Castigo de pies - One shot

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Summary

Marina es una chica conocida por su gran arrogancia y, especialmente por estar constantemente burlándose de los pies de los demás, sobre todo los de sus amigas. Un día, se encuentra a una misteriosa figura que le hará tener un giro de 180º en su vida. Portada: https://www.deviantart.com/whitecloth/art/My-weird-friend-483276063 ACLARACIÓN: Esta es una historia inventada, cualquier cosa que pueda sentar mal no se ha hecho a propósito, simplemente quiero escribir historias de pies que circulen por mi mente.

Genre
Fantasy
Author
feet5145
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Castigo de pies - One shot

Marina era conocida en su grupo de compañeros por su especial habilidad para encontrar de qué burlarse en los demás, especialmente con los pies femeninos. Siempre les encontraba algo: que si eran muy largos, que si eran muy cortos, que si parecían dedos de bebé, que si las uñas estaban mal pintadas, y un laaargo etc...

Un día, su mejor amiga, Clara, la invitó a su casa. Y para la mala suerte de esta última, Marina llegó cuando se estaba pintando las uñas de los pies.

- Ohh que bonito, intentanto camuflar tus croissant mal cocinados. - Dijo Marina entre risas.

- Mari, en serio. Deberías parar con esto. - Dijo Clara con toda la tranquilidad del mundo. - Tu obsesión por burlarte de los pies ajenos empieza a ser un poco cansina.

- No es mi culpa si nadie cuida sus pies. - Respondió Marina encogiéndose de hombros.

Clara simplemente ignoró su comentario, ya que ella sabía cómo funcionaba su amiga y se limitó a terminar de pintarse las uñas para luego seguir viendo la serie que tenían pendiente.

Lo que Marina no sabía, era que sus comentarios podrían llegar a oídos que igual no se harían la vista gorda.

Cuando terminó su reunión con Clara, decidió darse un paseo por el parque. Llamó su atención una chica que no conocía de nada y que, además, estaba caminando descalza por la hierba. A pesar de que sus pies eran más lindos que lo que acostumbraba a ver, no pudo resistir la tentación de ir a burlarse.

- Qué, ¿intentando embellecer la parte más fea del cuerpo? - Le dijo a la chica.

- Es una forma muy curiosa de presentación. - Dijo la chica con una calma un tanto extraña. - Normalmente la gente pregunta: ¿Cómo te llamas? o algo parecido.

- ¿Se ha ofendido la gran duquesa porque me burlé de sus piececitos? - Dijo Marina entre risas.

- Si yo fuera tú, dejaría de burlarme de los pies en este instante. - Dijo la chica más tranquila todavía, su calma absoluta era bastante extraña.

- ¿¡Perdona!? ¿Quién te crees que eres para decirme a mí de qué puedo o no puedo reírme? - Dijo Marina enojada.

- Puedes llamarme Pedalina. - Respondió la chica conservando su serenidad pero ahora con una pícara sonrisa.

- Hasta tu nombre hace referencia a pies, es que me lo pones fácil.

- No, yo no te lo pongo fácil. Tú me lo pones fácil a mí.

De repente el teléfono de Pedalina sonó, ella miró la pantalla y simplemente dijo:

- Me tengo que ir, encantada de conocerte, como te llames.

Marina se sintió un tanto extraña, no solo sus burlas no habían tenido ningún efecto, casi que al contrario, es como si las hubiera disfrutado.

Decidió no darle más vueltas al asunto y regresó a su casa, donde después de cenar y asearse, se tumbó en su cama y se durmió.

Sin embargo, esa noche tuvo un sueño extraño: Una especie de sombra gigante le susurraba palabras incomprensibles mientras figuras femeninas sin rostro caminaban descalzas frente a ella, exhibiendo sus pies. Cada vez más cerca y más cerca, cuando los pies estuvieron a punto de rozar su rostro, Marina despertó de golpe.

Eran las tantas de la madrugada, estaba sudando un poco ya que ese sueño la había asustado, pero cuando se calmó simplemente se volvió a dormir.

A la mañana siguiente (que era Sábado y no había clases), Marina decidió salir a correr para hacer un poco de ejercicio. Terminó cerca de una tienda de zapatos y, tras recuperar el aliento, decidió echar un vistazo.

