Remolino Pecaminoso

Summary

Tiene una vida fácil. Es un privilegiado, por así decirlo. Eso no quita que no hayan plantado la semilla de la oscuridad en él desde pequeño y que, por más que intentó contenerla, solo creció cada vez más. Ahora tenía que tomar una decisión, dejarse llevar completamente por uno de sus dos deseos más oscuros. Uno que si salía mal, aún podría recomponerse. Otro que si salía mal destruiría su propio corazón y el de la persona que más amaba.

Genre
Erotica
Author
Senzo
Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: El amor de una chica de ojos lavanda

En mi perfil se encuentran mis cuentas en otras redes en las que publicaré la misma mierda. Están Fanfiction, AO3 y Wattpad. Esto lo hago por si alguna cuenta es borrada.

Pero bueno, no los jodo más. Los dejo con el cap.

Palabras del capítulo: +13.700

¡INCIO DEL CAPÍTULO!


Estaba seguro que era carnoso, blando, pero firme a la vez. Era gigante, con una forma perfecta. Perfecto para tenerlo entre sus manos y amasarlos con sus dedos. Perfecto para besar. Perfecto para morder. Perfecto para chupar. Perfecto para partir en dos con su pene.

“¡Naruto Namikaze...!” escuchó una voz melodiosa, que se encontraba delante de él, sonando un poco extraño debido a que provenía de una boca que estaba metida en el ático de la casa “Sostén bien la silla. A menos que quieras que la rompa con tu cara ¡Si tienes todos esos músculos úsalos bien, por amor a Kami! ¡De verdad!” La amenaza era real. De hecho, ya había pasado una vez, cuando se le resbaló la silla por una combinación de estar atrapado en su fantasía con su glorioso trasero y empujarla con la punta de su pene. No fue agradable.

“¡No va a pasar nada, Kaa-chan! ¡Confía en mí!¡De veras!” no iba a permitir que pasara de nuevo. No porque le tenía miedo a la sensación de la madera golpeándolo, si no porque no quería lastimar a su madre.

“Hmp... ¡Más te vale!” Kami, ¿cómo podía sonar tan sensual?

Él era consciente de muchas cosas. Cómo que su vida era fácil, tomando en cuenta que pertenecía a una familia adinerada como la Uzumaki, además de que su padre era un político importante en Japón, siendo el Shicho de Konohagakure. Cómo que las amigas más cercanas de su madre estaban casi tan calientes como ella, con sus propios encantos, obvio. Como el hecho de que la atracción que sentía hacia su querida Kaa-chan no era algo normal, sabía perfectamente que era enfermizo, pero no podía negarse a si mismo lo que la pelirroja le hacía a su corazón. Claro que podía hacer una cosa, y eso era evitar a toda costa que sus sentimientos salieran a la luz. Una misión difícil, considerando que ahora tenía su increíble retaguardia casi en su cara, y, dejando de lado la situación actual, su madre pelirroja caliente desprendía un aura de atracción para él todo el tiempo, algo que hacía difícil la convivencia, pero a la vez no lo desagradaba.

“Lo encontré” la mujer más hermosa sobre la faz de la tierra se agachó y se giró hacia él, dejando ver su rostro cubierto por polvo, y ocultando su prominente trasero de su vista “Mira” Ah, cierto. Estaban haciendo esto porque ella quería encontrar un viejo álbum.

Miró de reojo la escalera rota que llevaba al ático. Llevaba un buen tiempo en ese estado ¿No se suponía que vivían la buena vida? ¿Por qué no la habían reparado antes? Bueno, en cierto modo era culpa de su madre... Bien, la culpa era completamente de su madre, pero ella era absolutamente adorable, sobre todo cuando su pelo tomaba una forma de nueve colas cuando se volvía súper linda... Verdad, la escalera y eso. Simplemente ella poseía un orgullo que le impedía resolver sus problemas con dinero, quería hacerlo por ella misma. Por eso no contrataron a alguien para que arreglara la escalera, y fue ella misma quién lo intentó, obviamente fracasó, no poseía el conocimiento. Es una actitud que presenció toda su vida. Era la razón por la que no contrataban sirvientes o algo por el estilo, era muy orgullosa para tener gente haciendo las cosas por ella. Su padre, quién no entendía sus razones, no tenía forma de contrarrestar sus argumentos, los cuáles eran nueve. Al principio, él no lo entendía tampoco, y eso porque era un mocoso que estaba demasiado ocupado con otras cosas, así que su postura era muy simplista. Pero cuando empezó a crecer y, por sobre todo, ya no tenía en su vida cosas que le ocupaban todo el tiempo de su atención, pudo comprenderla y estar en sintonía con su orgullo.

“Está sucio” comentó al ver el estado del álbum.

“Obviamente” se bajó de la silla y la metió en una habitación en la que guardaban un montón de tonterías “Lo dejamos abandonado y solito por mucho tiempo” limpió superficialmente el polvo de su cara y del álbum.

Le dió un golpecito en su hombro “A mí no me incluyas. Tú lo olvidaste ahí hace años, luego de que repintamos el interior de la casa” le sonrió. La belleza suprema hizo un puchero, casi le explota el corazón, casi “Que adorable”.

“C-Cállate” hasta cierto punto era susceptible a él... cómo quería aprovecharse de eso.

Ella se recompuso rápidamente, así era ella “Vamos, nos esperan. No podemos ser grosero” ella caminó por el pasillo.

Puso sus manos detrás de su cabeza, y la siguió “Meh, son Mikoto oba-chan y Yumi-chan. Es imposible que seamos groseros con ellas”.

Su madre lo miró mientras caminaba “Me preocupó por Yumi-chan. Te quiere mucho, demasiado diría, imita prácticamente todo lo que haces. Hasta nuestro tic verbal. No quiero que copie malos hábitos”.

“Te preocupas demasiado por pequeñeces” le quitó importancia. No había de que preocuparse “Mikoto oba-chan no dejaría que vaya por el mal camino”.

Su madre no parecía muy convencida. No podía culparla.

xXx

“¡Genial! ¡Genial!” dijo una niña emocionada. Tenía el pelo negro atado en una coleta, le llegaba hasta la mitad de la espalda. Unos grandes ojos azules. Una pequeña cara redonda. Vestía una prendas oscuras principalmente, pero llevaba una falda larga de color rojo. Tenía nueve años, a tan solo un par de meses de su décimo cumpleaños “¡Kaa-chan era igual a mí!” dijo. Casi estaba saltando sobre el sofá en el que el grupo de cuatro estaban sentados. Ella estaba en el medio, con su madre a la derecha, Kushina a su izquierda, Naruto al lado de su madre y el pequeño zorro de pelaje naranja estaba acostado en el apoya brazos derecho.

“¿Ves? ¡Te dije que eras igual a Mikoto cuando era una pequeña cuerva! ¡De verdad!” la sonrisa de la pelirroja era grande.

Mikoto ignoró a su amiga. Le apretó los cachetes a su hija “¡Igualitas! ¡Mi pequeña cuerva!” luego le dió un súper abrazo.

“¡Ka-Kaa-chan!” a la pequeña se le escapaba el aire de los pulmones. El abrazo de su madre era demasiado sofocante, sobre todo por culpa de sus tetas afectadas por el proceso de tres embarazos “¡AAAGGHH!” una vez que la dejó ir, inhaló todo el oxígeno que pudo.

“Exagerada” dijo la Uchiha mayor, entre risas.

Naruto se rió entre dientes. Era una vista increíble, en su opinión.

Yumi se cruzó de brazos e hizo un puchero “¡No es gracioso! ¡En verdad!“.

Kushina se unió a la risa de su amiga, bueno, eso habría hecho si Mikoto no se hubiera quedado de piedra. Era divertido ver cómo su tic verbal se extendía hacia otras personas, mucho más si llegaba hasta la hija de su mejor amiga, la cual se había burlado de su tic hace treinta y un años, cinco meses, dos semanas, tres días, diecisiete horas, cuarenta y un minutos, doce segundos y seis milisegundos.

Empujó a su amiga congelada. Ja. Ahora no te burlas, ¿o sí, Mikoto? “Ella tiene razón, no es gracioso” la sonrisa burlona era evidente en su cara.

Mikoto volvió en sí. Agarró el álbum “No, pero sé que sí” pasó las páginas a una velocidad superior a la del sonido, hasta que se detuvo en una “Mira esto, Yumi-chan” puso las páginas enfrente suyo “Kushina OBA-SAN era un tómate por completo”.

“¡Quita esa asquerosidad!” Kushina cerró el álbum en seguida, pero era muy tarde, Yumi, y Naruto, vieron una foto que absolutamente debieron ver. Una que se grabó en sus mentes.

Kushina, una de unos diez años, estaba soplando las velas de un pastel, o eso se podía intuir que estaba haciendo, ya que se veía claramente que este explotó en su cara. Dejándola cubierta de una sustancia roja por todo su cuerpo, y con una verde sobre su pelo. Dos niñas se asomaban sobre el borde de las fotos, una de pelo azul y una Mikoto sonrientes, haciendo una señal de paz cada una.

“¡JAJAJAJAJAJA!” la pequeña Uchiha se retorció de la risa “¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!“.

“Owww~” Naruto acarició la cabeza de su querida madre “Tomatito”.

Crash.

“¡Ayyy!” se tocó el chichón de su cabeza “Uyy” miró a su sensual madre.

Cronch.

¿Cómo podía verse tan increíblemente sexi cuando crujía sus nudillos? Naruto no sabía la respuesta a eso, pero sí sabía que su diosa pelirroja era hermosa sin importar qué.

Yumi estaba sentada y aterrada en el sofá. El color casi se le escapaba de la piel, estaba totalmente palida. Mikoto tomó el álbum mientras su amiga amenazaba a su hijo, era consciente de que esas amenazas no le afectaban en lo más mínimo. Le susurró algo al oído a su hija, volviéndola a la vida.

La Uchiha menor miró una foto en particular, que se encontraba hasta la parte final. Infló sus cachetes. Se hundió en su lugar. Una pequeña sonrisa apareció en la cara de su madre.

Naruto miró lo que tenía la atención de las Uchihas. Kushina también. Una foto que se tomaron ya hace casi diez años atrás. En donde habían nueve personas, ocho mujeres y un hombre. Naruto y su madre estaban ahí, al igual que Mikoto y Yumi, la cual era tan solo un bebe en los brazos de su madre, también habían otras dos chicas de cabello oscuro parecida a ellas, una de la misma edad que el rubio. Las otras tres chicas eran una mujer de la edad de las madres presentes, de las dos niñas, una era de la edad del chico con bigotes, y la otra era más pequeña por un par de años.

Se quedó mirando a estas dos últimas. Luego miró de reojo a su madre. Él amaba a su madre, pero sabía que era de una manera que iba más allá de lo normal. Intentó múltiples veces deshacerse de ellos, pero cada vez que intentaba alejarse de sus sentimientos se volvía más difícil para él. Solo conseguía terminar con sueños sobre ella. También sabía que, además de eso, no era alguien de bien. No estaba hecho para el amor... para el normal, al menos.

