fuerzas.

—¡Es un maldito infeliz!

—Lo sé, lo sabemos, pero nada de lo que digamos va a cambiar las cosas... Creo que solo tenemos un camino... Y sabíamos que podía pasar, pero nunca imaginé que pasaran de esta manera...

—¿Es esto una despedida? —Preguntó Louis, sabiendo muy bien la respuesta.

—¿Puede ser de otra manera?

—No...

Los dos tenían el corazón roto, despedazado encima de la mesa de ese bar que fue testigo de su amor, al igual que las calles solitarias, las madrugadas frías y la cama de Louis.

Pero no existía un futuro para ellos. Lo único que les quedaba eran lágrimas, vacíos, dolor, desgarro.

Harry solo le dejó una última mirada a Louis, una que encerraba todo lo que era, todo lo que eran juntos, lo que fueron y, sobre todo, lo que no llegaron a ser.

Se dio la media vuelta, y salió del lugar, con su abrigo largo, una boina y una bufanda, con las que esperaba pasar desapercibido.

Fueron minutos y horas horribles para los dos. No sabían qué hacer para que dejara de doler, para volver a encontrar aire que llenara de oxígeno sus pulmones, para revivir y ser capaces de gritar por su amor, por uno que era hermoso, real, sano... Verdadero y que no lastimaba a nadie, por el contrario, solo hacía más felices a dos simples chicos en un rincón del mundo.

Esa madrugada, y estando completamente borracho, Louis se sentó frente a su máquina de escribir, dispuesto a dejar un registro de todo lo que sentía.

Escribió una columna, o mejor dicho, lo intentó.

Temprano, y aún con las marcas del insomnio, del alcohol, de la pena y el horror, entregó el artículo y su carta de renuncia a la revista.

A esa misma hora, estaba Harry con su agente en la oficina de Dereck.

—Hoy en la tarde, a las cuatro, tendrás una entrevista en televisión. Las preguntas que te harán, están aquí anotadas, junto a las respuestas que debes dar.

—¿Y si me preguntan algo que no está aquí?

—Las entrevistas también están pauteadas, Harry. Todo en este mundo lo está. Y si alguien se atreve a salir de las pautas, entra en acción el coordinador del set. Su trabajo es guiar la conversación y moderar y ordenar las preguntas. Cuando te pregunten por este amigo tuyo, deberás poner especial énfasis en la respuesta que está anotada.

—Básicamente niegas que sea alguien especial, que jamás te han gustado los hombres, y que sobre todo, respetas a Marion, con quien estás empezando una relación muy bonita.

—¿Qué? —Harry agachó la cabeza. Sabía que tenía que hacerlo, sabía que no era una novedad en su realidad, pero cómo dolía cada una de esas palabras.

—Ya lo sabías, no te hagas el sorprendido.

—No lo hago... Solo... Fue un lapsus.

—Pues no debes tener ningún lapsus de nada, ¿escuchaste? Debes sonar convincente y real, que no queden dudas de lo que está pasando. Y aunque el otro día te dije que debías ser cuidadoso, mientras más alejado te encuentres de ese mundo sucio y pervertido, mejor. Lo único que espero, es que tus exámenes médicos sean ciertos, no vayas a estar contagiado de esa mierda o cualquier otra.

—Estoy limpio.

—Más te vale. En la noche, vas a ir a cenar con Marion, a un lugar pequeño, muy romántico. Van a estar los fotógrafos afuera, esperando. Recuerda que tienen que salir molestos, intentando cubrirse y jugar a los ofendidos. ¿Lo entendiste?

—Lo hago.

—Pueden irse, y por favor, revisen, repasen y ensayen las preguntas y respuestas. Cualquier error, ya saben, les puede costar muy caro.

Terminó de hablar Dereck, muy duro y molesto. Parecía que siempre lo estaba, y es que era la única manera de mantenerse en pie en ese mundo tan competitivo.

Harry y Jean estuvieron practicando lo que tuvieron de tiempo antes de la entrevista.

Una hora antes, Harry fue llevado a un camarín dentro del canal de televisión donde le harían la entrevista. Cambiaron su ropa vintage, por algo más maduro, con tonos más oscuros, con telas lisas, algo formal que diera vibras de seriedad, y sobre todo de masculinidad.

Iba a tener una periodista entrevistadora. Era lo mejor, para que pudieran coquetear sutilmente, aunque tuvieran una notoria diferencia de edad.

Llegada la hora indicada, ya estaba todo preparado en el set de televisión.

—En este nuevo segmento del programa, —hablaba la presentadora, de nombre Grace, —tendremos cada semana a nuevos talentos de diferentes áreas del arte y del espectáculo. Hoy, tenemos a una joven promesa de la actuación, y el protagonista de la nueva película de Dereck Frishman, ¡Harry Styles!

Harry apareció con su mejor sonrisa. Nadie podría imaginar el dolor que cargaba en ese momento.

Se sentaron, quedando frente a frente.

—Hola Harry, qué gusto que estés aquí.

—Gracias por la invitación, estoy muy contento.

—Entremos de una vez en materia. Cuéntame de la película que estás grabando.

—Se llama “El último verano”, es un drama romántico, donde se habla de segundas oportunidades... Mi personaje está en una búsqueda íntima, que pude llevarlo a portarse de manera errática algunas veces...

—Vaya, suena interesante. ¿Qué significa trabajar con alguien tan reconocido como Dereck Frishman? Es un gran director y productor.

—Es un sueño. Poder ser dirigido por alguien con tanto talento y experiencia, es algo que nunca imaginé podía pasarme. La verdad estoy muy feliz, aunque también muy nervioso. No me gustaría arruinarlo, —comentó riendo.

