La Carta Que Te Escribí |Selmsong| [Cravity]

Summary

Park Serim escribió una carta para Song Hyeongjun. Song Hyeongjun escribió una vida para Park Serim.

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One Shot

“Querido Hyeongjun o Jjunnie, como lo prefieras…”

—Hola, soy Hyeongjun— se presentó ante mí un chico que se sentó a mi lado en clases de literatura aquel día de septiembre.

Yo tenía quince años.

Lo primero que vi no fue su rostro, sino el libro que tenía en sus manos.

—¿Charlie y la fábrica de chocolates?— recuerdo haber preguntado con una débil sonrisa.

Él me miró con cierto enojó.

—Es mi libro favorito... Si vas a burlarte...

—Es mi libro favorito también— recuerdo haberlo interrumpido con una sonrisa.

Y fue cuando lo vi por primera vez.

Tenía el cabello rizado, y una sonrisa que parece haber nacido a partir de ese comentario. Sus ojos eran redondos y marrones, como el chocolate amargo.

Pensé que era muy hermoso.

—¿Puedo llamarte Jjunnie?— pregunté de repente. Siempre me gustó tener un apodo para las personas, pues si tenía nombres muy comunes no podía recordar quien era quien.

—¿Jjunnie?

—Muchos chicos en la escuela se llaman Hyeongjun— respondí mientras me encogía en hombros y tomaba su libro entre manos.

Al abrirlo encontré esquinas dobladas, páginas marcadas y manchas de tazas de café, por un momento no me interesó la historia plasmada en las letras, sino la que estaba en esas pequeñas marcas personales que él había dejado.

—Mis amigos me llaman Jun— notificó.

—Ellos te llaman Jun— dije con una sonrisa— Yo te llamo Jjunnie...

Allí comenzó todo.

“…No soy bueno suavizando las cosas, y creo que dar una larga explicación de lo que voy a decirte solo arruinará esta carta, así que lo diré sin rodeos:”

—¡Selm!— había gritado Hyeongjun en medio de la clase de educación física.

El apodo había nacido en una pijamada, Hyeongjun creía que si yo tenía un apodo para él, él debía de tener uno para mí.

—¿Qué sucedió?— pregunté con preocupación mientras llegaba a su lado con rapidez.

Él era bastante torpe con respecto a la educación física, así que debía cerciorarme de que él estaba bien cada cinco minutos.

—Nada. Es solo que te vi y no pude evitar sentir la necesidad de llamarte sólo para molestar— reí ante su locura, y con mis brazos cruzados intenté pretender que estaba enojado— Vamos, no te pongas así, te quiero— y, por primera vez, sentí mariposas en mi estómago.

“Estoy enamorado de ti…”

Hyeongjun y yo estábamos buscando libros en la biblioteca. Minhee, su amigo, también estaba con nosotros, pero creo que en realidad solo lo hacía porque después veríamos una película en casa de Hyeongjun y las palomitas serían gratis.

—Esta es una buena novela de amor— me dijo mientras señalaba uno de los muchos libros que él había leído en aquellas viejas estanterías.

Por supuesto que sabía que ese libro había estado entre sus manos. Hyeongjun y yo solíamos leer juntos.

—El chico le escribía cartas a la chica... ¡Era tan romántico!— me pareció una increíble idea.

“…No estoy jugándote una broma. Yo realmente me he enamorado de ti”

Hyeongjun y yo estábamos leyendo nuevos libros sobre su cama. Él tenía una taza de café entre sus manos y los audífonos puestos, yo intentaba leer, pero en ese momento creí que la historia que sus facciones me mostraba era más interesante.

Él arrugaba su nariz cuando algo no le gustaba, y sonreía al leer algo particularmente tierno. Se mordía el labio durante las escenas eróticas, y respiraba pausadamente al llegar a una parte particularmente triste.

—¿Por qué me miras?— preguntó de repente, creo que él había leído unas cincuenta páginas antes de darse cuenta.

—Porque creo que eres hermoso.

“…No sé si fue tu graciosa sonrisa, la forma en la que sueles comportarte frente a las diversas situaciones de la vida, el modo en el que me abrazas para intentar reconfortarme o la manera en la que me tratas, como si fuera mejor persona de la que soy, pero algo en ti produjo algo en mí”

—¿Sucede algo?— preguntó Hyeongjun mientras entrabamos a su habitación con un par de libros nuevos, yo no había hablado en todo el camino.

—He reprobado el examen de matemáticas— le conté con un suspiro— Woobin intentó ayudarme, pero creo que no sirvo para eso, soy muy tonto.

—No eres tonto— me interrumpió mientras me abrazaba, las mariposas en mi estómago se volvieron más locas que nunca— Eres más inteligente de lo que crees... Solo tienes que esforzarte un poco más.

—No puedo...— me negué entristecido.