Con un suspiro interno, y mientras las tres chicas que lo acompañaban hablaban entre ellas, se decidió. No podía seguir así, o terminaría reclamando a su madre, mas la otra opción no era tan buena en comparación, podía salir mal fácilmente. Pero no podía negarse a si mismo la oscuridad dentro de él. Iba a cumplir con el plan que ya había puesto en marcha hace un par de días.

xXx

“Hmm. Hmm. Hmm...” se miró en el espejo “Sí. Esto está bien” asintió para si misma. El kimono color crema le sentaba bien. La peluca negra negra, el cubre bocas y las gafas de sol tampoco estaban mal.

“Te ves increíble, Hanabi-chan”.

“Concuerdo con Hinata-sama, Hanabi-sama”.

No se dignó a voltear su cuerpo para ver a su hermana, tampoco a su sirvienta, Natsu. En cambio, simplemente las vió por el reflejo de su espejo “Obviamente. Cualquier cosa me queda bien” no quería ver a su hermana a los ojos, sentía culpa.

Notó en su mirada como un poco de tristeza se asomaba, tristeza que desapareció rápidamente, o, más bien, ocultó. Eso intensificó su culpa.

Caminó hasta la puerta de su habitación “Me voy, nee-san, Natsu-san”.

“Suerte en tu cita, Hanabi-chan. No te preocupes por Oto-sama, intentaré que no se entere”.

“Puedes contar conmigo e Hitomi-sama también para eso”.

Abrió la puerta “Gracias” no le había dicho a su padre que tendría una cita, nunca aceptaría que tuviera una si el hombre no era digno, mucho menos si ella no le decía quién era. Demonios, ni siquiera le dijo a su madre con quién sería, mucho menos a su querida hermana mayor, Hinata. Su hermana ni siquiera se habría enterado de su cita de no ser porque escucho por casualidad cuando hablaba con su madre. Pero ahí estaba ella, ayudándola a cubrirla, junto a su madre y Natsu, de su padre, para ir a esta cita de la que, por alguna razón, era incapaz de revelar con quién era. Algo que la hizo sentir aún más culpable, pero el hecho de no tener que revelar su identidad si salía mal la cita la confortaba un poco.

xXx

El sonido del motor de una moto resonó. Ella se subió, abrazando por detrás el abdomen del motorista. Sus tetas aplastandose sobre su espalda. Colocó su cara contra su hombro rígido. Su cita estaba disfrazada igual como ella, con una peluca color negra y maquillaje para cubrir las marcas en sus mejillas.

“Bastante melosa, Hanabi-chan” prácticamente sentía su sonrisa burlona.

“Solo para ti, Naruto-kun” ella frotó sus manos contra sus abdominales cubiertos por la chaqueta de cuero color naranja oscuro, en un intento por burlarse de él.

Brrrrum.

“¿Qué intentas presumir?“.

“Nada. Pero es bastante genial, ¿no? Estoy en una moto con una chica sexi vestida con un kimono”.

“Lo que digas” resopló “Solo no hagas ninguna locura”.

“¡Locura es mi segundo nombre!” Más bien era su segundo apellido.

Su cita arrancó la moto. Salieron a toda velocidad hacia las calles, pasando entre los vehículos. Se saltaron un semáforo, y en medio apareció un camión de la nada.

Se aferró a él con mayor fuerza “¡Maldito loco!” gritó después de esquivar al camión en el último segundo “¡Estás demente!” Fue divertido.

“¡Jajajaja!” el rubio no tenía problemas con reflejar que se la estaba pasando bien con su estupidez suprema.

Siguieron así por un rato. Yendo a toda velocidad. El viento golpeándole en la cara. Él reía. Ella gritaba de vez en cuando que estaba loco.

Era problemático. Era emocionante. A ella le gustaba esto. El que pudieran meterse en problemas lo hacía mucho mejor.

Posó sus manos contra sus pectorales prominentes. Miró la cara del Namikaze por el retrovisor. Era lindo, incluso si tenía esa mirada de demente motociclista. Siempre lo fue. Esos profundos ojos azules ocultos por las gafas de sol estaban grabados en su mente, esa sonrisa brillante, esos bigotes que le daban ganas de jugar con ellos desde que eran niños.

Lo conocía literalmente desde su infancia, gracias a que sus madres eran muy unidas. Fue esa figura de hermano mayor que no tuvo. También era el chico que le gustaba desde siempre a su hermana mayor. No podía recordar ningún momento en el que ella no se desmayara cuando intentaba hablar con Naruto cuando eran niños. Fue algo que le había costado muchos años de esfuerzo a su querida nee-chan lograr superar.

Todavía recordaba cómo Hinata prácticamente había entrado en una profunda tristeza cuando el amor de su vida había iniciado una relación con esa chica rubia; Ino. Fueron semanas difíciles. También recordó como de feliz se había puesto cuando terminaron, ella parecía decidida a intentar ser la novia de Naruto. Una determinación que se quebró al día siguiente, y fue reemplazada por una tristeza aún mayor cuando al siguiente de saber que rompió con Ino, se enteraron que inició una relación con Sakura Haruno. Fue devastador, era como ver el Ragnarok de la tristeza manifestado en una persona. Si su hermana era tímida, eso la hizo totalmente insegura con respecto a Naruto. Algo que logró atenuar un poco, con ayuda indirecta del rubio cuando este rompió con Sakura. Desafortunadamente, no sirvió de mucho. El chico rubio volvía a repetir el ciclo, una y otra vez iniciaba una relación con una chica que, según su hermana, eran más hermosas que ella, y luego rompía dicha relación a las pocas semanas.

Así fue por los últimos cuatro años. Mientras su hermana simplemente no lograba tener ningún avance con él, Naruto conseguía una nueva relación que terminaba en poco tiempo. Eso le había generado mucha curiosidad. Específicamente, lo muy extraño que era que el Namikaze, a pesar de las muchas novias que tuvo, nunca se relacionó con alguna de las chicas que ella llamaba: las “hermanas”. Dicho nombre se lo había otorgado a cuatro chicas, su hermana y ella, además de las dos hermanas Uchiha mayores. Eran las mujeres que no tenían ningún parentesco con él más cercanas, eran hermosas, pero que a su vez nunca hizo ningún intento con alguna. Ella e Itami tenían edades un poco distantes a él, sobre todo Itami, pero según su lista de parejas fracasadas de Naruto eso no era un problema. Hinata era... hermosa... tal vez más que ella... Su hermana tenía unas tetas enormes, y era demasiado obvio que ella se le entregaría si el quisiera. Era consciente de la pequeña brecha que se creó entre Itami y Naruto despues de aquel acontecimiento. Y, por último, estaba la mejor amiga del rubio; Sayuri. Honestamente, ella pensaba que esos dos tendrían algo, pero nunca pasó nada. Era extraño, demasiado.

Al final, o al principio, fue ella la primera que disfrutó de una cita con él. Ya llevaban una semana con estas citas, y debido al historial de Naruto, no estaba segura de cuánto más duraría esto. Por lo que había visto, sus relaciones duraban cada vez menos, la última duro poco más de una semana, ella ya estaba casi en ese punto. No mentiría, sentía algo por él, nada comparado con lo que sentía Hinata, pero sí que sentía algo. Lo que le generaba algo de culpa, estaba yendo a espaldas de su hermana. Pero esta situación era completamente emocionante. Siempre pensó que, de entre las cuatro, ella era quién tenía menos probabilidades de salir con él. Y mírala ahora, pegada a él mientras conducía su moto.

“¡Wooojooo!” menos mal que estaba pegada a él, porque a este ser brillante no se le ocurrió mejor idea que levantar la parte delantera.

“¡ANIMAL!“.

Uuuuuh.Uuuuuh.Uuuuuh.

Escucharon el sonido de la sirena policíaca. Volvieron al estado normal del vehículo, pero ahora los había visto una patrulla “Eres increíble” soltó.

“No te preocupes, yo me encargo” parecía listo para ir a toda velocidad.

“¡Ni se te ocurra!“.

“Aburrida” se resignó a frenar.

xXx

Naruto miró a la persona que los frenó “Naruto, Hanabi...” ¡Que suerte la suya! ¡Los había reconocido!

“¡Itami-chan!” dijo. La susodicha solo los miró a ambos con una cara de pura indiferencia. Era imposible saber sus emociones actuales “¿Crees que puedas dejarlo pasar por tu querido amigo Naruto? Que por cierto, es al qué quieres mucho, mucho”.

Él sonrió.

Ella suspiró.

“¿Multa?“.

“Multa”.

“Carajo”.

¡Paf!

“¡Hey! ¡No hacía falta pegarlo en mi frente!“.

“No digas malas palabras” miró a Hanabi “Es bastante peligroso no llevar casco”.

“Jeje. Hola a ti también, Itami-san”.

“Los dejó en lo suyo” se volvió hacia su patrulla.

“¡Nos vemos!” gritó. Ella la despidió con la mano.

“¡Itami-chan, saluda a tus hermanas y a Oba-chan por mí!” Naruto no recibió la mirada más agradable de todas, pero era esperable de la siempre misteriosa Itami.

Hanabi soltó un suspiro cuando la Uchiha se fue “Pensé que iba a preguntar que estábamos haciendo” murmuró, con alivio evidente.

“Oh, me lastimas, Hanabi-chan ¿Acaso no querías que te viera en una cita conmigo?“.

“¿Eh? ¡No, no! Yo solo... No le he dicho a nadie ¡No es que no quiera estar contigo!“.

Naruto soltó una risita. Le dió un beso en la frente, y la agarró del mentón “Lo sé. Lo sé. Sé que no te referías a eso. Y no te preocupes por Itami, a ella no le importan los chismes. Disfrutemos de nuestra cita” le dió un corto beso en los labios.

“Mmm... Sería mejor si no tuvieras una multa en tu frente”.

“Jeje. Eso seguro” se quitó el regalito de Itami de la cabeza. Miró el sol, en poco tiempo iba a empezar a ocultarse en el horizonte “¡Vamos! ¡No perdamos tiempo!“.

Hanabi volvió a aferrarse a él.

XxXxXxXxX

“Es increíble, ¿no?“.

“Sí... Una vista fabulosa”.

Se recostó contra la barandilla, su acompañante la abrazó de la cintura. Estaban viendo el atardecer desde la montaña de Konoha. Creada por los fundadores de la ciudad cuando tan solamente era una aldea, poniendo las caras de los que estuvieran a cargo en ella. Hoy en día era una zona frecuentada por las parejas por la misma razón que ellos estaban ahí.

Personalmente, ella creía que era algo narcisista. Pero no podía mencionarlo, no cuando una de las cabezas era del padre de su cita.

“Aunque no tanto como mi princesa Hyuga” le soltó varios besos en la mejilla.

