Mi razón para volver

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Una gema extraña retrocedió su mundo hace 7 años, cuando apenas era un príncipe, pero… ¿Qué razón tendría él para volver? No existía nada que anhelara cambiar… ¿Verdad?

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Mi razón para volver

Reflejos rojos bailaban dentro de sus ojos en contraposición con el piso cubierto del mismo color, manteniéndose ajeno al cobalto helado.

¿Por qué…?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué tenía esa mirada…?

Por ella no cruzaba rabia o tristeza.

De hecho, no encontró nada.

No lo entendía.

— ¿Por qué…?

La sangre goteó de su boca. Debería tener costillas fracturadas, pero aun decidió hablar.

—…

— ¿Por qué estás tan…tranquilo?

Vio un movimiento débil de su ceja.

— ¿Por qué no debería estarlo?

¿Y le preguntaba eso a él?

— No jodas conmigo… ¿Me preguntas eso a mí?

¿El responsable de traicionarte?

No lo entiendo…

¿¡Cómo puedes estar tan tranquilo!?

—…Hmm…

El flequillo plateado que caía sobre el puente de su nariz se movió tras caminar por el salón a oscuras.

En donde varios cadáveres hedían a sangre, incluido el último que seguía con vida.

La espada del rey tocó el cuello del hombre tendido sobre la alfombra, cuyo destino ya estaba sellado desde que levantó un cuchillo contra él.

Tragó saliva, agujas bajaron, pinchando todo a su paso.

— ¿Acaso…siempre esperaste esto?

¿Nunca confió en él?

¿Aun con el tiempo que le sirvió?

Cualquiera estaría en shock si uno de sus hombres más fieles y antiguos se alzaran para matarlo.

Pero él…ni siquiera mostró sorpresa.

Pero tales especulaciones fueron derribadas por las palabras de Zoren.

— No lo sabía…

— ¿Eh?

¿No lo…sabía?

El momento en donde vio sus ojos relumbrar se hizo más lento.

Como los segundos antes del caer de la guillotina…

— Simplemente me da igual…

Ah…

El arco de luz desplazó su cabeza fuera de su cuello.

Ya veo…

Nunca tuvo expectativas. Tampoco forjó un vínculo para sentirse mal por su ruptura…

Nunca fue nadie para él, ni siquiera una mota de polvo que considerar…

Supongo que no lo llaman Rey glacial por nada…

No podía sentir nada por nadie.

(…)

Una vez la cabeza rodó por la alfombra, guardó la espada en la vaina de su cintura.

La oscuridad y falta de ruido lo acompañaron de vuelta a su asiento. No tenía prisa por llamar a los guardias para recoger los cuerpos.

Aunque el lugar hedía a muerte, él no sintió diferencia alguna con el antes y el después.

Para él todo era igual.

Fue traicionado por sirvientes leales a su nombre…

Aun así, no sentía nada fuera de lugar.

¿Realmente perdí mis emociones, tal como dicen los rumores?

La sangre escurría de su escritorio, donde reposaba un cuerpo cortado a la mitad. Fue el primero en atacar…

Si tuviera que quejarse de algo, sería de cómo arruinó el papeleo. La sangre lo empapó, incluso salpicando su té.

(…)

La tradición para elegir al próximo rey trataba de algo bastante simple y cruel.

Para llegar al trono, les era necesario a los descendientes del rey asesinar al resto de la competencia.

Solo podría coronarse el hijo que pisara los cuerpos derrotados de sus medios hermanos, bebiendo una copa de su sangre como parte de su superioridad.

Hacer buenas relaciones se hizo absurdo.

Desde la cuna, las numerosas mujeres del rey se encargaban de educar las mentes de sus hijos, inculcando odio por el resto de sus hermanos.

No eran más que rivales. Compartir sangre los hizo enemigos.

A fin de cuentas, si su hijo perdía y moría, ellas tendrían el mismo destino.

No existía misericordia para nadie ajeno. Ni siquiera se tenía en cuenta la vida de sobrinos o primos.

No fue diferente para Zoren. Su madre tenía una buena cantidad de nobles a su favor. Su talento con la espada ayudó a afianzar su posición como el favorito para ganar la selección real. Sus hermanos le temían, urgiendo planes para derrocarlo…

Pero Zoren no estaba contento, aun cuando tenía la ventaja.

Aun cuando su madre procuraba obtener el mayor apoyo posible de militares, comerciantes y funcionarios.

Odio esto.

— ¿Estás escuchando, Zoren?

Su madre aplanó sus labios pintados de rojo, abandonando bruscamente su taza de té sobre la mesa.

Hace minutos que no oía palabra de su hijo.

Zoren volvió sus ojos. Ojos que reflejaban la sangre azul que heredó de su padre.

— ¿Es necesario que hable, madre?

— ¿Qué clase de pregunta es esa? Tu madre está esforzándose en conseguirte aliados más poderosos, y tú solo te quedas en blanco mirando el techo…

— Aliados… ¿puedo llamar “aliado” a alguien que se vio obligado a colaborar por el secuestro de su hijo?

Ella abanicó su sonrisa.

— Eso ocurrió porque no aceptó ayudar por las buenas.

— Solo lograrás sembrar rencor…

— No te preocupes por eso.

“En cuanto ganes la selección, y deje de sernos útil, enviaré alguien a que lo mate…”

—…

Abrió la boca…

— ¿Qué hay de su hijo?

— ¿Hmm?

Colocó un dedo sobre su mejilla.

— ¿Pero qué dices?

“Está muerto, por supuesto…”

—…

Enterró las uñas sobre sus rodillas.

— Ese hombre es demasiado correcto, demasiado justo. Ninguno de nuestros intentos de soborno funcionó con él.

Bebió su té, pasando de largo su escaso autocontrol para no atravesarse la piel de las manos con las uñas.

Se obligó a hablar.

— Podrías haberlo amenazarlo con su hijo…

Sobre secuestrarlo otra vez si no colaboraba. Era mucho mejor que matarlo.

Pero ella se rio, moviendo su cabello plateado.

— ¿Eres tonto? Personas así no sirven para nuestros intereses. Nada de lo que podamos darle los doblegará a nuestro favor…

¿Por eso merecía morir?

— Solo queda usarlo y desecharlo una vez terminemos con él…

“Por eso no me preocupé en mantener a su hijo con vida…”

La respiración de Zoren se detuvo.

¿Qué? ¿Todo estuvo planificado desde el principio?

La taza se hizo pedazos cuando tocó el suelo. La reina se puso de pie.

— Ey…

¿Por qué me miras así?

Presionó sus mejillas, abandonando su fachada feliz. Negrura amañó su rostro de rasgos hermosos.

— ¿Por qué me miras como si fuera un monstruo?

— Es gracioso que pienses lo contrario...

Destiló veneno, percibiendo el filo de sus uñas amasar su piel.

— ¿Cómo puedes decir algo así? Todo lo que hice, hago y haré, es por ti, ¡por ti, Zoren!

Apartó sus manos, ardiendo.

— Nunca te pedí ayuda.

Nunca lo pidió, pero ella siguió insistiendo que era lo mejor.

— ¿¡…!?

Su cara rodó, enrojeciendo de un lado. Su madre no vaciló en levantar su mano contra él.

— ¿Ese es el modo de agradecerle a tu madre? ¿Qué tan sinvergüenza puedes ser, desechando mis esfuerzos cuando solo busco lo mejor para ti?

Nunca pedí que lo hicieras…

— Hah…

“No importa. Cuando obtengas la corona, sabrás agradecérmelo como es debido…”

Ahora no era más que un niño rebelde que no entendía nada del mundo. Pronto crecería y reconocería sus esfuerzos.

Odio esto…

Los intercambios con su madre nunca fueron gobernados por el afecto. Solo eran palabras cargadas de veneno y malicia para con otros.

Quería controlar cada aspecto de su vida. Incluso ya tenía preparada para él varias candidatas a esposa. No tenía voto para nada.

Lo peor de todo era la actitud de su padre.

No intervenía en nada, aun cuando existieran señales de chantaje y extorsión por parte de sus esposas e hijos.

Para él, solo eran pequeños alevines que buscaban devorarse dentro de una pecera de aguas rojas.

Sus hermanos tampoco eran mejores.

Lo detestaban. La envidia gobernaba sus corazones. No pasaba un día en donde no maquinaran contra él.

Aun cuando intentó forjar una relación con ellos, nadie quiso confiar.

No eran hermanos, eran enemigos.

No…

Nacer hermanos los hizo enemigos.

No existía otro camino para sobrevivir.

Saberlo no lo hizo más fácil para él.

Quiero irme de aquí.

Odio este lugar.

Los odio a todos.

¿Tenía sentido seguir viviendo si todo lo que sentía era esto?

Llegó al jardín, un lugar donde solo podía oír el susurro de las flores en calma. Su falta de palabras era su fuente de paz. No tenían doble cara, a diferencia de todos sus conocidos.

Incluso sus hermanos más jóvenes pensaban en cómo matarlo, en cómo destruirlo por completo y hacerse con el poder que poseía.

— Si no me equivoco, las rosas ya deberían haber florecido…

Rosas de pétalos blancos y limpios, en contraste con la oscuridad de la familia real.

Marchó por el jardín, sabiendo el camino de memoria.

Pero sucedió que ya alguien admiraba las flores.

¿Eh? Ese es…

El viento mecía su cabello en largos flequillos sobre su rostro, ocultando la mayor parte de sus ojos.

Debería tener alrededor de 13 o 14 años. Su cuerpo delgado parecía ser movido por el viento.

¿…? ¿Ojos de distinto color?

Aunque no pudo ver a detalle, tenía rojo y azul congeniando en su mirada. Se veía tan quebradizo, que sostener una espada lo derribaría.

Solo alguien así entraba en ese perfil.

Cassiell. Su hermano más joven.

El último de los hijos del rey.

El niño maldito.

Cassiell tocó las rosas, ensimismado con su belleza. Su mirada pacífica se mezclaba apropiadamente con el ambiente cubierto de flores mudas.

Aun cuando la gente lo llamaba maldito por sus ojos, él no vio impurezas en él.

Parecía parte del jardín, como si fuera otra flor que admirar.

— ¡Cassiell-Sama!

— ¿…? ¿Julen?

Un joven de cabello dorado llegó a su lado.

— ¡Señor, ya es hora de su clase…! ¡Estamos atrasados!

— ¿¡…!? ¿¡Ha pasado tanto tiempo!?

¡Aunque parecía no haber pasado más de 5 minutos aquí…!

Puesto en pie, siguió a su sirviente a toda prisa, quien tenía igual o mayor pánico.

Pero tuvo que detenerse, pues un ataque de tos lo hizo encorvarse

— ¿¡…!? ¡Príncipe…!

Zoren vio al sirviente pasar la mano por su espalda.

¿Estaba enfermo?

Ah…

Cierto…

Lo oyó hace algún tiempo.

Sobre su debilidad.

El décimo príncipe era un niño enfermizo desde que nació. Aunque no era una enfermedad fatal, la debilidad que trajo desde niño desilusionó a mucha gente.

Por culpa de su debilidad no podía entrenar esgrima, tampoco usar magia...

En otras palabras, era un blanco fácil para cuando comenzara la matanza por el trono.

Cassiell dejó de toser, tomando respiraciones entrecortadas. Su rostro enrojecido se humedeció con sus lágrimas.

Julen siguió masajeando su espalda.

— Príncipe… Yo… Lo mejor será descansar. No creo que esté en condiciones de asistir a clases…

— P-Pero…

— Su salud es lo primero… Hablaré con el profesor…

—…bueno…

Fue llevado por él, apoyado en cada paso a su habitación.

A lo lejos, Zoren apretó el puño.

Ese niño era un blanco fácil. Muy fácil.

Ni siquiera tenía el apoyo de su madre. Falleció al darlo a luz, abandonándolo en un lugar así…

¿Cómo se supone que busque sobrevivir, cuando lo tenía todo en contra?

Sus ojos se movieron sobre una rosa…

En medio de sus hermanas, era la única marchita. Sus pétalos secos caían tristes.

¿El destino de Cassiell era marchitarse al igual que ella?

No…

Espera…

Despeinó su cabello.

Estoy pensando demasiado rápido… Aunque se ve débil, no significa que esté indefenso… Puede ser un acto para hacer que sus hermanos bajen la guardia…

Quizás escondía su inteligencia, o una astucia zorruna digna de un comerciante.

No debería ser diferente.

No debería tener expectativas en nadie, mucho menos en las personas con las que compartía sangre.

(…)

Se equivocó. Era muy diferente.

Cuando por fin cumplió los 15, pudo asistir al desayuno en donde todos los hijos del rey se reunían a comer. Una actividad obligatoria que nadie podía obviar, enfermo o no.

Allí pudo verlo con más cercanía.

El trato que recibió… Sus reacciones… Su modo de moverse… Todo.

Dejaba su cabello crecer para ocultar sus ojos. Oyó comentarios ir y venir sobre lo escalofriantes que eran y cómo debería esconderlos del mundo.

Podía ver a su sirviente oprimiendo los puños por frustración. Por no poder ayudar a cerrar las bocas de los que insultaban a su amo.

Cassiell era un ratón metido en una jaula de gatos.

Uno destinado a ser devorado…

Cuando sus miradas se cruzaron, tuvo que endurecer el ceño, aun cuando no quiso hacerlo.

— ¡…!

Cassiell huyó de su mirada, volviendo su atención a su comida.

Fingió molestia.

No podía mostrar interés genuino, al menos no uno favorecedor...

Soy observado…

Muchos ojos veían sus acciones, el cachorro más fuerte y dominante en la mesa.

Apretó el cubierto, continuando su comida.

No podía acercarse como quería.

Menos mientras era medido con tanta precisión.

Si mostraba inclinación por alguien, sería marcado como un objetivo a explotar.

Ser alguien débil lo haría susceptible a las maquinaciones de sus otros hermanos. Pensarían explotarlo para llegar a él.

