1. Convenio de matrimonio
Dentro de su ser podía discernir entre la mezcla de sentimientos la ira, la impotencia y la frustración. Su sangre caliente recorriendo por los vasos sanguíneos de su cuerpo en todas las direcciones transportando la rabia que le provocaba aquella desagradable sorpresa de bienvenida.
No había pasado una semana desde que volvió del extranjero tras finalizar sus correspondientes estudios universitarios, el título en administración de empresas le sentaba perfectamente incluso antes de graduarse con honores y en menos de cuatro años demostrando ser un joven perspicaz, disciplinado y enfocado en su futuro.
Ciertamente desde su presentación como alfa, aquellas cualidades fueron notorias y con el tiempo lo único que su familia tuvo que hacer fue pulirlas para que se convierta en la imagen digna de un primogénito heredero de las empresas Min.
Era la dirección y la razón de su existencia.
Durante años todo lo que ellos hacían era hablarle de las empresas Min, el legado que extendía una cadena de generaciones ancestrales y que debía continuar expandiéndose durante los siguientes años por venir. Era su obligación como el siguiente alfa, tomar el control y hacerse cargo de toda una compañía industrial, no solo por deber si no también por derecho.
Y Yoongi estaba bien con ello. Tenía en claro lo que debía hacer para hacer sentir satisfechos a sus padres, no porque le importara realmente lo que eran capaces de hacer después de conocerlos en su infancia, más bien el verdadero motivo era la idea de heredar el poder, la autoridad, el respeto y la libertad que todo eso iba a traerle. Entonces podría afirmar que tenía en claro su meta, su proyecto de vida y el propósito de su carrera universitaria.
Sin embargo, volver al presente y descubrir que todo el esfuerzo que hizo en sus estudios académicos se veía opacado por una nueva obligación, era decepcionante. Aún si sus padres no podían decepcionarlos más, aún si nunca tuvo afinidad con ninguno de ellos y de hecho los detestaba con todo su ser.
Tal vez el error fue suyo ya que debió haber previsto un nuevo desafío para poner a prueba su perseverancia y su autocontrol. De igual forma, eso no cambiaba ninguno de los sentimientos que estaba reprimiendo con los puños apretados y la mandíbula tensa en su semblante inexpresivo.
Estaba tan enojado que si no fuera por su autocontrol habría destrozado toda la mesa, empezando por romper la copa de vino tinto y arrojar toda la comida en el rostro de Min Angwoo y Min Seulgi.
— Deberías acompañarnos. — sugiere la omega mirando al joven que apenas ha probado un bocado del almuerzo y se dedica a observar el trozo de carne atrapado en el tenedor de su plato.
Una risa nasal y sarcástica es la respuesta que obtiene de su parte. Yoongi ni siquiera le dirige la mirada continuando su minuciosa observación solo por ignorarla.
— Por qué.
— Para conocer al omega. Si van a casarse al menos deberías saber la clase de persona que es.
— ¿No es como si cambiara en algo sus planes o si? — suelta en un tono ambiguo. — No me interesa conocerle.
— Yoongi tiene razón. No necesita conocer al omega, de todas formas el convenio está hecho. Se casará y punto. -- Min Angwoo toma la palabra antes de que alguno de los dos lo haga, al parecer siendo el único satisfecho con la comida que ingiere gustosamente.
A su derecha, Seulgi mira a su esposo de forma recelosa optando por quedarse callada solo para evitar discusiones.
Yoongi por su parte no puede dejar de maldecir a sus adentros, el apetito había desaparecido por completo siendo reemplazado por un aumento en su temperatura corporal. No podía tragarse aquél calor porque desbordaría en cualquier momento.
Decidió ponerle fin.
— Eres una mierda.
Las palabras salen de su boca con una seguridad y firmeza inquebrantables. Sin arrepentimiento. Van dirigidas al mayor provocando un repentino silencio en la sala.
— Yoongi. — murmuró Seulgi temiendo la reacción de su esposo.
Angwoo suspiró exageradamente luego de detener los movimientos de los cubiertos sobre su plato. Y lo miró con severidad antes continuar de nuevo.
— No espero que entiendas por qué estoy haciendo esto por ti, solo cumple con tu deber Yoongi.
— Si mi deber es cumplir tus caprichos entonces di que tampoco me darás la empresa. — continuó hablando prepotente.— Renunciaré a la sucesión.
— ¿Caprichos? — Angwoo frunció el ceño ligeramente interesado por la actitud del joven, le parecía entretenido.
— Solo quieres joderme la existencia.