—Claro que sí— me reconfortó, de repente él pareció tener una idea, pues se alejó de mi cuerpo y me miró con una hermosa sonrisa en la cual su lengua estaba entre sus dientes.

Creo que se veía adorable.

—Te explicaré si quieres— acepté, y tuve una de las mejores notas en el siguiente examen.

“…No sé si te sientes igual, pero Minhee me ha dicho que te ha visto raro últimamente, dice que te muerdes el labio al verme, y que sonríes y te sonrojas cuando te encuentra haciéndolo, dice que solo hablas de mí cuando estás con otras personas, y que cuando te digo que te quiero tus ojos se iluminan”

—Pero el libro fue un asco, en resumen, la protagonista estaba loca y el chico era un completo machista, no puedo creer que a la gente le gustan libros como esos— me quejé mientras rodeaba los hombros de Hyeongjun, quien estaba bebiendo una taza de café, con mis brazos.

Minhee y Jungmo, un amigo que había sido transferido ese año, se miraron de forma cómplice, como si supieran algo que yo no conocía.

—Te dije que no lo leyeras— dijo Jjunnie antes de terminar con su bebida, dejó la taza a un lado y recostó su cabeza en mi hombro mientras suspiraba, en esos momentos pensé que estaba cansado, pues los exámenes finales se acercaban y estábamos hasta que se hacía de madrugada estudiando.

—Deberías escuchar más a Jun— dijo Jungmo, a su lado Minhee miró a Hyeongjun y sonrió, yo me volteé a verlo y lo descubrí viéndome fijamente, pero creí que solo había sido una coincidencia.

No creí que tuviera motivos para mirarme.

—Sí, él sabe muchas cosas... ¿Recuerdas esa vez en la que olvidaste el cumpleaños de tu madre y te envió un mensaje para recordárselo?— pensé que nadie sabía eso.

—¿Cómo es que...?

—Jun nos contó— confesó Minhee con una sonrisa— Él solo habla de ti.

—¡Claro que no!— chilló Hyeongjun con una risita nerviosa antes de enterrar su rostro en mi cuello.

Mi corazón palpitando como loco me indicó que estaba perdido.

“…No sé si dice la verdad, Minhee está loco”

—¡Te digo que sí!— dijo Minhee mientras fingía buscar libros junto a mí.

Hyeongjun había ido a visitar a sus tíos, así que no estaba acompañándonos... Y lo extrañaba mucho.

—¡Estás loco! ¡Hyeongjun no está enamorado de mí!

—¡Qué sí!— rodé los ojos.

¡Minhee era tan terco!

—Mejor cállate... No quiero ilusionarme.

—¿Entonces él te gusta?

Pero yo no lo estoy, y no puedo decir más que la verdad.

—Estoy enamorado de él, Minhee—

“…Y la verdad es que me encanta cada pequeña parte de ti”

—¿Crees que soy bonito, Serim?— preguntó colocándose frente al espejo.

Él estaba usando un overol de jeans y una camiseta algo holgada, también tenía puestas sus gafas de lectura e iba descalzo, yo suspiré.

“…Desde tu sonrisa graciosa hasta ese pequeño lunar en tu mejilla”

—¿Por qué suspiras? ¿Qué tan mal estoy?— se burló de sí mismo mientras colocaba la lengua entre sus dientes y examinaba el diminuto punto color café en su mejilla.

Él estaba un poco loco por esa marca, supongo que lo hacía sentir como si tuviera un sello personal que lo hacía único entre las demás personas del planeta.

—No, Jjunnie— me negué con una sonrisa— Eres precioso.

“…Me gustan tus chistes aunque sean malos, y también la forma en la que tomas mi mano cuando no es tiempo de chistes”

—¡Hey, Selm!— exclamó mientras entraba a mi habitación con un vaso repleto de café y un libro nuevo— ¿Sabes cómo se dice suegra en ruso?— preguntó mientras se sentaba en mi cama justo a mi lado.

No le respondí.

—¡Storvo!— exclamó antes de comenzar a reír.

Yo reí con él, pero solo un poco, no me sentía bien ese día.

—¿Sucede algo?— preguntó mientras dejaba el libro sobre la cama y tomaba mi mano libre, yo suspiré.

—Estoy muy confundido— contesté tristemente.

Pero mi confusión era él, así que cuando me abrazó solo empeoró más la situación.

“…Me gusta verte leer un libro, pues tus ojos se iluminan con las miles de emociones que sientes en el momento”

—¿Ese es Howe?— pregunté mientras me sentaba en el suelo, justo frente a su cama.

Él tenía un libro desgastado en su mano derecha y una taza de café en su izquierda, él no me respondió con palabras, solo asintió.

—Este hombre estaba demente— rio.

—Lo sé— acepté.

Pero creo que el verdadero demente allí era yo, pues lo miré leer ese libro durante casi una hora, disfrute de sus ojos alegres, y de su mirada cristalizada, también vi enfado y confusión, y sé que, de haber mirado mis ojos, Hyeongjun habría visto amor.

