UN PASEO POR LAS NUBES

Summary

Decidido a buscar un mejor futuro para su familia y su novio, Kim Taehyung abandona su pueblo natal para irse a trabajar a San Petersburgo, en una fábrica de hierro. Estado ahí, experimenta dificultades y trabajo extremo, mientras se aferra al recuerdo de Jungkook, su novio, con quien sueña hacer una vida juntos. ¿Podrá su amor recomponerse a la lejanía y el tiempo?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

•Capitulo 1•


Cuando el reloj marcó las seis de la mañana y el traqueteo del tren se sintió bajo sus pies, Kim Tae hyung sintió sus ojos convertirse en un lago opaco.

El momento de su partida había llegado, haciendo temblar sus piernas. Quería refugiarse en los brazos de la persona que tenía en frente, pero se contuvo, enterrándose las uñas en la palma de las manos, decidido a controlar la ansiedad de su cuerpo.

—Ten —le dijo.

Tomó la maleta con sus manos temblorosas, no quería mirarlo, ni hablarle, fingir que no existía y que nunca existió.

Su compañero soltó un largo suspiro, como si el aire en lugar de ayudarlo le estuviera perforando sus pulmones. Miraba con mucha atención al tren acercarse lentamente.

Taehyung quería decir algo, lo que fuera, pero sus palabras que quedaban atoradas en su garganta, enredándose unas con otras hasta formar un nudo doloroso que no sabía si tragar o vomitar.

—Bueno —carraspeó —nos vemos.

“Nos vemos” fue una despedida tan simple que hacía a su corazón arrugarse en el pecho, marchito como una flor en invierno. No era suficiente, no era lo que merecía.

—Adiós —susurró, incapaz de hablar fuertemente.

Pero ninguno se movió, se quedaron frente a frente mientras el tren frenaba. El ruido de la estación se escuchaba lejano, como si estuviera en un mundo aparte.

—Te escribiré.

Sonrió.

—Yo también.

El mayor se animó a dar su primer paso hacia atrás, con el dolor de su garganta bajando hasta su pecho.

Le dio una última mirada, notando el rosado de sus mejillas, los lunares que adornaban su cara, sus labios, sus pestañas, sus ojos… ¡Oh! Sus ojos, tan grandes y brillantes al igual que la mas hermosa de las estrellas del cielo, le miraban con tanta fuerza que lo hacía doblegarse. Quería guardar esa imagen en su mente, al igual que una fotografía, para recordarlo a la perfección.

El tren no se iba a detener por mucho tiempo, no iba a esperar a que Taehyung estuviera listo para irse, así que se tragó sus lágrimas y dio media vuelta.

—¡Espera!

Se giró de inmediato, en cierto modo estuvo esperando ese llamado con ansias, como si bastará para cambiar el mundo para que él pudiera volver.

A mitad de las escaleras, siendo empujado levemente por quienes abordaban con rapidez, TaeHyung esperó que JungKook se acercara a él.

El menor metió una mano en el bolsillo de su pantalón, sacando de él un encendedor planeado.

—Buena suerte.

Momentos después, cuando Kim se acomodó en su asiento, miró a través de la ventana al pelinegro. El viendo helado del otoño le alborotaba el cabello, impregnando en sus ropas las hojas secas de los arboles.

La suerte no había estado de su lado nunca, con ingenuidad pensó que está vez sería distinta, que quizá el destino se compadecería de él y le daría la oportunidad de decidir sobre su vida.

Cuando el tren comenzó a avanzar, dejando a su paso una gruesa nube de humo, la imagen nítida de su novio se fragmentó junto a la estación. TaeHyung dejó caer solo dos lagrimas, con la esperanza de volver, de cumplir los sueños que tenían juntos.

El viaje se sintió eterno, doce horas podría volver loco a cualquiera. El castaño apenas pudo moverse de su asiento, simplemente recargó la cabeza contra la ventana para ver pasar el paisaje.

Dejar atrás a Obláko había sido una de las decisiones más difíciles de tomar. Había pensado que, en un momento dado, tendría que tomar las riendas de su vida y ser un adulto, pero creyó que ese momento aún quedaba muy lejos en el futuro.

