Capítulo 1
En medio de una lujosa sala del trono, un rey se acomodó en su asiento recubierto de oro.
— Estamos muy agradecidos por tus servicios durante estos 3 años al reino de Lehon. Lastimosamente, no podemos compensarte como teníamos pensado.
La noticia golpeó duramente al pelinegro más abajo, el cual, poco tiempo atrás, fue galardonado después de asesinar al enemigo que amenazaba el reino al cual fue traído.
Sus labios terminaron secos.
— N-No entiendo... ¿A qué te...a qué te refieres?
— Hmm... Verás...
El rey tocó entre sus pobladas cejas, suspirando.
— Es triste, pero nuestros magos solo pueden convocar héroes, no regresarlos. Por lo tanto, no podemos regresarte a tu hogar...
— ¡...!
Las numerosas medallas en su armadura se sintieron inexistentes.
Eso...tenía que ser una broma.
Lo era, ¿verdad?
Ellos...pero si ellos...ellos dijeron que...
— Pero...ustedes...dijeron que podrían regresarme...
Luchó estos 3 años y entrenó todos los días por la esperanza de volver a su mundo original. ¡Ellos le dijeron que una vez terminara la guerra, podría regresar! ¡Que lo enviarían de vuelta!
Recordaba aquella promesa hecha por labios del rey, quien le aseguró que sería devuelto a su hogar.
¿Y ahora le salían con esto?
El rey acarició su barbilla, arrastrando sus dedos rollizos sobre su barba.
— Mmm. Bueno, no nos ayudarías si no te tirábamos un anzuelo acorde a tu deseo actual, ¿no lo crees?
— Hk...
Impo...sible...
Se raspó el cabello, sin saber cómo sentirse respecto a esta confesión.
¿Entonces todo fue una mentira para mantenerme con la esperanza vacía de volver?
¿Todo lo que hice...fue en vano? ¿Siempre estuve persiguiendo algo inexistente?
El rey desenvainó una sonrisa jocosa.
— Pero podemos recompensarte con dinero, mujeres y tierras. Para compensarte, te daremos todo lo que pidas... No te negaremos nada que desees...
Tenía el poder acumulado como héroe y respeto del pueblo que salvó de los demonios.
Por supuesto, eso último no le agradaba, pero de labios afuera mostró lo contrario.
Freihet presionó los dientes, a punto de caer de rodillas.
La imagen del rey se hizo añicos en su mente. Se deshizo como arena granulada e inservible a sus ojos.
— Olvídalo...
— ¿Qué?
— No me interesa...nada de eso...
Solo quería volver a casa...
Pero no podía hacerlo...
Nunca pudo.
Se sintió sofocado por haber creído hasta hace pocos segundos que sí.
— ¿Eh?
Freihet se dio media vuelta.
El rey de puso de pie, estirando su mano.
— ¡E-Espera! ¿A dónde vas, Freihet-Kun? ¡Aún no has dicho qué quieres!
— Lo único que quiero es volver a casa.
— ¡C-Como dije antes, eso es—
— Imposible... Lo sé.
“Por eso me iré lejos de aquí. Lejos de ustedes, sucios bastardos...”
— ¡P-Pero...! ¿¡Q-Qué sucede con tu recompensa!?
— No me interesa.
— Ah...
Freihet tampoco podía confiar más en ellos... No después de esto...
El rey amargó su expresión al ver su espalda marcharse fuera del salón.
Se mordió la uña del pulgar.
Y yo que pensaba hacerlo bajar la guardia un tiempo antes de intentar cualquier cosa... ¿Acaso se dio cuenta?
(...)
Esto apenas fue el comienzo de su mala racha de sorpresas y decepciones.
Su prometida, la cual amaba mucho, lo abandonó. Rompió el compromiso sin que temblara su pulso. Su familia no tuvo problema tampoco en seguir su decisión.
Cuando le preguntó la razón, ella respondió:
— Ya no eres beneficioso para mí y mi familia. Así de simple.
— ¿Qué?
Pero si ella...
— Pero...dijiste que...me amabas. Que tendríamos una familia...
— ¿Y me creíste?
— Hk...
Fue doloroso oír una risa corta de sus labios al decir esto. Partió su corazón en trozos.
— Sabes, no eres el primer héroe en venir aquí. Han venido una gran variedad de héroes durante los últimos 500 años, pero...
Empujó su pecho, sonriendo ladinamente a través de sus labios bermellón.
—...no importa cuanta popularidad y poder tengan...
“Siempre son olvidados por todos.”
—...
Dices... ¿que yo no soy la excepción?
Después de eso, ella les ordenó a sus guardias que lo sacaran de su mansión. Fue escoltado hasta afuera, sintiendo su mundo en un silencio escandaloso por el ardor en su pecho.
No pudo oír a nadie durante un buen tiempo.
Fue desgarrador.
Horrible.
Doloroso.
Triste...
Se marchó lejos de todo, lejos de todo lo que le causaba dolor.
Los pueblos más pequeños ni siquiera eran adecuados para vivir. Como héroe, la gente conocía su cara y lo señalaba, pidiéndole ayuda contra monstruos o problema similares.
No le gustó. Solo quería algo de paz, y ellos no se la daban.
Nunca podré encontrar paz en un lugar poblado.
Eligió una montaña muy peligrosa para vivir. Un lugar donde no viviera nadie más. Donde pudiera aislarse de las mismas personas que lo elogiaron, pero que ahora lo lanzaron por la borda como meros desechos...
— Ja...
Miró el sitio lleno de bestias salvajes y forraje.
Eligió el sitio más peligroso para vivir. Un lugar a donde pocos humanos llegaban...
— Pensar que el héroe aclamado por hombres y mujeres terminaría convirtiéndose en un ermitaño...
Que patético.
Ya no tenía nada por lo que luchar.
Nunca podría volver a ver a su familia... Tampoco pudo formar otra...
Lanzó su puño hacia el tronco de un árbol. Éste se agrietó.
— Odio esto...
“Odio sentirme así...”
Si no fuera por ellos...por esos mentirosos...
Tinieblas se arrastraron alrededor de sus manos y pies. El césped marchitó y lo demás murió.
Los ojos de Freihet brillaron de rabia. Rabia tan pura como el sol.
Una pequeña semilla de oscuridad fue plantada.
(...)
Después de un rato de trabajo duro, se construyó una cabaña para vivir. Era pequeña y sencilla, nada digno de un héroe como él.
Pensó, después de un mes de vivir lejos de la sociedad, que al menos podría tener una vida pacífica. Una vida donde no hubiera más decepciones y desagradables sorpresas.
No fue así.
Asesinos vinieron a diario a visitarlo. No hubo día que obviaran.
Vinieron cuando comía, cuando se bañaba, cuando cazaba, cuando dormía...
Fueron molestos. Tanto que no le importó asesinarlos de inmediato para seguir con lo suyo...
Con cada visita de ellos, él terminaba pintando las paredes de su cabaña de rojo. A veces tenía que comer mientras tenía cuerpos cortados bajo la mesa.
Debería ser idiota para no saber quién los envió.
Al parecer, el rey no mostró sinceridad a la hora de quererlo en el reino.
Entendió su razón con pensarlo un poco.
Era una amenaza para él.
Incluso si no tenía tierras y perdió parte de su influencia, su poder equivalía una amenaza por sí mismo a su posición como gobernante.
Para él era inadmisible tener esa espada oculta bajo su nariz. Necesitaba romperla para evitar futuras preocupaciones.
Pero yo no quiero usurpar el trono, así que todo esto es inútil...
Y asesinos de este calibre no lograrían asesinar al responsable de liberar el reino con fuerza bruta. Solo el Rey demonio podría darle una pelea pareja, y ya estaba muerto.
Después de varios meses, el rey dejó de enviar tantos asesinos. Debió darse cuenta del gran número de hombres muertos a diario y lo ineficiente que era perderlos. Freihet también perdió la cuenta de cuantos cuerpos tiraba por día...
(...)
Se levantó temprano, como tenía acordado antes para entrenar, y cepilló sus dientes. No tuvo que peinar su cabello. Era esponjoso, y él mismo rara vez se enredaba.
Al terminar sus cuidados diarios, salió a la cocina-sala.
Buscó su olla y puso a hervir agua. No podía empezar el día sin una taza fuerte de café.
Al tenerlo listo, se sirvió una taza llena hasta arriba, y se sentó a la mesa, bebiendo lentamente su dosis diaria de cafeína.
— ¡AAAAHHHHH!
Una gota desfiló fuera del borde. ¿Qué demonios?
¿De dónde venía ese grito?
— ¡AHHHHH! ¡AYUDAAAA!
—...
¿Alguien llegó aquí?
¿Cómo? El camino para llegar aquí no era nada fácil...
Apretó el asa, regresando a su posición original.
No importa.
No sabía quién era, pero no le importaba. Hace mucho dejó de ser el héroe que salvaba a todos y se pelaba la piel sin recompensa alguna.
Siguió sorbiendo café.
— ¡AAHHHHHHH!
Ya se callará...
— ¡AHHHHHHHH! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!
En algún momento morirá...
— ¡QUIEN SEA! ¡POR FAVOR! ¡AUXILIO!
Pronto...
— ¡NO QUIERO MORIR ASÍ! ¡SIGO SIENDO VIRGEN, MALDICIÓN! ¡NECESITO UNA NOVIA PRIMERO! ¡AYUDAAAAAAA!
— ¡Tch!
Colocó de vuelta su taza, y salió de su casa para ver quién demonios alteraba su paz.
¿...?
A unos metros, encontró una manada de lobos rodeando un árbol. En sus ramas, un hombre de cabello castaño chillaba como un cerdo siendo asesinado.
Lo más extraño de todo, fue su uniforme escolar de preparatoria.
Eso...eso no era de aquí...
Los lobos se fijaron en el nuevo visitante. Freihet los miró a los ojos.
— Fuera.
— ¡...!
Los lobos, oyendo su amenaza implícita, bajaron las orejas en sumisión y se retiraron. No hubo quien mantuviera su cola fuera de sus patas.
Sabían reconocer a los monstruos. Él era uno de ellos.
— ¿Eh?
El joven abrió los ojos, mirando abajo la figura de Freihet. El viento agitó su capa negra.
¿Lo acababa de ayudar? ¿Ahuyentó el mismo esos lobos feroces que casi lo devoran?
Ni siquiera estaba armado...
— Tú... ¿me ayudaste?
¿Le salvó la vida?
— Muchas gra—
Freihet pateó el árbol.
— ¿¡UAH!?
Se resbaló fuera la rama, cayendo hasta abajo. Al menos tuvo el placer de tener una cama de hojas para amortiguar.
— U-Ugh...
Al levantar la mirada adolorida, encontró a un apuesto pelinegro mirándolo desde arriba.
Sus ojos destellaron en frialdad. Su rostro no se movió.
— ¿De dónde eres?
— A-Ah, yo soy—
— No pregunté tu nombre. ¿Eres de Japón?
— ¿...? ¿Cómo lo supiste?
— Ese uniforme no es común aquí...
— Oh...
Pero entonces...
Saltó, puesto de pie en un segundo. Tomó de los hombros al tipo más alto. Oh, diablos, debajo de esa capa negra tenía músculos firmes. Qué envidia.
— ¡Eso que acabas de decir...! ¿¡También eres de Japón!?
Freihet parpadeó en seco.
— Sí.
— ¡...! ¡Increíble!
¡Encontró un hermano! ¡Alguien en su misma situación!
Solo que su ropa parecía más acorde a la época...
— ¡Menos mal que te encontré! ¡Apenas llegué, esos lobos empezaron a perseguirme durante media hora, hasta que llegué aquí y me salvaste de ellos! ¡Muchas gracias!
Muy débil.
Si hubiera sido invocado, espantar lobos comunes debería haber sido posible para él.
Pero no sentía nada fuera de lo común en él.
Apenas tenía algo de maná, como un aldeano común.
No tenía las habilidades de los invocados... Él, al llegar al reino, ya tenía un nivel decente.
Pero él...era normal.
Era un error. Alguien que llegó sin ningún propósito...
A diferencia de él, que fue traído para ser usado para beneficio de otros.
— Pero entiendo. No saber defenderme en un mundo de fantasía es lo mismo a morir... Por eso...
Tomó sus manos, colocando una gran sonrisa.
— ¡Sé mi entrenador!
Freihet mostró algo parecido a una mueca. Fue casi imperceptible.
— No.
— ¡Oh, vamos! ¡Necesito aprender a defenderme, si no, no sobreviviré a este mundo!
— Eso no me incumbe.
— ¡Por favor, hermano! ¡Haré lo que sea! ¡Te daré masajes en los hombros, cocinaré para ti, limpiaré la casa...!
¿Su utilidad se limitaba a ser ama de casa?
— ¡Es lo único que se hacer...!
— Tienes poco que ofrecer.
— ¡...!
¿Acaso eso no bastaba? ¿Exactamente qué buscaba él?
No iba a pedir que calentara su cama, ¿verdad?
Tragó saliva.
— Sabes, yo...estoy buscando novia... — No creo poder hacer eso último...
— ¿Qué?
— No, olvídalo. ¿No me vas a tomar cómo aprendiz?
— No.
Se soltó de su agarre, pero él tomó su capa.
Freihet lo derribó en menos de un segundo.
Los ojos aguamarina del chico dieron vueltas como canicas dentro de un balde. Aun así, su sonrisa no se perdió.
— ¡Uh! ¡Eso fue...wow...! ¡Increíble! ¡Enséñame a hacer eso también!
— No.
— ¡Vamos, te haré de comer...! ¡Cocino muy bien!
—...
Vio algo de duda en él.
— Ah... No me digas que...
Miró la cabaña solitaria...
Sonrió travieso.
— ¿Vives solo?
—...
— Y viendo tu pausa de antes... ¿acaso no sabes cocinar?
—...
¿Qué podía decir? Era bueno matando monstruos y personas, pero no tenía las habilidades de un chef. Apenas podía preparar cosas comestibles para no morir de hambre.
Viendo su oportunidad, el joven se lanzó a su pierna, dando su mejor grito de ayuda.
— ¡Soy muy bueno cocinando! ¡Seré tu chef! ¡Ten piedad! ¡No importa si es comida japonesa, occidental o africana, te haré lo que sea!
Lo miró indiferente.
— ¡Por favor! ¡No tengo dinero, y esos lobos seguro no son lo peor de aquí...! ¡No me dejes morir!
—...
Que persona más molesta...
Si era devorado por lobos no era su problema... Problemas así ya no tenía nada que ver con él...
— Por favor... No tengo nadie más a quien recurrir...
—...
Lo tiró lejos de su pierna, girándose.
Se retiró a su cabaña...
Pero no cerró la puerta detrás de él.
Una sonrisa afloró sobre él chico.
— ¡Gracias, senpai!
