Just... Perfect.
Junmyeon rodeó la taza con ambas manos y el calor reconfortó sus dedos fríos. Se llevó la porcelana a la boca y dio un pequeño sorbo de su chocolate. Observó las guirnaldas llenas de luces y listones que decoraban Seok’s y la calidez se coló hasta su corazón; desde hacía tres años, diciembre se había convertido en su mes favorito.
—¿Mataste a alguien? —Jongdae preguntó con una de sus felinas sonrisas—. Estás pálido.
Minseok golpeó un hombro de Jongdae juguetonamente y sonrió. Junmyeon prestó atención a las cómplices sonrisas que compartían y a la forma en se sentaban uno junto al otro, tan cerca que sus brazos y piernas se rozaban, parecían incapaces de estar mínimamente separados por un instante. Por alguna razón, verlos así, tan enamorados, lo hizo sentirse un poco menos nervioso.
Sacó una pequeña caja negra de uno de los bolsillos de su abrigo, la puso sobre la mesa y esperó por sus reacciones. Minseok abrió mucho los ojos y tomó la caja de inmediato, Junmyeon miró su mano y notó como la alianza dorada sobre su dedo anular destellaba como si tuviera luz propia. La que Jongdae llevaba lucía igual.
—Oh, por Dios —Minseok murmuró observando fijamente el anillo dentro de la caja.
—¿Por fin vas a proponerte? —Jongdae preguntó, igual de asombrado que su esposo.
—¿Cómo que “por fin”?
—Te has tardado tres años —Minseok señaló suavemente.
—¿Querías que nos casáramos al mes de conocernos igual que ustedes?
Jongdae sonrió con orgullo y tomó la mano de Minseok.
—Es que cuando sabes que es el indicado, no hay razones para esperar —dijo con seguridad y besó una mejilla de Minseok.
Minseok sonrió con las mejillas levemente sonrojadas y se giró para atrapar los labios de su esposo en un suave beso.
—Basta —Junmyeon pidió y el par de tórtolos se separó—. Llevo mucho tiempo pensándolo, es solo que Yixing es tan...
—¿Tan qué? —Jongdae preguntó, listo para darle un golpe a su primo si se atrevía a hablar mal de su mejor amigo.
—Tan... él. Nunca había conocido a nadie que me sacara tanto de mis casillas, y conociéndolos a ustedes dos y a Jongin y a Chanyeol, eso ya es bastante. Pero Yixing es diferente, él también me llena de calma, me hace inmensamente feliz—. Junmyeon sonrió y un revelador rubor cubrió por completo sus mejillas usualmente pálidas—. Cuando estoy con él es como si el mundo se detuviera, nada importa, nada más que él. Yixing es todo lo que quiero y necesito. Espero ansioso todo el día la hora de volver a casa porque, aunque sé que encontraré un tiradero por todo el departamento, también sé que en la habitación del fondo estará él, lleno hasta las pestañas de barro o pintura y me recibirá con esa sonrisa tan bella que tiene.
Junmyeon suspiró anhelando su compañía y continuó.
—Él es cariñoso, atento, amable, talentoso, divertido, entusiasta, trabajador. Él es, sin duda, lo mejor que me ha pasado. Él es... perfecto. Es tan perfecto que a veces pienso que yo, tal vez, soy demasiado aburrido para él.
—¿De qué hablas? —Jongdae exclamó—. ¡Si él piensa que eres la persona más divertida del mundo!
Minseok asintió de acuerdo con Jongdae.
—¿Él les dijo eso? —Junmyeon preguntó con los ojos brillantes.
—Él siempre está hablando de ti, no podemos hacerlo callar. Cree que eres perfecto —Minseok aportó con cierta ternura—. Además se ríe de tus chistes, eso definitivamente lo hace el indicado.
Junmyeon sonrió.
—Lo que yo no entiendo es por qué estás aquí, confesándote con nosotros, en lugar de estar con él, convenciéndolo de que acepte ser legalmente tuyo —Jongdae señaló, pronunciando cada una de sus palabras con un toque de dulzura.
—Oh, solo me detuve un momento porque aún era temprano para nuestra cita —Junmyeon explicó—, pero ya me voy, casi es hora.
