𝐒𝐓𝐀𝐓𝐈𝐂 𝐁𝐄𝐓𝐖𝐄𝐄𝐍 𝐔𝐒

Summary

Han pasado dos años desde los eventos que sacudieron Hawkins por última vez. Mientras todos siguen con sus vidas, Mike permanece atrapado en recuerdos que se niegan a desaparecer. Esta es la historia de lo que ocurre después de la quinta temporada: de secretos que vuelven a salir a la superficie, de amistades que se ponen a prueba y de emociones que nunca llegaron a cerrarse. Aquello que Mike creyó haber dejado atrás está a punto de alcanzarlo.

Genre
Lgbtq/Drama
Author
Nununny
Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐎𝐍𝐄: 𝐓𝐡𝐞 𝐄𝐜𝐡𝐨

El sonido de las teclas retumbaba en las paredes de su habitación, donde la poca luz del sol se filtraba entre las cortinas mal cerradas. Había papeles tirados por todos lados: hojas arrugadas, cuadernos abiertos por la mitad. Por más que lo intentara, Mike no encontraba coherencia en sus escritos.

Las palabras estaban ahí, pero no decían nada.

Borró una frase, luego otra. El cursor parpadeó en la pantalla como una burla silenciosa. Cerró los ojos un segundo, apoyando la frente contra el borde del escritorio, y exhaló con lentitud. Sentía la cabeza pesada, como si cada pensamiento tuviera que abrirse paso entre recuerdos que no pedían permiso.

Fantasía.

Eso era lo que mejor sabía escribir.

Mundos imposibles, criaturas nacidas de la oscuridad, héroes que siempre encontraban la forma de salvar a los demás. Pero esta vez no funcionaba. No había épica, no había peligro real. Solo un vacío difícil de nombrar.

Se levantó de la silla y caminó por la habitación, esquivando cajas viejas y dados olvidados en el suelo. En una repisa aún descansaban figuras gastadas por el tiempo, recuerdos de campañas que habían terminado hacía años, pero que en su mente seguían repitiéndose una y otra vez.

1989, el año volvía como un ancla.

Mike sabía exactamente en qué momento todo se había detenido. No cuando Vecna cayó. No cuando el mundo volvió, torpemente a la normalidad, como si la oscuridad nunca se hubiera apoderado de Hawkins.

Sino después.

Cuando ya no hubo excusas para no decir lo que sentía. Cuando el silencio dejó de ser protección y se convirtió en una elección.

Volvió al escritorio y miró el archivo abierto. El título provisional seguía ahí, intacto desde hacía meses. Una historia sobre una chica con poderes imposibles y un grupo de amigos que la acompañaban hasta el final.

Todos tenían un destino claro.

Todos, menos él.

El sonido de una puerta cerrándose en el piso de abajo lo sacó de sus pensamientos. Reconoció los pasos de su madre, la voz lejana de Holly hablando emocionada de una campaña que tendría más tarde. La casa seguía viva, seguía avanzando... y, sin embargo, Mike sentía que él se había quedado atrapado en una habitación que ya no le pertenecía.

Habían pasado dos años desde que Vecna murió, desde que el Otro Lado desapareció y, junto a él, Once. Todos siguieron con sus vidas, aunque a veces se reunían, a quienes más veía era a Lucas y Max; ambos estudiaban en la misma universidad, Indiana University Bloomington, más conocida como IU.

Steve a veces se pasaba por su casa para ver cómo estaba, cómo se encontraba Holly. Pero las mejores visitas eran cuando Dustin llegaba de sorpresa con él.

Mike extrañaba a sus amigos.

Extrañaba esas noches de D&D.

Pero a quien más extrañaba era a aquel clérigo que se había ido a buscar su propio camino lejos.

Mike no había sabido mucho de Will en el último tiempo. La distancia hacía difícil el contacto. Lo último que sabía era que estaba estudiando artes en Nueva York.

Y, aun así, su ausencia seguía pesando más que cualquier monstruo que hubieran derrotado.

- ¡Mike!

La voz de su madre subió por la escalera, rompiendo el silencio espeso de la habitación.

Mike parpadeó, como si le costara volver al presente.

- ¡Mike, cariño! -insistió Karen-. Te llegó algo por correo.

El corazón le dio un vuelco inmediato. Por un segundo, solo uno, pensó que podía ser de Will. Una carta tardía. Algo que hubiera cruzado estados y tiempo para llegar hasta él. Se levantó demasiado rápido, la silla raspó el suelo, y bajó las escaleras con una mezcla incómoda de expectativa y miedo.

Karen estaba en la cocina, con un sobre en la mano. No era grande. No estaba escrito a mano.

Mike lo supo antes de tomarlo.

El papel era grueso. Elegante. El tipo de sobre que anunciaba algo importante, algo que no pedía permiso.

Leyó los nombres.

Joyce Byers & Jim Hopper

Sintió cómo el aire se le quedaba atrapado en el pecho.

-Es una invitación -dijo su madre, sonriendo-. Para una boda. Parece que al fin se decidieron a dejar de aplazarlo.

Mike asintió en silencio. Abrió el sobre con cuidado, como si pudiera romper algo más que papel. La fecha, el lugar. Montauk, Nueva York. Todo era claro. Demasiado claro.

Will iba a estar ahí.

Por supuesto que iba a estar ahí.

Subió de nuevo a su habitación con la invitación aún en la mano y la dejó sobre el escritorio, junto al teclado. La observó por un largo rato, como si fuera una señal que había tardado demasiado en llegar.

Entonces, un sonido familiar llenó el aire.

Estática.

Mike levantó la cabeza.

- ¿Mike? -la voz de Lucas salió nítida del radio-. Dime que ya te llegó.

Mike cerró los ojos un segundo, antes de tomar aquel radio que los había acompañado en tantas aventuras, uno que se negaba a morir.

-Sí -respondió-. Acaba de llegar.

- ¡Lo sabía! -la emoción de Lucas no se pudo ocultar detrás de la interferencia-. Max y yo la recibimos esta mañana. Hopper y Joyce... casándose. Es raro decirlo en voz alta.

Mike esbozó una sonrisa mínima.

-Sí. Lo es.

Hubo una breve pausa. Del otro lado, Lucas bajó un poco el tono.

-Oye... -dijo-. ¿Está todo bien?

Mike tardó en responder. Apoyó el codo en el escritorio, sostuvo el radio con la otra mano y dejó escapar una risa breve, casi sin humor.

-Sí... creo -Tomo algo de aire antes de responder-. Es solo que... no pensé que esto me iba a mover tanto.

-Ya -dijo Lucas, suave-. A mí también me pasó.

La estática llenó el silencio unos segundos más.

-Es raro -continuó Lucas-. Como si todo esto hiciera... oficial que pasó el tiempo, que ya no somos los mismos chicos del sótano.

Mike miró alrededor de su habitación. Los dados, las figuras, las hojas tiradas.

-Sí -dijo-. Exactamente eso.

-Pero no se siente mal -añadió Lucas-. Solo... distinto.

Mike asintió, aunque Lucas no podía verlo.

-Supongo que sí.

Lucas respiró hondo al otro lado.

-Oye, va a ser bueno vernos -dijo-. A todos. De verdad.

Mike tragó saliva.

-Sí, eso espero.

La comunicación se cortó poco después, pero la sensación quedó suspendida en el aire. Mike bajó la mirada hacia la invitación sobre el escritorio.

Nueva York.

Will.

Por primera vez en dos años, la historia que había evitado escribir estaba a punto de alcanzarlo.