“Oh, tonto. Jeje” puso una mano contra su pecho, pero él no se detuvo, al revés, intensificó su ataque sobre ella “¡Para!” Lo abrazó por el cuello, y él aprovechó eso, como ella quería “Mmm” se dejó llevar por el beso. Entrelazando su lengua con la del Namikaze. Se fijó en sus ojos azules, tenían una presencia imponente, la hacía sentir que se perdía en la profundidad del mar. Él la sujetó por la cintura, levantándola sobre sus brazos. Ella cruzó sus piernas detrás de él.

Se escapó de ella. Pero no su esencia. La saliva los unía de una manera más firme de lo que podían hacer las extremidades de sus cuerpos.

“Es una forma extraña de responder luego de pedirme que parara” era un estupido.

“No veo que te quejes” pero lo quería.

Chocó su frente contra la de él “Sería un tonto si lo hiciera” el rubio se apartó para colocar sus labios contra su cuello. Sintió los labios contra su piel, pero rápidamente la sensación dominante cambió por culpa de unos dientes.

“Uuuggh... Mmmh” se mordió el labio inferior, en un intento por reprimir los sonidos provocados por la boca de su cita.

¡Paf!

“¡AAAHH~!” No pudo controlarse. No cuando le había dado una nalgada.

Los dientes de Naruto tampoco duraron mucho en su cuello. Este se apartó. Ella lo miró con anhelo. Deseaba tanto no ser otra más, como esas fracasadas.

“Parece que les dimos un espectáculo”.

“¿Eh?” Miró a su alrededor. Podía ver a otras parejas avergonzadas por la zona. Dicha vergüenza fue igualada por ella. Un color rojo se apoderó de su cara, a niveles comparables con las marcas que habían ahora en su cuello y trasero. Hundió su rostro profundamente en el cuello del pelos parados ¡Quería morirse!

Naruto se rió ¡¿De qué se reía?! ¡No fue el quién gimió como una puta!

Lo miró a los ojos. Si las miradas pudieran matar, estaba segura que él no sería más que un simple trozo de carne aplastado contra la acera. Lastimosamente para ella, él no se volvió carne molida, de hecho, ni siquiera se intimidó ′Bastardo suertudo′ ¿Por qué tenía esa estúpida sonrisa? Podía tenerla por cualquier cosa.

Fue sacada de sus pensamientos con un casto beso. Se quedó quieta, permitiéndole besarla, pero no le correspondió. Cuando se apartó, él continuaba con esa sonrisa “Eres hermosa” sus palabras provocaron un leve sonrojo en su rostro.

“¿Recién te das cuenta?“.

Gruuuuum.

El color rojo de la vergüenza volvió a ella. Maldita sea su estómago ¿Por qué ahora?

“Jaja. Parece que alguien tiene hambre”.

“Cállate...” su voz era baja.

“Vamo. Vayamos a cenar”.

Naruto la dejó sobre la moto “¿En serio vas a ir vestido así?“.

Él extendió sus brazos “¿Qué tiene mi chaqueta?“.

Soltó un suspiro “Nada... De todas formas, mi kimono tampoco va con el lugar”.

“Eso está mejor” se sentó “Hay que preocuparse menos por lo que piensen los demás” su sonrisa desprendía una luz que podía ver desde atrás de su espalda.

“Me preocupaba más por lo que dirían si te reconocieran. No sería bueno para el Shicho si la gente viera a su hijo actuar como un delincuente”.

“Literalmente rompí un par de leyes de camino a acá“.

“Eso no quita que al menos intentar actuar deberías más decentemente por el bien de tu familia”.

“Dime, Hanabi-chan, ¿acaso te gusto por el comportamiento normal que no tengo, o por mi actitud súper extraordinaria?“.

“Por tu estupidez”.

“... Mmmh... Bueno... No es la respuesta que esperaba, y no sé si es realmente bueno, pero lo tomaré... Cómo sea, ¿puedes prométeme una cosa?“.

“Depende de que tan estupido sea”.

“Algo sencillo” tomó su mano “Solo prométeme que, al menos durante nuestra cita, no te vas a preocupar por lo que piensen los demás”.

“Eres un exagerado. No lo hago todo el tiempo” recibió una ceja arqueada por su respuesta “Bien... Te prometo que me importara una mierda lo que piensen los demás.

Naruto sonrió “¡Esa es la Hanabi que recuerdo! ¡De veras!“.

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“Sabes, cuándo dijiste que te iba a importar una mierda lo que pensaran los demás, tenía una idea bastante diferente a lo que te referías”.

“¿Por qué lo dices?“.

“Bueno, me preocupa lo que pediste” miró la comida del plato de Hanabi.

“¡Qué sorpresa!” dijo con demasiado sarcasmo en su tono “Cómo siempre, tan exagerado ¿Al gran Naruto Namikaze le asusta un poco de comida?” se acercó a él con una sonrisa burlona.

Su expresión era estoica en respuesta “Literalmente puede matarte”.

“Al igual que tus habilidades dementes de conducción” se burló.

“¡Oye!” dijo indignado “Hay una gran diferencia”.

“Ah, ¿sí?” levantó una ceja “¿Cuál?“.

“Yo confío en mis habilidades para conducir mi moto, lo suficiente como para saber que no importa lo que haga, tú jamás saldrías lastimada. En cambio, esto...” señaló su comida “... no puedo confiar en ningún chef que le dé el cuidado necesario para tu seguridad”.

Se recostó contra el respaldo “Noté que nunca hablaste sobre tu seguridad con respecto a tu moto”.

“Mi seguridad es secundaria comparada a la tuya” dijo como si nada.

“Eso es obvio” se cruzó de brazos “Y es por eso mismo que si yo confié mi vida a qué serías lo suficientemente cuidadoso con ella, puedo confiarsela a un chef por una simple comida”.

“No es una simple comida...” se sacó una linterna de quién sabe dónde “Es el diablo encarnado”.

“¡No te metas con mi pez globo!“.

“¿Cómo te sentirías si murieras por culpa de algo que ya estaba muerto?” levantó sus brazos “¡Serías la burla del cielo! ¡De veras!“.

“Nadie se atrevería a burlarse de alguien como yo”.

“Solo si yo estoy ahí, listo para rematarlos de ser necesario”.

“Oh, ahora me siento mucho mejor” hizo una mueca “Muchas gracias por su benevolencia, gran Naruto-sama”.

“Cómete tu pescado ninja asesino”.

“Hmph. Eso haré. Mientras tú disfrutas de tu aburrida langosta”.

“Mucho mejor que un sicario muerto”.

“Este sicario muerto seguro que te mataría”.

“Yo no soy el que se lo está comiendo”.

La Hyuga le pinchó la nariz con sus palillos.

“¡Hey!“.

“Deja de hablar, o serás tú al que me comeré“.

“Será mejor que empieces a comer y beber, porque será una noche larga”.

Agarró un trozo de su asesino silencioso “Por favor, ¿qué tanto puede pasar tan tarde? No hay ningún evento especial o algo por el estilo”.

“¿Es en serio?“.

“¿Qué?“.

“Ay, Hanabi-chan. Por ahora solo come”.

“Hmm...” ella lo miró con sospecha. Su cabeza tenía una idea de a lo que se refería, pero era imposible, Naruto podía ser muchas cosas, entre ellas estaba el ser estupido, guapo, estupido, divertido, estupido, dulce, estupido, atrevido, estupido, pervertido, pero nunca una estrella de rock... No, espera, pervertido, eso era lo que no encajaba en su descripción sobre el chico rubio. Si alguien llegaba a influenciar en él, seguro que se volvería un estupido músico sin gracia para el mundo músical.

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“A esto me refería”.

“Oh... Esto...” sus palabras murieron en su boca. Su cara estaba iluminada por la luz del cartel luminoso que miraba. “Motel” era todo lo que leía, y todo lo que se repetía en su mente. Al final, sí fue lo que sospechaba... No, espera, tal vez estaba malinterpretando la situación. Tal vez solo quería descansar un rato, puede que beber un poco de sake o algo también venía incluido. Sí, debía ser eso. Naruto podía darle nalgadas de vez cuando, pero eso no significaba que él fuera un pervertido que llevaba a una chica que no era su novia, oficialmente, a un motel después de una semana de citas “Mmm... No sé sobre estos lugares... ¿Tienen alcohol dentro?“.

“Hanabi-chan...“.

“¿O por qué no compramos antes?“.

“¿Todavía no te das cuenta?“.

“¿Eh? ¿Acaso solo quieres dormir? Bueno... Está bien. Solo espera que le avise a mí madre que no llegaré a casa. Tuvo que ir a casa de Baa-san para crear una excusa para Oto-sama y pudiéramos salir a cenar”.

Él la miró en un silencio de ultratumba.

“Solo estoy diciendo tonterías, ¿no?... ¿Vamos a...?“.

“Solo si tú quieres” colocó su mano contra su mejilla “No tienes porque aceptar si no quieres”.

Ella sintió los dedos de él acariciando su mejilla. Miró sus ojos, la suave sonrisa que le dedicaba. La tranquilizó un poco, le recordó con quién estaba. Si era él, incluso si no le había pedido ser su novia todavía, estaba bien “No... Está bien. También quiero esto”.

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No estaba bien ¡No lo estaba! ¡No lo estaba! ¡¿NO HABÍA UNA FORMA DE SER ENTERADA EN LO MÁS PROFUNDO DE LA TIERRA?! ¡¿ASÍ SE SENTÍA SU HERMANA CUANDO NARUTO LE HABLABA?! ¡ERA UNA MALDITA TORTURA!

Por fuera estaba bien, pero por dentro temblaba de una manera extrema. Naruto estaba hablando con la recepcionista, tan tranquilamente, y ella estaba a su lado.

“Entonces, ¿toda la noche?“.

“Sí. Tenlo por seguro”.

¿Era en serio? ¿Cómo podía hablar con tanta naturalidad en un lugar así? La única explicación que se le ocurrió fue que esta no era la primera vez que venía. La hizo darse cuenta que él estaba lejos de ser un virgen como ella creía hasta hace unas horas, a diferencia de ella.

“Vamos” Naruto empezó a caminar con ella de la mano, arrastrándola.

“¿Eh?” ella lo siguió, sin darse cuenta en qué momento el Namikaze había terminado de hablar con la recepcionista.

“Mirá” soltó su mano para pasar su brazo detrás de su cuello “La tarjeta de nuestra habitación”.

“Oh... Genial” tenía un diseño simplista, de un color blanco con una línea negra en un costado. Nada interesante, además del hecho de recordarle hacia donde se dirigían.

Caminaron en silencio por el pasillo, hacia el ascensor del edificio. Otra pareja estaba esperando ahí. Vió como las puertas del ascensor se abrían, dejando salir a una pareja de una edad un poco mayor a la suya. Parecía que no les importaba que los vieran, si es que el agarre sobre el culo que tenía la chica sobre el chico le decía algo.

... ¿Eh?

Entraron al ascensor, y empezaron a subir. Ellos estaban detrás de la otra pareja, una mucho más relajada que ellos, bueno, que ella. Naruto claramente estaba tranquilo. Su mano se desvío hacia abajo de su cuello, lentamente, en dirección hacia su pecho, y ahí llegó. Sintió los dedos de su (no) novio sobre el kimono.