“…Me gusta la forma en la que tomas esa taza de café mientras subrayas las citas que más te conmueven, y también la forma en la que te burlas de mí porque tardó demasiado tiempo en terminar los libros, la razón de esto eres tú, por supuesto, no puedo concentrarme cuando te tengo a mi lado”

—Amo tanto este libro— susurró mientras volvía a tomar su resaltador y marcaba una cita bastante larga que, deduje, le había gustado, la taza de café estaba presionada en sus labios, y una pequeña gota de esta bebida resbaló por su barbilla y cayó sobre las páginas.

Sonreí porque a él no parecía importarle.

—¿Cómo vas con el tuyo?— me sonrojé de inmediato, pues no había leído ni una página.

—No creo poder terminarlo pronto— quise agregar que la razón de esto era su presencia, pues al verlo allí, recostado en su cama, solo podía mirarlo, pero preferí callar.

—Eres muy lenta, Selm— río.

Si hubiera sentido mi corazón latir no habría dicho lo mismo.

“…Me gusta la forma en la que tus carcajadas salen por tu garganta, y también la forma en la que tus ojos brillan cuando hablas de algo que verdaderamente te apasiona”

—Y esa es la razón por la que amo a Monsta X— culminó luego de unos minutos.

Yo suspiré, pues había sido una charla larga.

—¡Espera! ¡Olvide algo!

—¡No, Jjunnie!— casi supliqué mientras escondía mi rostro en una almohada.

Y de su garganta salió la más hermosa carcajada de todas.

“…Amo tu voz al tararear cuando ni siquiera sabes que lo estás haciendo”

—Creo que es una bonita canción— dije mientras escuchaba los dulces sonidos que salían de sus labios al caminar hasta la biblioteca.

—¿De qué hablas?— al parecer no se había dado cuenta.

—De nada, Jjunnie, de nada.

“...y también los leves ronquidos que das al dormir tu siesta, siempre a las tres”

—Buenas tardes, Sra. Song— saludé a la madre de Hyeongjun— Sé que no me esperaba por acá, pero necesitaba traerle estos libros a Jjunnie, los ha dejado en mi casa, no tardaré mucho, lo prometo.

—Tranquilo, Serim— me dijo mientras acariciaba mi hombro— Siempre eres bien recibido, lo sabes... Hyeongjun está durmiendo, pero puedes entrar a su habitación y dejar los libros a su lado— yo solo asentí y subí las escaleras muy despacio.

Al entrar a su habitación él estaba durmiendo sobre una extraña mezcla de libros, pijamas y sábanas, yo reí, coloqué los libros en su mesita de noche y me senté a su lado para admirar, él tenía la boca entreabierta, estaba despeinado y roncaba levemente, pero pensé que se veía adorable, miré mi reloj, habían pasado quince minutos, me levanté y lo miré con una sonrisa, fue entonces cuando me incliné y besé su frente tiernamente.

—Ten lindos sueños, Jjunnie— susurré antes de marcharme.

“…Me encanta la forma en la que dibujas líneas sobre el papel pensando que es arte, y lo es, solo que muy complejo como para que los demás lo entiendan. Por cierto, no creo que tus dibujos sean un completo asco”

—Y este es Woobin— agregó mientras señalaba un montón de líneas en medio del papel.

Estábamos en la cafetería y sus ojos estaban cansados de tanto leer, así que había optado por hacer un dibujo.

—¿Lo ven?... Si en este dibujo no estuviera ninguno entonces se vería incompleto— Nos explicó suavemente mientras acariciaba sus trazos— ¿Qué les parece?— en ese papel había un montón de líneas sin sentido, colores esparcidos de aquí para allá e incluso una pequeña rotura en una esquina.

—Es un asco— dijo Taeyoung.

—Sí. Definitivamente el arte no es lo tuyo— le siguió Wonjin.

—La intención es lo que cuenta— lo reconfortó Allen, él ya se había graduado unos cuantos años atrás, pero trabajaba en la cafetería escolar para ganar dinero, él siempre pedía minutos libres para hablar con nosotros un rato.

Él me miró, y con sus ojos color chocolate me pareció que estaba suplicando que dijera algo bueno, y yo no vi los trazos, sino el significado que estaba intentando darle, pensé en que, en su cabeza, esas líneas tenían sentido, y deseé entenderlo.

—A mí me gustan— le dije mientras me encogía de hombros.

No le mentía.

“…Me gusta que seas un pequeño niño en algunas oportunidades y un maduro hombre en otras”

—¿Qué comeremos hoy?— pregunté a mis amigas.

—¡Pastel!— gritó Hyeongjun inocentemente mientras entrábamos a la cafetería.

Me reí, pero los demás lo miraron seriamente.

—Deberíamos comer ensalada— dijo Woobin.

