Dos Mundos.

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Summary

Laura no busca problemas. Solo quiere escapar, aunque sea por unas horas, de una realidad que pesa demasiado. Cuando entra a un mundo alterno donde todo parece más libre, más intenso y más real de lo que debería, no imagina que está cruzando un límite invisible. Allí conoce a Adrián. Misterioso, protector, inquietantemente atento. Con él, ese nuevo mundo deja de ser un juego y se convierte en un refugio… y en una trampa. A medida que ambos mundos comienzan a mezclarse, Laura descubre que nada ocurre por casualidad. Cada decisión deja marcas. Cada acercamiento tiene un precio. Y no todas las verdades quieren ser descubiertas. Dos Mundos es una historia de obsesión silenciosa, deseo, control y realidades que se doblan cuando alguien cruza demasiado lejos. Porque algunas puertas, una vez abiertas, no se pueden cerrar.

Genre
Thriller
Author
Karol
Status
Complete
Chapters
30
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

Conexión.

La habitación estaba casi a oscuras, iluminada únicamente por el brillo azul que salía de los lentes de realidad inmersiva que Laura llevaba puestos.

El reloj proyectado en la pared marcaba las 03:17 a.m., pero para ella la madrugada siempre había sido el mejor momento: el mundo afuera se callaba, y su mente podía escapar a otro lugar.

Ajustó las correas del VR-NeuraLink X7, un dispositivo que no solo mostraba imágenes, los lentes operaban mediante una interfaz neuro-sináptica avanzada.

Un conjunto de microelectrodos internos captaba la actividad eléctrica cerebral, identificando patrones de movimiento, percepción y respuesta emocional.

Estas señales se traducían en tiempo real dentro del sistema, permitiendo que el usuario proyectara su conciencia directamente en el entorno virtual.

El cuerpo permanecía inmóvil en el mundo físico, pero la mente ejecutaba cada acción dentro del juego como si realmente estuviera allí: caminar, sentir texturas, percibir cambios térmicos y responder a estímulos sensoriales generados artificialmente. Era, en esencia, un traslado neurológico temporal, una simulación total construida sobre impulsos neuronales reales. Cuando ingresaba, no era un simple avatar: su cuerpo astralizado se convertía en la versión que ella elegía, sintiendo el viento, el frío, los pasos en la tierra, el peso de un arma como si existiera de verdad.

Un pequeño temblor recorrió su pecho, esa mezcla de emoción y miedo siempre venía antes de conectar.

—Conectar —susurró.

La habitación se deshizo alrededor de ella como si fuera humo. Laura apareció justo en el mismo punto donde había quedado la última vez. La transición siempre era suave, como un parpadeo largo. Al abrir los ojos, lo primero que vio fue el horizonte extendiéndose frente a ella, una mezcla de tierra reseca, colinas oscuras y un cielo infinito que parecía arrastrar tormentas viejas. El lugar tenía ese silencio particular que ella ya conocía: un silencio que no era vacío, sino lleno de sonidos lejanos. El viento soplaba con fuerza desde las montañas, moviendo el polvo y agitando las ramas secas de los árboles que quedaban en pie. No eran muchos; la mayoría estaban torcidos, como si hubieran sobrevivido apenas a un incendio antiguo. A su izquierda, el terreno descendía suavemente hacia un valle amplio. Desde allí se veía un río estrecho, casi siempre bajo, bordeado de piedras y troncos que la corriente arrastraba después de alguna tormenta fuerte. La luz del cielo gris se reflejaba en el agua, dándole un tono apagado, casi metálico.

Más al fondo, las ruinas de lo que alguna vez fué un pequeño pueblo seguían allí, quietas. Casas con paredes caídas, techos hundidos, ventanas sin vidrio. La naturaleza había comenzado a treparse por encima de todo: hierbas altas en las escaleras, enredaderas marcando los bordes de las puertas, musgo en lo que quedaba de los muros. Algunas chimeneas todavía se mantenían erguidas, como solitarios testigos de una ciudad que ya no existía. A la distancia, sobre una colina, Laura veía a varios jugadores reunidos alrededor de una fogata. Se movían despacio, como si discutieran algo importante. Uno marcaba un mapa extendido sobre una roca; otro señalaba hacia el bosque con la mano, mientras un tercero revisaba su mochila. Era común ver grupos así, organizando rutas antes de salir a explorar o cazar. A veces parecía que vivían allí de verdad. El bosque que bordeaba la colina era lo más imponente del paisaje. Árboles enormes, gruesos, cubiertos de corteza oscura. Las copas eran tan densas que la luz apenas entraba. El viento hacía que las ramas chocaran entre sí, produciendo ese sonido hueco que siempre la ponía alerta. De vez en cuando se escuchaban ruidos más profundos, más extraños, provenientes de entre los troncos, como pasos muy pesados o respiraciones distantes. Nadie sabía exactamente qué criaturas habitaban allí dentro… pero todos sabían que no era buena idea entrar solos.