—Tienes una sonrisa muy bonita... —dijo Grace, coqueteando descaradamente.

—Gracias, —contestó Harry, sonrojándose adorablemente.

—¿Cuándo supiste que querías ser actor?

—Desde pequeño. Al principio me daba mucha vergüenza que me escucharan y vieran actuar, pero cuando llegaban los aplausos, todo cambiaba. De a poco empecé a sentirme más cómodo con la exposición.

—Hablando de eso, está circulando una fotografía muy comprometedora, de dos chicos saliendo de lo que podría ser un bar para gays. ¿Qué tienes para decir al respecto?

Harry no dudó ni un segundo, y puso su mejor cara.

—No soy yo. Conozco la fotografía, pero no conozco a ninguno de los dos jóvenes que aparecen ahí. No conozco tampoco el sector, que según me contaron, está en los suburbios de la ciudad. Además, estoy empezando una relación, y no sería, por ningún motivo, alguien que se comporte de esa manera.

—¿Tu corazón tiene dueña?

—Digamos que algo así, —sonrió tímidamente.

—¿Y podemos saber de quién estamos hablando? ¿No me digas de que es Marion, tu coprotagonista?

—La verdad es que sí... Hemos estado saliendo, y creo que podemos llegar a tener una bonita relación.

—Eso sí que es lamentable... ¡Es una broma! Creo que hacen una pareja encantadora. Esperemos que prospere su romance. Volvamos a la película, ¿cuánto tiempo queda de grabación? ¿Cuándo podríamos tenerla en la pantalla grande?

—Queda aproximadamente un mes de grabaciones, y luego la post producción serán alrededor de dos meses. Esperamos que para el invierno esté ya en cartelera.

—Eso es bastante rápido.

—Sí, lo que pasa es con un guion tan bueno, y un director como Dereck, resulta fácil adaptarse y trabajar bien, por lo que no es mucho lo que hay que corregir.

—¿Cómo ha sido el tema de las rutinas? ¿Muy pesadas las grabaciones?

—Me costó un poco acostumbrarme, los horarios y el ritmo de las grabaciones, aprender los tiempos de las escenas, los ensayos, incluso el vestuario o el maquillaje, son cosas nuevas para mí. Pero ya lo tengo dominado.

—¿En qué trabajaste antes?

—Solo algunas obras de teatro y películas de bajo presupuesto en Londres, que es de donde vengo.

—Es un gran salto el que estás dando.

—Lo es, y no puedo estar más agradecido.

—Eres realmente un encanto, Harry, —aseguró Grace, otra vez coqueteando. —Cuéntame más de esta relación que comienza con Marion. ¿Qué es lo que te gusta de ella?

—Ella es... especial, distinta. Tiene las cosas muy claras, es honesta, verdadera, y tiene unos ojos hermosos. Para qué hablar de su sonrisa... —Dijo todo eso pensando en Louis, por lo que había más pasión de la debida en sus palabras.

—Vaya, son muchas cualidades. Realmente caíste en su hechizo. Y me encanta, estoy segura de que serán la pareja del momento. ¡Démosle un gran aplauso a Harry Styles! Gracias por venir.

Se pusieron de pie, y se despidieron con un beso en la mejilla.

Harry salió del set de televisión, mientras Grace hacía anuncios de patrocinadores, y se fue directamente a su camarín.

—Eso estuvo mejor de lo planeado, —le dijo Jean. —Creo que Dereck va a estar feliz. Realmente eres un gran actor, pareciste muy genuino y sencillo.

En ese momento apareció Dereck.

—Te felicito Harry, realmente eso estuvo muy bien, —dijo sentándose cómodamente. —Mañana retomamos las grabaciones en el mismo horario de siempre. Ahora, lo que quería decirles, es sobre el tema de Marion. Van a dejar en tu departamento algunas prendas de ropa. La idea es que uses la misma varios días distintos, así no se sabe de cuándo son las fotos realmente y las podemos usar con más libertad. Está claro que vas a cambiar tu forma de vestir, necesitamos darte una imagen más clásica, más masculina, más sexy. Ya sabes, un hombre que enloquece a las mujeres.

—Entiendo...

—Me gustaría ver un poco más de entusiasmo. ¿Ya terminaste tu relación con el periodista ese?

—Sí... —Contestó intentando no quebrarse.

—Bien, eso es bueno. Esperemos que él no trate de sacar algún provecho de la situación.

—Jamás lo haría.

—Nunca pongas las manos al fuego por alguien, Harry. Es algo que yo he aprendido de la peor manera, y a veces las personas en las que más confiamos, son las que más nos defraudan. Sobre todo en este mundo, no existen los amigos, recuérdalo siempre.

Pero Harry sabía que Dereck estaba equivocado. Se lanzaría sin dudar a las llamas del infierno por Louis, y no se quemaría. Podría jurarlo por su tesoro más preciado, por su propia vida o por lo que quisieran. Él creía en su Louis.

A esa hora, Vivianne terminaba de editar el número de la revista que saldría en una semana. Le había costado aceptar la renuncia de Louis, y aunque lo entendía, pensaba que lo de su periodista era demasiado romántico para un mundo y un ambiente cruel y despiadado. Louis no podría pensar en mantener alguna relación, sobre todo homosexual, sin tener consecuencias. Menos con alguien tan público como lo sería Harry. Y pese a eso, a no encontrarle la razón, aceptó publicar el artículo con un seudónimo, sin el nombre de Louis.

Una semana pasó, en que Harry ya había comenzado con la narrativa de las fotografías en algunos restaurantes o saliendo de alguna cafetería. Casi siempre andaba con unos zapatos formales, pantalón de tela, y camisa sin corbata. Un look relajado pero sensual, que llamaba la atención. Lo que menos le costaba era poner cara de hastío cuando veía a los paparazzi, le salía natural. Lo que más agradecía, era que podía tener con Marion una buena relación.

