Ámame || Wonton

Summary

Cuando amar se basa en un contrato, no hay mucho que una a los implicados. Existe una posibilidad de que el amor nazca, pero en escenarios depravados de humanidad. Donde el deseo es lo único que reina entre dos amantes y la necesidad inminente de que se impone.

Genre
Erotica
Author
emovere96
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Es que simplemente no, no puedo recordarlo muy bien. Cuando fue la primera vez, mi mente no me lo permite. Cuanto más te veo a ti, más suelo olvidar mi realidad. Es que hay algo en tu mirada que me envuelve, que me vuelve tan vulnerable. Ha sido así desde que tengo uso de razón, has estado alado mío todo este tiempo. Nuestras familias nos han unido y por cuestiones de la vida hemos permanecido. 

En la mesa no había otra opción que firmar, firmar para unir me a ti para siempre. Que se siente nacer con un grillete de amor, me vi obligado a amarte por condición, no tuve otra opción. Tenía que sobrevivir en este infierno de alguna forma y amarte fue la más sencilla de todas. Mas nadie me dijo lo duro que iba a ser amarte, cuando ni siquiera te dejas amar. Es que esa no es la manera de sostenerme, no es la manera de llevarme. Sabes que estamos juntos en esto, que durara toda la vida. Podrías al menos ser más amable conmigo, no tienes que amarme siquiera.

Me tomas del brazo llevándome a quien sabe dónde, me arrastras por los pasillos contigo. Yo mantengo un sepulcral silencio durante la caminata, no quiero provocarte más de lo que se supone que he hecho. Te juro que no sé nada de lo que está pasando, solo sé que te has enojado de la nada. Te miro a los ojos una vez llegamos a ese mirador, que da hacia el vasto jardín. Nadie está ahí para ver lo que vas a hacerme, una cachetada certera se ocupa en mi rostro.

Se siente justo como se ve, pero yo ya no soy capaz de reaccionarte. Solo me quedo mirándote con los ojos llenos de lágrimas, estas están a punto de desbordarse. Las contengo lo más que puedo, para no arruinar mi maquillaje. Sé que no te gusta que llore cuando estoy contigo, mucho menos cuando estamos en frente de la sociedad. Que debo mantener un rostro divino, sin tener tanto contacto visual con los demás. Porque eres un tipo celoso, uno muy peligroso la verdad.

Te acercas hacia mí para corroborar que el golpe, no se note lo suficiente como de costumbre. Sabes cómo golpearme en medidas correctas, acaricias el área ya enrojecida con las yemas de tus dedos. Tal parece que lo disfrutas más de lo que deberías, por el brillo que destellan tus ojos. Te encanta verme débil ante ti, más de lo que deberías como esposo. Más de lo que deberías como amante o cuando se nos dijo a ambos que intentásemos ser amigos. No tenía sentido que nos mintiesen así, pero entiendo ahora que solo éramos unos niños. Unos que no sabían nada de lo retorcidos que eran sus padres.

_Es toda tu culpa Wonbin, tu culpa por comportarte de esa forma. Por coquetearle a ese maldito mafioso, el cual quiere robarte de mí. _Anton acaricio el golpe mientras hablaba apacible.

Yo solo observe a Anton fijo. _Solo estaba siendo amable, no sabía que él me quería. _

Anton niega rotundo un par de veces._Sabes que no me gusta que le sonrías a todo el mundo, a la única persona que deberías sonreírle es a mí. _

_Entonces mejor mantenme encerrado en la mansión, como siempre haces cada que tienes la oportunidad. _ Hablo en un hilillo frente a su atenta mirada.

Puedo sentir como ajusta el agarre de su gran mano en mi rostro, duele como sujeta justo sobre el golpe dado. Gimo retorciéndome de dolor ante su mirada, su expresión ha cambiado a una desquiciada. Esa expresión de su rostro en el que se dibuja una sonrisa retorcida y una mirada fija de profundos ojos sombríos. Hace mucho que no siento miedo en presencia de esta, mi cuerpo ahora tiembla por otras razones. Es porque lo ansió como hombre, lo quiero a el ahora.

_Escúchame lo que estoy a punto de decir, porque parece que aun te cuesta entender tu cruda realidad. Te vendieron a mi desde que eras un crio, estas destinado a ser mi esposo hasta el fin de los días. Tú no tienes derecho alguno en la vida, más de él que yo quiera otorgarte. _Anton dijo de la forma más mordaz.