Cerró los ojos, incapaz de segur viendo como se alejaba de todo lo que conocía. Aunque quizá no fue una buena idea, recordó a su madre y las palabras que ella le había dicho:

—Es momento de buscar tu camino, hijo. Aquí no hay nada bueno para ti.

TaeHyung debió haber escupido el desayuno en ese momento, pero tenía tanta prisa que apenas pudo captar lo que le decía.

—El señor Gryzlov me contó que tiene una fabrica en la ciudad —explicó con suavidad —si te vas ahora puede darte un lugar ¿Qué dices?

El muchacho, aún pensado como un niño, se había negado de inmediato, alegando que su vida entera estaba en su pueblo, que no necesitaba buscar más porque ahí lo tenía todo.

—No puedes quedarte aquí para siempre —insistió —Si quieres hacer algo con tu vida, debes trabajar por eso.

Y aunque en ese instante la conversación apenas y le prestó atención, sus palabras resonaron durante la noche cuando se acostó en su cama y contempló el techo. Tenía una casa, unas tierras, solo eso, quizá si necesitaba más. Pensar en un futuro mejor aún no le quedaba claro.

Pensó lo que quería en diez años solo para sonreír como tonto ante la posibilidad de vivir con Jungkook, cerca del campo, trabajando juntos y haciendo todo juntos. También pensó en su madre, en que debía arreglar su casa y ayudarla en su vejez para que no tuviera que trabajar. Si quería lograr eso debía trabajar.

Así, a la mañana siguiente el tema volvió a tocarse en la mesa.

—Sobre lo que dijiste de la fábrica… creo que… es una buena idea.

No tomó mucho tiempo, el señor Gryzlov andaba de vacaciones por el pueblo y aceptó sin complicaciones llevarse a TaeHyung con él.

Su verdadero nombre era Zarech Gryzlov, tenía una fábrica de hierro en San Petersburgo algo famosa por venderle piezas a la Compañía Putilov. Eso lo convertía en un hombre rico. De hecho él le había pagado el viaje, diciendo que, cuando comenzará a ganar su sueldo, podría pagarle.

El único problema fue contárselo a Jungkook.

—¿Por qué?

—Será solo por un par de años —explicó tomándole las manos —Después voy a volver, aquí, contigo.

—Pero está muy lejos.

—Lo se —le besó la mejilla —pero nos escribiremos todos los días. Cuando vuelva tendré el dinero suficiente para vivir juntos ¿Qué te parece?

JungKook había agachado la mirada, asintiendo con lentitud y apretando los labios.

—También puedes venir conmigo, podría convencer al señor Gryzlov de contratarte.

—Yo…

—Así será más rápido ¿No?

—Me gusta estar aquí, ¿Qué podría hacer allá? —le sonrió —Yo puedo… trabajar aquí y pensar en un lugar bonito para vivir.

—¡Oh! Tienes razón, pero si quieres venir conmigo puedes decirme. Estoy seguro de que el señor Gryzlov te aceptaría.

—¿Podemos no hablar más de eso? —recargó la cabeza en su hombro —Quiero que disfrutemos nuestro último día.

Taehyung le pasó un brazo por la cintura para atraerlo más cerca.

—Bien.

En el granero de siempre, mirando el sol caer detrás de las colinas, a través de la gran ventana, ambos se quedaron juntos el uno del otro, en una despedida silenciosa. Observaron a las nubes transformarse en figuras extrañas, de distintos colores. Y momentos antes de que la oscuridad lo cubriera todo, tuvieron que despedirse para caminar cada uno a sus casas.

El silbato del tren despertó a Taehyung de sus recuerdos, trayéndolo de vuelta al suelo.

—¡San Petersburgo! ¡Llegada del tren 16! ¡Línea de ferrocarril de Moscú!

El tren comenzó a ralentizar su avance, convirtiendo las manchas de colores en figuras nítidas de nuevo. Su corazón comenzó a saltar con fuerza cuando logró distinguir la estación, era enorme, elegante y abarrotada de personas.

Tomó sus maletas, dispuesto a bajar cuando se detuviera por completo.

