Capitulo 1. Un encuentro fortuito.
Iker:
Después del asesinato en el CCH, no he podido volver a la escuela.
Las clases se pasaron a línea, como si eso pudiera tapar lo que pasó, como si todo siguiera igual.
Desayunaba sin hambre mientras esperaba mi primera clase y dejé la mañanera de fondo. La voz de la presidenta llenaba la cocina.
Qué fácil es hablar desde un podio.
—Es una tragedia. Vamos a tomar cartas en el asunto. La policía ya inició las investigaciones para que se haga justicia a las víctimas— Decía Claudia en las noticias.
Maldita, se nota que no le interesa en lo mas mínimo, todo lo que dice me provoca nauseas, así que solo me digne a apagar la televisión y tomar mi primera clase.
Las clases en línea siempre me han parecido más cansadas que las presenciales, hoy, simplemente se sentían inútiles, mas de lo habitual.
No tenia nada que hacer ese día, en cuanto me recosté en la cama, mi celular sonó, era un mensaje de Rafael Zayas, un compañero que iba conmigo en la secundaria en el mismo salón, siempre me ha caído bien.
"Iker, ¿viste lo de la mañanera? Puro teatro, pero tengo un plan"
"Otro de tus planes revolucionarios del grupo de debate?"
"Más concreto. Es que mira mañana se va a hacer una sesión en la cámara de diputados para discutir lo que sucedió en el CCH, van a asistir muchas universidades, así como figuras políticas de carácter nacional, como lo son Diputados y senadores, el evento va a iniciar a las 10:00 de la mañana, por lo que vamos a dar justificantes para las personas que lo requieran, entonces, ¿Vas?"
Lo pensé por unos segundos.
Rafa, en la Prepa 6, se había metido de lleno en eso de la política estudiantil, sus ideas a veces eran burdas, pero esta vez irían mas personas y gente importante... Iban a estar hable y hable quizás sea lo que necesita mi rabia... Quizás y pueda ponerlos en su lugar...
"Va, si voy!"
Al día siguiente, asistí a la hora que me dijo Rafa, puntual como suelo ser.
El aire en la Cámara era algo pesado, olía a autoridad, poder y cartón viejo...
Rafa iba todo formal, con una corbata que le apretaba demasiado, yo llevaba mi sudadera con capucha, no quería verme tan elegante.
Nos sentamos en la galería, viendo a los diputados llegar como si fueran a una función, me hervía la sangre.
-Ahí está la comisión de seguridad- susurró Rafa, señalando, y entonces la vi.
Ya no era solo una voz en la tele, era una mujer, bajando las escaleras del hemiciclo, rodeada de personas, con ese mismo tono serio y distante que presentaba en la tele. Claudia Sheinbaum, Iba leyendo unos papeles, frunciendo el ceño, ignorando por completo a los estudiantes sentados.
Algo estalló dentro de mí, el odio fue tan fuerte, tan agudo, que me puse de pie sin pensarlo. Tenía que irme, no podía verla, Rafa me dijo algo, pero no lo oí.
Bajé corriendo los escalones de la galería, lleno de rabia, doblando la esquina hacia los pasillos privados, no me importaba nada ni nadie.
Y fue entonces cuando algo me detuvo, un choque, no fue suave, fue un impacto de hombro contra hombro, de repente, el sonido de decenas de hojas de papel volaron del impacto por todo el pasillo.
-¡Ay! ¡Ten mas cuidado!- grito.
Me tambaleé un poco, intente recuperar el equilibrio con una mano en la pared, y en cuanto menos vi, estaba ella, Claudia Sheinbaum, sin tantos micrófonos, cámaras grabando, ni miles de personas exigiendo algo... Solo estaba ella, una mujer que parecía dulce...
-Perdón, yo...- fue lo único que pude decir.
-Mis notas... el discurso...- Decia, se veía en su rostro una preocupación muy grande.
Sin pensar, me agaché y comencé a recoger las hojas desordenadas, mis manos moviéndose más rápido que mi cerebro.
¿Qué estoy haciendo? ¿Ayudándola? No quería hacerlo, pero era un acto mecánico, no podía controlar mis acciones...
-Gracias- respondió, más cerca ahora, su voz parecía menos fría que en las pantallas, era mas... Humana...
Cuando levanté la cabeza para entregarle todos los papeles, nuestros ojos se cruzaron por primera vez, ya no a través de una pantalla, ni tampoco a decenas de metros de distancia, ahí, a medio metro, en el silencio incómodo del pasillo, estábamos ella y yo...
Pensé en decirle tantos insultos, tantas cosas, pero no podía, no podía dejar de mirar aquellos ojos avellana, Ahora Vi a la persona, no solo al personaje, y algo en mi estómago daba vueltas tan violentamente y absurdo que casi me doblo por la mitad.
No era admiración. No era respeto, era algo completamente distinto, magnético y prohibido, que se encendía dentro de mi y que quemaba por dentro...
Ella tomó los papeles, nuestros dedos rozándose por una fracción de segundo,
-Debes tener más cuidado- dijo, y su tono no era el de la presidenta en cadena nacional, era el de una profesora regañando a un alumno distraído.
Luego, sin más, se dio la vuelta y se marchó, el tacón de sus zapatos sonando en el mármol, seguida por un asesor que me lanzó una mirada de desdén.
Yo me quedé allí, pegado al piso, la muñeca donde habían rozado nuestros dedos... No dejaba de mirarla...
-¡¿Iker?! ¿Qué fue lo que hiciste? ¡Chocaste con la presidenta! ¡Tu prepa la va a dejar mal parada!- Rafa apareció a mi lado, los ojos como platos, estaba asustado y al mismo tiempo molesto.
-Fue un accidente- logré decir, pero mi voz sonó hueca, lejana.
Mi compañero, pensé, ella fue quien lo mato, gracias a ella, aun no se sabe nada del asesino, ¡¿como es que yo no le dije nada?! ¡¿no le reproche todo lo mierda que ha hecho en este pais desde que es presidenta?!, no entendía porque me sentía así No. Me negué rotundamente. NO.
La odiaba. Odiaba su poder, su distancia, odiaba todo lo que representaba, lo que había sentido era... susto, adrenalina, asco, quizás. Pero NUNCA algo mas...
Me aferré a ese odio con todas mis fuerzas mientras salía del edificio, con Rafa hablando a mi lado sin parar.
Pero por más que lo intentaba, no podía borrar la imagen, sus ojos en ese momento preciso, la vulnerabilidad que emanaba antes de que volviera a ponerse la máscara de autoridad.
Era un descubrimiento terrible, el tipo de conflicto que no le deseas a nadie, y, como una semilla envenenada, había comenzado a crecer justo en el momento en que mis pies me llevaban de vuelta a la realidad, lejos de ella, pero con su imagen ya grabada a fuego en un rincón nuevo y traicionero de mi mente... O quizás de mi corazón..