Me dolió que me repitieran mi realidad, recordar la pobreza en la que nací. El que mis padres se hayan ido de mi vida y me hayan dejado con este maniático. Quien se creía mi dueño y del cual dependía hasta para respirar. Me rompí en llanto sin importar si me volvía a golpear, si desataba su ira por completo. Así que yo llore frente a él, llore en silencio recordando mis penas. Viendo a la mayor de ellas frente a mí, acercarse para enjuagar mis lágrimas.

Causándome un gran conflicto al verle darme un beso en la mejilla, justo en la misma que me había golpeado hace poco. Quite mi rostro reacio de sus acciones, reacio de su posesividad. Yo no era solo un juguete que sus padres habían comprado, yo era un ser humano el cual era su legítimo esposo. Había sido acordado así para mantener el poderío de su familia y tener ese eslabón el cual pudiese ser controlado.

Un bonito eslabón la verdad, había crecido para convertirme en alguien considerado hermoso. Talvez por eso me habían recibido como intercambio y se habían quedado conmigo con esa condición. Era demasiado hermoso como para tratarme, que duraría poco siendo presa de pederastas.

_Eres hermoso incluso cuando lloras, así que lo dejare pasar por esta vez. Solo olvídate de volver a esa fiesta, te quiero de vuelta en la habitación. Prepárate para mí en lo que llego, quiero tenerte esta noche. _Anton sentencio.

Un remolino de frialdad bajo por mi espina dorsal, sabiendo lo que me deparaba esta noche. Sintiéndome miserable por aceptar su toque, incluso ansiarlo, ante todo. Tenerle era la única forma en la que su toque era suave, trazándose lentamente hasta hacerme quererle de maneras indecentes. Juro que hay algo que me posee cuando me dice que quiere tenerme, siempre estoy tan dispuesto para él.

Podría ser talvez, el hecho de que no conozco otro más que él, el hecho de que fue Anton el primero en todo. Desde una temprana edad, muy temprana para el gusto de cualquiera. Incluso de sus muchos cuidadores, que nos llegaron a descubrir innumerables veces. Me llegué a sentir sucio las primeras veces, pero luego empecé a disfrutar esa sensación de suciedad en mí. Ya más nunca medí si lo que estaba haciéndome era correcto o no, solo me dediqué a disfrutar de lo bien que se sentía.



Ya en la habitación me encargo de limpiar bien mi cuerpo, de perfumarlo con miles de productos. A Anton le gusta que ocupe cierta cantidad de lencería en mi cuerpo, nunca he sabido si eso es correcto para un hombre como yo. Lo único que sé es que sus ojos se encienden, puestos en llamas cuando me ve. Me miro al espejo acomodando las ligas que van en mis muslos, es bonito el conjunto que ocupo.

Con tela azul eléctrico y encaje de color blanco en ruchas. Hay ligas también en mis brazos y arrugadas en mis tonificados brazos. Mas el protagónico se lo lleva la gargantilla de encaje y lazos azul eléctrico que cuelga de mi cuello. Probablemente no durara más que el día de hoy, así que toco cada detalle del encaje apreciando el diseño.

_Te ves muy bien cariño. _Anton silba desde lejos.

Giro a verlo al reconocer su voz, Anton está observándome desde el marco de la puerta. Se queda ahí un buen tiempo, como apreciándome de arriba abajo. No se limita en resguardar sus ojos en lugares específicos, puedo ver el destello de brillo en ellos. Me siento tan vulnerable bajo su intensa mirada, me cubro a mí mismo como puedo con mis manos. Anton se acerca después de trancar la puerta, el sonido me retumba en las sienes en alerta. Me digo a mi mismo que está bien lo que va a pasar, que esto es lo que las parejas de casados siempre hacen. Un poco diferente de lo habitual talvez, ese pensamiento pasa por mi mente.

_ ¿Señor, lo crees así? _Hablo en un tono aterciopelado para él.

Anton se me queda mirando fijo. _Absolutamente divino. _

Debía llamarlo señor desde que entraba a la habitación, si no quería ganarme una cachetada a la primera. Yo era un tanto mayor que él, pero, Anton adoraba ese tipo de roles. Tomándome de la cintura para acariciarme lentamente, dando un vaivén de movimientos en zonas erógenas. Fue desde acariciar mi cuello hasta darle un ligero apretón que me dejo jadeando. Bajo sus manos hasta mis pezones y los acaricio dando divinos círculos sobre estos. A este punto ya estaba arqueando mi espalda y rozando mi respingado culo por sobre su erección.

