Mike Segundo Wheeler - Byler

Summary

‹‹ "Aquí, lo más cercano que hay a estar en el primer lugar es estar justo detrás de Mike." Michael era el campeón que no necesitaba el premio de la carrera; sin embargo, había conservado el primer lugar por un año entero. Quién diría que una noche cualquiera un auto blanco golpearía el costado de su Mustang, obligándolo a perder por primera vez el invicto orgulloso que lo había hecho rey durante mucho tiempo. Nunca vio el rostro del dueño de ese auto tramposo y nadie tiene la menor idea de quién pudo ser, pero lo único seguro es que Mike "segundo" Wheeler hará hasta lo imposible por recuperar su corona. ›› ⛓️; BYLER. ‹‹ Stranger Things AU ›› ⚠️; Actualizaciones lentas. 22/02/26

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

00

M2W



Las luces de neón parpadeaban como un pulso febril en las calles de Los Ángeles. Un sábado frío se colaba por los huesos y mentes de los jóvenes que ansiaban la mayor adrenalina de la época: carreras callejeras para nada legal y llenas de excesos. Chicas con ropa a la moda y que dejaba poco a la imaginación se codeaban con tipos llenos de joyas, todos apiñados alrededor de los capós relucientes. Botellas de Corona y Smirnoff Ice pasaban de mano en mano, el humo de cigarrillos Marlboro mezclándose con el olor a goma quemada y aceite caliente. La música ahogaba los rumores, retumbando desde sistemas de sonido Pioneer en autos bajos con alerones gigantes, y las apuestas volaban en billetes arrugados.

“¿Cien por Mike? Ese cabrón no pierde ni en sueños”.

“¿Mike está en casa? ¡Mierda! Quiero cambiar mi apuesta”.

“Hoy nuestro narrador estará muy desocupado, Mike terminará esto rápido”.

“Pensé que se tomaría más tiempo, pero volvió tan rápido, ¿no se aburre?“.

Los comentarios se mezclan con el bullicio de forma natural, algunos más audibles que otros y otros hablados entre susurros llenos de admiración ciega y expectativas resignadas, o incluso dichos en tonos aburridos y envidiosos. Mike los cruzaba como si nada y sin importar de qué calaña fuera; caminó recto mientras lucía de forma orgullosa y altiva un título que había obtenido después de un año entero de carreras en donde, por supuesto, se había coronado como un rey invicto. Pero tal como un jinete que nunca iba solo, él no era la única estrella de la noche y apenas se posó sobre su elemento no hubo mirada que no se dirigiera hacia él y hacia su Ford Mustang de un elegante azul metálico.

El auto era una bestia: un V8 4.6L rugía bajo el capó, llantas Nitto NT555 anchas que lucían como una sonrisa arrogante, alerón personalizado pintado a juego y vinilos que decían “Invictus” en cursiva plateada. Mike lucía una chaqueta de cuero negra con el típico logo de la organización Hellfire a su espalda; con su cabello despeinado por el viento de la noche parecía realmente un príncipe que no necesitaba hablar para presumir. Ambos eran un conjunto único forjado en arrogancia, orgullo y competitividad.

Mike exudaba esa confianza que mataba de envidia a los chicos y volvía locas a las chicas, pero solo una en particular se atrevió a acercarse con un icónico pañuelo rojo en una mano y una cerveza fría en la otra; se la pasó sin siquiera preguntarle si quería. Él siempre las aceptaba.

— ¿Otra victoria asegurada, cielo?

Él suena de lado, esa mueca presumida que era su firma. Le dio un sorbo alto a la lata antes de devolverla a la dulce rubia que contoneaba sus caderas a su alrededor como si no tuviera pena y, como si fueran imanes, lograron que envolviera uno de sus brazos a su alrededor.

Mike encabezaba la lista de corredores, como siempre, así que hacer una pregunta como esa era estúpido, pero aún así mantuvo su sonrisa y llevó su rostro a centímetros de la chica. Ella, como si fuera costumbre, cerró sus brazos alrededor del cuello ajeno y lucía tan contenta; eran como una pareja de la realeza totalmente perfecta.