(...)
— Mi nombre es Nagai. ¿Cuál es el tuyo?
El muchacho tomó asiento como si fuera natural, dando su nombre como si le hubiera preguntado, y esperando a que él se presentara como alguien educado.
No hizo ningún movimiento. Tampoco dio ninguna palabra.
Solo permaneció allí, sentado.
La sonrisa de Nagai siguió congelada en el tiempo, a la espera de alguna respuesta de su parte.
Sus ojos miraron el techo, las paredes, la mesa, a Freihet...
Pero este no dijo nada más...
¿Crees que no hablarme me hará desistir? Lástima, ¡no soy de los que ceden ante estas cosas!
— Viendo la hora, debe ser la hora del desayuno. ¿Comiste?
—...
— Supongo que no, dado lo limpio que está todo, y por la ausencia de aroma.
“Por lo tanto...”
Se puso de pie, tirando sus manos sobre la mesa.
— Cocinaré el desayuno, ¿qué tal eso?
—...
¿Sin respuesta? Bien por él.
— Tomaré eso como un sí. Si me disculpas...
Caminó directo a la cocina, carente de vergüenza. Freihet se quedó a la mesa, picoteando con su dedo...
Estaba algo incómodo.
Hace un año que no tenía contacto cercano con otra persona. No supo de qué hablar...
(...)
Dos platos fueron colocados sobre la mesa. Huevo y salchicha frita, junto con hogazas frescas de pan de trigo y mantequilla derretida. También preparó otro lote de café.
El olor de este provocó que Freihet moviera la nariz dos veces.
No olía así cuando lo preparé yo...
Nagai tomó asiento.
— Para estar en medio de la nada, tienes las alacenas llenas de comida. ¿Hay algún lugar cerca que venda comida por aquí?
—...
— Cierto, estamos en esa...
Antes habló demasiado. ¿Gastó las palabras de todo un año?
Freihet miró su plato de comida.
Se veía...mucho mejor que la comida que él preparaba. Más vivo, más colorido, más apetitoso...
Nagai no mintió sobre saber cocinar...
No, espera, podría saber horrible.
Así tendría una excusa para echarlo...
Probó la comida...
—...
La salchicha desapareció en su boca. La tostada también...
Si tuviera que quejarse de algo, sería de la cantidad del plato...
¿Eres una trituradora o qué?
Nagai no podía creer que pudiera comer sin cambiar la misma expresión en blanco. Parecía un robot triturando papel a través de su boca.
Y, aunque le quedó obvio que terminó gustándole el desayuno, no oyó una sola opinión positiva de su boca. ¡Ni una palabra!
¿Esas traemos? ¡Bien! ¡Veamos cuanto tiempo puedes evitar hablar conmigo!
Su batalla comenzó a partir de ese momento.
(...)
Nagai llegó a una conclusión.
Este tipo sufría depresión.
No hablaba. No hacía casi nada. Se quedaba mirando la nada a veces...
Y en ocasiones, salía a matar monstruos...
Y no por necesidad de alimento. Por lo que sabía, a la semana pasaba un comerciante que le vendía sus rubros favoritos sin mediar palabra a menos que fuera necesario.
Salía a cazar monstruos con el fin de desahogarse.
Los perseguía, cortaba, golpeaba, rompía sus huesos...
Lo mataba lentamente, como si hacerlos durar fuera divertido para él...
Como ahora...
Crack.
La mantícora rugió de dolor cuando su pata delantera fue hecha añicos bajo el peso de Freihet.
Por supuesto, sus otras extremidades no estaban mejor...
Una tenía incrustada una espada. Las otras tenían partes arrancadas que dejaban ver el hueso.
— ¡...!
El león abrió sus fauces e intentó morder a Freihet. Sus dientes se acercaron a toda velocidad a su cabeza...
Pero Freihet contestó al tomar sus mandíbulas y desencajarlas como galletas. El crujido causó náuseas dentro de Nagai.
— Ah...
Solo en momentos así, podía ver otra faceta emocional de él.
La decepción de haber roto su juguete tan pronto...
Sus ojos se entrecerraban ligeramente, contemplando el cadáver en sus manos.
Oyó un débil suspiro.
Freihet guardó su espada y volvió con él. Nagai casi corre en dirección contraria, pero respiró hondo y sonrió.
— ¡Eres todo un cazador! ¿Algún día podre romper mandíbulas con mis manos desnudas?
—...
Lo ignoró, como ya tenía acostumbrado. Nagai lo siguió...
— ¿O seré mago? No te he visto usar magia, ¿sabes algún hechizo?
—...
— Bueno, pareces más del tipo atlético... ¿Debería hacer ejercicio de ahora en adelante?
—...
— ¡Está bien, lo haré! Por algo debo comenzar. Dime si hago algo mal...
—...
Que tipo más terco...
Pero él no se rendiría.
Soy más terco.
(...)
Temprano en la mañana, Nagai salía a hacer algo de ejercicio.
Primero corría un poco. Por supuesto, no se alejaba demasiado de la cabaña. Los lobos no eran los únicos monstruos come-hombres por aquí.
Como la presencia de Freihet causaba temor en las demás criaturas, él se limitó a darle vueltas a la misma cabaña. Servía bien.
También hizo flexiones y otros estiramientos. Al terminar, el sol comenzaba a descollar por el techo de la cabaña, y le avisaba de que era hora de cocinar.
Se daba un baño rápido con agua fría – no es que no estuviera acostumbrado ya – y salía rápido a cocinar.
— Buenos días...
Saludó, mientras endulzaba el café.
—...
Freihet se detuvo.
¿Cómo supo que estaba ahí?
Nagai giró la cabeza por encima del hombro.
— Siempre te levantas a la misma hora. No tiene ciencia.
—...
Freihet tomó asiento.
Una taza humeante fue colocada frente a él.
— Ey, ¿no puedes traer leche? Me gustaría intentar algunas cosas de casa...
—...
Nagai rodó los ojos.
Freihet recogió la taza, probando su aroma.
Cerró los ojos, dando algo parecido a un gemido de expectativa.
Lo bebió...
Fue una lástima que la taza fuera tan pequeña. Luego compraría unas más grandes...
De paso, algo de leche también.
(...)
— ¡Ey, senpai!
—...
Apareció Nagai en medio de su visión, justo cuando miraba la nada desde la ventana.
En sus manos traía un cartón cuadrado entre negro y blanco. También dos bolsas de piedras.
Movió levemente una ceja.
— Como por aquí no hay mucho que hacer, decidí fabricar un juego de damas con cartón y piedras que encontré.
—...
Éste lo colocó delante de él, poniendo las piedras negras y blancas en posición.
— Debería ayudar a distraernos de vez en cuando. También pienso hacer un ajedrez, pero para eso tendré que tallar las piezas personalmente. ¿No me puedes conseguir algo de madera para tallar?
—...
— Está bien. Puedo conseguirlo solo. ¿Prefieres comenzar tú, o lo hago yo?
—...
— Ok, seré yo.
Nagai movió una pieza.
Pasaron algunos segundos en donde no hubo acción, pero...
...al minuto, Freihet movió una pieza del tablero...
Los hombros de Nagai saltaron brevemente.
— Estás tan aburrido como yo, ¿verdad?
Respondió con otro movimiento. Freihet contraatacó.
— Vas demasiado rápido, senpai...
Le dio la vuelta a la situación. La ceja de Freihet tembló.
Este chico...
...no era un novato.
No es que fuera a tener piedad si lo fuera...
— Vaya, senpai, eres muy agresivo...
Aunque sería bueno si pudiera mantener la boca cerrada...
(...)
Se limpió el sudor de la frente después de terminar el último ejercicio de la mañana. Algo le ardió.
— Ah, no, ¡mala idea, mala idea!
¡Tenía un corte en el brazo! ¡Ardía como el infierno!
— ¡Ah, ah, ah, ah, ah! ¡Duele, duele, duele!
Tuvo que lamer la herida como medida de emergencia. Después la lavaría adecuadamente.
Hablando de ardor, me pregunto si a ese tipo le gustará la comida picante. ¿Seguirá teniendo la misma expresión estóica sin importar que tan intensa sea la comida?
¿O mostraría algún tipo de reacción? ¿Cómo colorarse, o sudar abundantemente?
Cualquier opción le parecía estupenda. Debería intentarlo, a ver cómo reaccionaba.
Sonrió ladinamente, afirmando su plan maquiavélico.
Relajando sus hombros, movió sus pies hacia la puerta para volver y darse una ducha rápida.
¡Zuin!
— ¿Eh? ¿¡IUAH!?
Algo brilló. Un látigo pasó cerca de su cabeza. Algo lo tiró hacia atrás en medio de su confusión, rastreando el látigo sin demora.
Se oyó un chasquido estridente en medio del bosque.
— ¿Eh? ¿Ah?
Senpai estaba rechazando el cuchillo de un hombre encapuchado de negro. Lo tiró detrás de él hace apenas unos segundos atrás.
— ¿¡Qué—
La mano libre de Freihet recogió la mandíbula del hombre de negro, y apretó.
Fuegos artificiales salieron disparados por todos lados.
Lástima que solo fueran de color rojo.
Nagai retiró la mirada, sintiendo su estómago dar vueltas. Censuró la mayoría tanto como pudo.
—...
Una vez el cuerpo cayó, Freihet se giró.
Tenía sangre en su mano. La otra tenía agarrada la espada...
La sangre goteante provocó que un extraño calor subiera de la punta de los dedos de Nagai hasta su cabeza.
Tragó saliva, sintiendo dificultad para pasar el trago.
Freihet se movió.
— ¡...!
Guardando su espada, estiró su mano y tocó su cara...
Y hombros, tronco, piernas y brazos.
Hizo un examen completo, haciendo presión a veces sobre algunos lugares.
Se retiró.
— Hmm... Estás bien.
— ¡...!
Un segundo...
Nagai apartó todo pensamiento instinto de miedo.
¿Él...acaso...?
Tuvo indicios de una sonrisa.
— ¿Acabas de hablar?
—...
¡Realmente lo hizo!
— ¡Sabía que podía hacerte hablar algún día!
Puesto de pie en un segundo, sonrió de oreja a oreja, palmando el brazo de Freihet.
— ¡3 semanas y 5 días! ¡Solo eso necesité para hacerte hablar! ¿No es impresionante?
—...
— Vamos, di algo más. ¿Estabas preocupado por mí? Ese tipo casi me mata, pero gracias a ti estoy bien, ¿eso no demuestra que somos muy cercanos?
—...
Sí, estaba bien.
Nadie herido podría hablar tanto.
— Ey, ¿no dirás nada más? ¡No puedes dejarme colgado así! ¡Oye!
(...)
— Hola...
Un comerciante de pintas sombrías y ojos de pescado muerto apareció del bosque.
No necesitó decir más, para colocar a sus pies una gran bolsa de los rubros que siempre pedía. Freihet comprobó la mercancía en silencio, de manera similar a él.
Gracias a este comerciante, de nombre Fell, podía ahorrarse la molestia de viajar a algún pueblo para reabastecerse; cosa que lo pondría en obligación de relacionarse con otras personas.
Como Fell odiaba hablar de más, era la mejor opción para él. Pocos estarían dispuestos a venir a este lugar tan peligroso solo por una persona.
Además de él, Fell iba y venía como si este bosque fuera su patio de juegos.
Solo un loco suertudo como él podría hacerlo.
—...
Freihet sacó el dinero, entregándoselo... Él, como buen comerciante, lo contó...
— ¿Eh?
Sus uñas largas desfilaron por los bordes.
— ¿Por qué hay más?
— Madera de tallar, sé que tienes.
— ¿Uh? ¿Empezando un nuevo hobby?
—...
El comerciante sacó de su bolsa mágica un buen trozo de madera y se lo dio.
— Es suave y moldeable, también bastante durable. Una vez termines de tallarlo, recúbrelo con esto para que la humedad no lo dañe, ¿ok?
— Hmm.
— ¿Nada más?
Señaló unas herramientas. El chico asintió y se las entregó.
— Entonces, adiós...
El comerciante desapareció en la oscuridad. Logró pasar todas las fieras de camino aquí como si estos no pudieran verlo.
—...
Freihet miró el bloque de madera para tallar...
De paso, también compró las herramientas para un más cómodo tallado.
(...)
— Esto es difícil...
Dijo Nagai, tirando la cara sobre la mesa.
Tallar no era nada fácil. Envidiaba mucho a aquellos que podían hacer figuras hermosas de pedazos toscos de madera...
Cometer errores arruinaba el resto. Necesitaba ser delicado, teniendo una imagen clara en su mente, nunca moviéndose por inercia, sino con propósito.
Pero...
— No puedo arruinar el bloque que trajo Senpai, necesito practicar primero...
Por eso empezó con madera común. Primero tratando de dar forma a cosas sencillas, como un cuadrado, un circulo, un triángulo, un rombo...
Primero necesitaba infundir sus manos de experiencia para luego intentar las piezas de ajedrez...
— ¡Ay, demonios!
Por supuesto, los accidentes se volvieron parte del proceso.
(...)
— Veamos si puedes derribar esto, Senpai...
Nagai atacó agresivamente, tomando un atajo engañoso en medio del tablero de blanco y negro. Jugar partidos de damas se les hizo costumbre.
—...
Freihet se movió cautelosamente, observando sus opciones más sabias.
De paso, colocando sus ojos sobre las manos de Nagai.
Tenían cortes aquí y allá. Unos recientes, otros más viejos...
—...
— ¿Senpai? ¿No te has tardado mucho? Hace rato moví mi pieza...
—...
Movió la suya, sin estar presente.
— ¿Qué demonios? Ese movimiento no tuvo sentido. ¿Siquiera lo pensaste?
No lo hice.
En el siguiente turno, movió otra pieza...
Nagai lo miró.
— ¿Necesitas una taza de café?
Estaba jugando fatal.
El pelinegro no le respondió, cosa que hacía cuando no quería darle la razón.
Nagai terminó ganándole por un amplio margen. Un niño recién iniciado en las Damas habría durado más...
Al día siguiente, en cuanto Nagai terminó su entrenamiento diario, entró a casa a limpiarse el sudor del cuerpo.
— ¿Eh?
En el cuarto del baño había un nuevo frasco.
Al menos tenía la ventaja de saber el idioma y la escritura de todo invocado, por lo que pudo leer su etiqueta.
“Pomada de grado 3”
— ¿...?
¿Una pomada?
¿Para las heridas?
Pero no estaba aquí antes...
Además de cocinar, también limpiaba todo lo demás, así que cuando decía que algo era nuevo, era verdad.
¿Freihet lo habría traído?
Alzó los hombros, aguantando una risa.
— Bueno, no veo problema en probarlo un poco...
Colocó sobre sus cortes y accidentes pasados. No sintió ningún tipo de ardor desagradable, sino frescura.