Se concentró en mirar mis expresiones en el espejo, a Anton le gustaba mucho usarlo la verdad. Metió su mano en mi lencería sin previo aviso, ocupando toda su mano en mi extensión. Su mano caliente frotándose contra mi pene, me hizo dar estocadas erráticas a medida que aumentaba su toque. Me masturbo así por lo que se me hizo un tiempo largo, pero probablemente solo fueron minutos. Para entonces mis interiores ya estaban manchados, hechos un desastre debido al pre semen.

_Señor…_Deje ir un gemido en su nombre.

Anton beso mi cuello dejando ir mi erección, que luchaba ya contra la fábrica de mi lencería. Subió sus besos lentamente hasta llegar a mi oído, con claras intenciones de darme instrucciones de lo que haríamos luego. Yo estaba en todo lo que él me ordenase, sería su perra si era posible. Así de caliente me hacía sentir, perdía todo sentido común. Chupo el lóbulo de mi oreja de forma desordenado, me apegue a él como se debía.

_Acuéstate como se debe en la cama, piernas abiertas para mi cariño. _Anton comando entre susurros.

Escuche con atención a sus peticiones. _Sí señor. _

Asentí mirándolo directamente a los ojos, me había girado para poder encararlo como se debía. De una vez me dirigí hasta la cama para colocarme, pude sentir su mirada por sobre mí. Analizando cada detalle de mi vestimenta, que el mismo se había encargado de pedir para mí. Una vez en la cama, sentí el aire frio del invierno chocando contra mi cuerpo, en contraste con el fuego que emanaba de mis adentros. Mi erección creció en un parpadeo al tenerle encima, el disfruto de esa imagen con sorna. Me estabilice en mis codos para acercarme más a él, tentándole un beso. Tenía que hacerlo ahora que estaba cuerdo y no perdido en mi cuerpo.

_ ¿Qué quieres de mi cariño? _Anton hablo por sobre mis labios.

_Quiero un beso señor, sería mucho pedir talvez. _Dije ya borracho en su juego previo.

_Tus deseos son ordenes cariño. _ Anton sonrió ladino mientras recorría sus ojos a lo largo de mi cuerpo.

Un agarre en mi cuello versus sus labios contra los míos, intensificando el beso en sobremanera. Besándome como si el aire fuese a dejar sus pulmones, cuando era obvio que solo estaba dejando los míos. Su agarre en mi garganta me tenía asediado y prácticamente buscando un poco de aliento en sus labios. Sabía exactamente como ponerme a su merced, termino por revolcarse conmigo en una lucha de besos. Agresivo en su toque contra mi cuerpo y sus labios besando de manera desordenada cada lugar a los que llegaban.

Se despegó de mi luego de un rato, para entonces yo ya no estaba ahí del todo. Jugué con el encaje de mi juego, mientras lo veía trabajar en su cinturón. Era un cinturón grueso, no como los que regularmente usaba. Esos que ocupaba para atarme al cabezal de la cama o darme de golpes cuando le apetecía. Debía temerle a este en específico, pero en mi mente retumbaban cosas muy diferentes. Vi su pantalón aflojarse y pude ver su erección aflorando de sus pantalones. Su camisa desordenada en las mangas, que yacían recogidas hasta sus codos. Desabotono lo que quedaba de la camisa y la retiro con presura.

_ ¿Qué sabes hacer con eso mi señor? _ Se salió de mis labios sin previo aviso.

Él me miro después de escucharme decir eso, fingiendo que no me había escuchado bien. Sabía que en el fondo lo había hecho, no tenía duda de que era un traumado como yo. Él porque era así estaba en él, los dos nos habíamos destrozado para siempre. Nuestra percepción de cómo era el sexo, era tan retorcida. Se fue hasta su cinturón quitándolo, como quien se da por vencido ante la vida, lo acaricio con mucho cuidado.

_ ¿Qué quieres que haga? _Anton levanto ambas cejas en total expectativa ante mis siguientes palabras.

_Lo que tú quieras. _Me limite a decir.

Tragué hondo sin poder evitar, vi sus pantalones deslizarse en sus largas piernas. El cinturón seguía ahí entre sus manos, doblado de una forma específica. No parecía estar listo para atarlo en mis muñecas, mi sangre se puso fría. Debí haber escogido mejor mis palabras, debí haberlo hecho con la cabeza fría. Mi cuerpo tembló en una extraña combinación entre deseo y miedo. Una combinación que no sentía hace mucho y que no creía volver a sentir jamás.

