La Sirena del Capitán

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Summary

Meline, quién su océano —su verdadero hogar— está a solo unos pasos, pero tocarlo significa revelar un secreto que podría condenarla a ella y a los suyos. Carvaint Lastlight, un hombre forjado por la crueldad del mar y la pérdida, dice protegerla… aunque fue él quien la capturó. Entre cadenas invisibles, recuerdos fragmentados y un poder que comienza a despertar, Meline deberá decidir si seguir sobreviviendo en cautiverio… o reclamar quién es realmente, incluso si eso significa enfrentarse al monstruo que la mantiene prisionera. Porque el océano no olvida a los suyos…

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

La niña del océano

~ _________°•.---.•°_________ ~

Hace 10 años • • • •

En todo el continente, el nombre del grupo pirata 'Albatroz' resuena sin parar. Especialmente su líder, Carvaint Lastlight, hijo de Hecrane Lastlight, obviamente, que tiene unos llamativos ojos de color verde claro como su cabello. Una gran cicatriz adornaba el costado de su ojo, añadiendo una impresión feroz a su apariencia desde la última batalla. Su reputación era conocida por su crueldad despiadada e imparcialidad pero esa no era la razón precisa por la que Albatroz sonaba. En realidad, Hecrane falleció en dicha última batalla contra otro barco pirata dejando a su hijo a los 19 años de edad. Una edad muy temprana para comandar una gran tripulación numerosa y tener las habilidades suficientes para enfrentarse a los enemigos; sin embargo, fue un cargo que tuvo que asumir ya que no había alguien más para hacerlo. Creerlo y aceptar su nuevo puesto fue difícil para él mismo aunque ya había demostrado su valentía y coraje cuando luchó junto a su padre anteriormente.

Un día, cuando Carvaint navegaba con su tripulación, encontraron una pequeña isla vacía. En el borde de la orilla yaces, una niña inconsciente. Una parte de la tripulación sugiere subirte a su barco y promete dejarte en la tierra más cercana. Pero Carvaint respondió a la propuesta con un tono frío e indiferente.

     – Depende de la mayoría, -dijo- No me importa. Si es necesario, simplemente arroja a la niña al mar

Cuando Carvaint dijo estas palabras, comenzaste a despertar del desmayo. Tus ojos se abrieron lentamente y tu mirada se encontró con los ojos verdes claros inusuales.

Carvaint, que no estaba acostumbrado a miradas tan intrépidas, respondió con frialdad.

     – ¿Qué? -dijo en tono condescendiente- ¿Cómo te atreves a mirarme?

Yo no pude entender su idioma por lo que les miré desconcertada y algo asustada.

Pude sentir el aire salado del mar mientras me esforzaba por mantenerme consciente. Lo miré una vez más pero sin la dureza que marcaba el alma mientras desesperadamente intento ver alguna señal de clemencia en ese rostro de piedra que tenía. La cicatriz junto a su ojo parecía una marca de maldición.

Él observó mi terror con una indiferencia casi clínica. El miedo era algo que él había visto antes en miles de veces en rostros de hombres adultos, no en el de una joven indefensa. A pesar de sí mismo, sintió una punzada extraña al ver cómo yo temblaba bajo la luz pálida del amanecer.

     – Mírenla, -espetó uno de sus hombres, un tipo corpulento llamado Marcus- ni siquiera puede entender nuestras palabras

Otro pirata se rió entre dientes.

     – Deberíamos dejarla ahora mismo, capitán -insistió el segundo pirata, un hombre con un parche en el ojo y una sonrisa torcida-, es solo una boca más que alimentar y no parece capaz ni de sostenerse en pie

Carvaint no apartó la vista de mi. Había algo en la forma en que intenté pararme e ir con pocas fuerzas tambaleando hacia la dirección del océano. Esa perdición e iniciativa de supervivencia en mis ojos y soledad, le hizo recordar cuando él perdió a su padre.

     – No, -dijo finalmente, su voz cortante- la traeremos a bordo. Por ahora

Marcus sorprendido por la respuesta, intentó convencerle pero se negó.