—Pizza— siguió Seongmin.

—¡La ensalada es sana!

—¡La pizza es deliciosa!

Pensé que mis amigos comenzarían a pelear en ese momento, pero Hyeongjun se colocó entre ellos y los separó levemente.

—Pediremos una pizza vegetariana— decidió Hyeongjun, luego me miró traviesamente, y supe lo que venía a continuación— Luego pediremos pastel.

“…Me gusta la forma en la que te queda ese lindo pijama rosa que no has cambiado en años y que aún tiene la mancha de café que derramaste cuando uno de los protagonistas de tus libros murió repentinamente”

—Dime que no es el mismo que usaste la semana pasada— casi supliqué mientras lo veía salir del baño con el típico pijama de siempre.

Él iba a quedarse a dormir como todos los sábados, y creo que estaba seguro de solo haberlo visto usar esa camiseta rosa y esos pantalones despintados en el tiempo en el que nos conocíamos.

—Me gusta este pijama— dijo antes de recostarse a mi lado— Es viejo y cómodo... como tú.

—¡Hey! ¡Solo soy mayor por unos cuantos años!— me quejé.

—Lo sé, Selm— rió suavemente— Lo sé.

“…Me gustan muchas cosas de ti, y escribirlas todas en esta carta se me haría eterno”

—¡Selm!— gritó Hyeongjun desde el otro lado de la piscina.

Él había estado conversando con Woobin y Minhee mientras yo hacía competencias de nado con Taeyoung.

Lo dejé ganar, lo juro.

—¡¿Qué sucede, Jjunnie?!— pregunté desde ese lado.

“…Pero, para resumir, creo que eres asombroso”

—¡Te quiero!

Y la sensación en mi pecho me dijo que ya era hora de decírselo.

“…Me gustaría que fueras mi novio”

Lo miré nerviosamente mientras leía la carta.

Yo le había comprado su libro favorito y se lo había dado junto con la carta, él agradeció su nueva edición de Charlie en la Fábrica de Chocolates y abrió curioso la carta, en sus ojos supe que, al principio, se sentía desconcertado, yo estaba temblando frente a él, y sentía ganas de llorar, reír y gritar al mismo tiempo, quería arrancarle la carta de las manos, pero también quería que la leyera, no supe cómo sentirme cuando él me miró con una sonrisa y los ojos cristalizados.

—Si quiero ser tu novio— susurró tímidamente.

Y nos besamos por primera vez y puedo jurar que se sintió como estar en el cielo.

—Ahora déjame seguir leyendo— dijo luego de unos cuantos besos más— Esto se pone interesante.

“…Sé que tal vez tienes algo de miedo, yo siento lo mismo”

—¿Cuándo le diremos a nuestros padres?— pregunté mientras sujetaba su mano y dejaba un corto beso en su cuello.

Había pasado un mes desde que le había entregado la carta, y no sabían de nuestro romance más personas que él, yo y los protagonistas de nuestros libros.

—No lo sé— suspiró— No quiero que me separen de ti.

—Ellos no van a separarnos—le aseguré.

Me creyó.

“…He visto cómo reaccionan las personas al ver a dos chicos tomados de la mano mientras comparten un beso que podría ser eterno, los he visto señalando con el dedo mientras gritan que se irán al infierno solo por estar enamorados, he visto a madres alejando a sus hijos de esas parejas y a niños pequeños riéndose de ellos, como si el amor fuera gracioso”

—¡Serim y Hyeongjun son novios!— se burló Doyun, quien nos había visto besarnos en el laboratorio de química.

—¡Gays!—gritó Jiho como si fuera un insulto.

—¡Una palabra más y los golpeó!— amenazó Taeyoung.

Pero no funcionaron las amenazas, mis compañeros de clase seguían riendo.

—Vámonos de aquí, Jjunnie—susurré a mi novio, quien había comenzado a llorar.

En ese momento me pregunté por qué se burlaban de nosotros si solo nos estábamos amando.

“...Pero estoy dispuesto a soportar todo esto por ti, y espero que tú también por mí”

—¿Entonces Hyeongjun y tú son novios?— preguntó mi mamá, papá estaba a su lado, y un poco más atrás los padres de Hyeongjun, mis hermanos, escuchaban sentados en el sillón y la hermana de Hyeongjun, se abrazaba a él y le decía que lo quería mucho.

Yo tomé su mano y asentí.

Estaba listo para recibir un gran sermón... Pero ellos solo rieron.

—¡Esto merece un brindis!— exclamó el Sr. Song.

¡Se sintió tan bien saber que nos apoyaban!

“…Me gustaría llevarte al baile de graduación y verte con un hermoso traje, me gustaría besarte y decirte que te ves fantástico, y me encantaría que devolvieras el cumplido mientras te sonrojas y escondes tu cabeza en mi cuello”

—Eres hermoso— susurré por décima tercera vez en la noche mientras movíamos nuestros cuerpos al compás de una canción lenta.