“Uumm...” se retorció levemente en su lugar. Naruto ya había hecho esto antes, pero nunca cuando había gente presente “Naruto...” murmuró.

Él le dedicó una sonrisa tranquilizadora “Solo concéntrate en nosotros”.

Eso logró calmarla un poco, y disfrutó del toque del rubio.

Subieron un par de pisos hasta que paró. Sus puertas abrieron, y ellos pasaron. Vió a un par de parejas dirigiéndose hacia ellos, con evidencia clara de lo que habían estado haciendo.

Ella despejó su mente, en un intento por ignorar a las demás parejas. En cambio, Naruto caminó como si fuera el dueño del lugar, con su mano manteniendo un agarre firme sobre ella. Frenaron su caminata, y miró la puerta de su habitación. Suspiro en sus adentros, el nerviosismo iba cambiando por emoción.

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Sus manos temblaban mientras sostenía su celular. Estaba vestida con una bata. Pasaron un par de cosas en el transcurso para llegar a este momento.

Le sorprendió la naturalidad con la que Naruto interactuaba en un lugar así. No fue solo la facilidad para expresarse con la chica del mostrador, si no también la manera en la que desprendía un aura dominante sobre otras parejas con las que se cruzaron en su camino a su habitación. La abrumó. Debido a que estaba en estado de absoluto nerviosismo, intentó incluirla en la situación a su manera. Cómo acariciar suavemente su teta derecha sobre su kimono mientras los demás los veían. De cierta forma, la relajó un poco. Pero eso hizo que fuera peor cuando se quedaron solos. Él le preguntó si prefería bañarse antes, cosa que aceptó a una velocidad envidiable por atletas profesionales. Fue la ducha más larga de su vida, con mucha diferencia. Hubo mucho en qué pensar, y no pensó en nada. Si no fuera por Naruto, quién tocó porque se estaba tardando demasiado, se habría quedado aún más tiempo. Oh, y se maquilló de nuevo, solo porque el se lo pidió, según él porque le daría al sexo un toque más, o algo así. Y ahora estaba ahí, en una bata, temblando de nervios.

Tocó el icono de llamada. Esperó hasta que le contestaran“¿Hola, Hanabi-chan?“.

“Kaa-san...“.

“Oh, cariño. Dime, ¿ya terminó tu cita? ¿Cómo fue?“.

“Mmm... No, Kaa-san. De hecho... yo no...” continuó hablando, pero era inaudible para su madre.

“¿Hanabi-chan? No te escucho, habla más alto”.

“Yo no volveré esta noche”.

“¿Qué? Aah... Usa protección”.

“¡KAA-SAN!” se tapó la boca rápidamente, esperando que su grito no lo haya escuchado el señor bigotes “¡No me refería a eso!“.

“Ah, ¿no? Entonces,iluminame¿Cuál puede ser la razón por la que no volveráscasa, siendo de noche, y estando con un chico después de una cita?“.

Hanabi solo pudo tartamudear. No tenía forma de inventar una excusa.

“Tranquila, tranquila, cariño. No tiene nada de malo, claro, eso es si quitas el hecho de que tengo que quedarme una noche en casa de tu Baa-chan, mientras que tú pasarás la noche con un chico... No sabes lo detestable que puede ser a veces esa vieja bruja”.

“¿Kaa-san?“.

“Y dime, ¿dónde te quedarás? Esperoqueen su casa”.

“Ah, por supuesto. Jaja. No te preocupes por eso”.

“Dime ahora mismo en dónde”.

“Un motel...“.

“Creo que por lo menos deberías decirme si conozco al mal nacido que voy a matar”.

“Kaa-san, estás exagerando”.

“Al contrario. Mira, no me metí mucho en tus salidas con este chico del que no quisiste decirme nada, e incluso te ayudé, como ahora, solo porque confié en ti y en que no serías tan estúpida como para elegir mal. Es obvio que me equivoqué. Ahora, dime un maldito nombre o te juro que le contaré a Hiashi sobre esto”.

Un miedo se apoderó de la menor de las Hyugas. Todo menos eso “Está bien. Está bien...” hizo una pausa, esperando que la revelación del chico calmará a su madre “Es Naruto” lo soltó.

“...”.

“¿Kaa-san?“.

“No esperaba eso de ti, mi pequeña ¿Qué pensaría Hinata-chan de esto? Su propia hermana está yendo a sus espaldas”.

“¡No es así! Solo voy por lo que quiero”.

“Ya, ya. Lo sé. No me sorprende que te guste Naruto”.

“¿Qué? ¿En serio?“.

“Eres más parecida a tu hermana de lo que crees, cariño”.

Ella apretó su celular con fuerza ¿Parecerse? Le parecía ridículo, insultante. Quería a su hermana y toda esa mierda. Pero ella era... exasperante en ocasiones, sobre todo en las que eran relacionadas a Naruto. Hinata pasó años haciendo nada, dejando que el hombre que ella decía ser el amor de su vida fuera por ahí teniendo múltiples noviazgos, y ella estaba aquí, sentada en una cama esperando al rubio ¿Qué tenían de parecido? Nada. Bien, tal vez no estaría aquí si Naruto no hubiera sido completamente directo sobre una cita hace una semana, pero ella no retrocedió como su hermana lo hubiera hecho. No, ella aceptó, y eso la llevó hasta acá.

“Sí, ajá. Lo que digas, Kaa-san”.

“¿Puedo hablar con él?“.

“¿Qué?“.

“Tranquila, confío en Naruto, sé que es un buen chico. Solo quiero dejarle en claro lo que pasará si se atreve a lastimarte”aunque no estaba en su presencia, podía sentir el instinto ultra asesino proveniente de su madre.

“Ah... Es complicado, se está bañando ahora mismo”.

“Ya veo... Bueno, ya sabes qué hacer”.

“¿Qué cosa?“.

“Usa protección, o tedesheredo“.

“¡KAA-SAN!” esta vez no recibió una respuesta de su madre, en cambio, solo escuchó el sonido de que le cortaron la llamada.

Soltó un gruñido ¡Su madre a veces podía ser tan detestable!

Escuchó el sonido de una puerta abriéndose. Ella miró hacia el lugar de dónde provenía. Sus ojos se posaron en la figura de un musculoso rubio de ojos azules. Vestía una bata igual que ella. Su pelo estaba mojado, lo que hacía que cayera sobre los costados. La bata revelaba el centro de su pecho tonificado. Sus músculos provocaban que le quedara demasiado ajustada. Una sonrisa acompañaba a un par de ojos llenos de diversión.

“Ah... ¿Escuchaste eso?” No sabía si su sonrojo se debía a la vergüenza por su actitud o por la vista caliente ante sus ojos.

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“¡KAA-SAN!” fue la segunda vez que Naruto escuchó eso en un periodo de tiempo corto, específicamente en ocho minutos.

Había terminado hace tiempo con su ducha, pero Hanabi estaba hablando con su madre. Obviamente tuvo que escuchar a escondidas, dependiendo de la reacción de Hitomi, iba a tener que actuar una forma u otra. No salió tan mal como pensó que saldría, subestimó a la madre de las hermanas Hyuga. Una vez que escuchó el sonido de que la llamada terminó, decidió recordarle a Hanabi que si gritaba probablemente la persona que estaba en el baño de al lado la escucharía.

“Ah... ¿Escuchaste eso?“.

“Perdón por escuchar, pero era inevitable” se acercó al borde de la cama “Terminé hace tiempo, y no eras la más silenciosa que digamos” se sentó a su lado.

Hanabi dejó a un lado su celular “Es vergonzoso, ya sabes... Pero supongo que estás acostumbrado”.

“¿A qué te refieres?“.

“Ya has hecho esto, ¿no?” Fue una pregunta innecesaria y estúpida, pero quería hacerla.

“Sí, ¿eso te molesta?” Naruto la agarró por el mentón.

Se miraron a los ojos “No. Simplemente... no me imaginaba esto de ti. Aunque ahora que lo pienso, fue tonto asumirlo cuando ya has tenido varias relaciones. Y... bueno... yo no tengo idea de estas cosas”.

Una leve risa se escapó de los labios del rubio “Je... Tal vez lo fue. Pero créeme cuando te digo esto, Hanabi-chan; eres especial ¡De veras!“.

Su corazón dió un vuelco “No lo dices en serio”.

“¿Me estás retando a demostrartelo? Porque lo haré sin problemas” acarició con sus dedos su barbilla.

“No...” llevó los dedos de su mano derecha a la muñeca de la mano que sostenía su mentón “Es solo que... No me has pedido ser tu novia todavía”.

“Así que era eso” hizo una pausa “Dime, ¿te sigue importando lo que pensarían los demás?“.

“No” negó con la cabeza “Eso es absurdo. Incluso si es estricto, hasta mi Oto-sama estaría complacido si mí novio resultas ser tú. No hay nada de lo que preocuparse. ”

“¿Eso incluye a Hinata?“.

El silencio se apoderó de la habitación del motel.

“Tú... ¿Sabías?“.

“No soy idiota, Hanabi-chan ¿Por qué otra razón me pedirías recogerte en un lugar alejado de tu casa, además de la hermana se sonroja cada vez que habla conmigo?“.

“Oh...“.

“¿Y bien?“.

“Yo no creo que pueda por ahora... No quiero lastimarla”.

“Entiendo... Seguiremos así entonces” Naruto llevó sus manos a ambos lados de la cara de la Hyuga “Estás bien con eso, ¿no?“.

Ella también tomó su cara entre sus manos “Por supuesto”.

Ambos se acercaron. Sellando sus labios con los del otro. Todas la veces que se habían besado habían sido, hasta ahora, algo así como un baile. Ambos haciendo un intercambio de lenguas tranquilamente, disfrutando de la boca del otro. Pero esta vez no fue un baile, ni siquiera una batalla. No. Fue una dominancia absoluta por parte del hijo de Kushina y Minato “Agghh~” Hanabi gimió dentro de su boca. Naruto había dominado su lengua con extrema facilidad, impidiendole hacer algo, más que simplemente dejar que él haga todo. Esto era nuevo. Los besos siempre fueron buenos, pero esto era una experiencia de otro nivel para la joven Hyuga. Se sentía demasiado bien.

Ambos dejaron sus manos a un lado mientras continuaban besándose. Pero las del rubio no dejaron de trabajar, fueron a otro lugar.

La menor de las hermanas Hyuga sintió cómo, además de la lengua abrumadora dentro de su boca, empezó a alcanzar altos niveles de excitación, provocados por las manos que acariciaban sus pezones a través de la bata de baño “Mmmm~ Aah~” cerró los ojos. Sus pezones endurecidos por el calor del momento estaban siendo apretados entre dos dedos cada uno, con una habilidad experta. Fueron aplastados con fuerza por sus pulgares “Aaaahh~” frotó sus muslos, su coño empezaba a mojar su cuerpo exterior.

