Única parte
La mirada del alfa lo recorrió de pies a cabeza en una inspección profunda.
—¿Este es tu novio?
Jeongin definitivamente no sabe cómo sentirse ante el tono empleado pero se encoge tímido, ligeramente ansioso al no saber si terminaba de agradarle a su cuñado a quien nunca había visto antes. Su novio en cambio gruñó a su lado y lo atrajo a un abrazo rodeando su cintura y manteniéndolo cerca de manera protectora haciéndolo suspirar mucho más tranquilo.
—No intentes intimidarlo. —advirtió a su copia física con notas de enfado en su voz.
Lo único que los diferenciaba era el tono de su cabello. Hyunjin nunca había decolorado o hecho algo extremo en este manteniéndolo en su tono naturalmente negro azabache mientras su hermano ahora lo llevaba rapado en un rubio teñido que le daba un aspecto diferente al de su gemelo. Más salvaje.
Seguían siendo idénticos, descubrió.
Jeongin se sintió ligeramente aturdido, nunca imaginó que dicho estilo le quedaría así de bien a su pareja.
Sam sonrió de lado con ferocidad regocijándose con la situación. —No te estoy intimidado ¿Verdad, cariño? —preguntó directamente al omega quien gimió y sintiéndose acorralado miró en dirección a su novio sin saber qué responder.
Hyunjin solo asintió sonriéndole con dulzura, alentándolo a decir lo que considerara correcto. Jeongin no se sintió capaz de ser honesto.
—Si, está- está bien. —mintió retorciendo sus manos a sus espaldas en un gesto inmensurablemente ansioso.
Sam soltó una risita entre dientes y pasó de largo entrando a la casa y dejando a la pareja atrás. Jeongin se giró al pelinegro. —¿Crees que le caí mal? —cuestionó frunciendo el ceño sin saber cómo interpretar la situación.
Sam parecía poco impresionado.
Hyunjin lo tomó de los hombros haciendo contacto visual. —Te dije que no le prestaras atención, es un bruto.
Jeongin parpadeo irreversiblemente inseguro, eso sonaba como un si. —Pero... es tu hermano, quiero agradarle. —susurró con un puchero tierno en su boca que el alfa besó con cierta irritación. —Es tu única familia.
Hyunjin rio con sequedad. —Le agradas más de lo que crees. —aseguró con recelo dejándolo más confundido de lo que ya se sentía.
—¡Hermanito pero que linda casa tienes! —su voz llegó desde el interior de la sala y Hyunjin rodeó su muñeca luciendo cansado cuando la noche apenas empezaba.
Jeongin no tuvo oportunidad de decir nada siendo arrastrado por su alfa. Encontraron a Sam en la sala observando las fotos dispersas en la habitación y dejando un pequeño desastre a la vista de todos. Su bolso de mano, gorro y también su chaqueta, todo tirado en distintas partes del salón como si se hubiera ido poniendo cómodo a cada paso que daba. Los brazos musculosos y tatuados quedaron a la vista ante la camisa sin mangas del rubio.
Hyunjin gruño enojado mirando el desorden hecho por Sam. —Recoge tu desastre y acompáñame, Jeongin te preparo la habitación de huéspedes.
Jeongin casi sonrío con pesar mirando a su novio recoger las cosas de su hermano. Hyunjin tenía un ligero toc por la limpieza y su gemelo evidentemente era todo lo contrario.
Sam ignoró a Hyunjin y en su lugar, se giró a mirarlo con un brillo interesado en su rostro sonriente.
—Eso fue muy amable de tu parte, bonito.
Se encogió de hombros. —Ah si, si. —murmuró saliendo de su aturdimiento. —Espero te sientas cómodo estos días, me alegra poder conocer a la familia de Hyunjin.
Sam miró de reojo a su hermano con una acusación directa pero asintió. —Si, a mí también... pasaron casi dos años. —señaló y el tono de su voz fue suficiente para que Hyunjin supiera lo que este haría. —Tu novio es algo egoísta al mantenerte tanto tiempo oculto y no entiendo el porqué si eres tan bonito.
¿Oculto? Jeongin se tensó procesando lo dicho y buscó a su pareja quien evadió su mirada; sus hombros rígidos y una expresión en blanco tirando de su rostro. Jeongin contuvo una mueca incómodo y con toda la razón del mundo porque Hyunjin le había mentido y sus mentiras lo hicieron sentir como si se avergonzara de él.
—Bebé. —llamó pero Jeongin negó alejándolo cuando intentó acercarse.
Su corazón se aceleró comenzando a sentirse mal, débil y vulnerable bajo la atención de ambos alfas.
No podían tener esa conversación ahora.
—¿Dije algo que te incomodó? —la pregunta fue directa a Jeongin quien forzó una sonrisa a medias.
—Aún tengo un par de cosas que terminar para la cena. —dijo antes de mirar a Hyunjin. —Enséñale la habitación mientras arreglo la mesa. —murmuró queriendo escapar de la escena.
Llegó a la cocina respirando tembloroso y apenas manteniendo la postura. Sam había golpeado un punto frágil en él. Jeongin había pasado toda su vida comparándose con otros omegas, siempre sintiéndose inferior y poco interesante en comparación a sus amigos o el resto de sus compañeros de clase. Era alguien inseguro y frágil mentalmente. Pese a que Hyunjin y él tenían dos años de relación y un año enlazados a veces continuaba sintiendo que Hyunjin un día despertaría y se arrepentiría de estar con un omega tan aburrido y simple como él lo era.
Siempre había sido algo ñoño y torpe. Hyunjin en cambio, era el jugador estrella del equipo de baloncesto y el alfa más popular de la universidad.
No tenía la menor idea de que había atraído a Hyunjin pero Jeongin estaba tan enamorado que abrió su corazón sin dudar.
Ahora no era el mismo omega que fue en su adolescencia pero algo de esa inseguridad nunca se iría.
En el transcurso de la noche, Hyunjin intento conversar el asuntos varias veces preocupado de que creyera en las palabras de Sam pero Jeongin no estaba seguro de qué pensaba al respecto así que solo se quedó en silencio muy abrumado como para querer discutir.
Hyunjin le prometió que todo estaba bien.
Pero lo que más entristecía al omega era que había sido su idea. El alfa se negó durante meses, inventando excusas y evadiendo la conversación y solo cediendo cuando se dio cuenta lo importante que resultaba para Jeongin conocer a su familia.
Jeongin pensó que su resistencia se debía a la distancia existente que había entre los hermanos pero no que era su culpa.
Ahora se sentía pésimo consigo mismo y la inseguridad lo estaba comiendo vivo.
El ambiente en la habitación era incómodo. Hyunjin estaba notablemente molesto mientras Sam solo disfrutaba de la comida.
—¿Tú cocinaste esto? —preguntó con una expresión sorprendida y evidente gusto ante cada nuevo bocado. El omega asintió. —Hyunjin es más que afortunado, además de bonito cocinas delicioso, Jeongin.
Jeongin se sonrojó halagado y sonrió olvidándose por primera vez en la noche de su malestar. Sam sonrió al verlo pero Hyunjin mantuvo su mirada baja sin ocultar el desagrado que sentía hacia la presencia de su gemelo.
Después de eso, la noche pareció relajarse.
La primera mitad de la cena transcurrió con tranquilidad e incluso Hyunjin que había sido el más reticente de los tres se relajó y comenzó a participar en la charla con un cambio más que notable en su rostro, ya no se veía como si quisiera levantarse y golpear a su hermano lo cual era agradable.
Fue casi al final cuando la conversación se desvió lo suficiente para volverse un auténtico desastre.
Un desastre que ni Hyunjin quien era un experto en Sam había previsto.
—Pero entonces en la universidad ambos usábamos el mismo estilo, era imposible diferenciarnos. —murmuró Hyunjin divertido. —Sam me pagaba para que tomara su lugar en los exámenes porque era un cabeza dura que odiaba estudiar. —se encogió de hombros tomando de su cerveza.
Jeongin cubrió su boca sorprendido mirando a su novio sin poder creer aquella faceta suya, Hyunjin le sonrió entrelazando sus manos y besó el dorso de esta antes de guiarla sobre su pierna manteniéndolo cerca de sí.
Sam se rio escandalosamente para nada afectado de ser delatado y algo extraño parpadeo en su ojos mirando en dirección al omega. —Siempre pagaba con lo mejor, así que tu novio no podía negarse.
—¿Cómo con que? —preguntó interesado sin notar la tensión en los hombros de su alfa o la burla tomando sombra en el rostro de Sam quien no dudaba en regocijarse del sufrimiento de su hermano quien lo miraba con una evidente advertencia en su rostro.
Bien, a Sam no le importaba.
Sonrió al adorable pelirrojo sentando frente suyo y finalmente respondió: —Omegas.
Jeongin se quedó sin aire. Sus pensamientos habían ido incluso a drogas; algo ilícito o extraño pero esto estaba lejos de ser lo que esperaba.
—¿Qué? —susurró sin aliento dándole una mirada de reojo a su compañero pálido y tenso a su lado. Era verdad, comprobó cuando este evitó sus ojos a toda costa.
El rubio alfa en cambio, estaba teniendo un día de campo desestabilizando a la pareja con un par de palabras.
—¿No te lo contó? —preguntó con fingida inocencia antes de resoplar. —Seguro lo olvido pero en la universidad éramos muy populares con los omegas... Dos es mejor que uno, ¿No? —bromeó arqueando una de sus cejas en dirección a su hermano.
El estruendoso replicar de los cubiertos sobresaltó al omega quien miró en dirección a su novio.
—¿Por qué estas hablando de eso? —gruñó más enojado de lo que lo había visto alguna vez.
Sam se encogió de hombros sonriendo con la copa cerca de sus labios. —Estoy recordando buenos tiempos. —dijo. —¿Sabes, Jeongin? Cuando estábamos en la universidad... Hyunjin también solía-.
—Sam. —sentenció el alfa.
Jeongin conocía a su novio lo suficiente como para reconocer que este estaba nervioso de que su hermano continuara hablando. Dudoso hizo un mohín descontento sintiéndose completamente fuera de lugar. Sam continuaba mirándolo con diversión disfrutando de verlo incómodo y el omega se odiaba así mismo por darle tal poder así que tragando el nudo en su garganta se obligó a recomponer su postura.
—¿Qué? —insistió a su silencio.
La sonrisa en el rostro del alfa se hizo más grande.
—Hyunjin siempre me compartía a sus novios. —dijo sonando alegre y tan casual como si hablara de compartir un suéter. —Antes era más fácil confundirnos, era divertido ver cómo ni siquiera notaban cuando cambiábamos pero esto solo podía ser mejor si el omega aceptaba un trío. Siempre hemos compartido todo, son cosas de hermanos, ¿Lo entiendes, Jeongin?
El silencio que se formó en la mesa no fue fácil de asimilar. Su estómago se revolvió y la incertidumbre lo barrió. Hyunjin nunca le había hablado de nada de eso, el tampoco había estado interesado en su pasado sexual pero ahora que lo oía solo podía pensar en porque no supo nada de esto hasta ahora.
Sam reclinó su silla atrayendo su atención nuevamente ante el sonido.
—¿Es por eso que me evitaste todo este tiempo, hermano? ¿Te lo querías quedar para ti solo? Eres un egoísta, Hyunjin.
Jeongin ni siquiera fue capaz de mirar a su novio después de oír esas palabras, ¿Que se esperaba que respondiera? ¿Era acaso una broma, un chiste de mal gusto o estaba molestándolo porque sabía que no lo entendería?
Y el que Hyunjin después de todo solo se quedará en silencio lo estaba enloqueciendo.
Su mirada se quedó suspendida sobre el plato con su comida intacta.
Siempre supo que Hyunjin estaba fuera de su liga, era ocho años mayor y también era el alfa más atractivo que había visto alguna vez, irradiaba seguridad e inteligencia. Hyunjin era perfecto muy a diferencia suya; él era tan torpe y casi insulso a su lado, demasiado tímido y sensible. Lo poco del sexo que sabía lo había aprendido del alfa, Hyunjin lo llamaba inocente y puro y aún no podía descifrar si ello era exactamente algo bueno.
Creyó que todo estaría bien entre ellos a pesar de sus diferencias pero en este instante no está muy seguro de ello. Es decir, no le sorprendía que su novio hubiera teniendo docenas de omegas antes o que hubiera experimentado cosas como tríos y sexo fuera de lo vainilla pero si le causaba inseguridad la idea de que Hyunjin pudiera aburrirse de él, que considerada que no era lo suficiente para satisfacerlo o que su inexperiencia le quitara cosas a las que antes estaba acostumbrado. Ese había sido un miedo absurdo en el pasado pero ahora ya no se sentía tan absurdo.
Él no era suficiente para Hyunjin. Nunca lo sería y la presencia de Sam era un recordatorio de ello.
Alguien carraspeó a su lado probablemente Hyunjin pero el omega no fue capaz de mirarlo o mirar a Sam quien tras unos segundos tensos volvió a hablar.
—Solo bromeaba, puedes relajarte, Jeongin.
Jeongin estaba seguro que no había escuchado un tono más fingido que ese pero se obligó a mantener la calma pese a sus manos temblorosas, las dudas en su cabeza y la incipiente inseguridad en su corazón que lo hacía sentir de menos.
Encogiéndose suspiro decidiéndose por fingir que nada de lo que había pasado en los últimos minutos era real. Hyunjin continuaba tenso a su lado y aunque no conocía lo suficiente a Sam podía reconocer superficialmente que se estaba divirtiendo con todo esto. Lo que pasaba no era un problema real para él.
Abandonó su plato bajo la atenta y preocupada mirada de su alfa y se levantó.
—¿Te gusta el pie de manzana, Sam? —preguntó como si nada incluso sorprendiendo al rubio ante su indiferencia. —Preparé uno para el postre.