Anton se me quedo mirando fijo. _Date la vuelta cariño, se bueno para mí. _

_ ¿Qué vas a hacerme…? _Trague hondo después de decir aquello.

_Obedéceme cariño, te va a gustar. _Anton aseguro con sorna.

Lo hice a pesar del miedo, porque el deseo me impulsaba. Mire de reojo por sobre mi hombro, como siempre lo hacía. Anton estaba acariciando el cinturón mientras miraba mi culo, respingado frente a él. La piel bronceada mostrándose para él, mi lencería no dejaba nada a la imaginación. Solo era un sencillo adorno a mi cuerpo semidesnudo, que estaba a merced de mi esposo. Él parecía estarlo disfrutando, por la manera en como mi lencería aún estaba puesta en mí.

_Hoy no habrá palabra de seguridad, haz sido un mal chico en navidad. _Anton sentencio.

Un certero golpe se dio en uno de mis glúteos, sentí el característico ardor recorriendo el área. Sabía que estaba rojo a la primera y que quedaría más rojo cuando Anton terminase conmigo. Mordí mi labio inferior guardándome mi primera reacción, avergonzado de que fuese un gemido. Sabía que eventualmente se escaparían de mis labios, pero quería saber hasta cuanto podría aguantar.

_Pero…_ Me le quede mirando confundido.

La palabra de seguridad era lo que me mantenía vivo, teniendo en cuenta como actuaba Anton en el sexo. Tenía la intensión de que la mantuviésemos en esta sesión, pero Anton no estaba del mejor humor. De por si el chico odiaba navidad, le abría una herida de infancia que no había podido saldar. Su familia no era la más unida, pero todos se cubrían las espaldas. Las fiestas no eran muy fraternales, más bien eran negociaciones de poder.

_Quiero intentar algo contigo, estas condicionado al dolor. _ Anton explico con calma. _ Probablemente te vengas a golpes ¿No te excita eso? _Dijo buscando tentarme.

Le miro de reojo con una expresión de confusión y mi rostro pintado en tonos rojizos. Mi pene se retorció por si solo al escucharlo, jure que esta era mi última tira de cordura. Respire casi ahogándome cuando lo vi volver a acariciar la gruesa correa de cuero, al menos agradecía que no usara la parte de la hebilla. El volvió a golpear mi culo con eso, pinchando una vez más en el mismo lugar. A ese golpe le siguió otro más y luego otro más después de ese. Gemí en voz alta con esa última pinchada en mi glúteo, sintiendo como ardía en sobremanera.

Mi pene goleaba por sobre las sabanas, estaba tan duro que dolía horrores. Me veía a mí mismo pidiendo que atendiese mi problema, no estaba permitido que me tocase en estos roles. Otro golpe más llego a mi glúteo libre, un gritillo se salió de mis labios. Luego de ese volvió a golpear en el mismo lugar, con una fuerza un tanto más aberrada. Volví a dejar ir otro gritillo, este aún más agudo que el anterior. Retorciéndome de placer, lo mire por encima de mi hombro con ojos suplicantes. Volvió a golpear como si nada, disfrutando de mi rostro sonrosado. Mis ojos estaban llenos de lágrimas de placer, cuando llego el siguiente latigazo. Lloriqueé por lo bien que se sentía y lo poco que podía creer que algo así me gustase.

_Más fuerte... _

Fue lo único que logre decir entre lloriqueos, mi culo estaba rojo como mi rostro. Él amaso contemplando el color y la textura suave de mi respingado culo. Volvió a golpear entre medio de las nalgas, esa fue la señal para correrme violento contra las sabanas. Un grito ahogado de por medio, susurre su nombre algo perdido. Sumido en mi propio orgasmo, sin siquiera ser tocado. Había sido golpeado de manera indecente, hasta correrme sobre las sabanas.

Sabía que no era solo el juego lo que me deparaba, la manera en cómo me posiciono en misionero lo dijo todo. Rompiendo mis bragas como si nada, para luego encargarse de bombear mi pene. Lo hizo rápido y con movimientos erráticos. Quería despertarlo incluso cuando yacía goteando de semen, pude agasajarme con la imagen de su gran mano dándome placer. Mientras gemía por lo bajo, lo miraba de vez en cuando, hasta que el me beso pasional.

_Me quieres mal. _Anton sonrió mientras me besaba.

