Kushina Uzumaki One Shorts

Summary

⚠️ ADVERTENCIA +18 Este contenido está destinado únicamente para personas mayores de edad. Incluye descripciones intensas que pueden resultar perturbadoras o inapropiadas para menores. Se recomienda discreción.

Status
Ongoing
Chapters
12
Rating
3.0 1 review
Age Rating
18+

Capitulo 1

La cocina olía a arroz recién cocido y al leve aroma cítrico del detergente que Kushina había usado minutos antes. El reloj de pared marcaba las 11:17 p.m. Arriba, en el pequeño estudio del segundo piso, Minato tecleaba sin parar, auriculares puestos, perdido en una videoconferencia importante con el consejo de la aldea. No escucharía nada. No debía escuchar nada.

Kushina estaba inclinada sobre la encimera de granito, con las palmas abiertas y los dedos crispados contra la superficie fría. El delantal rojo que aún llevaba puesto —el único que se había molestado en ponerse después de la ducha— estaba arrugado y subido hasta la cintura. Sus bragas de encaje negro colgaban de un solo tobillo, balanceándose cada vez que el cuerpo de Naruto la embestía con violencia controlada.

Naruto tenía una mano hundida en el cabello carmesí de su madre, no para jalarlo con crueldad, sino para mantenerle la cabeza ligeramente echada hacia atrás, obligándola a arquear la espalda de esa forma que hacía que sus pechos se empujaran contra la tela fina del delantal. Con la otra mano le había levantado la camiseta hasta el cuello, dejando sus tetas pesadas y llenas completamente expuestas. Las agarraba con fuerza, los dedos hundiéndose en la carne suave mientras los pulgares frotaban los pezones ya hinchados y de un rosa oscuro.

—Joder… mamá… estás chorreando tanto que se me resbala todo… —gruñó Naruto contra su oreja, la voz ronca y baja, apenas un susurro áspero.

Cada embestida era profunda y brutal. La pelvis de Naruto chocaba contra las nalgas de Kushina con un sonido húmedo y carnoso que resonaba en la cocina silenciosa. La polla gruesa y venosa de su hijo entraba hasta la raíz, el glande golpeando ese punto dentro de ella que la hacía temblar entera. Kushina mordía su propio labio inferior con tanta fuerza que ya sentía sabor metálico, intentando desesperadamente no gritar.

—Shhh… —Naruto le mordió el lóbulo de la oreja—. Si sube la voz y papá escucha… voy a tener que taparte la boca con algo más que mi mano.

Le soltó un pecho solo para llevarse los dedos a la boca, los mojó abundantemente con saliva y luego los bajó hasta el clítoris expuesto de Kushina. Empezó a frotarlo en círculos rápidos y duros, sin piedad. Las piernas de ella temblaron tanto que casi se le doblan.

—Na-Naruto… por favor… más despacio… voy a… voy a correrme otra vez… —suplicó en un hilo de voz quebrado, las palabras entrecortadas por cada golpe de cadera.

—¿Más despacio? —susurró él con una sonrisa torcida, acelerando todavía más—. No, mamá. Quiero que te corras tan fuerte que tengas que morder el delantal para no gritar mi nombre.

Volvió a agarrarle ambos pechos, esta vez apretándolos con rudeza mientras los masajeaba, pellizcando los pezones entre índice y pulgar hasta hacerla arquearse violentamente. La estaba follando como si quisiera marcarla, como si cada centímetro de su interior tuviera que recordar exactamente quién la estaba partiendo en dos esa noche.

Kushina sentía cómo su orgasmo se acercaba otra vez, imparable. El coño se le contraía alrededor de la polla de Naruto en espasmos desesperados, chorreando tanto que el líquido caliente le corría por los muslos y goteaba al suelo. Intentó cerrar las piernas por instinto, pero Naruto las abrió de una patada suave pero firme.

—No te cierres. Quiero verte deshacerte… quiero sentir cómo me exprimes hasta la última gota.

Le soltó el pelo solo para rodearle el cuello con la mano —no apretando, solo sosteniendo, dominando— y la obligó a mirarlo por encima del hombro mientras la penetraba aún más fuerte. Los ojos azules de Naruto estaban oscurecidos por el deseo puro.

—Dilo… —ordenó en voz muy baja—. Dime a quién pertenece este coño.

Kushina temblaba entera, al borde del colapso.

—T-tuyo… es tuyo… Naruto… solo tuyo…

Eso fue lo que lo rompió.

Naruto gruñó como animal, embistió tres, cuatro, cinco veces más con una fuerza salvaje y se vació dentro de ella. Chorros calientes y espesos la llenaron hasta que sintió cómo el exceso empezaba a escapársele, resbalando por sus muslos junto con sus propios jugos. Al mismo tiempo, Kushina se deshizo por completo: un orgasmo tan intenso que los ojos se le pusieron en blanco, la boca abierta en un grito silencioso mientras su cuerpo convulsionaba contra la encimera.

Se quedaron así varios segundos, jadeando. Naruto todavía dentro de ella, palpitando, los dos cuerpos sudorosos pegados. Arriba, el teclado de Minato seguía sonando con normalidad.

Kushina giró apenas la cabeza, las mejillas encendidas, el cabello pegado a la frente.

—Eres… un maldito demonio… —susurró con voz rota, pero había una sonrisa pequeña y perversa en sus labios.

Naruto le dio un último beso lento y sucio en la nuca antes de salir de ella con cuidado, viendo cómo su semen empezaba a gotear de su coño enrojecido e hinchado.

—Y tú sigues siendo la mujer más adictiva que he probado en mi vida, mamá.

Limpiaron lo más rápido que pudieron entre risas ahogadas y besos robados, sabiendo que en cualquier momento Minato podía bajar a por agua.

Pero ambos sabían que esto no había terminado.

Ni de lejos.

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