Sam asintió entre confundido como interesado de su tranquilidad.
—Eres un hijo de puta. —Hyunjin dijo en cuanto el omega salió de la habitación.
Sam arqueó una ceja sin inmutarse.
—¿Si? —se burló. —Y a ti te encanta jugar a la casita con ese omega fingiendo que no eres el mismo hijo de puta que yo.
Hyunjin se levantó estrepitosamente y abandonó el comedor en busca de Jeongin. El omega estaba trabajando minuciosamente en servir en cada plato un trozo del pie que había hecho más temprano y Hyunjin lo conocía más que bien como para saber que su aspecto tranquilo y relajado era más que fingido.
—¿Bebé?
A Jeongin no le sorprendió que Hyunjin entrara a la cocina pocos segundos después que él, abrazándolo por la espalda y cubriéndolo con su cuerpo mucho más grande y fuerte, el alfa apoyó su mentón en su hombro mirando lo que hacía.
—No deberías dejar a tu hermano solo. —dijo mecánicamente.
—Quería asegurarme de que estuvieras bien.
Se contuvo de resoplar. —Lo estoy.
Hyunjin no tenía que ser muy inteligente para saber que mentía. —Nada de lo que dijo es-.
Jeongin se zafó antes de poder escuchar una palabra más y miró al mayor sintiéndose por primera vez sin palabras a su lado.
Odiaba este sentimiento de duda que tenía aún cuando sabía que debería darle igual el pasado de su pareja.
—No es el momento de hablarlo. —susurró tenso con un nudo en la garganta. No creía poder sobrevivir al fin de semana, tal vez Hyunjin había tenido razón y nunca debieron invitar a aquel alfa a casa.
Hyunjin apretó sus labios en una línea tensa y asintió.
—Hablaremos después de la cena. —dijo plantando un beso en su frente y tomando los platos de sus manos.
Por supuesto que Hyunjin no lo dejaría así. Jeongin no sabía si alegrarse o enojarse por ello pero era un punto a favor del mayor.
Entender a Sam era tarea difícil.
Jeongin no había tenido que esforzarse ni un solo segundo con Hyunjin. Un día el alfa apareció en su vida y nunca más lo dejó ir. Desde el primer momento se habían entendido a la perfección como las almas gemelas que eran.
Nunca tuvo dudas acerca de Hyunjin.
Pero con Sam era como caminar sobre hielo quebradizo. El alfa estaba jugando un juego y él definitivamente estaba a punto de perderlo.
En cuanto estuvieron a solas en la habitación, Jeongin evitó a Hyunjin descaradamente encerrándose en el baño y tomándose su tiempo para relajarse y ponerse cómodo y solo cuando estuvo seguro de que el alfa comenzaba a sospechar de que lo evitaba fue que salió del baño, duchado y con su bonita pijama puesta listo para dormir.
Su alfa esperándolo sentando al borde de la cama con una expresión preocupada en el rostro le provocó un sentimiento de culpa por juzgarlo tan duramente por su pasado.
Era ingenuo, lo sabía. Siempre se lo habían dicho. También era malo guardando rencores y aun cuando tenía tantas cosas por las que enojarse prefería no hacerlo.
—Deja de pensar en lo que dijo Sam. —ordenó Hyunjin rodeando su cintura con una de sus brazos, atrayéndolo a su cuerpo. Jeongin suspiró mordiendo su labio inferior inseguro. —Te dije que encontraría la forma de irritarnos, él siempre-.
—¿Lo que dijo temprano era verdad? —preguntó interrumpiendo las palabras de consuelo de su alfa. —¿Por eso no me lo presentaste antes? ¿O te avergüenzas tanto de estar conmigo que por eso evitaste presentarme a tu familia?
¿Cuál opción era menos terrible?
—¿Por qué me avergonzaría de ti? Soy el más afortunado de tenerte.
En otro momento, eso lo haría muy feliz pero ahora... solo pudo mirar sus manos entrelazadas con una mueca inconforme.
—¿Entonces lo que dijo en la cena era- era cierto? —insistió ante su silencio.
No quería que le dijera una mentira que lo hiciera sentir una falsa sensación de tranquilidad, quería la verdad.
Se soltó del agarre del alfa y se dio la vuelta enfrentándolo. Hyunjin tenía una expresión casi tormentosa en su rostro, se cruzó de brazos intentando mantener la valentía suficiente para verlo a los ojos. Sentía que acababa de descubrir una faceta completamente diferente y comenzaba a creer que no lo conocía lo suficiente.
—Di algo. —susurró con la garganta seca por la ansiedad. —¿Es por eso que te negabas a que lo conociera? Es decir es- es un poco sorprendente... Siempre supe que los gemelos tenían costumbres un poco raras pero bueno ya no es importante, ¿No?
Hyunjin buscó entrelazar sus manos calmando los movimientos ansiosos del omega y suspiró negando.
—Estás divagando.
—¡Por qué tú no me dices nada! —gritó entre susurros recordando que Sam continuaba en su casa y podría escucharlos. La mínima idea de que pudiera saber lo alterado que estaba por su broma lo tenía nervioso.
Hyunjin acaricio con delicadeza los nudillos de sus manos.
—Lo siento, no quiero espantarte. —admitió tras unos segundos tensos. La expresión del alfa se hizo repentinamente avergonzada. —Supongo que no tengo el mejor historial de todos menos para alguien tan bueno como tú.
Jeongin dejó caer sus hombros sorprendido. —¿Es verdad?
Su alfa asintió y lo atrajo a la cama, Hyunjin continuaba sentado en el borde mientras que Jeongin permanecía de pie entre sus piernas abiertas, el alfa abrazó su cintura apoyando su cabeza en su pecho.
—No importa mucho. —dijo con voz amortiguada contra su cuerpo. —Era algo que hacíamos antes porque era divertido, a los omegas les gustaba y pues estaba bien. —se encogió de hombros. —Pero ahora no es interesante para mí porque tú eres todo lo que quiero.
—¿Lo soy?
Jeongin odiaba lo frágil que sonaba su voz.
Hyunjin besó su vientre y lo miró a los ojos. —Eres más de lo que siempre soñé.
Nunca podría estar más que un par de minutos enojado con el mayor porque este siempre encontraría la forma de hacerle olvidar su enojo. Suspiró tembloroso cuando Hyunjin besó su cuello sin dejar de acariciar su cintura.
Ellos no deberían pensar en tener sexo cuando había alguien más en casa. Menos alguien como Sam.
Pero a Hyunjin no le importaba y era difícil que a Jeongin le importara cuando a este no lo hacía. Casi se sintió derrotado cuando una de las manos del mayor descendieron hasta su espalda baja y se detuvieron en uno de sus muslos.
Hyunjin besó el hueso de su cadera mirándolo a los ojos todo el tiempo.
—Extraño probarte. —murmuró con una sonrisa descarada que hizo sonrojar al más joven quien intentó soltarse de su agarre. —No te alejes. —ordenó con voz áspera.
Jeongin se quedó quieto.
—Hace menos de t-tres horas estuviste en mi interior. —protestó con debilidad, sus manos acariciando el cabello sedoso del pelinegro.
Hyunjin gruño acercándolo más. —Mucho tiempo.
En un parpadeo, Hyunjin ya había cambiado su posición tirándolo en la cama para subirse sobre su cuerpo. Jeongin gimió con sus manos atrapadas arriba de su cabeza y su boca siendo devorada por la del alfa.
Su pijama fue arrancada con brusquedad de su cuerpo haciéndolo gemir. La tela se rasgó al caer al suelo.
—¿Sin ropa interior? Estás jugando conmigo, ¿Huh? —murmuró abriendo sus piernas y revelando la humedad entre sus pliegues. Los dedos acariciaron recorriendo sus labios delicados y su clítoris sensible.
—¡Ah! Hyun- por favor. —rogó entre gimoteos agitándose bajo su toque.
Su vientre ardía al igual que su interior se apretaba vacío y ansioso. Era adicto a él y Jeongin lo deseaba siempre, y aunque el alfa también deseaba follarlo con la misma intensidad, sus pensamientos se desviaron en algo más observando los pliegues húmedos y suaves, el lubricante chorreando de su estrechez y aquel sonrojo rodeando su bonito coño, el hombre no se contuvo de meterse en sus piernas y lamerlo como a su golosina favorita. Los gemidos que llegaron solo lo alentaron a ir más profundo y más intenso. Presionó su lengua en el agujero apretado, demasiado ajustado para hace solo pocas horas haber tenido un nudo en el. Jeongin era pequeño. Tan pequeño que siempre tenía que estirarlo por horas y horas para que se ajustara a su tamaño, para no lastimarlo con su polla. Su omega precioso rogaría porque avanzara sin importar el dolor y después lloraría ante lo insoportablemente estirado que estaba. Era un juego que le encantaba. Recorrió cada pequeño espacio de su coño dulce e ignoro la perlita sabiendo lo fácil que sería llevarlo al orgasmo de esa forma.
Los dedos de Jeongin se aferraron a su cabello acercándolo más y rogando por más con su vocecita dulce y rota por el placer.
Las feromonas a caramelo llenaron la habitación cubriéndose del pico poderoso del vino de Hyunjin quien lo poseía de una y otra forma.
Suyo.
Jeongin era solo y absolutamente suyo.
—Estas tan mojado, bebé. —jadeo satisfecho lamiendo sus dedos y limpiando su boca con el dorso de su mano bajo la llorosa mirada del omeguita. —Debería mantener tu coño enchufado a un tapón así no perdería tanto tiempo estirándote.
El omega lloriqueo retorciéndose en la cama negando a sus palabras y escondiéndose entre los dedos de su mano. Hyunjin palmea su coño provocando un sonido húmedo que llenó la habitación.
—¡A-ah!
Es tan adictivo y quiere más pero lo único que puede hacer es tomar lo que su alfa le da, con la baba escapándose de las comisuras de la boca y sin un solo pensamiento en su cabeza más allá de ser follado. Aún con ese pensamiento en mente, Hyunjin continúa jugando con su coño y obligándole a soportar sus burlas cuando sabe lo mucho que eso lo desestabiliza, dejándolo sensible y torpe; fuera de control. Es demasiado fácil para Hyunjin deslizarlo a un espacio mental tan frágil.
Agregando a su lengua dos de sus dedos hizo tijeras en su interior, el lubricante empapando sus manos haciéndolo todo desordenado. Hyunjin tendría que cambiar las sábanas al terminar aquí.
—¡Por favor, alfa! ¡Uh, lo necesito! —sollozo irritado.
No quería sus dedos ni su lengua, no era suficiente, solo su polla podría hacer el trabajo, llegando a cada espacio suyo que necesitaba ser acariciado. Desesperado se arrodilló sobre la cama y se arrastró a gatas sobre el regazo de su pareja, abriendo con dedos torpes la hebilla de su pantalón y consiguiendo su premio rápidamente.
Hyunjin le permitió hacer lo que quisiera sin intervenir.
Jeongin lamió la punta viéndose tentando a chuparlo todo el camino hasta que su semen llenara su garganta pero en realidad deseaba algo más. Sus ojitos turbios y llorosos encontraron los del alfa mientras se subía a su regazo y guiaba la polla hasta su coñito necesitado. Hyunjin lo sostuvo de la cintura pero no hizo nada, observándolo bajar lenta y temblorosamente en su polla.
Jeongin suspiro adolorido pero muy satisfecho cuando logró tenerlo dentro completamente y escondió su rostro en el cuello del mayor sosteniéndose de sus hombros.
—Alfa. —titubeó besando su cuello y moviendo sus caderas en embistes cortos e insatisfactorios, apenas logrando follarse adecuadamente. —Necesito-.
Las manos de Hyunjin se deslizaron por su espalda hasta su culo esponjoso y redondo que rodeo con ambas manos.
—Se lo que necesitas, bebé. —prometió con soberbia girándolo sobre la cama y ajustando el agarre en la cabecera de esta para comenzar a follarlo.
Hyunjin se deslizó tan profundamente en su interior que perdió el aliento durante un par de segundos. Jeongin se obligó a callar mordiendo el dorso de su mano en un intento de apaciguar lo ruidoso que acostumbraba a ser pero a su alfa no pareció gustarle porque entrelazó sus manos juntas despejando su boca y volvió a embestir contra su cérvix tomándolo desprevenido y haciéndolo gritar.
—Déjame saber lo bien que te hago sentir, bebé. —murmuró antes de mordisquear su marca de apareamiento y continuar con sus embistes.
Aquello que había dicho Sam había sido suficiente para desestabilizar a su alfa. Hyunjin lo tocaba con un hambre distinta. Incluso un poco más duro y salvaje que lo usual. Hyunjin nunca parecía tener suficiente de él lo que lo hacía sentir deseado y adorado por su compañero pero había algo diferente en cada una de sus acciones actuales, un destello que nunca había visto en él y que despertaba su curiosidad.
Hyunjin lo follo por horas usando su agujero hasta que estuvo hinchado y cremoso por sus múltiples corridas. Jeongin apenas podía recordar algo de lo que habían discutido después de eso.
—Te amo. —gruño contra su boca besándolo desordenadamente.
Jeongin se quejó sensible cuando sus manos se detuvieron alrededor de su rostro. —También te amo. —susurró con la voz gastada por el esfuerzo.
Hyunjin sonrió satisfecho y besó su frente después ambas mejillas y la punta de su nariz haciéndolo sentir en un sueño.
—Mi hermano es solo un idiota que disfruta irritando a los demás, ¿Bien? Ignoralo y eventualmente se aburrirá.
El recordatorio de Sam le hizo abrir los ojos en medio de la nube de placer y somnolencia en que estaba entrando. Miró a su pareja tratando de descifrar la oscuridad tras su mirada pero solo logrando sentirse aun mas confundido.