Ella también estaba presionada. Tenía una relación con un compañero de la escuela, a quien se le hacía cada vez más difícil tener que soportar las noticias que aparecían sobre la pareja del momento, y eso tenía a la actriz muy triste. Tristeza que le ayudaba a interpretar a su papel, que estaba un poco atormentada por los cambios en el temperamento del personaje de Harry.

Los dos se contaban sus penas, hasta llegar a ser confidentes, hasta lograr encontrar en el otro un amigo, una mano que les ayudara a sobrevivir en un mundo frío y apático.

Y para Harry se convirtió en alguien más que importante, porque no había vuelto a ver a Louis, y apenas vio a Zayn un par de veces, cuando lograba escabullirse en medio de la madrugada. Sabía por su amigo lo mal que estaba Louis, lo mucho que había empezado a tomar, lo triste de sus ojos, y eso solo servía para que Harry se sintiera peor, y al mismo tiempo trabajara con más ímpetu, para que el tiempo pasara rápido y quizás después de esa película, podría ser un poco más libre.

Sin embargo, un semana después, Harry se enteró de que Louis se había ido de la ciudad. No pudo soportar el dolor de no tener a Harry entre sus brazos, y menos verlo envuelto en narrativas falsas y sucias.

No hubo una despedida.

Y para Harry fue sumar pena y angustia a su vida. Cada día y cada noche se volvían un infierno, uno que cada vez era más difícil de soportar. Las grabaciones habían terminado, y la película se encontraba en la fase de post producción, dándole un poco de tiempo libre y por lo mismo, más dolor a su atribulado corazón. Muchas veces daba pena verlo. Había adelgazado bastante, su mirada estaba cada vez más dura, sus gestos con los fotógrafos eran de odio, y para Dereck, era simplemente, la consolidación de lo que debía ser. Amargar a quienes trabajaban con él era parte de provocar dependencia, aunque sonara extraño. Mientras más los asfixiaba, mejores resultados obtenían, y las personas acababan por convencerse de que era la única manera de moverse en ese mundo.

Vivianne no había podido lanzar el último número de su revista, ya que su oficina y varias más, habían sufrido un incendio, no total, pero que consumió bastantes papeles, información y artículos que ya estaban listos. El artículo de Louis fue de los pocos que se salvaron, por lo que se aferró a él, y esperaba que tuviera buena recepción y eso le diera un poco más de visibilidad a la revista, sobre todo en esos momentos en que más lo necesitaba.

Una semana después, aparecía el artículo en la revista. Había sacado apenas 50 copias, que esperaban vender rápidamente.

Sin embargo, nada preparó a Vivianne para lo que sucedió. El artículo fue sensación, por lo que tuvo que encargar una segunda edición de 100 copias y luego, una tercera de 100 más. Las palabras escritas por Louis, llamaron mucho la atención e hicieron eco de lo que, al parecer, mucha gente sentía.

No era algo muy largo, ni siquiera muy poético, pero era real y verdadero, a pesar del alcohol y la tristeza que tenía Louis en el momento de escribirlo.

“Estamos atrapados en un mundo irreal, uno que tolera las mentiras, que vive por las luces, por lo que “debe ser”, y sin embargo, juzga a quienes se atreven a amar, a quienes encuentran verdad en los brazos que cobijan los miedos y las esperanzas. Nunca debería castigarse el amor, no cuando se vuelve el motor de nuestras vidas ni la razón por la que seguimos intentando encontrar oxígeno en medio del humo disfrazado de verdad que nos quieren vender.

Para la Iglesia, el amor es el centro y propósito de la vida de las personas.

Para Bukowski el amor es efímero y fugaz, una ilusión que se disipa con la llegada de la realidad.

Para Balzac cuanto más se juzga, menos se ama, lo que implica que el amor requiere una aceptación total de la otra persona.

Shakespeare nos muestra cómo el amor puede ser una fuerza abrumadora y a menudo incontrolable.

Y sin embargo, mi definición de amor, simplemente eres tú.

Amar en secreto no es romántico.Es cansarse de inventar excusas. Es aprender a no escribir mensajes cuando la noche pesa. Es sonreír en público fingiendo que nada pasa, cuando todo pasa dentro de uno.

Hoy entiendo que el amor, cuando es verdadero, no necesita ser aceptado para existir.Fuimos un secreto, sí, pero también una verdad.

Porque amar en la oscuridad no nos hizo menos valientes.Nos hizo eternos.

Porque había algo en tu risa que me devolvía la vida, algo en tu forma de mirar que hacía que el mundo, tan hostil, tan gris, tuviera sentido por unos minutos.

Aprendimos a mirarnos sin ser vistos, a hablar con los ojos cuando las palabras podían delatarnos, un “te quiero” susurrado demasiado bajo para que el mundo lo oyera.

La música sonando en cintas gastadas será el recuerdo de lo que vivimos, de aquello que no pudo ser, que nació sin un futuro, que se doblegó ante los gritos de una sociedad que insiste en castigar a quienes buscan una mano que entrelazar.

Este manifiesto no busca redención.No exige perdón.

Y ese amor, silencioso, escondido, luminoso,fue, y sigue siendo, una forma de libertad.

Estrella Libre

(Here With Me, Always)”

Una copia de la revista llegó a manos de Harry, quien la guardó como un tesoro, para leerla en la soledad de su departamento. Después de una horrible y agotadora sesión de fotos, llegó cerca de medianoche a descansar. Se preparó un té caliente, y acostado en su cama, leyó. Había varios artículos de distintos trabajos de bandas del underground, algunas fotografías y una página dedicada a una columna anónima.