Atrás de la puerta, Freihet asintió una vez comprobó que decidió usarlo.
A fin de cuentas...
No podrá cocinarme bien si tiene las manos lastimadas...
Era por eso que se lo dio...
...no por razones menos egoístas.
(...)
Llegó la “hora libre” de Freihet.
Con eso se refería a su caza cruenta de monstruos alrededor de la zona.
Nagai lo seguía para...para pasar el rato.
En algún punto dejó de parecerle extraña la sangre y los chillidos. Exponerse mucho a ellos lo hizo un poco insensible.
No es que le empezara a agradar, tampoco.
¿Acaso le faltó cafeína a su café el día de hoy?
Hoy solo usaba el mismo movimiento.
Un golpe directo de espada en medio de su frente. La punta de la misma atravesaba su cráneo y el animal moría al instante...
Era algo aburrido de ver, por más impresionante que fuera... ¿No que le gustaba tomarse su tiempo con ellos?
Aunque...
— ¿Quizás pueda intentarlo?
Agregarlo a su entrenamiento no estaría mal. Eso también podría darle más precisión, lo que lo ayudaría a tallar mejor...
Hablando de sus avances, comenzaba a mostrar algunos resultados positivos después de tantas fallas. Un poco más, y podría empezar a tallar las piezas del juego...
—...
Más adelante, Freihet le dio una mirada corta. Este no lo notó.
Asintió.
Parece que decidió copiar su movimiento...
Sirvió de algo repetirlo todo el día...
(...)
Freihet se levantó como todos los días, a la misma hora, de la misma forma, y con el mismo ánimo.
Se colocó su ropa oscura por defecto, y después de limpiarse los dientes marchó a la sala-comedor.
Pero no vio a Nagai allí...
Revisó la hora.
No se levantó demasiado pronto, ni demasiado tarde. ¿Entonces dónde estaba Nagai?
—...
Miró por la ventana, pero él no estaba afuera entrenando.
Buscó su sofá largo, lugar usado como cama por Nagai cada noche desde que empezó a vivir con él.
Lo encontró durmiendo, envuelto en muchas mantas.
—...
Su zapato picoteó el piso.
Y yo aquí preocupándome...
—...
...por mi desayuno, por supuesto.
Retiró las mantas. Hubo un gemido en cuanto el frío lo mordió.
Tengo hambre. Hazme de comer...
Dio una patada al sofá. Un segundo gemido...
— ¿...?
Al dar una mirada más profunda, encontró un signo anormal en Nagai.
Su piel estaba roja. También respiraba muy fuerte. Su cabello y ropa yacían empapados en sudor...
Tocó su cuello.
Ah...
Tenía fiebre...
Y una muy alta...
Fue a buscar medicina...
Pero a medio camino se detuvo...
Se dio un golpe a la frente.
Estúpido... Nunca me enfermo, así que nunca compré medicinas...
Su auto-regeneración no lo necesitaba...
Pero Nagai era un humano prácticamente común. Él sí las necesitaba.
Se frotó la frente.
Debió preverlo.
Todas las mañanas después de sudar se bañaba con agua fría. Casi nunca descansaba, tallando para practicar o cocinando para él...
Olvidó que era un joven totalmente corriente...
A él estas cosas no le afectaban, pero a Nagai...
...
Nagai abrió los ojos. Los sentía pesados.
Tocó su frente bañada en sudor...
Ah... maldición...
Otra vez...
Cerró los ojos, moviéndose hasta quedar de lado.
Otra vez cayó enfermo...
Odiaba cuando lo hacía.
Cuando su hermana lo hacía, sus padres la cuidaban y no la enviaban a la escuela.
Cuando él lo hacía, nada cambiaba.
Sus obligaciones no cambiaban.
No recibía ningún tipo de atención...
Tampoco preocupación...
— Detente...
No recuerdes...
Nada de eso importa ahora.
Ya no estamos en ese lugar...
Aquí no están mis padres, tampoco mi hermana...
Ya no me lastimarán...
Solo que...
— Me gustaría que alguien me cuidara...
Como esos niños amados por su familia...
¿Era demasiado pedir?
— Nagai...
— ¡...! ¿Q-Qué?
Abrió los ojos, encontrando la oscuridad de Senpai. ¿L-Lo habrá oído?
Tenía aguantado en sus brazos un montón de pociones y brebajes que no conocía.
— Ah...
Aun en contra del mareo, se puso de pie, dándole una sonrisa.
— Lo siento, Senpai. Me quedé dormido. Ya me pondré a hacer el desayuno...
A din de cuentas, por eso vivía aquí... Necesitaba cumplir su parte, o lo echaría...
— No...
Negó Freihet.
La mente de Nagai se quedó en blanco. Su garganta se cerró.
— E-Esta fiebre no es nada. Puedo cocinar sin ningún problema.
Así le doliera mucho la cabeza y sintiera su respiración rasposa. El calor de todo su cuerpo era horrible, pero podía soportarlo.
Lo hizo antes cuando debía ir a la escuela y a trabajar en las tardes...
Sabía cómo sobrellevarlo.
Freihet lo empujó de vuelta al sofá. Su fuerza lo dejó abajo.
— Primero recupérate.
— ¿Eh?
¿Qué cosa...?
— Pero... ¿Qué hay de la comida?
— Compré algo de pan para comer. Tú bebe estas pociones curativas... No son muy potentes, pero deberían mejorarte en algunas horas...
—...
Recibió una botella de líquido rojo... Olía a frambuesa...
Miró a Freihet.
Éste estiró la mano y midió su temperatura.
— Ah...
Era lo mismo que le hacían a su hermana cuando caía enferma... Siempre...siempre la envidió...
Quería que sus padres hicieran lo mismo.
Que lo cuidaran. Que lo amaran...
Pero nunca lo hicieron, aun cuando creció...
— ¿Nagai?
— No... Disculpa... No es nada. No me prestes atención.
Limpió el indicio de lágrimas y le dio su mejor sonrisa.
— Estoy bien. Gracias, Senpai.
— Freihet.
— ¿Qué?
— Ese es mi...nombre.
— ¡...!
¡Finalmente...finalmente supo su nombre!
— Pero... ¿eres de Japón y te llamas así?
— Es mi nombre de aquí...
— ¿Y el de casa?
—...
“Te lo diré algún día...”
Solo pudo reírse ante su evidente vergüenza.
(...)
— ¿Agua caliente en un mundo medieval como este?
Nagai tocó el agua de la bañera en la cual se bañaba todos los días.
Estaba caliente, algo que podría esperar de cualquier lugar menos de aquí, en medio de la nada.
— Es por las piedras.
Apareció Freihet detrás de él.
— ¡Wah, no me asustes así! ¿¡Te emociona hacerlo o qué!? ¿Y a qué piedras te refieres?
Freihet sacó unas piedras rojas de sus bolsillos. Humeaban y exhibían calor a través de sus pieles duras. ¿Tuvo eso todo este rato?
— Estas piedras están bañadas en maná de fuego. Siempre están calientes. Planté un montón debajo de la bañera, para que al llenarla de agua, esta se caliente automáticamente.
El mejor sistema de agua caliente que se le pudo ocurrir.
— Wow, nunca esperé algo así, pero ¿por qué? Hasta ahora nunca pensaste en cambiarlo...
— Me dejó de gustar bañarme con agua fría.
Mintió sin cambiar su expresión, guardando las piedras humeantes en sus bolsillos. ¿No se incendiaría si lo hacía?
Además...
— Tu entrenamiento matutino...mejor hazlo cuando el sol ya esté afuera.
— ¿Eh? ¿Por qué?
— El ruido que haces cuando duermo me fastidia.
Volvió a mentir.
— Además, evitarás enfermarte tanto al hacerlo...
—...
Ah, ya veo.
Nagai sonrió, picoteando su mejilla.
— Jeje, ¿qué es esto? ¿Estás preocupado por mí? Pues gracias, me conmueves, Frei-Senpai...
Freihet apartó su dedo.
— No digas estupideces. Si te vuelves a enfermar no tendré quien me cocine...
— Lo que tú digas.
No podía tomarlo enserio si evitaba todo contacto visual.
(...)
¡Lo logré! ¡Finalmente lo logré!
— ¡Mira esto, Frei-Senpai!
Temprano en la mañana, entró a la habitación de tamaño reducido del pelinegro. ¿Por qué tan Tacaño con el espacio donde vivía?
— Ng...
Retiró las sábanas del mayor, moviéndolo de un lado a otro como una maraca.
— ¿Quieres morir?
— ¡Finalmente logré tallar una pieza!
— ¿Eh?
Nagai le colocó al frente una pequeña pieza de madera. Un pequeño peón de madera. Estaba lejos de ser profesional, pero pudo notar su esfuerzo por el alisado en los bordes y la forma que tenía.
— ¿Qué tal se ve?
— Se ve bien.
Al menos podía reconocerlo como una pieza de ajedrez.
— Ahora es cuestión de tiempo para que haga las otras.
— Puedo comprar un juego de ajedrez...
— ¿Eres estúpido?
Le lanzó de vuelta la manta.
— Sería un desperdicio tanta práctica para que compres un juego a estas alturas. Mejor espera a que termine las piezas.
— Hmm.
— A propósito, ¿qué quieres de desayunar?
— Algo con huevo.
— Está bien. Ya ponte de pie. El sol está saliendo...
¿Era demasiado pedir unos minutos más...?
Aunque antes, no se daba ningún momento de indulgencia... La llegada de Nagai hizo que se relajara un poco.
(...)
— No se agita así...
— ¿Eh?
En medio de la práctica diaria de Nagai para defenderse, apareció Freihet diciendo esto con cara flemática. La típica cara de sabelotodo que todo el mundo odiaba.
—...
El corazón de Nagai latió más rápido. Se sonrojó de emoción.
¡Finalmente...finalmente iba a enseñarle!
Necesité 4 meses enteros, pero finalmente lo logré. ¡Logré conmoverlo con mi arduo entrenamiento!
...O su mala postura. Cualquiera funcionaba.
En cuanto a Freihet, los movimientos que Nagai hacía todos los días bastaban para hacer sangrar sus ojos.
Sería como si un músico de renombre escuchara las notas de un novato. Tendría que tener mucha paciencia para no arrancarse los oídos.
— ¿Qué parte?
Preguntó Nagai, casi saltando.
Freihet golpeó su cadera.
— ¡¡Ouch!! ¿¡A qué se debe eso!?
— Si tu postura es inestable, no lograrás golpear ni a un abuelo paralítico. Necesitas equilibrio, y ciertamente no lo tienes.
— ¿O-Ok?
— Por eso debes saber cómo debes poner la cadera, después las piernas y los pies... Todo depende de lo que quieras hacer, si luchar, defender, o huir...
— Dime que me enseñarás, porque no tengo idea de cómo hacerlo.
— Mis ojos comenzará a sangrar si no lo hago.
— Jeje... Gracias.
Freihet ignoró su agradecimiento, y tomó un palo común.
Golpeó la cadera de Nagai con él.
— ¡Ouch! ¿¡Por qué!?
— Estoy corrigiendo tu cadera.
— ¿¡Y debes hacerlo a los golpes!?
Otro golpe.
— ¡...ah! ¡Si fuera una chica hermosa seguro que serías más delicado! ¿¡Verdad!?
Otro golpe más.
— ¡Hk! ¡Pero soy un hombre así que me tratas así...! ¡Ah! ¡Eso duele!
Si fueras una mujer, nunca te habría dejado vivir en mi casa...
Sin importar que tan mala haya sido su situación.
(...)
Se masajeó la cadera, haciendo una mueca lamentable.
— Ese bastardo... Por su culpa incluso sentarse duele...
Ah...
Eso sonó engañoso...
— Encima no es nada amable a la hora de enseñar, como si tuviera que saber las cosas que él ya sabe... ¡Y apenas usa ejemplos!
Aunque eso demostraba que pasó mucho tiempo aquí, entrenando duro para hacerse más fuerte.
— Me pregunto por qué vivirá en un lugar apartado como este... Seguro alguien tan fuerte como él podría ser un aventurero, un mercenario, un héroe...
Tuvo muchas preguntas y conjeturas al respecto en cuanto a su historia de fondo...
Pero no era estúpido.
Algo malo debió pasarle. Algo que bastara para que decidiera aislarse en medio de esta montaña llena de monstruos peligrosos.
De otro modo no veía posible que nunca hablara de sí mismo.
Nunca mencionaba ningún detalle sobre su vida. Obtener su nombre fue su mayor logro conseguido hasta ahora.
Sonrió, sacando del horno el pavo horneado...
— Bueno, lo que haya sido de él antes de estar aquí me da igual...
“Lo único que quiero descubrir ahora, es su nombre real...”
(...)
El filo de la espada destacó al pasar sobre la espalda atigrada del monstruo. Tajos de carne cayeron abajo, vibrantes ante el alarido bestial.
El tigre de dos cabezas golpeó su cola, derribando varios árboles. Freihet dio un salto mortal, iniciando otro ataque a sus entrañas.
Aun así, solo logró ahincar su espada a medias.
— Su piel es resistente.
Comentó Nagai, comiendo unas patas fritas que el mismo hizo antes de venir.
La caza de hoy tomó más tiempo de lo usual. La piel de monstruo era gruesa y dura. La espada de Freihet tenía algunas dificultades para atravesarla, y por ende, acabar con su vida.
— Por eso le dije que comprara una nueva.
Si vas a tener el fetiche de cazar monstruos por diversión, al menos ten una espada amolada...
Se metió la última pata a la boca. Sabía algo desabrida...
Volvió a mirar al frente...
Casi se le cae el bol vacío...
— ¡...!
El tigre golpeó el costado de Freihet y lo envió a volar. Su cuerpo impactó contra los árboles y la tierra.
Eso no fue nada preocupante. Vio monstruos gigantes pisarlo con todo su peso, y el levantándose como si ellos fueran de algodón.
¡El verdadero problema fue que el monstruo vino directo hacia él! ¡Un simple civil!
— ¡AAHHH! ¡Tiempo fuera, tiempo fuera! ¡Se supone que solo soy un espectador!
El tigre rugió, tirando por tierra sus pretensiones.
¡Oh, my god!
¡Era imposible esquivar! ¡Ponerse detrás de un árbol no serviría! ¡Esa cosa lo destrozaría como galleta!
El tigre arribó de frente. Vio un destello de muerte...
— ¡...!
Sus pies dejaron de tocar el suelo. Su mundo dio varios giros. Oyó un sonido punzante.
Alguien cortó ambas cabezas del animal, sus cabezas rodaron fuera de su cuello a la misma velocidad de su carrera.
Afortunadamente, Nagai no corrió problema, al ser rescatado de antemano por alguien más.
Miró bien, y he aquí que era aguantado – menos mal que no como princesa – por un hombre de tez morena y espada grande y pesada.
