Sesión Uno
Alexis no podía ponerse cómoda. Su mente se aceleraba mientras esperaba en el sillón de felpa, jugando con sus manos. Realmente iba a hacer esto? Como es que siquiera llego a este punto? Por qué accedió a venir aquí en primer lugar?
Respirando profundamente, la mujer intento calmarse con la esperanza de que no fuera un completo manojo de nervios cuando el terapeuta llegara. “Esta es una buena idea,” suspiro ella, cerrando sus ojos. “Solo recuerda, lo estás haciendo por Aaron.”
Antes de que pudiera darse más afirmaciones, Alexis estaba asustada por el gentil golpe en la puerta. Ella giro su cabeza hacia la fuente del disturbio mientras la puerta se abría y un hombre sosteniendo un portapapeles entro a la habitación.
“Alexis Dawson?” Pregunto el con una cálida sonrisa, cerrando la puerta detrás de él. “Soy el Dr. Miller. Mucho gusto.” El doctor extendió su brazo para un saludo.
Los ojos de Alexis se abrieron y un nudo se formó en su garganta mientras lo miraba fijamente. “U—usted es el Dr. Miller?” Finalmente tartamudeo ella, continuando, mirando al hombre mientras él se aproximaba con velocidad. “Es el Dr. Ainsley Miller?”
La cálida sonrisa del doctor nunca desapareció mientras su brazo regresaba a su costado y tomaba asiento en la silla frente Alexis. “Así es,” respondió el. “Está bien?”
“Yo solo,” comenzó a decir ella antes de respirar profundamente y reiniciar. “Solo vi el nombre Ainsley, y supuse que, ya sabe, supongo que pensé—”
“Que iba a conocer a una mujer,” dijo el, terminando su oración. Alexis asintió, y el doctor continuo. “Confíe en mí, no es la primera vez que pasa. Podemos culpar a mis padres por eso.” El Dr. Miller se rio suavemente. “Así que, le gustaría decirme que la trajo aquí hoy, o deberíamos tomar algo de tiempo para conocernos mejor?”
Alexis miro fijamente al hombre sentado frente a ella, jugando con sus manos hasta que sus nudillos estaban blancos. “Lo siento,” finalmente murmuro después de una larga pausa. “No sé si esto funcionara. Yo solo, es solo, vera—”
“Alexis, está bien,” comenzó a decir el con un tono gentil. “Ahora, escucha, he estado haciendo esto por un tiempo, y puedo decir que estas incomoda. Es perfectamente normal. Nadie viene a su primera sesión con un terapeuta sexual listo para decir hasta el último detalle de sus vidas. Encima de eso, se te añadió el impacto de esperar de que una mujer entrara por la puerta. Aunque te aseguro, soy muy bueno en lo que hago. Ese es por qué tu doctor te refirió a mi oficina. Tu estas en control aquí, Alexis. Si terminamos esta sesión hoy y no quieres volver nunca más, está perfectamente bien. Todo lo que pido es que le des una oportunidad esta primera sesión. Al menos inténtalo. Si resulta que no soy el terapeuta correcto para ti, estaré feliz de ayudarte a encontrar uno que lo sea. Que dices? Una sesión?”
Alexis trago saliva y respiro profundamente. “Ok,” murmuro ella, preparándose para unos largos 90 minutos. Ella podría hacer una sesión. Ella tenía que, realmente. Le había prometido a Aaron que lo intentaría, y estaba preocupada de lo que pasaría si al menos no se esforzaba.
“Maravilloso,” sonrió el Dr. Miller. “Recuerda, hoy todo se trata de ayudarte. Vamos a movernos a tu ritmo. Si no quieres hablar de algo, solo dilo. Por qué no empezamos con algo fácil? Me adelantare y te diré un poco sobre mí y mi práctica, y luego podemos indagar en las razones de que estes aquí.”
Mientras el doctor compartía su trasfondo, Alexis encontró su tensión comenzando a borrarse. Después de un tiempo, Alexis se encontraba asintiendo mientras él hablaba, y ella incluso se rio nerviosamente ante la broma que hizo. Para cuando él había terminado su presentación, la mujer aún estaba un poco aprensiva, pero estaba mucho mejor que cuando él había empezado a hablar.