—¿Vas a proponerte hoy? —Minseok preguntó con una chispa de emoción brillando en su mirada.
—Sí, lo cité en el puente a las seis.
Junmyeon caminó ansioso hasta el lugar en donde había citado a su novio para hacerle la propuesta. Si todo salía como debería, pronto podría llamarlo esposo.
Faltaban diez minutos para las seis de la tarde y justo como los días anteriores, el sol estaba empezando a ponerse por el oeste, enmarcando a las nubes con destellos dorados. Aún no había señales de aquel ser tan maravilloso que tenía cautivo su corazón. Suspiró y se inclinó un poco por la barandilla para echar un vistazo al reflejo del cielo en el agua del tranquilo río que fluía debajo del puente.
Estaba tan sumido en sus pensamientos, que tardó un poco en notar que tenía compañía.
—Llegué a pensar que no llegarías —Yixing murmuró aliviado—. Era a las seis de la tarde ¿verdad?
—¿Hace cuánto llegaste? —Junmyeon preguntó alzando sus cejas con curiosidad.
—Pensé que habías dicho a las seis de la mañana —Yixing confesó avergonzado.
—¿Has estado aquí todo el día? —Junmyeon preguntó, sabiendo que con él todo se volvía posible. Yixing asintió lentamente—. ¿Por qué no volviste a casa? ¿Y qué le pasó a tu ropa?
Junmyeon había estado tan perdido en sus ojos y en ese conjunto de hoyuelos en sus mejillas, que casi pasa por alto su apariencia. Y era algo difícil de ignorar. Había suciedad y tantos tonos de colores en la camiseta que llevaba puesta bajo la sudadera, que ya no sabría decir si el color original de la prenda era amarillo o no.
—Hice unos cuantos nuevos amigos mientras esperaba por ti —Yixing anunció, elevando las comisuras de sus labios de nuevo—. Ven, quiero mostrarte.
Cuando llegaron al final del puente, todas las luces se encendieron, como si lo hicieran exclusivamente para ellos. Junmyeon alzó la vista, maravillado, y luego se giró hacia Yixing, las luces amarillas de los foquitos se reflejaban en su mirada.
—¿Esto fue lo que estuviste haciendo? —Junmyeon preguntó con curiosidad.
Toda el área de cafeterías al aire estaba decorada con luces, bombas y guirnaldas. La decoración era incluso mejor que la de los años anteriores.
—Ves a esa señora allá —Yixing miró en dirección a una de las cafeterías, en donde una mujer mayor atendía a un par de clientes—. Es la tía May, como la de Spiderman. Su esposo falleció este año, él se encargaba de hacer la decoración, así que me ofrecí a ayudarle. Y luego vinieron las personas de las demás tiendas con la idea de decorar todo a juego. La tía May nos preparó un guiso delicioso al mediodía y mientras comíamos les conté que ya no era modelo y que ahora me dedicaba a la pintura y escultura. Iba a volver a casa a bañarme de nuevo para volver presentable a nuestra cita a la hora correcta, pero entonces me pidieron que les ayudara con aquel muro de allá. Y como estaba todo triste pintado de gris...
—No pudiste resistirte a darle un poco de color —Junmyeon completó con una sonrisa.
Yixing asintió con emoción y tiró de su mano para llevarlo frente al muro.
Muchas veces, Junmyeon le había sugerido que cambiara su nombre a “Aventuras Zhang”, y es que Yixing siempre terminaba envuelto en todo tipo de situaciones, como la vez que se unió a una campaña de adopción de cachorros en el parque, o el día que se puso a limpiar el río junto a un montón de desconocidos, o el día que ayudó a un par de señoras con una mudanza al otro lado de la ciudad. Las llamaba “cosas de Yixing”.
Cuando estuvieron frente a la impresionante obra de arte de su perfecto aventurero, Junmyeon abrió la boca y le costó trabajo volver a cerrarla. Yixing había retratado —de forma muy realista— el puente durante una puesta de sol. También había pintado a muchas personas caminando sobre él; habían niños jugando con una pelota, una chica paseando a un perro, algunos chicos montando bicicletas, una pareja de ancianos tomados de la mano, un pintor retratando el atardecer, un guitarrista al que algunas personas se habían detenido a escuchar, una mujer vendiendo rosas y al fondo una pareja de hombres compartiendo un beso.