Angela era lo que todos querían: era delgada, rubia, de ojos claros y tan malditamente atractiva. Sin duda era la abeja reina de toda la organización y la chica a la que todos querrían reemplazar; Sin embargo, ella se aferraba tan bien a Mike que no había forma de llegar a él. Estaba emocionada y muy orgullosa de haber conseguido al campeón solo para ella y quiso besar su premio antes de tiempo, pero un pitido tan ruidoso como la música de la bocina obligó al campeón a girar su rostro para concentrarse en algo más. La soltó en el instante en que notó que la carrera estaba por comenzar.

— ¡Mike! —Angela empujó el hombro del chico de una forma ridículamente suave; su mirada y voz fueron un berrinche juguetón que a los ojos de Mike eran tan tontos como ella. Él alzó una ceja y una mueca rápida de desagrado pasó por su rostro.

— Ve a hacer lo que mejor sabes, Ángela. —Por supuesto la dejó después de decir eso y se dirigió a su puesto dentro de su propio auto. Su ego inflado tenía otras prioridades. Ladeó su cabeza para indicarle a la ofendida mujer que se fuera del frente de su Mustang.

La multitud se apartó cuando los autos se alinearon en la avenida principal, un laberinto urbano lleno de curvas cerradas, semáforos falsos que dictaban el ritmo y rectas traicioneras flanqueadas por palmeras y grafitis frescos. A la derecha del Mustang un Chevrolet Corvette hizo acto de presencia y una pelirroja de sonrisa burlona lo saludó; Mientras él no estaba, esta era la campeona de Hellfire, “MADMAX”. Mientras, a su izquierda se posicionó un Dodge Charger de un color verde que siempre decía que parecía vómito. Lucas le saludó bajando sus lentes oscuros mientras fincía que lo barría con la mirada. Detrás de ellos seguramente habría otros autos más modificados o importados que no le llegaban ni a los talones.

Miró al frente sabiendo que su único objetivo estaba más allá del pañuelo. Angela se posicionó en un lugar abierto y seguro enfrente de los vehículos, levantó su brazo y otro pitido ensordecedor llenó el lugar. Los motores ronroneaban impacientes al son de los gritos del público, escapa escupiendo fuego azul; todos gritaban una sola cosa: la cuenta regresiva.

Tres... Dos... Uno. El pañuelo cayó y el infierno se estalló.

Neumáticos se enfriaron contra el asfalto, un coro de V8 y turbos aullaron como animales salvajes. Mike clavó el acelerador, el Mustang saltando adelante como un toro enfurecido. La primera recta fue suya: 0 a 100 km/h en 5 segundos planos, el torque masivo del V8 aplastando a los rivales. Por el retrovisor, vio al Chevrolet patinando en la salida, el Dodge quedándose atrás.

Gritó para sí mismo con esa adrenalina familiar que bombeaba en sus venas. Giró en la primera curva derrapando con maestría, las llantas fumando justo lo necesario para mantener la trazada perfecta. El rugido de su escape Borla llenaba la noche y las luces traseras rojas cortaron la oscuridad como cuchillas. Cuando apareció el primer semestre, finció frenar, pero pisó a fondo en ámbar, ganando medio auto a un Porsche que jugaba limpio y lo seguía de cerca.

Se sintió tan invencible en ese momento que podía jugar con quien se le antojara. Cada curva, cada derrape, cada otro auto que se le acercaba expandía la sonrisa egoísta que tenía en el rostro y le encantaba tanto. Había sido campeón por un año entero, era bueno en todo, pero esta era su maldita profesión y aunque Max lo sabía, se atrevió a intentar pasarlo una vez. La curva se cerró y lo último que vio fue un destello azul pasándola por primera y última vez en toda la carrera; todos podían jurar que la escuchaban maldecir a Mike desde su asiento.

Michael recordó una de sus tantas victorias: había competido contra un veterano con Supra twin-turbo; por supuesto, lo humilló en las rectas mientras reía por el intercomunicador. ¿Deberías conseguir nuevos intercomunicadores para poder escuchar con mejor calidad a Max?