Harry la leyó, reparando en cada letra, palabra, coma y punto, sintiéndose tan identificado, que algunas lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Cuando llegó al final, su llanto era desconsolado. Esas palabras eran de Louis, de su Louis, de su amado y eterno Louis.

“... Y sin embargo, mi definición de amor, simplemente eres tú...”

Harry gritó con la cara enterrada en su almohada. Se estaba volviendo todo tan cuesta arriba, cada día le costaba más soportar la presión, estaba a punto de desistir de todo y de simplemente ir a buscar a Louis hasta el último lugar del mundo.

Pero no sería justo. No después de tanto sacrificio.

Solo le quedaba seguir mirando el vapor de su café en las mañanas solitarias, caminar con sus manos vacías, no volver a sonreír con su alma. Simplemente respirar.

Simplemente sobrevivir.

¿Dónde estaría Louis? Era algo que se preguntaba a diario, que lo angustiaba, que le daba mucha pena. Más allá de los sentimientos que aún pudiera tener, Harry esperaba que fuera feliz y libre.

Aunque fuera una mentira.

Porque nada ni nadie calmaría su afligido corazón, menos aún, un tercero que quisiera aparecer en la vida de Louis y le robara su amor. Porque Harry soñaba con que sus sentimientos fueran eternos, y esperaba que los de Louis, también lo fueran. Se aferraba a eso, como su tabla de salvación.

Y Louis pensaba lo mismo. Intentaba creer que sería feliz si Harry encontraba a alguien más, y no, no era cierto. Era su mentira más grande. Entre viajes buscaba historias para contar. Se había decidido por dejar el periodismo musical y volverse un contador de relatos, de vivencias, de experiencias. De verdades ajenas, de dolores compartidos, de vacíos absolutos y al mismo tiempo, de magias, de amores correspondidos y libres.

Encontraba la inspiración en medio del humo de su cigarrillo, en medio del día a día, en medio de las noches y los amaneceres. En algún bar, en alguna protesta. Porque las protestas eran cada vez más, porque había un grito que comenzaba a desgarrar las gargantas de los oprimidos, de los no vistos, de los enfermos, de los desolados y los mirados en menos. De quienes se atrevieron a desafiar las normas, y fueron castigados por eso. De quienes osaron a amar sin seguir las reglas, de todos y cada uno de quienes intentaron demostrar que en el amor no había equivocaciones, solo intensidad, solo realidad, y solo verdad.

Andando a pie, en un taxi, en un bus, incluso durmiendo en la banca de una plaza a mediodía, Harry era su inspiración. Sufrió cada vez que lo vio junto a Marion, en los periódicos y revistas, aun cuando sabía que era una farsa, dolía y siempre dolería no ser él.

Quizás algún día podría volver a Los Ángeles, cuando las cosas cambiaran un poco, o tal vez, cuando la agonía de vivir lejos de Harry lo consumiera hasta intentar llevarse su vida.

Por mientras seguiría escribiendo para él, porque cada uno de sus artículos llevaba intrínsecamente el nombre de Harry, quien hizo un hábito el de buscar por donde pudiera a ese escritor que se denominaba estrella libre, y que encubría al dueño de su amor. A veces lograba encontrarlo en alguna revista, que rápidamente se volvía su favorita y que luego guardaba con celo en un closet de su habitación, junto con sus tesoros más preciados: una cajetilla de Marlboro, la primera revista con el artículo de Louis, la fotografía que les sacaron, y un casete, donde estaba grabada esa canción que siempre apareció en algún momento importante. Y que parecía siempre contar una parte de lo que pasaba por la mente de Harry. Como esa noche, una de tantas en que simplemente lloraba abrazado a su almohada, con la música sonando, una y otra vez.

“...Pero tu risa y tu ternura nunca desaparecerán...

No importa dónde estés esta noche, una parte de ti está aquí conmigo...”

La película “El último verano”, fue finalmente puesta en cartelera. Se hizo una alfombra roja, por donde desfilaron grandes rostros de la televisión, el cine y la música. Al finalizar, los protagonistas de la historia, de la mano, y muy sonrientes.

Una semana después, el film era un éxito de taquilla. El mejor de la carrera de Dereck Frishman, quien estaba más que feliz con el recibimiento de su trabajo, y sobre todo, con los dólares que significaban aumentar su cuenta en el banco.

Harry fue muy bien remunerado y pudo cambiarse a un mejor departamento, aunque igual de sencillo y pequeño que el que tenía. Solo estaba mejor ubicado.

Dos semana después, y aún en pleno apogeo de la película, se dio por terminada la relación entre Harry y Marion, por la incompatibilidad de tiempos debido a sus distintos proyectos. Los dos lamentaron la situación, se habían encariñado con el otro, se habían acostumbrado a hablar y escuchar de sus amores escondidos y perdidos.

Luego del éxito de la película, Harry decidió junto a Jean, dedicarse a hacer algo de teatro, donde le fue cada vez mejor. Ya era conocido, ahora debía mantenerse y demostrar que era más que una cara bonita y que el talento ardía en su sangre. Después de dos obras completamente vendidas, decidió aceptar un papel secundario en una película sobre la segunda guerra mundial, donde Harry sería un soldado. El rodaje duró cerca de seis meses, y la post producción, casi el mismo tiempo. En ese tiempo, Harry tuvo que aparecer públicamente con una de las directoras de la película, con quien se mantuvo por cerca de un año y medio. Las cosas con ella fueron muy diferentes. No se llevaban bien, no se volvieron amigos y el hastío entre los dos era notorio fuera de las cámaras. Todo empeoró cuando tuvieron que pasar de las tomadas de mano y abrazos, a los besos en público. Aunque fueran cortos y deslucidos, hacían que Harry quisiera salir arrancando.