—Tú eres hermoso— devolvió antes de esconder su rostro en mi cuello y suspirar.

Yo moví mi rostro y lo besé dulcemente mientras acariciaba sus mejillas, y ya no importó la música, ni el baile, ni los chicos que estaban a nuestro alrededor que cotilleaba sobre la pareja de gays que bailaba en el centro de la pista.

Éramos solo él y yo.

“…Me gustaría alquilar un departamento mientras vamos a la universidad y hacer locuras de enamorados en él, me gustaría empezar con un colchón inflable y unas cuantas latas de pintura, para finalmente darnos cuenta de lo mucho que hemos progresado”

—¡No!— exclamó divertido mientras yo dejaba una enorme mancha de pintura blanca en su mejilla— ¡Eres un idiota!

—Yo también te amo— dije mientras retrocedía.

Él solo rió y comenzó a perseguirme por todo el departamento, el cual era tan pequeño que no le tomó mucho tiempo alcanzarme y dejar una enorme mancha blanca de pintura en mi trasero.

—Estamos a mano— susurró mientras se acercaba para besarme.

Yo sujeté sus mejillas y profundicé el beso, no podía resistirme a él ni al sabor de sus labios sobre los míos.

—Dime que podemos usar ese colchón inflable— suplicó mientras metía sus manos bajo mi camiseta y se mordía el labio.

—Podemos— aseguré.

“…Me gustaría que compramos una casa -Lamento si estoy llevando esto muy a futuro, pero es lo que más anhelo en el mundo, Jjunnie- Estaría a diez minutos de tu trabajo y a veinte del mío, así que te llevaría todas las mañanas y pasaría a recogerlo en las tardes para luego ir a cenar mientras vemos una película”

—Te dije que trabajar con niños de preescolar no era divertido— le dije mientras él se cruzaba de brazos y gruñía.

Había tenido un mal día, pues uno de sus alumnos había tomado su libro favorito y lo había hecho trizas.

—Estaba en la mejor parte— se quejó.

Él tenía veinticinco años, pero yo lo dudaba de vez en cuando.

—Te noto estresado, amor— susurré mientras acariciaba su pierna suavemente, intenté concentrarme en el camino al mismo tiempo, pero era algo difícil— Te daré un masaje al llegar a casa.

—¿Eso quiere decir que no habrá película hoy?

—Exacto.

—Me parece perfecto.

“…Me gustaría proponerte matrimonio, y que tú dijeras que sí. No sé si sería muy romántico al pedírtelo, pero me disculpo por eso desde ahora”

—¿Por qué no nos casamos?— pregunté en cuanto ambos salimos del estacionamiento de aquel centro comercial.

“…Teníamos cuatro libros nuevos, una pizza, un par de sodas y un rompecabezas para el fin de semana”

—Porque no me lo has pedido— contestó con simpleza, yo ya había encendido nuestro reproductor y una canción popular y para nada romántica sonaba en la radio.

—Pues... ¿Te quieres casar conmigo?

Sé que no fue una forma muy romántica de pedírselo, pero fue algo que se dio en el momento.

—¿Por qué no?

Y eso fue todo.

“…Me gustaría que adoptemos un perro y le pusiéramos un nombre raro, él nos haría compañía cuando el otro esté lejos, y sería algo así como nuestro pequeño bebé”

—¡Mira, Gato!— llamó Hyeongjun a nuestro pequeño perro salchicha— Saluda a mamá— el nombre lo eligió Jjunnie, por cierto, yo sólo acepté porque me parecía gracioso tener un perro llamado Gato.

Yo estaba visitando a mi hermana, quien había dado a luz, así que estábamos hablando por video llamada, Gato subió a la cama dando un ladrido y comenzó a lamer la cara de Hyeongjun, quien reía a carcajadas mientras intentaba apartarlo, finalmente Gato se quedó quieto y miró a la cámara, supongo que me reconoció, pues empezó a ladrar, a agitar su pequeña cola y a lamer la pantalla del portátil de mi esposo.

—Eres un asqueroso, Gato— lo reprendió.

—No le hables así al pobre Gato— le dije mientras miraba a nuestro bebé, quien comenzó a ladrar aún más fuerte al escuchar mi voz.

—¡Gato! ¡Papá quiere hablar con papá!

Me reí al ver a nuestro pobre perro aullar y sentarse en la cama mientras golpeaba la mano de mi esposo con su hocico, supongo que sabía que se había portado mal.

—Pobre bebé— chilló— ¿Papi te ha regañado, bebé? ¿Papi ha regañado al pobre Gato?— él agitó su cola nuevamente, pero no ladró ni pasó su lengua por la pantalla del portátil, pensé que éramos una increíble familia.