     – Silencio, -ordenó, su mirada fija aún en mi unos segundos antes de apartarla- llévenla abajo y dénle algo de comer. Y asegúrense de que no causará problemas

Cuando ellos me agarraron bruscamente para llevarme, me asusté y en mi idioma me negaba.

     – ¡Nei! Nei!

Ni siquiera yo era capaz de ponerme en pie como mencioné previamente y es porque en el fondo yo escondía un secreto que lo olvidaría con el tiempo.

Los dos piratas, Marcus y el de parche, intercambiaron una mirada confusa ante mis gritos agudos. No entendían mis palabras, pero el pánico en mi voz era inconfundible.

     – ¿Qué demonios está diciendo esta chica? -preguntó Marcus, tratando de sujetarme con firmeza para que no me cayera sobre la cubierta- Sujetala bien, Kael!

Kael gruñó mientras intentaba levantarme.

     – ¡Está luchando como una gata salvaje! ¿Por qué tanto alboroto?

Desde la proa, donde había estado observando el horizonte, Carvaint giró ligeramente la cabeza. Sus ojos verdes captan la escena: yo forcejeando desesperadamente contra las manos de sus hombres y mis pies arrastrándose sin encontrar apoyo en la madera húmeda.

Una sensación extraña se agitó en su pecho al verme luchar con tanta fuerza.

Me arrastraron hasta el sótano donde había un camarote que al parecer nadie lo usaba. Me aventaron en la cama para luego marcharse. Yo no conocía este lugar y tenía miedo de lo que me harían ya que mi vida está en el profundo del océano que era un secreto que no debía revelar o yo estaría en problemas al igual que mi gente, por lo que intenté no decir nada al respecto por unos años.

Pasaron horas antes de que alguien volviera a entrar en el pequeño camarote. Esta vez fue una señora de unos 30 años con una expresión menos amenazadora que los demás hombres. Llevaba un cuenco de guiso caliente y una manta raída.

     – Escucha, pequeña -dijo en un tono sorprendentemente suave para un miembro de la banda Albatroz- Mi nombre es Elara. No voy a hacerte daño -dejó el cuenco y la manta junto a mi-. El capitán ordenó que te cuidemos. Dijo que no quería escuchar más llantos

Mientras Elara hablaba, sus ojos escrutaron mi figura delgada y el frío que sentía.

     – ¿Tienes hambre?

No entendí lo que me quiso decir pero cuando me dió la manta ella misma, lo tomé con suavidad y me abrigue con eso. Ella observó cómo me envolvía en la manta con una mezcla de sorpresa y ternura. Era un gesto tan inocente, confianza, que parecía fuera de lugar en ese barco infestado de piratas.

     – Pareces una niña asustada, no una amenaza, -murmuró Elara para sí misma, aunque su voz fue lo suficientemente baja para que pudiera oírla.- nunca había visto a alguien tan... frágil

Se sentó al lado mio manteniendo una distancia respetuosa. El aroma del guiso me llegó más profundo haciendo que mi estómago gruña.

     – Come, -dijo con suavidad, empujando el cuenco hacia mi- no hay veneno

Mi ser de 10 años seguía sin entender bien, mire el cuenco  con miedo de lo que habría, lentamente con mis dedos pruebo un poquito. Ella sonrió suavemente al ver mi precaución.

     –Es solo pescado y verduras, pequeña. Nada peligroso

No aguanté más y empecé a comer tomando el cuenco en mis manos para calentarme. Elara por su parte mantenía un tono calmado y tranquilizador intentando disipar el miedo, continuó hablando en un volumen bajo para no alarmarme.

     – Llevamos varios días navegando lejos de cualquier puerto conocido. El capitán cree que eres una superviviente de algún barco mercante que se hundió -sus ojos curiosos me examinaron de nuevo-, hasta tu ropa está hecha jirones

Desde la cubierta superior, el sonido amortiguado de las botas de Carvaint resonaba mientras paseaba por su zona habitual. Miré hacia la puerta con un poco de miedo por si alguien vendría a entrar. Elara siguió mi mirada nerviosa hacia la puerta y negó con la cabeza.