—La propuesto de tu hermano no era una broma, ¿Verdad? —preguntó en voz baja sin alejarse de su lugar sobre el pecho del alfa.
El toque en su espalda titubeo pero no se detuvo. —Lo era. —aseguró. —Solo es un idiota.
No era el mejor detectando mentiras pero podía reconocer cuando Hyunjin mentía sobretodo cuando lo hacía así de mal.
¿Que esperaban de él? Estaba en una situación extraña y difícil de comprender. Y aunque Hyunjin actuaba indiferente y casi enfadado podía ver lo interesado que estaba en la sugerencia. Había notado lo callado y tenso que se había puesto cuando Sam lo propuso, cuando Sam insinuó querer estar con él y ese pensamiento tal vez lo inclinaba a reconsiderar la propuesta hecha tan a la ligera horas atrás... Jeongin se sentía genuinamente inseguro acerca de ello pero no creía poder ignorarlo sin más, menos cuando dicho alfa continuaba en su casa durmiendo en la habitación que le había preparado días antes.
Lo que más culpa le generaba era el hecho de que una parte de si estaba interesada.
No podía evitar pensar en que se trata del Hyunjin, su novio y alfa, el compañero del que estaba enamorado y el juego de palabras solo hacía todo más difícil de fragmentar para el pobre omega en apuros.
Su lobo era el más tonto de todos porque cuando veía a Sam solo podía pensar en Hyunjin.
Eran tan iguales pero a la vez tan diferentes que lo enloquecía.
Aún con todas las dudas y preocupaciones en su cabeza trató de dormir. Despertándose apenas un par de horas después a mitad de la madrugada con sed, por lo que aún medio adormecido y con su mente en blanco se levantó en dirección a la cocina. Necesitaba un vaso enorme de agua y después volvería a la cama con su cálido y fuerte alfa que lo abrazaría el resto de la noche asegurándole que todo estaba bien pese a la agitación de su mente.
Jeongin entró a la cocina descalzo y aún con sus ojitos medio cerrados por la somnolencia encendió la luz pegándose un susto de muerte al ver a una persona de pie en medio de esta. Se cubrió la boca con una de sus manos conteniendo un grito al ver a Sam bebiendo agua. Se había olvidado que él estaba aquí. El alfa lo miró de pies a cabeza para nada sorprendido mientras que el corazón del omega latía acelerado en su pecho.
—Me asustaste. —se quejó nervioso en un titubeo.
El alfa lo miró fijamente haciéndolo consciente de que apenas estaba cubierto por sus bragas y una camisa vieja de Hyunjin que lo cubría hasta los muslos.
—Bueno, yo me siento más impresionado que asustado. —dijo con una sonrisa de lado dejando su vaso a medio beber sobre la mesa para mirarlo con detenimiento.
Jeongin se abrazó medio avergonzado de su desnudez, se había olvidado de que no estaban solos y no pensó en ponerse algo más de ropa al salir de la habitación.
—Solo tomaré agua y me iré. —dijo ignorando sus palabras y pasando por su lado para revisar la nevera.
La tensión en el aire era espesa y Jeongin apenas podía respirar adecuadamente sintiendo la atención descarada del mayor sobre su cuerpo.
Saber que Sam lo deseaba lo ponía nervioso. Su cuerpo lo traicionaba pese a lo que su mente decía y las palabras dichas más temprano revolvían sus pensamientos en ideas incorrectas.
Su garganta se cerró por la ansiedad e incluso pasar el agua fue tarea difícil mientras estaba bajo el intenso escrutinio del rubio. El alfa se quedó en silencio tanto tiempo que Jeongin creyó por un segundo que se había retirado pero no fue así. Sam se acerco lentamente hasta estar a su lado, su respiración calmada y pausada anunciando su presencia y cercanía. Jeongin intento darse la vuelta pero Sam lo interrumpió, tomando su antebrazo y acariciando su muñeca, sobresaltándolo cuando su otra mano se aventuró bajo la camisa grande y suelta que llevaba.
—Sam... —susurró con las mejillas calientes y suelta lengua enredándose en su boca. —S-suéltame. —rogó e intentó alejarse pero el agarre en su muñeca era firme al igual que la mano que subía por su muslo derecho, pequeñas lágrimas llenaron sus ojos y Jeongin se sintió inútil al no poder hacer nada para alejarse. —Soy el omega de tu hermano. —recordó intentando volver a alejarse.
Sam le dio la vuelta en un movimiento fácil, su espalda apoyada contra la nevera y su mirada fija en el rostro cubierto de sombras del alfa. La única luz en la instancia creando una mínima ilusión de intimidad.
La sonrisa de Sam era burlona, nada arrepentida de la forma en que estaba rodeando su espalda y bajando por su culo redondo. Jeongin se sonrojó avergonzado cuando su coño comenzó a mojarse correspondiendo los avances del gemelo de su alfa.
—E igual tu coño se está mojando. —murmuró tomando sus manos para atraerlo a su pecho inmovilizando mientras dos dedos rodeaban la intimidad cubierta por aquellas bonitas bragas negras que había visto hace unos segundos. Sam gruño cuando sus dedos se empaparon del lubricante que escapaba descuidadamente del coño del dulce omeguita. —Pensé que eras el novio de mi hermano. ¿Qué haces chorreando en mi manos?
La burla lo hizo sacudirse en algo enfermizo pero no pudo alejarse deseoso de que aquellos dedos se hundieran en su calor. Hyunjin lo había follado antes de dormir no sería difícil para Sam hacer lo mismo dado que su agujero estaba húmedo y estirado aún.
Gimió humillado ante una ligera palmadita contra su intimidad que hizo resonar la húmeda en él. —Ni siquiera parece que hace un par de horas tenías a un alfa haciéndote gritar. —Jeongin rodó los ojos sonrojado pero con algo extraño formándose en su vientre al saber que lo habían escuchado. —¿Querías que los escuchara? ¿O mi hermano quería marcar su territorio en ti?
Jeongin se quedó callado casi intimidado por la forma en que Sam conocía tan bien a Hyunjin. Sam soltó una carcajada divertido y presionó con mayor fuerza su agujero haciéndolo jadear, dos de sus dedos se hundieron en su borde casi deslizándose dentro pero sin ir más allá.
—Mi hermano es un perro celoso de mierda con sus cosas bonitas, ¿Sabes? Les encanta dejarles su propiedad y asegurarse que todos, no, asegurarse de que yo lo sepa. —murmuró con una sonrisa fría. —Pero eso no dura mucho porque siempre termina queriendo lo mismo que yo, compartir es tan divertido porque no importa cuánto te ame, cuánto crea que así es suficiente igual no será tan agradable como compartirlo con su gemelo. Primero son los juguetes, los libros y los dulces pero después puede ser el auto, la universidad y... las personas. —Sam besó su nuca un poco más arriba de donde Hyunjin lo hacía y eso lo hizo estremecerse confundido al igual que perdido en el toque que se había detenido. —Seguro hoy te follo con el pensamiento de, ¿Cómo se vería mi dulce Jeongin en medio de ambos?
Sam intentó mover sus bragas a un lado y aquel gesto fue suficiente para que Jeongin recuperara la consciencia alejándose de golpe del alfa, sintiéndose tembloroso y débil ahora que sus manos no estaban sobre su cuerpo.
Lo miró con sus ojos abiertos en grande y la expresión de culpa y pánico reflejándose en su rostro. Sam solo sonrió como si lo supiera todo acerca de él.
—No v-vuelvas a tocarme.
Con pasos inseguros volvió a la cama con Hyunjin con la vergüenza y ansiedad cubriendo su rostro al igual que un deseo que estaba mal. El alfa lo atrajo a su cuerpo envolviendo su vientre con su brazo y lo obligó a acurrucarse contra su pecho. Jeongin gimió cuando el pene del pelinegro se contorneó contra su culo presionando su calor y haciéndolo consciente de lo sensible que estaba.
Apenas pudo dormir esa noche sintiéndose consumido por la culpa y el remordimiento de lo que casi había hecho.
_________
Jeongin se había obligado a no pensar en eso.
Cuando Hyunjin despertó, el omega tuvo que obligarse a contener la culpa y desilusión que sentía en su corazón al haberlo traicionado. Se sentía como el peor omega en la tierra y se sentía sucio. No merecía el alfa tan dulce y bueno que tenía y eso lo estaba destruyendo.
Tenía que decirle.
Sabía que debía hacerlo.
Pero no tenía la fuerza para abrir la boca y confesarle su traición a Hyunjin.
El mayor ya sospechaba que algo no estaba bien aunque su mente divagaba en pensamientos como la discusión anterior y no algo más que eso. Estaba muy equivocado.
Hyunjin tampoco preguntó.
Esa mañana simplemente lo besó e hicieron el amor con la misma intensidad que la noche anterior y seguro habrían continuado de la misma forma si no fuera por la repentina llamada que el alfa recibió.
—Tendré que pasar por la oficina. —suspiró el alfa después de revisar su teléfono.
Jeongin hizo una mueca. —¿Por qué? Son tus vacaciones. —se quejó con un puchero aferrándose a uno de sus brazos pero Hyunjin lo soltó, besando su frente y después el mohín de su boca antes de tirar el teléfono sobre la cama comenzando a cambiarse para salir. Hyunjin asintió pareciendo enojado al respecto.
—Se perdieron unos papeles muy importantes. —explico masajeando su ceño y conteniendo sus feromonas que delataban lo irritado que se sentía ante la incompetencia de sus empleados. —Tendré que verificar por mi cuenta que todo esté bien.
Jeongin asintió compresivo.
Mañana sería navidad y definitivamente Hyunjin no debería estar en dirección al trabajo pero podía entenderlo.
Sam también estaba en casa, recordó con una mueca incómoda.
—¿Puedo- puedo ir contigo? —preguntó preocupado, su corazón latiendo a una milla por hora contra su pecho. Hyunjin frunció el ceño ante su evidente malestar y dejó lo que hacía para acercarse a él que continuaba sentando en una esquina de la cama hecho prácticamente un ovillo mientras abrazaba sus rodillas contra su pecho y lo miraba con incertidumbre.
Hyunjin se sentó frente suyo y despejó su rostro, quitando sus manos y entrelazándolas con las suyas.
—Pensaba ir con Sam y después comprar algunas cosas de última hora. —explicó acariciando su mejilla. Jeongin se apoyó en su tacto sintiendo como el aire volvía a sus pulmones y volvió a asentir. —Pero puedes ir con nosotros de cualquier forma, amor.
Jeongin negó apresurado sintiéndose mucho más tranquilo. Su pulso volviendo a la normalidad y la tensión de su cuerpo desapareciendo progresivamente.
—No. —dijo de manera repentina. —Digo, no es necesario. —se retractó con timidez. —Es un buen momento para que pases tiempo con tu- con tu hermano.
Hyunjin le miró atento viéndose cada vez más confundido pero solo asintió con una sonrisa suave antes de inclinarse y besar sus labios tiernamente. Jeongin soltó una risita en medio de su beso cuando Hyunjin mordisqueó su labio inferior para después alejarse dejándolo ir.
—Trataré de volver temprano. —prometió.
Al menos, no tuvo que cruzarse con Sam en toda la mañana.
Jeongin se quedó durante un par de horas solo acostado mirando el techo blanco mientras pensaba en todo lo que había sucedido. Sabía que tendría que decírselo a Hyunjin, no podría ocultarle algo como eso y tampoco quería hacerlo. Se había equivocado, debió reaccionar de otra manera, debió alejarse e impedirlo pero... fue débil.
Quiso llorar.
¿Cómo pudo dejar que algo como eso sucediera?
Tendría que decírselo por más daño que esto le hiciera a su relación.
Obligándose a levantarse de la cama se dirigió a la cocina sabiendo que pronto volvería comenzó a prepara la comida. No había desayunado ni probado alimento alguno desde que despertó esa mañana, sentía su estómago cerrado con un nudo en la garganta que apenas le dejaba respirar. El arrepentimiento lo estaba consumiendo segundo a segundo.
Y su cabeza solo empeoraba las cosas con los miles de escenarios catastróficos que creaba.
Hyunjin estaría tan decepcionado de él y tenía toda la razón para estarlo. Él tampoco soportaría saber que su pareja hizo algo como eso con alguien más pero estaba decidido a esforzarse para que lo perdonara e ignoraría a Sam hasta que se fuera y volviera a desaparecer de sus vidas.
Tratando de despejar su mente de todas sus preocupaciones se concentró en preparar la comida favorita de Hyunjin. No tenía más remedio que aceptar que se había equivocado al insistir en que alguien como Sam entrara en sus vidas pese a la resistencia de su propio esposo.
Suspiró nuevamente conteniendo las lágrimas. Sentía culpa en especial porque había disfrutado su toque, sentía culpa por sentir placer ante sus palabras y burla. Odiaba que Sam pudiera provocar algo en él.
Su lobo estaba confundido ante el parecido de ambos alfas. Sam tenía la misma altura y complexión física, la misma sonrisa y tono de voz y podría imitar con total facilidad la personalidad apacible de Hyunjin. También tenían el mismo aroma y su tacto se sentía igual.
Era confuso para su cabeza.
Confuso para sus sentimientos.
Debía alejarse y mantener la distancia de él hasta que su mente y su estúpido lobo comprendieran que no era Hyunjin.
El sonido de pasos acercándose y la puerta principal abriéndose y cerrándose anunció el regreso de Hyunjin como había dicho regreso a tiempo para comer juntos. Jeongin suspiró aliviado de que hubiera vuelto tan pronto y sabiendo que lo encontraría sin esfuerzo, continuó con su labor concentrado en terminar de preparar la comida sabiendo lo hambriento y cansado que llegaría su alfa del trabajo. Hyunjin había salido tan apresurado que ni siquiera había desayunado y conociéndolo tampoco habría comido nada afuera más que un café.