Naruto agarró con fuerza las tetas de su amante. Hundió sus dedos en ese par todo lo que pudo ′noventa y tres...′ confiaba lo suficiente en sus manos como para saber que tenía entre sus manos una medida bastante considerable. Dejó de apretar con tanta fuerza, y, con sus pulgares, golpeó los pezones de la chica de ojos lavanda. Escuchó y sintió el gemido que atrapó con su propia boca. Amasó un rato sus tetas entre sus manos, y luego usó sus dedos para agarrar sus pezones y tirar de ellos.

Hanabi logró escapar de la lengua invasora “Oooohh~ aaah~” jadeó “aaah~” varias veces.

Naruto le sonrió. Se acercó a su oreja y, con un tono bajo, le dijo: “Parece que tu debilidad son tus pezones”.

“Aah~...” la saliva se le escurría por sus labios, y un sonrojo fuerte estaba presente en su rostro “Cállate”.

“Con gusto”.

“Seguro que si te apretaran los pezones te pasaría lo mis- ¡Uh! ¡Ooh~!“.

Naruto mordisqueó su oreja. Lamió con fascinación, mucho esfuerzo y dedicación “¡Tú...! ¡Para! E-Es extraño... Oh~” intentó alejarse, pero una mano en su cadera lo hacía imposible. Solo pudo morder su labio para no soltar unos malditos gemidos ocasionados por algo tan vergonzoso como que le muerdan la oreja “Mmm”.

Bajó por su oreja con su lengua, hasta llegar a su lóbulo. Mordió esa parte carnosa y blanda, y luego lo chupó.

El par de ojos color lavanda se abrieron a niveles cómicos “¡AAAAAHHH~!” la boca hizo una forma de “O” para liberar el gemido de la prisión que era su interior “aah~... ah~... ah~...” Su respiración se volvió agitada, y ya no era capaz de contener los gemidos “Aah~“.

Detuvo el uso de su boca en el lóbulo de la oreja Hyuga “Eres bastante sensible aquí” señaló, y le dió una lamida.

Un escalofrío le recorrió la columna vertebral “Uugghh... Tú... Deja eso” lo miró con una mirada que era cero amenazante, tal vez lo hubiera sido si el maquillaje de sus labios no se hubieran mezclado con su saliva.

“¿Por qué?” volvió a morder su lóbulo.

“Aaah~“.

“Lo estás disfrutando, mi querida Hanabi-chan” susurró.

Ella quería contradecirlo, pero no tuvo el valor de hacerlo. Sabía que decía la verdad.

Naruto besó su mejilla, cerca de su boca “Deja que te guíe, ¿sí?“.

Hanabi solo asintió en respuesta, seguía recuperándose de la sensación que desconocía que podía darle su lóbulo al ser estimulado.

Ambos fueron hasta la cabecera de la cama. Ella apoyó su espalda contra la pared. Naruto la ayudó a quitarse la bata, dejando en todo su esplendor su cuerpo desnudo.

El rubio apreció su cuerpo. Era como imaginaba. Combinaba con su hermoso rostro. Un cuerpo firme, esculpido por horas de disciplina, pero que en ese instante no mostraba fuerza, sino vulnerabilidad deliciosa. Su cintura estrecha se hundía en las sábanas, contrastando con el relieve de sus muslos gruesos que parecían tensarse al abrirse ligeramente, en un gesto inconsciente de provocación. Los pechos, plenos y generosos, del tamaño que había supuesto, se alzaban como una ofrenda con cada respiración, atrapando la vista, desafiando al autocontrol. Ella, recostada allí, parecía la mezcla exacta entre inocencia y deseo, con el cuerpo dispuesto, con la piel vibrante de expectativa, como si cada centímetro desnudo suplicara por ser recorrido, descubierto, conquistado.

Tocó el centro del abdomen. Lo acarició suavemente con mano.

“¿No te vas a quitar la bata?” la ponía algo nerviosa ser la única desnuda.

Él detuvo sus caricias para mirarla “Lo haré después. Por ahora, nos centraremos en ti”.

“¿Pero por qué mi abdomen?“.

“Porque es atractivo” dijo, y luego la besó. Se metió en su boca con su músculo invasor. Con la misma pasión que la última vez, pero con el viejo metodo de antes de hacerlo como si fuera un baile. La miró a los ojos, esperando hasta que ella los cerrase. Una vez que lo hizo, movió su mano hasta abajo. Pasó por su abdomen, llegó a su pelvis y bajó un poco más. Tocó un pequeño órgano y, rápidamente, lo apretó con fuerza con su pulgar.

“¡Mmmm~!” Hanabi gimió en su boca. Naruto se apartó para que soltará sus gemidos libremente “Aaah~.... Kami... ¡Avisa, maldición!“.

Fue completamente ignorada. En cambio, su clítoris fue apretado entre dos de los dedos del rubio. La castaña solo pudo continuar con sus gemidos. Naruto mordisqueó su cuello, lo que intensificó su placer “Oh~... Kami... ¡Se siente tan bien!“.

Continuaron así un rato. Con Naruto estimulando su clítoris y jugando con su cuello, mientras ella gemía. O eso era lo que entendía el cuerpo de Hanabi. En realidad, no fueron más que un par de decenas de segundos, pero su cuerpo estaba reaccionando como si estuviera siendo estimulado durante minutos, y su mente era consciente de eso “Pa-Para... Aah~... Es su-suficiente...” el tenía que detenerse, tenía que hacerlo.

“Nunca es suficiente. Solo disfruta”.

“N-No... ¡Para! ¡Na-Naruto! ¡Para!” ella no iba a poder resistir más. Sentía una corriente eléctrica afectando a su coño.

“Shhh... Solo déjate llevar” le susurró.

“¡Kami...!” hizo un último intento, muy débil, por contenerse, pero era imposible “¡ME COROOOOOOOO!” gritó a todo pulmón. El orgasmo había llegado. De su vagina salió una corriente de sus jugos vaginales, una enorme. Fue la más grande de toda su joven vida. Manchó las sábanas con suma facilidad.

Una vez que su orgasmo, la liberación, terminó, llegó la sensación de frustración y vergüenza. Se tapó la cara con las manos ¿En serio había terminado tan rápido con una simple estimulación en su clítoris? ¡Kami! ¡Quería morirse!

Naruto se apartó de su lado, para ponerse enfrente. Le quitó las manos de la cara. Simplemente le sonrió mientras le sujetaba las manos, y se miraron durante un par segundos en silencio.

Ella se dejó llevar. El tacto de sus manos con las suyas. La mirada que le dedicaba el chico que le gustaba. Su corazón palpitaba a velocidades extremas. Su pecho subía y bajaba repetidamente. Su boca se abría y cerraba una y otra vez, dejando escapar múltiples jadeos. Su rostro empezaba a ser manchado por el sudor.

Naruto apenas le dio tiempo a recuperar el aliento. Sus labios, todavía húmedos por el último beso, se deslizaron hacia su cuello, marcándolo con pequeños mordiscos mientras bajaba poco a poco. Hanabi temblaba bajo cada roce, sintiendo que su cuerpo era un lienzo sobre el cual él pintaba con la lengua.

Cuando alcanzó sus pechos, atrapó uno de sus pezones entre los labios, lamiendo y succionando con paciencia. La chica no pudo contener un jadeo agudo.

“Mmmhh~~... Na-Naruto...” sus manos buscaban algo a lo que aferrarse, pero él no se lo permitió: sujetó sus muñecas contra el colchón, obligándola a exponerse.

Su otra mano amasaba el segundo pecho, apretando, estirando el pezón con un juego cruelmente placentero. Entre besos y mordiscos bajó más, lamiendo su abdomen firme, dejando un sendero húmedo hasta llegar al inicio de sus muslos.

Hanabi lo entendió al instante y abrió los ojos de golpe.

“E-Espera... ahí no...” su voz temblaba de vergüenza, pero sus piernas se abrieron con lentitud, traicionándola.

Naruto sonrió, disfrutando de esa contradicción deliciosa. Se acomodó entre sus muslos y los sujetó con fuerza, impidiéndole cerrarlos. Frente a él, su intimidad brillaba húmeda y palpitante, testigo de cuánto lo deseaba.

“No sabes lo hermosa que te ves así” susurró antes de acercar su boca.

La primera lamida fue lenta, desde su entrada hasta el clítoris, recogiendo cada gota. Hanabi arqueó la espalda con violencia.

“¡¡Ahhh~!!” su grito retumbó en la habitación, sus labios temblaban de puro placer.

Naruto repitió el movimiento, más firme esta vez, y luego atrapó su clítoris entre los labios, succionándolo con fuerza.

“¡¡K-Kami...!! ¡N-no...! ¡Aaahhh~!” Hanabi hundió las uñas en las sábanas, su respiración se volvió un torrente agitado, sus caderas se movían solas buscando más fricción.

Él alternaba: succionar, lamer en círculos, presionar con la lengua. Cada cambio arrancaba un nuevo gemido de distinta intensidad, como si estuviera tocando un instrumento que solo él sabía dominar.

El olor dulce de su excitación se mezclaba con los sonidos húmedos que salían de su boca al devorarla. Naruto disfrutaba cada segundo, sosteniendo con firmeza sus muslos que intentaban cerrarse en un reflejo desesperado.

“Shhh... solo siente, Hanabi-chan” murmuró entre lamidas, antes de volver a concentrarse en su punto más sensible.

Ella sacudió la cabeza, las lágrimas asomaban en las comisuras de sus ojos por la intensidad.

“¡Es demasiado! ¡N-no... no aguanto más!” su voz era apenas un grito ahogado.

Pero su cuerpo la traicionaba: cada vez que Naruto aumentaba el ritmo, sus caderas se levantaban para encontrarse con su boca. El calor en su vientre crecía a una velocidad brutal.

Un instante después, la ola la alcanzó.

“¡¡ME CORROOOOOOOOO~~!!” gritó con toda la voz que tenía, sus piernas se tensaron y un espasmo recorrió todo su cuerpo. La liberación fue explosiva, sus jugos salieron a borbotones, cubriendo el rostro de Naruto que no se apartó en absoluto.

Él la sostuvo durante cada sacudida, bebiendo y lamiendo sin detenerse hasta el final. Hanabi temblaba como si hubiera perdido toda fuerza, su respiración era un caos y sus gemidos seguían escapando aun después del clímax.

Finalmente, cuando sus convulsiones cedieron, Naruto levantó el rostro. Sus labios y su mentón estaban empapados, y la miró con una sonrisa satisfecha, casi salvaje.

“Eres deliciosa...” dijo con voz grave, besándole el interior de un muslo aún tembloroso.

Hanabi, totalmente roja, intentó cubrirse el rostro con las manos.

“Y-Yo... no puedo creer que... ¡otra vez tan rápido...!” su voz era apenas un murmullo.

Naruto se inclinó sobre ella, atrapando sus labios en un beso húmedo, haciéndola saborear el rastro de su propio néctar.

“No tienes idea de lo que me queda por hacerte esta noche” susurró contra su boca, con una sonrisa que indicaba que cumpliría con su palabra.