     – No te preocupes por ellos. Los hombres están ocupados con sus tareas. Nadie va a molestarte aquí abajo

Se inclinó hacia adelante, su expresión volviéndose más seria pero aún más compasiva.

     –Mira, sé que no entiendes mi idioma y yo no sé la tuya, pero puedo enseñarte algunos gestos. Así podremos comunicarnos mejor

Extendió una mano abierta hacia el cuenco de guiso.

     – Comida buena, -dijo lentamente, tocando su propio estómago con dos dedos antes de señalar el cuenco de nuevo. Luego se señaló a sí misma y pronunció claramente- Elara -Después te apuntó a ti con un dedo inquisidor- tú -volví a mirarla con confusión-

     – Elara?

Una sonrisa genuina iluminó el rostro de ella ante mi tentativa de repetir su nombre. Aunque la pronunciación fue torpe e infantil, el intento fue claro.

     – ¡Sí! ¡Yo soy Elara! -exclamó con entusiasmo, golpeándose el pecho con un puño suave. Luego se inclinó hacia ti con paciencia infinita- Ahora tú. Dime cómo te llamas

Su mirada era cálida y animadora, creando un ambiente seguro en el pequeño camarote. Fuera, el sonido constante del oleaje contra el casco del barco proporcionaba una banda sonora hipnótica a veces.

Mientras esperaba mi respuesta, Elara se quedó pensando unos segundos en cómo enseñarle a identificar sonidos simples.

     – ¿Nombre? ¿Cómo te llamas?

Preguntó lentamente, articulando cada palabra como si estuviera transmitiendo un secreto universal. Me señalé con duda y dije

     – Meline?

Elara repitió cuidadosamente el sonido que había emitido. Asintió con satisfacción cuando vio que entendías que se refería a ti.

   – ¡Meline! Un nombre bonito -dijo con calidez, escribiendo la palabra en la madera húmeda del suelo con un dedo limpio- ahora ya sabemos cómo te llamaremos en este barco -miró hacia la puerta y bajó la voz a un susurro conspirador- Pero debes tener cuidado con los demás. Algunos hombres no son tan amables como yo. Especialmente el capitán Carvaint, puede que él sea joven pero créeme que es igual que su padre

Yo no entendía nada pero quise intentar comunicarme en mi propio idioma para intentarlo:

– ou konpran mwan?

Elara ladeo la cabeza sin comprender lo que había dicho.

     – Lo siento querida no te pude entender. Solo sé que no tengo mucho tiempo, por favor, cualquier cosa que te digan hazlo para evitar problemas, ellos no dudarán en sacarte de aquí si ven que eres una carga

Solo sé que no logro entenderme pero la escuché preocupada antes de marcharse. Después de que Elara se marchara, dejando la puerta entreabierta, el silencio de la habitación se volvió opresivo. Terminé el guiso y ahora no sabía qué hacer o cómo salir al exterior de nuevo antes de quedarme atrapada para siempre.

El sonido distante de las voces masculinas y el crujido del barco eran los únicos compañeros de esta soledad forzada. Me acurruque en la cama, la manta raída apenas protegiéndome del frío que entraba por la puerta.

Dos horas más tarde, cuando el sol empezaba a ponerse, Marcus apareció en la entrada. Su figura corpulenta bloqueaba casi toda la luz.

     – Levántate -ordenó con voz áspera, sin esperar respuesta- el capitán quiere verte en cubierta. Ahora

No hubo opción de discutir o negarse. Marcus me agarró del brazo con fuerza suficiente para hacerme poner de pie y me arrastró escaleras arriba hacia el corazón del barco. Marcus soltó un gruñido de frustración al ver cómo tropezaba con cada tabla del suelo, mis piernas temblando por el mareo y la debilidad.

     – ¡Maldita sea, niña! ¡Apúrate o te llevaré cargando como un saco de patatas!

