ZADBOY

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Summary

En las Tierras Grises, la esperanza es un lujo que nadie puede permitirse. El mundo no murió de golpe; se pudrió lentamente, dejando atrás un paisaje de trigo negro, agua con sabor a hierro y cielos cenicientos donde la fe es solo otra forma de miedo. Bajo el yugo de la Orden Luminaria y la crueldad ritual de los Serafistas, la supervivencia depende de no ser marcado por el destino. Zadboy es un error de la creación. Nacido de una grieta entre la luz y el Abismo, carga con el peso de una magia prohibida: sus armas no son de acero, sino cuchillas de afeitar vinculadas a sus propias cicatrices. Cada vez que las invoca, el dolor es el peaje que debe pagar para no ser devorado por la oscuridad que habita en su interior. Junto a Lenora, una aprendiz de la Muerte que duda de su oficio, y Amelia, una joven que emite una luz roja pura —un milagro que la Orden desea extinguir—, Zadboy deberá emprender una huida desesperada desde el refugio de San Poe hacia el norte prohibido. Pero tras una fusión accidental con su propio eco —una Sombra-blanca que reclamaba su mitad perdida—, Zadboy ya no es solo un fugitivo. Ahora es una fuerza de la naturaleza que camina entre dos mundos. En su viaje hacia el Valle de los Lamentos de Hierro, deberá descubrir si es el salvador que las Tierras Grises necesitan o el monstruo definitivo que terminará por borrarlas. Cuando el equilibrio se rompe, las cicatrices son las únicas que dicen la verdad.

Genre
Horror
Author
D. R. Dart
Status
Ongoing
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
16+

EL CANTO DE LA CENIZA.

No sé quién inventó eso de que el mundo se jodió de un día para otro.

Mentira.

El mundo se vino abajo de a pocos, como un perro lleno de gusanos que todavía intenta mover la cola.

En mi aldea decían que todo empezó cuando el sol dejó de calentar.

Otros decían que fue cuando las sombras empezaron a moverse sin que nadie las pisara.

No importa.

Para cuando yo nací, ya estábamos todos condenados.

Vivimos en las Tierras Grises, pero no son grises por el clima.

Son grises porque todo lo demás ya se pudrió.

El trigo crece con manchas negras,

el agua sabe a hierro,

los niños nacen llorando más fuerte de lo normal.

Y la gente… bueno, la gente dejó de mirar hacia arriba,

porque nada bueno baja del cielo.

Aquí mandan los templos, no los reyes.

La fe, la llaman.

Yo la llamo miedo con sotana.

Cuando los Luminaria llegan a la aldea, nadie pregunta nada.

Si preguntas, te marcan.

Y si te marcan, no vivís para contarlo.

Dicen que buscan mantener el “equilibrio”.

Lo único que equilibran es la cantidad de cadáveres que van dejando atrás.

Peor son los Serafistas.

Si ves a uno, corré.

Y si no podés correr… pedí que te maten rápido.

Les gusta jugar.

Clavos, cuerdas, fuego… todo lo vuelven ceremonia.

Pero incluso esos malditos tiemblan cuando hablan del Abismo.

La oscuridad que respira debajo de todo,

la grieta que parió monstruos, Sombras… y errores.

Uno de esos errores anda por ahí.

Un muchacho flaco, con ojos raros.

Dicen que no es humano del todo.

Dicen que tiene luz adentro.

Dicen que tiene sombra también.

Y aunque nadie lo diga en voz alta, todos saben la verdad:

El mundo está tan jodido…

que si ese chico sigue vivo,

es porque el Abismo quiere ver qué tan bajo podemos caer antes de rompernos.

Yo no sé si él salvará algo, o si lo terminará de quemar.

Solo sé esto:

Cuando lo veas pasar, no reces.

No grites.

No te acerques.

Porque si el mundo está hecho mierda…

él es la prueba viviente.