A Jeongin no le molestaba en lo absoluto cuidar de él.
—Volviste rápido. —murmuró con una sonrisa tirando de sus labios cuando los brazos de Hyunjin lo envolvieron a sus espaldas atrayéndolo cerca y haciéndolo resoplar una risa tímida cuando su aliento chocó contra su nuca. —Aún tengo que terminar la ensalada y después... —sus palabras murieron lentamente al sentir los labios del alfa presionarse cerca de su marca de apareamiento, la piel cicatrizada tan sensible que le hizo sacudirse y olvidarse de todo lo que estaba haciendo. —Hyunjin. —se quejó en un suspiró bajo.
Las manos del alfa descendieron hasta su cintura y se detuvieran sobre su vientre y solo entonces Jeongin se tensó, notando lo silencioso que era. Hyunjin no había dicho ni una sola palabra desde que entró y aunque su aroma le decía que era él, había algo más que le hizo sentir todo lo contrario.
Dándose la vuelta, Jeongin se llevó la gran sorpresa de que no era su alfa quien estaba ahí. Lo empujó sin pensar poniendo distancia entre ellos y cubriendo su rostro con ambas manos ante lo enfermo que esto estaba resultado.
—¿¡Por qué hiciste eso!? —gritó frustrado y más confundido que antes. Su piel ardiendo ante su tacto y su mente divagando desorientada en las señales mixtas que estaba recibiendo. Jeongin miró a los lados buscando a Hyunjin pero con un rápido escaneo supo que estaban solos. —¿Dónde está Hyunjin? ¿Qué haces tú aquí?
Sam apoyó su hombro contra una de las paredes cercanas y se cruzó de brazos tranquilo y despreocupado pese a su evidente rechazo.
—Hyunjin debe estar trabajando. —habló. —Me dijo que podía volver y hacerte algo de compañía mientras tanto.
Hyunjin no haría tal cosa sabiendo lo incómodo que Sam lo ponía.
Arrugó la nariz sin creerle en lo mínimo.
—Mientes.
Sam sonrió sin un gramo de culpa y asintió. —Está bien, mentí un poco pero nada que le afecte.
Jeongin no entendía porque Sam se esforzaba tanto en molestarlos, parecía empecinado en arruinar su relación.
—¿Por qué harías eso? —preguntó después de unos segundos, rindiéndose.
—Porque me aburría. —dijo. —Y tú estabas aquí. —el alfa sonrió mirándolo de pies a cabeza concentrándose en sus piernas apenas cubiertas por el short deportivo que llevaba.
Jeongin se cruzó de brazos en un intento de no dejarse intimidar.
—Soy mucho más aburrido, te lo prometo. —masculló.
—A mi no me lo parece. —Jeongin retrocedió poniendo mayor distancia cosa que el alfa notó en seguida. —¿Por qué te alejas? ¿Me tienes miedo? —preguntó arqueando sus cejas entretenido de su nerviosísimo.
Jeongin negó con la cabeza pero no se atrevió a decir palabra alguna apretando el borde de la mesa con una de sus manos en un intento de distraerse en cualquier cosa excepto aquel alfa.
—No pareces muy seguro. —murmuró dando un par de pasos lentos en su dirección.
Jeongin abrió sus ojos en grande. —No te acerques más, es inapropiado.
A Sam solo parecía divertirle más y más verlo tan consternado por lo que ignoro sus palabras.
—Anoche no parecías tan molesto porque me acercara o como si pensaras que sería inapropiado tener mis manos en tu coño.
Su acusación alteró al omega quien comenzaba a sentirse a un segundo de desmayarse.
—¡No sabes lo que dices! —gruñó apretando sus manos hechas puños y conteniéndose de golpear la cara de ese ridículo alfa. —No quiero que te acerques, anoche fue un completo error del que te aprovechaste.
Sam terminó por acercarse acorralando al pequeño omega contra la mesa, colocó sus manos lado a lado de su cuerpo y se inclinó acercando sus rostros lo suficiente para que sus narices se rozaran. Jeongin retrocedió tanto como pudo con su espalda chocando contra el borde de la mesa y su corazón hecho un desastre.
—Tu coño no parecía pensar lo mismo, bonito. —susurró muy cerca de su boca. Su atención completamente en los labios entreabiertos, esponjosos y suaves, se veían tan dulces y tiernos que sus deseos de morder y lastimar se hacían más fuertes solo al verlos.
Jeongin contuvo el aliento temiendo moverse. —Aléjate. —dijo entre dientes y trato de empujar sus hombros pero Sam no se mío ni un solo centímetro y en su lugar tomó sus manos, apresándolas y asustando aún más al omega quien se zafó de un golpe. —Le diré a Hyunjin lo que estás haciendo s-si no me dejas ir. —amenazo inútilmente.
Sam apoyó su frente en uno de sus hombros con su risa vibrando en su cuerpo cuando negó divertido.
—¿También le dirás que correspondiste mis toques, le dirás que tu coño se mojó como una puta necesitada tan solo con mi cercanía?
Respiro hondo sintiendo su garganta cerrarse. —Eso no- no es así. —trató de justificarse pero solo aumentó su frustración y su completo miedo a que Hyunjin lo odiara.
Sam observó sus ojos enrojecidos y el pánico en su aroma y negó con una sonrisa compasiva en sus labios.
—No llores, cariño. —murmuró con fingida lástima acariciando su mejilla y limpiando la lagrima solitaria que resbaló por una de estas. —Seguramente Hyunjin lo entendería... mi hermano debe ser consciente del tipo de zorra que tiene como omega, no debe ser una sorpresa que te mojes pensando en otros alfas.
Jeongin se sintió consternado ante la insinuación hecha. Hyunjin nunca lo había maltratado de esta forma, apenas se atrevía a usar apelativos ofensivos durante el sexo. Hyunjin siempre lo había respetado, tratándolo como a un completo y absoluto Dios y el que ahora, Sam siendo tan parecido a Hyunjin le hablará de esta forma era... confuso.
—Yo no- no soy-.
—Shh, está bien. —acalló el alfa presionando su pulgar contra su boca. —Ser una zorra no tiene nada de malo, menos cuando eres así de bonita. —acarició su labio inferior, llenó y esponjoso. Jeongin no dijo nada con sus ojitos brillosos por las lágrimas y algo más, algo mucho más profundo de lo que Sam podría adivinar. —Te verías aún más bonito sentado sobre mi polla.
Jeongin parpadeo aturdido y trato de apartarse pero Sam empujó una de sus rodillas entre sus piernas presionando su coño y debilitando al omega quien gimió anonadado ante el estímulo repentino. Sam presionó con fuerza y su rodilla fue de adelante hacia atrás un par de veces para después detenerse y solo presionar hacia arriba. Jeongin respiraba acelerado.
—Ya estás mojado. —murmuró impresionado. —Toda la casa comienza a apestar a tu lubricante.
—Y-yo por favor...
—¿Por favor que, bonito?
No lo sabía. Quería que lo soltara, que lo dejara irse y esconderse en su habitación pero no soportaría volver a irse sin apagar el fuego en su interior.
Más lágrimas cayeron por su rostro y negó.
Hyunjin.
No podía hacer esto.
Hyunjin iba a odiarlo. El ya se odiaba a sí mismo por ser tan patético.
—Suéltame. —musitó en voz muy baja y débil.
Sam fingió no escucharlo y en cambio, rodeó su nuca.
—Hyunjin volverá pronto y te verá así, ¿Qué crees que pase después? Yo creo que no se resistirá de follarte aquí mismo, ¿Puede ser que me deje unirme a ustedes? —bromeó quitando el cabello que caía desordenadamente sobre su rostro sonrojado y agitado.
—No. —negó con la cabeza y se tensó, ante tal movimiento la rodilla del alfa se presionó con mayor intensidad a su calor.
—Lastimas mis sentimientos, bonito. —dramatizó tocado su pecho con un puchero exagerado en sus labios. —Yo estaba pensando más en lo apretado que estarías. —susurró con su mirada descendiendo a sus pechos antes de volver a su rostro con una sonrisa traviesa. —Desde anoche no puedo dejar de pensar en tus gemidos y en lo suave y húmedo de tu coño. No sabes lo mucho que quiero tenerte bajo mi cuerpo, cariño. Creo que podrías tomarnos a ambos al mismo tiempo, creo que has pensando en ello y sabes lo agradable que sería, debes saber que era lo mismo en que Hyunjin pensaba cuando te follo anoche y también cuando te follo esta mañana en la ducha antes de irse.
Jeongin se ruborizó avergonzado pero no dijo nada.
Las palabras del alfa lentamente deslizándose en sus pensamientos. Pensó en Hyunjin y eso fue todo. Tenerlos a ambos sería como si dos Hyunjin lo follaran al mismo tiempo, llenando sus agujeros y encargándose de todos sus deseos a la vez. Jeongin se estremeció solo con pensarlo y ante la risa ronca del alfa que erizó su piel supo que este debía intuir lo que pasaba por su cabeza cosa que le avergonzó el doble.
—Solo dime que sí y Hyunjin estará de acuerdo en que ambos te follemos, bonito. —murmuró Sam acariciando su rostro tomándolo por sorpresa al sentir su aliento sobre su cuello y la forma en que su cuerpo se presionaba fantasmalmente contra él suyo. Jeongin jadeo con la garganta seca. —Dos nudos llenando tu bonito coño de muñeca, estarías tan jodido que no podrías caminar al día siguiente y Hyunjin estará tan feliz de que su omega satisfaga sus fantasías más profundas.
Jeongin tragó sonoramente cayendo de manera lenta en la manipulación del mayor quien sin saberlo jugaba con una de sus inseguridades más grandes.
No poder complacer a Hyunjin era su mayor miedo, no ser suficiente para él o aburrirlo, hacer que se arrepienta de marcarlo. Jeongin sería capaz de cualquier cosa por asegurarse de que eso no pasara. Incluso caer en un juego de hermanos que a su parecer era ridículo y muy extraño.
Pero la verdad, Jeongin no había conocido gemelos antes y cuando empezó a salir con Hyunjin nunca imaginó que él tuviera un gemelo. Había sido una noticia extraña y sorprendente saber que su "hermano Sam" también era en realidad su gemelo. Jeongin siempre se sintió algo extrañado por la forma en que Hyunjin le había ocultado aquel dato durante meses casi como si odiara la idea de que lo supiera como si con ello trajera algo de su pasado que no le gustaba... Ahora lo comprendía mejor.
También era consciente de que su pasado le afectaba a Hyunjin. Desde que Sam había llegado, su alfa se había estado comportando como un hombre posesivo y sediento. No era como si antes ya no lo hubiera sido pero era diferente.
Hyunjin lo follaba como si cada vez que lo hubiera hecho antes solo hubiera alimentado un hambre salvaje que no podía apagar. Jeongin sentía su coño a carne viva tan adolorido pero encantado de que continuara follandolo como un animal. El semen ya resbalaba de su agujero debido a las anteriores veces que lo había llenado y que continuaba haciéndolo hasta que su vientre se sentía cubierto de su corrida.
A Jeongin le encantaba tal sensación.
Y aunque amaba el deseo descomunal de su alfa sabía que había algo raro tras de él.
Sam había desestabilizado algo dentro de Hyunjin y su alfa se esforzaba tanto en fingir que no era así que también comenzaba a enloquecer.
Jeongin podría cambiar eso.
Tenía razón al decirlo, él podría cumplir aquella fantasía de su pareja.
Pero le aterraba lo que eso implicaba. No sabía cómo se sentía respecto a Sam, y tenía miedo de equivocarse una vez más.
¿Y si solo arruinaba las cosas entre ellos?
Sam parecía haber llegado para desequilibrarlos y eso no terminaba de agradarle. Jeongin estaba muy seguro de que lo único que le gustaba de Sam era aquella fantasía que podía alimentar. Cuando veía a Sam solo podía ver el reflejo de un Hyunjin que le asustaba.
—La comida se quemara. —susurró como un pensamiento repentino cuando el olor de esta llegó a sus narices.
Sam dio una mirada a los sartenes y ollas sobre las hornillas y finalmente dejó ir al omega cuyas piernas temblaban y dudaban ante cada paso dado. Se detuvo frente a estos y apagó cada hornilla asegurándose de que nada se hubiera quemado.
Estaba tenso y sus movimientos eran rígidos y sin forma demasiado consternado para actuar con normalidad. Su coño palpitaba deseoso y se sentía incómodo ante la humedad que se había acumulado en sus bragas, la tela suave de algodón de su suéter se frotaba contra sus pezones erectos causándole irritación.
No podría ignorar lo que había pasado.
—Jeongin-.
—Voy a mi habitación. —interrumpió sin mirarlo dando pasos rápidos en dirección a la salida de la cocina huyendo de Sam pero sin llegar muy lejos cuando este lo tomó de la mano atrayéndolo hacia él con brusquedad y tomándolo de la nuca lo besó sin darle oportunidad a negarse o recapacitar.
Sam lo estaba besando.
Jeongin jadeo sorprendido pero no se movió, los labios del alfa empujando los suyos y su lengua delineando sus dientes antes de abrirse paso a su cavidad. Sam lo besó como si solo de esa forma encontrara el sustento para continuar con vida, fue abrumador y lo desequilibró totalmente haciéndolo sentir perdido y sin sentido. El omega apenas logró corresponder algo de su beso cuando este se alejó con sus ojos oscurecidos y su respiración agitada y descontrolada viéndose como un animal desembocado con sus cejas arqueada y su respiración entrecortada.