— G-Gracias.
Apenas logró decirlo sin tartamudear de más.
— Eso estuvo cerca, chico...
Crack...
— ¡...!
Los arboles donde cayó Freihet fueron astillados. El fuego los consumió...
En medio de eso, estaba Freihet, apuntando una mirada asesina hacia el hombre recién llegado.
Ahora mismo se encontraba muy irritado. Quería cortar algo.
Y ese moreno se veía especialmente apetecible para tal acción.
— ¿Quién—
— ¡Ah, menos mal que sigues vivo!
—...
Nagai, saliendo del agarre del moreno, se dio golpecitos a la espalda y tronó su cuello rígido por el susto de antes.
Freihet guardó sus ansias asesinar.
— A todas estas, ¿estás bien? El golpe de antes se vio pesado...
— Estoy bien.
Lo que le interesaba ahora mismo, era ese tipo.
No era de aquí.
Su ropa lo demostraba. No era de aventurero, sino de mercenario. Y Freihet no veía con buenos ojos a tal gente.
— ¿Quién eres tú?
— Oye, ¿qué sucede con esa pregunta tan tosca? ¿A dónde se fueron tus modales?
Nagai dio un empujoncito a su pecho y se volvió sonriente hacia el moreno.
— ¡Muchas gracias por la asistencia allí! ¿Cómo se llama?
— Will. Mi nombre es Will. E iba de paso...
— ¿De paso por este bosque abandonado?
Inquirió Freihet, nada agradado con esa respuesta. Su rostro fue empujado por Nagai.
— Menos mal que ibas de paso. ¿Qué tan fuerte eres? Demostraste ser bastante fuerte hace poco.
Will se rio, colocando su espada en la funda de su espalda.
Su estómago rugió.
— Ah, mis disculpas...
— ¿No has comido recientemente? ¡Justo es hora del almuerzo, ven a comer con nosotros!
— ¿Qué—
La cara de Freihet se volvió más oscura de lo que era. No le pareció.
Nagai le dio una mirada severa.
— ¿Seguro? Somos extraños.
— Que seamos extraños no significa que no pueda demostrarte mi gratitud. Lo menos que puedo hacer por ti es darte una comida...
Le sonrió, convenciéndolo fácilmente.
“Además...”
Le dio una mirada a Freihet.
— Si no hubieras intervenido, habría muerto, así que es lo de menos...
Freihet sintió un tirón de su ropa.
Miró a otro lado, cediendo de mala gana.
(...)
Nagai marchó a cocinar a la velocidad de la luz. Dejó a la mesa a ambos aventureros, esperando que se llevaran bien. No podría sumarse a la conversación, pues se concentraba mucho al cocinar.
Mientras tanto, ellos...
—...
—...
Miradas en blanco.
El dedo de Freihet picoteó constantemente la mesa.
No le agradaba nada tener un desconocido en su casa, comiendo de su comida, y teniendo la atención de su aprendiz.
Pero no podía echarlo después de salvar la vida de Nagai. Éste no lo soportaría.
Aunque a él le importaba madres si era ingrato. Solo quería sacar a este tipo de su vista cuanto antes.
El sonido de su dedo se hizo más rápido.
— Aun no sé tu nombre...
— No creo que sea necesario saberlo...
— ¿Alguna razón en específico?
— Odio dar información gratis de mí a los demás...
— ¿Significa que debo pagar?
— Ni pagando te la diría.
— Jajaja. Eres bastante divertido...
Y arisco...
Will se apoyó en la mesa.
— Tu novio es mucho más amable...
¿...?
¿Novio?
¿Nagai?
— No sé de lo que hablas.
Casi gruñó.
— Ah, vamos, no te hagas. ¿Dos hombres, viviendo solos en una cabaña en medio de la nada? Negarlo no tiene sentido...
— No.
No era nada de eso. ¿Qué cosas tenía en mente este sujeto?
¿O esa era la impresión que daban? ¿Debería preguntarle al vendedor qué opinaba al respecto?
Will movió las cejas.
— ¿Me dices que no son eso? ¿Entonces qué son?
— Nagai es mi aprendiz, ni más ni menos...
No lo que su cochina mente pensaba.
— Uh...
Fue el turno de Will se picotear la mesa.
— ¿Aunque antes no pudo defenderse de ese tigre de dos cabezas?
Un piquete sutil.
— Está aprendiendo.
— O aprende muy lento, o su maestro no sabe enseñar.
— Ninguna.
Quiero matarlo.
O al menos estamparlo contra la pared.
Lo sacaba de quicio con unas cuantas palabras. Era irritante.
Además...
No era normal encontrar a alguien tan fuerte...
Los mercenarios no pertenecían a los gremios y actuaban meramente por dinero, por lo tanto, su nivel no llegaba a ser muy alto, existiendo algunas excepciones.
Y esas excepciones terminaban siendo monstruos.
— ¿Realmente estabas de paso?
— ¿Qué te hace dudarlo?
— Nunca dije que dudara.
— Tu cara me señala lo contrario.
— ¿De verdad?
Will se rio a medias.
— No entiendo por qué tanta animosidad. Si Nagai-Kun no es tu novio, entonces ¿por qué me miras como un estorbo?
¿Por su mera existencia, quizás?
— Tú—
— ¡Lamento la tardanza! ¡Aquí está el almuerzo que todos deseaban!
Nagai trajo humeantes platos de pollo frito, pan y puré de patata dulce.
¿Tan pronto?
— Tardaron al menos 10 minutos en hablarse, 3 en contestarte mutuamente...
Enfatizó Nagai, tomando asiento.
— Come tanto como quieras, Will-San. ¡No te cortes!
— Muchas gracias.
—...
Freihet puso cara de haber lamido un limón. Al menos para quien lo mirara de cerca.
No entendía por qué Nagai era tan amable con este tipo...
¿Deberá agradecer que no era mujer?
Si lo fuera, podría haberse enamorado... Menos mal que no lo es.
Como siempre andaba hablando de que aún no tenía novia, era un problema menos para él.
La comida de Nagai sabía cómo siempre...
Solo que tenía la impresión de que sabía un poco mejor que de costumbre...
Miró a Nagai.
¿Se esforzó más para agradarle a este intruso?
Nagai comió en silencio, tenso.
No entendía por qué Freihet parecía mirarlo mal. ¿Se levantó hoy con el pie izquierdo? ¿Por qué estaba tan irritable?
— Will-San, aunque se ve genial y todo eso, ¿por qué eligió una espada tan grande como arma?
¿Por qué diablos le preguntas eso?
— Ah, sobre eso...
¿¡Y por qué respondía!?
— Al principio usaba una espada normal, pero terminaba rompiéndola cada vez que luchaba, así que decidí cambiarla por algo más resistente y pesado...
— Cortó las cabezas de ese tigre que le causó tantos problemas a senpai, debe ser muy pesada...
— De haber ejercido más fuerza podría haberlo decapitado al instante.
Alegó Freihet de súbito. A Nagai le bajó una sonrisa incómoda.
¿Qué mosca le picó? ¿Por qué actuaba como un niño de mal humor?
¿Y por qué comía enfurruñado como un viejo? Hoy se portaba muy extraño y emocional, algo que no cuadraba con alguien inexpresivo como él.
Bueno, supongo que no le gusta la visita de extraños.
Su humor debería mejorar una vez acabara el almuerzo y Will siguiera su camino. ¿Debería prepararle algún dulce para amainar su molestia?
—...
Freihet, a medio de camino de terminar, bajó de súbito el cubierto.
Se puso de pie sin mediar palabra.
Bajó la cabeza de Nagai.
— ¡...!
Un chirrido metálico rugió en medio de la sala.
Partió el cuchillo con sus manos, y, tomando una de sus piezas danzantes, cortó la garganta del encapuchado que apareció de las sombras.
Will recogió la cabeza del segundo que apareció detrás de Freihet y lo estampó contra el piso, rompiendo su cráneo en trozos.
Nagai vio con gran arrepentimiento cómo la mesa y la comida se desperdiciaba en medio del altercado.
Apareció un tercero, el cual fue retenido por Freihet, quien usó como escudo una silla. Al rebanar la silla, un golpe contundente a su cuello cortó todo indicio de vida.
— Aquí hay otro.
Will pateó la espalda de uno escondido en las sombras. Nagai ignoró el crujido.
Se dio un largo silencio.
— ¿Otra vez?
Nagai, mucho más calmado que aquella vez, picoteó uno de los cadáveres. Seguían viéndose horribles para él.
Freihet lo apartó.
— Podría contener algún tipo de veneno. Mejor aléjate.
— Sí, sí...
Se apartó, oyendo una risa de Will.
— El chico tiene razón. Los asesinos tienen muchas mañas aun después de muertos.
Nagai hizo un puchero.
— Sería bueno si él quisiera enseñarme a como contrarrestarlo en vez de apartarme siempre...
— No todo el mundo está dispuesto a enseñar lo que sabe a otro.
“Por supuesto, eso no es un problema para mí...”
Le dio un golpecito en el hombro.
— ¿Te gustaría entrenar conmigo?
— ¿Eh?
Freihet afiló el oído, aun cuando revisaba que estos asesinos no hubieran dejado ninguna bomba sorpresa desagradable en alguna parte de su casa.
Nagai movió al cabeza, incrédulo.
— ¿A qué te refieres, Will-San? Me harás añicos con un solo golpecito...
— No me refiero a entrenar de ese modo. Sino a que tengas mi tutela...
— ¡...!
El chico tuvo breves momentos de pánico.
¿A eso se refería?
— Pero...yo...
— No me importaría tener un aprendiz.
— Pero...talento no tengo.
El moreno le dio una risa corta, revolviendo su cabello.
— Además de tener mucha fuerza, no tengo talento para nada más. Entrenar duro hizo la diferencia. ¿tú estás dispuesto a ello?
— ¡C-Claro que lo estoy!
— ¿Entonces porqué dudas?
— Ah...es que yo...
Miró la espalda inmóvil de Freihet.
Sonrió resignado
— Aunque la oferta suena tentadora, prefiero quedarme con senpai.
— ¿Aunque aprendas lento y casi no te enseñe nada?
— Aun así, me gusta aquí. Quizás no me enseñe igual de rápido que otros, pero lo hace. Eso me basta...
Dándole un susurro al oído, añadió divertido.
— Además, me daría lástima dejarlo viviendo solo como un ermitaño...
Los ojos de él se colorearon de insulsa tristeza. Se llevó la mano al cuello.
— Veo. Qué lástima. Me habría gustado tener a alguien diciéndome “maestro” o algo así.
— Dudo mucho que un chico suene tan bien como una chica...
Nada podría ser igual al llamado de una linda chica que tuviera un gran respeto por su maestro. No le cabía que un chico pudiera ganarle a eso.
Pero Will difirió. Tocó su barbilla.
— Bueno, hay cosas que ambos tienen en común...
“Como esta reacción...”
¿...?
Nagai sintió un empujón en medio de su espalda, haciendo presión después hacia su pecho más adelante...
Tuvo la sensación de estar flotando, de tener su respiración trabada en medio de un intento ahogado de hablar...
Freihet quedó inmóvil, a punto de desencajar sus ojos fuera de sus orbitas. Todo lo demás quedó en segundo plano.
— ¿Eh?
Nagai, mirando abajo, encontró un brazo cubierto en sangre sobresaliendo de su pecho...
Will, sonreía desde su espalda.
— Las caras de sorpresa suelen ser las mismas sin importar el sexo...
Le susurró al oído, sacando su mano.
— ¡...!
Se sintió vacío... Se derrumbó hacia adelante. Sangre se desbordó de su boca...
El tiempo volvió a fluir.
— ¡NAGAI!
— ¡Oh, qué ímpetu!
Will fue derribado por un haz de luz púrpura. La mitad de la cabaña cayó con ese ataque...
En medio del polvo y los escombros esparcidos, Freihet recogió rápidamente el cuerpo de Nagai.
Lo sintió más pesado. No tenía la fuerza para sostenerse a sí mismo.
Su frente sudó, al igual que sus manos.
— ¡Nagai, nagai, Nagai...!
Abofeteó sus mejillas suavemente, buscando reanimarlo.
— Ng...
La boca de Nagai expulsó sangre oscura... Su pecho abierto mostraba sus costillas rotas y parte de sus órganos dañados...
Sus ojos brumosos no podían ver nada. Apenas se sentía vivo.
El agarre tembloroso sobre su cuerpo le indicó de quien se trataba. Lamentó no poder hablar...
A Freihet se le trabó la garganta... Incapaz de hablar, tembló, sintiendo sus manos débiles...
— No pensé que podrías hacer una cara así, Freihet-San... Una cara tan emotiva y triste...
—...
Del polvo emergió Will. Tenía las entrañas lastimadas y parte de su piel quemada, pero aún estaba vivo.
Le dio una mirada lastimera a Nagai, junto con una sonrisa flexible.
— A decir verdad, no pensaba hacer eso...
Rascó su cabello, como quien pide disculpas por un error pequeño.
Freihet no consideraba nada de esto pequeño.
Will miró la sangre de su brazo.
— Su expresión de antes me tentó lo suficiente para perder el control de mi cuerpo... Para cuando me di cuenta, ya había atravesado su pecho...
Lamió la sangre de su dorso. Freihet pensó en cortar esa lengua...
—Se suponía que te matara a ti, no a él... Realmente no sirvo para seguir órdenes...
—...
La mandíbula de Freihet se apretó. Nagai se sentía frío...
— ¿El rey te envió?
Inquirió con pausa. A estas alturas casi no se acordaba del rostro de aquel hombre.
Los hombros de Will se movieron de arriba abajo.
— Sí. Quería que consiguiera tu confianza, para luego asesinarte cuando bajaras la guardia.
“Pero cómo pudiste ver, me dejé llevar antes de tiempo...”
—...
Unos dedos rozaron el chaleco de Freihet. Apenas lo tocaron, dejando un camino de muerte detrás.
Miró sus ojos abrumados por la oscuridad.
Sintió su latir descender...
Su pulso atenuarse...
Su temperatura enfriarse...
Sus respiración detenerse...
También...como falleció en sus brazos...
—...
Nagai...murió.
Realmente...murió.
Su aprendiz murió...
Con él de testigo.
Freihet lloró.
Cuando sacó su espada, lloró.
Cuando arremetió contra Will, lloró.
Cuando destrozó cada hueso y cortó sus brazos, lloró.
Cuando finalmente atravesó su cabeza cientos de veces con su espada, lloró.
Cuando todo yacía bajo un mar de llamas oscuras, lloró...
Cuando volvió a abrazar su cuerpo frío, lloró...
No paró de llorar durante mucho tiempo.
(...)
Marchó de vuelta al reino.
Entró a la sala del trono, matando a toda persona que se cruzara en su camino. Sus ojos no veían nada realmente, estando todo bajo una cortina oscura que ocultaba rostros de hombres y mujeres.