Cuando entró se empezó a sentir algo rara, su mirada se clavó en unas chicas que se estaban probando sandalias, pero no en las chicas, sino en sus pies.

De repente su mente se nubló, casi inconscientemente empezó a moverse lentamente hacia esos pies, un irresistible deseo de adorarlos la invadió casi que al completo, relativamente cerca de las chicas, una se dio cuenta de que Marina se acercaba con la mirada perdida.

- Amiga, ¿estás bien? - Le preguntó la chica tomándola del hombro.

Ese contacto la devolvió a la realidad y, dándose cuenta de lo que estaba a punto de hacer, murmuró una excusa:

- Sí, es solo que he salido a correr y me he forzado más de la cuenta, ahora me cuesta un poco recuperar el aliento pero nada grave, gracias.

Conforme terminó de decir eso se dio la vuelta y se marchó a paso ligero de la tienda, buscó un lugar cercano donde nadie la viera para poder hablar consigo misma.

- Eso ha estado muy cerca. - Pensó. - ¿Qué me ha pasado? ¿Será verdad que tenía que reposar un poco más después de correr tanto?

Justo en ese momento, recibió un mensaje de Clara, preguntando si iba a su casa para seguir viendo la serie. Marina pensó que le vendría bien para olvidar lo que acababa de pasar y fue para allá.

Clara la recibió con zapatos y la invitó a pasar, se sentaron en el sofá y colocaron sus piernas en unos cojines encima de la mesa.

Al poco de continuar la serie, Clara decidió quitarse los zapatos sin previo aviso, dejando al descubierto sus pies , que no llevaban calcetines.

Marina, a quien le pilló desprevenida, volvió a sentirse nublada. Los pies de Clara invocaban un deseo en ella que no podía contener, sin poder apartar la mirada de sus pies, empezó a levantarse con la idea de acercarse a ellos, sin embargo, un comentario de Clara la devolvió nuevamente a la realidad.

- Mari, ¿estás bien?.

- Necesito ir al baño. - Respondió Marina rápidamente antes de salir corriendo.

Clara no tenía un pelo de tonta, notó que Marina había estado mirando sus pies sin hacer ninguna burla, cosa rara en ella. Además, si tanto necesitaba ir al baño, no se hubiera levantado tan despacio.

Cuando Marina salió del servicio murmuró una excusa y salió corriendo del lugar, evitando mirar a Clara ya que esta seguía descalza.

Cuando llegó a su casa se encerró en su habitación, cerrando la puerta y bajando las persianas. Se lanzó sobre la cama y empezó a sudar del miedo.

- Esto no puede ser. - Dijo casi llorando. - ¿Es esto una pesadilla?

De repente se acordó de esa chica del parque, y empezó a cuestionarse si ella tendría algo que ver con su situación actual. Ese nombre, “Pedalina”, sonaba casi a divino...

- ¿Pero qué estoy pensando?

Decidió buscar su nombre en redes sociales y, para su desagradable sorpresa, no había ningún perfil con ese nombre. Miró la lista de alumnos de su edificio y tampoco aparecía, buscó noticias, imágenes, o cualquier otra cosa en su navegador y nada.

- ¿Quién es esa chica? ¿Es que no existe o qué? ¿Fue una ilusión?

Marina estaba cada vez más desconcertada, probó a descalzarse y mirar sus propios pies, no sentía nada. Pero cuando probó a entrar en un perfil que mostraba sus pies en internet, misma sensación de pérdida de control, mismo deseo incontrolable e infinitas ganas de adorar esos pies, logró reaccionar a tiempo y apagar su teléfono. Pero notó algo extraño.

- Esta vez ha sido algo más difícil salir del trance. ¿Cada vez que veo pies esto va a más?

Aún no era demasiado tarde, decidió probar suerte a ver si se encontraba de nuevo con esa chica y hablar del tema.

Salió de su casa y se aseguró de ir al parque por caminos donde no hubiera nadie, pues no quería correr riesgos, tardando un poco más de la cuenta. Finalmente llegó.

Empezó a buscar con la mirada pero no la veía, a punto de tirar la toalla, vio una figura cerca del lago que le resultaba familiar. Estaba de espaldas pero se parecía muchísimo a esa chica, por lo que decidió acercarse. Afortunadamente para Marina, tenía las piernas sumergidas en el agua, por lo que la visión de sus pies era borrosa y no se sintió hipnotizada.