— ¿Crees que hago esto por capricho? — sonrió con burla viendo la ira de Yoongi queriendo salirle por los poros. — Casarte con un omega no es joderte la existencia, a como yo lo veo. Asumir a una presidencia es más que eso, tu imagen se volverá importante y los títulos importantes le quedan mejor a los alfas establecidos. Una pareja demuestra estabilidad, respeto, confianza-
— Putas mentiras.
— Me importa una mierda lo que pienses Yoongi. Vas a hacer lo que te digo si realmente quieres la sucesión ¿Quieres renunciar? Bien, hazlo. Vete a recorrer el mundo si lo deseas no me importa en tanto no tenga que darte un solo centavo.
— No puedes quitarme algo que no te pertenece, el legado de mi familia-
— El legado de tu familia te corresponde siempre y cuando aceptes todos los términos y condiciones hereditarios. — añade como un ultimátum. — Yo mismo me casé para adquirir mi propia sucesión. No eres el primer Min en ser obligado a casarse.
— Pero si el primero obligado a casarme con alguien que ni siquiera conozco. — replica más alto.
— No necesitas hacerlo, te agradará. — soltó convencido antes de meter un trozo de carne a su boca y masticar. — Como dije el convenio está hecho, anunciaremos tu compromiso en la fiesta que tu madre organizó para tu cumpleaños y se casarán lo antes posible. Entonces podrás asumir a la sucesión de la empresa. Está decidido.
Todo lo que Yoongi pudo hacer fue tragar duramente el amargo sabor por su garganta porque tristemente el costo del poder sería mucho más costoso de lo que había imaginado.
Los ojos color miel recorrieron la imagen frente al espejo de cuerpo completo enseñándole su propio reflejo, mostrándole su pureza, su transparencia y su desnudez a través de la fina tela que cubre absolutamente nada de su ser. Se encontraba simple y sencillamente expuesto de piez a cabeza.
Antes de eso había sido aseado rigurosamente, recibió un baño con esencias florales y cremas humectantes, su cabello fue peinado con dedicación hasta dejarlo suave y sedoso con un brillo dorado digno de una valiosa gema de oro, con su rostro fue más sencillo ya que todos en su familia aseguraban que no necesitaba maquillaje, su belleza era natural y perfecta tal cual.
Aunque tenía una ligera sospecha, no entendía el motivo por el cual estaba siendo preparado para lo que parecía ser una especie de bautismo. Pero su curiosidad aumentó cuando el sonido de la puerta de la entrada anunció la llegada de visitas a la casa.
— ¿Quiénes son? — preguntó con su voz dulce y cálida girando a ver a la única persona que podía despejar sus dudas.
— Es la pareja que te había dicho que vendría. — la beta se acercó al omega sin voltear su cuerpo del espejo dándole un abrazo superficial por detrás. — Están aquí por ti.
— ¿Los padres del alfa con el que voy a casarme? — vio a la beta asentir y otra pregunta surgió en su cabeza. — ¿Y él?
— No lo he visto, me sorprende que no haya venido aquí pero supongo que no importa. — contrarresta volviendo su atención a la belleza irreal del omega. — Te ves hermoso Jiminnie.
Jaeryn no puede evitar sonreír con melancolía frente al menor, quien estaba próximo a dar un siguiente paso en la vida. Se sintió en paz consigo misma corriendo un mechón del cabello dorado tras su oreja.
— ¿Y si no les agrado? — no era un atisbo de inseguridad si no de pura curiosidad.
— Van a adorarte. No solo eres hermoso, eres un omega bien portado y muy inteligente. Serían idiotas si no lo hicieran.
Una sonrisa de satisfacción aparece en los labios del omega ante las ocurrencias de Jaeryn, la beta que le había criado a su imagen y semejanza, sentía mucho aprecio por ella. Sus padres ni siquiera le habían dicho absolutamente nada de los planes que tenían para su futuro pero al menos estaría preparado mentalmente para todo lo que vendría gracias a ella.
Jaeryn siempre había sido leal. Incluso cuando en otras oportunidades tuvo que ver partir a sus hermanos mayores tras ser comprometidos con alfas adinerados, sus padres jamás les daban explicaciones.
La familia Park era sumamente numerosa, la pareja tenía más de siete hijos e hijas, quienes al momento de convertirse en omegas serían presentadas ante algún buen hombre para casarse, tal y como lo estaban haciendo con Jimin. De la misma forma que lo hacían siempre. Porque ese era el orden de las cosas.
Jimin dio una profunda respiración llenándose de valentía para salir de su habitación y bajar por las escaleras, lo hizo despacio y tomándose todo el tiempo necesario, oyendo más cerca las voces de los adultos conversando en la sala.
Su corazón palpitaba expectante y lleno de curiosidad.