Pero entonces, bajo un semáforo parpadeante, con barreras de concreto a un lado y un callejón oscuro al otro, el mundo se torció. Mike entró a 120 km/h, perfecto, cuando de la nada surgió un destello blanco. No venía de la línea de salida; se coló desde el callejón lateral, sin luces ni claxon, como un fantasma silencioso. Mike lo vio de reojo. “¿Qué carajos es eso?”. Su mente gritó distracción en un segundo y el sospechoso rozó el costado de su Mustang. Hubo un chirrido metálico, seguramente acompañado de pintura rayada; ambos recibieron un golpe que a casi nada los pudo haber dejado volcados a mitad de la carretera.

El Mustang patinó en la carretera y Mike forcejeó con el volante; Por lo que le pareció una eternidad, danzó de forma mortal con sus llantas y el corazón en la garganta. Pisó el freno y acelerador a la vez, corrigiendo la trayectoria por milímetros. Para sorpresa de nadie, perdió velocidad y con todas sus fuerzas maldijo al gran hijo de puta que se le atravesó.

Reconoció al BMW que ya se colaba adelante con una calma quirúrgica, trazada de forma impecable, sin un derrape de más. Mike rugió, pisando al fondo en la recta siguiente. Ambos autos parecían volar y chocaban entre ellos constantemente; el campeón pisaba a impostor, el motor V8 bramando, pero el M3 respondía con precisión alemana y continuaba adelantándose.

Siempre supo que las victorias no eran eternas, pero estas no eran cualquier victoria, eran sus victorias y ningún fantasma volador salido de la nada se las iba a robar. Sin embargo, allí estaba, en un vaivén en donde por cada curva se intercalaban de puestos y el sentimiento de impotencia creció en su pecho. Quería empujar al blanco hasta las barreras y que se volcara, pero eso sería asesinato y es muy joven para terminar tras las rejas, pensaba como si nunca hubiera hecho nada malo.

Debajo de todo ese enojo creciente, sus manos se aferraron con más fuerza al volante; jamás había visto a otro corredor que le diera tanto dolor de cabeza. Cuando pensaba que lo había dejado atrás... ¡Boom! El BMW pasaba por encima de su cabeza y terminaba de nuevo en el primer puesto.

— ¡Maldición! Tiene que estar conduciendo Schumacher —se le hizo insólito cada movimiento ajeno; el BMW mantenía un equilibrio perfecto, sin subviraje, devorando giros donde el Mustang empezaba a ser grande.

La última recta llegó y la meta pronto estuvo a la vista; las luces de la multitud parpadearon como estrellas. Mike estaba a un auto detrás, oliendo la pintura quemada de su orgullo. Empujó el nitro —un chorro corto, legal en estas calles sucias—, ganando medio metro. Pero el BMW no titubeó y aceleró sin retraso, cruzando primero por centímetros.

Por primera vez en todo un año de éxitos, una victoria fue robada.

Al ver tan irreal momento, la multitud se enloqueció con sorpresa e interrogantes. El Mustang se detuvo resignado con un Mike al volante que no podía cerrar la boca; sus nudillos ya estaban blancos y su vista estaba totalmente fija en ese BMW que daba la vuelta para estar a metros frente a su auto y parpadeaba sus luces frente a él como si jugara, el público comenzaba a juntarse a su alrededor.

Un “Ja” se escapó de su garganta llena de incredulidad; su sangre se acumuló donde no era sano y salió del auto casi clavando la puerta de vuelta a su lugar con un ruido seco y lleno de emoción. Miró de reojo el costado golpeado del Mustang.

Su ceño fruncido y sus puños apretados expresaban muy claramente que quería patear al cabrón que rayó su auto y se le ocurrió robarle la meta. No dijo nada y comenzó a acercarse; nadie se atrevió a atravesarse en su camino, ni siquiera su novia que se encontró envuelta entre todos los gritos de sorpresa de la gente. El humo, las luces y el ruido de los autos que iban apenas llegando le alfombraron el camino, pero antes de que pudiera acercarse demasiado, el auto blanco aceleró dejando humo y polvo, giró en una esquina y se desvaneció en la noche. Ni un vistazo por la ventanilla tintada, ni un rostro. Solo escapa del frío y las rayas amarillas fundiéndose con la oscuridad.