Me agarró por la cintura con brusquedad, ignorando mis jadeos de protesta mientras me arrastraba literalmente por la cubierta superior. Los otros piratas se detuvieron en sus tareas para mirar la escena, algunos riendo burlonamente ante mi evidente incapacidad para caminar. Finalmente, me dejó frente a Carvaint, quien estaba apoyado contra la barandilla con los brazos cruzados. El viento jugaba con mechones de su cabello mientras observaba mi llegada con una mezcla de irritación y una extraña curiosidad.

     – Ahí la tiene, capitán -dijo Marcus con una reverencia forzada antes de retirarse rápidamente, dejando un espacio incómodo entre ambos-

Carvaint bajó la mirada hacia mí, sus ojos verdes recorriendo tu figura tambaleante.

     – ¿Qué diablos pasa contigo? -preguntó con voz grave, su tono carente de paciencia- ¿No puedes ni caminar recto?

Cruzó la distancia que los separaba en dos zancadas rápidas, su sombra cubriéndome por completo. Se agachó ligeramente para quedar a mí altura, aunque su postura seguía siendo dominante.

     – Elara dice que no comiste lo suficiente. ¿Estás enferma o simplemente eres una inútil total?

Retrocedí un poco y me apoyo de la pared de madera para sostenerme en alto. Él observaba todo lo que hacía con una chispa de interés cruzó sus ojos verdes. O tal vez era la forma en que me aferraba a la pared como si fuera un ancla en medio de una tormenta. Le pareció familiar … demasiado familiar.

     –¿Tienes miedo de mí? -preguntó con un tono más calculador que agresivo- Todos los que no son de este barco terminan temblando. Pero tú pareces aterrorizada incluso antes de que diga nada -se acercó un paso más- Dime algo, pequeña. ¿De dónde vienes?

No entendí lo que él decía por lo que lo dije en mi idioma para intentar una vez más:

     – m-mon pa konpran

Él frunció el ceño, inclinando la cabeza como si estuviera tratando de descifrar un acertijo imposible.

     – ¿Qué demonios acabas de decirme? -su voz contenía una nota de impaciencia, pero también curiosidad- Habla en un lenguaje que pueda entender, niña

Uno de los hombres que trabajaban cerca se acercó con cautela.

     – Capitán, creo que intenta decir que no entiende. Es posible que venga de alguna isla remota donde hablan su propia lengua

    – ¡Claro que viene de una isla remota! -Golpeó la barandilla con la palma de la mano, haciendo que varios pájaros marinos alzaran el vuelo desde la jarcia- ¿Acaso crees que estoy ciego?, su acento es diferente a cualquier cosa que haya oído en este continente

Se pasó una mano por el cabello, frustrado por la barrera lingüística.

     – Esto complica las cosas. No podemos interrogarla si no entiende nuestra lengua, y mucho menos saber si representa un riesgo para la tripulación

El marinero se atrevió a intervenir de nuevo.

     – Podríamos intentar enseñarle algunas palabras básicas. Como 'comida', 'agua' o 'peligro'. Al menos sabría qué esperar -Carvaint consideró la propuesta-

     – Supongo que tendremos que hacerlo

Carvaint asintió lentamente, aceptando la propuesta de Marcus.

     –Está bien, intentémoslo. Pero no quiero perder tiempo valioso en esto -Se dirigió a ti con una determinación renovada, aunque su tono seguía siendo áspero-. Mira, pequeña. Esto es importante -Extendió una mano vacía hacia ti y pronunció con claridad exagerada- Amigo

Luego señaló su propio pecho.

     –Yo -Después señaló a otro tripulante que pasaba cerca-. Él -Y finalmente te apuntó a ti- Tú

Repitió el gesto varias veces, su voz resonando en la cubierta.

     –Amigo. Yo. Él. Tú. ¿Entiendes la diferencia? Yo soy Carvain, él es Marcus, y tú eres Zayed

Algunos miembros de la tripulación se rieron discretamente desde la distancia, acostumbrados a las rarezas del capitán cuando intentaba ser. Miré confundida afuera donde estaban las risas, luego volteo de nuevo y señalo la cocina.