Por lo tanto, debía ser indiferente.

— Repugnante…

Murmuró, siendo oído por todos.

Incluido Cassiell, cuyas manos temblaron.

La comida que Zoren masticó destiló acidez sobre su lengua. Quiso vomitar.

Es necesario…

Necesario para hacerlo vivir.

Debía evitar entrar en la mira de los demás. Ser despreciado por él sería un buen modo de desprestigiar cualquier potencial que pudiera tener.

Al ser de lo más bajo, no lo tomarían en cuenta hasta el final de la selección. Aún tenía tiempo para hacer algo…

Nunca pensó en conseguir el trono, pero ahora tenía un objetivo.

Mataría al resto de sus hermanos…a todos menos a Cassiell…

Era lo único que tenía valor.

Necesitaba mantenerlo cerca para no perder su rumbo en este mundo podrido.

A partir de allí, cada vez que se cruzaban, acentuaba su asco por él, sobre todo si tenía testigos.

Siempre que sucedía, Cassiell se encogía, encorvando los hombros. Evitaba el contacto visual tanto como podía…

Verlo arremangarse movió fibras que pensó no tener.

No importa.

Solo debía actuar un poco más.

Pronto terminaría. Pronto podría hacer su movimiento.

Odiaba la idea de tener que matar a su familia, pero no le quedaba de otra…

Mucho más, si quería mantener esa luz ardiendo.

Pensó que las cosas estaban bien.

Incluso fingió apoyar a su madre, de quien debía mantener en secreto su inclinación por Cassiell.

Lo intentó, realmente lo intentó…

Pero ella se enteró.

Supo su ausencia de hostilidad al cruzarse con Cassiell cuando no había nadie que observara. Las ocasiones en donde contemplaba al pelinegro mirar las flores…

En cuanto llegó el día de la selección real, actuó prontamente…

No para acometer contra sus otros hermanos, amenazas muchos más creíbles…

Sino para acorralar a Cassiell, el niño más débil.

Esa noche pensó en secuestrarlo y esconderlo en un sitio mientras todo se movía.

Pero solo encontró a su hermano tendido en el suelo, con su mano extendida a la puerta, buscando auxilio…

Sangre escurría de su boca, junto con el aroma a almendras…

Cianuro…

Una taza tenía restos de té a los pies de la cama. Las sábanas demostraron su lucha por llegar a la puerta, arrastrándose centímetro a centímetro, para no obtener ninguna ayuda.

La realidad se volvió difusa.

Acunó su cuerpo pálido, esperando oír algún latido. Tenía lágrimas surcando caminos sobre su rostro demacrado y pálido…

No encontró nada más que un cadáver…

Su hermano estaba muerto.

No pudo protegerlo…

Rompió sus cuerdas vocales, gritando hasta quedarse afónico.

No le importó la llegada de los sirvientes…

Solo recordó gritos provenientes del sirviente de Cassiell, quien arañó su piel tras ver el cuerpo de su amo.

No supo que pasó exactamente después…

Para cuando despertó, ya era hora de su funeral.

Algo indigno de un príncipe, algo tan pequeño que no mereció la atención de nadie.

Ver su cuerpo hundirse en la tierra fue doloroso. Verlo desaparecer dio el clavo faltante, marcando el comienzo del final.

Todo se hizo muy frío y oscuro después de eso.

Se deshizo de sus hermanos, y cuando llegó al trono, también de su padre y madre.

Supo por su misma boca que Cassiell fue obligado a beber veneno…

Todo debido a una carta, en donde escribía que su sirviente sería asesinado si no lo hacía…

Su amor por él lo hizo tomarlo, todo para dejarlo vivir…

Y sin embargo, ella…

…inculpó al sirviente de su muerte, ejecutándolo en la horca por traición…

Todo mínimo afecto por ella desapareció ese día. No mostró piedad con ninguno. Nadie la merecía.

Su hermano murió creyendo en ella…

Aun cuando se sacrificó por su amigo, se arrastró por el piso para llegar a la puerta, esperando algún milagro que salvara su vida…

Él no quería morir.

Él no debió morir…

Y sin embargo…

Miró la llegada de los guardias, quienes notaron el lugar cubierto de cadáveres.

Es imposible hacer algo ahora…

Lo sucedido ya está escrito…

No puede ser borrado.

(…)

Negro…

Una vez el lugar fue limpiado de cualquier rastro de sangre y los cuerpos fueron recogidos, fue redecorado por tapices y colores negros.

Neill conocía bien los escasos gustos del rey.

El negro, junto con el rojo y el azul, eran sus colores predilectos.

El resto no le importaba.

También tenía la extraña fijación por mantener su cabello largo para cubrir sus ojos, ojos tan muertos como de las personas que sacaron de su oficina.

Aun cuando fue traicionado por gente que llevó años sirviéndole, no vio diferencias en su semblante o postura.

— Té…

Ordenó. Le sirvió una taza de té negro, el único que bebía…

Lo bebió en silencio. Neill aguardó por sus próximas palabras. Algún comentario o pensamiento profundo…

Pero nunca llegaron.

¿Debería estar decepcionado de que no las haya?

El rey no mostraba emociones a nadie, él no sería la excepción.

Nadie podía mostrar algo que no tenía.

— Por cierto, su majestad…

Aunque el rey no se movió, supo que lo oía.

Neill procuraba fijarse en intervenir por asuntos importantes, esperando nunca molestarlo con cosas inútiles.

— La mina de hierro que encontraron en las afueras de la montaña Thorias fue excavada a fondo. Los mineros encontraron recientemente algo…bastante curioso en ella…

Silencio. Quería que siguiera.

— Encontraron una gema de forma extraña muy adentro de la mina. Las pocas personas que la han tocado han muerto, pues tiene un alto índice de adsorción de maná… Tuvieron que meterla en una caja especial para evitar que drenara a todos allí…

— Hmm…

— Además…

“Es de color negro…”

Sus pestañas se movieron.

La vería. De eso estaba seguro.

No necesitaba oírlo para saberlo.

(…)

Era hermosa.

Y cubierta de espeso olor a sangre. ¿Cuántas vidas tuvieron que ser usadas para crearla?

Aunque era oscura, relucía bajo la escasa luz. El rombo emitía susurros maliciosos aun sin tener boca.

Todos tuvieron que retirarse, dejándolo en presencia de la gema recién encontrada.

Es tal como dijo Neill. Su voracidad por el maná era preocupante.

Solo él, un maestro espadachín con un núcleo rebosante del mismo, podía mantenerse en la habitación sin ser secado en pocos minutos.

La tocó. La gema vibró bajo su dedo.

Aun cuando era peligrosa, nunca pensó en deshacerse de ella.

No podía desechar ese color negro tan nostálgico.

Vrrr…

— ¿…?

¿Acaba de oír algo venir de ella…?

Acercó el oído.

¿Tienes…una…razón…para…volver?

La oyó decir con una voz dañada y andrógina, apenas entendible al oído…

¿Una razón para volver?

¿Qué cosas al azar decía esta cosa? ¿Era una grabación?

Además, ¿tenía sentido añorar el pasado, cuando era imposible volver a él?

No veía nada útil en una práctica tan derrochadora.

Tomó la parte superior de la caja, a punto de cerrarla. La guardaría para mirarla de vez en cuando.

¿…?

— ¿¡…!?

La gema vibró otra vez, esta vez iluminando una pequeña imagen dentro de ella.

La imagen parpadeó con tanta rapidez que no pudo verla cuidadosamente.

Segundos después, todo su maná fue engullido por la gema. La acción agresiva provocó que la sangre se precipitara fuera de su boca. Sus órganos fueron estrujados…

Cayó de rodillas, apoyándose en la mesa…

¿Qué está pasando…?

La oscuridad bañó la habitación, arropando de telarañas su alma. Su vida se apagó como la débil llama de una vela…

…para volver a encenderse tiempo después.

(…)

Primero tuvo dolor de cabeza, palpitaciones severas por todo el cuerpo, para luego culminar su agonía con náuseas imposibles de ignorar.

— ¡Ng…!

Apenas volvió en sí, marchó fuera de su cama, directo al baño, vomitando afuera su desayuno.

Pasó un rato allí, sin la capacidad de respirar tranquilamente sin tener ganas de vomitar.

— Ugh… Hk…

Tiró agua a su rostro, limpiando su boca y ese sabor nauseabundo…

Necesitó al menos unos 15 minutos para normalizar su respiración.

Sujeto al lavamanos, se miró en el espejo, goteando agua de su cabello…

Allí vio…se vio más joven…

¿Soy joven?

¿Por qué?

Tocó su piel, pero no era un engaño. Realmente era joven.

Observó el lugar…

Este baño no tenía la ambientación del castillo que conocía…

Pero también le resultaba conocido…

Sin secar su rostro, salió del baño.

Tampoco conocía esta habitación…no…

La conozco…

Todo porque prefería estar aquí, a tratar con su familia llena de veneno…

No…

Era imposible algo así…

Él…

¿Volvió al pasado…?

Se rio, o hizo un intento de hacerlo. No sabía bien cómo mover la boca…

Lanzó una mesa al suelo… Se quebró fácilmente.

¿Por qué…?

¿Por qué regresó?

Recordó lo último que vio…

¿Fue culpa de esa gema…?

¿Era capaz de hacer algo así? ¿Por eso rezumaba olor a sangre?

Sacudió la cabeza. Necesitaba comprobar el resto. Sin embargo, sería molesto salir y ser observado por los sirvientes.

Por eso decidió usar un pasadizo secreto para moverse por el castillo, uno que descubrió después de hacerse rey…

Ya conocía bien el lugar, lo suficiente para moverse con confianza.

Pensar que con esto, sería fácil asesinar a sus hermanos sin la necesidad de contratar asesinos…

Pudo ver la entrada a varias habitaciones importantes… Era una locura que esto existiera, no con el fin de ayudar a escapar, sino de matar furtivamente…

— ¿…?

En medio de su caminata, encontró la entrada a una habitación…

Deteniendo el paso, marcó un lento acercamiento.

Empujó, entrando.

El sitio tenía algo de oscuridad, desdibujada por algunos rastros de luz filtrada por las cortinas.

Sobre una cama, alguien dormía, ajeno a la presencia que se colaba en su aposento.

Llegó al lado derecho de la cama, deteniéndose.

—…

Allí lo vio, durmiendo profundamente.

Cabello negro caía desordenadamente sobre la almohada. Piel pálida y nariz perfilada. Incluso sus manos y muñecas eran delgadas, como ramas a punto de romperse…

Antes de saberlo, su mano pasaba por su cabello.

El tacto fue inesperadamente suave, pese a su aspecto rebelde.

— Ng…

Se movió…

Estaba vivo…

A diferencia del Cassiell que recordaba…

— ¿…?

Cuando Cassiell abrió los ojos, no encontró a nadie.

Su mano movió su cabello.

Por alguna razón tenía la impresión de tener su cabello más revuelto que de costumbre. ¿Será cosa suya?

— Terminé despertándome bastante temprano…

Dijo, mirando tras la cortina.

Al verse en el espejo, encontró sus ojos mirándole. Rápidamente pasó sus dedos sobre su cabello, ocultándolos en gran parte.

No puedo dejar que los vean…

También era un buen modo de evitar mirar a las personas a las que temía…

Respiró hondo, una vez terminó de arreglarse.

Oyó los tres golpes a la puerta. Solo se le ocurría una persona.

— Pasa.

Quien entró fue Julen. Su cabello dorado seguía igual de limpio que siempre.

Entrando y saludando como de costumbre, le sonrió.

— ¿Eh? ¿Ya está despierto, Cassiell-Sama?

Puesto que ya tenía gran parte de los preparativos listos.

Cassiell relajó los hombros, asintiendo.

— Sin querer terminé despertando algo temprano…

Julen hizo una mueca.

— Lamento haber tardado tanto en venir…

— Ah, no importa. No fue tu culpa que terminara despertando antes…

Y tampoco debía seguir siendo tal formal…

Julen hizo un puchero.

— Pero no entiendo por qué no volvió a dormir… Ayer se sintió muy mal de salud…

Incluso tuvo que faltar a clases…

— No es nada nuevo para mí…

— Aun así…

— Y es obligatorio asistir al desayuno, aun si estoy enfermo…

— Tch… Esa maldita regla…

¡Aun cuando Cassiell-Sama tenía tantos problemas de salud, aun le forzaban a asistir a ese desayuno tan molesto!

— Pero… ¿Cómo se siente de salud, Cassiell-Sama?

— Normal…

Para él, normal era sentir el cuerpo cargado de debilidad. Por eso no podía tomar clases de esgrima y magia. No tenía aptitud para ninguna.

Su sirviente lo entendió, masajeando sus hombros.

— Prepararé un baño caliente. Eso debería poder ayudarlo un poco…

— Gracias, Julen…

— No es nada… Ojalá pudiera hacer más.

Ya tratarlo bien le parecía bastante…

(…)

Entró en el gran salón en donde se llevaba a cabo el desayuno real. Solo era seguido de Julen, su único sirviente. Los demás tenían como mínimo dos en su séquito, estos, a su vez, venían de familias poderosas o influyentes.

Si él era menospreciado por sus hermanos, Julen por los otros sirvientes por ser de casa humilde.

Nadie le dio una mirada, dada su vaga importancia.

Lo agradeció de momento, buscando su asiento a la mesa.

Ojalá pudiera ser eximido de comer con el resto de sus hermanos, pero no era posible serlo, aun siendo el hermano más débil de todos.

A fin de cuentas, aunque era débil, el rey ofrecía igualdad de condiciones para todos sus hijos, esperando que uno prosperara y derrocada al resto.

Por eso no era aislado del desayuno real.

Aunque una parte de él esperaba que fuera así. Este lugar daba miedo.

Una vez los sirvientes sirvieron los platos de comida, empezó el desayuno.