“Muy bien,” dijo el Dr. Miller con una sonrisa. “Tu turno, Alexis. Por qué no me dices un poco de porque estás aquí hoy?”
“Ok, lo intentare,” comenzó a decir la mujer, con sus mejillas sonrojándose. “Solo deme un segundo. Es la primera vez que hablo con un hombre además de mi esposo sobre esto, y es vergonzoso.”
“No te preocupes, Alexis, no hay nada de que avergonzarse,” respondió el doctor. “Las mujeres son más del noventa por ciento de mi clientela base. No vas a decir nada que no haya escuchado antes. Algunas veces es mejor ser clara y honesta. Estoy aquí para ayudarte si lo necesitas.”
Alexis respiro profundamente. “Bueno, si soy honesta,” respondió ella, reuniendo coraje, “es porque soy terrible en.…la intimidad, y siempre lo he sido. Cuando mi esposo, Aaron, y yo nos casamos, aún era virgen, y.…‘eso’ fue muy incómodo la primera vez. Recuerdo pensar que se volvería mejor, y supongo que en algunas formas lo fue. Quiero decir, el acto, el, um—”
“Sexo,” añadió el Dr. Miller.
“Si. El, um, eso. Esa parte es buena,” continuo ella. “En el momento siempre me gusta. Pero por alguna razón, nuca puedo motivarme para quererlo. Se siente como otra tarea, o deber que tengo que hacer, no algo que activamente quiera hacer. No sé si eso tiene sentido.”
“Tiene perfecto sentido,” respondió el doctor, tomando notas en su portapapeles. “Muchas mujeres se sienten así, Alexis. Como se siente tu esposo con las dificultades con la intimidad?”
“Lo vuelve loco,” dijo ella solemnemente. “Los deseos de Aaron están por las nubes comparados con los míos, pero para mí, es, ósea, difícil motivarme para quererlo, así que nunca pasa. He intentado seguirle el ritmo cuando recién nos casamos, pero eventualmente no funciono. Ahora estamos aquí, casados por casi seis años, y lo estamos haciendo quizás cinco o seis veces al año. Aaron intenta ser comprensivo,” dijo ella mientras lagrimas empezaban a bajar por sus mejillas, “pero esta frustrado, y yo también, y todo nuestro matrimonio no es un buen lugar por eso.”
El doctor saco un pañuelo de la caja al final de la mesa y se lo entrego a Alexis mientras más lagrimas caían por su cara. “Suena a que está pasando mucho,” dijo el mientras ella intentaba recobrar su compostura, “y mucho de eso viene de tu bajo deseo sexual y las fuertes emociones que provienen de ahí. Que fue lo que finalmente te motivo a venir a terapia?”
“Fue Aaron,” dijo ella, limpiándose las lágrimas. “Lo atrape enviándole mensajes a otras mujeres. Tuvimos una enorme pelea. Le dije que él no debería estar ligando con otras mujeres ni ocultarme secretos, y me dijo que no podía vivir en un matrimonio que ya no tiene intimidad. Después de que me calmé de la pelea, me di cuenta de que tenía razón, que necesitaba cambiar. Le dije que si el me daba más tiempo, encontraría a alguien que me ayude con mis problemas. Mi doctor me hablo de su clínica, y aquí estamos.”
“En efecto, aquí estamos,” dijo el Dr. Miller, sonriendo gentilmente. “Eso es mucho que procesar, Alexis. Debe ser frustrante para ti. Afortunadamente, hay buenas noticias. Por lo que estas pasando es muy común entre mujeres con las que trabajo cuando vienen a mí por primera vez. Tan común, de hecho, que he desarrollado todo un régimen terapéutico para atacar exactamente este problema. Es casi cien por ciento efectivo, también. Ten, mira esto.”
El doctor se inclinó, abriendo el cajón al final de la mesa, y extrajo una pequeña caja de plástico negra, amenas del tamaño de una baraja de caras. Él se la ofreció a Alexis. Ella dudosamente se estiro y la tomo. Mientras ella lo hacía, los ojos de la mujer se abultaron por lo inesperadamente pesada que era.