La ciudad lo recibió con una bulla de voces, mujeres, hombres y niños de distintas partes, ropas elegantes de colores brillantes, sombreros de plumas, sacos de satín. La estación se encontraba altísima, aún más que la catedral del pueblo, el piso era liso, tanto que casi podía ver su reflejo en él.

Había un reloj enorme en lo alto que anunciaba en números romanos que eran las seis con quince de la tarde.

Caminó con la boca semi abierta, completamente ensimismado en todo lo que veía. El olor a pan recién hecho le golpeó cuando salió de la estación, dulce y atrayente, hizo rugir a su estómago con fuerza.

Si JungKook estuviera ahí probablemente también estaría sorprendido con lo distinto que era San Petersburgo de Obláko. Probablemente se hubiera maravillado de las casas y los edificios, reído de los ostentosos sombreros, o confundido con las interminables calles.

—¡Mmm! Huele delicioso —se acercó a la panadería.

—Y recién hechos ¿Cuántos te doy?

—¡Oh! Con uno está bien..

Se animó, sonriente, a tomar un pan en forma de círculo, caliente y esponjado que olía a moras.

—Son 5 Kopeks.

Taehyung abrió los ojos de par en par, disgustando un mordisco del pan y sabiéndole amargo después de aquella revelación.

—¿Cinco?

—Si.

El vendedor no parecía estar bromeando, así que, con un dolor en el corazón, Taehyung le entregó el dinero al sujeto y salió de prisa de aquella panadería tan cara.

Terminó el bocadillo antes de encontrar la casa que buscaba, siguiendo la dirección que el señor Gryzlov le había escrito en un papel. Se trataba de un edificio grande, con tantas ventanas y una puerta pequeña en frente.

Se acercó a tocar, esperando que alguien le abriera. Se acomodó el cabello, sacudió el polvo de su ropa y se plantó frente a la entrada. Volvió a tocar cuando nadie le abrió. Después de tocar por quinta vez, comenzó a sospechar que no había nadie en el edificio, trató de asomarse por las ventanas pero no pudo ver nada. Si no fuera por las farolas de la calle, se hubiera quedado a oscuras.

Gritó un par de veces para ver si alguien lo oía, sin embargo, la puerta seguía cerrada. Repasó una y otra vez la dirección del papel, pero no sé había equivocado. Quizá el señor Gryzlov le había escrito algo mal, aunque con su letra pulida y elegante, no había forma.

—¿Qué haces ahí muchacho? —una anciana que pasaba por la calle le habló.

—Nada —sonrió —es que, creo que no me escuchan.

—Ahí no hay nadie. No llegarán hasta la media noche.

—¿Tan tarde? —miró el edificio, totalmente a oscuras.

—A esa hora salen de trabajar. ¿A quien buscas?

—Me dijeron que viniera aquí, pero… quizá me equivoqué —señaló su papel.

—Déjame ver.

La mujer mayor se acomodó sus anteojos y leyó la dirección.

—Sí, es aquí. Tendrás que esperar a que lleguen.

El chico asintió.

—Gracias.

—No hay de qué, solo ten cuidado, es peligroso a estas horas.

La mujer se fue, en su andar lento se metió a una casa que quedaba al final de la calle.

Sin más por hacer, Taehyung se sentó en la banqueta, junto a su equipaje, a esperar.

Habían unas cuantas personas caminando aun, pero conforme fueron avanzando las horas, se fue quedando completamente solo.

Su cuello dolía, sus ojos pedían dormir, el frío de la noche traspasaba su ropa vieja, haciéndolo temblar. Para entretenerse, sacó el encendedor y comenzó a jugar con él, encendiéndolo y apagándolo una y otra vez.

¿Qué estaría haciendo Jungkook en ese momento? ¿Estaría pensando en él? ¿Dónde?

Creyó que aquella noche dormiría en la banqueta, en medio de la ciudad, con frío y hambre, pero un rayo de esperanza le hizo reaccionar cuando vio a un grupo de hombres caminar hasta el edificio. Guardó el encendedor y de inmediato se puso de pie.

Los hombres eran altos, musculosos, algunos venían riendo, otros fumando y Taehyung se sintió pequeño ante ellos.

—¿Quién es este?

De pronto todos quedaron en silencio, mirándolo fijamente como si fuese un bicho extraño, de arriba a bajo.