Cuando llegó al final de las escaleras y pudo vislumbrar a las personas desconocidas desde una prudente distancia, todo fue más interesante.
Realmente no entendía lo que estaban hablando, se había quedado inmerso en la imágen del hombre robusto y pálido que destilaba imponencia, un poco más a la izquierda la omega de figura estilizada con una impecable sonrisa en sus labios pintados de rojo. Tuvo que parpadear para volver en sí cuando vio a los cuatro estrechar sus manos dando por finalizada lo que parecía ser una agradable charla.
De pronto, los ojos de su madre se encuentran con los suyos antes de sonreirle. Jimin quiere corresponder ese gesto pero todo lo que atina a hacer es avergonzarse al darse cuenta que los cuatro adultos le han visto.
— Anda Jiminnie, es hora de presentarte.
La voz de Jaeryn aparece por su detrás transmitiéndole calma y dándole el valor para poder acercarse.
Pasos inciertos pero curiosos al mismo tiempo son los que sus pies le obligan a dar, siendo impulsado por la beta que le acompaña en su camino hasta plantarse frente a sus padres y por supuesto, frente a la pareja que no deja de observarle de pies a cabeza.
Park Hyeji es la primera en levantarse del cómodo sillón, con una sonrisa de oreja a oreja tomando del brazo a su pequeño hijo.
— Les presento a mi hijo, Park Jimin. — comienza orgullosa sin borrar la sonrisa de su rostro. — ¿No es una belleza?
Min Angwoo no tuvo palabras que refutar, en silencio contempló la imagen digna de un omega perfecto. Totalmente convencido de que su precio lo valía.
Belleza sobresaliente, ojos claros de color miel y una mirada enternecedora, mejillas y labios rellenos de un ligero tono carmesí, cabello rubio dorado y un cuerpo curvilíneo sin imperfecciones en la piel que se aprecia detrás del tul. No conforme con todo lo que se ve, son capaces de distinguir un peculiar aroma dulzón emanando del cuello blanquecino del omega.
Sin embargo, todas aquellas notables cualidades no eran para Min Seulgi más que adjetivos sin valor. Su mirada mordaz no se apartó del menor en ningún instante, observándole desde una postura superior.
— Si que lo es. — respondió Seulgi más que por gusto, una afirmación para terminar de una vez por todas con este teatro.
— Y como dije, mi pequeño acaba de presentarse como omega, se encuentra en la cúspide de su ciclo y está más que preparado para un alfa dominante. — aseguró Hyeji.
— ¿Cómo sabremos que no miente? — Angwoo simplemente quería permanecer más tiempo observando al pequeño omega en su desnudez. Agradecía a su instinto y su experiencia por mantenerse a raya.
— He pasado estos últimos meses educando a mi hijo, le aseguro señor Min que no se arrepentirá, Jimin es un omega bien portado, obediente y sumiso. Ven aquí, cariño.
Jimin tragó saliva acercándose a su madre inmediatamente. Hyeji tomó sus hombros y lentamente deslizó la tela de su cuerpo dejándole completamente desnudo frente a los dos desconocidos, exhibiendo no solo su cuerpo si no su obediencia y sumisión para que no tuvieran dudas de las palabras que decía.
— Nuestro Jiminnie ha tenido ciclos de calor muy fuertes, fue difícil mantenerle tranquilo. — informó el alfa Park con la intención de convencer a la omega, pues el alfa Min estaba más que satisfecho y lo podía ver en su expresión.
Seulgi entendió su propósito inmediatamente y se acercó dos pasos para levantar con su mano el mentón del omega. Sus ojos se vieron por breves instantes en los que el menor no pudo mantenerle el contacto visual y volvió a bajar la cabeza. Había algo que no le gustaba, estaba segura de que tanta perfección era imposible y en la mínima oportunidad se encargaría de descubrir aquella mancha que trataba de esconder bajo esa insulsa inocencia. Sin embargo, de algo estaba convencida y es que el omega olía a pureza.
— Me gusta. — dijo finalmente volviendo al lado de su esposo. — La siguiente semana realizaremos la fiesta de cumpleaños de nuestro primogénito, quiero al omega preparado para entonces, anunciaremos el compromiso y podrán contraer matrimonio para su siguiente ciclo.
Los Park sonrieron contentos.
— Así será querida Seulgi.
Pero Jimin guardó su sonrisa para sus adentros. Porque apenas había asimilado que iba a casarse con alguien que no conocía y eso estaba bien. Porque ese era el orden de las cosas.
Cuando el famoso cumpleaños número veintiuno de Min Yoongi llegó no fue una celebración bonita para el susodicho.