Lo mire suplicante a los ojos. _Por favor. _

Lo hizo sin previo aviso, colocando dedos dentro de mí, siseé su nombre sin pensarlo dos veces. Marco su ritmo con el que tenía en contra de mi erección, he hizo tijeras haciendo que mi espalda se curvara ante la sensación. Tome las sabanas que habían debajo de mí en puñados, deteniendo las ganas de empujar contra su toque. Ya lo había hecho sin pensarlo un par de veces y no quería ser castigado por ello.

_Deja de moverte. _Me regaño.

Gimotee en respuesta, a lo que él me acallo con un beso. Profundo cuando nuestras lenguas se encontraron y se asediaron en una lucha. Probé de sus labios un par de veces antes de dejarlo ir y mirarle con los ojos de sexo más plenos que podía mirarle. Repitiéndome que lo que estaba pasando estaba bien, y que lo amaba más que nada. Lo que no esperaba era que lo desease tanto, que incluso lo llegase a exigir en voz alta. Tan desesperado salió de mis labios, una simple petición.

_Ámame. _Balbucee entre labios.

Lo pedí casi que, por favor, arraigándome a su cuello cuando sentí su extensión darse paso. Mordisqueé mis labios después de la primera estocada, rodé mis ojos en blanco cuando llego la segunda. No tenía merced en esas caderas, ni yo defensa en mi entrada. Gemí al ritmo de sus estocadas, dándole melodía a nuestro sexo. El sonido de nuestros cuerpos chocando me asediaba, me volvía loco en este laberinto de deseo. Dio un par de besos a mi rostro sonrosado, mientras yo moría de placer. Tratando de estabilizar mi cuerpo al compás de sus estocadas, que me movían completamente.

Lo sentía al bajar mi mano, el golpe terminaba en mi estómago. Joder era delicioso sentirlo, el dolor se había ido por completo. Me estaba dando como lo merecía, duro, crudo y estaba bien para mí. Nuestros cuerpos ajustaban bien, teníamos esa práctica de años. Yo era para él y él era para mí. Golpeo contra mi entrada un par de veces más, tan errático como cuando estaba por llegar. Sabía que pasaría lo mismo conmigo sentía ese cosquilleo.

Llegué antes que el pintando mi semilla contra su estómago, lo vi gemir más fuerte contra mis labios. Fue casi como un rugido, como una especie de animal. Mis paredes estaban apretándolo, lo dijo contra mis labios de manera desordenada. Errático ante sus halagos y el cómo lo tomaba tan bien. Gruño en voz alta, creo que ni siquiera lo pensó. Luego se dejó ir en mi sin problemas, era totalmente suyo. Nos quedamos ahí después de quedar hechos un desastre.

Paso un tiempo después de volver en sí, no sé cuánto en específico. Solo sé que lo encontré saliendo de mí, gimoteé en respuesta a ello. Anton me beso para aclamarme, me le quede mirando debido a ello. Él generalmente solo salía de mí y se vestía como si nada. Sin pensar en cómo quedaba, pero hoy parecía ser diferente. Se había quedado ahí conmigo y seguía acariciándome mientras contemplaba mi rostro cansado. Estaba hecho un desastre, ese brillo después del sexo se alojaba en mi cuerpo.

_ ¿Quieres ducharte conmigo? _Anton dijo de la nada.

Asentí sobre sus labios, para después dejarme cargar de él. Me apegue a su cuello como siempre, para que luego me llevase a la regadera. Se encargó de limpiar mi cuerpo con cuidado. Tan delicado conmigo, que casi olvidaba sus juegos retorcidos. Pasando una esponja por todos esos lugares, donde sus manos habían pasado de manera sádica. Lo mire con mis grandes ojos de boba, esperando alguna conversación de su parte. No hubo nada más que una conversación de besos entre nosotros, me beso dulce en los labios.

Justo lo estaba haciendo en esos momentos, mientras estábamos bajo la regadera. Bajo sus besos hasta mi cuello, ocupo sus manos en mis caderas. Alzo mi cuerpo contra el suyo y sin problemas se introdujo en mi entrada. Me aferre a sus hombros esperando ese rápido, sabía que no podía subestimar su trote. Me hizo saltar sobre su extensión despacio, se mantuvo así por unas solidas diez estocadas.

Ese choque lento de nuestros cuerpos me mataba, sabía que llegaría rápido si seguía así. Gemí un par de incoherencia de las que no me enorgullezco, cuando su velocidad fue volviéndose más constante, sus estocadas más fuertes contra mi entrada. El eco del baño hacia melodía de mis gemidos, podía sentir su sonrisa contra mi cuello. Le encantaba tenerme así, entre sus brazos siendo follado por él.