     – Elara?

Mi gesto inesperado hizo que el ambiente se congelara por un instante. Carvaint siguió la dirección de mi dedo pequeño hasta donde Elara estaba preparando la cena en la cocina improvisada del barco.

     – Elara?...Así que recuerdas su nombre, pero no el mío. Interesante

Caminó hacia mí para detenerse a mi lado.

     – Ella te cuidó bien hoy, ¿verdad? Te dio comida y una manta. Ella es la única en este barco que siente algo parecido a la bondad. Los demás... somos ladrones, asesinos y mentirosos

Su voz bajó a un tono casi conspirador. Luego de eso, Elara llamó para la cena, todos los piratas fueron a sentarse. Cómo estaban distraídos ahora en lo suyo, yo me quedé en una silla mirando cómo comían, hablaban, reían. Yo aburrida, sin que nadie se diera cuenta, tambaleando casi arrastrando me salí de allí para mirar por la borda del barco para poder ver mi hogar, lentamente me incline tratando de hacer que mi mano toque el agua una vez más.

Elara fue la primera en notar mi ausencia. Mientras los hombres comían ruidosamente, pasándose botellas de ron y contando historias de sus hazañas, ella se percató de que la silla donde había estado sentada ahora estaba vacía.

     – ¿Alguien ha visto a Meline?-preguntó en voz alta-No la veo por ningún lado

Marcus se encogió de hombros con la boca llena de estofado.

     – Probablemente se escondió en algún rincón para llorar. Esa chica es más sensible que una flor delicada

Pero Elara no estaba convencida. Comenzó a buscar por los pasillos y cámaras más accesibles, temiendo que hubiera caído accidentalmente. En eso se topó con Carvaint quien observaba con una pipa en mano desde la popa cómo sus hombres celebraban una captura reciente.

Justo cuando mis dedos estaban a punto de tocar la superficie helada del océano, una mano fuerte me agarró por el brazo y me apartó de la borda con una fuerza que casi me hizo perder el equilibrio.

     –¿Qué demonios crees que estás haciendo?- La voz de Carvaint retumbó cerca de mi oído, cargada de furia contenida. Sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa bajo la luz de la luna- ¿Intentas suicidarte en mi barco?

Me arrastró lejos del borde, su agarre implacable mientras te arrastraba por la cubierta.

     – ¡Idiota! ¿Tienes idea de lo profundo que es este mar? ¡Morirías antes de llegar a tierra!

    – ¡Nei! -Intenté forcejear una vez más pataleando y arrastrándome de nuevo para llegar al agua pero fue inútil-

Mi resistencia desesperada solo sirvió para aumentar la ira de Carvaint. Con un gruñido, me levantó en brazos como si no pesara nada y me llevó lejos de la borda.

     – ¡Basta ya de esta locura! -Su voz era como un trueno-¿No entiendes que saltar al mar significa muerte segura? ¡Eres demasiado joven para ser tan estúpida!

Me llevó a su camarote privado, un espacio lujoso comparado con el resto del barco, y me lanzó sobre una cama grande con sábanas de seda que parecían fuera de lugar en un navío pirata.

     –¿Sabes qué pasa con las chicas que intentan escapar de mi barco?-Preguntó, cerrando la puerta con un golpe seco que hizo temblar las paredes-

Con el sonido fuerte me terminé asustando y temía de lo que me pudiera pasar.

     –Ahórrate el espectáculo -dijo con cansancio, acercándose a la ventana y mirando las olas que se mecían bajo la luz de la luna- He visto a hombres adultos romperse ante situaciones peores que esta

Se sirvió una copa de vino de una jarra dorada sobre su escritorio, el líquido rojo oscureciendo en la penumbra.

     –No voy a violarte ni a matarte, si eso es lo que temes…. Simplemente estás atrapada aquí conmigo-dijo con un suspiro-

Hubo un momento de silencio, tal vez muy incómodo aunque no entendía lo que dijo pero terminé acompañándolo viendo el gran océano.