- ¿Pedalina? - Preguntó cuando estaba justo a sus espaldas.

La chica se giró y la miró, efectivamente, era ella.

- Anda, si es la chica que se burla de los pies. - Dijo con una traviesa sonrisa.

- ¿¡QUÉ ME HAS HECHO!? - Preguntó furiosa Marina.

- ¿No vas a decirme tu nombre al menos? - Preguntó Pedalina tan calmada como siempre.

Marina se tranquilizó un poco y empezó a hablar con ella.

- Me llamo Marina.

- Encantada de conocerte Marina, ya sabes mi nombre. - Le dijo. - ¿Estás disfrutando del otro punto de vista?

- Así que has sido tú. - Dijo Marina un tanto enfadada. - ¿Por qué?

- Permite que me presente, como es debido. - Dijo Pedalina. - Me llamo Pedalina, y soy la Diosa del fetiche de pies.

Marina se echó a reír.

- Sí claro jajajaja, y yo soy la reina del mundo.

A una velocidad indescriptible Pedalina sacó sus pies del lago y posó sus hermosas plantas frente al rostro de Marina sin decir una sola palabra.

Ella, que no se lo esperaba, se vio en trance mucho más rápido que las anteriores veces, y con un nivel de deseo casi infinito. Incapaz de contenerse, se acercó lentamente a esos pies tan hipnóticos y empezó a besarlos con dulzura.

Depositaba lindos y cálidos besos a ambos pies, aumentando ligeramente la velocidad con la que lo hacía, mientras su exitación crecía y Pedalina se relamía los labios. Marina seguía besando sus talones, sus deditos, sus plantas tan preciosas la tenían totalmente atrapada.

- Lame. - Dijo Pedalina.

Totalmente en contra de su voluntad, Marina cerró los ojos y sacó la lengua. Empezó a recorrer esos pies, sintiendo el agua que aún resbalaba de ellos. Se sentían extrañamente deliciosos, Marina se estaba intoxicando poco a poco del fetiche de pies, pues cualquiera que tuviera el más mínimo contacto con los pies de Pedalina quedaría atrapado por el amor a los pies.

No dejó el más mínimo rincón de sus pies sin lamer, incluso entre sus deditos, lamía como loca, disfrutando mucho ya que el trance la tenía sometida.

Cuando Pedalina se dio por satisfecha, chasqueó sus dedos y Mariana volvió a la normalidad,

En un instante, pasó por su mente todo lo que acababa de ocurrir y, sintiendo una impotencia increíble, se dio cuenta de que Pedalina no mentía.

- ¿Me crees ahora? - Le preguntó entre risas mientras volvía a remojar sus pies.

- Sí, te creo pero... ¿Por qué me haces esto? - Preguntó casi a punto de llorar.

- Permite que termine mi presentación. - Le dijo. - Soy la Diosa del fetiche de pies, y no he podido evitar darme cuenta de que tu vida actualmente solo se basa en las burlas. Así que decidí provocarte con mis pies cuando vine a este parque, a ver si por un casual con los desconocidos sí tenías respeto, pero viendo que no pues... Te eché un pequeño hechizo. - Le explicó.

- Ese sueño...

- Sí, fue cosa mía. - Dijo Pedalina sonriendo.

Marina recordó que estaba frente a una Diosa, por lo que decidió arrodillarse y suplicarle disculpas.

- Por favor, perdonadme. - Dijo Marina mientras se arrodillaba. - No lo volveré a hacer lo prometo.

- Eso seguro jajaja, el mero hecho de ver pies ahora te sumerjirá en una profunda hipnosis.

- Por favor, liberadme de esto. - Dijo Marina estallando en sollozos.

- Ahórrate el numerito, ¿quieres? - Dijo Pedalina. - Esto es muy sencillo, ahora tienes ese hechizo y durará pues... Hasta que yo quiera, básicamente.

El rostro de Marina se tornó en uno invadido por el terror.

- ¿No hay nada que pueda hacer para compensarlo? - Preguntó Marina desesperada.