—¿Cuánto tiempo más tendré que aguantar esto? —Le preguntaba un día, Harry a Jean.

—Sabes que una vez que te embarcas en este mundo, es muy difícil salir. ¿Qué vas a decir? ¿Qué todo era mentira? ¿Qué engañaste a todo el mundo? ¿Qué de repente te gustan los hombres? Si quieres seguir creciendo como actor, no hay más salida que seguir con las mentiras y farsas. Recuerda que son las que te dan de comer.

Y cómo le dolieron esas palabras a Harry. Lo destruyeron.

Y tenían razón. ¿Cómo se supone que va a ser libre, cuándo ya se ha vendido como alguien completamente distinto a lo que es? ¿Para qué trabajó tanto? ¿Para perder todo, si volvía a buscar a Louis? Estaba tan confundido.

—¿Y eso qué significa? ¿Qué jamás podré ser libre?

—¿De verdad quieres serlo? ¿Quieres volver a ser un don nadie?

—Quiero poder manejarme a mi gusto, no depender de otros. Quizás nunca pueda ser gay abiertamente ni tener una relación pública, pero por lo menos no andarme paseando con cuanta mujer se les ocurra. Tener un poco de control, ¿no es posible?

—En ese sentido, puedes serlo. Pero no todavía. Tienes que tolerar un poco más, seguir creciendo hasta hacerte poderoso y mucho más conocido.

—¿Y eso en cuánto tiempo más podrá ser?

—Quizás y mínimo un par de años.

—¿Un par de años? Voy a morirme...

—¿Sigues pensando en ese amigo que perdiste?

—No solo perdí a un amigo, Jean, lo sabes... Perdí a mi amor, a mi vida, a mi mayor tesoro...

El agente se conmovió al ver los ojos de Harry llenarse de lágrimas.

—Lo siento, pero solo te digo la verdad... Tienes que seguir siendo fuerte.

—Lo sé... Pero se hace tan difícil... Hay días en que apenas me levanto, noches en que apenas duermo, semanas en que apenas me alimento... —Susurró Harry. —Pero tengo que seguir, tienes razón.

Meses más tarde, por fin terminó su amorío con la directora de la película. Era notorio, incluso para los paparazzi y el público, lo mal que se llevaban. Estaban los dos felices de terminar esa farsa. El motivo que dieron, fue el mismo que con Marion: incompatibilidad en sus nuevos proyectos.

La película fue nuevamente un gran éxito de taquilla, abultando la cuenta de Harry de manera increíble. Pero no se volvió loco de la emoción ni cambió su departamento. Tomaba lo estrictamente necesario para mantenerse y el resto seguía en el banco.

Estaba en unas vacaciones, que consistían básicamente en dormir en su departamento, cuando escuchó de un casting que harían en un par de meses, para una nueva película, con una trama excesivamente fuerte para esos años, ya en los años noventa. El director, de apellido Grindyrs, había escrito el guion de una obra que hablaba de un amor homosexual en los años cincuenta. El papel que le interesaba a Harry, era el de un policía que se enamoraba del curador de un museo.

Se consiguió el guion, y no solo eso, se lo aprendió de memoria y se presentó al casting cuando fue tiempo de hacerlo.

El señor Grindyrs quedó enamorado de la actuación de Harry, completamente admirado frente al talento que vio. Le dio el papel principal, y un par de meses después empezó el rodaje. Harry como nunca disfrutó del rodaje, a pesar de lo atrevido de algunas escenas y de que muchas personas se escandalizaron por la trama. Estaba disfrutando mucho, por primera vez en su carrera.

Mientras eso pasaba, Louis seguía viajando por el mundo, buscando historias y escribiendo para diferentes revistas, siempre sabiendo de Harry. Seguía su carrera, había visto sus películas una y otra vez. Tenía una gran caja, donde estaban todas las entrevistas, fotos y artículos que hablaban de Harry y se aferraba a ella cuando el dolor de no tenerlo le dolía más que otros días.

Pudo ver, desde afuera y desde otro prisma, cómo la sociedad iba cambiando lentamente. Habían aparecido muchas organizaciones que apoyaban a los homosexuales y sus derechos. También que dieron mayor visibilidad al tema de las enfermedades de transmisión sexual. Intentaban por todos los medios incentivar el uso del condón, a pesar de la oposición de los sectores más conservadores.

Las redadas a los locales habían bajado considerablemente, aunque seguían existiendo. Faltaba mucho aún para que la homosexualidad se empezara a ver como algo normal, pero por mientras, las organizaciones empezaban a tomar un poco más de fuerza.

Y Louis suspiraba. Sabía, al igual que Harry, que quizás nunca podrían ser libres ni mostrar su amor en público, y pese a todo lo aceptaba. Tal vez, podrían ser amigos frente al mundo y amantes enamorados en la intimidad. Estaba dispuesto a hacerlo, ahora necesitaba saber si Harry también lo estaría.

Un mes después de tomar esa decisión, le llegó una invitación de parte de una editorial, que andaba tras sus pasos hace tiempo, aunque Louis se negaba. Se le pedía dar una conferencia sobre el amor, su ocultamiento, la fama y su libertad.

Se organizaría en el mismo bar donde Harry y Louis se conocieron. Varias veces Zayn había tenido que cambiar de lugar, debido al hostigamiento policial, pero llevaban varios meses tranquilos donde todo empezó. Y esa pequeña coincidencia, hizo que Louis se decidiera y aceptara dar la charla.

