「 𝐑𝐎𝐋𝐄𝐏𝐋𝐀𝐘 」
𝙆𝙞𝙣𝙠𝙪𝙖𝙧𝙮 𝙙𝙖𝙮 𝟭: Juego de roles
𝙎𝙞𝙣𝙤𝙥𝙨𝙞𝙨: Shane conoce a un extraño en el bar, y pese al anillo en su dedo hacen una visita rápida al baño.
𝘾𝙤𝙣𝙩𝙚𝙣𝙩 𝙒𝙖𝙧𝙣𝙞𝙣𝙜: +18, infidelidad, roleplay. Public Sex, Dubious Consent Roleplay, Alcohol Involved, Risk of Being Caught.
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Shane estaba sentado en la barra.
Las luces tenues bañaban los cuerpos en un velo rojo, otorgándole al bar un aire íntimo. Había una cantidad considerable de personas, era viernes ¿Quién no querría disfrutar de una salida luego de una semana intensa de trabajo?
Para Shane era temporada baja, podría decirse que estaba de vacaciones. Su mirada barrió nuevamente por los concurrentes del lugar, pero no había nadie que cautivara su atención pese a las miradas que recibía. Se estiró la parte delantera de su remera, ligeramente incómodo, y se volvió hacia la pared de botellas de licores de colores que decoraba la pared detrás del barman.
Tamborileó sus dedos sobre la barra, y tomó la botella de cerveza. La acercó a sus labios casi como impulso y la encontró vacía. Cuando volvió la mirada a su trago, la luz tenue reflejó con perfección la banda que decoraba su dedo anular izquierdo. Dejó la botella sobre la barra y cerró el puño que portaba el anillo.
Los nervios se volvieron a asentar en su estómago, al mismo tiempo que le dijo a Lily que saldría con uno de sus amigos del equipo a festejar lo que sería su despedida de soltero. Le prometió que no irían a ningún lugar de strippers y eso pareció calmar a su pareja lo suficiente para dejarlo salir. La verdad era otra.
La boda se acercaba, solo estaba a una semana del evento… una semana…
Shane soltó un resoplido.
—¡Disculpa! —trató de llamar a alguno de los barman— ¡Disculpa!
Su voz sonaba demasiado tenue en la música que subía en intensidad a medida que la noche avanzaba.
El barman pasó por delante de él, y Shane se inclinó sobre la barra para gritarle de nuevo. Se rindió volviendo a tomar asiento en la butaca tan incómoda del lugar.
Por su costado izquierdo apareció un hombre, un estereotipo de chico malo y rudo. Esos que se ven en las series para adolescentes, que se hacían los completamente inalcanzables, pero que con la atención correcta eran desarmados… (Quizás Shane estaba proyectando un poco acá).
—¡Hey! ¡Barman! —gritó.
Su voz era grave y gruesa, con un acento que a Shane le llamó la atención. El castaño viró su atención a aquel hombre que no parecía tener un límite de cercanía con los extraños. Pasó saliva al ver el rostro tallado en mármol. No pudo no sentirse intimidado por la presencia y su voz. Y por lo visto el barman tampoco.
—Dos shots de vodka…—ordenó el ruso, algo que dedujo por el acento— y una cerveza…
El cuerpo del hombre se apoyó contra la espalda de Shane, la cercanía era tal que podía sentir el aroma al perfume del extraño, sumado al cigarrillo, se preguntaba si quedaría impregnado en su ropa. Shane se obligó a desviar su vista cuando el desconocido lo miró, la sonrisa tenue rompió la máscara dura con la que se había acercado.
De las manos de Shane había desaparecido la botella vacía
—Como ésta—dijo el extraño con la botella en alto. El bartender asintió y comenzó a ponerse a trabajar.
El ceño de Shane se frunció, y se pronunció aún más cuando el contrario se llevó la botella a la nariz.
—Esto oler a… agua sucia ¿A esto llamas alcohol? —preguntó el rubio.
Shane cambió su expresión a una completa de cansancio. Revoleó los ojos y se bajó de la banqueta, dispuesto a irse. El rubio lo tomó del antebrazo para evitar que se fuera. Shane levantó una ceja y miró junto donde lo había agarrado. La mano se sentía caliente sobre su antebrazo, su cuerpo reaccionaba a aquel tanto tan brusco… manos grandes, fuertes y para nada suaves. Levantó su mirada a los ojos azules.