“…También me gustaría tener hijos contigo. Dos si es posible, tú elegirías los nombres, por supuesto, tendrían tu sonrisa y dulzura, pero seguramente heredaría mi profundo amor por ti”

—Tu turno, Serim— dijo Hyeongjun en un bostezó mientras el llanto de nuestras gemelas, Hana y Haneul, se escuchaba a través del monitor.

—Fue mi turno hace una hora— me quejé.

—Fue mi turno durante todo el día, Park— dijo sin más— Ahora ve, no quiero que Gato comience a ladrar, ya sabes que tiene el sueño liviano— yo solo refunfuñe, me levanté, me coloqué las pantuflas y fui a la habitación de mis bebés.

—Creo que alguien se hizo popó— dije en cuanto alcé a Hana— ¡Oh! ¡¿Las dos?!— me sorprendí en cuanto tomé a Haneul con mi otro brazo— No pensé que las gemelas también se parecieran en eso— murmuré.

Las recosté sobre el cambiador y cambié el pañal de Haneul, luego seguí con Hana, quien me miró como reclamando por haberla hecho esperar.

—No te enojes con mamá, bebé— supliqué mientras ella chupaba sus manos, a su lado la perezosa Haneul ya se había dormido.

Era idéntica a Hyeongjun, tanto en físico como en personalidad.

—Vamos, sonríe Hana— la alenté mientras acariciaba su vientre levemente.

Ella solo alzó la comisura de sus labios y su lengua se deslizó unos segundos por sus encías.

Y al ver a Haneul durmiendo, a Hana riendo, a Gato recostado en el pasillo y al recordar que Hyeongjun dormía plácidamente en nuestra habitación, supe que no podía ser más feliz.

“…Me gustaría que acompañemos a nuestros hijos a su primer día en el kinder y que sea yo quien llore y no ellos”

—Y recuerden no hablar con extraños— siguió Hyeongjun mientras le entregaba su mochila de princesas a Hana, que la miraba con el ceño fruncido.

—Ya sabemos, papi— murmuró cruzada de brazos.

Era como ver a Song Hyeongjun siendo poseída por Park Serim en un cuerpo miniatura, y me encantaba.

—¿Le harás un lindo dibujo a papá?— pregunté a Haneul mientras colocaba su mochila azul, no había querido decoraciones en ella, mi hija creía que las niñas grandes ya no tenían dibujitos en sus mochilas.

—El más bonito de todos— susurró antes de abrazarme y plantar un beso en mi mejilla. Hizo lo mismo con Hyeongjun y luego se marchó corriendo hasta donde estaba su maestra.

Hana tuvo la intención de seguirla, pero la detuve.

—Song-Park Hana, ven acá y despídete de tus padres— ella se acercó cruzada de brazos con un resoplido y me dio un abrazo y un beso rápido e hizo lo mismo con Hyeongjun y luego se fue dando pasos largos.

No volvimos a entrar al auto hasta quince minutos después.

—Bien, he pedido el día libre, y sé que tú también, así que podemos leer un libro y hacer el amor antes de venir a buscar a las niñas— yo solo asentí lentamente mientras me aferraba con fuerzas al volante.

—¿Sucede algo, amor?— preguntó mi esposo mientras acariciaba mis brazos dulcemente.

Yo solo lo miré y sonreí con los ojos cristalizados.

—Soy tan feliz.

“…Me gustaría que nos desvelamos juntos para ayudarlos en sus tareas, y también que me pidieras no ser tan consentidor, pero no podrás culparme, Jjunnie, si van a parecerse a ti será imposible negarme ante sus caprichos”

—¡Te dije que no dejarás todo para última hora, Haneul!— reclamó Hyeongjun mientras intentaba ayudarla a hacer algunos ejercicios de matemáticas.

Ellas ya tenían nueve años.

—Vamos, Jjunnie, ella solo...

—¡No hables, Park Serim! ¡Todo esto es tu culpa!

—¡¿Mi culpa?!

—Tú las llevaste a ese tonto partido.

—No era tonto— protestó Hana cruzada de brazos.

Ella había olvidado su tarea de español, así que yo la estaba ayudando con eso.

—Si quieres vayan a dormir— les dije luego de un tiempo, se veían tan cansadas que no pude evitar sentir algo de lástima— Papi y yo terminaremos la tarea por ustedes.

—¡Serim!— se quejó mi esposo, pero las niñas ya habían salido corriendo— Deberías dejar de consentirlas tanto— me reclamó.

—Nunca.

“…Me gustaría conocer a sus primeros novios o novias y que tú tengas que controlarme para que no los saque a patadas de la casa”

—¡Park-Song Haneul!— la llamé en cuanto sentí la puerta abrirse y vi a las gemelas entrar al lugar, Hana iba de la mano con su novio Seojoon, el cual me desagrada porque solía decirle a mi hija que la quería.

¡¿Cómo podía decir que la quería si de pequeña no le había cambiado los asquerosos pañales?!