—Esos somos nosotros —Yixing confirmó en un murmullo—. Nuestro primer beso.
Yixing se giró hacia Junmyeon y lo miró, recordando aquella vez, cuando había sido sorprendido con un inesperado beso.
—En este lugar han sucedido cosas importantes; aquí nos conocimos el día que tropezamos por accidente, aquí me besaste por primera vez, aquí aceptaste mi loca idea de mudarme contigo, venimos aquí a celebrar mi ciudadanía, este fue incluso el primer lugar al que aprendí a llegar por mi cuenta. Por eso hoy, cuando me pediste que nos viéramos aquí a las seis, supe que algo estaba por suceder. Estaba tan ansioso, que sin meditarlo bien me di una ducha, me puse mi camisa favorita y corrí hasta aquí para estar a las seis de la mañana.
Junmyeon tragó ese algo que obstruía su garganta y lo miró a los ojos.
—¿Cuánto tardaste en darte cuenta de que era en la tarde?
—Casi a las nueve, cuando enviaste ese mensaje diciendo que esperabas que tuviera un grandioso día. Tenía más lógica una cita por la tarde, en la mañana debes trabajar.
—¿Esperaste tres horas por mí? —Junmyeon preguntó sorprendido.
—Esperaría una vida por ti —Yixing aseguró.
Junmyeon sonrió y notó la ansiedad en la mirada de su novio. Tenía la impresión de que él sabía perfectamente por qué estaban ahí, así que no lo hizo esperar más. Jongdae y Minseok tenían razón, ya había tardado bastante. Sacó la pequeña caja de su abrigo y pudo notar la tensión de Yixing. Tomó su mano izquierda e hincó una rodilla en el suelo.
Yixing contuvo el aliento. Sí, lo había estado sospechando, pero nada hubiera podido prepararlo para el momento. Cuando Junmyeon empezó a hablar en mandarín, las lágrimas se agolparon en sus ojos y el aire se atascó en su pecho, impidiéndole respirar.
—Antes de conocerte, yo no tenía idea de lo mucho que te necesitaba en mi vida. Y ya me has dado tanto que tal vez es egoísta de mi parte pedirte esto, pero te amo y todo lo que sé es que eres perfecto para mí y que quiero estar contigo el resto de mi vida. ¿Y tú? ¿Te sientes igual? ¿Quieres casarte conmigo y quedarte a mi lado todo lo que duren nuestras vidas?
Yixing limpió sus mejillas y asintió.
—Sí, quiero.
Junmyeon le puso en el dedo anular el anillo que el mismo Yixing había escogido sin saberlo y se puso de pie. Tomó el rostro de Yixing y juntó sus labios para besarlo.
Sus labios se deslizaron sobre los de Yixing suavemente, y estos correspondieron de inmediato, logrando una sincronía inmejorable. Su lengua buscó la de él y esa sensación llena de suave electricidad hizo estremecer su corazón.
Empezaba a hacer mucho frío, pero la húmeda calidez de sus labios era reconfortante. Besarlo era lo último que Junmyeon hacía antes de marcharse de casa y lo primero que hacía al volver. Siempre salía del trabajo a la hora exacta solo para ir con él y eso era justamente lo que quería hacer por el resto de su vida, volver y encontrarlo lleno de barro, de pintura, de sonrisas, de historias por contarle, de sus dulces miradas.
Los trabajadores de la pequeña plaza, los nuevos amigos de Yixing, que se habían asomado para ver la propuesta, empezaron a aplaudir y a soltar exclamaciones de victoria.
Junmyeon se separó de Yixing, sorprendido y avergonzado de haberse convertido en el centro de atención en ese concurrido lugar, pero Yixing le sonrió y lo tomó por las solapas del traje para juntar sus labios de nuevo bajo aquella iluminación navideña que había organizado pensando en lo mucho que a Junmyeon le gustaban los excesos de luz en navidad.
🎄