—No, no te vayas… Espera, lo haré mejor—dijo el rubio. Shane volvió a tomar asiento, justo al momento en que el barman dejaba las bebidas frente a ellos— Espera, deja botella de vodka —ordenó.
El barman empujó la botella en la dirección de ellos. Shane aprovechó aquella distracción para soltar el agarre.
—Empecemos de nuevo—dijo el ruso. Extendió la mano en su dirección— Ilya Rozanov.
Shane miró la mano y la terminó tomando.
—Shane Hollander —respondió. Extendió su mano para tomarla y darle un apretón amistoso, apretón que por parte de Ilya terminó acercándose un poco más a su cuerpo. Quedó casi entre sus piernas, aún con una distancia prudente. Shane no podría volver a sentarse mirando hacia la barra debido a esto.
“Zorro astuto” pensó.
—¿Sueles ser siempre así de idiota? —preguntó el canadiense con cierto énfasis. La caricia en sus nudillos le hizo recordar de recuperar su mano.
Lejos de ofenderse, como cualquiera lo haría con el poco tacto de Shane, Ilya le parecía divertido.
—Pues, Hollander, hay momentos en donde me mantengo demasiado ocupado como para no hablar.
La segunda intención en aquella frase no pasó desapercibida. Shane soltó un bufido con cierta incredulidad, su cuerpo tratando de reprimir la risa que quería escapar.
—Mierda, realmente eres un bastardo, Rozanov.
El ruso se acercó un poco a su rostro, momento en que Shane tomó la botella de cerveza y la llevó a sus labios. La empinó ligeramente, así ganando nuevamente algo de espacio personal si Ilya no quería llevarse un golpe de a gratis.
—Suele ser mi mayor encanto…— Sin sacarle la mirada de encima, tomó el shot de vodka. Le dio un golpecito suave a la botella de cerveza y de un solo trago lo pasó. Shane se sorprendió al ver la falta de muecas. Las veces que Lily y él hacían shots, Lily se burlaba de las caras que Shane hacía, no acostumbrado al alcohol tan fuerte.
—¿Y eso te funciona? —preguntó Shane volviendo su atención a la cerveza.
Ilya se apoyó en la barra, acercándose un poco más. Shane no pudo evitar imitar la sonrisa.
—Mh, me importa si funciona contigo.
Shane solía llamar la atención, de hombres o mujeres, aunque aquello último no era algo que le interesara realmente. Solo le importaba la de Lily, la verdad. Pero nunca había tenido la atención de un hombre tan guapo… y eso era… emocionante.
La luz volvió a reflejar su anillo de compromiso, y aquello pareció llamar la atención de Ilya quien estiró su mano para tomar la de Shane.
—Oh ¿Te vas a casar? —preguntó el ruso.
Shane intentó retirar su mano de la de Ilya, la realidad golpeando de lleno en su rostro. Aunque aún… no había pasado nada, coquetear, coquetear un poco con ese hombre no estaría mal.
—¿Cómo se llama la chica afortunada? —preguntó el ruso yendo por el otro shot de vodka.
Pese a la revelación, Ilya no ponía distancia.
—Lily…—respondió.
—Uhm, y ésta Lily es…—el rubio tomó la cerveza de la mano de Shane, sus dedos rozando con intención.
—Bonita, rubia, ojos azules, grandes…—el canadiense baja la mirada al pecho de Ilya, los pectorales eran bastante… llamativos. Él se percató de eso y desvió la mirada para dirigirla al rostro de Ilya.
Los labios rosados del ruso se encontraban alrededor del pico de la botella, bebía en tragos. Shane barrió su mirada hasta ver la forma en que la nuez se movía con cada trago. Ilya no la terminó, y la dejó sobre la barra.
—Tienes un… gusto particular—Ilya se acercó al rostro, más no hizo otro avance. Shane pasó saliva con la cercanía, y dio un pequeño salto cuando sintió un peso extraño sobre su muslo.
No había espacio para poder corroborar aquello, no sin darle un cabezazo a Rozanov, pero podía deducir que se trataba de una mano por la forma que esta serpenteaba contra su muslo. Su propia respiración comenzaba agitarse, pequeñas exhalaciones que pasaban desapercibidas por la música pero que Ilya recibía contra su rostro debido a la cercanía.
El canadiense pasó saliva.