     – Lakour

Dije, Carvaint notó la dirección de mi mirada y una extraña calma pareció apoderarse de él. Se acercó colocándose detrás de mí sin tocarme respetando mi espacio. Ambos observábamos en silencio el vasto océano que se extendía hasta el horizonte, todo alrededor se podía ver una gran marea resplandeciente bajo la luna plateada.

     – Conozco esa expresión, -murmuró con una voz más baja de lo habitual- es la mirada de alguien que ha perdido todo y solo ve muerte en el agua

Sus dedos rozaron el marco de madera.

     – Pero tú eres demasiado joven para tal vez recordar la última vez que pisaste tierra firme. Aún no entiendo como llegaste allí o por lo que pasaste

Se alejó de la ventana, regresando a su mesa de noche donde guardaba mapas y cartas de navegación para enseñarme dónde estamos.

     – Este es el Océano Lakour, uno de los más traicioneros que existen. Corrientes invisibles pueden arrastrar un barco entero sin dejar rastro -dijo al final mirando al más allá-

Seguí su mirada algo perdida, quedándonos un momento admirando la vista esperando que las cosas estén completamente calmadas para ir a tropezones a la puerta y salir de la habitación de Carvaint. Él observó con una mezcla de exasperación y curiosidad sobre lo que haría a pesar que no sabía caminar.

     – Ya detente -ordenó con voz monótona, sin levantar la vista de su mapa- Ni siquiera llegas a la mitad del camino antes de que te atrape de nuevo

Sin embargo, permitió que continuara, él disfrutando macabramente del espectáculo de mi lucha inútil. Cuando alcancé el picaporte, su bota se interpuso entre mí y la libertad.

     –¿Realmente crees que puedes abrirla?

Carvaint dejó caer el mapa sobre la mesa antes de seguirme.

     –Esa pieza de metal pesa más que tú entera. Apuesto que ni siquiera sabes cómo funciona una cerradura básica. Mejor déjame mostrarte -su gesto sorprendente y repentino-...Si quieres intentar jugar a los ladrones, al menos aprende cómo hacerlo correctamente

Mis manos aún en el metal sin entender con exactitud como se habría.

     – Ey, mira con atención -ordenó Carvaint. Su mano enorme cubrió la mía y guiándola hacia lo que parecía un complejo sistema de pestillos y resortes que formaban el cerrojo- Cada pieza tiene un propósito. Este pequeño gancho se desliza así...

Sus dedos fuertes movieron hacía el seguro de forma de boton de un lado que parecía mágica.

     –Y este pestillo principal necesita presión exacta aquí -continuó- La mayoría de los principiantes lo rompen intentando demasiada fuerza bruta

Retiró su mano dejándome observar sola el cerrojo ahora desbloqueado. Pero antes que pueda intentar salir, él lo volvió a cerrar

     – No aún, tu primera lección de cómo abrir puertas

Se enderezó, cruzando los brazos. Bajar el seguro fue fácil hasta que traté de presionar con dos dedos el pestillo principal pero no pude, por lo que use el pulgar para darle más fuerza y así abrirlo.

     – Vaya, al parecer necesitas más que voluntad para abrir una cerradura, tus dedos pequeños que parecen de una muñeca lo dicen todo

Con eso él simplemente me ayudó a empujar el pestillo dejándome libre. Pero antes que me vaya, él suspiró como si hubiera tomado una decisión que no pensaba cuestionar jamás mientras me agarró del brazo.

     –No voy a dejarte volver al mar -dijo finalmente con voz firme señalando-. No hoy. No mañana. No mientras estés en mi barco

Me estremecí. No entendía sus palabras, pero el tono… el tono sí.

     – Pues a partir de ahora serás mi responsabilidad quieras o no

Con eso me soltó de golpe

     – Ya vete, buenas noches

Dijo él cerrando en un portazo. Su tono de advertencia me llamó la atención a pesar que no entendía sus palabras, solo sé que estaba enojado por haberme visto intentar escapar, si solo él pudiera entenderme….