Naruto se levantó despacio, con esa sonrisa que lo caracterizaba. Sus dedos desataron el nudo de la bata, y la tela resbaló por sus hombros hasta caer al suelo. No hubo ningún gesto teatral, y aun así, para Hanabi, el momento se sintió como un golpe directo al pecho. El aire de la habitación pareció volverse más denso, cargado, imposible de ignorar. Le estaba quemando los pulmones a la Hyuga. No podía apartar la vista.

El cuerpo de Naruto era todo lo que había imaginado... y más. Sus hombros anchos y firmes, los brazos fuertes, las venas marcadas que descendían hasta un abdomen definido y tan duro como la piedra. El contraste entre la piel bronceada y las sombras de la habitación lo hacía ver imponente, casi demasiado real para creerlo. Lo hacía ver como una estatua viva, una obra perfecta que inspiraba respeto y deseo a la vez.

Pero cuando sus ojos descendieron más abajo, su respiración se detuvo.

Su corazón golpeó con fuerza brutal dentro de su pecho, mientras el calor le subía por el rostro. Lo que vio la dejó sin palabras: aquella erección erguida con arrogancia, tan grande, tan gruesa, tan... imposible de creer, la intimidó de inmediato. La sola idea de tenerlo dentro la estremeció hasta la médula, un escalofrío que le recorrió la espalda y terminó en un latido intenso entre sus muslos.

“Ah...” apenas pudo emitir un jadeo, cubriéndose la boca con la mano como si pudiera esconder su reacción.

Naruto la observaba con una sonrisa peligrosa, disfrutando de cada segundo de su desconcierto. Se acercó a ella, y el contraste entre su cuerpo desnudo y la vulnerabilidad de ella la hizo sentir aún más pequeña, más frágil.

La castaña tragó saliva con dificultad. No podía apartar la vista, aunque cada fibra de su ser le pedía que lo hiciera. Su interior palpitaba con fuerza, ardiendo, temblando; su cuerpo sabía lo que estaba por venir aunque su mente intentaba resistirse.

El rubio se inclinó sobre ella, lo bastante cerca como para que su virilidad rozara su vientre. El contacto fue breve, apenas un toque, pero suficiente para arrancarle un gemido ahogado.

Sus piernas se tensaron de inmediato, como si quisieran cerrarse por instinto, pero Naruto las sujetó con firmeza, impidiéndolo. La sensación de ser dominada, de no tener escape, la hizo estremecerse.

Un temblor recorrió todo su cuerpo, desde el cuello hasta los dedos de los pies. Era miedo, sí, pero un miedo teñido de deseo. Y esa mezcla era tan intensa que la dejaba sin aire, rendida, ardiendo de necesidad.

Naruto la besó, lento al principio, luego con la misma pasión arrolladora de siempre, mientras la apretaba contra él. La dureza de su erección presionaba contra su abdomen, recordándole sin descanso la magnitud de lo que la esperaba.

Hanabi gimió contra su boca, con el rostro encendido y los ojos húmedos. Sabía que estaba a punto de cruzar un límite del que no habría vuelta atrás. Que iba a tener su primera vez con un monstruo.

De repente, el ambiente fue arruinado. Fueron interrumpidos por un ruido completamente molesto. Uno que le dieron a Hanabi ganas de matar a alguien, y molestia profunda a Naruto.

El joven Namikaze miró a la mesa de luz que había a un lado, con clara molestia. Era su celular. Alguien lo estaba llamando. Se hacía una idea de quién podía hacer, que a su vez era la razón por la que no había apagado su celular con antelación.

Se apartó de Hanabi, solo lo necesario. Escuchó el leve sonido de decepción que ella hizo, probablemente pensando que no él no lograría escucharlo, pero sí que lo hizo.

“¿Quién puede ser a esta hora?” la molestia era demasiado clara en la voz de la joven.

Extendió su mano hasta que agarró su celular. Vió el nombre que aparecía. Era como sospechaba.

“¿Tienes que contestar? ¿No puedes simplemente apagarlo?“.

Le dedicó una sonrisa suave a una de las mujeres que más apreciaba en su vida “Tranquila, solo dame un segundo” recibió un resoplido en respuesta. Apretó el icono para contestar y se llevó el celular a la oreja.

Hanabi se sentía molesta ¿Quién se atrevía a interrumpirlos? “Hola...” si era por una tontería “Ah, sí, sí” ella estaba dispuesta a matar a quién fuera que sea “Jaja. Lo siento, pero ahora estoy algo ocupado” sí que lo estaba... ¿Eh? “Podemos hablarlo otro día” ¿Su pene se estaba haciendo más grande? “Sé que no estás feliz y eso. Pero no puedo hacer nada ahora” ¿O acaso su vista empezaba a fallarle? “¡Tú amigo Naruto Namikaze te desea lo mejor!” No, no le estaba fallando “¡De veras!” Él se estaba poniendo más duro. No pensó que fuera posible.

Naruto dejó su celular a un lado. Y ahora que había recibido la llamada que anticipó, se dignó a apagarlo. Ya iban a hablar luego. Volvió a concentrarse en lo más importante en ese instante: Hanabi. Sus ojos estaban clavados en su virilidad, como si estuviera presenciado un fenómeno paranormal o algo así. Ella tragó saliva, nerviosa, pero no apartó la vista.

El rubio se inclinó sobre ella y, con una dulzura que contrastaba con la tensión del momento, le acarició la mejilla “Confía en mí...” susurró, mientras la besaba suavemente.

Hanabi, con el rostro encendido y el corazón desbocado, solo pudo asentir. Sus piernas se abrieron instintivamente cuando Naruto las tomó de las caderas y las acomodó con delicadeza, dejando expuesta su intimidad húmeda. El contraste entre su vulnerabilidad y la seguridad en la mirada de él le hizo sentir algo nuevo: una mezcla de miedo y entrega absoluta.

Naruto frotó la punta contra su entrada. Apenas un roce, pero suficiente para que Hanabi soltara un gemido ahogado y apretara los puños contra las sábanas “Es demasiado...” balbuceó, jadeando.

“Shhh... tranquila. Yo te guiaré” le susurró, depositando un beso en su cuello.

Empujó despacio, con infinita paciencia. El glande presionó contra aquella entrada estrecha y virgen, que se resistía a dejarlo pasar “¡AAAAHH~!” Hanabi gimió fuerte, el dolor era punzante, como si su cuerpo intentara rechazarlo. Naruto detuvo el avance, acariciando su clítoris con una mano y besando la comisura de sus labios para calmarla.

Poco a poco, su cuerpo empezó a ceder gracias a la humedad que los juegos previos habían dejado. Un movimiento más y el glande consiguió abrirse paso. Hanabi dejó escapar un grito entre placer y dolor, las lágrimas se acumularon en las esquinas de sus ojos. Naruto no se movió, permaneció quieto dentro de ella, dándole tiempo a acostumbrarse.

Fue entonces cuando lo sintió: una punzada más intensa, seguida de un leve ardor. Un hilo de sangre descendió por sus muslos, prueba clara de que su virginidad había sido reclamada. Hanabi lo sintió, y por un instante la vergüenza quiso dominarla, pero Naruto la tomó del rostro y le susurró con ternura:“Eres perfecta... déjate llevar”.

Él comenzó a besarla suavemente, al mismo tiempo que acariciaba su cadera y continuaba con movimientos lentos, apenas unos centímetros más. Cada avance era una mezcla de ardor y presión, pero sus caricias la distraían, y su cuerpo, poco a poco, empezó a responder distinto. El dolor se fue tornando en una sensación de llenura, extraña pero embriagadora.

Hanabi jadeaba contra su boca, su cuerpo temblaba, pero ya no intentaba resistirse. Su interior lo recibía con cada avance, adaptándose centímetro a centímetro. Naruto se mantuvo paciente, controlando la fuerza, hasta que finalmente logró hundirse por completo en ella.

El momento en que la llenó hasta el fondo fue demasiado “¡¡KA-KAMIIIIIIIII!!” Hanabi arqueó la espalda, sus labios dejaron escapar un grito desgarrado que se transformó en un gemido largo, intenso. Su cuerpo entero se estremeció, y antes de poder asimilarlo, un orgasmo la golpeó con fuerza. Su interior se contrajo alrededor de Naruto, estrechándolo con una intensidad que lo hizo gemir también.

Él la sostuvo contra su pecho, besando su frente mientras la veía rendida, con el rostro enrojecido y el cuerpo sacudido por el clímax.“Eso es... Lo hiciste increíble” murmuró con ternura, sin dejar de acariciarla.

Hanabi, aún con lágrimas en los ojos y el corazón desbocado, lo abrazó con fuerza. No había dolor ya, solo una sensación de plenitud y un lazo que los unía de una forma que sabía que nunca se rompería.

Naruto permaneció quieto unos segundos más, sosteniéndola entre sus brazos mientras el temblor del orgasmo recorría cada fibra de su cuerpo ahora no virgen. Hanabi respiraba agitadamente, con la frente apoyada en su hombro, incapaz de creer lo que acababa de experimentar. Su interior seguía palpitando alrededor de él, como si lo abrazara con cada latido.

Cuando sintió que su respiración se iba calmando, Naruto deslizó una mano por su espalda y le dio un beso lento en los labios.“¿Estás bien?” murmuró, casi en un suspiro.Hanabi asintió débilmente, aunque su rostro ardía de vergüenza y placer.

Con cuidado, Naruto retiró apenas unos centímetros su cadera, y Hanabi soltó un gemido agudo, estremeciéndose. El dolor todavía estaba allí, latente, pero entremezclado con una nueva ola de placer que no esperaba. Cuando él volvió a entrar despacio, esa mezcla se intensificó, obligándola a aferrarse a sus hombros.

“Aaah~... N-Naruto...” su voz temblaba, rota entre jadeos.

Él mantuvo un ritmo suave, casi reverente. Cada empuje era lento, profundo, acompañado de besos en su cuello, sus labios, su frente. No había prisa, no había brusquedad, solo la paciencia infinita de alguien que sabía que era su primera vez y quería grabar ese momento en ella como algo inolvidable.

El ardor inicial comenzó a desvanecerse con cada movimiento, reemplazado por un calor envolvente que la hacía sentir llena y deseada. Hanabi ya no podía contener sus gemidos; cada vez que Naruto la embestía con suavidad, su interior se contraía de manera involuntaria, arrancándole expresiones de placer que jamás había conocido.

Él la tomó de la mano, entrelazando sus dedos mientras la penetraba con calma “Relájate... solo siente...” le susurró contra la oreja.

Ella cerró los ojos y obedeció, dejándose llevar por el choque entre sus cuerpos. Las lágrimas que caían ahora ya no eran de dolor, sino de emoción pura. Era su primera vez, y en lugar de miedo, lo que sentía era un amor abrumador acompañado de un placer que la hacía perderse en cada segundo.

Los gemidos de ambos llenaban la habitación, suaves pero intensos, mezclándose con el golpeteo húmedo de sus cuerpos uniéndose una y otra vez. El tiempo parecía haberse detenido.

Naruto la llenaba con cada movimiento, pero más aún la envolvía con sus caricias y su voz cálida. Y Hanabi, con el rostro escondido contra su cuello, comprendió que nunca se había sentido tan vulnerable... ni tan completa.