Los chillidos del rey se oyeron como los de un cerdo. Los de su esposa como los de un ave siendo desplumado, y los del resto como de ratones siendo aplastados...
Ninguno fue agradable...
Pero se sintió mucho mejor que los gritos de los monstruos...
Cada muerte solo encendía más su ira, su rabia, su culpa, su remordimiento...
No se detuvo durante un tiempo. No dejó que nadie emparentado con el rey quedara vivo. No paró en detalles.
Para cuando la cortina de su vista se abrió, yacía en un castillo lleno de cadáveres y sangre por doquier.
El olor le causó náuseas...así como algo de placer.
Causarles dolor fue divertido.
Imaginar a Nagai sufriendo causaba que el ardor aumentara. También que su crueldad creciera y ardiera como una hoguera.
No era suficiente.
Estaba lejos de serlo.
Su pecho aun ardía.
Sus ojos ardían.
Su alma rogaba por más dolor. Más castigo.
Algo que calmara este fuego insoportable.
Nagai...
Tocó sus lágrimas... sintiéndolas frías...
Si me vieras ahora, ¿te causaría miedo?
¿O fingirías sonreír, al igual que cuando me veías matar monstruos?
Nadie respondió su pregunta.
La persona de la que quería obtener su respuesta ya nunca le volvería a hablar.
(...)
5 años pasaron.
Se apoderó del poder, tal como ese rey temía.
Toda persona que se opuso murió bajo su mano. No temía hacer una demostración instantánea ante cada queja. No es que se sintiera culpable de nada.
Literalmente no podía sentir nada excepto remordimiento.
Lo encubría de momento cada vez que hacer derramar sangre. Esos segundos de distracción se volvieron parte de su desdichada vida de rey.
No existía acción que él no aprobara. Todos debían seguir su orden, hasta la más mínima.
Le temían.
Le tuvieron miedo.
Como un monstruo que los esperaba bajo la cama para devorarlos en cuanto durmieran...
No era muy diferente...
Solo qué él no esperaría a que cerraran los ojos para masticarlos...
El héroe terminó volviéndose un villano. Muy similar al rey demonio que una vez asesinó en nombre de la justicia.
¿Aparecería algún héroe en algún momento para hacerle lo mismo?
Se aseguró de que no pudiera ocurrir tal cosa.
Destruyó los documentos donde aparecía el hechizo de invocación. Asesinó a los magos responsables de traerlo, además...
No dejó a nadie con ese conocimiento.
Nadie más vendría a salvarlos...
Si querían librarse de su yugo, tendrían que luchar ellos mismos.
Por supuesto, no se los hizo fácil.
— Informe...
Sentado en el antiguo trono de ese hombre, le pidió el informe a su secretaria Eulis. Ella acomodó sus lentes de botella y pasó a dar su informe semanal...
Recostado perezosamente en su mano, la oyó sin mucho ánimo:
— Según el informe, los esclavos que pidió ya están aquí...
— ¿Esclavos?
Hizo una mueca de confusión.
¿Qué esclavos?
Eulis carraspeó.
— Señor, hace poco mató unos sirvientes que intentaron hacerle un golpe de estado, por lo que nos quedamos cortos de personal...
— Ah, eso...
Esos tontos intentaron matarlo y alzar una revuelta en contra de sus aliados. Lástima que los descubrió temprano, y acabó con cada uno de ellos en menos de una hora.
El problema radicó ahora, en el gran número de sirvientes que lograron disuadir.
Tuvo que ordenar otro lote de esclavos para cuidar del castillo. Él no lavarías los platos...
— Los esclavos ya están para ser revisados. ¿Quiere verlos ahora?
Nadie sería contratado sin el visto bueno del rey. Así era todo aquí.
Freihet movió la mano.
— Traerlos.
Eulis asintió, dando un silbido a la persona encargada de afuera. Las puertas se abrieron, dejando pasar un grupo variado de personas.
Unas diez personas de distintos tamaños y sexos vinieron y se pusieron en fila. Tenían cadenas y grilletes en manos y tobillos.
Aun así, no estaban mal vestido.
Estos esclavos no eran para trabajo físico.
Eran personas preparadas y de buena educación, que por X razones terminaron bajo la mano de esclavistas que los vendían como esclavos para servicio de otros.
Él miró sus rostros.
Tenían miedo de él, un hombre que tenía sangre de miles en sus manos... Más, después de saber la masacre de sirvientes que tuvo lugar en este mismo castillo.
Era de esperar...así debía ser...
No podía esperar nada más que miedo. Miedo que el mismo sembró desde que tomó el mando...
Su mirada siguió sin mucho interés...
— ¿Eh?
Boqueó, sin aire.
En medio de esa gente desconocida y de rostros borrosos, encontró algo...
A alguien...
Su cabello era más largo, sostenido en una cola baja y delgada.
El color seguía igual.
Pero su ropa ya no era la de un estudiante...
— ¿...?
Éste entornó los ojos, brincando cuando lo vio caminar hacia él.
Todos pensaron que esa expresión era de ira, de odio...que ese sirviente no viviría para ver un mañana.
Pero Freihert desestimó todas sus expectativas, tomando los hombros de esa persona.
El calor a través del contacto le dio un cosquilleo a sus manos.
— ¿Nagai?
Ronroneó su nombre, incrédulo.
Nagai brincó, torciendo el rostro.
Sus hombros eran más delgados, pero...era él.
Era...Nagai...
Su razonamiento perdió. Su lógica se fue al traste.
Tenerlo respirando en sus manos fue suficiente para hacerlo olvidar donde y con quienes estaba.
Lo sostuvo en sus brazos, abrazándolo fuertemente.
El latir del su corazón le dio calma, algo que no había tenido dese hace 5 años.
Todos quedaron en shock. ¿Qué pasaba aquí?
Nagai por su parte, estaba que se orinaba de miedo.
¿¡Pero qué diablos pasa aquí!? ¿¡Por qué me llama así!? ¿¡Quién es Nagai!?
¡Su nombre no era Nagai, era Sieg!
¿Era un nuevo tipo de acoso mental...?
¡No entendía absolutamente nada de lo que pasaba!
Eulis tragó saliva, abriendo sus manos.
— ¿Su majes-
— Encárgate del resto.
Freihet se desentendió de todos los demás, llevándose a Nagai. A los pocos sirvientes que quedaban, les ordenó que preparan una sala solo para él, una sin ventanas.
Apenas la tuvo lista, la hechizo para aislarla del exterior, que ningún sonido saliera ni entrara...
Colocó a Nagai adentro...
Momentos después de cerrar la puerta, le sonrió.
— Nagai...
— ¡...!
Intentó darle otro abrazo, pero el chico lo apartó, aterrado.
Pero Freihet parpadeó.
— ¿Estás avergonzado?
— ¿Eh?
Freihet abrió los brazos queriendo tomarlo de nuevo, pero Nagai se apartó por segunda vez.
Se colocó detrás de una silla, temblando.
— ¿¡Q-Qué pasa contigo!? ¡No soy ningún “Nagai”! ¡Soy Sieg! ¡No sé a quién te refieres, pero no soy yo! ¡Te has confundido de persona!
Se rio.
— ¿Dices que tener su cabello más largo te ha hecho otra persona? Para mí sigues igual, Nagai...
— ¡Que me llamo Sieg!
— ¿Ese es tu apodo? Te queda bien...
Señaló lo demás, ignorando sus labios presionados con fuerza...
— Aquí hay cocina, así que puedes cocinarme...
— ¿¡...!?
¿¡Ahora qué era esto!?
¿Quería...que le cocinara?
Pero todo el mundo sabía que el rey odiaba comer de otros. Se limitaba a comer comida hecha por él o cosas simples y sin sabor.
¿Ahora le pedía cocinar...para él?
— ¿Q-Quieras que sea tu chef personal?
Freihet dio una mirada complacida, negando.
— ¿Qué? No.
Ah.
— Es solo que...extraño las comidas que haces... Me gustaría probarlas de nuevo...
— ¿Qué?
Esto se hizo más extraño. ¿Por qué hablaba en pasado?
- P-Pero yo no...yo no te conozco...
El rey dio una risa jocosa, nada propia de su rostro oscuro.
— Eso es imposible. ¿No recuerdas cuando fuiste invocado por error y te quedaste a vivir conmigo?
— ¿Eh?
— ¿O cuando te enfermaste de fiebre por bañarte con agua fría?
— ¿Qué?
— ¿O cuando apareció ese bastardo y te atravesó el pecho?
Su sonrisa desapareció. Sus ojos brillaron en blanco, dando un toque oscuro a todo lo demás.
Tocó su pecho, delineando el lugar donde estaría su corazón. Debajo, la piel se puso de gallina.
— Aquí no hay ninguna herida. Menos mal. Tampoco queda ninguna cicatriz... ¿Exactamente cómo lo hiciste?
Apartó su mano, muerto de miedo.
Freihet se rio.
— No entiendo por qué estás temblando.
“Si estoy de buen humor...”
¿Realmente no veía la realidad?
— Aquí nadie vendrá a lastimarte. Nadie aparte de mi puede entrar. Tampoco puedes salir...
— ¡...!
Eso que dijo... ¿¡Estaba encerrado!?
— Por supuesto, traeré todos los ingredientes que me pidas...
¿Qué demonios...?
— Si hay otra cosa que quieras, solo pídemela.
— Quiero...quiero salir...quiero irme...
Rogó, negándose.
— Lo siento, no puedes irte. Me sentiría muy solo si te vas.
Frotó su cabello. El otro tembló debajo. Pero este fingió no notarlo.
Estaba demasiado feliz par hacerlo.
— Te extrañé mucho, Nagai.
—...
— Nunca pensé que podría volver a verte...
“Ahora no te dejaré ir...”
Ese susurro heló los huesos de Sieg, enterrando estacas de terror en cada parte de él.
Él...estaba atrapado.
Fue atrapado por un psicópata.
(...)
Nadie entendía que ocurría con el rey oscuro.
Estaba de buen humor, canturreando.
Se corrió el rumor de que se llevó un chico personalmente de los sirvientes, a quien aisló en una habitación sin ventanas y sin acceso para nadie además de él.
Lo más extraño, fue que nada de esto fue hecho con mala intención.
El rey no hizo nada de esto para castigarlo o torturarlo. Por lo que sabían, pidió una habitación llena de lujos, lo suficientemente grande para tener viviendo allí unas 20 personas y dejar espacio sobrante.
En otras palabras, esta persona era especial para él. Al punto de no querer que nadie más lo mirara.
Pronto se dio a entender que era su concubina...
Nadie lograba dar una descripción precisa de él, dado el poco tiempo que tuvieron para verlo antes de que el rey se lo llevara como si temiera que se lo quitaran.
Algunos decían que era extremadamente bello, casi como una sirena...que cautivaba a hombres y mujeres...que logró seducirlo con una sola palabra y una sonrisa...
La gente era especialmente buena para crear rumores.
(...)
Sieg tenía miedo.
¿Cómo llegó a esto?
Fue vendido por las deudas de su familia, quienes pensaron que venderlo arreglaría sus problemas.
Cuando fue traído al castillo como posible sirviente, pensó que mientras hiciera su trabajo, al menos podría vivir decentemente... no es que el rey matara porque si... si no era tentado, no hacía nada.
Pero al mirarlo, sus ojos cambiaron.
El aburrimiento lo abandonó, y dio paso a una fría obsesión.
Fue abrazado por dicha obsesión.
Encerrado como un pájaro sin alas.
Y amado obsesivamente como una espada valiosa.
Se abrazó, temblando.
Él venía todos los días, pidiéndole comida.
Le daba una mirada de cachorro, dándole absoluto terror.
No entendía de qué Nagai hablaba él, ni por qué parecía añorarlo tanto ¡pero no era él!
¿De quién hablaba exactamente?
¿Quién era Nagai? ¿Y por qué lo apreciaba tanto? ¿Qué parte tenía él que ver con todo lo que le estaba pasando?
¿Habría sido diferente si realmente estuviera aquí, en su lugar?
La puerta se abrió. Sus hombros saltaron. Supo quién era.
— Buenos días~...
Su afectuoso saludo le hizo tragar saliva. Se arrinconó más en una esquina.
Freihet apareció, dándole una cálida sonrisa a primera hora de la mañana.
— ¿Aun no has preparado nada? ¿Sigues sin estar de humor?
—...
Al acercarse más, Sieg sintió un deseo de desaparecer.
Bien podía romperlo con apenas unos dedos... No necesitaba hacer mucho para desgarrarlo parte por parte si quería...
— ¿Nagai?
Freihet lo miró, preocupado.
— ¿Qué sucede? ¿Estás de mal humor?
—...
— ¿Hay algo que te moleste...?
—...
— Ah...
Llevó una mano a su mentón. Asintió solo.
— Ya veo. Eso debe estar molestándote desde el principio...
— ¿...?
Se puso de pie, con algunos minutos de retraso. Los pelos de Nagai se erizaron al ver “iluminarse” su atractivo rostro.
— No te preocupes, Nagai. Me encargaré de arreglarlo cuando antes.
¿Arreglar? ¿Arreglar qué?
No entendió de qué hablaba.
Freihet se marchó, dejándolo honestamente confundido. ¿No podía ser más claro?
Horas después, lamentó no haber entendido a qué se refería.
Freihet lanzó al suelo una bolsa. Un sonido seco y húmedo resonó. Del interior brotó un olor que Sieg reconoció.
El mismo olor de cadáveres recientes.
Freihet abrió la bolsa, revelando un montón de cabezas humanas.
Enmudeció de horror.
¿Qué...?
Freihet le dio una mirada feliz.
— ¿Las reconoces?
¿Qué si...las reconozco?
Freihet, llegando a su lado, le movió el rostro de vuelta al contenido de la bolsa. Sieg no tuvo más opción que mirar...
— ¡...!
Tuvo destellos de reconocimiento.
Freihet le susurró al oído:
— Son las personas que te compraron...
Se le cerró la garganta, reconociendo el rostro regordete del hombre que lo compró por 500 monedas.
— También está la persona que te maltrataba...
El encargado de la disciplina...
— La mujer que siempre te alimentaba con basura...
“No me olvidé de su esposo, quien te gritaba todos los días...”
Le contó de otros más, pero sus oídos yacían bajo agua, volviendo borroso cualquier sonido que entrara.
— Excavé cada detalle de las personas que te trataron mal... Nadie se salvó, por supuesto...
Le sonrió, tomando su hombro.
— Ahora solo queda buscar a quienes te vendieron. ¿Me darías alguna pista?
¿Qué?
En medio de su preocupación, lo miró.
No encontró humanidad dentro de sus ojos...
No, se equivocaba...
El destello de humanidad que vio yacía bajo un mar espeso de oscuridad...