“Que es esto?” Pregunto ella, girando la indescriptible caja en sus manos.
“Es una herramienta de terapia que desarrolle. Se vincula con esto,” respondió el, recogiendo un celular desde dentro del cajón. “Uso esto con todas mis clientas. Hace las conversaciones difíciles mucho más fáciles, y ayuda a las mujeres a atacar los problemas relacionados con su bajo deseo sexual. Déjame mostrarte cómo funciona.”
El doctor presionó la pantalla de su teléfono y el aparato cobro vida, vibrando gentilmente en las manos de la mujer. Mientras ella sostenía el aparato vibrante, Alexis sintió una calidez esparciéndose por su cuerpo, comenzando en sus manos y expandiéndose, hasta que sintió como si estuviera completamente envuelta en una sábana de cálida comodidad. Una sensación de calma la abrumo, derritiendo sus preocupaciones, su estrés, y su ansiedad.
“Sientes algo?” Pregunto el Dr. Miller a su paciente después de un momento.
“Vibración,” respondió ella con una gran sonrisa apareciendo en sus labios. “Calidez, también. Se siente muy bien.”
“Super,” dijo el. “Eso significa que está funcionando.” Mirando hacia el celular, el presionó la pantalla unas cuantas veces más antes de volver a ver a la mujer. “Alexis, como tu terapeuta, estas completamente cómoda conmigo. Encontraras que puedes compartir lo que sea conmigo, incluso si no lo compartirías con nadie más. Puedes confiar en mí. No hay nada fuera de los limites en nuestra relación. Entiendes?”
Alexis sintió como si quisiera estar de acuerdo con las instrucciones del doctor. Era tan fácil estar de acuerdo con lo bien que se estaba sintiendo. Aun así, ella no estaba segura de que tan fácil seria para ella ser completamente abierta con él. Había muchos temas que eran muy retadores para ella de hablar, incluso con amigos de toda la vida o familia. Podía realmente confiar en un extraño? Mirándolo nerviosamente, Alexis quería decir que entendía, pero se encontró encogiéndose de hombros en su lugar.
“Está bien, Alexis,” respondió el doctor. “Quiero que te relajes un poco más profundo, y luego vamos a pensar en esto un poco más. Por qué no cierras tus ojos y te pones realmente cómoda?” El presionó su celular unas cuantas veces antes de volver a verla.
Alexis sintió la intensidad en las vibraciones del aparato aumentar en sus manos. Ella encontró el más pequeño gemido escapar de sus labios mientras se acomodaba en la silla de felpa, lentamente cerrando sus ojos. Se sentía tan maravilloso. Si esto era todo lo que podía tener de la sesión, se decidió, ya sería lo mejor de su semana.
“Muy bien,” continuo el Dr. Miller. Ahora vamos a pensar juntos en esto, Alexis. Soy tu terapeuta, correcto?”
“Mhh hmmm,” respondió ella felizmente, sintiéndose completamente libre de problemas.
“Y un terapeuta es alguien en quien confías completamente. Alexis, di que puedes confiar en mi completamente.”
“Confío en usted completamente,” respondió ella, sabiendo que era verdad.
“Y si confías en mi completamente,” añadió el, “eso significa que puedes compartir todo conmigo, y no hay nada fuera de los límites entre nosotros. Es correcto?”
“Si, doctor,” respondió Alexis.
“Muy bien,” dijo el Dr. Miller alagándola. “Ahora, Alexis, vamos a hablar sobre algunos temas profundos hoy. Estas completamente cómoda hablando de lo que sea conmigo, así que no sería un problema para ti para nada. Todo lo que importa es disfrutar de esta maravillosa sensación llenándote y disfrutando el sonido de mis palabras. Eso tiene sentido?”
Alexis asintió suavemente mientras suspiraba felizmente en su silla, disfrutando de la calidez que le impartía el aparato.
“Lo estás haciendo muy bien, Alexis,” continuo el Dr. Miller. “Vamos a profundizar y hablar sobre tu experiencia sexual. Dijiste que tu primera vez teniendo sexo fue en la noche de bodas con tu esposo, y en tu recuento indicaste que tu esposo es el único hombre con el que has estado. Dime, además de tu esposo, con que otros hombres has tenido fantasías sexuales?”