- Lo harás, no te preocupes que lo harás. - Dijo Pedalina con una sonrisa burlona.

Justo al momento de decir eso último, Pedalina se desvaneció ante la atónita mirada de Marina, dedicándole un último guiño antes de desaparecer del todo.

Cuando Marina asimiló lo que acababa de pasar, volvió a hablar consigo misma.

- ¿Qué habrá querido decir con eso de “lo harás”? ¿Se refiere a que tras un tiempo con esta hipnosis volveré a la normalidad? No lo entiendo...

Decidió dar por terminado el día y volver a su casa.

Cuando se despertó al día siguiente, se encontró un mensaje de Clara en su teléfono que decía: “Oye Mari, ¿qué te pasó ayer? ¿Todo bien? ¿Quieres venir a ver la serie?”.

A lo que ella respondió: “Prefiero no hablar del tema, es algo personal. Sí, voy para allá”.

Cuando llegó se repitió la operación, ir al salón y ver la serie, por suerte para Marina, Clara llevaba zapatillas.

Lo que Marina no sabía, era que Clara se había pasado el resto del día anterior haciendo ejercicio para tener los pies sudados, impregnar el olor en sus calcetines, y comprobar si lo del día anterior había sido casualidad.

Clara se guardó un calcetín en el bolsillo trasero de su pantalón para que Marina no se diera cuenta, a los pocos minutos, un fuerte olor a pies empezó a invadir el salón.

Marina se dio cuenta de que ese olor la estaba empezando a sumergir, pero como no quería montar otro numerito, decidió intentar aguantar, a fin de cuentas, Clara no estaba descalza. Pero el olor cada vez penetraba más en su mente, es como si el aroma (del cual Marina desconocía su origen) buscara su nariz a propósito.

Su mirada se empezó a perder nuevamente, esta vez sin objetivo fijo pues no había pies a la vista. Clara se dio cuenta y le preguntó:

-¿Te importa si me quito los zapatos?

Esa simple pregunta hundió aún más a Marina en su hipnosis, quien ya apenas tenía control de sí misma.

- No... por... favor... - Dijo como buenamente pudo.

- ¿Te molesta el olor? - Preguntó Clara.

Marina no respondió, pero se le notaba en la cara que algo no iba bien.

Clara se sacó el calcetín del bolsillo y lo dejó frente a sus ojos, los cuales inmediatamente se posaron sobre él. Probó a mover el calcetín de un lado para otro, los ojos de Marina lo seguían como perro al amo y, además, ella no decía ni una palabra.

Clara acercó su oloroso calcetín a la nariz de su amiga y, para su sorpresa. Esta empezó a olerlo con dedicación, inhalaba mucho y muy profundo. Clara sonrió con travesura y se quitó las zapatillas, dejando ver nuevamente su par de pies descalzos.

La mirada de Marina, quien ya estaba totalmente hipnotizada, se clavó en sus pies. Se levantó lentamente y se acercó con cautela a los pies de su amiga. Quien totalmente estupefacta, observó como ella estaba besando sus pies.

Marina, la chica que siempre se burlaba de sus pies, ahora los estaba besando con mucha dedicación, casi parecía disfrutarlo. Clara no sabía qué hacer. ¿De repente su amiga había cambiado tanto?

No pudo resistir la tentación y decidió aprovecharse de la situación:

- Te has pasado mucho tiempo riéndote de mis pies, ahora, vas a olerlos profundamente y a pedirme disculpas mientas los besas.

Marina se posó frente a sus plantas, las olió dejando que los apestosos pies de Clara inundaran la casi nula conciencia que le quedaba, y después empezó a besarlos.

- Perdóname, *besa sus pies*, perdóname, *besa sus pies*...

Clara estaba disfrutando de la situación, además de que le gustaban los besos en sus pies, no sabía que se sentían tan ricos. Además, la humillación a la que tenía sometida a Marina, era bastante divertida.

De repente se le ocurrió un plan de venganza. Entre sus amigas ya estaban cansadas de que lo único que hacía Marina era apuntarse a reuniones para burlarse de pies, por lo que un retorcido plan empezó a recorrer su mente.

Tomó su teléfono y escribió a varias amigas diciendo que esa tarde quería hacer noche de chicas y que si se apuntaban.