Durante el día, la noticia de que iba a anunciar su compromiso con un misterioso omega, transcurrió como susurros por todo el pueblo de Gyosan y Seulgi tuvo que salir a pedir discreción en los medios locales para no arruinar la sorpresa que tenían preparada para la noche.
Yoongi había pasado todo el día en las empresas Min junto a Angwoo para realizar algunos traspasos y cambios en la organización, lecturas de documentos y su próxima sucesión. Así que para las diez de la noche el alfa se encontraba agotado física y mentalmente.
Seulgi podía entenderlo pero se había esforzado tanto para preparar la celebración que al menos esperaba su presencia en el salón junto a todos los invitados, quienes eran parientes y en su mayoría socios de la empresa.
Lo encontró en la soledad de una de las habitaciones del segundo piso, Yoongi estaba parado frente al balcón de ventanas abiertas fumando un cigarrillo y cuando se acercó no pareció importarle su presencia. Continuó ignorándola con su vista en la entrada del palacio.
— Deberías estar abajo. Todos los que están aquí presentes han hecho un tiempo para ti en su agenda. – anunció con cierta convicción en su tono ligeramente ameno.
— Yo no pedí esto. – soltó secamente junto con el humo del cigarro.
— Al menos podrías valorar el esfuerzo que hice por ti. No espero un gracias de tu parte pero -
— ¿Un gracias? ¿Estás bromeando? – no era necesario mirarla a los ojos, Seulgi podía intuir perfectamente el trasfondo de aquél tono sarcástico. — ¿Tú y tu esposo han hecho de mi vida un infierno y esperas que te agradezca por eso?
— No mezcles las cosas, estoy hablando de esta noche que es tu fiesta. – protestó acongojada.
— Y el anuncio de mi condena. – agregó amargamente.
Seulgi entendió a qué se refería e iba a protestar nuevamente pero se tragó sus propias palabras al quedarse sin argumentos válidos en su defensa. Ya le había explicado que ella no tenía nada que ver con la decisión que Angwoo tomó respecto al inesperado matrimonio pero su opinión no importaba.
El sonido proveniente de un carro estacionando en la entrada fue la perfecta distracción para la conversación y la omega siguió la dirección por la que Yoongi ya se encontraba viendo. Ambos se quedaron expectantes por ver de quién se trataba. Y en el preciso instante que la figura juvenil de un rubio omega apareció, no fueron necesarias las palabras para darse cuenta de quien era.
Se trataba del omega que sería su obsequio de cumpleaños, aquél con el que iba a casarse.
Anteriormente, Seulgi le había dado una descripción detallada sobre su apariencia incluyendo la inocencia en el pequeño que miraba alrededor con ojos curiosos y deslumbrantes, tal y como un pequeño niño descubriendo un mundo de fantasías.
Ella suspiró volviendo la vista a su hijo para observar cada una de sus expresiones y tal como esperaba no pudo descifrar nada.
— Es muy hermoso. – intentó persuadirlo sabiendo que tiene razón. Yoongi no respondió y continuó hablando. — Tal vez llegue a gustarte con el tiempo. Podrías empezar esta noche con una charla -
— No pienso hablarle. – le cortó antes de que pudiera seguir, sin perder la vista del omega que se adentraba al lugar.
— En algún momento tendrás que hacerlo. Tendrás que marcar su cuello, embarazarle y formar una familia con ese omega. — el silencio que le devolvió fue la respuesta que estaba acostumbrada a recibir. Suspiró hastiada. — No te pido que te enamores solo que finjas. Podrás acostarte con quien te plazca si es aburrido pero al menos haz lo que se espera de ti a los ojos del mundo.
El alfa chasqueo sus dientes luego de escuchar las soluciones que ella planteaba. No quería creer que fuera tan cínica y peor aún, atreverse a decir aquellas atrocidades.
— ¿Lo que se espera de mi?
— Al menos esta noche, sé un caballero, sé amable, muestra interés por tus invitados y especialmente por tu reciente pareja. Esta es la razón por la que quería que se conocieran antes.
— Eres la única a la que le preocupa. — contrarrestó dando otra calada a su cigarro.
— Hablo en serio Yoongi. Baja en este mismo instante o me veré obligada a acudir a tu padre. — soltó como última advertencia antes de salir de la habitación.
— Él no es mi padre. — para su mala suerte o tal vez no, no consiguió que la omega escuchara sus palabras.
De todas formas, tuvo que hacer el esfuerzo de enfrentar la situación y acabar de una vez por todas con el desafío que le imponían. Porque todo sacrificio valdría la pena si las empresas Min eran su recompensa. Y con esa mentalidad decidió salir de allí y fingir demencia.