—No creo que sea diferente al resto de las personas en este bar—concluyó mientras tomaba la cerveza. Igual que Ilya se tomó el tiempo en deslizar sus dedos por los ajenos al recuperar su botella, la banda de compromiso trabándose ligeramente en cada articulación entre las falanges.
Empinó la botella en sus labios, más carnosos que los de Ilya. Bajó lo poco que quedaba de ella, la espuma que se acumuló ante el movimiento lo terminó limpiando con la lengua. Dejó la botella sobre la barra, quizás con un poco más de fuerza de la necesaria.
—De todos los hombres y mujeres de este bar, quien me ha llamado la atención…—la mano de Ilya se deslizó de la mitad de su muslo hasta la parte más alta. El pulgar dibujó una línea en forma de caricia, una línea peligrosamente cerca de su entrepierna. Shane pudo sentir el cuerpo reaccionar ante aquella caricia tan sentida, su pantalón creciendo en incomodidad. Él no fue el único en notarlo, por la sonrisa de Ilya podía notarlo— eres tú, Hollander.
Antes que pudiera relajarse bajo el toque íntimo, Ilya retiró su mano y sirvió dos shots de vodka. Ilya tomó uno y dejó el otro sobre la barra.
—¿Qué tan comprometido estás esta noche? —preguntó el ruso.
Shane miró el shot, luego a Ilya. Dudó, solo por un momento, pero…
—No lo suficiente—respondió.
Shane agarró el shot. Ilya chocó el pequeño vaso con el propio. Ambos sin sacarse los ojos de encima, vaciaron sus shots de un solo trago. Shane sintió el alcohol puro quemar su garganta, lo sentía bajando por su cuerpo donde caería pesado pronto. El coraje líquido alentó su pecho lo suficiente como para bajarse de la banqueta, siendo él quien invadió el espacio personal de Ilya.
Ilya tomó su mano por la muñeca y comenzó a tirar de ella. La sonrisa de Shane era pequeña, traviesa, un reflejo de la del ruso quien marchaba con velocidad entre la marea de gente que se movía al ritmo de la música. Tragos en las manos en alto mientras los bajos de los parlantes era un eco del corazón galopante del canadiense. Pequeñas gotas de los tragos en vasos abiertos salpicaban creando una lluvia artificial pegajosa. Algo que a Shane le hubiese molestado, no le importaba. No cuando la puerta del baño se acercaba tanto, no cuando Ilya lo llevaba directo al pecado.
La música se atenuó de golpe, refrescando a Shane. El baño olía de forma artificial a limón, el atomizador automático les dio la bienvenida con una nueva oleada de aroma. La luz blanca artificial contrarrestaba los efectos casi hipnóticos de la roja del lugar. Las paredes eran oscuras, cubiertas de stickers, y grafitis de las bandas que habrían pasado alguna vez por aquel lugar, emprendimientos, o simplemente frases de amor, recuerdos o nombres de parejas que quizás y no duraron para siempre.
El canadiense respiró, agitado. Las exhalaciones bruscas eran imitadas por Ilya. Parecía un animal mirando un trozo de carne y Shane no iba a negar que esa comparación le gustaba. Deseaba eso, sentirse deseado, devorado, usado.
Su pantalón no ocultaba el bulto que se formaba en su entrepierna, presionando contra el cierre de la prenda.
La tensión se rompió, solo le bastó a Shane ver la lengua rosada del ruso remarcar los labios para que él se lanzara sobre el contrario. Ilya se vio sorprendido por el ataque, pero lejos de empujarlo, lo abrazó por la cintura. Manos masculinas rodearon su cadera, una de ellas no tardó en irse al trasero para darle un buen apretón. El beso era hambriento y húmedo. Las lenguas no batallaban por dominancia, Shane tenía en claro lo que quería del rubio en aquel momento.
Ilya lo llevó contra la fila de lavabos, justo frente al espejo. El mármol se clavó en la parte baja de su espalda, el frío material encontró justo el espacio entre su camiseta y el pantalón. Shane gimió contra los labios que lo devoraban. Ilya aprovechó ese momento para introducir su lengua.