—Buenas noches —dijo —Soy Kim Taehyung, vine a trabajar para el señor Gryzlov, mucho gusto.

Los hombres no tardaron en estallar en carcajadas, como si les hubiera contado el mejor chiste del mundo. Aunque su sonrisa no se cayó, frunció las cejas.

—Niño —le llamó uno mientras le palmeaba el hombro —vuelve a casa con tu mami.

Todos pasaron a su lado, dispuestos a abrir la puerta y entrar sin decirle nada más.

—El señor Gryzlov me dijo que viniera aquí, no me iré —respondió firme.

—Créeme, te estamos haciendo un favor. No tienes lo suficiente para estar aquí —le respondió el mismo hombre.

—No me iré —repitió.

El hombre expiró el humo de su cigarro y se quedó mirándolo fijamente.

—¿Tienes familia?

El chico torció las cejas ante la pregunta.

—¿Por qué la pregunta? —dijo con cautela.

—De otra manera no veo por qué estás aquí —señaló la puerta —entra, pero sal lo más pronto posible.

A pensar de no haber entendido el significado de sus palabras, Tae cargó sus maletas y se adentró al edificio. La calidez le recibió de manera confortante.

Los hombres encendieron las luces y uno a uno se fue despidiendo para meterse a sus habitaciones.

—¡Eh! ¡Hoseok! Lleva al niño a un cuarto.

—¿Yo por qué?

No recibió respuesta, el hombre le cerró la puerta en la cara y lo dejo solo con Kim.

—Un gusto —el chico se acercó —soy Kim Tae…

—Calla y sígueme.

Hoseok no siquiera le miró, simplemente avanzó por el pasillo lleno de habitaciones.

Él era alto, un poco más delgado que los demás pero los músculos de sus brazos se marcaban atreves de su ropa. Tenía la cara tiznada y el cabello corto de un castaño tan claro que tiraba a rojizo.

No sé detuvieron hasta que el pelirrojo tocó una puerta del segundo piso.

—¡Zakhar! —llamó —¿Tienes un lugar?

—¿Por qué? —alguien dentro del cuarto le respondió —¿Viene tu novia?

—¡Llegó el nuevo!

—¡Agh! ¡Ya voy!

Cuando la puerta fue abierta, Taehyung se topó con un tipo rubio de casi dos metros, barba tupida y una gran cicatriz que me atravesaba la mejilla. Lo primero que Zakhar hizo al verlo fue reír.

—¿Este niño va a trabajar aquí?

—Si, te lo dejo —Hoseok empujó al menor dentro del cuarto —Búscate un espacio.

Luego se fue.

—Mira —el hombre gigante le dijo —Allí hay una cama, será tuya.

La litera era de hierro, sin colchón y con una almohada dura y sucia. Debajo dormía alguien más, así que no solo compartiría cuarto con Zakhar.

El espacio ahí era pequeño. Tenía una ventana, dos literas, una mesa y un mueble, nada más.

—El baño queda al final del pasillo —le dijo el rubio —hay uno en cada piso.

Asintió.

—Las reglas son simples, nada de mujeres, nada de drogas, puedes beber alcohol pero debes compartir y… nos paramos temprano, así que acostúmbrate.

—Claro.

—Bien, Viktor llega más tarde —señaló la parte inferior de la litera —Cuando te acuestes apaga la lámpara, el aceite es caro.

—Si, gracias.

—Mgh

El rubio se acurrucó en su cama, dándole la espalda.

Taehyung se dedicó a limpiar el polvo del lugar donde dormiría, dejó a un lado la almohada y en su lugar puso una bola de ropa. El hierro frío y duro no era cómodo, le hacía doler la espalda y podía sentir los barrotes de metal bajo él. Pero quizá sería solo el inicio, cuando le pagarán podría comprar un colchón, unas dabas y lavar la almohada.

Cuando Viktor llegó, Tae aún no había podido dormir. Se removía de un lado a otro, tratando de buscar una posición cómoda. Era extraño, en una cama que no era la suya, lejos de su casa, en un entorno que no parecía quererlo ahí.

—¿Quién dejó la lámpara prendida?



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