El legado de la luna

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Summary

Hasta donde llegamos por amor?

Genre
Action
Author
Esteria
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Chapter 1

En el total y único universo sobresalía algo tan bello, para ser específicos, la Luna junto a su alrededor, las deslumbrantes estrellas que eran sus hijos e hijas que la admiraban.

Un día, aburrida de la misma rutina, escuchó cómo una humana le hablaba.

—Hermosa y bella Luna, por favor, si eres tan buena, permíteme engendrar un niño, ese es mi deseo —dijo una humana con la mirada perdida.—Cecilia.

La Luna no podía crear exactamente cosas como Dios; no había forma, hasta que vio a uno de sus hijos reírse sarcásticamente, menospreciando a los humanos y mandando asteroides hacia la Tierra. Se enfadó y transformó a la estrella en el nuevo hijo de la humana, la pena de una mujer suplicando poder engendrar un niño que la acompañe en sus días de trabajo, alegrías, pero en especial en las noches frías y solas, donde la Luna iluminaba la oscura noche. Pero esa luz no la cegaba ni la lastimaba como el Sol, que todos admiraban. La Luna apreciaba mucho las palabras y los momentos que la acompañaba la chica, específicamente esa humana llamada Cecilia; por eso no pudo ignorar su deseo maternal.

—He observado a los humanos durante décadas; me crearon para acompañarlos en las noches oscuras, les brindé mi brillo y silencio, esperando poder compartir con ellos esos momentos que yo consideraba bellos. En cambio, se aprovechan de los rincones en los que no llega mi luz y arman el caos, interrumpen la paz de la noche, crearon las pesadillas; en cambio, los sueños solo son un estorbo en su vocabulario. Han transformado mi bendición en una preocupación. ¿Cómo podría ignorar a esa criatura que no desconfía de mi manto? —att: La Luna.

—Buen viaje, hijo mío —fueron las palabras que le deseó la Luna a la estrella.

La estrella, cuando menos lo pensó, ya estaba sintiendo por primera vez el frío de la noche, el viento tocando sus pies de bebé, sus pulmones congestionados y los pies congelados. Él no paraba de llorar. Sin darse cuenta, la estrella ya estaba en la Tierra, formando parte de la humanidad. Cecilia, la primera humana en ser escuchada por uno de los cielos, encontró un bebé en el callejón más alumbrado por la Luna.

—¡Muchas gracias, mi bella doncella de plata, por tomarte el tiempo de escuchar mi deseo! Este niño, de ahora en adelante, se llamará Moon, según tu bendición —Cecilia, emocionada, con lágrimas cayendo por sus mejillas, sintiendo el roce del viento como si fuera una caricia de consuelo, agradeció a la Luna como si hiciera una promesa.

Cecilia hizo honor a sus palabras y recibió a Moon con todo su amor incondicional. Pasaban los días juntos, solo ellos dos; Moon no recordaba nada de su vida pasada.

—Mamá, ¿por qué siempre aprecias tanto a la Luna? —preguntó el pequeño Moon.

—Porque es tu madrina —respondió Cecilia sin pensarlo mucho.

—No entiendo —dijo el niño, confundido.

—Una vez, en una noche de luna llena, cuando la Luna se podía apreciar en su total esplendor, apareciste tú —Cecilia estaba fascinada con el recuerdo de ese día.

Obviamente, ella no podía explicarle al pequeño niño su verdadera fascinación por la Luna. En cambio, le cantaba una canción de cuna.

—"Ay Luna, quédate aquí,

No puedo dormir sin ti,

Yo sé que tú cuidarás de mí

En tu faz de plata.

Las estrellas me marean,

Cada noche que quieras llorar,

Ellas te darán consuelo

Para un día nuevo.

Junto a la dulce melodía

De tu alma perdida,

Ellas iluminarán el camino

Para que puedas encontrar el destino".—

Moon creció y vivió como un niño cualquiera… o bueno, eso se suponía.

Pero después de todo, él era una estrella con una esencia brutal; se fue moldeando a su antojo según sus experiencias y creencias, respetaba a su madre y, extrañamente, a la Luna.

—Moon, escúchame bien, no te separes de mí, solo puedes agarrar la mano de mami —Cecilia estaba caminando por el pueblo, sosteniendo una canasta para la comida; su otra mano estaba sujetando a Moon. El lugar era bullicioso y muy concurrido por la gente.

—Mami, ¿me puedo quitar la capucha? Hace calor, no veo nada —preguntó el pequeño Moon inocentemente.

—Ya mismo acabamos, solo no sueltes mi mano —Cecilia estaba nerviosa, sus manos sudaban, pero su voz y gestos no demostraban lo mismo, lo cual confundía a Moon.

—Mira, Moon, es una tienda de chocolates. Vamos, a que escojas la caja que más te guste —En cuanto dijo esas palabras, ella pudo ver cómo Moon recobró la energía mirándola, emocionado, con los ojos bien abiertos.

Al entrar, Cecilia no pudo evitar sentir ternura por su hijo. Él se apegaba a la vitrina, apreciando los chocolates y haciendo muecas, pensando cuál de las dos cajas debería llevar.

—Buenas tardes, quiero esas dos cajas para llevar. Moon, ve un poco más si quieres —dijo Cecilia mientras pagaba; ella era feliz complaciendo a Moon.

—Dos cajas, qué bien —dijo él mientras se acercaba a otra vitrina con pasos pequeños. De repente, una mujer con un vestido extravagante, bajo su capucha, reveló su rostro.

Ella quedó paralizada, con la mirada fija en Moon.

—Dime, niño, ¿dónde están tus padres? —Antes de que pudiera responder, fueron interrumpidos.

—Buenas tardes, majestad —habló Cecilia, mientras hacía una reverencia tapando a Moon.

—Cecilia, ¿cómo has estado? No es necesario que seas tan formal; un “buenas tardes” es más que suficiente —Moon, aún más confundido, presenció un cambio de actitud drástico.

—Aprecio mucho su amabilidad, majestad —Cecilia era serena, mantenía la compostura y el protocolo.

—Por cierto, ¿ese niño tan bonito es tu hijo? —dijo mientras buscaba a Moon.

—Así es, su majestad. Le presento a mi hijo, su nombre es Moon —Suavemente, con su mano, atrajo a Moon hacia el medio de ellas dos.