Naruto mantuvo el ritmo suave durante unos minutos, hasta que notó cómo el cuerpo de Hanabi comenzaba a responder con más naturalidad. Sus caderas se movían de manera casi involuntaria, como si estuvieran buscando instintivamente unirse con él, y cada gemido que escapaba de su boca sonaba menos temeroso y más hambriento.

Con una sonrisa cálida, Naruto empezó a acelerar un poco. Sus embestidas seguían cuidadosas, pero más firmes, más profundas. Hanabi arqueó la espalda de inmediato, sus uñas se clavaron en la piel de sus hombros mientras un gemido entrecortado se le escapaba de los labios.

“Aaah... ¡Na-Naruto~...!” su voz tembló, incapaz de contener la oleada de sensaciones.

Cada empuje la llenaba de un calor creciente, una presión deliciosa que se acumulaba en su vientre. El dolor que había sentido al principio ya no existía; en su lugar, había una necesidad desesperada, un hambre que se encendía más con cada segundo.

Naruto inclinó su rostro hacia ella y la besó con pasión, al tiempo que sus caderas aumentaban la velocidad. El sonido húmedo y rítmico de sus cuerpos chocando llenaba la habitación, y Hanabi sintió cómo sus fuerzas comenzaban a abandonarla.

“Eso es... déjate llevar” susurró él contra sus labios.

Fue demasiado. La presión dentro de ella se disparó y, con un grito ahogado, Hanabi se tensó de golpe “¡¡NARUTOOOOOOO!!” Sus piernas rodearon la cintura de Naruto, apretándolo contra sí mientras un orgasmo la sacudía sin piedad. Su interior palpitaba alrededor de él, contrayéndose con tanta fuerza que Naruto soltó un gemido profundo al sentir cómo lo apretaba.

Ella temblaba bajo su cuerpo, jadeando sin control, con lágrimas en los ojos y un rubor intenso en las mejillas. Pero mientras su clímax la dejaba exhausta, Naruto seguía moviéndose dentro de ella, más firme, más dominante, como si apenas estuviera calentando.

Hanabi lo miró con los ojos vidriosos, incrédula, mientras él seguía llenándola con cada embestida.

“Aún no, Hanabi-chan...” dijo con voz grave, acariciándole la mejilla “¡Esto apenas empieza!” la emoción era clara.

Ella gimió débilmente, sintiendo cómo su cuerpo aún temblaba por el orgasmo mientras Naruto no aflojaba ni un instante. Era abrumador, imposible... y al mismo tiempo, irresistible.

Naruto sonrió al sentir cómo el cuerpo de Hanabi seguía temblando bajo el suyo, aún sacudida por el segundo orgasmo. Pero no aflojó. Al contrario, colocó las manos en sus caderas y empezó a moverlas una fuerza que sabía que su cuerpo inexperto sería apenas capaz de soportae, haciendo que su virilidad entrara y saliera con un ritmo más intenso, más rudo que antes.

“¡Aaahhh! N-No... ¡Es demasiado!” Hanabi gritó con la voz quebrada, arqueándose en la cama.

Naruto la sostuvo con firmeza, inclinándose sobre ella, sus labios rozando su oído “No huyas de esto... tu cuerpo lo quiere”.

Un gemido fuerte escapó de su garganta cuando él la embistió con más profundidad, chocando contra lo más hondo de ella. Sus piernas intentaron cerrarse, pero Naruto se las abrió con fuerza, manteniéndola completamente expuesta a su dominio.

“¡Na-Naruto! ¡Aahhh, por favor...!” sus manos lo arañaban, sin saber si empujarlo o aferrarse más fuerte.

“Dilo... ¡DIME CUÁNTO LO DISFRUTAS!” ordenó con voz grave, marcando cada palabra con una estocada más profunda.

Las lágrimas rodaban por las mejillas de Hanabi, su cuerpo ardía, y aunque su boca intentaba negarlo, su interior lo delataba: se contraía desesperado alrededor de él, estrechándolo cada vez más.

“¡Se siente... SE SIENTE DEMASIADO BIEN! ¡AAAAAAAAAHHH~!” gritó finalmente, con un gemido largo que la dejó sin aire.

Naruto gruñó complacido, acelerando aún más. Sus embestidas eran rápidas, húmedas, sonoras, llenando la habitación con el eco de su unión. Hanabi gemía y gritaba sin control, cada vez más alto, hasta que la presión en su vientre explotó de nuevo.

“¡N-No puedo...! ¡ME CORRO OTRA VEEEEZ!” su grito resonó en la habitación mientras su cuerpo se arqueaba violentamente, cayendo en un tercer orgasmo devastador. Su interior se contrajo con fuerza extrema, apretándolo como si quisiera quedarse con él dentro para siempre.

Naruto la sostuvo firme, sin detenerse, besándola con pasión mientras ella se quebraba entre gemidos y lágrimas de placer “Eso es... Eres toda mía, Hanabi-chan...” murmuró contra sus labios, dominándola por completo.

Ella, rendida bajo él, solo pudo gemir y gritar su nombre una y otra vez, mientras su cuerpo se deshacía en un placer que nunca había imaginado.

Naruto no se detuvo después del tercer orgasmo de Hanabi. Para nada. Era ridículo siquiera pensar el que lo haría. El brillo en sus ojos se volvió más oscuro, más decidido. La tomó de las caderas con una fuerza inquebrantable y, con un solo movimiento, la levantó de la cama. Ella soltó un gemido ahogado de sorpresa, apenas alcanzando a rodear sus hombros con los brazos.

Se paró sobre el colchón. A ella la sostuvo con fuerza. La posicionó de espaldas sobre el colchón. Sin querer darle descanso: tomó sus piernas y las empujó hacia arriba, doblándolas contra su propio pecho, hasta dejarlas pegadas a su torso y apuntando directo hacia el techo. Hanabi quedó completamente abierta, vulnerable, el centro de su intimidad totalmente expuesto para él. Su longitud encontrándose atrapada por culpa de los abdominales de ambos.

“¡Na-Naruto...!” jadeó, apenas procesando la postura humillante y excitante en la que estaba atrapada.

Naruto no le dio tiempo a acostumbrarse. Con un solo empuje profundo, volvió a hundirse en ella hasta el fondo, arrancándole un grito desgarrado. La penetración, en esa posición, era más brutal, más certera, alcanzándola en lugares que la hacían estremecer con violencia.

El sonido húmedo y salvaje de cada embestida resonaba en la habitación, acompañado de los gemidos y gritos de Hanabi, que hace rato que no podía contener nada. Su cuerpo entero temblaba, atrapado entre el dolor exquisito y el placer incontrolable.

Naruto se inclinó sobre ella, atrapando sus labios en un beso salvaje, desesperado, invadiendo su boca con la misma rudeza con la que la invadía abajo. La mordía, la chupaba, devorándola sin piedad. Hanabi lloraba y gemía contra su boca, incapaz de respirar, incapaz de resistirse.

Su rostro era el reflejo perfecto de lo que vivía. El maquillaje que había llevado, delicado al principio, ahora estaba arruinado, corrido por completo. Las líneas negras de su delineado bajaban como ríos por sus mejillas húmedas, mezcladas con las lágrimas que no dejaban de brotar. Sus labios estaban rojos, hinchados y brillantes por la mezcla de saliva y besos incesantes.

Sus ojos, antes firmes, ahora estaban perdidos, nublados por el exceso de placer. Miraban a Naruto sin realmente verlo, desenfocados, como si estuviera atrapada en un trance del que no podía escapar. Cada vez que él embestía más profundo, la mirada se le quebraba aún más, hasta el punto de parecer que iba a perder la conciencia.

Naruto gruñía contra sus labios, sin detener el ritmo. Sujetaba sus piernas con firmeza, clavándolas contra su torso para que no se movieran, asegurándose de penetrarla hasta lo más hondo en cada movimiento. La cama crujía bajo la fuerza de sus embestidas, y el cuerpo de Hanabi se arqueaba con violencia, impotente ante la intensidad del acto.

“Eres mía, Hanabi...” susurró con voz áspera “¡TODA MÍA!” gritó con fervor, antes de volver a besarla con desesperación.

Ella apenas podía responder. Su boca se abría y cerraba, dejando escapar gemidos rotos, gritos ahogados y respiraciones cortadas. Lágrimas nuevas corrían por sus mejillas, mezclándose con las anteriores, con el sudor que hacía brillar su piel y con los restos de su maquillaje arruinado.

Su expresión era la de una mujer completamente vencida: labios entreabiertos, la lengua apenas visible cuando gemía, las mejillas enrojecidas por el calor, y los ojos húmedos y perdidos que no podían dejar de mirar, entre lágrimas, al hombre que la estaba llevando más allá de sus límites.

Naruto no se detuvo ni un instante. Sus embestidas seguían siendo profundas, demoledoras, llenando a Hanabi una y otra vez mientras la besaba con la misma fiereza, como si quisiera grabar en ella que no había escape, que su cuerpo y su alma le pertenecían por completo.

Cada gemido de ella era un eco de su dominio. Cada lágrima, una prueba de que la estaba marcando más allá de lo físico. Y cada mirada perdida de Hanabi era el reflejo de que ya no podía pensar, solo sentir, solo rendirse a lo que él le daba sin cesar.

Las embestidas se volvían cada vez más salvajes, cada vez más profundas. El cuerpo de Hanabi ya no podía soportar el ritmo; su espalda se arqueaba con violencia sobre el aire, las piernas temblaban atrapadas contra el torso de Naruto, y sus manos se aferraban a su espalda con una desesperación animal.

“¡N-No... más~...!” gimió con la voz rota, aunque en realidad lo que pedía era imposible de entender entre sus gritos “¡NA-NARUTO~...!“.

Cada palabra se le cortaba en la garganta por el impacto de otra embestida brutal. Naruto no cedía. Sujetaba sus piernas con un dominio absoluto y la hundía una y otra vez contra su virilidad, con la fuerza y la precisión de alguien que sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

El orgasmo la golpeó de pronto, sin aviso. Un espasmo recorrió su vientre, luego otro, y otro más. El placer se encadenó hasta convertirse en una descarga insoportable que la hizo gritar con todo el aire que tenía en los pulmones.

“¡¡AAAAAHHHHHHHH!!“.

Su grito rebotó contra las paredes, desgarrado, cargado de desesperación. Probablemente haciendo sobresaltar a las otras parejas si es que se encontraban en las habitaciones pegadas a la suya. Sus uñas arañaron su espalda, y su cuerpo entero se sacudió bajo él. Los músculos de su interior lo apretaban con una intensidad frenética, como si quisieran retenerlo, ahogarlo dentro de ella.

Hanabi lloraba sin control, con lágrimas frescas cayendo de sus ojos. El maquillaje corrido había manchado su rostro por completo, y sus labios estaban tan rojos e hinchados que parecían a punto de sangrar. Su mirada estaba completamente perdida, desenfocada, como si hubiera cruzado una frontera en la que ya no existía nada más que el placer atroz que Naruto le estaba dando.

