El vacío dentro de la marioneta

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Summary

Kaim es prisionero de la tragedia que destruyó su hogar, donde todos lo acusan de ser culpable, aunque él no recuerda. Cada paso lo arrastra a un destino inevitable, oscilando entre la delgada línea del delirio y la realidad. ¿Está reviviendo los hechos o… inventando la historia que lo mantiene cuerdo?

Genre
Thriller
Author
G
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo I: Introspección

Intento encontrarme en este abismo lleno de emociones, a pesar de sentir la calidez de la oscuridad que me consume.  

Estoy harto de sentir sin vivir, como si mirara a través de los ojos de alguien más.   

¿Por qué vine al mundo, si mi existencia no aporta nada?

Si la gente etiquetada como mi familia no hace más que recordarme que no poseo un valor.

Solo me permito comportarme de manera ajena, moldeando todo de mí para ser la sombra de alguien que no existe.

Tal vez, si me convierto en un producto plagiado, el mundo gire a mi alrededor.

Es inevitable que sea ignorado, incluso si grito por ayuda tras las rejas de mi propia boca. 

Aunque a veces pienso que la casa también me ignora: las paredes parecen escuchar, pero nunca responden.

Creo que están heridas, al igual que yo, porque las he visto sangrar.

En ocasiones, la casa aparece quemada y, otras veces, intacta.

No sé cuál es real.

El otro día inundaron la sala de estar… y la habitación de mis padres, si es que puedo llamarlos así.

Sin olvidar que hay una figura que me devuelve la mirada desde la distancia o, más bien, que me observa.

Es difícil describirla: su rostro es la combinación de todas las personas que conozco, pero su cuerpo se mueve como el de una marioneta, atrapada en los hilos que ella misma controla.

Y cambia según lo que pienso.

Creo que me está mirando en este momento, y parece ser la única figura para la que no soy invisible.  

Aparto la mirada de mi cuaderno para buscar dónde se ha escondido esta vez: en una grieta de la pared. Sus ojos están fijos en mí, dando la sensación de que quisiera mirar hacia otro lado, pero no pudiera. 

—¿Qué quieres? —inquiero, como si me arrancaran la piel bajo su mirada. 

La marioneta no responde, pero se concentra en imitar mi expresión confundida. Vuelve a su semblante serio y me extiende la mano. 

—La verdad. 

Mi corazón se acelera ante sus palabras, y un sudor helado me recorre la espalda… aunque la habitación se encuentre en llamas.

¿Qué verdad?

La verdad no sobrevive al fuego. 

—¿A qué te refie… res? —mi voz tiembla. Parpadeo y la marioneta ya no está—. ¿Otra vez vas a desaparecer? Nunca podemos hablar. 

No puedo quitarme de encima la sensación de que cada interacción que tengo con la marioneta me acerca a algo que no quiero descubrir.

Me levanto de mi asiento para caminar sobre los escombros de lo que alguna vez fue mi hogar.

Rápidamente, las paredes se construyen tal cual estaban antes.        

—¿Ya estás despierto, Kaim? —dice mi papá, mostrando una dulce sonrisa que me empalaga.

Acto seguido, deposita un beso en mi frente.   

Aún en el pasillo, aparece mi mamá para saludarme; ambos me guían hacia la sala de estar.

En la mesa, hay tostadas con huevo frito y jugo de naranja.        

El ambiente es cómodo.

Excepto por el hecho de que mi madre se colgó para quitarse la vida hace dos semanas.

Y mi padre... bueno, lo maté en defensa propia.

Sí, defensa propia… 

Parpadeo y toda la casa vuelve a la normalidad, los muebles intactos y solo yo en medio, sin rastro de lo que vi. 

A veces, los muros de este lugar se caen y me obligan a caminar por el barrio donde vivía.

Todo sigue igual. Continúan viviendo en la ingenuidad, mientras que aquí sigo yo, estancado. 

Ellos nunca sabrán lo que se siente tocar la puerta del abismo y acabar convirtiéndote en él con el fin de vivir. 

Solo quería sentir la comodidad de ser querido. Incluso ahora, están unidos en el cielo, divirtiéndose como la "familia perfecta" sin mi presencia.   

Me pregunto: si yo muriera, ¿iría al cielo o al infierno? Seguro que… al cielo, porque mi casa ya era un infierno; yo solo la decoré.

Las llamas la consumieron por completo. 

Los pensamientos me conducen hasta lo que parece ser la entrada de mi casa.

Y siento cómo los recuerdos me golpean: me veo a mí mismo años atrás, situado justo aquí, temblando por el frío y con los ojos cristalinos de tanto imaginar qué se sentiría que me miraran. 

Intento apartar mis pensamientos mientras dejo un ramo de flores entre los escombros. No borré todo, pero tengo el presentimiento de que esta vez podré encontrarme. Estoy a mitad de camino.