Un par de semanas después, Louis aterrizaba en Los Ángeles. El viento fresco lo recibió, calmando su alma afligida y su corazón alborotado. Su cuerpo temblaba, pero sobre todo, tenía miedo.

¿Seguiría Harry siendo suyo? ¿Lo habría esperado? ¿Tendría esperanzas de recuperar lo que alguna vez tuvieron?

No lo sabía. Ni siquiera sabía si podría lograr verlo. Harry era un gran actor, ya no estaba disponible para cualquiera que quisiera verlo. Había cambiado de agente, ya se manejaba con un poco más de libertad. ¿Sería suficiente?

Buscó una pequeña habitación en un hotel, y se dedicó a escribir antes de tener que dar su charla al día siguiente.

Esa noche, no podía dormir. Decidió salir al bar de siempre, aunque no pudiera entrar, porque difícilmente la contraseña seguiría siendo la misma. No perdía nada con probar.

Tocó en la puerta, era cerca de medianoche.

—¿Diga?

—¿Estrella libre?

Y la puerta se abrió.

Camino hacia la barra, y encontró a Liam sirviendo tragos.

Se dieron un gran abrazo.

—¿Cómo estás? Tanto tiempo sin verte, ¿dónde has estado? —Preguntó Liam, genuinamente preocupado.

—Estoy bien, ahora mejor. He viajado por muchas ciudades, escribiendo para diferentes revistas. ¿Y Zayn?

—Míralo, ahí viene.

Louis miró hacia donde le indicaba Liam, y lo vio casi saltar a sus brazos.

—¡Volviste!

—Volví, —dijo Louis conmovido con la recepción. —¿Cómo estás?

—Estoy bien, muy bien. ¿Quieres una cerveza? ¿Tienes tiempo?

—Sí a todo.

Liam le sirvió una cerveza a cada uno.

—Entonces, cuéntame dónde has estado.

—Por muchas ciudades. Volví a Londres, desde ahí me moví por Inglaterra, Francia, Italia, Dinamarca... Vine algunas veces a Nueva York, a Washington... A veces me quedaba por meses en alguna ciudad, dependía de si lograba algún contrato corto con alguna editorial.

—¿Fue difícil?

—En el sentido de lograr contratos cortos, lo fue al principio. No me conocía casi nadie. Pero a medida que iba apareciendo en diferentes publicaciones, logré poner mis condiciones para escribir. Si te refieres a lo demás, ha sido una tortura.

—¿No has podido olvidarlo?

—Jamás... Él ha sido mi único motivo, mi motor... ¿Lo has visto?

—Poco. Casi no tiene tiempo, y sabes lo peligroso que es que venga por estos lados. Pero nos llamamos todas las semanas.

—¿Cómo está?

—Lo mejor que puede estar en sus circunstancias... Sabes lo difícil que es... Pero dime, ¿estás nervioso por mañana? No puedo creer que vengas a dar una charla en este lugar, estoy muy emocionado. —Zayn no quería hablar mucho sobre Harry, esperaba que sus amigos lo hicieran en persona.

—Estoy feliz de hacerlo. Es primera vez que voy a dar una conferencia, y no sé si puedo hacerlo realmente. Pero no creo que sea tan difícil.

—Me gusta tu entusiasmo.

—¿Tú y Liam?

—Somos muy felices... Conocerlo cambió mi vida.

Louis sonrió. —Me alegra mucho escucharte, son una pareja muy bonita.

—Sí...

—¿No quieres hablarme de Harry? Siento que evitas el tema.

—Tienes razón, pero es porque siento que no soy el indicado para hacerlo. Lo que sea que tengan que hablar, pasará cuando sea el tiempo indicado.

—No sé cómo ubicarlo, ¿me puedes ayudar con eso? Quizás juntarnos en algún lugar, o lo que sea menos peligroso para él...

—¿Quieres que intente llamarlo de una vez? —Ofreció Zayn.

—Te lo agradecería mucho...

Zayn se acercó hasta el teléfono, y marcó. Sin embargo, después de diez tonos, no hubo contestación.

—Lo más probable es que no esté en su departamento. Sabes que está en un nuevo proyecto, ¿verdad?

—Sí... Una película de superhéroes... Y la novia de turno es mucho mayor que él...

—Así es... Lo siento, de verdad me gustaría que las cosas entre ustedes fueran diferentes... Pero estás en tu derecho de no aceptarlo...

—Ojalá fuera tan fácil. Han pasado los años y las cosas no cambian. Él no puede aparecer como el hombre gay que es, tiene mucho que perder.

—Lo sé, lo sabe, lo sabemos... Es casi imposible que Harry pueda ser un hombre libre alguna vez.

La mirada de Louis se apagó. Por más que lo supiera, siempre iba a doler.

—Debo irme... Estoy trasnochando y mañana tengo que estar despejado.

—Tienes razón.

Louis sacó un billete para pagar, pero Zayn le puso una cara enojada.

—¿Qué pasa? —Preguntó Louis.

—Ni se te ocurra pagar, es un regalo.

—Pero ahora puedo pagarla.

—Pero yo no te voy a recibir ningún pago. Ahora vete antes de que te prohíba la entrada.

—Ahhh... Hablando de eso... ¿Nunca cambiaste la contraseña? ¿Por qué?

—Porque alguien me lo pidió.

Louis sonrió.

Llegó a su departamento, y aunque sin haber logrado obtener la información que buscaba, pudo dormir algunas horas.

Contrario a lo que le había dicho a Zayn, estaba muerto de nervios y miedo de dar una charla. Una cosa era atreverse a escribir y esconderse detrás de un seudónimo y de las letras incógnitas, y otra muy diferente, era aparecer en público y mostrarse, develando el misterio de su identidad.