Olivia, la cuarta hermana, comía delicadamente. Su vestido atañido de rojo y negro imploraba miradas. Aunque todos aquí eran hermanos, algunos no pudieron evitar codiciarla como mujer.

Por supuesto, él no era parte de ellos.

Daba demasiado miedo para pensar en algo más.

Su tenedor provocó algo de ruido al tocar el plato.

Oyó una risa.

— Que manera más grotesca de comer… ¿Has tomado seriamente tus clases, Casial?

Saltó en cuanto su voz lo llamó. Aunque dijo su nombre incorrectamente, sabía bien que ella lo hacía a propósito.

Bajó la cabeza.

— Tomaré más atención de ahora en adelante…

Ella apoyó su barbilla en una mano.

— Será bueno que lo hagas. Ya has avergonzado a la familia más de la cuenta con ese cuerpo débil e inútil…

Sonrió dulcemente, como una manzana destilando veneno de la parte mordida.

Continuó comiendo. No pudo corresponder la mirada preocupada de su sirviente atrás, quien no tenía falta de ganas por enterrar un tenedor en la cabeza de la mujer.

Al menos pudo respirar tranquilo una vez ella se desentendió de él, luchando verbalmente con otro de sus hermanos, Gray… Ella solo disfrutaba molestarlo de vez en cuando…

Además de que, si la comparaba con él, no daba tanto miedo.

Su primer hermano.

En medio de la comida silenciosa, movió sus ojos sobre el puesto ocupado por él.

— ¿¡…!?

Lo miraba, encapsulando su silueta en esos orbes azules.

Ng…

Tan rápido como pudo, desvió la mirada. Sus ojos no debieron verse demasiado, ¿verdad?

Para asegurarse, bajó aún más su flequillo, así no viera mucho.

Zoren frunció el ceño.

Cuando entró al salón, le dio una breve mirada.

Aunque estaba débil, y su caminar no era imponente, seguía de pie. Tal como recordaba, seguía dejando su cabello crecer para ocultar sus ojos del mundo.

Tomó asiento, para ser molestado por su hermana. Su cubierto terminó algo doblado.

Una vez terminó con él, comenzó a debatir con su otro hermano, cuyo nombre olvidó hace tiempo.

Cassiell tembló un poco, calmándose lentamente del susto.

Y entonces lo miró…

Para regresar los ojos con pánico, bajando compulsivamente su flequillo…

Él…conocía bien ese gesto.

Siempre que hablaba con alguien ajeno a su sirviente, lo hacía. Creció siendo despreciado por el mundo por su debilidad, su falta de poder y sus ojos extraños.

Solo podía ocultar uno de ellos.

(…)

Flyn se paseó por el salón, dramatizando decepción.

— No puedo creerlo… Esto apenas es decente… ¿No le he dicho que mejore mediante la practica constante, príncipe?

Dio una ojeada al lienzo, punteando su bigote con los dedos. La cabeza de Cassiell bajó, mirando el suelo.

— L-Lo siento… Practicaré más en mi tiempo libre…

Más aun cuando le gustaba pintar…

— Deberías. No es como si tuvieras talento… Solo puedes mejorar mediante la práctica.

Asintió.

Aunque no era realmente malo en lo demás, la pintura siempre fue parte importante de su infancia.

Los colores puestos en orden, los matices, las sombras, y las luces daban vida a escenarios, personas y momentos únicos.

Por supuesto, su talento no era sobresaliente.

Su maestro recalcaba que practicara todos los días, instándole a mejorar. Era uno de los profesores más meticulosos y atentos a sus avances. Los otros no esperaban tanto de él…

Por supuesto, lo soportó por el bien de mejorar. Sí existía un camino para mejorar, lo tomaría.

El profesor miró desde su espalda. Ahora pintaba un segundo cuadro…

Movió los hombros. Su paleta colores casi se resbala…

— Oh… Mis disculpas…

Se apartó, dándole espacio para pintar con mayor calma. Le agradeció. Cuando se trataba de darle su espacio para pintar, se portaba muy considerado.

(…)

El príncipe se marchó a su siguiente clase del día, que si adivinaba bien, era historia.

Una vez cerraron la puerta, caminó directo a los tres lienzos que el príncipe pintó.

Uno era un paisaje que desentonaba entre la oscuridad de la noche y el día.

Otro de una mujer mirando calmadamente a través de una ventana mientras el fuego consumía los alrededores. El pánico nunca prevaleció sobre su escasa vida restante...

Y finalmente, un hombre en un campo de batalla apoyado en su espada, la sangre goteaba de sus heridas. El campo lleno de cadáveres adornaba su rostro oscurecido.

De cada cuadro sintió sentimientos crudos, y al mismo tiempo complejos.

Una sonrisa descolló de su boca.

— Ah~… Que maravilloso…

Que cuadros más hermosos. Tan excelentes…

Su talento se pulía día a día… ¡Estos cuadros eran más que sublimes!

— ¿Cómo un niño de su edad tiene un talento así?

Es injusto…

Pensó mientras trataba con cuidado cada cuadro. Se suicidaría si algo los dañaba.

Bueno, no necesariamente tenía que molestarse.

— De hecho, es bueno para mí que sea él quien tenga este talento…

De otro modo, sería imposible su negocio…

Miró los cuadros, poniendo una mano sobre su barbilla, haciéndose la pregunta más importante del día.

— Me pregunto…

¿A cuánto debería venderlos?

Necesitaba confirmarlo ya mismo.

(…)

¿Cómo terminó aquí?

Hace diez minutos tomaba sus clases de violín en presencia de su profesor, un hombre ancho y carente de cabello, cuando alguien entró al salón sin avisar.

Antes de que su profesor expresara quejas por la entrada grosera del intruso, el color escurrió de su rostro.

El príncipe levantó una ceja, llegando con aires reales.

Cassiell enmudeció, deteniendo las manos. Un sonido desafinado deslizó fuera de las cuerdas.

— A-Ah… Príncipe Zoren… ¿A-A qué puedo agradecer la razón de su visita?

Zoren tomó asiento, olvidando a propósito responder.

— ¿No puedo estar aquí?

— ¡Ah, claro, claro que no!

— ¿Entonces por qué preguntas?

— Ah…

¿Ahora qué decía?

¿Sería correcto señalar que era extraño verlo aquí? Pero, ¿y si eso lo molestaba?

— Era…era para preparar el lugar para su venida, nada más…

—…

No vio sonrisas ni molestia. Solo un lienzo de escarcha.

Su mano se movió.

— No es necesario…

“Solo vine a ver…”

— Oh… Entendido…

Sus ojos llegaron a Cassiell, quien seguía en la misma posición.

— ¿A qué esperas, Cassiell-Sama? Continuemos…

Esperaba que al menos se esforzara por no desafinar demasiado…

Cassiell sudó. ¿¡Con él aquí!?

Los siguientes 30 minutos fueron un suplicio a su cordura mental.

Tener su mirada sobre él a cada segundo provocó que cometiera errores de novato, errores que su profesor señaló frustrado.

¿Pero qué podía hacer? Se moría de los nervios.

Una vez terminó la clase, pensó que todo terminaría.

Pero antes de irse, Zoren lo llamó.

— Cassiell…

— ¡…!

¿Iba a enjuiciarlo por esa terrible melodía de violín?

— Ven conmigo…

— ¿Eh?

— ¿Tus oídos están desgastados por el violín? Vienes conmigo.

Era una orden.

Sus manos temblaron. Apenas le dio la espalda para seguir, tomó un cubo de azúcar y lo metió a su boca, masticando rápidamente. Le preocupaba que uno no bastara.

Zoren fue el primero en salir, topándose con el sirviente a la espera del último príncipe.

— ¿…?

Ciertamente no esperaba la salida del primer príncipe, sabiendo que este salón era usado para las prácticas de violín de su amo.

Atrás vio a su señor temblando como una hoja, siguiendo al hombre más alto. ¿Qué pasaba aquí?

— ¿Cassiell-Sama? ¿Qué…

Cassiell intentó hablar, pero Zoren se adelantó, tomando el hombro del sirviente.

— Vamos a tomar una taza de té, así que puedes tomar un descanso…

— ¿¡…!?

¿Qué demonios…?

— ¿No puedo—

— No.

No lo quería allí.

Julen controló sus dientes. No sería bueno morderse el labio frente al príncipe. Necesitaba mantener la compostura.

Le dio una mirada breve a Cassiell. Éste entendió, sonriéndole como intento de consuelo.

Injusto.

Se hizo a un lado, aun cuando deseaba no hacerlo.

Los vio irse, dejándolo atrás.

Una vez se fue, no se contuvo para morder su labio.

¿Qué demonios planeaba hacerle a Cassiell? ¿No era suficiente acosarlo? ¿Ahora debía irrumpir en sus clases y llevárselo?

Debo…debo apresurarme con los preparativos…

(…)

Así terminé aquí…

En una mesa a las afueras del jardín, mirando el contenido girar dentro de una taza de porcelana.

El viento soplaba, trayendo el aroma de las flores del jardín.

En otro momento lo habría disfrutado, pero ahora apena podía respirar.

Debía estar sudando como loco… ¿sus labios no temblaban?

Lástima que no pudiera tomar otros cubos de azúcar… Realmente necesitaba masticar algo.

Su hermano, relajado y regio como un oso polar, esperó a que el sirviente terminara de servir el té para él.

Cuando lo recogió, su mirada tuvo un atisbo de perturbación.

— ¿Qué es esto?

— ¿Eh? Es Earl Grey, primer príncipe…

Los ojos del príncipe fulminaron al mayordomo, como si fuera a cortar su lengua por un grito inapropiado.

— ¿Earl Gray?

— ¿Sí? ¿¡…!?

El líquido cayó sobre sus zapatos negros, manchando los bordes de su pantalón. El hombre saltó por el calor.

— Solo bebo té negro….

Declaró, tajante. Como si dijera un hecho verídico y evidente…

Aunque fuera la primera vez que el sirviente y Cassiell oían tal cosa. Sobre todo cuando nunca mostró predilección por algún té...

— ¡L-Lo siento mucho…! ¡Y-Ya buscaré té negro…!

Zoren lo detuvo antes de irse, volviéndose a su hermano, quien casi grita del susto.

— ¿Algún té que prefieras?

— ¿E-Eh? A-Ah…

Necesitaba responder, aun si la pregunta no fuera seria… ¿podía tomarse algunas libertades al pedir?

Si tenía que elegir, entonces…

— Eh… ¿té de flores de nieve…?

Un té blanco y dulce. Todo lo contrario al té negro.

El sirviente se quedó en silencio. Cassiell supo que la había liado de lleno.

El sirviente no pudo creer su audacia. El té del que hablaba era uno muy, muy caro, ¿y lo pedía así no más?

Zoren se volvió al sirviente, picoteando la mesa con el dedo.

— ¿Qué estás esperando?

— ¿Eh?

— ¿No vas a traernos té?

¿Eh? ¿Entonces…era luz verde para su pedido?

¿Aun cuando era descarado?

— Pareces no entender de qué trata tu maldito trabajo…

— ¡Ah, s-sí, mis disculpas! ¡Enseguida vuelvo con sus tés!

Corrió a buscar ambos tés, en total apremio.

—…

Cassiell no entendía nada. ¿Realmente pensaba complacerlo?

No… Tenía que pensarlo mejor. Su hermano no lo veía con buenos ojos. Debía estar tramando algo.

¿Acaso…sería envenenado? ¿El té tendría algo?

Zoren, de manera similar, tenía preguntas que quería responderse.

¿Por qué lo invitó aquí?

¿Para verlo? ¿Para hablarle? ¿Exactamente para qué?

El chico era un muerto andante, ¿tenía sentido invitarlo a beber té?

Esto era contraproducente.

Él mismo no sabía qué lo movía a estar aquí.

Tampoco que lo movió a irrumpir su espacio y traerlo a beber algo.

Puesto que no amaneció pensando en nada en particular.

Pasaron tantos años desde que pudo verlo, que ahora le parecía un espejismo que pronto se esfumaría en humo. No sabía cómo tratarlo.

¿Debería actuar como antes? ¿O debería cambiar?

Simplemente no lo sé…

Pensar era molesto. Antes no tenía que hacerlo. Solo debía cortar todo lo que intentara derribarlo y acercar todo lo que le diera beneficios.

Aquí las cosas no eran tan claras. No se trataba de negro y blanco.

El té llegó.

Cassiell olvidó su nerviosismo.

El té albino se mecía en la taza, derramando un suave olor, evocando imágenes agradables dentro de su cabeza.

Solo pudo probarlo una vez de joven, quedando fascinado con su sabor y aroma.

Lástima que luego no tuvo más oportunidades de probarlo…

Hasta ahora…

No sabía por qué lo complació, pero no pudo evitar querer beberlo, así pudiera contener veneno.

Tuvo una breve pausa al recoger la taza, parar armarse de valor y llevarlo a sus labios.

El sabor nostálgico lo golpeó, como una brisa fresca que movió su cabello.

—…

Del otro lado, Zoren no desvió la mirada a otro lado, olvidándose de beber su té.

Entonces, Cassiell reiteró en dónde estaba.

En frente de Zoren…

…la persona que más odiaba sus ojos.

¿¡Acaso soy estúpido!?

Apenas dejó de soplar el viento, Cassiell bajó veloz su flequillo suelto, que no cooperaba tanto como quería.

Zoren frunció el ceño. Cassiell gimoteó como un cachorro pisado.

Debido a la prisa, su codo tropezó con un cubierto al borde de un plato pequeño. El tintineo bajo la mesa provocó un ruido desagradable.

Aunque fuera surrealista, el príncipe se puso más pálido de lo que ya era.

— A-Ah…

Al mirar arriba, vio mares indiferentes.

Apoyó su barbilla en una mano.

— Cassiell…

— Ng…

— ¿Cuántos años tienes?