“¡N-No... no puedo... m-más...!” sollozó, aunque su cuerpo se contraía y se abría para recibirlo, como si su interior gritara lo contrario.

Naruto la besó con fiereza, ahogando sus gritos entre sus labios, sin detener la tortura deliciosa a la que la sometía. Pero incluso él, que hasta ahora había mantenido un control casi sobrehumano, comenzó a sentir el cambio en su propio cuerpo.

El calor en sus caderas ardía. La presión en su interior crecía con cada contracción desesperada del cuerpo de Hanabi, con cada espasmo húmedo que lo exprimía sin tregua. Gruñó contra su boca, más salvaje, más áspero, mordiéndole los labios.

“Hanabi...” su voz salió ronca, cargada de urgencia “No voy a aguantar mucho más...“.

La dureza en su virilidad palpitaba con fuerza, más gruesa, más tensa que nunca. Cada vez que se hundía en ella, sentía que el borde estaba a punto de romperse, que su cuerpo exigía liberarse.

Naruto apretó más sus piernas, la levantó un poco más contra él y aumentó aún más el ritmo, decidido a marcar ese final con la misma brutalidad con la que había comenzado.

Hanabi, perdida entre lágrimas y gritos, apenas alcanzó a balbucear:

“¡Hazlo... Naruto...! ¡Hazme tuya... DEL TODO!“.

Naruto sentía el ardor recorriéndole todo el cuerpo, un fuego incontrolable que nacía en sus caderas y lo empujaba a querer vaciarse dentro de ella, a marcarla del todo, a reclamarla como suya de una manera absoluta. Cada contracción del interior de Hanabi lo exprimía con una ferocidad insoportable, arrastrándolo directo hacia el borde.

“¡NA-NARUTO~...!” gimió ella con los ojos nublados por lágrimas, la voz rota de tanto gritar “¡Hazlo dentro...! ¡Por favor... dentro!“.

El rubio apretó los dientes, gruñendo con la mandíbula tensa. Era una visión tentadora: Hanabi atrapada por sus brazos, con las piernas dobladas contra su pecho, su rostro hecho un desastre de lágrimas y maquillaje corrido, gritando su nombre como si lo necesitara más que al aire. Todo su cuerpo le rogaba que lo hiciera, que se rindiera.

Y podía cumplir con lo que ella pedía. Solo era cuestión de un par de empujones más. Pero Naruto no era un idiota. A diferencia de Hanabi, él no había perdido el contacto con la realidad. La calentura no le borraba la cabeza; sabía muy bien lo que significaba correrse dentro de ella. Sí, por supuesto que conocía la existencia de la pastilla del día después Sí, era efectiva... pero no era un 100%. Y él no iba a arriesgarse.

Con un gruñido áspero, Naruto clavó las manos en sus caderas y, en el momento exacto en el que su cuerpo alcanzaba el límite, se retiró bruscamente de su interior.

“¡N-NO...!” Hanabi gritó con desesperación, con la voz quebrada al sentirlo salir justo cuando lo quería más dentro.

Naruto soltó un gemido ronco, casi animal, mientras su virilidad palpitaba con violencia al borde de estallar. Los apoyó a ambos contra el colchón. La mantuvo sujetada, jadeando con la respiración pesada, luchando contra el impulso más primitivo de su cuerpo.

“Hanabi...” jadeó contra sus labios, sudando, con la frente pegada a la suya “No puedo... no voy a hacerlo dentro”.

Ella lo miró con los ojos borrosos por las lágrimas, temblando entera, incapaz de comprender al principio. Solo podía sentir el vacío ardiente entre sus piernas, un vacío que le arrancaba más lágrimas que los orgasmos previos.

Naruto respiró hondo, la besó con fuerza para silenciar sus protestas, y con la misma pasión que la estaba volviendo loca, la sostuvo firme, preparándose para liberar su deseo sin cruzar ese límite que, en su cabeza, no iba a traspasar. No ahora, al menos.

Naruto sujetó a Hanabi con firmeza, sintiendo cómo su cuerpo seguía temblando en sus brazos. Su respiración era un jadeo entrecortado, irregular, mezclando placer y agotamiento. Su pecho subía y bajaba con violencia, y cada músculo parecía colapsar de cansancio tras horas de entrega absoluta.

“Aaah... Naruto...” jadeó débilmente, apenas capaz de hablar. Su rostro estaba rojo, corrido el maquillaje por las lágrimas, con los ojos vidriosos y la mirada perdida en algún punto entre él y el techo “No... puedo más...“.

Naruto sonrió con dureza, acariciando su espalda y su rostro con ternura, mientras sentía cómo la presión dentro de él alcanzaba un límite insoportable. Sujetándola con cuidado y, con un gruñido ronco, liberó finalmente todo su deseo fuera de ella.

Su eyaculación fue intensa, caliente y abundante, chorreando por su abdomen mientras su respiración se entrecortaba. Cada espasmo de su cuerpo hacía que el aire saliera en gemidos profundos, y su mirada se mantuvo clavada en Hanabi, observando cada reacción suya al sentir como cada gota de su semen la golpeaba.

Hanabi estaba agotada. Su cuerpo temblaba de manera incontrolable, sus brazos apenas podían sostenerse, y sus piernas seguían temblando por el cansancio extremo de la entrega y los orgasmos previos. Jadeaba entre sollozos de agotamiento y placer residual, con la piel brillando de sudor y las lágrimas mezcladas con el maquillaje corrido que dejaba rastros en sus mejillas.

“N-Naruto-kun...” susurró débilmente, apoyando la frente contra su hombro “No... puedo... más...” repitió, otra vez.

Él la abrazó con ternura, sosteniéndola contra su pecho mientras su virilidad finalmente comenzaba a relajarse. La miró a los ojos, ahora entrecerrados, y le acarició el rostro manchado con suavidad.

“Shhh... tranquila, ya pasó...” murmuró, mientras ella dejaba escapar un último gemido, completamente rendida, extenuada, y con todo su cuerpo colapsando entre sus brazos.

La habitación estaba silenciosa salvo por sus respiraciones agitadas, los cuerpos pegados, los corazones desbocados y el aroma intenso que quedaba de su unión. Hanabi estaba agotada, sí, pero también envuelta en una sensación de plenitud y satisfacción que jamás había experimentado, mientras Naruto la sostenía con cuidado, compartiendo el momento de calma después de la tormenta.

Se acostó, apoyando su cabeza finalmente contra la almohada. A Hanabi la apoyó contra él. Su cabeza contra su pecho. Sujetó su mano con la suya sobre su abdomen. Ella jadeaba. Sabía que estaba a punto de dormirse. También que podía limpiar su cuerpo, pero ya que no la marcó por dentro, dejaría que durmiera en ese estado.

“Na-Naruto-kun... aah... yo...” ella empezó a hablar, entre jadeos, el sueño casi la atrapaba, pero quería decir algo “... yo... te amo...” también quería escuchar lo que él tenía para decir, pero su cuerpo cayó presa del cansancio.

Naruto observó su rostro arruinado, su rostro dormido. Era hermosa. Soltó un suspiro. Ese fue... el peor sexo de su vida.

Si él fuera bueno con ella, solo habría sido uno de los peores. Ni siquiera pudo ponerse erecto completamente. Pero no era culpa de ella. Si no suya. Era él el que tenía estos malditos gustos de mierda. Tampoco es como si pudiera hacer algo al respecto, ya era mucho trabajo el no intentar hacer suya a su propia madre. Si retrocedía de esto ahora, sabía que no iba a resistir más a los encantos de Kushina. Hizo una nota mental. Había completado el primer paso de su plan. El siguiente era conquistar por completo a Hanabi. No es que ella acabara de mentir o algo por el estilo, no, simplemente ella no aceptaría lo que él quería ahora mismo. Tomaría un tiempo, y un poco de lágrimas, pero estaba muy lejos de ser imposible... Cerró los ojos. Todo esto era cansador, tanto física como mentalmente. Tal vez debía apagar la luz de la habitación, pero a ninguno de los dos le iba a molestar ahora mismo. Solo descansaría por hoy.

XxXxXxXxX

El silencio de la casa era abrumador. Hasta denso, diría ella. Cada tanto se rompía por el sonido de una gota de agua que se escapaba del grifo del lavamanos del baño. Debería levantarse y cerrarlo bien, pero no tenía ganas. El techo de su habitación era más entretenido ¿Había una parte despintada? Mañana tendría que ir a comprar.

El área despintada tenía forma de varios triángulos, le recordaba a la razón por la que estaba acostada y sin dormir por más de una hora. Y tenía nombre y apellido, Naruto Namikaze. Ese rubio... Claramente estaba en medio de una cita, y con Hanabi Hyuga, de entre todas las personas posibles, tenía que ser ella. Se debatía si debía de contárselo a su querida hermanita. Sabía perfectamente que, a pesar de que lo negara por más veces que alguien se lo preguntara, ella estaba enamorada de él desde... básicamente siempre. Presenció cómo fue afectada por sus sentimientos estos últimos cuatro años. Y ella quería que esos sentimientos fueran enterrados en el núcleo de la tierra.

¿Sayuri y Naruto? No era sano. No porque Naruto fuera probablemente una terrible pareja, si es que tener más parejas en los últimos cuatro años que el promedio que tenía una persona en toda su vida era un indicio de ello, si no por la razón que lo más seguro era la causa de esa cantidad inhumana de ex-novias. No lo odiaba, claro que no. No fue su culpa. Él solo era un niño en ese momento. Ella sí que tenía culpa por haber estado callada durante años. Pero ya era tarde. Había tomado su decisión hace mucho, y siempre supo que habrían consecuencias por eso. Priorizó a los que le importaban, como su hermanita. No terminó tan bien como le hubiera gustado, pero bueno, seguía creyendo que fue mejor que lo que hubiera terminado pasando si hubiera decidido hablar. Sayuri no necesitaba preocuparse por algo que ella no tenía control. Ella debía tener toda la felicidad posible. No soledad y dolor. Sufrió menos de lo que pudo haber sufrido.

¿Cómo respondería ella si le contaba que Naruto y Hanabi tuvieron una cita? Sabía que lo más cercano a un ultimátum para Sayuri eran las hermanas Hyuga; Hanabi y Hinata. Probablemente actuaría en consecuencia si se enterara, pero eso hubiera sido así hace un par de años ¿Ahora? Seguro pensaría que sería otra relación de mierda que iba a durar menos de lo que duraba el prime de Benzema o algo así.

¿Por qué tenía tanto fanatismo por el fútbol español? Ella no lo comprendía, mucho menos lo compartía.

Soltó un suspiro. Daba igual. Era muy probable que no durarna mucho, ya sea por culpa de Naruto o no. E incluso si lo hacía, su hermana se enteraría tarde o temprano, siempre lo hacía.

Se acostó de lado y cerró los ojos. Vivir sola no era como esperaba. Era solitario. Pero era mejor que la casa en la que creció y vivió casi toda su vida.


¡FINAL DEL CAPÍTULO!