El calor de Shane iba en aumento, la ropa comenzaba a incomodar. Ilya pareció opinar similar mientras las manos, masculinas y grandes, se metían bajo su piel. El menor gimoteó suave ante el tacto que tanto ansiaba. Las manos de Shane tampoco se quedaron quietas, una de ellas perdida en el cabello rubio, los dedos del canadiense cerrándose en un puño mientras le seguía el ritmo. La mano izquierda lo tomaba de la camisa para acercarlo más a su cuerpo, o queriendo arrancarla, Shane ya no lo sabía. Podía notar la musculatura del ruso por debajo la ropa, y joder, necesitaba verlo.
Shane montó su pierna en la cadera de Ilya, confiando plenamente en su equilibrio y la fuerza del mayor. Podía notar la excitación de su amante contra la propia.
—Mierda, Hollander…—murmuró acompañando el movimiento de cadera del canadiense, y Shane se regodeó en esa reacción.
—No tienes idea de lo que puedo hacer…—le dijo con una sonrisa traviesa.
Ilya lamió sus labios.
—Muéstrame…
Shane bajo su pierna y empujó a Ilya. Ambos giraron dejando a Ilya contra la hilera de lavabos. No dudo en dejarse caer de rodillas frente al ruso. Su rostro se presionó contra el bulto en su pantalón que dibujaba a la perfección la caliente virilidad que palpitaba ahora contra su mejilla. La mano de Ilya se alojó en el castaño, lo empujó más contra sí mismo.
Shane delineó con su lengua la virilidad del ruso, por encima de la tela hasta llegar al botón.
—¿Llevas mucho sin estar con un hombre? ¿Por eso tan hambriento? —dijo Ilya en un tono más burlón.
—Lily no tiene lo que me gusta…—respondió Shane. Tomó el cierre del pantalón entre sus dientes. Sus manos viajaron a la cadera del ruso donde tomó el pantalón.
—¿Si? ¿Y eso qué es? —la mano en el cabello de Shane se volvió firme, tanto que lo obligó a levantar la mirada de su objetivo.
—Una buena verga…—Ilya apretó su mandíbula. Esa carita adorable usando un lenguaje tan burdo, lo ponía a mil.
Shane bajó el pantalón de Ilya junto con la ropa interior. El miembro de Ilya estaba duro, y la boca de Shane se hizo agua. Relamió sus labios antes de tomar la punta en su boca. No tardó en introducirlo completo en su cavidad bucal. Su cabeza se movía con ganas, marcada por los sonidos deliciosos que Ilya dejaba escapar de sus labios, esos suspiros pesados que iban directamente a la intimidad de Shane.
Las dos manos de Ilya tomaron la cabeza del canadiense.
—¿Tu prometida sabe que eres tan bueno chupando verga?
Ilya se separó de su apoyo en el lavamanos. Sus pies avanzaron un paso hacia el canadiense, enmarcando así sus muslos. La cercanía forzaba a que Shane no se pudiera alejar mucho sin caer de espaldas al suelo del baño, a su vez forzaba más la virilidad de Ilya en su garganta. Shane lo abrazó por las piernas, sus manos apretando los glúteos formados del ruso invitándolo a seguir cogiendo su boca.
La mirada de Shane estaba enturbiada por las lágrimas que las arcadas le generaban, la saliva espesa escapaba de la comisura de sus labios con cada nueva embestida. Se veía un desastre, el cabello manoseado y despeinado, las mejillas rojas, pero para Ilya no había algo más hermoso en ese momento que el canadiense con sus labios alrededor de su miembro. El sonido ahogado producía un eco en el baño, acuoso y caliente.
Ilya dejó caer su cabeza hacia atrás mientras su cadera se movía ligeramente contra la cabeza de Shane. Una de las manos del castaño subió por el torso fornido, entrando por debajo de la camiseta, apretó uno de los pectorales.
Shane estaba concentrado, demasiado, lo que se vio sorprendido cuando Ilya arrancó la virilidad de su boca. La misma golpeó ligeramente su mejilla, y él aún embriagado con la hombría del ruso soltó un quejido molesto. Intentó tomarlo nuevamente en su boca, pero la mano de Ilya lo detuvo.
Ilya se quedó estático en su lugar, la mirada fija en la puerta. Antes que Shane pudiera preguntar qué sucedía, Ilya lo arrastró dentro del cubículo más cercano. La mano de Ilya cubrió su boca para que Shane no pudiera quejarse. Lo empujó contra la pared del cubículo, y llevó el dedo índice de su mano derecha a sus labios: el signo internacional de “silencio”.