“¿Acaso no aprendiste nada de etiqueta cuando niño? ¿Eres tan inútil que incluso eso es imposible para alguien como tú?”

— ¡…! Hk…

Bajó la mirada, ocultándose de él. Mantuvo los hombros trémulos, deseando desaparecer o mezclarse con su asiento de modo que no pudiera verse.

Siempre terminaba arruinándolo todo.

(…)

Hmm…

Reihan asintió para sí.

Aun cuando no estaba cerca, podía sentir sus huesos temblar. El muchacho más joven trepidaba, habiendo sido vilipendiado sin piedad.

Aun cuando a veces se hace reacio, es un hecho que posee la sangre de su madre…

Ella también detestaba ese niño maldito. No soportaba una existencia tan asimétrica y lamentable.

Su inexistente relevancia cortaba también cualquier hilo de respeto que se le pudiera tener.

Regresó por su camino, de regreso a su señora.

Necesitaba hacer su informe.

Al principio vio extraño que el primer príncipe invitara a Cassiell a beber té, una actividad que se veía inofensiva a primera vista, pero ahora no estaba nada preocupado.

No fue a hacer amigos, fue a pisar hormigas.

Y Cassiell era la hormiga.

(…)

¿Por qué siempre termino fracasando?

Aun cuando buscaba mejorar, era un hecho que estaba estancado en el fracaso.

Como el lugar no tenía presencia de sirvientes, se agachó, en busca del cubierto…

— No te molestes…

— ¿…?

Pero Zoren actuó antes, recogiéndolo por él. Lo colocó en la mesa sin miramientos.

— Y quita esa cara de miseria. Nadie se ha muerto…

—…

¿Qué?

Después de decir eso, Zoren recogió su taza y siguió bebiendo tranquilamente. Empujó la bandeja de galletas en su dirección.

— ¿No piensas comer?

— Ah…

Aun confundido, tomó de la bandeja. ¿Era él, o sintió un cambio en su voz? Uno sutil…

La galleta de chocolate oscuro supo de maravilla, haciéndolo olvidarse de su metida de pata hace segundos.

A decir verdad, era un adicto al azúcar.

La bolsa de cubos de azúcar en sus ropas lo probaba.

El dedo de Zoren se movió sobre su pierna. Sus pensamientos se inclinaron a otra parte.

El foráneo dejó el lugar que ocupaba, probablemente marchando a informarle a su señora.

Pensar que a esta edad sería vigilado… ¿Debería decepcionarme de esa mujer, o admirar su perspicacia?

No eligió ninguna.

Fue bueno que su percepción siguiera igual de aguda, o le habría dado razones para intervenir.

Eso explica porque mis intentos pasados de hacer buenas relaciones nunca salieron bien…

Controlaba su vida desde que nació, a la espera de cualquier muestra de individualismo.

“¿¡Quién crees que se esforzó durante años para que estuvieras en el trono!?”

Apenas recordaba su larga diatriba de cuánto hizo por él… Sus gritos mientras era arrastrada a la horca (la guillotina le habría dado una muerte demasiado rápida) arañaron la superficie de sus oídos, pero no calaron más hondo.

Todo sentimiento por ella murió hace muchos años, bueno o malo. Volver no hizo diferencia.

(…)

— ¡Príncipe…!

— Julen… ¿¡…ng!?

Julen apretó su rostro contra su pecho en un abrazo agresivo y mojado de consuelo.

— No se preocupe, estoy aquí. Puede llorar todo lo que quiera…

— ¡Ng! ¡No lo haré!

Empujó a Julen, para luego ser revisado minuciosamente como en un examen médico.

— ¿Está herido en alguna parte? ¿Qué cosa horrible le hizo el primer príncipe…?

— Julen, yo— ¡Ey!

El sirviente no tuvo problema en abrir su ropa, buscando algún signo de abuso físico.

El pelinegro cerró su ropa, ruborizado.

— ¡Estoy bien!

—…

Julen abrió los brazos, empapando de lástima sus ojos.

— ¡Es la verdad!

Julen bajó los brazos, aun esperando que el príncipe aceptara consuelo. Estuvo a solar con ese tipo, no podía estar bien.

— Lamento no haber estado allí…

No le dejaron, aun cuando era su sirviente.

— No te preocupes. No podías hacer nada… Era una orden…

— Tch… Aun cuando lo sirvo solo a usted…

Sonrió a medias.

— Hacerte enemigo del primer príncipe tampoco es sabio… Fue lo mejor que pudiste hacer…

Julen suspiró, caminando por la habitación.

— De todos modos… ¿tiene idea de por qué lo invitó a beber té?

— Ah… Eso…yo tampoco lo sé.

Julen sirvió una taza de té, no para el príncipe. Colocó varios cubos de azúcar, erigiendo una montaña.

Se lo bebió de un tirón, masticando la azúcar restante.

— ¿Qué más hizo?

— Ah… Bueno…no sabría decirte. No tuvimos una conversación formal, y tampoco hizo nada memorable además de beber té…

— ¿Todo el rato?

— Sí.

Julen bebió otra taza cargada de azúcar.

— Eso es muy sospechoso… ¿El té tenía alguna cosa extraña? ¿Siente algún síntoma en su cuerpo?

— No…

Tenían prohibido atacarse antes de la selección… No sería tan obvio. O eso quería creer.

— ¿Realmente no dijo nada importante?

Negó.

— ¿¡Entonces para qué lo invitó!?

Buscó beber otra taza, pero las manos de Cassiell lo detuvieron de seguir dañándose.

— Ya es suficiente.

— Ah…

Cassiell arrancó la taza de sus manos, jalándolo lejos de la mesa, y colocándolo en un sillón.

— Entiendo que estés nervioso, pero no conseguiremos nada perdiendo la calma…

Apretó sus manos en movimiento, enviando una descarga de seguridad. Julen boqueó, respirando hondo…

— Lo…lo siento…

Cassiell sonrió.

— Cuando pierdes la calma, eres incluso más desequilibrado que yo…

Julen sonrió, tratando de controlar el sonrojo que se apoderó de él.

— Estoy al tanto… Mis disculpas… Me vuelve loco no saber la razón de por qué lo llevó allí…sobre todo sabiendo que se negó a dejarme participar…

Cassiell sonrió.

— Lo sé…

El temblor se detuvo.

Apartó las manos.

Julen miró sus manos ya quietas. Prensó los dedos.

— Nos quedan 3 meses antes de que comience la selección real…

Tres meses antes de la matanza…

Cassiell intentó encubrirlo, pero sus dedos saltaron, crispándose.

Como todo ser humano, tenía miedo de la muerte.

Y la selección real trataba esencialmente de ella.

Abrazó sus brazos, quienes se estremecieron.

Su sirviente entendió su desaliento.

Nadie estaría tranquilo al saber que habría una matanza en poco tiempo, una matanza de la que no podía ser excluido, y en la que tenía una gran desventaja.

Sostuvo sus hombros, cambiando lugares.

— No se preocupe, Cassiell-Sama…

“Para ese entonces tendré los medios necesarios, confíe en mí…”

Los medios para escapar de aquí.

—…

Aun cuando eso estaba en contra de la tradición, y era tomado como traición a la corona.

— ¿Estás seguro de esto, Julen?

— Lo estoy.

Respuesta instantánea.

— ¿Aunque sea tomado como traición?

— Por mí la traición puede irse al—

— Julen.

— Mis disculpas…

Olvidaba usar léxico educado.

— Es decir… No veo por qué seguir una tradición tan tonta… Usted merece vivir feliz…

— Soy débil…

Y todos lo sabían.

— Según lo que dicta la tradición, los débiles solo tienen un destino inevitable—

— ¡Que se joda la tradición…!

— ¿¡…!?

A Julen solo le importaba una cosa: Cassiell.

Le valía un cuerno todo lo demás. El reino podía incendiarse y él estaría bien con eso mientras su señor estuviera bien.

— Mi lealtad es para usted, y solo para usted. No permitiré que su futuro se limite a esto…

Cassiell parpadeó.

No tenía fuerza ni conexiones…

En la familia real, era lo mismo a nacer muerto.

Sin embargo, Julen quería ir en contra de eso. Aun cuando eso lo haría un desleal a la corona…

Julen, pronunciando una sonrisa, soltó sus hombros.

— Sé que está nervioso, pero no es imposible… ¡Nos haremos una vida nueva en otro país! Que sus hermanos se maten si quieren, nosotros no estaremos aquí cuando eso suceda…

— Estás loco…

Aprovecharían la matanza para escabullirse.

Julen pensó en este plan desde hace un año, en vista del tiempo de su amo acabándose.

Pensó en muchas cosas, hasta que algo hizo clic en él.

¿Por qué debían luchar contra monstruos, cuando podían decidir huir a un lugar más seguro?

Sería capaz de ver a su amo vivir felizmente sin temor por su vida. Algo que deseó desde que comenzó a servirlo desde los 12 años.

Por su bien, necesitaba hacerlo funcionar.

(…)

Recordaba la primera vez que se encontró con el príncipe Cassiell.

La familia de Julen era tan pequeña que apenas contaba como parte de la nobleza. Ser menospreciado por los demás se hizo normal.

Pero lo conoció, admirando los peces multicolores que nadaban en el estanque del castillo. Cuando sus ojos se encontraron, le hizo un ademán de venir.

No dudó en hacerle caso.

“Ne, ¿Cuál es tu favorito? El mío es ese azul con blanco…”

“…”

¿Realmente lo llamó para hacerle una pregunta tan…infantil?

Aunque eran niños, el resto esperaba algo de ellos, esperaban que desempeñaran un papel desde antes que nacieran. No tener las cualidades los hizo incapaces y un fracaso.

“¿Cómo te llamas?”

“Julen”

“Soy Cassiell…”

El último príncipe.

El niño maldito que todo el mundo odiaba.

Su debilidad y rareza lo hicieron blanco de oprobio.

Pero él no vio diferencias con un niño normal.

“¿Qué pasa?”

Aunque solo le llevaba 6 años, su fragilidad lo situaba más joven de su edad real, haciendo que pareciera tan solo un niño de 4 años, con él ubicándose por encima, con 13 años.

“Oye… ¿tienes sirvientes?”

“¿Uh? No, nadie quiere servirme…”

Tampoco tenía padres que le asignaran alguien que lo cuidara.

Julen se sentó a su lado.

“¿Qué te parece si me hago tu sirviente?”

“¿…? ¿Por qué? No soy carismático como mis otros hermanos…”

“Ninguno de ellos me agrada; tú sí…”

“…Eres raro.”

“Ya somos dos.”

Fui ingenuo…

La cuerda fue apretada sobre su cuello. La bolsa cubrió su cabeza, apartándolo de las miradas burlonas y oscuras.

Merezco esto.

Merezco estas miradas.

Oyó la voz del verdugo, declarándolo culpable. No entendió el resto, pero conocía su contenido.

Era culpado por la muerte de Cassiell-Sama…

Sonrió, adornando su miseria con surcos calientes, empapando la bolsa.

Lo siento, Cassiell-Sama… Fui ingenuo…

Por culpa de esa ingenuidad, no pudo ver el futuro que le prometió.

Quería oír su voz. Quería ser castigado por su incompetencia…

…también ansiaba perdón…

Cassiell-Sama… Aunque no lo merezco ni por asomo…

¿Me permitirías servirte en el más allá?

La compuerta bajo sus pies se hundió.

(…)

El muñeco de paja fue sesgado por la mitad. La parte superior del mismo cayó a tierra, dando un sonido seco, en contraste con la mudez del corte.

Zoren observó el lugar por donde fue dividido el muñeco de entrenamiento.

No le gustó lo que vio.

— Irregular…

Debería ser un corte perfecto, no eso

La espada común no le sentaba bien. Debería intentar conseguir de antemano su espada favorita… Era molesto no tenerla a la mano.

Regresar el tiempo lo llevó a perder sus habilidades más queridas…

Por supuesto, podía volver a aprenderlas, pero igual era frustrante.

¿Por qué esa gema lo envió al pasado? En ningún momento se lo pidió.

Ni siquiera la tenía en su poder… ¿La línea de tiempo habría continuado sin él…o se habría borrado en cuánto regresó?

No sabía si se inclinaba por una o la otra.

Oyó aplausos…

— Oh, vaya…

Cabellera café y ojos azules como los suyos. Sonrisa igual de pedante a la de un comerciante. Gray dejó de aplaudir, rodeando el muñeco partido, dando un silbido poco sincero.

— Hombre, ¿por qué fuiste el único bendecido con el talento de manejar la espada?

Pateó la figura caída. No fue tan ligera como esperaba.

— A veces me pregunto si ser el primogénito causó que heredaras ese talento, o si fue decidido por algo más…

— ¿Qué haces aquí, Gray?

— ¿No puedo venir a ver a mi hermano favorito?

Él no tenía favoritos… Ninguno…

— No me interesa hablar contigo. Me distraes.

Necesitaba pulir su espada cuánto antes. Odiaba sentirse débil.

Gray movió los labios, inclinando la cabeza.

— ¿De mal humor? ¿Tratar con ese niño te hizo enojar?

—…

Hablaba de Cassielll. Las noticas aquí viajaban rápido… O más bien, para las personas que estaban al pendiente, como él.

— ¿Qué quieres?

— Me causa curiosidad. Es decir, antes incluso intentabas llevarte bien con nosotros… ¿Intentaste lo mismo con él? ¿Aun cuando lo has acosado durante años?

—…

— ¿O tal vez quieres aumentar el nivel de tu acoso? De acosarlo casualmente a buscarlo activamente—

Un corriente de aire detuvo su declaración.

La espada llegó a su cuello, a centímetros de rozar su piel. Su mente pudo ver su cabeza rodar por el suelo, pero se mantuvo unida…

— Gray…

— ¿…?

— Cassiell es mío.

— Hk…

No vio un príncipe…

…vio un rey dando una orden.

Rebelarse provocaría la caída de su cabeza.