Mientras organizaba el cómo hipnotizaría a Marina frente a las otras, empezó a distraerse un poco, los besos en sus pies empezaban a producir un placer mayor con cada beso, ella quería empezar a tocarse, pero quería hacerlo con más placer.

- Ahora, quiero que chupes mis pies como si te fuera la vida en ello, pero no quiero oír ni una palabra. - Dijo Clara con voz penetrante.

Marina obedeció al instante y empezó a lamer con mucha dedicación sus pies. Clara se excitó aún más, no sabía que esto la pondría tan cachonda y empezó a tocarse. Marina lamía sus deditos, sus talones, sus plantas, entre sus deditos... No dejaba nada sin lamer, Clara siguió masturbándose hasta que inevitablemente se corrió.

Apartó sus pies de Marina para recuperar el aliento y le dijo:

- Limpia esto y búscame ropa para cambiarme, ah, y no dejes de pensar en mis pies mientras lo haces.

- Sí, mi ama. - Dijo Marina totalmente en trance.

Mientras Marina limpiaba Clara se fue al servicio a echarse un poco de agua fría y seguir maquinando su plan. Varias chicas ya le habían respondido que sí irían, por lo que ella ya se estaba imaginando la escena. Cuando regresó al salón Marina ya había limpiado todo y tenía la ropa de recambio.

- Qué efectiva. - Dijo Clara entre risas. - Toma, un premio.

Clara le entregó su calcetín y le ordenó que lo oliera mientras ella buscaba sus zapatos de andar por casa. Marina no decía una sola palabra. Cuando regresó, le ordenó devolverle el calcetín (que ya apenas apestaba) y se cubrió sus pies con los zapatos, la expresión de Marina poco a poco recuperaba su normalidad.

Marina revivió en un instante todo lo que acababa de pasar y se entristeció.

- Espero que lo hayas disfrutado. - Le dijo apenada.

- Mucho. - Dijo Clara muy satisfecha. - Por cierto, esta noche es noche de chicas. ¿Te apuntas? - Le preguntó con una traviesa sonrisa.

- Ni lo sueñes. - Respondió Marina.

Clara, preparada para esa respuesta, descalzó rápidamente un pie y lo posó a escasos centímetros del rostro de Marina y empezó a mover los deditos, llevándola rápidamente al trance.

- Vas a venir a la noche de chicas y no vas a hacer nada para evitarlo.

- Sí, mi ama, vendré a la noche de chicas, y no intentaré evitarlo. - Respondió Marina completamente sumisa.

Clara la dejó irse y Marina volvió a su casa, ya en su cama estalló en sollozos.

- ¡Me va a convertir en el hazmerreír de todo y todos!

Cuando se acercó la hora, nuevamente su hipnosis la invadió, a pesar de no tener pies a la vista. Sabía lo que se le había ordenado y se dirigió camino a la casa de Clara.

Cuando llegó ya estaban el resto de chicas, en ese momento Marina despertó de la hipnosis pues no había pies descalzos a la vista y su misión de ir ya estaba hecha.

- Anda, has invitado a la “burla-pies”. - Dijo una. - No te preocupes Marina, todas los tenemos cubiertos.

Clara sonrió con malicia escuchando eso último.

Marina se preparó para lo peor.

Estuvieron un rato jugando a juegos de mesa y contando anécdotas, pero en un momento Clara alzó la voz y dijo:

- Quiero enseñaros algo impactante.

Las otras le prestaban mucha atención, cuando Clara se quitó otra vez los zapatos y rápidamente dijo:

- Marina, besa mis pies con devoción.

El resto de chicas se quedaron totalmente incrédulas cuando vieron que una Marina totalmente silenciosa y obediente se acercaba a los pies de Clara y empezaba a besarlos con mucha devoción, como ella había ordenado.

Algunas tomaron su teléfono y empezaron a grabar, aquella escena era imperdible.

- Ahora, lame. - Dijo Clara.

Marina, ignorando las risas de las otras, sacó su lengua y empezó a recorrer los pies de Clara. Otras chicas, un tanto intrigadas, también se quitaron los zapatos y empezaron a frotar sus pies por su cuerpo.

- Te has pasado años burlándote de nuestros pies. - Dijo una de ellas. - Ahora, di que son hermosos y que te arrepientes.