Sam lo miró como si lo hiciera por primera vez y frunció el ceño dando un par de pasos hacia atrás antes de mirar al techo de la cocina y después a la salida.
—No debí besarte. —era la primera vez que veía a Sam tan fuera de si mismo.
Jeongin abrió su boca para decir algo pero ni una sola palabra salió de esta cuando Sam se dio la vuelta y desapareció tomando su chaqueta y tirando la puerta de la entrada principal al abandonar la casa.
_________
—Sam me besó hoy antes de que llegaras del trabajo.
El omega estaba aturdido, desconectado desde esa tarde. Hyunjin llegó apenas una hora después de que todo pasó y Jeongin se había quedado en silencio perdido en sus pensamientos con sus emociones y sentimientos chocando unos contra otros en el peor de los sentidos.
Había estado llorando cuando Hyunjin lo encontró y hasta hace unos segundos se armó de valor para confesarle a su alfa lo que pasaba.
Definitivamente no era lo que Hyunjin había estado esperando.
—¿Qué? —su tono tenso cada músculo y hueso en el cuerpo del omeguita quien cubrió su rostro avergonzado y arrepentido.
Hyunjin intentó levantarse de la cama con la expresión en su rostro tornándose amarga y profundamente enojada. Miles de escenarios en los que su hermano se aprovechaba y lastimaba a Jeongin se reprodujeron en su cabeza como un tormento fatal haciéndolo sentir culpable y como si hubiera fallado en su trabajo de protegerlo.
—No. —dijo Jeongin tomándolo de la mano y deteniendo su movimiento. —Quédate. —susurró con voz afligida antes de mirarlo con una mezcla de timidez y tristeza en sus grandes orbes ámbar.
Hyunjin rodeó su rostro con ambas manos. —¿Qué pasa? ¿Te está molestando? ¿Hizo algo más? Dímelo, Jeongin. —insistió.
Jeongin respiro hondo permaneciendo en silencio mientras vagaba en sus pensamientos escandalizado al no saber cómo responder a sus preguntas.
—Él no... —pero callo sin estar seguro. Sam definitivamente sí lo había estado molestando, había estado irritado cada uno de sus pensamientos y le dio más que solo un beso. Ahogando un sollozo se encogió escondiendo su rostro en el hombro de su alfa. —No lo sé. —confesó abatido y avergonzado.
—No lo sabes. —repitió Hyunjin con la voz extrañamente vacía.
—Solo quería que lo supieras. —susurró. —Pensé que eras tú y cuando me di cuenta ya estaba besándome... lo siento, alfa, lo siento. —gimió angustiado aferrándose a su cuerpo temiendo que Hyunjin se levantara y lo abandonara pero su alfa no hizo nada de eso.
Hyunjin apretó la mandíbula en un gesto que desbordaba autocontrol.
—No me importa que mañana sea navidad y no tenga a dónde ir, lo voy a echar de casa si es lo que quieres. —dijo con la voz densa por las emociones.
Jeongin lo miró con la boca abierta y sus ojos cubiertos de lágrimas de culpabilidad y solo entonces Hyunjin pudo saber exactamente qué era lo que molestaba a su pareja. No era el beso en sí ni que Sam fuera insistente o que estuviera en casa con ellos, con una sola mirada Hyunjin supo que lo que verdaderamente irritaba a Jeongin era haberlo... disfrutado.
Estaba sorprendido, absolutamente sorprendido. Nunca imaginó que su tierno novio tendría este tipo de deseos. El inocente omega se sentía atormentado y aterrizado al sentirse atrapado en lo que consideraba era una traición a su relación.
Hyunjin se alejó lo suficiente para mirarlo de pies a cabeza con aquella distante idea volviendo a tomar peso en sus pensamientos.
—¿Disfrutaste que Sam te besara? —preguntó con brusquedad y cero tacto, su ceño apenas fruncido.
Los ojos de Jeongin se abrieron de par a par antes de negar con vehemencia, un atisbo de desesperación tomando protagonismo en sus movimientos y el puchero de su boca tambaleándose mientras el resto de su cuerpo se tensaba, sus rodillas chocando entre sí, apretadas con incomodidad.
—N-no alfa yo no lo haría. —el tono empleado era inseguro.
Era un pésimo mentiroso.
Hyunjin lo tomó del mentón acercando sus rostros regocijándose ante el malestar del más joven.
—Menos mal. —susurró cerca de su boca. —Pensé que tendría que castigarte, cariño. —Jeongin jadeo apretando sus muslos con mayor fuerza. —Aunque aún debería hacerlo después de todo dejaste que te besara, ¿Pasó algo más? Eres demasiado tentador y sin duda el imbecil de Sam no trataría de contenerse en tu presencia.
Su rostro se puso rojo con facilidad.
Jeongin trató de alejarse intentando esconderse pero el agarre de Hyunjin se hizo más fuerte manteniéndolo en su sitio y su respiración se aceleró, Hyunjin era consciente de que el omega estaba excitado y de que apenas podía pensar adecuadamente. Lo que era un problema porque él tampoco podía resistirse demasiado cuando Jeongin se veía así, soltó una risa áspera y sin humor.
—Te hice una pregunta, cariño.
Jeongin se desvaneció sin poder luchar durante más tiempo. Era débil y no sabía mentir.
—También- también me tocó. —confesó respirando en ráfagas cortas y aceleradas. Sus pestañas acariciaron su mejilla ante sus parpadeos nerviosos.
Hyunjin se acercó más obligándole a abrir sus piernas y hacer espacio para su cuerpo entre estas.
—¿Y qué más? —insistió en voz muy baja, hipnótica.
El pelinegro se quejó abatido.
—Me m-mojé.
—¿Dónde? —preguntó sin dejar de acariciar su mejilla poniendo aún más nervioso al omega.
Jeongin mordisqueó su labio inferior apartando la mirada. —En mi- mi-. —tartamudeo con las mejillas coloradas entrelazando sus manos sobre su regazo en un intento de esconder lo mucho que temblaban. —No puedo decirlo. —se quejó avergonzado queriendo esconderse.
—En tu coño, ¿No es así? Mojaste tu coño pensando en mi hermano. —dijo completando su oración con una risa fresca. Jeongin se ruborizó pero no negó a sus palabras. —Que dulce.
Hyunjin lo recompensó con un beso corto y repentino. Sus labios balanceándose sobre el otro en una mezcla intensa que dejó sin aliento al más joven, Jeongin casi se desvaneció con su interior ardiendo cuando sus manos lo rodearon para atraerlo hasta él.
Separándose tan solo unos centímetros Jeongin buscó su mirada, desconcertado.
—¿No estás... molesto? —preguntó temeroso mirándolo a través de sus pestañas.
Hyunjin lo atrajo de la nuca acariciando su glándula de olor provocando que automáticamente el omega se relajara encogiéndose entre sus manos y ronroneando como un gatito contento mientras se restregaba bajo su mandíbula. El alfa dudó antes de hablar. No estaba precisamente feliz con la idea de alguien más tocando a su pareja pero había algo diferente en esto, lo que lo hacía aún más retorcido.
—Entonces, ¿Quieres que Sam te folle? —cuestionó ignorando su pregunta al no saber qué responder.
La pregunta tan directa lo sacó de sus casillas. Jeongin se sonrojó dos veces más y su silencio se extendió largo y tendido por lo que debió ser mucho tiempo. El omega no estaba seguro de lo que pensaba su alfa al respecto, de si estaba molesto o extasiado, de si odiaba o le interesaba la idea tanto como a él quien tampoco estaba muy seguro de lo que quería.
Sam le asustaba.
El rubio alfa encendía una chispa en su interior pero al mismo tiempo revolvía su estómago y lo cubría de ansiedad. No estaba seguro de quererlo cerca pero... Hyunjin estaría a su lado y Jeongin confiaba su vida a ojos cerrados en el alfa.
Hyunjin nunca dejaría que las cosas se tornaran en algo que no quería.
—Alfa. —se quejó irritado cerrando sus ojos con vergüenza y formando una mueca en sus labios. No quería decirlo en voz alta, ya era evidente lo mucho que deseaba ese trío del que tanto habían presumido.
Egoístamente, Jeongin quería reemplazar cualquier recuerdo del pasado de su alfa por uno donde estuviera él.
Pero eso no lo era todo.
Otra parte de si, quería esto para su propio placer.
Hyunjin lo conocía a la perfección. Recorrió su mandíbula con uno de sus dedos y se detuvo en la comisura de su boca antes de negar.
—Debes decirlo o no aceptaré. —condicionó observando de su boca enrojecida a sus ojos brillantes de vergüenza. —Dilo.
Jeongin apretó sus manos sobre sus muslos retorciéndose adorablemente frustrado y miró a los lados buscando ayuda que no llego.
Nunca se imaginó en esta posición deseando cosas que antes había visto como malas. Su devoción absoluta siempre había estado en Hyunjin, no tenía ojos para nadie más. Lo que Sam despertaba en él era retorcido.
Era malo.
Lo odiaba.
—Lo quiero. —susurró entre gimoteos lastimosos y un puchero tierno en su carita llorosa.
Odiaba quererlo.
Jeongin lo rodeó con sus brazos necesitando que lo abrazara para conseguir algo de consuelo y Hyunjin se dejó arrastrar por su pareja cayendo cuidadosamente sobre su cuerpo, aplastándolo contra la cama, Jeongin no se quejó escondido en su cuello y llenándose de su aroma agradablemente reconfortante.
—Por favor. —rogó tembloroso repartiendo besos sobre su mandíbula en un intento de que Hyunjin dijera algo, de que hiciera algo con esta información que le estaba dando.
Jeongin era tan sensible. Sus brazos lo rodearon y lo acercaron con todas sus fuerzas en lo que pretendía ser un abrazo pero Hyunjin gruñó sintiendo como sus suaves y pequeñas tetas se presionan contra su cuerpo y lo cálido que es, con sus muslos rodeando su cintura y espalda e inevitablemente dejando su coño expuesto contra su polla.
Hyunjin gruñe con la excitación apoderándose de su estómago furiosamente. Puede imaginar lo apretado que estaría alrededor de su carne y no puede ni le interesa controlarse ante lo cálido y flexible que se siente bajo su dominio.
—¿Puedo? —preguntó aun cuando es una mera formalidad. Su mano se detiene entre sus muslos y se presiona hacia arriba en medio de su núcleo protegido con capas delgadas de ropa. Jeongin asiente con necesidad abrumadora soltando un gemido tímido que solo termina por encender la llama del deseo del alfa quien sonríe y empuja la ropa fuera de sus piernas. Jeongin siempre viste prendas de fácil acceso; vestidos cortos, camisas anchas y pantalones de algodón. Lo hace tan simple para el que en un movimiento tiene su coño sonrojado por la excitación a la vista. El lubricante se desliza desde su agujero hasta su culo empapando sus muslos pálidos. Hyunjin observa toda la escena con avidez alimentándose con la visión de sus labios hinchados y esponjosos, de la humedad que chorreaba de estos y de su agujero estrecho listo para que lo tomara. —Es como si estuvieras hecho para ser follado, amor. —murmuró frotando su clítoris con su dedo pulgar.
—Hmm. —se quejó apretando sus ojos y aferrándose nerviosamente a las sábanas de la cama.
Hyunjin sonrió terriblemente enamorado y aprovechando el lubricante que se acumulaba en su entrada humedeció uno de sus dedos lo suficiente para empujar dentro de su coño, Jeongin estaba tan apretado como un virgen. Sus paredes succionando el dedo con rigidez tratando de llevarlo más profundo.
Hyunjin chasqueo. —¿Cómo alguien tan pequeño puede ser tan ambicioso? Con trabajo soportas mi polla y tu coño anhela más y más. —bromeó cruelmente comenzando a deslizar su dedo nudillo a nudillo por el canal.
Jeongin sollozo y sus piernas rodearon la cintura del alfa tratando de atraerlo más cerca, de apresarlo y no dejarlo ir. Lo necesita, siempre lo hace pero en ese instante siente que morirá si no se hunde en su interior.
Hyunjin se queja ante la presión en su bulto. Su polla creciendo a medida que la excitación vaporosa aumenta, por lo que se aleja, dando un paso atrás y dejando vacío el coño del omega quien jadea. Hyunjin se quita la chaqueta y arremanga las mangas de su camisa blanca hasta los antebrazos para tener mayor comodidad pero su mirada no se aparta ni un solo centímetro del cuerpo impido de Jeongin; de sus caderas anchas y cintura estrecha, de la curva de sus pechos y los pezones erectos y en especial de su rosado canal.
Era tan suyo que la única marca que tenía era la que le hizo en su cuello hace más de un año atrás.
—Voy a follarte, cariño voy a follarte justo ahora hasta cubrir todo tu cuerpo con mis marcas y mi semen y solo entonces dejaré que Sam te toque. —murmuró. La cara de Jeongin delatando su ansiedad y su cuerpo tensándose.
Cuando se acerca, Jeongin vuelve a treparse sobre su cuerpo, con su desnudez contrastando con el buen vestir del mayor y su coño frotándose contra la dura polla del alfa quien envuelve sus manos en su cintura inmovilizando todos sus movimientos y buscando su boca para volver a besarlo. Jeongin gime en cuanto sus labios se rozan, siendo sometido por Hyunjin para hacer el beso más profundo, la lengua de este se desplaza hasta su boca y lame su cavidad degustando su dulce sabor con húmedos golpes que hacen todo más sucio. Jeongin dejó caer sus manos en su regazo sobre el botón de su pantalón sin separarse de aquel beso y Hyunjin gruñe al sentirlo envolver su polla con ambas manos y comenzar a masajear la base deteniéndose en la punta para rodearlo con su pulgar. Aún cuando Jeongin solo quiere subirse sobre su polla, Hyunjin lleva tres dedos hasta su entrada y comienza a acariciar el calor, Jeongin se queja y niega queriendo algo más que solo sus dedos pero es obligado a conformarse.