Laura respiró hondo. El aire tenía olor a tierra mojada, a vegetación marchita, a humo antiguo. Nada en ese mundo era perfecto ni diseñado para asombrar. Era crudo, duro, y por eso mismo tan real. Un mundo quebrado, pero todavía vivo.

Caminó unos pasos, sintiendo el crujido de las piedras bajo sus botas. Desde donde estaba, podía ver restos de un viejo camino asfaltado, casi devorado por el polvo y la maleza. Algunos vehículos oxidados seguían medio enterrados a los lados, con las puertas abiertas y los cristales rotos. Eran señales silenciosas de lo que ese lugar alguna vez fué… y de lo que nunca volvería a ser. Más hacia el oeste, se veía una estructura improvisada hecha con tablas y láminas de metal, donde varios jugadores solían almacenar suministros o dejar mensajes escritos. No había nadie ahora; solo una bandera hecha con tela vieja, moviéndose lentamente con el viento.

Laura se detuvo justo al borde de una pequeña ladera. Desde ahí, el paisaje se extendía completo ante ella. Ruinas, bosques, colinas, caminos abandonados… todo bajo ese cielo enorme que parecía apretar el mundo hacia abajo. Y aun así, había algo en ese lugar que siempre la hacía sentir más ligera que afuera.

Aquí todo era claro: sobrevivir, avanzar, explorar. Aquí nada se enredaba como en su vida real. Ella ajustó la correa de su mochila y miró hacia la dirección donde sabía que lo encontraría. Él solía estar allí siempre. Y sin pensarlo más, comenzó a caminar. Porque en ese mundo tan hostil… era donde realmente empezaba su historia.

Y entonces lo vió. El mismo muchacho con el que había coincidido en misiones pasadas. Alto, cabello oscuro, una barba bien delineada, cuerpo definido y una postura esbelta y segura. Pero lo que siempre la descolocaba era la forma en que él la miraba, como si reconociera algo de ella más allá de la pantalla, más allá del avatar.

—Pensé que no volverías hoy —dijo él acercándose, sin necesidad de saludar.

Laura respiró hondo, intentando sonar casual.

—Tenía cosas que hacer —murmuró mientras revisaba su inventario, evitando esa mirada que siempre le encendía una alarma interna.

Él soltó una risa suave.

—Siempre te vas cuando las cosas se ponen interesantes.

Un escalofrío le subió por la espalda.

No sabía si era por el juego...o por él.

—No debo quedarme mucho rato —dijo ella— Solo vine por la misión diaria.

Él avanzó un paso, ella retrocedió medio.

—Déjame ayudarte —propuso—. No quiero que vayas sola.

Ese era el problema:

Él siempre quería acompañarla. Siempre aparecía justo donde ella estaba. Siempre estaba atento, siempre siguiéndola, siempre… observándola.

Era amable, protector, incluso dulce… pero había algo más profundo, más oscuro, más intenso en su forma de estar cerca.

—No necesito protección —intentó decir ella con firmeza.

Pero él siguió avanzando un poco más.

El VR-NeuraLink transmitió la sensación de su cercanía: el calor, la respiración, la presencia. Demasiado real para un videojuego.

—No es protección —susurró él—. Es compañía.

El corazón de Laura dio un brinco extraño.

Había algo en él que siempre la atraía y la repelía al mismo tiempo.

Él dió un paso hacia adelante.

Ella otro hacia atrás. Y cuando sintió que él iba a cruzar una línea —quizá tocarle el brazo, quizá decir algo que no estaba lista para escuchar— Laura reaccionó como siempre que él se aproximaba demasiado.

—Desconectar.

Su cuerpo se disolvió en un destello blanco. Abrió los ojos en su habitación. El sudor le bajaba por la frente.

Se quitó los lentes con rapidez, como si escapara de algo tangible. Otra vez, el mismo patrón, llevaba varios dias asi, cada vez que él se acercaba… ella huía.

Dejó los lentes sobre la cama, tratando de calmar su respiración.

Pero antes de levantarse, una notificación apareció en el visor transparente del dispositivo. Un mensaje, del juego, era el.

En su bandeja personal.

Lo abrió.

> “Te espero mañana, no huyas de mi...”