Una hora antes de la conferencia, se bañó con calma. Luego se vistió con su ropa característica: jeans gastados, una polera de Rolling Stones y una de sus chaquetas de cuero. Peinó su pelo liso, desordenadamente, tomó sus documentos, que guardó en su mochila, su eterna compañera de viajes y salió tranquilamente.

Zayn y Liam, habían despejado la pista de baile y en el escenario, colocaron una silla para Louis. El lugar se veía muy diferente y diez minutos antes de que empezara la charla, estaban todos los asientos ocupados, e incluso había gente de pie al final de la pista.

A la hora indicada, Louis comenzó con su discurso.

—Gracias a todos por venir, —saludó, nervioso aún. —Lo primero que quisiera decir, es que me gustaría que esta charla sea lo más interactiva que se pueda. Siéntase libres de hacer preguntas en cualquier momento. Hoy vamos a hablar de algunos temas, sobre todo, el del peso de la fama en artistas de todos los ámbitos. Muchos de ustedes saben cómo se manejan las cosas en la industria, pero muchos otros, la mayoría me atrevería a decir, no lo saben y se quedan con lo que parece ser, con las luces, el encanto, las sonrisas y todo aquello que brilla. Lamentablemente muchas veces, por no decir todas, hay un precio que pagar por algún contrato, por algo que se quiere y se desea conseguir. Aunque eso signifique perderse como personas.

Un hombre de barba incipiente levantó la mano. —¿A qué tipo de contratos te refieres?

—Imagina esto: Hay un músico que está empezando su carrera, y logra mostrar sus demos a alguna disquera o sello importante. Suena maravilloso, ¿no? Sin embargo para que este músico tenga promoción deberá firmar un contrato, donde por ejemplo, se le obliga a sacar tres discos en un período de cinco años o simular una relación con alguna persona más importante que lo ayude a levantar su carrera.

—¿De verdad eso pasa? —Preguntó una chica de grandes anteojos.

—Mucho, muy seguido, todo el tiempo. Es una de las maneras que tienen de mostrar cómo deberían ser las cosas y cómo pueden obtener mayores beneficios y ganancias.

—¿Conoces algún caso real de lo que dices?

—Muchos. Me encantaría decir que mis historias y mis crónicas son producto de mi imaginación o de alguna amargura en mi vida, pero lamentablemente no es así. Me he movido por las ciudades más grandes del mundo, y siempre la historia se repite.

—Supongo, entonces, —dijo una bonita mujer de bufanda roja, —que el tema de la discriminación abunda.

—Así es.

—¿En qué se refleja eso? —Preguntó, ahora, un joven de lindos ojos.

—La discriminación no es algo exclusivo de la industria. Es algo que vivimos todos los días, y que tenemos mucho más cerca. Por ejemplo, aún el tema de la homosexualidad es un tabú; para qué decir el tema del VIH o las otras enfermedades de transmisión sexual. Es impensado que algún artista, cantante, actor, músico, pueda mostrarse en público como una persona gay sin tener que pagar un alto precio, como podría ser perder oportunidades laborales y sufrir aún más discriminación. Puedes hacer el ejercicio de mirar a tu alrededor y darte cuenta de cuánta gente crees tú que es gay, o si supieras que tu vecino tiene VIH, ¿cómo reaccionarías? Hay mucha desinformación, que creo, es el peor enemigo de nuestra sociedad.

—¿Puedo preguntar el porqué de tu seudónimo? —Quiso saber alguien al fondo de la pista.

—Eso es algo muy íntimo, —contestó Louis, sin poder evitar su emoción. —Es el recuerdo de la persona más importante de mi vida. Pero no nos desviemos del tema. Lo que quiero decir con esta conferencia, es que muchas cosas de las que vemos, son cortinas de humo que esconden realidades muy distintas. No nos quedemos con lo que vemos, lamentablemente hay que desconfiar de los discursos sobre perfección y mundos felices.

—Pero esas personas que aceptan esos contratos no son víctimas, ¿o crees que sí?

—No sé si víctima sea la palabra, pero sé que estamos en un mundo donde nada es gratis. Claro, puedes aceptar o no esos contratos, pero también significa no poder avanzar. El talento no es suficiente, no te abre las puertas como debería ser. Es más, tendría que ser lo único importante, y es lo que a nadie le importa. Si tienes contactos tienes la mitad de tu carrera hecha.

Luego de algunas preguntas más, se dio por terminada la primera conferencia de Louis, con un gran aplauso, algunas firmas de autógrafos, algunas fotografías con el público y algunas reseñas para algunas revistas que estaban cubriendo el evento.

Zayn y Liam le dieron un gran abrazo.

—¡Felicidades amigo! Eso estuvo increíble, —dijo Zayn.

—Gracias, ¿no se notó que estaba nervioso?

—Para nada, —aseguró Liam. —Parecía que eras todo un experto en conferencias.

—Menos mal.

La gente se había ido, dejando a solas el lugar. Faltaba todavía una hora para abrir al público de siempre, por lo que Zayn colocó la radio, donde una vez más, sonaba “Here with me”.

Dejaron a solas a Louis, mientras iban a buscar copas limpias a la pequeña bodega.

En ese momento, Louis supo que no estaba solo.

—“Here with me...” —Cantaba la voz de Harry, que sonreía como hace mucho no podía. Con libertad, con ganas, con su corazón.

—Harry... Estás aquí...

—¿Cómo estás? —Preguntó abrazándolo con cariño.

Louis no pudo contestar, solo envolvió a Harry entre sus brazos, sintiendo como si el tiempo nunca hubiera pasado y solo fueran dos chicos escondiendo su amor.