Fingió una sonrisa. Apartó la espada, sonriendo entre dientes. Supo de su intención.

— ¡Ja! Tengo mejores objetivos en mente. Ese niño ni siquiera equivale un problema para la selección, ¿por qué habría de perder mi tiempo en él?

“No me interesa hacer llorar a un niño que está condenado a morir…”

Mintió fragante.

A fin de cuentas, era adicto a las lágrimas ajenas… Lástima que ese bastardo pensara jugar con él por pura diversión.

Que tacaño.

Estiró la espalda, riéndose.

— Ah, debe ser agradable poder perder el tiempo… Juega con tu juguete tanto como quieras… Luego me dices si te sirve de algo…

Si perdía el tiempo en él, mucho mejor.

Necesitaba urgente conseguir más aliados.

No debería perder el tiempo como ese idiota que pensaba ya haber ganado por ser quien tenía la ventaja…

(…)

El rumor de que el primer príncipe intimidaba al último príncipe se hizo notable en el castillo.

Todos lo vieron como una forma sutil de demostrar su poder.

…aun cuando su víctima fuera alguien débil de quien no podría robar nada.

—…

Las palmas de Cassiel sudaban, haciendo que sostener el pincel fuera difícil.

Julen igual, pero por razones diferentes. A él lo movía la ira.

Todo porque el primer príncipe observaba desde el sillón, recostado como si fuera su habitación, cuando ciertamente no lo era.

¿¡Qué hacía ese imbécil aquí!? ¿No tenía el resto del castillo para paseas a su antojo?

Si tan solo pudiera echarlo…

Hoy Cassiell usaba sus horas libres para pintar, algo que se volvió parte de su rutina.

La visita de Zoren no estaba en sus planes, quien vino y tomó asiento sin dar respuestas a preguntas no dichas.

Esto no le permitía a Cassiell concentrarse, alguien nervioso por naturaleza.

Además de que Julen no ocultaba nada bien su desagrado.

¿Qué hacía ese tipo aquí? ¿Vino a acosar otra vez a su amo? Oh, no… ¿Lo marcó como una presa? ¿Por qué? ¡Existían otros hermanos más amenazantes e importantes!

Esto no está bien. Necesitaba pasar desapercibido de otros… Si el primer príncipe tenía su mirada sobre ellos no podrían llevar a cabo su escape…

Es más, ¿por qué andaba mirándolo de vez en cuando?

¿Pensaba en sus origines humildes mientras lo menospreciaba en su corazón? ¡Podía irse al inferno!

— Ey…

— ¡…! ¿Sí?

¿Notó su mirada fulminante? Bueno, no la ocultaba muy bien…

— ¿Cómo es que te llamas?

— ¿¡…!?

¿Ni siquiera sabía eso? ¡Pedazo de basura!

— Julen, mi nombre es Julen, primer príncipe.

— Hmm…

Así que era Julen…

El sirviente que fue desvivido injustamente por su madre…

Podía oler su lealtad desde aquí. No tenía ojos para nadie más.

Miró el semblante de Cassiell…

En algún momento olvidó su presencia, pintando suavemente sobre el lienzo…

—…

Mostró calma, sin apuros por mezclar y poner colores. Dejó que los óleos se fundieran y diera lugar a cosa nuevas… Llenó el lugar de silencio.

Comparado con el resto del castillo, es tranquilo…

Confesó en su mente, relajando su postura.

Una hora después, lo vio marcar el trazo final para su obra. Aunque sabía que no era una obra de arte memorable, aun así se sintió realizado al culminarla.

Ah, cierto…

Zoren…

Oh, diablos… ¿¡Lo olvidó durante una hora completa!?

Mientras pensaba cómo poner una excusa, una sombra apareció sobre él y el lienzo.

Zoren miraba sobre su hombro, provocando que su respiración se detuviera.

Sus ojos observaban la pintura, en donde no se mostraba un paisaje, como suponía al principio…

…sino él, relajado en el mismo asiento que ocupó.

Ah…

No esperaba que lo viera…

Pensó que su atractivo quedaría bien en una pintura, ¡pero estaba fuera de sus planes que la persona en cuestión lo mirara!

Recordó las palabras de su profesor, palabras que sabía que eran ciertas…

Era un asco pintando. A ojos de él, debía verse como un adefesio de colores puestos desordenadamente sobre el lienzo… Probablemente ni siquiera se parecería a él…

Esto…esto no lo hará enfadar, ¿verdad?

— ¿…?

Julen vio cambios en la mirada del primer príncipe.

Reconocimiento…

Zoren no les prestó atención al pelinegro muerto de nervios y al sirviente antipático que tiraba dagas de los ojos. La pintura atraía toda su atención.

Esta pintura…

Le resultaba familiar.

Años más tarde, un seudónimo se hizo famoso en el mundo del arte.

“Clayns”

Aunque nadie pudo verlo en persona, sus pinturas se hicieron ampliamente famosas entre los nobles amantes del arte en general.

Las pinturas de Clayns evocaban escenas tristes, felices y de desesperación en partes iguales, trayendo emociones contradictorias sobre la mesa, mientras pronunciaba nostalgia y soledad.

Cuando era rey, tales pinturas coincidieron con sus gustos.

Lástima que en algún momento dejó de hacer más obras a su nombre…Nadie supo porque… Aun cuando lo buscó, no pudo obtener más detalles de él.

Y este cuadro…

…le recordaba a los que mantuvo en su habitación.

El estilo tenía un parecido tan cercano que le dio la misma serenidad.

En él, su porte se congraciaba con montones de oro a sus pies y un cielo estrellado meciéndose detrás de él como parte de su manto real… Sus ojos, ataviados de azul rey, miraban hacia adelante, fijos en lo que habría de venir.

Lo más increíble fue saber que todo fue hecho por las manos de Cassiell.

Sabía que pintaba, pero nunca oyó nada de que tuviera este nivel tan alto.

Un talento así no habría pasado desapercibido.

Cassiell bajó la cabeza, avergonzado.

— Lo siento… No soy bueno pintando…

¿…?

¿No era bueno…pintando?

Volvió a mirar la pintura. Y miró la expresión resignada de Cassiell. Algo no cuadraba aquí.

—…

¿Se burlaba de él?

No, Cassiell no sería capaz. No era bueno mintiendo, tampoco.

Para Cassiell, esa mirada helada era peor que un grito o un insulto directo.

Tomó el cuadro, cuidando sus manos de no temblar demasiado.

— Ya mismo me deshago de esto…

Dijo, a punto de ir a quemarla a la chimenea. Era mejor actuar antes…

El pánico no fue exclusivo del primer príncipe. El sirviente abrió la boca, igual de alterado.

Zoren lo detuvo, y le quitó el cuadro de las manos.

— Me la llevo…

— ¿Eh?

— ¿Cuánto quieres por ella?

— ¿Eh?

— Te cortaré la lengua si vuelves a repetirte…

— Ng…

Pero, es que no tenía sentido. ¿Por qué compraría algo tan malo?

Julen tenía el mismo pensamiento del primer príncipe. Antes, creía que Cassiell era selectivo y demandante con la calidad de sus cuadros. Igual le pareció extraño que nunca guardara uno, aun cuando a él personalmente le parecía que rebosaba talento de sus manos. Es más, ¿dónde estarían dichas pinturas?

Estuve tan ocupado pensando en cómo huir, que no pensé en ellas…

Tales obras podrían venderse por dinero. ¿Cómo no pensó en eso antes?

Zoren señaló la pintura.

— ¿Piensas que esto es basura?

—…

Miró el cuadro en su otra mano, sintiéndose inclinado a decir que sí.

Pero tenía la impresión de que no acabaría bien para él.

Aunque no respondió, su respuesta quedó obvia para Zoren.

— ¿Tienes más pinturas como esta?

— ¿Eh?

¿Por qué el cambio de tema?

— Eh… No. Todas son desechadas…

— ¿¡…!?

Julen vomitó sangre.

¿¡Obras de arte así eran echadas a la basura!?

Cualquier idiota sabría reconocer el valor que tenían, aun el más mínimo.

—…

Zoren bajó los ojos, suspirando.

— Precio.

— ¿…?

— Dame un precio por ella. La quiero.

—…

¿Realmente quería eso?

Pero… ¿Qué podía pedir?

(…)

No podía creerlo.

¿Quién pide de recompensa por una pintura así un simple erizo? ¿No podía pedirlo personalmente sin recurrir a él?

Cuando les pidió a sus sirvientes que trajeran un erizo joven, le dieron miradas extrañadas.

Era de esperar, odiaba los animales, apenas soportando los caballos.

Igual hicieron caso, buscando el erizo que pidió.

Al mismo tiempo, se preguntaron de dónde sacó esa pintura de sí mismo que colgó en su habitación. Nunca supieron que contratara los servicios de ningún pintor famoso…

Sobre todo cuando resaltaba despóticamente en medio de la habitación con su presencia.

(…)

— ¿Qué?

Apenas escuchó la respuesta del sirviente de cabello claro, exhaló aire frío.

¿La pintura fue llevada por el primer príncipe?

¿¡Qué demonios!? ¿¡Por qué!?

No, ¿cómo supo de la pintura en primer lugar?

Julen, que tenía prevista su respuesta de antemano, dijo:

— El primer príncipe vino de visita y le gustó la pintura que hizo Cassiell-Sama, decidiendo llevársela…

¡Maldición!

¿Por qué vino a visitarlo? ¿Su relación no era mala? ¿O vino a intimidarlo?

No, no importa por qué vino, ¡lo único importante es que se llevó la pintura!

Aun cuando vino expresamente a recogerla, sabiendo que hoy era día libre de Cassiell, quien usaba ese tiempo para practicar pintura.

Sin embargo, no podía quejarse con el primer príncipe. Tal cosa sería un suicidio.

Ah…

Se olvidó de donde estaba, y con quién estaba. Julen lo observaba, sin desviar la mirada.

Relajó su postura.

— Bueno, no es nada que represente un problema…

— Sí… Es solo una pintura…

— Sí, nada del otro mundo…

Dio media vuelta, agitando la mano.

— Será mejor que el príncipe siga practicando. La disciplina es parte de la mejora…

Se marchó, sin notar las dagas que apuntaban a su nuca descubierta.

Fue bueno que no fuera un guerrero, o habría notado la sed asesina del sirviente.

Es tal como pensé… Él es el responsable de hacerle creer a Cassiell-Sama que no tiene talento…

Siempre vio extraño que pensara que sus cuadros no eran cosa del otro mundo, aun cuando mostró mucho talento desde que recogió el pincel.

Todo fue debido a él.

Sin embargo, estuvo tan ensimismado con escapar, que no inclinó su atención a estas señales.

Mucho más porque Cassiell-Sama se guardaba ciertas cosas…

— ¿…?

Un pájaro acomodado en el marco de una ventana, abrió las alas y alzó vuelo.

Le extraño que pareciera mirarlo por unos instantes.

(…)

La pequeña ave llegó a una mano, difuminándose en partículas vidriosas.

Zoren respiró hondo.

Porque lo necesitaba.

Tal como pensaba, fue culpa de ese hombre que la autoestima de Cassiell estuviera tan baja.

Además de llevarse todos sus cuadros para venderlos, su uso más obvio…

La persona que apareció años después era él, quien no pudo seguir vendiendo por el número limitado que tenía a la mano, probablemente cuadros que Cassiell pintó cuando aún vivía.

Es extraño…

Algo quemaba bajo su piel… Brasas ardientes que pensó haber olvidado.

¿Cómo se llamaba esto?

(…)

Los trozos de vidrio se regaron por la alfombra.

El té goteó del cabello húmedo del príncipe.

Las manos de Flyn temblaban, igual de aturdidas.

¿Qué lo llevó a actuar así?

30 minutos antes.

Flyn guardó el sudor de sus manos, buscando aparentar calma.

El mismo príncipe que robó una de sus pinturas, estaba allí, bebiendo té tranquilamente. No dio explicaciones de su estancia, tampoco pensó que necesitaba dárselas a él.

Quería preguntar, pero temía ofenderlo.

Cassiell fingía ignorancia…

O más bien, su atención se centraba en pintar. Nada fuera del lienzo y la paleta de colores atrajo su mirada, ni siquiera el primer príncipe, que entró 10 minutos después que comenzó la clase.

¿Vino a molestarlo?

Pero hasta ahora no movió un dedo, limitando a beber té.

Hubiera sido bueno que se quedara así.

—…

Cassiell dio el punto final a la luna, acabando los reflejos amarillos en su centro.

Levantó la mirada, cayendo de lleno en la presencia de su hermano. ¿En qué momento llegó? ¿Cómo no lo notó?

Su profesor abrió los labios.

— Cassiell-Sama…ni siquiera saludó al primer príncipe. ¿No opina que es grosero?

— A-Ah, l-lo siento tanto…

Puesto en pie, dio una reverencia a su hermano.

— L-Lamento no haberle notado, hermano…

Zoren dejó en la mesa su taza de té a medio beber. Un ruido sordo hizo saltar a alumno y maestro.

— Dime…

“¿Qué tanto aprecias tus manos?”

— ¿Eh?

¿Qué tanto qué…¿¡…!?

Recogiendo sus manos, presionó su pulgar contra el centro de su palma. Obtuvo un alarido sin falta, el cuerpo más delgado se sacudió.

— Sería tan fácil hacerlas inservibles… Antes dijiste que no tenías talento para pintar, ¿por qué seguir practicando, si ya lo crees un hecho?

— ¡Ng…! ¡E-Espera…hermano!

Por razones obvias, no podía zafarse. Faltaba poco para que su piel fuera atravesada…

— ¡A-Aguarde, por favor!

Flyn llegó, ocultando apenas el pánico en su voz.

¡Necesitaba las manos del príncipe en perfecto estado, o no podría seguir pintando!