—Hyunjin... —súplica aferrándose con sus pequeños puños a la camisa del hombre mayor, de su boca resbalando un hilito de baba, no puede contenerse, los jadeos deslizándose involuntariamente por su garganta y sus ojos en blanco por el placer. —Por f-favor mmm-.
Hyunjin palmeó su vagina con una de sus manos y el sonido chapoteante avergonzó al omega que se escondió mordiendo la piel de su hombro en un intento de no ser tan ruidoso.
Sam debería haber llegado ya a casa, seguro que estaría escuchándolos.
Maldijo. —Estás tan mojado.
—N-no puedo evitarlo. —se quejó entre sollozos con su ceño profundamente fruncido y un mohín de sobre esfuerzo en su boca.
Hyunjin soltó una risa condescendiente pero no puede ignorar lo duro que está queriendo devorar a aquel inocente chico que le pertenece.
—Eres tan perfecto. —besó su puchero.
En el momento en que su longitud se presiona en el calor ajeno siente que pierde la cabeza. Jeongin gimotea impotente y trata de alejarse pero al mismo tiempo su canal se cierra a su alrededor con todas sus fuerzas como si no quisiera dejarlo ir. Es contradictorio y a Hyunjin le caliente obligarle a quedarse quieto, lo toma de la cintura y lo empuja en cuatro sobre la cama comenzando a follarlo durante un largo segundo, Jeongin en seguida comienza a sollozar sintiéndose roto y lleno, cada vez que Hyunjin se empuja dentro es como si se hiciera más grande y comenzara a remodelar sus intestinos. Su esperma se esparce a su alrededor y el ruido en la habitación crece, sumando el sonido húmedo de sus pieles al chocar. Jeongin se corre apenas segundos después y se queda quieto en la cama, con su boca entreabierta babeando sobre las almohadas.
Hyunjin rodea su vientre presionado sus dedos en la piel distendida alrededor del contorno de su polla, lo que provoca que Jeongin se retuerza entre gritos y le obliga a ordeñar su polla pese a sus lloriqueos, lo empuja todo el camino hasta que su nudo crece y explota en su pequeño útero, Jeongin no puede evitar volver a correrse entre temblores y quejidos dulces y abatidos.
—Buen omega, cariño. —consoló acariciando su vientre hinchado por su nudo. Jeongin lloró pero pese al dolor igual se dejó acercar con acaricias, apretándose a su lado y escondiéndose en su cuello. —Mi omega perfecto.
Jeongin se durmió en esa misma posición aún con la polla endurecida de Hyunjin enterrada en sus entrañas. Jeongin se durmió olvidándose de su conversación pero eso no importaba porque Hyunjin si lo hacía.
La recordaba perfectamente.
______
Jeongin miró a ambos alfas en completo silencio. Sam actuaba extraño, pese a que la noticia le agradó, su semblante continuaba distante y confundido. El omega no podía olvidar la forma en que había huido después de besarlo esa mañana y se preguntaba si era eso lo que le hacía actuar de esta forma.
El rubio lo miró a los ojos por par de segundos antes de apartar la mirada volviendo a su apariencia normal. La severidad y fría diversión cubriendo su rostro con una máscara dura que no podía descifrar.
Jeongin apartó la mirada en dirección a su pareja sintiéndose reconfortado al encontrar su atención puesta en él con la sonrisa apacible en sus labios y un brillo que reflejaba lo mucho que lo deseaba. Jeongin había vestido atrevidamente un conjunto de seda que se deslizaba sobre su piel como la mantequilla y que apenas cubría las zonas sensibles de su cuerpo. Hyunjin lo había elegido para él y no tenía sentido que se avergonzara cuando pronto estaría desnudo frente a ambos alfas.
Se sonrojó ante el curso de sus pensamientos y mordió su labio con fuerza recordándose manteniendo la compostura. Su alfa apenas colocaba las condiciones a su trato, esto aún podría salir terriblemente mal.
—No puedes tocar su cuello ni mucho menos mi marca en él. —ordenó con severidad a su hermano atrayendo la mirada de Sam devuelta a su discusión y no al pequeño omega que se distraía con el borde de encaje de su pantalón corto.
Sam escucha sin estar de acuerdo pero sabe que debe ceder si quiere que las cosas funcionen, bufa y se cruza de brazos mirando de reojo la linda marca que se expande en la unión entre el cuello y el hombro de Jeongin. Sabe lo sensible que esa zona puede llegar a ser en los omegas y lo confuso que podría ser que un alfa externo la tocará.
Jeongin sin duda reaccionaría positivamente a su toque. Ya lo había hecho antes.
—Pero su cuello es tan tentador. —contradijo solo para provocar el enojo en su gemelo. Hyunjin es fácil de enfadar, siempre fue el más impulsivo de los dos y Jeongin es su punto débil.
Gruño. —Se acaba en el momento en que intentes algo como eso.
La advertencia es clara y es consciente de que Hyunjin no está jugando. Puede ver lo mucho que le importa aquel omega así que no está buscando jugar con su suerte.
Ya llegó más lejos de lo que esperaba.
—Bien. —concedió para alivio del pelinegro. Jeongin levantó la mirada de sus pies que se balanceaban en el aire y se encontró con los ojos oscuros e intensos de Sam. Un escalofrío lo sacudió pero no dijo nada sintiéndose sorpresivamente aprensivo.
Hyunjin golpeó su hombro. —Una última cosa.
—¿Qué? —cuestionó desinteresado.
—Si Jeongin quiere detener todo, lo harás sin quejarte o te mato. —su voz es severa y libre de bromas. Hyunjin es totalmente serio respecto a esto, es la única regla que en realidad le interesa y Sam está fácilmente de acuerdo.
—Por supuesto. —prometió esta vez mirando a los ojos al tímido omega algo alejado a ellos.
Él no quiere lastimarlo.
Jamás podría.
Como algo tácito entre ellos, Sam se da la vuelta y camina en dirección a Jeongin quien está sentando en el borde de la cama que comparte todas las noches con Hyunjin y lo mira a través de sus pestañas con un rubor adorable en sus mejillas, sus piernas se balancean a un par de centímetros del suelo y sus manos se aferran al borde de la cama con nerviosísimo y... excitación. Su aroma es dulce hasta ser empalagoso y Sam se sorprende de lo mucho que se ha resistido, ¿Cómo había estado viviendo todo este tiempo sin nadie como Jeongin a su lado?
Hyunjin no dice nada evaluando la situación. Sorprendentemente su lobo no reacciona, manteniéndose calmado aún cuando sabe lo que pasará.
Jeongin se sobresalta nervioso dando un pequeño saltito sobre si mismo antes de respirar profundo tratando de calmarse. Hyunjin sabe que está bien, Jeongin es tímido y vergonzoso e incluso todavía lo es con él cuando llevan más de tres años juntos y están enlazados así que es natural que parezca asustado con Sam. Hyunjin espera y mira atento y alerta esperando el mínimo cambio para intervenir o echar atrás el trato.
Pero eso no pasa.
Sam detiene su mirada condescendiente en el omega y sonríe con suavidad y casi un deje de ternura. Ha estado con cientos de omegas antes, sabe cómo se sienten sus coños, culos y sus bocas, sabe a la perfección cómo hacer sentir bien a uno, el como desquiciarlos de placer y abrumarlos con su presencia pero Jeongin es diferente. Se siente como probar una fruta exótica y diferente. Es afrodisíaco. Encantador. Tiene un efecto ajeno que termina desquiciandolo.
—Levantante. —ordenó en voz baja.
Jeongin obedece titubeante y ahora su cuerpo se extiende a los ojos de Sam quien lo recorre con descaro llevando una de sus manos a su cintura y tocándolo como había querido hacerlo desde el comienzo.
Un brillo nervioso aparece en su mirada.
—¿Vas a b-besarme? —preguntó temeroso mirando hacia arriba a sus ojos. Sam era igual de alto que Hyunjin por lo que debía esforzarse para estar cara a cara, el rubio asintió una sola vez con rigidez y llevó su mano hasta su mejilla caliente.
—Si, ¿Quieres que lo haga? —a pesar de su cuestionamiento igual continúa acercándose, su mano libre viajando hasta su espalda baja y deteniéndose en esta acercando al omega hasta que sus narices se rozan y sus alientos se mezclan.
Jeongin parpadea con timidez y da una mirada rápida a Hyunjin buscando su aprobación, su alfa solo asiente.
—Puedes hacerlo. —susurro Jeongin más tranquilo pese a sus recuerdos que divagan a horas antes cuando Sam se había mostrado tan aterrado después de besarlo, esperaba que no volviera a suceder. Sería devastador.
Sam adivinó lo que pensaba porque sonrió con seguridad y subió su mano desde su espalda hasta su cintura donde hundió sus dedos y lo jaló más cerca. Jeongin jadeo y se apoyó en su pecho y esta vez cuando Sam unió sus bocas solo había desesperación. Una intensa emoción recorrió al omega que dejó que este lo apretara entre sus manos seguramente dejando marcas de dedos en su piel blanca como la nieve.
Gimió aturdido, los labios de Sam empujaron los suyos y probaron su saliva, su lengua recorriendo sus dientes y jugando brevemente con su lengua tímida y receptiva. Sam llevó las cosas más lejos con rapidez, las manos en su cintura descendieron bajo su camisa y apretaron la piel de su espalda palpando la calidez y suavidad de esta y marcando las yemas de sus dedos en los puntos más sensibles.
—Sam. —murmuró tembloroso al separarse. Una oscuridad atravesó la mirada del alfa quien se sintió genuinamente aturdido al escuchar aquella dulce y encantadora voz gemir su nombre por primera vez.
Jeongin fue empujado a la cama en cuestión de segundos, el rubio alfa se subió sobre su cuerpo obligándole a abrir sus piernas y empujando sus brazos arriba de su cabeza. Sam lo barrió con detenimiento, podía visualizar los pezones erectos a través de la delgada tela de su pijama, la seda curvándose en sus pequeñas tetas y apenas dejándole algo a la imaginación.
El alfa nunca se había sentido tan desesperado por un omega como lo hacía por Jeongin. Y el olor de la excitación de este era mucho más intenso, lo estaba enloqueciendo, deslizando en su olfato y sacudiendo sus sentidos como nada lo había hecho antes. Era dulce con un deje picoso y se adhería a su piel, deslizándose bajo sus sentidos de forma alucinante. Era la mejor de las drogas que había probado.
Con sus manos en sus costados, Sam se deshizo del diminuto pantalón que apenas había hecho un esfuerzo en cubrir su pequeño coño y la mancha húmeda en su frente solo le avisó a lo que se enfrentaría en segundos. Carajo.
—Sin bragas. —estaba sin aliento y un deseo sediento lo alcanzó. Jeongin se cubrió el rostro con su antebrazo mostrándose avergonzadamente tímido. Los labios gordos y jugosos ocultaban el interior de su coño, abrazando su agujero y rezumando lubricante que hacía brillar como una perla su clítoris, estaba perfectamente depilado y tan rosado y suave como una flor.
Sam no dijo nada inhalando su aroma fresco y dulce antes de llevar sin un mínimo aviso uno de sus dedos hasta sus labios, recogiendo un hilo grueso de baba que abrazó su dedo húmedamente. Jeongin gimió dejando caer su cabeza sobre la cama y rodando los ojos en blanco ante lo bien que ese pequeño toque se sentía.
Para mayor tormento del omega, Sam llevó ese mismo dedo hasta su boca y probó su humedad bajo la atenta y vergonzosa mirada del más joven.
—Tienes un coño muy bonito, Jeongin. —murmuró Sam acariciando este con sus nudillos. —Tal como el resto de tu cuerpo.
—Ughm... Sam-.
—Shh. —calló besando su mejilla y repartiendo suaves besos por el resto de su figura antes de detenerse en su vientre lamiendo su ombligo y dejando una marca descarada de sus dientes sobre el lado izquierdo de su cadera.
Jeongin mordió el dorso de su mano cuando el aliento caliente del alfa se detuvo sobre su intimidad. No podía pensar adecuadamente, su coño rezumaba lubricante con descarado, goteando hasta la cama y empapando sus muslos. Sam se hundió antes de decir algo más, su boca y nariz presionándose en su calor y haciéndolo gritar, arqueó su espalda y se removió pero las manos del alfa lo tomaron de los muslos y lo retuvieron en su lugar mientras su lengua lamía su agujero desde la base y rodeaba su borde tirando y explorando hasta que cedió lo suficiente para deslizarse dentro. Sus dedos volvieron hasta el coño de Jeongin para separar sus pliegues y acariciar de arriba abajo hasta detenerse en la cima de su coño donde su pequeño clítoris se escondía, el sensible capullo provocó un grito en el omega ante el mínimo roce de sus yemas.
Jeongin se aferró a las sábanas luchando por no tirar del alfa más contra sus muslos. Su mirada perdida se encontró con la de Hyunjin y se siento sin aliento, desorientado y agitado ante la oscura y analítica expresión de su alfa.
Gritó en una mezcla prolongada de gemido y sollozo y se corrió sin apartar la mirada ni un segundo de su alfa quien lo observaba con un desdén que lo hacía sentir ridículamente vulnerable. Hyunjin continuaba vestido por completo y solo estaba cruzado de brazos sin intenciones de acercarse mientras lo veía sin ninguna señal que le revelara al omega si lo estaba haciendo bien.
—¡Sam! —gritó curvando los dedos de sus pies cuando el alfa continuó lamiendo limpiando el semen de su coño y empujando ahora dos dedos en su interior que se movieron como tijeras estirándolo descuidadamente. —Ahm que bueno ¡Ugh! —gritó blanqueando sus ojos al tener la boca de Sam sobre su sexo. Aparte de su esposo, nadie más lo había tocado de esta forma. Hyunjin siempre fue su único.