Quería saber quiénes lo trataron mal para hacerles pagar.
Lógicamente, lo entendía.
Solo lógicamente.
Preguntó quienes lo vendieron. Eran sus padres...En casa también dejó hermanos y hermanas...
Si él los encontraba...
— ¿Ninguna palabra? Bueno, puedo buscar por mi cuenta, no tengo ningún problema...
Intentó llegar a la salida, pero Sieg despertó.
— ¡No!
Cogió su chaleco, temblando.
— ¿...?
— N-No importa...
“No importa quienes me vendieron... No...no les tengo rencor...”
Freihet le sonrió.
— Siempre tan amable. Pero no puedo dejar esto así. Deben pagar.
N-No...
Necesitaba hacerlo desistir. Algo que lo distrajera de esto...
Ah...
— F-Freihet... ¿Te...te...
“...gustaría comer...algo?”
Dijo, al borde del pánico y fingiendo una sonrisa.
— ¡...!
Los ojos de Freihet se ensancharon. Se olvidó de la bolsa y de masacrar personas.
— Co...cocinaré algo... ¿Vas a querer?
Fue lo único que se le ocurrió decir, por más tonto que sonara.
Pero irónicamente, funcionó.
Freihet tomó asiento, como un perro obediente. Le sorprendió verlo olvidarse de sus ansias asesinas tan rápido.
¿Tan pronto logró olvidarse?
Sigamos con esto...
— ¿Algo en específico?
— Cualquier cosa que traigas, la comeré.
Si te trajera veneno mortal, ¿te lo beberías, entonces?
Lástima que no tenía veneno para probar. Tampoco tenía las agallas necesarias.
Preparó algo tan rápido como pudo, temiendo que la tardanza lo hiciera incurrir en ira.
Afortunadamente, no lo apuró, sino que esperó pacientemente a que terminara.
Trajo rápido la comida, temiendo desagradarlo. No sabía qué comidas le gustaban, así que probó un poco de todo.
—...
Freihet le dio una larga mirada a la comida servida, parando su corazón unas cuentas veces por la espera.
Finalmente, tomó un cubierto, y empezó a comer. Sieg tenía el corazón en la garganta, latiendo como loco.
¿Lo mataría si el sabor no era lo que esperaba? Tampoco era un experto cocinando, solo algo bueno...
¿Le cortaría un dedo por cada queja? ¿Lo azotaría hasta hacer sangrar su espalda?
— Ng...
¿Eh?
Pasó algo que ciertamente no esperaba.
Al comer, lágrimas escaparon de los ojos de Freihet.
Lágrimas de verdad.
Él...no estaba preparado para algo como esto.
Freihet comenzó a comer lento, aumentando la velocidad con cada bocado que tomaba.
Parte de sus lágrimas cayeron en la comida. Él siguió comiendo como si su vida dependiera de ello...
Sieg parpadeó. No lo entendía.
Antes parecía un asesino despiadado; ahora parecía alguien completamente diferente.
Miró la bolsa, teniendo escalofríos.
— F-Freihet-Sama.
— Frei-Senpai.
Corrigió concentrado en comer sin pausas.
¿Así quería que lo llamara?
Bueno, no tengo voz, ni voto en esto.
— F-Frei-Senpai… ¿Podrías llevarte eso?
“¿Y no buscar a quienes me vendieron?”
— ¿No quieres venganza?
Al menos ahora optó por hacer una pregunta. La comida mejoraba su ánimo a un nivel alarmante...
— No... Estoy bien así...
No quería que asesinara a su familia, aun haya sido vendido por ella.
Freihet dio una breve pausa, pero continuó, como si eso zanjara el asunto.
— Está bien.
Siguió comiendo en silencio, disfrutando cada bocado.
Nagai no probó comida. No se sentía a gusto con esa bolsa llena de cabezas en medio de su habitación y el olor fresco de la sangre.
¿Realmente pensó que su humor mejoraría si mataba a todos los implicados?
Negar su realidad provocó que personas murieran. No todos eran buenas, pero prefería no ser culpable de ninguna muerte...
Necesitaba acoplarse, o más personas podrían salir heridas por su culpa...
Y él ciertamente no quería eso.
(...)
Como prepararle comida lo ponía de buen humor, decidió complacerlo tanto como pudo. No entendía como alguien tan desconfiado y apático como el rey oscuro podía comer de su comida sin dudar.
Es decir, podría haberle puesto hojillas o algo...
Pese a que además de las herramientas de cocina, no tenía nada más que pudiera considerar un arma dentro de su aposento.
— Tu sazón no ha cambiado nada. Es la misma de siempre...
¿Lo era?
Debería haber diferencias. Eran personas diferentes. Sus nombres ni siquiera eran parecidos.
Sin embargo, él seguía tratándolo como si fuera esa persona.
Le preocupaba. ¿Sus caras eran en verdad tan parecidas?
Nació de una familia bastante pobre. Cuando tenía 15, el rey actual fue asesinado por Freihet, junto con toda la familia real. No tenía relación alguna con éste antes de ahora... Como su lugar de nacimiento era una ubicación lejana para los demonios, nunca tuvo la visita salvadora del héroe, así que nunca vio su cara realmente...
Hasta ahora, pero no como un héroe, sino como un tirano.
Cuando note que no soy Nagai, ¿me matará, o me dejará libre?
Conociéndolo, probablemente lo primero.
Trago saliva en seco, colocando para él otro plato de arroz. Él lo comió felizmente.
Si tanto quieres que alguien te cocine, búscate una mujer...
— Ah, cierto.
Dejando de comer por un momento, uno bastante efímero, buscó entre sus ropas reales...
Sacó una pequeña pieza de ajedrez, un peón con algunos signos de envejecimiento...
Parpadeó.
¿Qué hacía llevando una pieza de ajedrez?
Un juego que, según sabía, a él le gustaba mucho.
La pieza era pequeña, siendo de madera tallada, algo tosca en los bordes...
Pero Freihet la miró con cariño.
— La guardé durante todo este tiempo... El resto...el resto se quemó, lo siento.
— ¿...?
¿Qué demonios?
Sonrió incómodo.
— No hay problema.
— ¿Quieres continuar haciendo las otras piezas?
¿Qué o qué?
— No soy buen tallando.
— No me importa esperar... Aún no hemos jugado una partida...
Cierto...
Aunque distribuyó el juego por todo el territorio, y trajo otros juegos de mesa, nunca se le vio jugando el juego que tanto se esforzó en hacer conocer. Muchos no entendían por qué tenía esa fijación, ¿tenía algo que ver con este Nagai?
— Eh... Frei-Senpai...
— ¿Sí?
— ¿No...No puedo salir de aquí? Al menos...tener una habitación más libre...
El cubierto fue doblado. Cayó fuera de la mano de Freihet.
El negro de sus ojos fue cubierto por un brillo blanco.
— No.
— Ng...
— Afuera es peligroso... Hay gente que puede hacerte daño...
“No dejaré que te maten otra vez...”
—...
— ¿O es que piensas huir de mí...?
Siseó, sin perder de vista su nerviosismo.
Miró abajo, temblando.
— N-No... Nada...nada de eso.
Freihet tocó su hombro, sintiendo su temblor.
— ¿Por qué tiemblas? No te haré daño...
No me digas...
— Lo único que quiero es protegerte... Aquí estás a salvo. Yo me encargaré de que siempre sea así...
¿Hasta que muera?
— Así que no pienses en salir. Tampoco te dejaré hacerlo.
Dejó de tocar su hombro, pero no sintió más alivio.
Freihet se puso de pie, dando un vistazo a la habitación.
— Si necesitas alguna cosa, puedo traértela. Mientras no pidas salir, ni la compañía de alguien más, estoy bien con traerte lo que sea... Si alguien te molesta, también puedes pedirme que lo mate...
“No tengo escrúpulos para matar, después de todo...”
Se marchó, dejándolo solo.
Se echó contra la pared, respirando entre jadeos.
No tengo escapatoria.
Él no me dejará ir.
Está obsesionado conmigo. Todo por ese bastardo de Nagai que murió en algún momento de su pasado... ¿Por qué debo pagar por él? Yo no hice nada para tener esta cara...
¿Por qué simplemente no se olvidaba de ese Nagai de una vez por todas? ¿No llevaba años muerto?
Vio su reflejo en el espejo...
Tocó su rostro. Su piel pálida...
Esta cara le provocó todo este problema. Si tan solo no la tuviera...
Si me la cortara, ¿él dejaría de mirarme como su querido Nagai?
Miró el cuchillo de cocina a un costado...
Sus dedos rozaron el mango, pero se cerraron al segundo siguiente.
Apartó los ojos.
— No puedo...
Era cobarde. Nunca podría hacerse tal cosa. No era Ren Dover, alguien capaz de desfigurarse...
¿Qué se supone que haga?
Apretó los puños, mirando todo a su alrededor...
Yo...necesito adaptarme...
Si no lo hago, bien podría morir antes de tiempo...
Freihet ha demostrado no dar lugar a mi libertad...pero parece estar bien con todo lo demás...
Debería...debería verle el lado positivo.
Ahora no tendré que trabajar...
—...
Pff...
Eso que pensó ahora sonó como una broma. Una broma estúpida. Fue tan malo que le causó risa....
Lavó su rostro, limpiando el terror y la desesperanza que acababa de sentir hace poco.
Necesito ser positivo...
Si caigo en desesperación ahora, moriré con ella...
La situación no podía cambiarla...pero la reacción a ella, sí.
No dejaré que me controle. No dejaré que me intimide...
(...)
— ¿Cuántos encuentros habrá hoy?
Preguntó, aburrido en su trono de oro. Eulis contestó profesionalmente.
— Los de siempre, su majestad...
Ack... Entonces tendría que reunirse con 10 personas, como mínimo. ¿Cuánto tomaría eso?
— ¿Seguido?
— ¿Sí?
— Necesito una pausa para comer.
—...
Con comer, se refería a...
Va a ir a ver a su novio, ¿verdad?
La secretaria no mostró sus pensamientos sobre sus rasgos inexpresivos. Vivió hasta ahora gracias a esa cualidad.
No era ajena a los rumores que circulaban por allí. Era el tema candente del momento.
El rey más frío de todos, quedó flechado por un chico de belleza tentadora, encerrándolo para tenerlo expresamente para sí mismo.
Una historia así vendía, así fuera mentira.
— Está bien. ¿De cuantos minutos hablamos, exactamente?
Para su descanso para comer...
— Media...no, hora y media.
— Veo...
Necesita desahogarse un rato considerable...
Freihet se apoyó en su mano, pensando...
Es el tiempo que Nagai usa para cocinar...
Casi siempre, al menos.
Aunque tenía la autoridad para decirle que cocinara de antemano, prefería, por mucho, estar mientras preparaba la comida.
Le recordaba a los viejos tiempos...
(...)
Nagai miró la hora.
— ¿Por qué demonios tarda tanto?
Como tal, no le molestaba que tardara.
Le molestaba el sonido de su tripa hambrienta, la cual, gritaba desde hace rato “Aliméntame, bastardo”.
No podía empezar a cocinar, hasta que él viniera.
Pateó un cojín, dejándolo rebotar contra la pared.
— ¿¡Acaso no puedo ser independiente ni siquiera de eso!? ¿¡Mi libre albedrío es inexistente para ti!?
¿También debería después aceptar su vigilancia mientras se bañaba?
Tembló al imaginarlo.
Eso no sucedería, ¿verdad?
— N-No empezará a acosarme sexualmente tampoco, ¿cierto?
Su relación con ese “Nagai” no era de ese tipo, ¿verdad?
— Sigo siendo virgen. ¡No quiero morir sin haber tocado una chica!
¡Mucho menos ser tocado por un chico!
Pero...
¿Y si ese tipo estaba torcido?
Tragó saliva.
Era algo que debía descubrir...
Oyó la puerta abrirse. Debió llegar para el almuerzo.
— Lamento la tardanza. Ese viejo no paraba de hablar...
Freihet tomó asiento, cambiando su estado de ánimo al llegar...
Nagai lo miró.
— ¿Algo que desees comer hoy?
— Cualquier cosa que me des...
—...
Eso sonó muy gay...
No, cálmate... Aun debo probar más cosas...
Decidió cocinar algo de pasta para hoy. Empezó los preparativos. Oyó a Freihet tararear mientras leía un informe en su mano.
Si realmente está tan ocupado, ¿por qué no me deja cocinar de antemano?
Pero no, a juro quería verlo hacer todo desde cero.
— Frei-Senpai, está bastante ocupado, ¿verdad?
— No mucho.
Dijo, firmando algunos papeles allí mismo.
¿¡Crees que soy estúpido!?
— Si la carga de ser rey es muy pesada, ¿por qué no conseguir una ayuda idónea para ayudar?
Como una esposa, de paso.
— Mi secretaria me ayuda.
Eso no era a lo que me refería.
— ¿De verdad? ¿Qué hay de una posible esposa? Eso facilitaría algunas cosas...
Freihet arrugó el entrecejo. Su humor oscureció tanto como un cabello.
— No confío en las mujeres... Ellas mienten y solo buscan su propio beneficio...
¡Oh, Dios mío, eso es lo que diría un gay! ¡Un gay misógino, además!
— No todas las mujeres son malas. De hecho, desearía una...
— Supongo que sigues siendo virgen...
— ¿¡...!?
Casi resbala en la cocina.
¡Esa pregunta sonaba aterradora! ¡Lo estaba asustando!
Fingió normalidad, ya temblando un poco.
— Ah, jajaja... Sí. ¡Pero no será para siempre...!
— No traeré mujeres aquí.
—...
No lo dije por eso...
— La única persona que entra aquí, soy yo. Nadie más vendrá...
—...
Empezó a sudar.
Eso...eso sonaba aun peor.
¿Dices que si quiero dejar de ser virgen, eres el único candidato?
Esto...le daba mucho miedo. Mejor dejaba de hacer preguntas.
(...)
Quiero salir...
Llevaba varios semanas que no veía el sol, y lo extrañaba. A este paso quedaría blanco como una sábana recién lavada.
Tampoco le parecía saludable no salir durante tanto tiempo.
Y su única compañía era él...
Ese lunático...
Miró el techo, el cual parecía similar al de un palacio...
— Si no puedo salir, al menos quiero algo de compañía normal...
Además de la presencia de Freihet, quien aparecía todos los días sin falta para comer.
Al otro día...
— ¿Quieres una mascota?
— Sí.
— Pero...
— Solo un pequeño animalito. No hará daño, y me siento solo...
— ¿Por qué te sientes solo si vengo todos los días? Debería venir más a menudo. ¿Quizás dormir aquí?
¡Oh, todo menos eso!
¡No quería escalar ese muro!
— ¡N-Nada de eso! ¡M-Me agrada mucho recibirte a la hora de comer...!