Se derribarían sus planes de hacerse una fortuna. No podía dejar que perdiera sus manos…

Necesitaba calmar la ira del primer príncipe. Cualquier otro castigo estaría bien, mientras dejara sus manos en paz.

Pero entonces hizo algo que nunca planeó.

Recogiendo la taza que el primer príncipe dejó a la mitad, lanzó la misma a su rostro. El objeto golpeó su rostro, abriendo una cortina de líquido sobre él.

El impacto con el suelo la quebró, dejando trozos dispersos.

El goteo resonó con la misma fuerza de sus latidos frenéticos.

Cassiell, olvidando toda etiqueta, tenía la boca abierta de asombro.

¡Su maestro acababa de lanzarle una taza a su hermano! ¿¡En qué estaba pensando!?

No hubo dolor que lo pudiera hacer pensar en otra cosa.

Una sonrisa descolló dientes perfectos.

Tocó su rostro mojado, sintiendo la humedad en sus dedos.

— Flyn-San…

— A-Ah… Príncipe…yo…yo…no quise…no quise…

Su cuerpo se movió solo, iba a decir.

No pensó en sus acciones, ¡pero nunca en su vida atentaría contra alguien de su estatus!

Pero los resultados no podían ser borrados.

Lo que hizo no podría ser olvidado.

Zoren rio.

— No solo fuiste en contra de un príncipe, sino que también atentaste contra él lanzándole té…

“Supongo que sabes qué destino es apropiado…”

— ¡…! ¡A-Aguarda!

Flyn cayó de rodillas, haciendo de lado cualquier dignidad noble que pudiera tener.

— ¡P-Por favor, se lo suplico! ¡F-Fue un error de juicio! MI cuerpo se movió solo… ¡Tenga misericordia!

— ¿Por qué debería ser amable con alguien como tú?

Los traidores debían ser tratados de inmediato. Él no sería la excepción.

La desesperación cruzó sus ojos. ¿Todo esto era real? ¿Quizás era una pesadilla, y aun dormía en su cama?

Zoren movió los dedos, a punto de llamar a los guardias.

— ¡E-Espera!

Pero Cassiell tomó su mano.

— ¡Hermano, por favor, perdona a Flyn-Sensei!

Apretó su mano, aun a costa de su débil cuerpo.

Zoren tuvo una pausa tan breve como un parpadeo. Lo apartó bruscamente, malestar cruzó los rasgos de Cassiell…

Pero no desistió.

Colocó su frente contra el suelo, arrodillado por completo.

— P-Por favor, no mates…no mates a sensei… Puedes…puedes castigarme en su lugar… Puedes romperme las manos si quieres…pero…n-no lo mates…

—…

Flyn pensó que esto podría resultar beneficioso para él, pero su visión cambió en cuanto puso su mirada sobre el rostro del primer príncipe.

Vio oscuridad.

No para Cassiell, para él.

Un “te odio” más claro que el reflejo un espejo.

Pero su mirada rápidamente se movió a Cassiell, como si nunca hubiera dirigido tales emociones a él.

— Patético…

Los hombros de Cassiell respingaron.

— Siendo un príncipe, ¿te despojas de toda decencia y te arrodillas por un traidor?

Encima, ¿alguien que vendía su trabajo a sus espaldas?

Las brasas ardieron el doble, escaldando bajo su piel…

“Está bien. Hagamos las cosas más rápidas…”

Espada desenvainada, en compañía de una luz blanca y efímera…

Junto con la separación de la cabeza de su maestro…

El sonido rodante del bulto llegó a los pies de Zoren, quien tuvo en poco la muerte causada por su mano y espada.

El cuerpo de su maestro se desplomó, separado de su cabeza.

Cassiell gritó.

(…)

— Príncipe…

—…

Julen tocó su espalda. Sentía pequeños temblores a través de la sábana…

Oprimió su pecho. No tenía valor para mirar su cara.

Las lágrimas secas seguían allí, aun cuando trató de lavar su rostro antes.

La muerte de Flyn lo abrumó en un día que parecía de lo más común.

Las noticias se extendieron entre los nobles, sirvientes y gente común.

Todo sobre un profesor del castillo que murió por oponerse a la intimidación del primer príncipe hacia su hermano.

Algunos le tuvieron lástima, otros lo vieron como un tonto…

Nada importó. El hombre en cuestión estaba muerto. El rey no abrió ninguna investigación. Creyó la afirmación de su hijo sobre su insubordinación a su autoridad, zanjando las cosas así.

La gente temió el nombre del primer príncipe.

Mientras que los demás se burlaron de la mala suerte de Cassiell.

Cuando alguien aparecía para defenderlo, era inmediatamente asesinado. Si eso no era mala suerte, no sabía qué lo era.

Cassiell no salió de su habitación durante tres días, de luto por la muerte de su maestro. No obstante, no pudo continuar con él, obligado a asistir al desayuno real.

No levantó la mirada durante todo el desayuno, demasiado aterrorizado de él para mirarlo. Temía morir si lo hacía.

(…)

Aun cuando la cabeza de su maestro fue cortada por sus manos, sus movimientos al llevar la taza a su boca seguía siendo igual de elegantes y confiados.

El viento suspiraba sobre su cabello, trayendo el manso aroma de las flores.

Pero no pudo pensar en ellas, no con el temblor que recorría sus dedos.

Ni siquiera tenía la compañía de su sirviente, el único en quien confiaba.

Aunque a su modo, era bueno. No quería perderlo también.

— Que cara más patética. ¿No beberás?

Recogió su taza de té blanco. Lo bebió, sintiendo el dulzor bajar por su garganta. Ahora le sabía agridulce. Se odió por añorar este sabor.

Zoren chasqueó los dedos.

Un sirviente trajo una pequeña jaula, de la que extrajo un pequeño animal puntiagudo.

Un erizo joven, vuelto una bola. No era distinto a Cassiell, temiendo recibir daño alguno.

Ante su mirada confusa, Zoren dijo:

— El erizo que me pediste por la pintura… Aquí está…

—…

Cierto. Hizo una petición así…

No lo tomó de inmediato, procesándolo todo.

¿Era seguro tomarlo?

Se sentía reacio a tomar algo de la misma persona que mató a su maestro…

Zoren levantó una ceja, recogiendo al erizo en una mano.

— ¿O cambiaste de opinión? Si es así, me desharé de él y pensaré en otro pago…

— ¡NO!

Acabó en manos de Cassiell en un flash de luz.

El sirviente miró con ojos de pánico al pelinegro, quien arrebató el animal de Zoren. ¿Acaso pensaba morir joven?

Pero Zoren suspiró.

— Con esto ya no te debo nada…

Las manos de Cassiell no podían permanecer quietas, aun sosteniendo el pequeño animal, a quien protegía en su regazo.

No quería ver más sangre. Menos la de alguien inocente…

Sintió algunos movimientos menores dentro de sus manos.

Zoren chasqueó la lengua.

— Ya puedes irte.

—…

Asintió, caminando sin escolta.

A varios metros vio a Julen esperándolo, al pendiente de cualquier percance. Se lo agradeció.

Zoren se apoyó en una mano, nada contento por cómo fluyó la reunión.

Ante todo, por esa mirada de pavor en ojos tan extravagantes como los suyos.

(…)

Julen miró el pequeño animal dormido en un cojín real. Menuda suerte la de él.

Terminó siendo llamado Espín. Un nombre que le quedaba bien.

Cassiell soñaba ansioso, moviéndose de vez en cuando en la espaciosa cama. La noche avanzaba, pero él no podía disfrutarla. Lamentó no poder hacer más por él.

Si tan solo pudiera disipar las pesadillas que lo acosaban de noche, al menos podría ayudarlo a olvidarse de todo un rato.

Tocó el pequeño orbe en su bolsillo.

Al menos ya conseguí el dispositivo para esconder nuestra presencia. Esto nos ayudará a huir sin que nadie nos sienta…

Pronto saldrían de este lugar lleno de monstruos… ¿…eh?

Oyó un deslizamiento.

Y vio una pared abrirse, revelando al primer príncipe de la oscuridad.

¿¡…!?

¿¡Zoren-Sama!?

¿¡Qué demonios!? ¿Cómo…? ¿Qué?

¿Esa pared tenía ese mecanismo?

Gracias a que estaba en un punto ciego, el peli-plata no pudo verlo, caminando confiadamente a la cama de su hermano. Su mano buscó su cabeza…

¡…! ¡Maldición!

Julen temió por Cassiell, a punto de saltar a salvarlo…

Pero la mano solo acarició su cabello negro…

— ¿¡…!?

Tuvo el triple de confusión.

Más porque parecía querer decir algo.

— ¿Debería decirle?

— ¿…?

¿Decirle? ¿Decirle qué?

El mismo príncipe parecía sopesar los pros y los contras. ¿Cómo era correcto actuar ahora?

Su mano delineó el contorno de sus pestañas, cepillando ligeramente las puntas.

¿Por qué intervino?

Vino de visita, con el fin de hacer caer la cabeza de ese maestro lleno de trampas.

Solo necesitó un hechizo para mover sus manos por un segundo, acabando por dar evidencia de su “traición”.

Lo único real fue su deseo de evitar que su gallina de huevos de oro perdiera sus manos. Lo supo bien.

Pero las cosas no salieron tan bien como pensaba… Ahora Cassiell le temía.

Y eso…no le gustaba.

— Mmm…

Cassiell movió la cabeza, haciendo que sus dedos rozaran accidentalmente bajo sus ojos.

El sitio mostraba hinchazón, y sendas de lágrimas secas…

No le agradó.

Su mano se iluminó un poco.

Magia curativa.

No era de alto nivel, pero bastaba para sanar algo de hinchazón…

La cara de Cassiell mejoró, ya no viéndose tan demacrada. No paró de pasar los dedos por su cabello mientras aplicaba su magia.

Julen había olvidado respirar desde hace rato.

Las acciones de Zoren le desconcertaban.

Al principio pensó que esa luz era un ataque mental o físico, pero lo descartó en cuanto sintió el aura restante.

Era magia curativa, una débil, pero útil para sanar malestares menores.

Sanaba el rostro trasnochado de su señor…

—…

¿Cómo se suponía que tomara esto?

¿No lo odiaba?

Pero viendo esto…no parecía ser el caso… ¿O no?

No entiendo nada de nada… Que alguien me ayude a entender…

Minutos después lo vio marcharse por el mismo lugar por el que entró. No sabía qué pensar de ese pasadizo engañoso del que acababa de enterarse por accidente.

(…)

Espín avistó las flores, moviendo su nariz. Cassiell sonrió.

— Parece gustarle mucho este lugar…

— Es de esperar. Tiene buen gusto, tal como el príncipe.

Julen juntó sus manos tras su espalda. Cassiell estuvo de acuerdo, mirando de cerca el caminar cuidadoso del erizo.

Como Julen recomendó no encerrarlo las 24 horas del día, decidieron salir una hora a pasear.

La recomendación no era solo por Espín, también era para él.

Temía que cayera en depresión y se rindiera.

La escena de anoche cruzó por su mente. Ver cerdos volar no sería tan raro como eso.

Espín mordió una hoja, Cassiell tiró de él.

— Ah, no te comas el jardín, Espín…

— ¿Quizás tenga hambre?

— ¿No acabamos de darle comida?

— Y sin embargo, parece tener hambre otra vez…

¿Pensaba empobrecerlos?

Espín avanzó, tomando confianza. La personalidad de Cassiell influyó mucho en él.

Pero se topó con un par de zapatos negros y pulidos.

Cassiell levantó la mirada, estando en cuchillas.

Gray, su otro hermano, se presentó.

La mirada de Gray se posó sobre el animalito a sus pies, quien estaba libre de cualquier sospecha sobre él.

— Oh… ¿Este es el regalo que nuestro hermano Zoren te dio de consuelo por la pérdida de tu maestro?

Lanzó una saeta, golpeando el corazón de Cassiell. Su rostro se puso azul, recordando la ausencia.

Esto levantó una ola de magma dentro de Gray.

— Me pregunto si los demás profesores seguirán dándote clases a partir de ahora… Atraes la mala suerte para todo el que te acompaña…

Miró a Julen, quien apretaba los puños.

— Sería malo si algo llegara a pasarle a tu único sirviente…

“Te quedarías totalmente solo, ¿no sería triste?”

Los ojos de Cassiell vibraron.

El pecho de Gray palpitó con algo más.

Espin tocó el zapato de Gray, ajeno a lo que sucedía.

Gray movió su pie, poniéndolo en alto…

— Esta cosa es desagradable… ¿Se vería mejor aplastada?

— ¿¡…!? ¡NO!

Ah…

Esa mirada de pánico…

…provocó expectación en Gray.

Ver a su preciada mascota hecha papilla bajo su zapato ¿no causaría mayor impacto?

Quería verlo llorar… Abrumarlo de lágrimas.

Ensuciarse el zapato sería un pago justo por una expresión tan deliciosa.

Su pie golpeó abajo, deteniendo los corazones de amo y sirviente…

…pero solo tocó grama.

¿Eh?

¿Y el erizo? ¡Estaba justo allí!

— Ah…

El pequeño Espín estaba en manos de la misma persona que lo regaló.

Zoren lo sostenía, de pie ante Gray.

Vapor se movía tras sus labios, frialdad rezumaba de sus cuchillos azules.

— Tú…

“¿Qué parte no entendiste de no involucrarte…?”

— ¡…!

Retrocedió, pero la mano de Zoren fue más rápida.

Apretó su mandíbula, jalándola hacia él. Vio su cabeza quedar aplastada, hecha papilla.

Pero solo fue su imaginación…no, fue una realidad.

Si Zoren lo deseaba, podría hacer esa realidad un hecho.

El cabello plateado se movió.

Fuera.

Apartó su rostro, bordeando el abuso físico.

Gray cayó sobre su trasero, apenas consciente. Se apartó, no queriendo estar un segundo más cerca de ese monstruo. No hubo compostura que salvar.

—…

—…

Cassiell y Julen no tenían palabras.