Ilya corrió el pestillo del cubículo que indicaría que está ocupado. Para Shane el ruido de la puerta de afuera fue obvio, tres individuos claramente intoxicados comenzaron a reír con fuerza. La charla para Shane había perdido cualquier tipo de sentido mientras Ilya mantenía su atención a aquellos hombres.
Shane, con el cóctel de vodka y cerveza, expresó su disgusto con el ceño fruncido. Aun silenciado por el ruso, estiró su mano y tomó la virilidad dura y lubricada con saliva en su mano. Se centró en la zona sensible del glande mientras también subía y bajaba por el tronco.
Ilya se volteó hacia él, mientras la mirada retadora de Shane, oscurecida por el velo de la lujuria, le devolvió la mirada intensa. La mano de Ilya se cerró con más fuerza mientras su propia respiración se volvía pesada, especialmente cuando el pulgar del canadiense comenzó a acariciar el pequeño orificio en la punta. Ilya sintió sus piernas vencerse bajo su propio peso enjaulando al contrario con su cuerpo contra la pared. Podía sentir la sonrisa traviesa del canadiense contra la palma de su mano.
El ruido fuera del cubículo continuaba, charla sin sentido que al menos a Ilya le había dejado de importar. Removió su mano para devorar los labios de Shane, borrar esa sonrisa que irritaba a Ilya debido a que el canadiense sabía el poder que tenía sobre él. Su propia mano tomó la muñeca de Shane y lo obligó a girar.
Shane tuvo un buen vistazo de la mano izquierda de Ilya cuando aprisionó la suya contra la pared del cubículo. El dedo anular tenía una banda de compromiso, similar a la propia. Shane giró su cabeza para ver al ruso por sobre su hombro. La sonrisa brotó entre sus dientes apretados. El silencio se instauró nuevamente en el baño, casi seguro de que los ebrios se habían ido, al menos de momento. La noche estaba en lo más alto y las bebidas salían con más frecuencia.
—Veo que no soy el único que quería alejarse de los pensamientos del compromiso…—el tono de Shane estaba cargado de una ligera burla.
Lejos de intimidarse, Ilya apoyó su entrepierna desnuda contra el culo vestido de Shane. Él le respondió arqueando su espalda contra él. Las manos de Ilya fueron a la cadera del canadiense.
—Tu culo me va a servir bien…—dijo contra su oído, el aliento caliente con aroma a alcohol le arrancó un gemido suave a Shane.
Las manos se deslizaron hasta frente del pantalón. La palma de su mano presionó contra el bulto formado allí, un agarrón firme que arrancó otro sonido obsceno del contrario.
—Si sigues haciendo estos sonidos así, dudo poder llevarte a un hotel…—masculló el ruso con la mandíbula apretada.
Shane, con la valentía renovada, estiró su cuello y con su lengua llana lamió los labios de su amante. Ilya no pudo con ello, y buscó los labios en un beso incómodo. Mordió sus labios, y chupó el inferior entre los propios arrancando más de aquellos sonidos tenían su miembro aún firme.
Ilya abrió el pantalón y en conjunto con la ropa interior lo deslizó lo suficiente para dejarlo a la mitad de los muslos carnosos. Se alejó un poco de sus labios para escupir en la palma de su mano y la guio a la virilidad de su amante. Cerró su mano en puño apretado, bombeó la erección de Shane mientras acomodaba la propia entre sus muslos.
Shane no se quedaba, su cadera se movía buscando más. Más velocidad, más tacto. Los besos eran hambrientos y profundos. La cadera de Ilya se movía con mayor velocidad, podía sentir el grueso miembro entre sus muslos, el glande esponjoso presionando contra sus testículos en cada nueva embestida. No era lo que necesitaba en ese momento. No quería eso. No…
—Mng…—Shane se separó de los labios del ruso, su mejilla se presionó contra la pared del cubículo— No…no…
Ilya se alejó un poco, sus manos se alejaron del cuerpo caliente. La mirada color cielo expresó preocupación. Ilya jadeaba, buscando en el menor aquello que gritaba “Rojo”, un “No” no era un “detente”, al menos en aquel juego.
Shane sacó más su cadera, su pecho firme contra el cubículo. Sus manos tomaron los glúteos, los abrió exponiendo un poco más de su intimidad. El castaño tenía las mejillas rojas al igual que su cuello, las sentía como fuego puro por la vergüenza y el calor del momento.