—¿Qué haces aquí?

—Supe que venías a dar una conferencia y viajé desde Europa anoche...

—No lo puedo creer... Estás... hermoso... Y yo...

—Tú también. Me gusta tu barba que está creciendo, es suave... Y tus ojos brillan.

—Totalmente tu culpa.

Harry volvió a sonreír.

—¿Tienes tiempo de una cerveza?

—Sí, tengo todo el tiempo...

Se sentaron en la mesa más alejada y oscura, y cuando empezó a llegar el público del bar, Harry se colocó una boina y una bufanda para no ser reconocido. Sin embargo, nada podría eliminar la luz de su mirada.

—Te ha ido muy bien, —dijo Louis, aguantando las ganas de tomar las manos de Harry, o de preguntarle si aún seguía amándolo. —¿Eres feliz?

—No lo soy. Sí, me ha ido bien, soy reconocido y famoso, tengo dinero... Pero siempre seré un esclavo de una industria que jamás va a cambiar.

—¿Has pensado en dejar de hacer películas grandes? ¿Quizás dedicarte al teatro? ¿O algo así?

—Muchas veces, pero tengo un contrato por cinco años más... Me impide hacerlo. Espero con todo mi corazón que el tiempo pase lo más rápido posible.

—¿Cinco años? Eso es mucho...

—Lo sé... Me querían obligar a firmar uno por diez años, pero no sé qué cara les puse que aceptaron uno de cinco, con posibilidad de renovarlo. Pero no lo voy a hacer. Ahora que miro hacia atrás me pregunto si valió la pena dejarte ir...

—¿Te arrepientes?

—De dejarte... Completamente sí...

—También yo...

Se miraron en silencio por algunos momentos.

—Debo irme, —dijo Harry, levantándose.

—¿Te volveré a ver?

—Siempre que quieras... Ahhh, toma... Siempre está conmigo, pero creo que es más tuyo que mío.

Sacó un casete de su bolsillo, donde se leía “Here with me”.

Louis sonrió, feliz.

—También tengo algo para ti... —Buscó en su chaqueta, hasta encontrar un papel doblado. Tenía la letra de la canción escrita. —No ha habido día en que no la lea... es tuya.

Harry se fue, sintiéndose más feliz que nunca.

Y Louis se quedó sonriendo, pensando en que quizás no estaba todo dicho aún.

Un mes después, Harry volvía a Los Ángeles, y lo primero que hizo, fue ir a ver a Zayn al bar. Era una noche de día viernes, de invierno, de frío y gélido invierno.

—¡Volviste! —Saludó Zayn, con un abrazo.

—Sí, por fin terminó el rodaje. Ahora tengo un tiempo de vacaciones.

—¿Vas a quedarte aquí, en Los Ángeles?

—Depende...

—¿De qué?

—De ese chico hermoso que viene entrando...

Pronto apareció Louis, muy abrigado.

—¡Hola! —Saludó, mirando sin disimulo a Harry. —¿Cuándo volviste?

—Hoy en la tarde.

—¿Y te quedas hasta...?

—Por lo menos dos meses de vacaciones, a no ser que me salga otra película, pero no es lo que quiero. Estoy cansado.

—¿Quieres tomar algo?

—Un vino para calentar el cuerpo.

Y Louis pensó de inmediato en que había mejores formas de hacerlo. Él podía ayudar, pero no se atrevió a decirlo.

—Dos copas de vino, por favor, Liam.

Pronto la estaban disfrutando en la mesa más alejada que poco a poco se iba volviendo su favorita.

—¿Cómo estuvo el rodaje? —Preguntó Louis.

—Difícil... Esto de los superhéroes no es lo mío.

—Estoy seguro de que lo hiciste genial, eres muy buen actor.

—¿Has visto mis películas?

—Te queda alguna duda? Me las sé de memoria de tanto verlas...

—¿Y tú? ¿Para quién estás escribiendo?

—También me estoy tomando unas vacaciones. Tengo algunos artículos adelantados en caso necesario.

—¿Y te quedas aquí?

—No estoy seguro. Pensaba que volver a Londres podía ser una buena idea.

—Hay una ciudad muy pequeña en Italia, se llama Gubbio... Pensaba irme allá por unas semanas...

—¿Qué tiene de especial?

—Es muy íntima, vive muy poca gente y no hay problemas de fotógrafos molestos... Hay un mercado local muy bueno, y se respira paz.

—Suena muy bien. Podrías descansar lo que necesitas.

—Podríamos hacerlo...

La mirada de Harry estaba llena de dudas, de miedo y terror.

La mirada de Louis estaba llena de esperanzas e ilusión.

—¿Puedo preguntarte algo? —Susurró Louis.

—Lo que quieras.

—¿Aún sientes algo por mí?

Harry bajó la cabeza. —Nunca, ni un solo día, ni hora, ni minuto ni segundo he dejado de amarte. Siempre estás conmigo, te llevo en todo lo que hago...

—Igual que yo contigo... Mis letras están llenas de ti, como si siempre fueras tú a quien le escribo...

—Sabes que volver a intentarlo es complejo...

—Podemos ser solo amigos para la gente, nadie sabe que soy gay. Estoy dispuesto a aceptar tus relaciones laborales si eso significa que podemos estar juntos en la oscuridad.

—¿Estás seguro? No solo es eso, también los viajes y esas cosas...

—No me importa, de alguna manera lo haremos, pero Harry... Intentémoslo.

La sonrisa de Harry iluminó esa noche fría que congelaba a todos.

—Hagámoslo...

—¿Quieres ir a caminar? ¿Salir de aquí a tomar un poco de aire?

Y Harry volvió a sonreír.