“Realmente no tengo ese tipo de fantasías,” respondió ella adormilada. “Nunca las he tenido.”
“Nunca?” Pregunto el Dr. Miller. “Eso es muy interesante. Que hay cuando te masturbas? En qué piensas cuando te estas dando placer?”
“Realmente no hago eso tampoco,” respondió Alexis. “Nunca estoy de humor, y se siente mal darme placer mientras Aaron está esperándome.”
“Oh, querida,” respondió el doctor. “Esto está empezando a darme una idea de lo que has pasado. Parece que has sido muy reprimida sexualmente, Alexis. Necesitamos hacer algo con esto. La represión sexual es el mayor factor de matrimonios fallidos. Amas a tu esposo, Alexis?”
“Por supuesto,” respondió la mujer suavemente mientras sus pensamientos se retorcían. El doctor debía tener la razón. Ella confiaba en él. Realmente estaba reprimida sexualmente? Podría ser la causa de sus problemas?
“Y tú quieres que tu matrimonio funcione, correcto?”
“Si,” respondió ella de corazón.
“Entonces nuestro primer trabajo será romper este muro, y curar tu extrema represión sexual.” El doctor presionó la pantalla de su celular antes de continuar. “Escucha cuidadosamente, Alexis. El auto—placer es una parte importante en la vida de una mujer. No hay nada malo con tener fantasías sexuales, así como no hay nada de malo con darte un poco de placer con la masturbación. Son actividades indefensas y placenteras, Alexis. Entiendes?”
“Eso creo,” respondió la mujer relajada, aun sintiéndose de alguna forma dudosa a pesar de las increíbles sensaciones del aparato.
“Alexis, no suenas muy convencida,” dijo el doctor. “Porque no me dices en que estás pensando.”
“Se que debe tener razón, Doctor,” comenzó a decir ella, con sus ojos aun cerrados mientras descansaba en la silla. “Es solo que fui criada para creer que fantaseas con alguien más que tu esposo está mal.”
“Entiendo eso Alexis,” respondió el Dr. Miller, presionando la pantalla de su celular. “Escucha cuidadosamente—muchas de las cosas con las que fuimos criados para creer son de hecho dañinas. Esas cosas son la causa de tu represión sexual. Debemos atacar esas creencias y cambiarlas, o tu matrimonio estará en peligro. Por el bien de tu matrimonio, debes estar dispuesta a cambiar algunas de tus creencias. Puedes hacer eso, Alexis?”
“Si, doctor,” respondió Alexis.
“Muy bien. Voy a darte una tarea para la semana, Alexis. Esta semana, quiero que te concentres en el auto—placer. Vas a hacer esto a través de la masturbación. También quiero que trabajes en desarrollar una imaginación sexual. Tener fantasías sucias. Imaginar escenarios picantes con todo tipo de diferentes hombres además de tu esposo. Quiero que encuentres las fantasías que más te exciten. Disfrútalas. Ten orgasmos. No sientas culpa. Esto es un comportamiento perfectamente normal para una mujer casada. Haz lo mejor, y la próxima semana te sentirás muy emocionada de contarme al respecto. Entiendes?”
“Mhhh—hmmmm.”
El doctor presionó su celular varias veces y continúo hablando. Alexis intento seguir sus palabras, pero encontraba más y más difícil concentrarse en lo que estaba diciendo. En su lugar, ella encontró sus pensamientos desvaneciéndose más y más mientras las sensaciones de calidez y comodidad emanaban del vibrante aparato aumentando. Esto era realmente genial, decidió ella. Todo lo era. No había razón para sentirse ansiosa por la terapia sexual. Ella la necesitaba, y tenía mucha suerte de encontrar a un terapeuta tan talentoso como el Dr. Miller. Él era un buen hombre. Realmente podía ayudarla. Ella lo sabía.
“Alexis?” Pregunto el Dr. Miller, pasando su mano frente a su cara. “Alexis? Estás conmigo?”