—¿Te veo mañana?— preguntó Seojoon suavemente, algo me decía que lo intimidaba.

—Supongo— contestó mi hija.

Él solo sonrió y besó sus labios unos segundos antes de irse, ella se sonrojó y bajó la mirada mientras escondía sus manos en los bolsillos del suéter que llevaba puesto... el cual era de él.

¡No le compraba ropa a mis niñas para que se pusieran la de cualquier mugroso!

—Papi y yo necesitamos hablar contigo, Haneul— le dije suavemente a mi hija, quien solo asintió y se sentó en el sofá para esperar.

Era hermosa con solo trece años, las dos lo eran, suspiré, y deseé con todas mis fuerzas que fueran felices, Hyeongjun atravesó las puertas de la cocina con el anciano Gato siguiéndolo.

—¿Puedo quedarme?— preguntó Hana, ella sabía de lo que hablamos, así que se lo permitimos.

Hyeongjun y yo tomamos asiento, listos para hablar.

—¿Por qué no dijiste que tenías novia, Haneul?— ella solo nos miró con los ojos muy abiertos y cristalizados, quise abrazarla al instante, pero Hyeongjun tomó mi mano.

Necesitábamos una explicación.

—¿Quién se los dijo?— preguntó mientras una lágrima corría por su mejilla.

—Yo— confesó Hana— ¡¿Qué?! ¡Algún día iban a saberlo!— Haneul suspiró.

—Ella tiene miedo— nos contó.

—¿Es en serio?— rió mi esposo— ¿A qué le tiene miedo? ¿A qué no las aceptemos?— él rió aún más— Por si no te has dado cuenta, Haneul, tu papá y yo somos dos chicos.

—No es eso— titubeó.

—Sabes que puedes confiar en nosotros, Haneul— dije— Vamos a aceptarte, amor es amor.

Hana solo río y me miró de forma extraña.

—En realidad, Suni... Sí, ella se llama Suni...— dijo Haneul... Bien, ya tenía el nombre de la chica a la cual pensaba matar si le hacía daño a mi bebé— Ella te tiene miedo, papi— oh... Allí estaba el problema.

“…Me gustaría llorar juntos la muerte de nuestro perro con nombre extraño, y sentir que hemos perdido parte de lo nuestro, y me gustaría estar allí para que nuestro dolor no fuera solitarios, y también para ir al refugio y adoptar una mascota nueva, no para suplantar a nuestro primer perro de nombre extraño, sino para tener a otro a quien dar amor”

—¿Éste?— pregunté a Hana y Haneul al ver a un Golden Retriever de pelaje blanco, ellas tenían quince años, exactamente la edad que yo tenía cuando había conocido a Hyeongjun.

—Me gusta— dijo Haneul dulcemente.

—Como sea— contestó Hana, pero en sus ojos vi felicidad.

Y ese mismo día adoptamos a Pez.

“…Me gustaría llorar junto a ti mientras nos damos cuenta de que las niñas ya no son niñas y ahora van a la universidad, me gustaría sujetar tu mano y sentir que no estoy solo, me gustaría sentir que te tengo a ti y a nuestro segundo perro de nombre extraño”

—¡Pez!— llamó Hyeongjun, empezaban a salirle algunas canas, y ahora usaba gafas de forma casi permanente, pero yo aún creía que era hermoso.

Jamás dejé de creerlo.

—¡Deja a Hana y Haneul! ¡Tienen que irse!

Ellas solo dejaron una suave caricia en Pez y caminaron hasta nosotros para finalmente abrazarnos fuertemente.

Me sorprendió ver que la primera en ir al auto fue Haneul, y también al sentir a Hana llorar sobre mi hombro y abrazar a Hyeongjun, quien también lloraba.

—Los quiero— susurró con lágrimas en los ojos.

—Yo también te quiero, bebé— le correspondí.

Hyeongjun no dijo nada, pues no podía, él simplemente besó la mejilla de Hana antes de que se marchara, y tomados de la mano y con Pez a nuestro lado, Hyeongjun y yo vimos a nuestras hijas marcharse.

“…Me gustaría conocer a nuestro primer nieto y dejar caer lágrimas de alegría”

—Míralo, es idéntico a Hana de pequeña— susurré mientras alzaba al pequeño Minjoon.

—También se parece a Haneul— susurró nuestra agotada hija desde la cama— Somos gemelas ¿Lo recuerdan?

Hyeongjun rio y besó su sudada cabeza como si ella aún fuera una bebé.

—Te pareces tanto a tu madre— susurró antes de mirar fijamente a Juwon, el novio de nuestra hija y uno de los responsables de que ese bebé estuviera en ese mundo— Y será mejor que tú te cuides bien, mi esposo muerde.

Todos reímos ante el comentario de mi esposo excepto Juwon, quien me miraba asustado.