Lo que debía ser una fiesta excesiva y bullanguera parecía un mar de murmullos acusadores y sorprendidos. Mike quedó allí en el centro de todo con el ego en la palma de su mano. ¿Ese infeliz ni siquiera era capaz de salir del auto y simplemente se fue? ¿Hizo trampa, lo adelantó y se fue? ¿Qué es esto? ¿Una película donde él era el maldito desarrollo del protagonista misterioso para convertirse en el éxito? Ahora no solo estaba enojado, también estaba ofendido.

Un chico risueño se acercó a él y palmeó su hombro. Dustin sospechó de Mike, aunque claramente se estaba aguantando la risa.

— Amigo, te dejó hecho polvo —no pudo soportarlo más; la risa se estalló mientras los papeles en su mano revoloteaban. Jamás había sido narrador de un encuentro tan flameante.

— ¿Quién era? —preguntó con voz cortante, claramente irritada e ignorando todo lo demás.

— No lo sabemos, nunca había visto un BMW con esos detalles —hablaba con una gran sonrisa; esta vez, observando las hojas, carraspeó. Era toda una lista de los diez competidores de la noche. Mientras la carrera transcurría, le había dado un repaso varias veces con incredulidad; en ningún lado había un registro de un auto número once en la carrera—. Nada. No tenemos nada, es un fantasma.

— ¡Mike segundo Wheeler! —La voz de una chica se hizo eco a sus espaldas; la mirada enojada del nombrado se dirige hacia ella en seco. Max se carcajeó con todas las ganas de burlarse; Lucas se aferraba a su mano intentando detenerla—. ¿Qué se siente estar en ese lugar?

— Max, sin cuenta. No estaba registrado —se adelantó a decir Dustin antes de que alguna peluca saliera volando.

— ¿Y? Siente esto raro, ¡vienen nuevos tiempos! —Se giró al público y le dio la espalda al enemigo—. ¡Hellfire, sigue la fiesta!

La música subió, la gente volvió a aglomerarse y nadie detuvo la repartición de la recompensa. Pero Mike solo podía retorcer sus ojos y volver a su auto; se agachó para tocar las rayaduras. Esta es la primera y espera que sea la última vez que un bastardo misterioso hace algo así. Suspiré resignado a darle su recompensa a Lucas para que reparara las terribles imperfecciones.

Le dolía la cabeza de solo pensar en lo que pasó; casi muere y le robaron su invicto. No tenía palabras para explicar el extraño sentimiento que estaba atravesando todo su ser. Vaya sábado de mierda.

— ¿Puedes creerlo? Ese tipo arrojó a Mike.

— Si a la próxima aparece reconsideraré mi apuesta.

Las risas se estallaron con ese comentario provocando que su lengua golpeara su mejilla; su mirada filosa aterrizó sobre los bastardos habladores que mantenían una grata conversación a pocos metros de él. Aunque había música, sí que sabía hablar alto. Al sentirse observados se espantaron como moscas.

-Mike. —la voz aterciopelada de Ángela lo llamó. Solo se levantó para quitarle la lata de cerveza nueva de las manos —. Solo fue una carrera, puedes ganar todos los demás.

Pero Mike ignoró el aliento y la dejó ahí de pie, sola y alborotada. Había mejores cosas que hacer, como por ejemplo perder la compostura junto a los organizadores que le hacían señas desde lejos. Se fue sin dar gracias ni despedirse.

A kilómetros de ahí, en un estacionamiento desierto, el motor del sospechoso BMW se enfrió en silencio y de forma progresiva, totalmente contrario a su dueño cuyo pecho no dejaba de sacudirse con una emoción tan ferviente como arrolladora. Una sonrisa leve cruzó sus labios. Había mostrado lo que era: calma letal, sigilo puro y la forma real de ganar sin rugir.

Jamás pensó que dejar la timidez detrás de la ventanilla del auto se sintiera tan bien. Mordió su labio inferior al quién había mantenido su vista fija en su parabrisas con intenciones de recordarlo pero sin lograrlo. Esto era una locura.




› ⟩ ¡Saludos! Recomendaciones para leer M2W:

No confíen en mi constancia. Aquí vinimos a hacerle bullying a Mike.

¡Gracias por darle una oportunidad a M2W!