Zoren giró, encontrando los ojos heterocromáticos de su hermano menor. Colocó a Espín en su mano.

…y limpió las lágrimas que estaban a punto de deslizarse fuera de sus ojos.

No entendía por qué estaba aquí…

Pero no quería ver sus lágrimas…

—…

Cassiell no pensó que las mismas manos que arrebataron la vida de su maestro y que abusaron de Gray, pudieran ser tan gentiles al tocarlo.

¿No era una ilusión?

Sostuvo sus hombros, poniéndolo de pie como un niño. Su cuerpo fue fácil de mover, siendo tan delgado y ligero.

Miró a Julen.

— Llévalo a su habitación.

— S-Sí.

Las cosas se pondrían locas desde ahora.

(…)

Apartó la taza de sus labios.

Kyara sostuvo el centro de sus cejas, suspirando con pena y decepción. ¿Existía un dolor peor que este?

— Y eso que te estabas portando tan bien este mes…

“Eres una decepción para tu madre, Zoren…”

(…)

— ¿Qué?

— ¿Tus oídos no funcionan? Quiero reunirme con Cassielll…

La madre de Zoren, tarde en la noche, vino con motivos desconocidos, alegando querer encontrarse con el príncipe. No tenía a nadie que la acompañara. Algo raro en sí mismo.

— Pero… ¿con qué propósito—

— Eso no necesitas saberlo, sirviente. No es tu trabajo inquirir sobre lo que deseo hacer…

— Ng… Entonces—

— Tampoco estarás presente. Quiero que sea algo privado…

— ¡…! ¡Espere…

Ella intentó avanzar, ignorando la presencia de Julen, quien intentó interponerse.

Ella localizó sus ojos.

— Si no quieres ser decapitado por ir en contra de mis órdenes, será mejor que retrocedas, sirviente…

— Hk…

Una sonrisa pérfida lamió su vacilación.

— Es decir…sería malo si el único sirviente de ese niño maldito muriera y lo dejara solo…

Esa perra…

Se hizo a un lado, llamando a la puerta.

Atrás, la sonrisa de Kyara se agrandó.

(…)

Cassiell tenía sus manos ocultas desde el otro lado de la mesa. La reina abanicaba su cuello.

— No te preocupes. El asunto que vine a tratar contigo es muy breve. Ni siquiera serán cinco minutos…

Mientras hablaba, sacó un terrón de azúcar, estirando la mano. Cassiell, entendiendo el gesto, lo tomó lentamente.

Lo comprobó, y realmente se trataba de un cubo de azúcar.

— Oí que te gusta lo dulce. Lo preparé para ti…

El abanico cerró, cortando el aire.

—…

Ella sonreía, enjaulando sutil picardía.

— Supongo que no debo explicar mucho que contiene además de azúcar, ¿verdad?

—…

Esto…

No era solo azúcar…

Sus manos temblaron, a punto de tirar al suelo el cubo.

Pero ella no se lo permitió.

— Yo no haría eso…

La miró, ella convirtió sus ojos en medias lunas.

— Por supuesto, no estás en obligación de conservarlo…

—…

Su dedo delineó desde su oreja hasta su mentón, pronunciando su sonrisa.

— Por cierto…

“Tu sirviente tiene ojos bonitos, como esmeraldas…”

—…

— Me gustan las esmeraldas…

—…

Apretó el cubó en su mano.

— ¿Qué—

— Bébelo en tu té.

Un espasmo sacudió su pecho.

— Si no lo haces…bueno…ese lindo niño no estarás más contigo…

“Solo debes beberlo una vez me haya ido…Nada difícil…”

Dijo, como si beber veneno fuera algo común.

Su mirada cayó, tambaleándose.

— ¿P-Por qué…?

¿Por qué hacía esto?

— ¿Por qué otra razón podría ser?

Reveló, picoteando la mesa con un dedo.

— Mi hijo decidió que tu existencia ya no era necesaria. Por eso vine aquí a cumplir el deseo de mi pequeño…

¿¡…!?

¿Zoren…la envió aquí? ¿A matarlo?

Puesta de pie, inclinó la cabeza y le dio una mirada larga.

— Espero que decidas antes de que amanezca.

— Pero…

— Si no…entonces tu sirviente sufrirá las consecuencias… Eres libre de decidir si quieres vivir un poco más, o salvar lo único que tienes…

“Todo depende de ti.”

—…

A-Au…

Ella, complaciéndose de su silencio, llegó a la puerta.

— Adiós…

Siguió el silencio.

(…)

La taza de té caliente acabó en manos de Cassiell, quien no lo bebió de inmediato, sino que miró fijamente los remolinos avellanas.

— ¿Príncipe?

Aún tenía curiosidad por su deseo de beber té tan tarde.

Supongo que la visita de esa perra lo ha conmocionado…

Aun no le decía nada, preocupándolo.

Además que esa mujer se marchó sonriéndome… ¿Exactamente qué hizo?

— Julen…

— ¿Sí, Cassiell-Sama?

¿Por fin hablaría?

— ¿Puedes sacar a pasear a Espín?

— ¿Eh? ¿Por qué?

— Necesito ordenar mis pensamientos antes de…hablar contigo. Por favor…

—…

Recogió a Espín, entendiendo.

— Está bien, ¿cuándo debería volver?

— En…en diez minutos…

Lo suficiente para que pueda acabar con esto…

Julen asintió, penando que necesitaba tiempo para calmarse.

— Vuelvo en un rato.

— Sí…

Julen…no dudaba de él…

Su espalda se vio tan lejana… Su mano se movió, queriendo jalarla de vuelta…

Porque morir solo sería aterrador…

Aun cuando no tenía experiencia con la muerte, tuvo certeza de que sería así.

Su mano tembló, derramando algo de té. Oyó la puerta cerrarse.

Respiró hondo, sacando el cubo de azúcar.

No se vio diferente a cualquier otro, cayendo al fondo del líquido marrón.

Allegó el borde a sus labios.

Aunque no podía discernir veneno, sus músculos luchaban por apartarlo de su boca. Fue irónico que oliera igual de bien a cualquier té.

Aun cuando le traería agonía hasta el último segundo…

Es curioso que sepa que sucederá aun sin haberlo bebido…

Pero tampoco tenía dudas sobre cómo sería.

Incluso podía verse arrepintiéndose momentos después de beberlo, para arrastrarse fuera de la cama, esperando que alguien abriera la puerta y lo salvara…

Todo comenzó a verse vidrioso.

Sus manos temblaron. Algo de té se derramó en su pantalón…

Si no lo bebo…Julen morirá…

“¡Mi vida no vale tanto…!”

Pudo oírlo gritar frenético. Sonrió, pensando que era demasiado vívido para pensarlo una alucinación.

Lo siento…

Realmente me habría encantado escapar contigo…

Ser libre de este lugar sin esperanza.

Sus labios se conectaron a la orilla…

Pero la taza inmediatamente fue lanzada al piso, hecha pedazos. Momentos antes sonó el sonido de la puerta, algo que pasó de largo por el malestar.

El líquido se derramó por la alfombra, distante de sus labios.

¿Eh? ¿Hermano…? ¿Julen?

¿En qué momento llegaron?

Julen lo apretó, temblando. Mojó su hombro de lágrimas que pensó que sería las últimas.

— ¿¡Por qué harías algo así!?

— ¿Eh?

Lo extraño no fue que Julen supiera lo que iba a hacer…

…sino los brazos nuevos que lo abrazaron…

Zoren lo abrazó, enterrando su rostro en su otro hombro.

—…

¿Por qué su hermano temblaba? ¿Era la misma persona que conocía?

¿Y por qué parecía aliviado?

(…)

Minutos después, con Julen y Cassiel con ojos hinchados, tomaron asiento.

— Primero que nada, ¿cómo…?

Julen señaló a Zoren.

— Este bastardo me dijo…

— ¡…!

¿¡Bastardo!?

No, aguarda, ¿la reina no vino porque él lo quería muerto?

— ¡Kyu…!

Espín subió al regazo de Zoren, esperando que Cassiell lo recogiera al mover su hocico, pero no podía centrar su atención en él, más aun cuando anhelaba respuestas a sus preguntas.

Julen limpió el sudor que bajaba por su frente a causa del pánico.

Estuvo a pocos centímetros de perderlo.

(…)

Espín se removió en sus brazos. Julen acarició su cabeza, no ocultando su desazón.

Las estrellas adornaban el telón anochecido debido a la hora, acompañando su viaje con una brisa fresca.

Justo cuando estaba por salir al jardín, se topó con una persona.

Una que habría preferido no ver antes de dormir.

— Primer príncipe…

Para ser alguien que no se ataviaba de joyas, siempre caminaba como si fuera para una gala, haciendo que cualquier prenda tuviera estatus.

Sus labios se torcieron levemente, en vista de la criatura que sostenía.

— ¿Qué hace el perro de Cassiell suelto a estas horas de la noche?

—…

Los dedos de Julen se prensaron, pero solo duró unos segundos.

Porque conocía algo que el resto no.

Fue por eso mismo que sus labios se movieron sin pensar.

— Tu madre visitó a Cassiell-Sama hace una hora…

— ¡…!

La mirada del príncipe cambió.

¿Su madre…?

¿Por qué ella…? Ah…

Jajaja…

Así que ni siquiera esperaría a que comenzara la selección real como era debido…

Esa tramposa…

— ¿Primer príncipe?

Zoren marchó directo a la habitación de su amo, dejándolo desconcertado.

Solo necesitó decir unas cuantas palabras para hacerlo perder el aire.

— No fue a visitarlo…

“Fue a entregarle veneno…”

El mundo de Julen se desdibujó. Los colores se deshicieron mientras perseguía su espalda.

(…)

Aunque no tenía idea de cuál era la postura del primer príncipe, lo apostó todo.

No se arrepintió de hacerlo.

Sujetó los hombros de Cassiell.

— ¿¡En qué diablos estabas pensando para beber veneno!?

Al diablo la educación. Necesitaba respuestas.

Cassiell tembló, pero no de miedo.

Sino de alivio.

Un alivio tan grande que lo sobrecogió.

— Lo siento…

¿Qué más podía decir?

— ¿Te amenazó…?

— ¡…!

Las palabras de Zoren golpearon en la diana, dándole a Julen la pista que requería.

— ¿Qué? ¿Te amenazó? ¿Con qué? ¿Qué te dijo esa perra?

Cassiell se mareó, pensando que la voz de Julen era tan ponzoñosa como el veneno que iba a beber.

Pero una vez más, fue atrapado por Zoren.

— ¿Eres tonto, sirviente?

— ¿Qué?

El príncipe estiró los hombros, colocando una mano sobre su rodilla, sobre Espín.

— ¿Qué otra cosa podría perder además de la vida?

— ¿Qué? ¿Qué estás—

La realidad lo golpeó de frente, dejándolo una punzada de ajenjo en las entrañas.

Ah…

Era él…

Lo amenazaron con él…

No tenía bienes ni aliados…

…solo un sirviente leal.

Sus ojos lo buscaron, esperando confirmación. Sus parpados mantuvieron sus irises escondidos, afirmándole lo que necesitaba saber.

¿Entonces…fue mi culpa?

No pienses demasiado, sirviente…

— ¿Eh?

— Aun si no hubieras estado a su lado, nada la habría detenido de actuar…

—…

Por eso Cassiell decidió apostar por salvar su vida. Sabía que no lo dejaría ir, así quitara de su lado a Julen.

Lo único que pudo hacer fue enviarlo fuera para no verlo morir…

La flacidez se apoderó de Julen, quien deslizó sus manos fuera de Cassiell.

— Solo soy un…sirviente…

No valía tanto…

Cassiel no estuvo de acuerdo.

— Puede que te veas como un sirviente, pero…para mí…

“Eres mi único amigo…”

—…

Su única ancla en medio del mar embravecido. Perderlo no habría sido diferente a quedar a la intemperie en el mar tormentoso.

Zoren suspiró. Cassiell lo miró.

— Pero… ¿por qué estás aquí? Ella dijo…que me querías muerto…

Cerró la boca. Hielo humeaba de sus ojos.

— ¿Y te lo creíste?

¿No debería…?

—…

A decir verdad, Julen tenía sentimientos encontrados. Tenía muchas dudas respecto al primer príncipe, así que entendía la opinión de su amo, quien tenía aun menso información que él.

Zoren rascó su cabello.

— Vengo del futuro.

Y echó la bomba, cuando las mentes de ambos seguían ordenándose.

¿Eh?

Solo se oyó el ruido de Espín, tratando de caminar al regazo de su amo liado de mente.

— ¿Tu qué?

Julen olvidó toda etiqueta desde que supo que Cassiell estuvo a punto de beber veneno para salvarlo.

Esperaba algún tipo de explicación o revelación increíble, pero no algo…así.

— Vengo de 7 años en el futuro…

¿Realmente esperaba que creyeran eso…?

— Cassiell ya no está…

— ¡…!

¿Qué? ¿Cassiell ya no estaba? ¿¡Por qué…!?

Julen se olvidó de sus dudas iniciales tan rápido como les dio origen.

Todo porque la visita de la reina no fue algo casual…

Incluso pudo haber cosas diferentes, ella habría buscado la vida de su amo con la misma saña.

Fue entonces que cayó en cuenta.

Ah…

¿Lo dejé morir…? ¿Dejé morir a Cassiell-Sama…?

¿Regresó después, para solo ver su cuerpo frío tirado sobre la alfombra?

— Ya basta, Julen.

¿Eh?

Sus uñas pararon de arañar sus brazos. Las manos de Cassiell separaron sus dedos suavemente.

No supo en qué momento comenzó.

Cassiell golpeó sus frentes, trayendo algo de raciocinio.

— Mírame. Estoy aquí. Estoy bien. Despierta y deja de culparte…

—…

Sus dedos dejaron de temblar.

Una vez dejó de dañarse, Cassiell se giró a Zoren.