Jeongin le había entregado su virginidad y toda su inexperiencia y el alfa lo había forjado minuciosamente hasta que cada uno de sus deseos se convirtieron en suyos también. Compartiendo las mismas y retorcidas fantasías y el mismo libido sexual.
Hyunjin era el único alfa que lo había follado hasta ahora.
Pensó que sería así para toda la vida pero se había equivocado.
Sam lo dejó ir, confundiendo al omega quien abrió sus ojos y lo buscó aturdido.
—Ven aquí. —llamó palmeando sus piernas para que se subiera a estas.
Intentó reincorporarse por su cuenta pero sus piernas fallan en seguida, aún temblorosas y debilitadas después de su orgasmo arrollador. Su agujero parpadea deseoso de algo que lo llene y se siente como cuando está en medio de su celo, demasiado agitado y caliente, apenas consciente. Jeongin gatea sobre sus manos y rodillas hasta poder acomodarse en el regazo del rubio alfa quien eliminó la camisa de su cuerpo dejando a la vista los múltiples tatuajes que tiene. No solo sus brazos están cubiertos de tinta sino también su pecho, algunos tienen formas que atrapa lejanamente pero otros son simplemente inentendibles para el aturdido omega.
Las grandes manos del alfa lo ayudan a sentarse sobre su regazo, con sus piernas lado a lado y su coño húmedo y abierto besando el bulto cubierto por el pantalón.
—Mierda. —gruñó Sam observando la unión de sus cuerpos antes de lanzarle una mirada a su gemelo. —¿Estás seguro de que no se romperá a la mitad si me lo follo?
Los pensamientos de Jeongin se rompieron cuando un fuerte gemido tiró de su voz, Sam enterró sorpresivamente dos gruesos dedos en su coño empujando hacia arriba y escarbando hasta acariciar su punto G.
Hyunjin chasqueo y aunque Jeongin no podía mirarlo dándole la espalda sabía que la expresión en su rostro era burlona, divertida de verlo llorando.
—Puede soportarlo. —ánimo su alfa encendiendo un deseo malicioso en el rubio que sonrió ante la vista sonrojada del bonito omega.
Se había corrido hace menos de cinco minutos pero su coño ya rezumaba lubricante que se esparcía y ensuciaba el pantalón oscuro de su cuñado.
—Parece que no importa cuanto te follen, tu coño sigue chorreando. —señaló. Jeongin se escondió en su cuello cubriendo sus ojos avergonzado sin poder callar los sonidos que escapaban de su boca. —Voy a terminar anudándote. —confesó en su oído como un secreto únicamente entre ellos dos. Jeongin no sabía si eso sería correcto pero su cuerpo reaccionó positivamente. —Tu bonito coño merece que lo llenen de semen, te verás adorable con tu pequeña barriguita hinchada, cariño.
Todo su cuerpo se tensó con la idea afianzándose agradablemente en su cabeza y asintió.
—S-si alfa, por favor. Seré bueno, tómame... hnghhn lo n-necesito. —sollozo con sus ojos abiertos en grande y sus caderas balanceándose en círculos inseguros alrededor de su bulto.
No está seguro de en qué momento Sam se desnuda pero pronto su glande está besando su agujero y Jeongin jadea retorciéndose y queriendo huir cuando da el primer embiste que es dolorosamente agradable. Sam lo hace boquear aturdido ante lo abierto que se siente y es abrumador.
Sam lo hace aún más difícil de soportar cuando embiste de un solo movimiento en su coño yendo hasta el fondo de su calor y dejándolo sin aire. Las lágrimas cubren sus ojos y grita sintiéndose desgarrado.
—Tienes que relajarte. —susurró contra su oído haciéndolo temblar y rodeó su cintura juntando sus cuerpo el uno al otro lo suficiente como para sentir lo suave y frágil que era su cuerpo contra el construido del alfa. Sam besó su mejilla con sus labios suaves pero firmes y su aliento cálido chocó en su nuca subiendo a su frente dejó otro beso volviendo a su otra mejillas y deteniéndose en la comisura de su boca la cual besó robándole un jadeo aturdido. —Te haré sentir bien solo relájate. —prometió observando los bonitos ojos brillantes del omega antes de presionar sus bocas juntas por tercera vez.
Es casi imposible para su cuerpo relajarse ante la invasión desconocía y está tan confundido porque le gusta pero se siente incorrecto, hay algo netamente incorrecto en que Sam lo esté follando que lo tiene temblando y luchando con su cabeza.
Su lobo está igual de confundido.
No termina de discernir si le agrada o no.
Sam lo abraza rodeando su vientre y su mano descansa en su núcleo donde comienza lentas acaricias en su clítoris terminando por relajar al tenso omega. Sam sale de su interior completamente y cambia la posición, Jeongin se siente vacío y frío de esta forma pero cuando su espalda se apoya al pecho del rubio alfa y su mirada se detiene en Hyunjin todo se siente correcto una vez más.
Mientras su alfa esté ahí todo estaría bien.
Sam vuelve a deslizarse lentamente en su calor y en esta nueva posición puede sentirlo por completo, centímetro a centímetro y es como si lo llenara hasta su estómago. Le duele y le agrada al mismo tiempo, se siente como demasiado pero a la vez no es suficiente para correrse.
—S-Sam... —titubea sin aire. —Por favor uh-. —ante cada respiración siente como se mueve en su interior empujando y empujando pero el alfa no se esta moviendo realmente solo permanece ahí, llenándolo y haciéndolo sentir sofocado.
—Muévete. —ordenó Sam contra su oído mordiendo el capullo de su oreja segundos después. —Salta sobre mi polla, bonito. Deberás esforzarte si quieres que tu alfa se nos una. —murmuró envolviendo su cintura con sus manos amplias y frías.
Jeongin se dejó caer contra su pecho, su espalda y culo presionándose en el cuerpo caliente y fuerte del rubio quien solo lo tocaba a través de la unión de sus cuerpos pero del resto se contenía, sus manos sobre la cama dejándolo hacer todo el trabajo, obligándolo a esforzarse por su polla.
Cerrando sus ojos con fuerza contuvo una queja y mordió su labio inferior empezando a balancear lentamente. La orden del alfa vibrando en su cabeza en una petición que no podía evadir.
Pequeños gemidos de placer escaparon de su boca a medida que sus saltos iniciaban, eran torpes y lentos, insatisfactorios, apenas logrando que su pene escarbara en su interior, a veces rozaba su punto pero la mayor parte del tiempo solo se burlaba de su necesidad.
—Umhh es-es muy... grande. —lloriqueo dejando caer su cabeza en su hombro con su cuello quedando a la vista de su alfa. Sam sonrió cínico y llevó sus manos a su cuerpo; una se detuvo en su pezones pellizcándolos y retorciéndolos entre sus dedos y la otra bajo hasta su entrepierna, acariciando su clítoris y deslizándose entre sus labios obscenamente abiertos alrededor de su polla. Jeongin tembló con su cuerpo hecho una gelatina y miró a los ojos a su alfa. —Por favor y-yo no puedo.
La frustración se reflejaba en su carita dulce. El cabello cayendo desordenado sobre su frente y sus ojitos cubiertos de gruesas lágrimas.
—Omega mimado. —regañó Hyunjin con cierto cariño. —Mi pequeña princesa solo le gusta tenderse y dejar que alfa haga todo el trabajo, ¿Mhm? Seguro que es eso lo que quieres ahora, ser sostenido y perforado con ambas pollas sin ganarte nada por tu cuenta.
Jeongin soltó un jadeo roto, más lágrimas cayendo por sus mejillas. La caliente y dura polla de Sam continuaba perforando su vientre pero Sam no se movía, no le brindaba ningún tipo de alivio a su coño palpitante.
Sus ojos de cierva brillan aturdidos y su boquita carnosa está roja e hinchada después de haber chupado su polla. Las pequeñas protuberancias en su pecho se balanceaban ante cada saltito que el omega daba y Hyunjin estaba duro solo con la vista, no se podía imaginar como estaba Sam sintiendo su coño apretarlo y su semen y lubricante resbalando alrededor de su longitud, calurosa y lentamente hasta la asfixia.
Sam apretó el montículo en su mano, este desparecía por completo en esta, era del tamaño perfecto y Jeongin soltó un suave hngg apoyándose a su tacto y apretándose más ante cada respiración. Sam rodeó el pezon con su pulgar y después tiro de este repetidas veces hasta que Jeongin soltó un grito intentando soltarse, su vientre tenso y su agujero goteando con intensidad mojando las sábanas bajo su cuerpo.
Sus ojos se abrieron por completo cuando un dedo delineó su clítoris. Hyunjin se había acercado, uniéndose a la acción. —Que coño tan sucio, cariño. —gruñó Hyunjin recogiendo una espesa capa de baba de sus labios, pegajoso y oloroso, el caramelo invadiendo su olfato y haciéndolo sentir ebrio con locura. —Comienza a moverte, bebé. —ordenó con una palmadita que le hizo gritar. —Prepárate para mi polla.
Jeongin se obliga a obedecer, sus caderas se balancean en círculos y usan las puntas de sus pies para tomar impulso y follarse. Tiene la boca abierta y la saliva comienza a acumularse escapando lentamente por la comisura de sus labios. No tiene la menor idea de lo que está haciendo pero solo sigue sus instintos que lo alientan a seguir cada vez que un movimiento es particularmente bueno.
—¡Humph! ¡Alfa! —gritó. Hyunjin había comenzado a acariciar su clítoris con precisión provocando que sus auto embistes titubeen y se vuelvan torpes y sin ritmo.
Las dos manos de Sam se detuvieron sobre sus pechos masajeándolos y tirando de su carne con obsesión, no ha dejado de pensar en estos desde que los vio y ahora que puede tocarlos quiere grabar su peso en su memoria.
—S-Sam. —titubeo Jeongin con sus caderas balanceándose descontroladamente. Está muy cerca del orgasmo, puede sentirlo. Sus paredes se hacen más apretadas y sus gemidos más ruidosos.
—Sigue adelante, bonito, lo estás haciendo muy bien.
Y Hyunjin lo besó sin resistirse más a probar su boquita sonrojada, el alfa rodeó su nuca y lo arrastró a un beso denso rozando lo desesperado, le quitó el aire y se apropió de todos sus pensamientos. Jeongin se corrió ante un embiste particular, las manos de Sam acariciando su pecho y tirando de sus pezones con cierta brusquedad a medida que su polla era asfixiada entre las estrechas paredes del omega.
Sam no se detuvo pese al orgasmo del omega y en su lugar comenzó a dirigir los embistes jodiendo a la pequeña criatura como si de un juguete para su uso se tratara. Hyunjin tampoco detuvo las acaricias en su clítoris y Jeongin pataleó retorciéndose con su cuerpo convulsionando y haciéndose pedazos mientras era arrastrado a algo intenso que le hizo perder el sentido momentáneamente.
—Ah, d-duele... —se quejó pero no hace nada para evitarlo demasiado destrozado como para hacer cualquier mínimo esfuerzo de detener algo de que lo que pasa. El sonido chapoteante de su coño inunda la habitación y si Jeongin estuviera mínimamente consciente de lo que pasa seguro que estaría avergonzado de lo mojado que está.
—Esto apenas está comenzando, bonito, puedes soportarlo. —animó contra el capullo de su oreja. Jeongin sufrió un espasmo dejándose caer sobre su hombro. —Perfecto. —repitió con sus manos subiendo y bajando por su vientre plano y sosteniendo el peso cálido y adorable de sus pechos. Definitivamente tiene una opción con ellos.
Hyunjin se quita la camisa revelando su cuerpo trabajado y abdomen marcado, Jeongin se siente debilitado siguiendo los movimientos de sus manos cuando bajan hasta su pantalón y quitan el seguro de su cinturón. Su coño comienza a gotear ante la anticipación y se aprieta con mayor fuerza alrededor del pene de Sam quien gruñe.
Muy pronto, Jeongin ya está lleno de su primer nudo de la noche, Sam se derrama en el haciéndolo sentir cálido y mareado, el semen se desborda de su coño y empieza a filtrarse a sus muslos y labios vaginales. Sam no lo deja descansar ni un solo segundo, sus dedos presionándose en acaricias densas contra su clítoris hinchado y abusado.
—Sabía que serías una zorra. —murmura Sam contra su oído. Una de sus manos frota sus pezones haciéndolo llorar mientras repite una y otra vez lo puta qué es, lo llena que estará cuando tenga dos pollas en su coño y lo mucho que lo amara porque nació para ello. —Un perfecto vertedero de semen.
Jeongin gimió tembloroso sintiéndose afectado por sus palabras rudas.
—Si, soy- bueno, alfa, más hmghh. —gimoteó con su coño palpitando excitado pese a los dos orgasmo que ha tenido.
Tampoco lo dejan recuperarse, Hyunjin lo está levantando del regazo de Sam como si fuera un muñeco de trapo y lo lleva hasta su cuerpo rodeando su espalda baja y obligándole a envolver sus piernas gelatinosas alrededor de su cintura. Obligando a Sam a salir de su agujero, Jeongin se queja ante eso con el semen escapando por sus muslos y su agujero doliendo por el vacío enloquecedor pero apenas puede emitir queja alguna cuando Hyunjin guía su polla a su entrada.
El pene cálido y grueso de su alfa le genera una sensación familiar que agita su corazón y hace revolotear su agujero que rezuma más lubricante y trata de adaptarse a su tamaño con desesperación.
Está jodidamente desesperado por tenerlo.
Es algo a lo que nunca podrá acostumbrarse.
