AL RITMO DEL HIELO

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Summary

Kyla Miller es una joven patinadora artística cuyo sueño se ve truncado por una grave lesión en la rodilla. Tras abandonar el hielo para siempre, su vida da un giro cuando descubre por televisión a Raelynn Scott, una nueva estrella del patinaje que comienza a aparecer constantemente en su camino, despertando emociones y recuerdos que creía superados.

Status
Ongoing
Chapters
19
Rating
n/a
Age Rating
16+

PRÓLOGO

Kyla


Jueves, 19 de febrero de 2026


La sensación del frío en mis manos y la adrenalina que recorría mi cuerpo con cada movimiento siempre me transportaban a los inicios de cuando practicaba patinaje artístico sobre hielo. El camino nunca fue fácil. Al principio, mis padres se negaban a que practicara ese deporte; pensaban que era demasiado arriesgado. Pero ¿cómo se le dice a una niña que podría romperse algún hueso?

Mi obsesión fue creciendo tras ver patinar a la pareja canadiense más famosa del siglo XXI, Lexi Graham y Caleb Landry. Cada movimiento desprendía una delicadeza increíble y se notaba la profunda conexión entre ambos.

A las pocas semanas, mis padres cedieron y empecé a asistir a mis primeras clases. Sin embargo, no tardaron en aparecer los primeros rasguños, heridas y esguinces.

El recinto de hielo se convirtió en mi segunda casa, un lugar en el que podía tanto distraerme como desahogarme. Poco a poco, mis habilidades fueron mejorando hasta el punto de empezar a competir.

—Kyla —la voz suave de alguien irrumpió en mis pensamientos—. ¡Kyla!

Parpadeé varias veces antes de sacudir la cabeza. La muchedumbre coreaba mi nombre en el recinto. Giré la cabeza para mirar a la persona que me llamaba.

—¿Te ocurre algo?

Un hombre de mediana edad me sujetaba el brazo con cuidado y alzaba las cejas con gesto de preocupación.

—No… —volví a fijar la mirada en la pista de hielo—. Estaba concentrándome —dije mientras me recogía el pelo en una coleta alta.

—Gana esa medalla de oro —dijo mientras me daba una breve palmada en la espalda.

Expulse el aire de mis pulmones antes de acercarme a la valla perimetral. En cuestión de segundos, ya me deslizaba sobre el hielo. Me situé en el centro de la pista rectangular y adopté la posición inicial; deslicé ligeramente el pie izquierdo y bajé la mirada hacia el suelo.

Sentía cómo cada mirada se clavaba en mí. Apreté los puños, esperando que los nervios desaparecieran, hasta que comenzó a sonar Je Me Casse, de Destiny. Mis brazos empezaron a moverse al compás de la melodía; deslicé el pie derecho y di una rápida vuelta antes de impulsarme por la pista.

Los nervios se fueron disipando a medida que avanzaba en la coreografía. Cada salto impecable, cada elevación de pierna perfecta.

En mi mente, solo existíamos el hielo y yo.

Un entrenamiento más en solitario.

Alcé la mano izquierda para señalar al público mientras rodeaba la pista de espaldas. La gente aplaudía y gritaba.

La idea de realizar un cuádruple flip cruzó mi mente fugazmente. Sabía que era complejo, pero lo había entrenado muchísimas veces y, en las últimas, había sido impecables. Respiré hondo antes de girarme e impulsarme; entrecrucé los brazos sobre el pecho. Una vuelta, dos, tres, cuatro…

Al tocar el suelo, todo se jodió.

Caí al suelo con brusquedad y un dolor agudo se instaló en mi rodilla. El grito que solté se mezcló con el murmullo del público.

—¡Aaah! —grité, llevando rápidamente las manos hacia mi rodilla derecha.

El público quedó en silencio. Apreté los dientes y cerré los ojos con fuerza, pero el dolor no remitía. Golpeé el hielo varias veces con la mano.

—¡Kyla! —la voz del entrenador se acercó con rapidez hasta colocarse a mi lado.

—¡Mi rodilla!

Acercó las manos a la articulación afectada, pero su contacto no alivió nada.

Ese día no solo se rompió mi rodilla, sino también mi sueño de seguir compitiendo.