—¡Grrr!— gruñí suavemente.

Hyeongjun simplemente me señaló con sus manos, las cuales seguían pasando las páginas de los libros, acariciando el pelaje de Pez y haciéndome suspirar la mayoría de las noches.

—Te lo dije.

“…Me gustaría que los lleváramos a pasear y que todos en sus escuelas piensen que tienen abuelos geniales”

—Ya lo sabes, Jungsoo— dije al pequeño niño de cinco años que sujetó mi mano y la de Hyeongjun— Debes portarte bien porque mami Haneul te lo pidió ¿Vale?— él asintió dulcemente.

Era lacio y tenía ojos pequeños, pero aún veía un poco de Hyeongjun en él, su sonrisa era idéntica, y también el brillo en sus ojos, su humor era el mismo.

—Son los mejores abuelos del mundo— dijo mientras nos abrazaba las piernas tan fuertemente que pensé que íbamos a caernos.

—Yo lo soy— dijo Hyeongjun con cierta diversión— El abuelo Serim solo intenta imitarme.

Y puede que no todos los niños pensaran que éramos los mejores, pero Seojoon y el pequeño Minjoon lo pensaban, y ellos eran nuestro mundo.

“…Me gustaría amarte, amarte cada día más”

—¿Crees que soy bonito, Serim?— preguntó colocándose frente al espejo.

Él estaba usando un camisón para dormir, pantuflas, gafas que poco se quitaba y llevaba el grisáceo cabello recogido en una coleta en la coronilla de su cabeza, yo suspiré.

—¿Por qué suspiras? ¿Qué tan mal estoy?— se burló de sí mismo mientras colocaba la lengua entre sus dientes, riendo como cuando éramos adolescentes, y examinaba el pequeño punto color café en su mejilla ligeramente arrugada.

El lunar seguía allí, y seguía siendo como su marca personal.

—No, Jjunnie— me negué con una sonrisa— Eres precioso— y decía la verdad.

“…Te amaría con arrugas, estrías, incontinencia y Alzheimer y supongo que tú me amarías con eso y un agregado de sordera”

—Te amo— susurré mientras intentaba preparar un emparedado... ¿Dónde había dejado el tomate?

—¡¿Qué?!— preguntó en voz baja, o creo que lo hizo en voz alta, yo ya no escuchaba bien.

—¡Te amo!— le grité.

—¡Te amo también!— me contestó con una sonrisa que no dejaba de recordarme al chico del cual me había enamorado.

Puede que él tuviera arrugas ahora, y que su piel ya no fuera tersa como antes, ya no teníamos sexo con tanta frecuencia, y a veces nos perdíamos en nuestra propia casa, pero cada vez que lo veía sentía que seguíamos teniendo quince años y que nos quedaban un montón de años por vivir.

“…Cerca del final iríamos mientras recordamos lo que hicimos en el pasado, y apreciaríamos la cabeza de nuestro tercer perro de nombre raro entre risas”

—¿Recuerdas esa vez en la que nos escapamos de casa solo para ir a un motel?— preguntó mientras se sentaba en la silla que estaba a mi lado con la ayuda de su bastón, abraham Shakespeare, nuestro dálmata, se sentó a sus pies.

—Sí, hombre— le contesté— Estábamos locos— los dos suspiramos.

—Que bonito era ser joven— creo que dijo.

Y tenía razón, pero había vivido tantas cosas buenas que no las habría cambiado ni por una vida llena de juventud eterna para mí y para Hyeongjun.

“…Y sujetará tus manos hasta el final, y, a pesar de mi ceguera, intentaría mirarte”

Reacomodar mis gafas mientras la máquina producía un extraño ruido, el doctor nos dijo que él estaba muriendo, pero me negué a creerlo, meses atrás, cuando detectaron su cáncer terminal, había pensado que podría tenerlo un poco más, pero él había sucumbido muy de pronto, y ni siquiera habíamos conocido a nuestro quinto nieto, tampoco habíamos ido a pasear a ese lago o habíamos ido de viaje a Francia, pero era tiempo de despedirnos. Sujeté su mano, sabiendo que era la hora, nuestros hijos y nietos nos rodeaban, y yo estaba llorando porque estaba perdiendo al amor de mi vida, al hombre con el que había vivido durante setenta y ocho años.

—Jjunnie— susurré mientras veía su pecho subir y bajar con dificultad.

—Selm— no me había llamado así desde hacía mucho tiempo, y escuchar esa palabra de su boca me aceleró el corazón tal y como pasaba cuando tenía quince años.

“…Y te seguiría amando”

—Te sigo amando, Jjunnie, y sigo pensando que eres precioso.

—Yo también te amo— susurró.

Y luego me soltó la mano.

“…Creo que ha sido una carta bastante larga, así que terminaré estas cursis palabras con una frase que -espero- jamás dejaré de usar:

Te amo siempre,

Park Serim”.