El entrecejo de Freihet se relajó. Buena recepción.
— Es solo que pensé que un pequeño animalito le daría color a este lugar...
—...
Freihet meditó.
Primero que nada, no quería compartir a Nagai con nadie.
¿Y si ese animal terminaba lastimándolo?
Un perro o un gato podrían traer enfermedades. Nagai era delicado, podría morir por alguna infección o enfermedad desconocida.
Sieg tragó saliva, trayéndole a la cara una corte de manzana.
—...
El pelinegro abrió la boca y lo recibió, probando la dulzura. Nagai le dio otro corte...
— No te pido nada grande... Me basta con que esté vivo... No tiene que ser un perro o un gato. Tú puedes decidir...
Lo alimentó mientras le daba su petición. Freihet masticó lentamente... Su mente comenzó a inclinarse a favor de él...
Al día siguiente, le trajo la mascota que pidió.
(...)
— ¿Qué es esto?
— Un pez luna de las cuevas subterráneas de Ener.
¿Y eso qué diablos significa? Ni siquiera sé en donde es...
Miró el pequeño pez flotante, el que tenía una cara en blanco. Era blanco, y levitaba en la palma de Freihet. No medía más de 5 centímetros de largo.
— Busqué muchas opciones y la más segura me pareció esta. No te hará daño, y tampoco es muy lindo...
¿No muy lindo?
Cualquier cosa pequeña era linda...menos los bichos, claro.
Pero él parecía pensar que así lograría darle la mascota, mientras monopolizaba su afecto.
¿Qué diablos pasa por esa cabeza?
Como no podía preguntar si existían otras opciones, tomó al pez. Le acarició la cabeza. El pequeño tiró una burbuja de su boca.
Movió sus pequeñas aletas...
Le pareció adorable, aun en contra de la afirmación reciente de Freihet...
Sonrió.
— Gracias, Freihet...
—....
Ah.
— Ah, lo siento...
Era Frei-Senpai... Ni más ni menos...
Freihet sonrió.
— No... No me importa si también me llamas por mi nombre...
— ¿...?
¿Él podía sonreír así?
¿Sin parecer un loco desquiciado?
Freihet miró el pez, el cual fue acariciado hasta ahora y se frotaba contra el dedo de Nagai.
Apenas llevaba unos segundos, y ya le tenía celos.
(...)
Terminó llamando al pez luna, Loon.
Loon masticaba cualquier cosa, no era quisquilloso con nada que le ofreciera, además de portar un buen apetito.
No perdía pelo, y no necesitaba muchos cuidados, así que fue fácil de cuidar.
El problema fueron los celos de Freihet.
Cada vez que venía, pasaba el 70 por ciento de la hora mirando al pez, que casualmente también tenía un plato a la mesa.
A veces parecía querer aplastarlo contra la mesa, freírlo en un sartén, picotearlo con agujas...
— ¿Cómo ha ido el reino últimamente?
Dado que no salgo ni he recibido ninguna noticia aquí...
— Bien.
¿¡Solo eso dirás...!?
— Vamos a redecorar la sala del trono. ¿Alguna sugerencia?
Ah...
¡Eso es insustancial! ¿¡A quién le importa de qué color vas a poner el tapiz!?
Respiró hondo, sabiendo que no le ayudaba enojarse con él.
— Uh, no sé, ¿qué tal algunas floreros para decorar? El lugar se ve bastante deprimente...
Se mordió la lengua al segundo siguiente. Habló de más, y sin pensar.
¿Eso no lo ofendería?
— ¿Lo es? ¿El color negro es deprimente?
Sí, lo es.
— C-Claro que no. A-Adoro el color negro, y pega con muchos estilos, pero creo que combinarlo con otros contornos ayudará a que se vea aún mejor...
— ¿Es así?
El pez terminó su comida, y se acercó a su plato para recoger de ella... Él prensó un dedo y lo envió a otro lado.
El pez triste, se acercó al plato de Sieg. Él no tuvo problema en dejarle comer...
—...
Vio a Freihet apretar su cubierto... Se dobló bajo sus dedos...
¿Cuál es tu problema? ¿Cuál es el punto de tenerle celos a un pez?
— También me gustaría algunas flores para cultivar aquí, si no es molestia...
— Hmm. Hoy mismo las traeré.
— Gracias.
— No es nada. Si quieres algo, o deseas deshacerte de algo molesto, no tendré quejas es ayudarte...
No te estarás refiriendo a Loon, ¿verdad?
(...)
El viento acariciaba el monte en medio del amanecer... La luz era escasa. La presencia de humedad era notable.
— Prrr, hace mucho frío a esta hora. ¿No sientes nada al salir sin nada más que esa camisa, Senpai?
— No, realmente.
— Eres un monstruo. Mi uniforme es de invierno, y casi no me ayuda...
Se quejó Nagai, mirando el indicio de sol en el horizonte.
— ¿Puedo saber qué buscamos?
— Un conejo.
— ¿Un conejo? ¿No hay varios por allí?
— Solo comunes. El que busco es muy especial. Brilla y todo.
— ¿Eso lo hace más especial?
— Para comer, sí.
Él volteó los ojos. ¿Pensaba que las cosas brillantes tenían mejor sabor?
— El vendedor me lo recomendó. Dijo que no me debería ser problema atraparlo yo mismo, dado que vive en este bosque. Aparece antes de que aparezca el sol...
— ¿No podría habértelo vendido?
— Dijo que no existía necesidad, si podía conseguirlo por mi cuenta.
— Que vendedor más raro.
Normalmente estaba bien mientras vendieran, así fuera injusto para el otro lado...
— Ah, ¿qué es eso?
— Ah...
Vieron un punto de luz salir de la tierra.
Un conejo. Parecía un rayo intermitente que aparecía. Freihet lanzó las manos, pero éste saltó hacia otro lado justo antes de ser rozado.
— ¡Tch!
¡Ese bribón...!
— ¡Ven aquí!
Empleó más fuerzas de las que usaba para matar grandes monstruos del bosque, todo por un pequeño conejo. Un borrón negro y uno blanco iba de un lado a otro...
— ¡Ah, por allí! ¡Sobre el árbol! ¡A la izquierda! ¡No, miento, a la derecha...! ¡Ah, saltó!
— Me harías un gran favor si no hicieras ruido...
Freihet hizo malabares con sus cuchillos, tratando de atrapar alguna extremidad del conejo. Después de todo, una vez pasaba el alba, éste se volvía indetectable incluso para alguien como él.
— ¡Tú puedes! ¡Ya casi! Ah...
Debido a la emoción de animar a Freihet, Nagai no notó que había retrocedido demasiado hacia el acantilado. El borde granulado hizo resbalar sus zapatos.
— ¡...!
Freihet abandonó su misión de atrapar el conejo y estiró la mano, tomando el chaleco de Nagai y tirándolo hacia él.
Se evitó una tragedia, pero el conejo terminó escondiéndose en cuanto el sol calentó el lugar.
— Ah...
Nagai y Freihet miraron con gran remordimiento como éste desaparecía en la nada, casi como si un fantasma.
Nagai se sonrojó.
— L-Lo siento, Frei-Senpai...
Freihet suspiró.
— Intentaremos mañana...
— ¿Mañana?
— Sí. No podrá huir de mí para siempre...
Recalcó, dándole una tilde de más.
Nagai, comprendiendo, sonrió traviesamente.
— ¿Sediento por una revancha?
Silencio.
Nagai se rio, dándole un golpecito al brazo.
— ¡Pensar que serías así de competitivo pese a tener esa cara...! Menuda sorpresa.
El sol rayó los montes y los iluminó en luz. La oscuridad se deshizo bajo su cálido manto...
Partículas de luz surgieron de Nagai.
Bastante similar al conejo de antes...
Freihet abrió los ojos. ¿Qué estaba sucediendo?
— ¿Naga—
— Fue divertido.
Volvió a mirarlo, sonriendo.
— Fue muy divertido, Freihet.
“Intentémoslo de nuevo otro día...”
Estirando la mano, intentó recoger su sonrisa, pero ella, junto con el resto de su ser, se esfumó en volutas de luz. Fluyó fuera de sus dedos...
No...
No te vayas...
Quédate un poco más...
(...)
Sieg saltó sobresaltado de su cama al momento de oír un estruendoso golpe.
— ¿¡Q-Qué pasa!? ¿¡Quién...!?
Nadie estaría sin pánico al oír tremendo ruido. ¿Vinieron a robarle?
No, espera, ¿no estaba en arresto domiciliario? ¿Qué ladrón sería capaz de llegar aquí?
Y el hechizo solo le permite a Freihet entrar, entonces...
Al fijarse en la entrada, comprobó la figura titubeante de Freihet.
— ¿Frei—¡...!
Colapsó sin mediar nada.
¿¡Qué demonios!?
Por instinto, salió a socorrerlo...
...justo en ese momento, aire fresco acarició su rostro.
—...
Miró arriba...
La entrada...estaba abierta... Algo inaudito para la persona que lo colocó aquí...
El hechizo solo permitía evitar la entrada de otros cuando la puerta estuviera cerrada...
Si estaba abierta, entonces...
Boqueó, sin entender. Miró a Freihet, quien estaba desmayado y que tenía fiebre rezumando de su piel.
—...
Puedo salir...
Puedo salir de aquí...
— Ng...
— ¡...!
Oyó un gemido ahogado. ¿Estaba despertando?
— Nagai...
—...
¿Qué tipo de obsesión tenía, para incluso llamarlo en sueños?
Eres incomprensible.
Le dio un empujón a su frente ardiendo.
También un gran pellizco a su mejilla, la cual se estiró hasta no dar más.
— Imbécil...
(...)
Freihet se movió sobre las mantas, saboreando un rato más la calidez del colchón.
— ¿Me harías el favor de no desarreglar más mi pobre cama?
— ¿Eh?
Abrió los ojos, encontrando a Nagai mirándolo desde arriba. Tenía puesto un delantal.
¿Pero qué? ¿Dónde estaba?
Miró, y he aquí que estaba en la habitación de Nagai, precisando en su cama desarreglada.
— ¿Qué hago aquí?
— ¿Me preguntas a mí? De repentes viniste en la noche y te desmayaste a la puerta.
— ¿Yo me desmayé?
— Sí. Por tu culpa no pude dormir bien el resto de la noche...
Le dio cosa dejarlo en el piso o el sofá, tuvo que colocarlo en la cama. Le costó mucho tiempo moverlo hasta allá...
— Ah... Espera...
Freihet se detuvo.
Antes, dijo que...
Se levantó de golpe, mirando la puerta...
Puerta que no sabía si cerró antes...
— No te preocupes. Ya la cerré.
— ¡...!
Sieg le sirvió unas tostadas con huevo sobre una pequeña mesa en la cama.
— Así que debes recompensarme luego, ¿está bien?
Para enfatizar, Loon boqueó en su hombro. Se pasó la mayor parte de la noche succionando su mejilla para molestarlo.
—...
(...)
¿Qué hora era?
¿Qué pasó para que su vista estuviera trastocada?
Ah, cierto...
— ¡Maldito...!
No solo sus ojos, también sus oídos estaban comprometidos.
— ¿¡Te das cuenta de todo lo que tuve que pasar por ti!? ¡Si no fuera por ti...!
Bueno, no es que tuviera que oír nada de esto.
Los lamentos de un perro no le importaban a nadie, mucho menos a él.
Todo esto comenzó hace una hora.
Estando en su trono, cumplía su deber al recibir a los comerciantes extranjeros en aras de impulsar el comercio...además de que esto lo ayudaría a conseguir más variedad de rubros...
Cosa que ayudaría la cocina y las opciones de Nagai...
Recordaba lo feliz que se ponía al descubrir ingredientes nuevos. Practicaba hasta saber cómo implementarlo en su cocina sin que arruinaran el balance de todo lo demás...
Sonrió ladinamente, poniendo nervioso al comerciante que hablaba.
¿Se burlaba de él, o pensaba que algo en su discurso sonaba ridículo?
Ojalá no fuera nada malo. Apreciaba su vida.
No obstante, el rey mostró aquella sonrisa solo un instante. Siguió la conversación con suma seriedad.
Todo iba bien, hasta que sucedió eso.
El rey decidió revisar la mercancía traído como muestra. Trajeron frutas tropicales. El rey pareció muy interesado.
Al colocar su mano sobre una de las cajas, e intentar abrirla, una espada atravesó la madera, cortandolo.
Alguien estaba adentro. Y no era amigable.
Las astillas saltaron. Un hombre apareció del interior de la caja, portando una mirada intensa y sedienta de sangre.
Como un guerrero experimentado, no perdió tiempo preguntando quién era o por qué estaba aquí.
Solo se dispuso a matarlo lo antes posible.
Era experimentado. No como los otros niños que intentaron matarlo.
— ¡Bastardo!
Metales chocaron, provocando hordas de chispas ardientes. Los cortes que fueron repelidos rebanaron las paredes de roca sólida, dejando en claro al resto de personas allí presentes que no estaban a la altura del asesino...
Eulis recogió el cuello del comerciante dueño de la caja.
— ¡N-No fui yo! ¡No estoy con ese tipo!
—...
Ella hizo brillar sus ojos. Probó sus palabras, pero...
El tipo...decía la verdad.
Frunció el ceño. ¿Él no lo trajo?
¿Entonces el chico se coló por su cuenta? ¿Sin ayuda de nadie?
Soltó el cuello del comerciante, oyendo el escándalo provocado por su rey al luchar contra el intruso. Éste dejó en claro su odio por él.
No les prestó atención, redoblando la fuerza de sus brazos al atribuirse un aura oscura por todo su cuerpo.
Sus ojos brillaron en blanco.
Lo despidió, rompiendo una pared. La gente rehuyó el área, temiendo ser aplastada por accidente...
— ¿...?
Un corte en su cuello apareció de la nada. Tocó la sangre húmeda...
Del muro apareció el chico, portando varios huesos desencajados de sus extremidades.
Ellas regresaron a su lugar, sanando la carne. Su risa risible se escuchó en cada rincón del salón.
Frunció el ceño...
¿Este tipo usó magia negra en sí mismo? ¿Eso no era malo a largo plazo?
— Sé lo que piensas, y mientras te mate, no me importa todo lo demás...
“Mi padre murió por tu culpa. Matarte me hará muy, muy feliz...”
Sus ojos, bañados en locura, lo siguieron con una intensidad enfermiza.
¿Qué demonios pasa con este tipo? ¿Está loco?
No entendía por qué llegaba a estas alturas por... ¿Qué fue lo que dijo? ¿Por su padre?
Realmente no le sonaba ningún nombre ni cara. ¿Exactamente de quien hablaba?
Él otro, al comprender su mirada de no saber, apretó los dientes hasta astillarlos.
— No te hagas, ¡mi padre! ¡Willson Stan!