Ilya tomó su virilidad y con el puño cerrado bombeó un par de veces. Pasó saliva, buscando meterse más en el personaje.
—Mierda…
Ilya sintió su aliento quedar atascado en su garganta. No solo aquella posición tan provocadora que le daban ganas de saltar encima de él como un animal. No… era lo que la luz blanca del baño le había dejado ver con un pequeño destello. Entre los carnosos glúteos del canadiense se encontraba una joya de color rojo, un buttplug con una gema de color rubí. El ruso no puedo evitar el gruñido que salió de su pecho con aquella exhalación que se había atorado en su garganta.
—¿Toda la noche estuviste con esto metido en el culo? —murmuró el rubio mientras volvió a acortar distancia entre ambos. Shane quiso esconder su rostro de la vista de Ilya, pero él no se lo permitió.
Su mano se acomodó entre las nalgas que Shane aún mantenía abiertas. Tomó el extremo del buttplug y comenzó a moverlo: en pequeños círculos y luego jugando con él tirando un poco, no lo suficiente para sacarlo, y volverlo a empujar. La idea de que Shane pudiera estar sentado allí, y se moviera con tanta comodidad, solo encendía aún más el fuego de su interior.
—¿Tu prometida sabe que te gusta jugar con tu culo? —preguntó el ruso, el acento aún más fuerte que antes. No podía controlarlo, su vista estaba puesta en la forma que la forma bulbosa del buttplug dilataba el anillo de músculos antes que él lo dejara ir. Los gemidos suaves de Shane se dejaban oír por todo el baño.
Shane meneó con la cabeza ante la pregunta.
—Solo… métela y deja de hablar… Mierda, Rozanov…
La mandíbula apretada de Shane se dejó caer ligeramente cuando Ilya sacó con lentitud el plug. Del interior de Shane el lubricante viscoso se deslizó. Ilya guardó el buttplug en su bolsillo trasero. Rogó acordarse de sacarlo al salir de allí.
—Lo hiciste en el baño… ¿Mh? Mientras le decías a tu prometida que te estabas terminando de arreglar…—susurró Ilya en su oído mientras tomaba su miembro. Tomó con la punta un poco de aquel lubricante y presionó contra el dilatado anillo de músculos— ¿Cuantos dedos te metiste? ¿Mh?
Shane se removió, buscando dar un codazo directamente en las costillas del contrario. Ilya de una sola embestida irrumpió en el interior de su amante. Shane no contuvo el gemido gutural que escapó de su garganta,
—¡Carajo! ¡Rozanov!
Ilya no se tomó su santo tiempo en dejar que el menor se adaptara al grosor de su virilidad. Lo abrazó con un brazo por la cintura manteniendo al contrario firme mientras su cadera embestía las tiernas entrañas del menor.
—Tan caliente… apretado…—balbuceaba Ilya contra la nuca de Shane.
La mano del canadiense se apoyó contra el cubículo, mientras la otra iba a la cadera del ruso. No sabía si para pedir que parara o simplemente pedir más, solo quería sentirlo. Sus uñas se clavaron en la piel de Ilya creando una estela roja por su paso.
—Mierda, Rozanov…—gimoteó.
Ilya arremetía contra su amante con brutalidad. Empujaba al canadiense contra la sucia pared del baño. Sus labios no se quedaban quietos mientras besaba la nuca, el único espacio que alcanzaba y la parte alta de su hombro. Los dientes mordían la tersa piel arrancando los sonidos más lujuriosos de Shane. Ilya tomó la mano que se aferraba a su muslo y la llevó a la pared del cubículo. Entrelazó sus dedos.
Shane no recordó haber cerrado sus ojos, su cuerpo reaccionaba por sí solo. Así como perseguía más la virilidad del ruso buscando enterrarla más dentro de sus entrañas. Shane se obligó a ver, el brillo de un anillo de compromiso similar al suyo. No sintió ese frío que hubiese esperado que lo empapara, no cuando el cuerpo caliente del ruso atractivo se encontraba presionado contra su espalda.
—Eres un mal…maldito—jadeó Shane. No sonaba para nada amenazante en aquel momento. Le dio un apretón a los dedos que sostenían los suyos— No soy… el único.
Ilya solo ríe, jadeante en su oreja. No debería sonar tan caliente como en ese momento.