“Hmm? Que?” Pregunto Alexis, parpadeando un par de veces. Mientras volvía a concentrarse, Alexis se dio cuenta que había estado tan cómoda que debió haberse quedado dormida mientras él hablaba. Ella se sonrojo intensamente. “Oh por Dios,” dijo ella a manera de disculpa, “lo siento mucho Dr. Miller. Creo que debí haberme dormido por un momento.”
“Oh, suele pasar,” se rio el Dr. Miller. “Mira, déjame tomar esto,” dijo el, señalando el aparato en sus manos, el cual había dejado de vibrar. Mientras lo tomaba de ella y lo ponía en el cajón con el celular, el hablo una vez más. “No te avergüences. De hecho es bastante común mientras uso el aparato de terapia por primera vez. La pregunta importante es, como te sientes?”
“Asombrosa,” sonrió Alexis. “No sé cómo funciona esa cosa, pero se siente como si décadas de estrés se hubieran levantado de mis hombros.”
“Es fantástico,” respondió el. “Así que, eso significa que estarías interesada en agendar futuras sesiones?”
“Absolutamente,” respondió la mujer.
“Me alegra escucharlo,” comenzó a decir. “Dada tu condición actual, vamos a vernos una vez por semana para empezar. Si este horario funciona para ti, puedes agendarlo en la recepción de salida. Ahora,” dijo el, indicándole que se levante, “ha sido un placer conocerte, y nos veremos la próxima semana.”
Alexis frunció el ceño. “La próxima semana?”
“Si,” respondió el doctor. “Nuestra sesión termino.”
Alexis miro el reloj colgado en la pared y sus ojos se abrieron. Suficientemente claro, la sesión había acabado. “Wow,” dijo ella maravillada, poniéndose de pie. “Realmente me disocie. Perdón, doc!”
“Oh, no te preocupes,” dijo el riéndose, extendiendo su brazo hacia la mujer. Mientras estrechaban manos, el doctor hablo una vez más. “Ahora, no olvides tu tarea. Es la parte más importante de esto.”
“Si, señor,” sonrió Alexis, sonrojándose ligeramente mientras recordaba lo que se supone que debía hacer. Se despidieron, y después de pasar a recepción para agendar sus sesiones semanales, Alexis troto confiadamente a su auto.
En el camino a casa desde su sesión, Alexis estaba adecuadamente consciente de dos cosas. La primera era que su primera sesión con el Dr. Miller fue INCREIBLE. Ir a terapia sexual fue mucho mejor de lo que había esperado. Ella apenas podía creer que había estado tan nerviosa por hacerlo. Era tan relajante, y el Dr. Miller era asombroso. Era tan inteligente y habilidoso en lo que hacía. Hizo sentir la plática sobre temas sensibles tan fácil. Incluso era un poco lindo, pensó ella entre risas.
La segunda cosa de la que Alexis estaba consciente era de que estaba caliente. Enserio, realmente caliente. Mientras ella esperaba la primera luz roja en su camino a casa, se encontró pensando en la última vez que tuvo sexo. Mas específicamente, se encontró concentrándose en la última vez que tuvo un orgasmo.
Se sintió tan bien, recordó ella. Los sonidos de la carne chocando. La sensación de tener a su esposo bombeándola. Los gemidos. Los besos profundos y sensuales. La forma en que todo su cuerpo cobraba vida mientras se estremecía en éxtasis. Alexis cerro sus ojos y apretó sus muslos mientras su vagina se humedecía por los recuerdos. Ella se sentó ahí, atrapada en el momento, hasta que el claxon del auto detrás de ella la regreso a la realidad.
Todo el camino a casa de Alexis fue un esfuerzo. Cada vez que su mente no estaba en el camino frente a ella, estaba poniéndose más y más húmeda al pensar en sexo. Sintiéndose tan excitada por la nueva sensación, para estar claros, pero no era del todo mal recibida. Para la tercera luz roja, ella estaba visiblemente retorciéndose en su asiento, con su vagina empapando sus bragas. Con cada momento que pasaba, su deseo de desnudarse y tocarse solo se hacía más fuerte.