_Eres tan perfecto. _

Me dio más duro mientras me ahogaba entre sus brazos, ya no había necesidad de sostenerme en sus hombros. Aun así, lo hacía, marque mis uñas en estos sin vergüenza alguna. No había manera de que lo marcase con mis cortas uñas, pero había una historia diferente de los chupetes que estaba dejando en mi cuello. No tenía merced de mi cuello, ni mucho menos de mi clavícula. Siguió sus movimientos en mi contra hasta que se apretó contra mi gimiendo mi nombre, se sintió bonito escucharlo tantas veces decirlo. Wonbin hyung, una y otra vez.

_Está bien. _ Lo alenté a llegar.

Solía decir mucho esa frase en el pasado, pero hoy en día tiene una versión de pura complicidad. Estamos los dos aquí, haciéndolo como si no hubiese pasado ya muchas veces. Es como si Chanyoung nunca tuviese suficiente de mí y yo estoy mucho en ello. Da un par de estocadas más haciendo que mi estómago cosquillee y seguidamente me venga otra vez en su estómago. Apretando sus paredes puedo escucharlo dar un gritillo, antes de venirse dentro de mí. Caliente invade mis paredes y yo me desplomo en su abrazo.



Anton se dedica a limpiarnos una vez más, esta vez él es el que se encarga de todo. Yo estoy hecho trizas en su agarre, dejándome hacer. Estamos en la tina de su cuarto ahora, ya que a mí no me apetece estar de pie. Anton me ha seguido la corriente, ya que el rápido de hace un rato, no fue tan rápido ni tan ligero como pensaba. No le toma mucho tiempo terminar conmigo y sacarme del baño cargándome de brazos. Me coloca por sobre la cama, después de encargarse de retirar la primera colcha. Está hecha un desastre, no sé en qué momento fuimos tan desordenados.

_ ¿En qué piensas? _Anton me saca de mis pensamientos.

Ambos estábamos ocupando toallas ya, el me secaba la cabellera con pericia. Tenía esa idea de que me podía resfriar fácilmente, al ser tan delgado. Mi cuerpo siempre había sido así, pero empeoraba si llegaban a mí, dudas sobre mi cuerpo. Incluso cuando él decía que mi cuerpo era perfecto, yo seguía siendo tan inseguro. Se me quedo mirando cuando termino de secar, dándole una caricia a mi rostro. Lo mire cabizbajo, tratando de tocar su corazón.

_ ¿Podrías darme mimos el resto de la noche? _ Me le quedo mirando un rato. _ Solo será por hoy, por favor te lo pido. _Me atrevo a pedir.

Hablé de la manera más suave que pude, algo en el parece haber encajado. Me gustaba esa amabilidad repentina, de cuando terminábamos de tener sexo. Ultimadamente había desarrollado aquello y no solo me dejaba en la cama después de terminarme. Quería que volviese a ser como la última vez, que se había quedado dándome mimos. Durmiendo a mi lado, amanecer a su lado. Como hacían los esposos normales, al menos quería eso. Anton me sonrió mientras me miraba, era la primera vez que le veía una sonrisa suave en sus suaves labios, la seguí hasta que se desvaneció.

_Hare una excepción, solo porque fuiste buen chico. _Anton asegura.

Solo fue cuestión de vestirnos, cada quien con su pijama improvisada. Un pantalón gris de esos característicos y sin usar camiseta. Hacia algo de frio, pero había calentador, así que solo fue cuestión de acurrucarme en su pecho. Amaba dormir ahí, se desvanecían mis preocupaciones. Me perdí en las caricias que les daba a mis cabellos largos y el constante palpitar de su corazón.

Ya no me parecía el monstruo que hace poco me había poseído, ahora era una especie de protector. Era difícil separar a ambos, constantemente defendiendo a ambos. Estaba perdido en su aroma, adormecido en su arrullo. Tenía un evidente síndrome de Estocolmo, uno del que estaba tan consciente. Aun así, no había nada que pudiese hacer, más que vivir lo que me había tocado.

Fingir que no había sido vendido al hijo de un mafioso y que este me haya elegido como su juguete preferido. Con ese título de esposo y esa jaula de oro en la que residía. Sus brazos probablemente nunca me soltarían, no sin antes estar muerto. Morir conmigo de paso, Chanyoung moriría por mí.