¿Se suponía que ese nombre causara algo en él?
Todavía nada.
— ¡Bastardo! ¿¡Te olvidaste de él!? ¡Era un mercenario reconocido...! ¡Cargaba una espada en la espalda...!
— Ah...
Algo hizo click.
Willson...
Will...
¿La misma persona...que mató a Nagai?
¿Ese Will?
Las venas de su cuello de apretaron. Todo comenzó a temblar...
— ¿Eres su hijo?
— ¿Finalmente recordaste? He venido a—
Apareció en un parpadeo frente a él.
— Que gran noticia...
Tomando su cabeza, aplastó su cuerpo contra el suelo, rompiendo el piso sólido en trozos dispersos.
Sonrió.
— Permíteme enviarte con él...
“Así no te sentirás solo.”
— Hk... ¡MUERE!
De sus poros brotó fuego negro, pero a Freihet no le importó quemarse la piel, rompiendo sus extremidades sin lugar a descansos. La magia negra del chico regresaba todo a su lugar, él volvió a quebrarlo...
Cualquier semilla restante de ese hombre debía morir...
Si no, terminaría lastimando a Nagai, otra vez.
No podía permitir que eso sucediera...
— ¡Jajajaja! ¡Realmente eres un monstruo!
Rompió su cráneo. Se regeneró a gran velocidad, reconstruyendo su rostro y su grotesca sonrisa.
Estacas salieron de su pecho y apuñalaron a Freihet de frente. Emitió un gemido, pero no retrocedió.
— Veamos que tal te va con esto, maldito asesino...
De su boca surgió una chispa. Su cuerpo entero se infló como un globo...
¡...! ¡Ese bastardo!
Una explosión. Su cuerpo fue abrazado de extremo a extremo. Las personas que no lograron huir a tiempo fueron quemadas como brochetas cocidas al fuego. Eulis fue parte de las personas que tuvieron buenos reflejos y se pusieron a salvo.
Ugh...
Fue doloroso. Cada parte fue abrasada rápidamente.
¿Realmente crees que esto me detendrá?
Pasó por cosas peores al enfrentarse al rey demonio.
Cortes de espada disiparon las llamas como el mar rojo. Su cuerpo presentaba graves quemaduras. Ninguna que no pudiera sanarse pronto.
Erguido, y sin intención de caer, avanzó hacia el chico, quien seguía regenerandose.
Solo que más lentamente.
— ¿Q-Qué demonios? E-Eres un monstruo...
Algo así debió haberlo hecho chillar de dolor. Hacerlo querer morir.
Sin embargo, sus ojos tenían la misma chispa asesina que al principio.
¿Qué tipo de cosas debió experimental para seguir de pie despues de eso? El resto ahora eran muñones de carbón, pero su cuerpo se negó a quedar como ellos.
Era incluso más inhumano que él.
Freihet avanzó, tomando su espada. El calor del mango le hizo daño a su palma, pero no paró en ello.
Vio el rostro del chico con más claridad.
Era...parecido a ese bastardo.
Al mismo bastardo que le quitó todo. El mismo bastardo que lo asesinó...
Recordaba cada detalle de ese día... No olvidó ninguno.
Las brasas de su odio ardieron con nuevo fervor.
La cortina reapareció, velando su razonamiento.
Te mataré...
A ti, y a todos los que tengan que ver contigo...
No cometeré el mismo error dos veces...
— ¿Y-Ya venció al asesino...?
De una de las paredes rotas, aparecieron los sobrevientes. He aquí, vieron a su rey a punto de asesinar al intruso.
Fue algo dichoso saber que esto terminaría. No creían poder seguir resistiendo sus embate destructivos.
—...
Freihet movió su mano.
— ¡...!
Eulis tomó a los que pudo y los empujó al suelo. Un corte de espada rebanó todo por encima de sus cabezas.
¿Qué...?
Freihet apareció ante ella, llevando su espada humeante en mano.
Esa mirada...no tenía razón.
Estaba ahogado por la sed de sangre.
Eulis se resignó.
He vivido mucho. Casi 4 años sirviendo al rey... Tenía que pasar en algún momento...
De hecho, duró demasiado. Agradecía haber vivido tanto...
Cerró los ojos, esperando el próximo golpe.
Pero éste no llegó.
Freihet levantó su espada, y antes de poder bajarla sobre la cabeza de Eulis, apareció el rostro temerario de Nagai.
¡...!
¿Nagai?
— ¿Na—
Plaf.
Una chachetada golpeó su rostro sin mediar nada más.
— ¿¡HUH!?
Todos abrieron de lleno los ojos, viendo como su rey fue abofeteado asi no más.
Freihet miró sin comprender, regresando la mirada. Su mejilla derecha ardía...
— ¿Qué—
Otro golpe, sonando aun más fuerte. La otra mejilla no se salvó.
Nagai respiró fuerte.
— ¿¡Eres imbécil!? ¿¡Por qué demonios ibas a matar a tus subordinados!? ¿¡Perdiste la cabeza!?
—...
¿Cómo...cómo estaba afuera?
¿Q-Qué pasó con...la habitación hechizada?
Ah...
Se dio cuenta...
Se concentró tanto en su pelea, que descuidó el hechizo. Debió poder atravesarlo así...
No pudo continur pensando en esto, un dedo en su pecho lo arrinconó.
— No me importa si pasaste tantos años triste por falta de compañero de habitación, ¡estas no son las formas, idiota!
Le gruñó, muy molesto.
— Antes eras un ermitaño, ¿ahora un psicópata? Mi muerte no amerita nada similar...
— ¡...!
Freihet volteó a mirarlo, con nuevas expresiones para el resto de su gente.
Eso...de antes...
— ¿Na...
Él apartó su mano temblorosa, sin pensarlo dos veces.
— Sí, sí, si, luego hablamos de eso y lloramos como nenas. Ahora tenemos que ocuparnos de otras cosas...
¿Eh?
Rehuyendole a su abrazo, se giró y ayudó a Eulis a ponerse de pie. Freihet tuvo un nuevo deseo de apuñalar, con la única diferencia de que ahora estaba sobrio.
Una vez ayudó al resto a levantarse de los escombros, camino más adelante, poniéndose frente al hombre que causó toda esta destrucción.
— Eres el hijo de ese idiota, ¿verdad?
— ¿Uh...? ¿Quién...quien eres tú?
— Alguien desafortunado que fue asesinado por él, ni más ni menos.
— ¿Qué-
— No me importa si estás resentido, pero no finjas que tu padre era un santo...
“Porque no lo era, te lo aseguro.”
Los dientes del joven crujieron.
— Eres un maldi—
— Sí, sí, lo que sea...
— ¡...! ¡Ack!
Antes de que el chico caído lanzara un hechizo, pisó su mano, causando que lanzara un grito de dolor penetrante.
Retorció su pie.
— ¿Eres estúpido? Deberías al menos haber hecho un plan más inteligente que venir y enfrentar a Freihet de frente. Al menos habrías tenido algunos minutos más de vida...
— ¡Uh, ah! ¡Bas...tardo!
— Eres igual de impulsivo que tu padre, lástima...
“Eso fue exactamente lo que lo llevó a la muerte. Ahora será lo mismo contigo.”
Tomó un cuchillo.
— Permíteme enviarte a hacerle compañía. Son padre e hijo, después de todo.
— Tú—
Trazando un corte limpio a su cuello, acabó con su vida en un instante. No necesitó mucha destreza para hacerlo. No le tembló el pulso.
La magia negra caducó. Aunque era muy poderosa, tenía un tiempo de término.
—...
Todos quedaron atónitos.
No fue el rey quien lo asesinó, sino su novio.
Empezaron a entender por qué le gustó tanto.
Detrás, Freihet estaba aguantando temblores involuntarios.
La vista...resultó más estimulante de lo que pensaba.
Se llevó una mano a su boca...
Nunca pensé que Nagai podría ser cruel con otros...
Era algo...inesperado...
...no algo malo, precisamente.
(...)
“¿Cómo recuperaste tus recuerdos?”
Naturalmente surgió la pregunta una vez todo se calmó.
Eulis se encargó del resto, dandole tiempos de que...bueno, charlaran. Se fue con el resto para darles tiempo.
La vista a través de la ventana no era tan diferente al de un pantano oscuro. ¿Dónde estaba el color? ¿Era necesario ponerlo todo negro?
— De camino a donde estabas, me cayó un jarrón en la cabeza...
— ¿Enserio—
— No, estúpido.
¿Realmente se creyó eso?
A Freihet no le sentó mal ser insultado. Dejó que continuara...
— Al despertar, recordé todo.
“Es irónico que haya estado vivo todo este tiempo bajo tu nariz...”
¿Qué?
Frunció las cejas...
Nagai le sonrió.
— La vida que he tenido no es una mentira. Realmente me llamo Sieg y vengo de una familia humilde. Este año cumplo 21, además...
Pero...
¿Cómo era eso posible?
Si reencarnó, debería tener alrededor de 5 años más o menos...
— No reencarné justo después que morí, sino años antes.
“En otras palabras, cuando llegué a este mundo, ya existía una versión mía viviendo aquí.”
Eso fue chocante para Freihet. ¿Significa que pudo haberlo encontrado antes?
— Por supuesto, no vine con recuerdos de manera natural. Fue necesario tratar contigo, la única persona con peso en mi vida despues que llegué, para recuperarlos..
Así que todo se movió de esa manera...
— Nagai...
Empujó su pecho, evitando su abrazo de perro triste.
— Ya déjate de eso, idiota. Tengo muchas quejas sobre tu hospitalidad de estos meses...
“Me mantuviste encerrado como un maldito pájaro, obligandome a complacerte por temor a que me sucediera algo. ¿tienes idea del miedo que vivía todos los días?”
Freihet bajó la cabeza.
En primer lugar, por la vergüenza de haberlo hecho pasar por eso.
En segundo, por el creciente estremecimiento agradable que subía por su estómago.
— Ante todo, olvídate de mantenerme encerrado. Incluso si no salgo a menudo, el encierro permanente no es algo con lo que esté de acuerdo...
— Pero...
Afuera es...peligroso...
Nagai le dio una mirada dura.
— Si es tan peligroso, termina mi entrenamiento de hace 5 años, genio...
Oh...
— Además...
Dejando atrás su tono duro, apoyó la mejilla en una mano, viendo las nubes correr en el cielo.
— ¿Cuándo pensarás decirme tu nombre real? Me muero por saberlo...
—...
Era imposible para él negarse.
— Es...Sakurai...
—...Pff...
Nagai se rio entre dientes, volteando a mirarlo.
— ¿De verdad?
— Sí.
Dijo rendido.
— ¡Pfff, jajajaja! ¿¡Sakurai!? ¿Con esa cara de chico malo?
Por eso se consiguió un apodo... Sakurai era un nombre muy bonito para él...
— Jajaja... ¿Ahora cómo debería llamarte? ¿Frei-Senpai? ¿Sakurai-Senpai? ¿Sólo Freihet?
Freihet miró a otro lado.
“Cualquiera sirve...”
Sólo él tenía ese derecho de elegir.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
Ok, esto fue...más largo de lo que creí que sería. Similar al de Amor de madre, no sé por qué.
Y sí, la próxima creo que será de romance, algo más dulce para el paladar.
Opinión personal mía, ¿soy la única que siempre ve las dinámicas con la waifu secundaria más interesante que con la principal? Es decir, a la principal le ponen un concepto y llegan hasta ahí, muchas veces ni siquiera lo profundizan o lo “embellecen” con muchos clichés, cosa que la hace aburrida y plana. La secundaria, por otro lado, le dan circunstancias, manías, relaciones, luchas... Cosas que la hacen más única e interesante.
Ante todo, amo las dinámicas que dan una pauta de contraste. Si no hay contraste, es cómo ver dos hermanos o dos piezas similares intentando encajar por que sí.
Además, las dinámicas entre rivales amorosos me llaman más la atención que las relaciones que mantienen con la chica, la cual muchas veces, a mi parecer, es aburrida. Es que...una tabla de planchar tiene más curvas que mirar. A veces ni le ponen ganas a la historia o los tratos... Solo es una chica que...bueno, tiene el guion a su favor...
Una buena chica es como Momo Ayase y Rukia... Femenina, sin ser una carga extrema para otros, y fuerte, sin ser demasiado amachada o todopoderosa... Independiente pero no indiferente a otros.
Como noticia, les aviso que terminé el semestre de la universidad, ¡así que tengo tiempo libre para escribir! ¡Banzai!
Tema aparte:
Tengo una perrita nueva. La llamamos Mirna, como mi tía, pero un mechón de pelo blanco en su pecho me hace querer apedillarla Shadow XD, es que se ve tan parecido...
Espero que esta historia haya sido memorable...o al menos algo buena. Se me prendió el botón de “hagamos algo de obsesión” y amistad, jaja... Cosas que nadie junta a menudo...
Es decir, ¿por qué hacer un amigo obsesionado, si puedo hace un amante obsesionado? Es lo que está de moda en todos lados, amantes oscuros y dominantes, ¿verdad?
Como reseña que nadie pidió, recientemente me leí un fanfic de Kaname & Zero de VK, y fue muy bueno. El problema fue la autora. Es...bastante sensible. Tuvo muchos kudos y comentarios de apoyo en Ao3, y aun así decía que su historia no era apreciada y que el fandom estaba muerto... ¿¡Por qué lo dejaste!? ¿¡Por qué dejaste algo tan bueno!? ¡Al menos dime lo que va a pasar! ¡Rayos!
Por Dios, yo a veces no recibo un solo comentario, y aun así escribo con mucho placer.
Primero que nada, escribo porque me gusta, no para complacer a otros. Cuando encuentro a alguien que le gusta lo mío, me alegro, pero toda mi motivación no proviene de allí.
Al ver que descontinuó la historia me sentí como si viera a un artista reconocido tirar su pintura que vale un millón de dolares al fuego, alegando que era basura y que a nadie le gustaba... Triste y enojada.
Dios mío, chica, ama tu trabajo duro. Incluso si a nadie le gusta, despues de pasar tanta roncha, termínalo por ti, al menos...
Pero bueno, solo estoy descargando mi frustración al saber que esa historia no será terminada nunca. A propósito, se llama Sin sentido o Imbécil, según dice mi traductor... Muy buena, interesante, y con personajes sin melodrama usuamente visto en los fanfis... Lástima que haya sido abandonado por algo tan surrealista como la “falta de apoyo” de los lectores que no dejaban un comentario apenas salía la historia...
Entrando en calor, me doy cuenta que hace tiempo que no actualizo el Elfo y el mercenario. Lo haré pronto. Así que no me cuelgen.
Pero bueno, me despido de ustedes despues de tanta cháchara. Espero que duerman buen y tengan buena salud. Aquí estoy con gripe, así que ya saben...
¡Adiós, bye bye! ¡Analyn se va!