Jeongin suspira, su cuerpo volviéndose resbaladizo y suave a medida que su alfa embiste en su calor. Es perfecto, la sensación lo adormece y lo tiene ronroneando, gimiendo y lloriqueando con débiles sonidos que escapaban de su garganta sin control alguno. Hyunjin acaricia sus mejillas y besa sus labios incontables veces antes de dejarlo sobre la cama en cuatro y convertir sus embistes suaves y considerados en algo que busca su placer.
Ser usado egoístamente es casi igual de bueno. Jeongin se aferra a las sábanas y sus ojitos cansados se encuentran con los de Sam que acaricia su polla dura nuevamente y se acerca hasta él.
—Sería una pena no usar tu carita bonita, ¿No? —murmura presionando su glande y delineando los labios hinchados con su líquido pre seminal. Jeongin gime con su boquita cayendo abierta pero apenas parpadea, así que Sam toma eso como una invitación gustosa de que puede usarlo. —Para esto fueron hechos los omegas bonitos como tú. —murmuró empujándose centímetro a centímetro en la cavidad húmeda y siguiendo los embistes desacelerados de su hermano. —Solo mírate, si tuviera mi teléfono te tomaría una foto ahora.
Jeongin gimió sonoramente mientras Sam deslizaba sus dedos por su cabello atrayéndolo y guiando sus embistes, se hunde hasta que la punta roza la base de la garganta de Jeongin y este se atraganta y vuelve a salir dejando que solo un hilo de saliva los una y así continúa.
Hyunjin penetró duramente su punto G yendo tan profundo que Jeongin puede sentirlo en su estómago, como si hubiera roto su útero y lo estuviera destrozando por dentro. Jeongin siente sus manos fallar y quedarse sin fuerza, lo único que verdaderamente lo sostiene son ambos omegas que lo joden por ambas entradas sin tener ningún tipo de piedad.
—Voy a correrme. —anunció Sam pero eso solo incentiva al omega a chupar con mayor intensidad, lamiendo la base y rodeando el glande con sus labios, queriendo que todo se quede en su boca. —Mierda. —gruñe presionando sus dedos con fuerza alrededor de su cabello en un intento de no lastimarlo aún cuando este lo hace tan difícil.
Jeongin debe ser un tipo de demonio porque no hay posibilidad en el cielo de que exista alguien así de tentador y no sea malo para su corazón.
—Dios, bebé, estás tan apretado que asfixias mi nudo. —maldijo Hyunjin tirando de su cuerpo hasta levantarlo y presionar su espalda contra su pecho. Jeongin apenas se queja, un suave hgnhh abandona su boca y sus ojitos permanecen cerrados mientras gimotea. Hyunjin le lanza una mirada a Sam y el rubio sabe lo que dice sin siquiera decir una palabra. También se incorpora y se coloca frente al omega tomando sus piernas y envolviéndolas en su cintura mientras Jeongin apoya todo su pecho sobre su alfa. Este se queja y se remueve como si intentara huir cuando Sam acaricia sus labios descaradamanete abiertos alrededor de la longitud de Hyunjin. —Shh, está bien, mi amor, quédate quieto. Va a gustarte, lo prometo. —consoló ante los lloriqueos que escapan de su garganta.
Dos dedos se unen al coño de Jeongin junto a la polla de Hyunjin. Jeongin reniega pero hasta ese momento permanece apacible, sumiso permitiendo y recibiendo con tal dulzura que Sam no se puede contener a ir más lejos agregando otro dedo y empujando con fiereza. Su polla tan dura que es casi como si no se hubiera corrido hace apenas unos minutos.
Jeongin es tentador. Su cuerpo lo recibe como una manga y se envuelve agradablemente alrededor de ambos.
Sam necesita sentirlo pronto o explotará.
—Puedes continuar. —Hyunjin habla entre dientes casi adolorido, está usando todo su autocontrol para evitar moverse y lastimar a su omega pero es imposible mientras Jeongin se remueve y gime y se hace cada vez más apretado. —Lo estás haciendo muy bien, amor, eres tan perfecto. —susurró contra su oído deslizando su toque hasta su capullo donde comienza a acariciar. Jeongin se arquea y un sollozo escapa de su boca sorprendido e irritado por la corriente de placer que lo ataca. —Mi omega perfecto.
—Vas a tomarnos ahora, cariño, vas a tener ambas pollas en tu coñito de muñeca. —gruñó Sam y robó un beso de su boca antes de sustituir sus dedos por su polla. —Y lo vas a disfrutar como la puta que eres, cariño.
Jeongin se tensa y trata de negar pero Hyunjin se ríe rastrillando con sus nudillos sus pezones y mordisqueando su cuello antes de detenerse y susurrar. —No hay nada de qué avergonzarse, amor. Eres una puta muy linda.
No lo dejan asimilar la situación cuando Sam se presiona contra su agujero lleno. Sus ojos se abren como plato y la tensión lo invade como una cuerda, no va a entrar, es imposible. Lo partirá a la mitad. Apenas puede soportar a Hyunjin en su interior.
Niega y empuja sus manos tratando de alejarse pero sus intentos son inútiles, no tiene fuerza y aparte todo su cuerpo tiembla debilitado y adormecido.
Sam se presiona y forzó su borde robándole un grito de sorpresa.
—¡N-no! No podré yo uh- es demasiado- y...
Hyunjin lo besa acallando sus quejidos y distrayéndolo de lo que pasaba.
—Yo creo que si puedes pero te gusta pensar que no es así. —susurró Sam contra su oreja mordisqueando el capullo de esta y haciéndolo sollozar entre negativas. La mano del mayor se apretó sobre su vientre acercándolo más a su cuerpo y presionando su espalda contra su abdomen a su vez que se hundía más en su interior. Rodó los ojos aferrándose a los antebrazos de su alfa con sus uñas hundiéndose en la piel de su brazo mientras lágrimas gruesas y saladas caían por su rostro sonrojado.
Es abrumador y siente que lo partirá en dos. El roce es doloroso al inicio, y no es similar a nada que ha hecho antes, a nada de lo que Hyunjin lo había arrastrado antes... esto solo es diferente.
Por un segundo siente que se desmayará pero no pasa, se queda en medio de un limbo difícil de describir, tal vez si se desmayó y están usando su cuerpo inconsciente porque la forma en que se siente es ajena, distante.
Se siente como un juguete y no odia la idea.
Incluso con el ritmo relativamente lento, Jeongin respira con dificultad, sus ojitos cubiertos de lágrimas y su coño punzante. Ambas pollas empujando al mismo tiempo en él.
—Ughh... ay.
Su dulce vocecita quejumbrosa sólo aumenta el deseo descomunal de ambos alfas quienes no actúan mejores que animales salvajes.
—Así, bebé, lo haces bien, lo tomas perfecto, eres el mejor. —halaga Hyunjin acariciando su vientre ahuecando la pequeña pancita que se forma en su estómago cuando ambos empuja y Jeongin solo puede llorar desconectándose de todo al sentirse tan desesperado.
Es abrumador.
Desconcertante.
Pero encuentra el placer en esa pendiente difusa de dolor-excitación.
—Más, alfa... Uh necesito- es... —pero no puede ordenar sus ideas. Sam empuja al mismo tiempo en que Hyunjin sale, y se turnan, pero su agujero está siendo taladrado sin descanso dejando a su cerebro aturdido por la lujuria.
Ni siquiera sus celos son así de confusos.
Jeongin se corre y se corre, su semen cada vez más acuoso y líquido, probablemente se hizo pis en el proceso, pero no puede controlarlo y no puede pensar en lo vergonzoso que eso sería solo llora y se agita y Hyunjin lo acerca más a su lado, lamiendo la cicatriz en su cuello mientras Sam muerde la piel de sus pechos.
Es desalentador el hecho de que apenas puede entender lo que pasa porque es tan bueno que ya no duele.
Sam se corre primero algo aturdido y desequilibrado. El omega se siente tan bien que no quiere dejarlo, no quiere abandonar su coño cuando sabe que esta podría ser su única oportunidad probarlo pero tampoco pueden continuar, Jeongin está evidentemente luchando por mantenerse consciente y parece perder la batalla. Su hermoso rostro se estremece con una mueca, sus párpados apretados y su naricita de botón arrugada en una mueca mientras no deja de gemir con su voz cada vez más ronca y entrecortada.
Sam está enamorado de la vista.
Hyunjin también está cerca y ante la calidez que lo rodea, el alfa no puede contener más su nudo. Las paredes de Jeongin se apretaron, resbaladizas y codiciosas con el semen de las cargas anteriores filtrándose alrededor de sus ejes hasta gotear por sus muslos y las pollas que lo empalaban.
Y él simplemente yacía entre los cuerpos de ambos alfas mientras estos continuaban tomando y arruinando su coño.
Ambos hermanos manosean sus lindas tetas, sin dejar de separar sus muslos y lo follan una y otra vez con sus nudos crecientes estirando su borde al máximo.
Del coño de Jeongin cae resbaladizo como si de una llave rota se tratase. Hyunjin humedece sus dedos recorriendo parte de su lubricante para guiarlo hasta su agujero, a Hyunjin le encanta follarselo de esta forma. Después de usar su coño y destrozarlo hasta que empezaba a doler, lo empujaría en cuatro y anudaria su culo para joderlo a través de la inconsciencia pero esta vez no podría ser.
Jeongin ya está llorando desvaneciéndose entre pataleos sin fuerza cuando ambos lo anudan y explotan en su vientre provocando que su estómago se estire y distienda en una pequeña barriguita que lo hace ver aún más adorable.
Sam se distrae con la vista; y casi desea tener un par de minutos más para apreciar su cuerpo en silencio pero se alimenta de este instante, observando sus pliegues rosados que se envuelven alrededor de su polla que poco a poco sale de él con las gotas de semen y lubricante deslizándose por estos. Su pequeño clítoris también está hinchado y rojo, no es el sutil rosita que lo decoraba sino un rojo brillante que delata el abuso sufrido.
—Puedo ver que te hizo enlazarte a él. —dijo como un pensamiento secundario. Hyunjin no parece alegre con su comentario dada la mueca en su rostro serio cuando le obliga a salir del cálido hogar de su polla. Casi resopla triste cuando Hyunjin tiende a Jeongin sobre la cama lejos de él.
Jeongin se quejó pero suspiro alegre al sentirlo los labios de su alfa acariciar su mejilla.
De repente, Jeongin sintió un hormigueo que subió desde su vagina hasta su estómago y pronto borbotones de semen alfa comenzaron a escapar de su entrada abierta obscenamente.
Es un desastre.
Es un absoluto desastre que le encantaría limpiar con su lengua pero que solo puede ver como su hermano se encarga de este y lo aleja siendo el mismo imbecil codicioso y egoísta que ha sido siempre.
A Sam le encantaría golpearlo.
Jeongin se desmayó durmiéndose al costado de su alfa, acurrucado tan dulcemente que Hyunjin comenzaba a sentir culpa de haber permitido que Sam jugara con sus cabezas y le arrastrara a hacerle esto a su pareja.
—Esto no volverá a pasar. —dijo apartando la mirada de Jeongin tras cubrirlo con las sábanas. Hyunjin descubrió que Sam también había estado mirando a Jeongin con una sombra de algo extraño tras sus ojos que alertaba sus sentidos.
—¿Tan mal estuvo? —cuestionó divertido obligándose a mirar a cualquier sitio menos al sonrojado omega.
—Tienes que encontrar a tu propio omega, Sam. —Hyunjin aclaró su garganta incomodo siguiendo los movimientos de su hermano al reunir su ropa. —Deja de actuar como si no te importara y arregla tu vida.
—¿Y qué con Jeongin?
Hyunjin se tensó apretando sus dientes juntos y repitiéndose que era su hermano. Era el alfa con el que lo había compartido todo en algún punto de su vida, no era su enemigo.
Pero fue imposible combatir con lo que sentía su lobo.
—Son cosas de pareja y él es solo mío, si hay algún problema es mi problema para arreglar no tuyo. Esto fue todo, Sam.
El rubio se alejó con una risa seca. —Me quedo más que claro.
Y salió de la habitación cerrando la puerta con cuidado sin querer molestar al omega dormido.
Esa misma mañana cuando despierta puede escuchar las voces de la pareja viniendo desde la sala, Sam se siente incómodo y se cuestiona si debía irse pese a que su visita se debía a la navidad, sentía que no era bienvenido. Era todo su culpa, por supuesto. Pero ahora después de lo que había pasado se sentía más que fuera de lugar y estaba sintiendo cosas que simplemente no eran adecuadas.
Sam se detiene en la entrada observando a Jeongin quien está sentado en el sofá junto a la chimenea mientras Hyunjin se ríe de algo que dijo. Son la pareja perfecta.
Jeongin se sonroja con total dulzura cuando su hermano se inclina y besa sus labios repetidas veces antes de apartarse.
—Te amo. —murmura Jeongin muy cerca de su boca y tan bajo que a Sam se le dificultad escucharlo pero lo hace y es más que incómodo.
—También te amo. —respondió Hyunjin provocando que el omega se derrita suavemente contra su costado y que sonaría con mayor intensidad.
Sam se siente celoso, celoso de la complicidad que la pareja comparte. Su lobo se remueve y le cuesta aceptar que envidia lo que su hermano tiene con Jeongin.
Pero lo hace, un sentimiento amargo y retorcido lo invade y le cuesta mantener para sí mismo lo que siente cuando Jeongin lo nota y lo saluda sonriendo con cautela pero finciendo con total facilidad que nada fuera de lo normal a pasado entre ellos.
A Sam no le toca más que parecer que así es.
Incluso cuando Jeongin lo abraza y le desea una feliz navidad. Su aroma le invade momentáneamente pero tan rápido como llega también se va y solo le quedan las migajas de algo que definitivamente nunca será suyo.