— ¿Por qué estás aquí?

—…

¿Por qué estaba aquí?

— No lo sé…

Las pestañas oscuras de Cassiell revolotearon de sorpresa.

— ¿No lo sabes…?

— Hace mucho dejé de preguntarme qué quería… Todo me dejó de importar una vez solo quedé yo…

—…

Cassiell tocó con el dedo por encima de su palma, trazando su propio nombre.

— ¿Qué sentiste cuando morí…?

—…

La mano debajo se crispó.

Sus ojos se encontraron.

Zoren tensó la mandíbula.

¿Qué sintió?

— Remordimiento, supongo…

Sujetó su mano.

— ¿Ahora ya no?

—…Ahora…

¿Qué sentía ahora…?

Pensó en todo lo que vivió desde que regresó. Sus tratos con los demás no cambió…

…solo su trato con Cassiell…

— Creo…que sigue ahí…

La culpa seguía instalada en lo profundo de su alma, vigente aun cuando desviaba la mirada.

Por eso estaba aquí…

Por eso se le encogió el estómago al saber que su madre lo visitó…

…por eso grato alivio saltó de su pecho al no ver el cuerpo de Cassiell tirado a la puerta…

Cassiell levantó los bordes de sus labios, como una madre que oía una historia de final obvio.

— Hermano…

“¿No es ya evidente por qué estás aquí?...”

—…

Era…evidente…

“¿Tienes…una…razón…para…volver?”

La gema lo preguntó claramente.

Una razón para volver…

No pudo ver nada más fuera de Cassiell.

— Yo… ¡…!

— ¿¡…!?

Zoren los cubrió a ambos, dejando para después la advertencia. Dos filos se incrustaron en su espalda, salpicando sangre por su ropa.

— ¿¡…!? ¿¡Primer príncipe!?

Julen miró más atrás, encontrando una mirada ajena.

Ah…

— Esto es malo…

Reihan balanceó los cuchillos en su mano.

— Esto no es bueno.

Repitió.

— Mis disculpas, Zoren-Sama… Era necesario…

— ¡Ng!

— ¿¡Hermano!?

Cuando Zoren intentó ponerse de pie, sus rodillas fallaron, cayendo sobre Cassiell y Julen.

Su cuerpo se volvió pesado, como si tuviera rocas en lugar de órganos. No se movía como ordenaba, sumando frustración a sus extremidades.

¿Las dagas tenían veneno paralizante? ¿Supo que los protegería?

Aunque no estaba paralizado totalmente, aun le costaba moverse.

Reihan resopló, viendo como el sirviente se colocaba delante de ambos príncipes.

— ¿Acaso se volvió loco? ¡Esto es traición…!

Reihan negó.

— ¿Traición? No, no, no digas cosas tan pesadas… Soy muy fiel a la corona…

Movió sus cuchillos.

— Por eso me desharé de las plagas que se interpongan entre mi futuro rey y la corona…

Impulsado como una bala, cayó sobre Julen.

— ¡Tú—¿¡Uh!?

Zoren pateó los pies de Julen. Su cuerpo cayó debajo de la línea que dibujaron los cuchillos, algunos cabellos dorados bailaron.

— ¿¡…!? ¿¡Magia!?

Zoren atravesó el hombro de Reihan con una flecha de luz. El asesino retrocedió…

…para regresar sin darles tiempo de respirar.

— ¿¡…!? ¡Príncipe…!

Pateó al Zoren fuera del camino. Su magia era peligrosa, por lo que optó por alejarlo de sus objetivos.

Cortó el pecho de Julen, quien cayó sangrando profusamente por la herida. La flecha que marcó su hombro evitó que hiciera un corte más profundo.

Bueno, no es que pudiera levantarse con una lesión así…

— ¡Ng!

Vaya, realmente suena como un cachorro…

Tirando de su cuero cabelludo hasta hacerlo llorar, pudo apoderarse de la plaga que causó la preocupación de su señora.

Zoren gruñó, oprimiendo los puños. Escarcha bajó de sus manos…

¿Incluso sabía magia de hielo? ¿No solo era un espadachín? ¿En qué momento aprendió tanto?

— Mis disculpas, príncipe. No tengo nada en contra suya, pero no puedo dejar pasar los sentimientos que tiene por su hermano menor…

—… ¿por qué…?

¿Por qué no podía ignorarlos?

— En cualquier otra familia, no habrían estado mal…

“Pero nacieron en la familia real…”

—…

Se mordió el labio. Sintió el hierro fluir.

Necesitaba detenerlo.

Detenerlo, antes de que…de que…

¿Volvería a perderlo…? ¿Asesinaría a sus hermanos, para luego usarlos de escalera para tomar el trono…?

¿Justo como ella quería…?

Reihan se maravilló.

— Nunca pensé que podría hacer una cara así, príncipe…

Una cara llena de remordimiento y cólera…

Bueno, ya era hora de terminar esto.

Borrar la variante que causó dolores de cabeza para la reina…

Al menos tendré la decencia de hacerlo rápido—

Toda su cabeza giró en una dirección imposible para la anatomía humana. El proceso fue tan suave que apenas causó ruido en medio de la habitación.

—…

Las manos delgadas se retiraron. El cuerpo de Reihan cayó.

Zoren y Julen contuvieron el aliento.

— Ah…

Cassiell miró sus manos…

…manos que hace segundos quebraron el cuello de un ser humano…

Una acción que no requirió planificación para ejecutarse.

Parpadeó, mirando el cuerpo con el cuello doblado grotescamente.

Julen se puso de pie, habiendo visto todo desde el principio.

Mientras Reihan hablaba con Zoren, Cassiell levantó las manos, y de manera suave, invirtió su cabeza como un tornillo.

Lo más increíble fue su falta de sed asesina de principio a fin.

Porque no se movió por odio o rencor.

Solo se movió.

— Ah, ¡Julen, hermano!

Cassiell entró en pánico, no viéndose diferente a un niño aterrorizado de la sangre.

Cuando Cassiell revisó sus heridas, Zoren tocó su cuello.

— ¿Hermano?

— Ja…

Se rio…

Su hermano…

El niño débil que todo el mundo despreciaba y que era más amable que todos…

…tenía talento como asesino.

—…

Aun sabiéndolo, no le importó.

Era demasiado tarde para que algo tan pequeño pudiera importarle.

(…)

Gray a veces salía a caminar tarde en la noche por el simple hecho de disfrutar la oscuridad.

Últimamente no podía dormir bien.

El intercambio con su primer hermano fue…brutal.

Nunca pensó que podría mostrar ese nivel de…lo que sea que hubiera sido eso. Era de los que no actuaba mucho en contra de sus hermanos, al menos no directamente, así que esto no estaba en sus planes.

— ¿…?

Una puerta se abrió…

La puerta que daba a la habitación de la primera reina…

Alguien salió, goteando rojo.

Su espada se deslizó por el piso, marcando un camino de ese color…

—…

Zoren apareció, cubierto de sangre, saliendo de la habitación de su madre. Solo el azul de sus ojos seguía templado. No se oyó sonido proveniente del lugar del que venía…

—…

Y Gray…

Gray puso su mirada sobre la planta del pasillo, acariciando sus hojas.

— Que planta más bonita…

Dijo, ocultando sin éxito el temblor en su voz y manos.

—… Hmph…

Zoren sonrió, guardando su espada.

Es más inteligente de lo que pensaba…

Se marchó, dejando a un Gray temblando como rama contra el viento.

(…)

El barco se acercó al puerto, balanceándose por la brisa marina. El sonido de las gaviotas repercutía, anunciando su llegada.

Las personas miraban desde la proa, emocionadas por bajar a tierra.

Entre ellos, un trío destacaba por su aspecto.

Un peli-plateado que posaba como soberano absoluto, un rubio que parecía cerca de saltar y nadar a la orilla, y un pelinegro de aspecto frágil y mirada soñadora.

Zoren miró el puerto lleno de movimiento, a la espera de que llegaran y desembarcaran.

A diferencia del lugar del que venía, aquí veía esperanza.

¿…?

Sintió un tirón de su mano. Al girar, encontró la sonrisa de Cassiell.

— ¿Qué te parece?

—…

Volvió a mirar el lugar.

— Me parece bien.

— ¿¡”Bien!? ¿¡Sólo bien!? ¡Es increíble!

Julen no podía esperar a bajar y explorar la ciudad. Era tan diferente a lo que conocía, que quería ir ya mismo.

Nunca tuvo la oportunidad de viajar por ocio, así que tenía muchas ganas de aprender todo lo que pudiera.

Cassiell sonrió. Zoren habló.

— Recuerda que no debemos revelar nuestra identidad.

Por eso se ungieron nombres distintos…

— ¿Crees que soy idiota? Claro que lo sé.

Este tipo…

Realmente olvidó su papel de sirviente tan rápido…

Hace poco empezó a enseñarle a usar una espada. No solo porque eso quería, sino también por la seguridad de Cassiell.

Hacerlo capaz de protegerlo también era parte de sus prioridades.

Pero debido a eso, ahora lo trataba con poco o nulo respeto.

— ¡Kyu!

Espín olió la brisa marina. Se acurrucó en el hombro de Cassiell, quien llevó un dedo y rascó su cabeza.

— Tengo curiosidad por algo, hermano.

— ¿…?

— La muerte de mi maestro…no fue casualidad, ¿verdad?

—…

Julen saltó como un conejo.

— ¡Ah! No es lo que piensa, Cassiell-Sama…

— ¿…?

Nadie le pidió su ayuda…

Pero no pudo detenerlo.

— Ese tipo estuvo comerciando sus pinturas en secreto, mientras le hacía pensar que era malo pintando. Zoren se enteró, así que decidió borrarlo del mapa…

¿Era necesario decirlo así?

Cassiell boqueó. Espín lo imitó.

— ¿Vendía…mis pinturas?

Julen asintió.

—…

Tenía muchas, muchas dudas.

¿Sus pinturas eran comerciadas? ¿Era…bueno pintando…? ¿Desde cuándo? ¿Desde el principio? ¿Estuvo siendo engañado tanto tiempo…?

Su cabello fue revuelto.

— ¡Mm!

— No pienses más en eso.

Zoren picoteó su frente con el nudillo, apartando los malos pensamientos.

— Estamos aquí para buscar un futuro diferente. No tienes razones para estancarte en lo que ya pasó…

—…

Le dio el mismo trato que le dio a Julen hace unos días.

Frotó su frente, removiendo su cabello, dejando sus ojos al descubierto.

— Gracias.

— ¿Por?

Un haz de viento retiró la cortina negra. Rojo y azul se estrecharon cálidamente para él.

— Por volver por mí…

—…

Algo acogedor fluyó fuera de su corazón, algo que Zoren pensó haber enterrado.

— Sí…

No tenía razones para negar sus palabras.

Después de todo, no son mentira...

El rey glacial sonrió.

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Tiempo de trauma… ¡Jajajaja!

¿Lo disfrutaron?

Oficialmente ya empecé el infierno, ejem, quiero decir, la universidad, así que no tendré tanto tiempo como antes. Además que volvimos con el culto de niños en la iglesia, y comenzaremos un programa de radio pronto, y tendré mi pasantía de administración, junto con el servicio comunitario… Rayos, ¿no estoy llena?

Me duele la espalda de tanto escribir…

No sé por qué, pero escribir momentos esponjosos son muy difíciles y me cuesta trabajo darles sentido y normalidad, pero momentos tristes y trágicos fluyen naturalmente de mis dedos… ¿Seré una sádica?

Solo espero que esto haya evocado algún sentimiento (bonito, espero yo) en ustedes, puesto que sufrí (dolores de cuello y espalda) para escribirlo.

Literalmente solo me inspiro cuando tengo sueño y sé que debo dormir… cuando es temprano y estoy libre, no me llega absolutamente nada a la mente…

Supongo que es obvio que adoro las relaciones de hermanos con matices de doble cara. Por eso la relación de Thor y Loki de Marvel me resulta fascinante, pero es un tipo de relación que no se desarrolla mucho en los manwhuas y demás (sobre todo si ambos son varones), limitándose a darles una rivalidad plana y sin trasfondo.

Actualmente me estoy leyendo Renací como el príncipe enemigo y adoro cómo se maneja la relación de ambos hermanos ≥≤. Como el manhwua se quedó en un punto que quedé “¡Tienes que estar bromeando, no puedes quedarte allí, sigue, sigue…!” decidí ir por la novela, que no encontré en español. Yo de tonta, me partí la cabeza por eso, hasta que pensé “Aguarda…si es texto, ¿no puedo buscarla en inglés y dejar que el traductor del navegador la traduzca?”.

Me sentí muy idiota, pero también alegre, ya que pude avanzar desde donde me quedé…

Lástima que no pueda hacer lo mismo con los manwhuas, pero bueno… ¡Espero que esta lectura les haya causado algo! ¡Analyn se despide! ¡Bye bye!

EXTRA

Cassiell: Oigan, si mis pinturas no venden bien, ¿puedo convertirme en asesino para ganar dinero?

Zoren: Sobre mi cadáver.

Julen: Es imposible que su trabajo no venda. Deje de preocuparse por su inexistente falta de talento.

Cassiell: Pero… ¡las cuotas por matar gente son altísimas! ¡Ganaríamos mucho!

Julen: ¿¡En qué momento comprobó eso!? ¡Es más…! ¿¡Por qué piensas que es natural tomarlo en cuenta!?

Zoren: Olvídate de ganar dinero. Me convertiré en mercenario para sustentarnos sin que tengas que ponerte en peligro…

Cassiell: Hermano…

Julen: Zoren…

Zoren: Tú sí tendrás que trabajar…

Julen: ¡…! ¡Pero si acabas de…!

Zoren: Cassiell es especial.

Julen: ¡Tú y tu maldito complejo de hermano! ¡Ya ni siquiera lo escondes!

Zoren: No sé de lo que hablas.

FIN.