Finalmente llegando a su garaje, Alexis casi corrió hacia su casa. Aaron no estaría en casa por varias horas, pero eso no importaba. Todo lo que importaba justo ahora era hacer su tarea. Quitándose sus zapatos en la puerta principal, la mujer corrió hacia su cuarto, quitándose la ropa mientras lo hacía. Para cuándo se tiró en la cama, ella estaba completamente desnuda y más excitada de lo que había estado en su vida.
Casi inmediatamente, la mujer enterró sus manos en su entrada y comenzó a acariciar su vagina. “Ahhh, si,” gimió ella mientras sus dedos se deslizaban dentro de ella, recogiendo sus jugos antes de subir hacia su clítoris palpitante. Mientras empezaba a darse placer, Alexis recordó la otra parte de su tarea. Ella necesitaba practicar el tener fantasías, también.
Cerrando sus ojos mientras se acariciaba, Alexis intento imaginar un encuentro picante. Su mente la llevo hacia el chico lindo de su trabajo de medio tiempo. Ella gimió, imaginándolo, presionando contra ella en el gabinete de su oficina, bajando sus bragas y deslizando su verga dentro de ella. Ella jadeo mientras su mano libre agarraba sus tetas e imaginaba que era el haciéndolo. Ella estaba tan cerca de correrse, pero no podía terminar ahí.
Alexis froto su clítoris furiosamente, desesperada por correrse. Si esa fantasía no iba a hacerla superar sus límites, ella decidió, que encontraría una que sí. Mientras se acostaba y retorcía en la cama, se imaginó hombre tras hombre teniendo sexo con ella. Su cuñado. Ese tipo del gimnasio que noto que la vio una vez. El vecino de a lado. No importa a quien se imaginara cogiéndosela, ella no podía correrse. Luego en su mente, vio al Dr. Miller.
Ahí estaba ella, de vuelta en su oficina. Excepto que esta vez, ella estaba completamente desnuda. El doctor la había acostado sobre su escritorio, sosteniéndola mientras pasaba sus manos por su necesitada entrada. Alexis gimió mientras sentía su verga presionando contra su humedad. El entro dentro de ella, más profundo de lo que Aaron había llegado. Mientras ella gemía en su escritorio, el comenzó a embestirla, bombeando su coño más y más duro.
Alexis grito de placer mientras su orgasmo hacia erupción, recorriéndola como si fueran un millón de voltios de pura lujuria. “Si, oh si!” Grito ella mientras las olas de éxtasis la golpeaban. Ella se tiró en la cama, aun imaginándose la verga del Dr. Miller bombeándola mientras su cuerpo tenía convulsiones.
Después de lo que había sido el orgasmo más largo de su vida, Alexis finalmente comenzó a calmarse. Respirando intensamente y chorreando de sudor, ella agarro su sabana, sorprendida de lo bueno que había sido. Ella nunca había experimentado algo tan intenso en su vida. Era justo lo que necesitaba, y una parte de ella se preguntaba porque no se masturbaba más seguido.
Al mismo tiempo, otra parte de ella se sentía ligeramente conflictuada por lo que había hecho. Después de todo, ella había interpretado la masturbación como pecado. Incluyendo hoy, probablemente podía contar el número de veces totales en las que se había tocado con una mano. Era correcto que hiciera esto? Era correcto fantasear con hombres además de su esposo mientras lo hacía? Encima de eso, debería incluso darse placer con sabía que su esposo estaba esperando por tener sexo con ella?
Pensando en las preguntas recorriendo su mente, Alexis decidió que se estaba preocupando por nada. No había forma de que la masturbación fuera tan mala. Como podría serlo? Se sentía increíble, y no lastimaba a nadie. En cuanto a las fantasías, eran solo eso—fantasías. No lastimaban a nadie, y le ayudaban a correrse. En lo que respecta a Aaron, si ella estaba de humor y él no estaba cerca, porque no debería ella tener diversión? Ella había atrapado a Aaron masturbarse más de una vez. Si él podía hacerlo a sus espaldas, era justo que ella hiciera lo mismo.
Con su mente en paz, Alexis dejo salir un suspiro y su cara se derritió en una sonrisa de satisfacción. Si, ella se decidió, ir a terapia sexual había sido una gran decisión.