—¿Quieres saber cómo se llama? —preguntó.
Shane intentó empujarlo, darle un cabezazo en la nariz para que cerrara la boca y solo lo jodiera como lo venía haciendo, pero se encontraba demasiado sometido al peso ajeno.
—Calla-cállate…
Su cadera aún buscaba encontrar las deliciosas embestidas a mitad de camino, más cuando dieron en aquel punto que le hicieron aflojar las rodillas.
—Jane…—masculló el ruso. El brazo cruzó el torso de Shane empujándolo contra su pecho— pero su coño no es tan caliente como el tuyo…
Shane soltó un gruñido molesto. Con su codo ahora libre le dio un buen golpe en las costillas. Golpe que solo llevó a ambos a chocarse contra la puerta del cubículo. Las embestidas se volvieron más fuertes, bruscas, volviendo a someter a Shane quien solo podía recibirlas.
El canadiense sintió sus propios ojos aguarse, desesperado por llegar a su erección ahora atrapada entre la puerta y su abdomen.
La puerta de la entrada del baño se abrió por completo, el ruido asustó a ambos.
—¡Me mataran! ¡Me van a matar!
Shane abrió sus ojos al reconocer la voz.
—¡No puedo haber perdido al novio un día antes!
Shane miró sobre su propio hombro, Ilya encontró la mirada. Shane movió sus labios: “Hayden”.
Hayden se encontraba en la hilera de los lavabos. Se miró al espejo mientras se pasaba las manos por el cabello, claramente nervioso.
—Me matara, me matara porque lo perdí ¡No puede ser! —abrió el grifo del lavabo y se mojó el rostro— oh dios, me mandara a la mafia… ¡Olvida la mafia! ¡Mi mujer me va a matar!
Shane intentó empujar a Ilya para sacarlo de encima. Hayden se escuchaba demasiado preocupado. El ruso, por el contrario, solo se enterró aún más en su interior. El gemido quedó atascado en su garganta mientras la mano de Ilya lo silenció. El horror cruzó la mirada de Shane, como un destelló. La mirada perversa del ruso le erizó la piel.
Cada estocada buscaba profundidad, lentitud. Shane sentía cada centímetro que entraba en su interior, como se abría paso y acariciaba las paredes, como presionaba el punto que lo volvía de gelatina en los fuertes brazos de su amante.
La mano de Ilya estaba firme sobre su boca, ahogando cada sonido posible que pudiera salir de sus labios mientras él no dejaba de moverse en su interior.
Shane mantenía su vista en la de Ilya, los ojos oscuros cruzados ligeramente mientras se perdía en aquel ritmo nuevo para él. El estímulo en su interior y contra su propio abdomen fue suficiente como para hacerlo llegar a su orgasmo, algo que lo tomó completamente por sorpresa, a él y a Ilya.
Los dientes de Ilya se clavaron en la parte carnosa del hombro del canadiense para ahogar su propio placer mientras se derramaba en su interior. El sollozó no se escuchó, o eso esperaba.
Agitados, se quedaron quietos. Cuando Ilya estuvo seguro, quitó la mano de los labios de Shane. No dudo en buscarlos para volver a besarlos una última vez.
—¿Lo encontraste? —preguntó una voz femenina.
Ilya se alejó y gruñó, se había olvidado de ellos en aquel momento. Detestaba que no lo dejaran disfrutar de aquel momento. Le hizo un puchero a Shane que comenzó a empujarlo. Ilya se negó a soltarlo mientras lo abrazaba.
—No, por dios… Rozanov me matará ¡Perdimos a su prometido! —Hayden dijo en un claro tono hiperventilado.
—Según me dijo el barman se fue con un hombre rubio… ruso.
—¡Si esos dos están cogiendo en el callejón los mataré! —dijo Hayden mientras salía— ¡Parecen conejos!
Rose soltó una risotada. Hayden pasó a su lado mientras continuaba murmurando sobre “la mafia rusa” y “el imbécil de Hollander”. Rose, sin entrar al baño de hombres, vio dos pares de pies y uno de ellos con un calzado que conocía perfectamente.
—Espero que cuando salgan estén presentables…—dijo al aire— Hay paparazis afuera…
“¡Mierda!” “Ah, Hollander”, fue lo que se escuchó con un golpe seco contra la pared del cubículo.
Rose solo pudo reír mientras salía.