Incapaz de otra cosa, Marina obedeció.

- Lo siento mucho por burlarme de vuestros pies, son hermosos.

Dijo esa frase muchas veces hasta que le ordenaron parar.

Las chicas, que decidieron disfrutar de lo lindo, la hicieron tumbarse apuntando al techo con la boca abierta. Y empezaron a turnarse para meter sus pies, otras le frotaban el pecho y, las más atrevidas, sus partes íntimas mientras le hacían decir nuevamente que sus pies eran preciosos.

Clara, que ya empezaba a sentirse atraída por la lujuria, decidió quitarle la ropa y empezó a frotar su vagina con sus pies ante los ojos de las otras chicas, que no dudaron en documentar aquello. Frotaba y frotaba relamiéndose por el placer mientras Marina permanecía como una muñeca de trapo.

Eventualmente, Clara provocó la venida de Marina y decidió dejarlo ahí por ese día. El resto de chicas siguió sometiendo a Marina con sus pies.

Los días siguientes transcurrieron con un patrón similar, conforme una chica veía a Marina, se apresuraba a descalzarse y aprovechar su hipnosis para forzarla a hacer cosas como cargar el material, hacer sus tareas etc...

Clara era de las que más disfrutaba, pero un día, empezó a sentirse culpable. Había humillado completamente a su amiga, que aunque se burlaba de sus pies, realmente no tenía malas intenciones. Marina estaba ya en un punto en el que ni estando hipnotizada se atrevía a hablar, simplemente estaba allí, como un elemento decorativo.

Un tanto arrepentida, Clara le pidió que fuera a su casa, cosa a la que ella accedió sin oponer resistencia, cuando llegó, Clara intentó disculparse (no estaba descalza).

- Yo... Mari... Lo siento mucho, esto ha llegado demasiado lejos.

-... - Marina no dijo nada.

- Por favor, háblame.

- Te perdono... Me está bien empleado por estar tanto tiempo burlándome.

Clara la abrazó.

- Muchas gracias. Por cierto, nunca me has dicho por qué ahora te pasa esto.

Marina le contó la historia de aquella chica, Pedalina, cómo se burló de sus pies en el parque y cómo al día siguiente se sentía hipnotizada, cómo le contó que era una Diosa y que ahora tenía ese hechizo encima.

- Si no fuera porque está más que probado, te tomaría por una chiflada. - Dijo Clara.

- No te culpo, la historia es un tanto difícil de creer.

- ¿Por qué no le pides que te devuelva a la normalidad? - Preguntó Clara.

- Lo intenté, pero parece que quiere tenerme sometida...

- ¿Te arrepientes de todas tus burlas?

- Mucho. - Dijo Marina. - Hipnotizada o no, prometo no volver a burlarme de vuestros pies.

Cuando terminaron de charlar Marina se fue, quería irse a su casa pero le llegó a su teléfono un mensaje de un número desconocido: “Ve al parque”.

Sin intenciones de tentar la suerte, pues podría ser una chica preparando una foto de sus pies para hipnotizarla, se dirigió al parque.

Para su gran sorpresa, el lugar estaba casi vacío, solo había una persona. Cuando se acercó un poco más se dio cuenta de que era ella, Pedalina. Quien le estaba haciendo el gesto de acercarse con los dedos de sus pies, pero no se sentía hipnotizada.

- Me alegro de verte Marina. - Dijo Pedalina con una sonrisa burlona y sentándose en la hierba. - Toma asiento por favor.

Marina se sentó.

- Supongo que te gustaría saber por qué te he hecho venir.

Marina asintió.

- Me he fijado en que has aprendido la lección, te libraré del hechizo con una condición.

- La que sea. - Dijo Marina.

- No volverás a burlarte de los pies ni los fetichistas de pies, de lo contrario tu estado hipnótico volverá con más fuerza aún. - Dijo Pedalina. - Si lo prometes, besa mi pie.

Marina se acercó lentamente y le dio un cálido beso. Notó como algo en ella cambiaba, ya no se sentía tan atraída por los pies.

- Gracias... - Dijo Marina.

- No hay de qué. - Dijo Pedalina antes de desvanecerse nuevamente.

- Qué Diosa tan curiosa. - Pensó Marina.

FIN.