One
Su vida de influencer definitivamente lo llevó a escalar muy alto. Hasta ser invitado a un evento para influenciar una organización, en el que asistirá mucha gente de alto estatus en ese entorno de las empresas y la publicidad era algo con lo que se relacionan dichos eventos estrechamente.
— Todavía no me lo puedo creer.
— Pues creelo. Tienes 50 millones de seguidores en instagram y 40 en Tiktok, eres muy famoso, querido — le dice Jin de igual forma emocionado por él — De verdad quisiera estar ahí para acompañarte a la tienda, pero tengo un compromiso con la madre de Namjoon.
— Está bien, te entiendo. Además solo voy a comprar algo de maquillaje y un mini mercado. Algunas cremas y eso.
— Luego saldremos de comprar tú y yo. Concéntrate en la calle, conduce con cuidado. Hasta luego, Minnie — cuelga la llamada, Jimin sigue enfocado en la calle. Todo parece ir normal hasta que escucha un ruido extraño.
Al principio leve, casi imperceptible, pero a medida que acelera se hace más fuerte. Gira a los lados, agudizando el oído para averiguar de dónde proviene, aunque sus resultados son fallidos. No falta mucho para llegar a la tienda, así que sigue su camino hasta su destino, pasando por alto aquel sonido que le preocupa más de lo que debería. Se supone que una camioneta en increíble estado no debería tener ningún sonido extraño. Cuando se estaciona, apaga la camioneta y baja a averiguar la razón de aquel ruido.
A penas baja, se lleva la gran sorpresa.
— Maldita sea — suspira hondo al ver que un caucho se desinfló, estaba recién nuevo ¿Cómo pudo ser posible?
Sus compras tendrían que esperar para después. Saca su celular para llamar al seguro, atienden de inmediato.
— Bien, señor Park tendrá que esperar unos minutos. La grúa ya va en camino.
— De acuerdo, muchas gracias — el sol de la tarde es tan insoportable. Tiene justo la tienda al frente, pero decide esperar pacientemente la grúa. O mejor dicho, con impaciencia.
Camina de un lado a otro, escondiéndose del sol. Mira el reloj de su celular, se entretiene con el mismo hasta que la tan adorada grúa llega.
— Buenas tardes, Park — aquel mastodonte le da una mirada de pies a cabeza, como está acostumbrado a hacerlo cada vez que puede. Claro, su figura es tan atractiva y esbelta.
— Buenas tardes, Lim. ¿Debería demandarte por no colocar el caucho bien? — el mencionado evalúa el auto
— Claro que lo hice, por algún mal lugar debiste de haber manejado. Jodiste el caucho. ¿Tienes las herramientas en la cajuela?— el pelo rosa niega.
— Justo ayer las bajé. Tengo solo el caucho de repuesto por si ese se dañó, pero lo pusiste recientemente.
— Vamos al taller para revisarlo, hay que balancearlo para saber si no tiene reparación.
— Bien — respondió con una leve sonrisa. No sabe nada de autos, él es el experto.
Lim se encarga de subir la camioneta a la grúa, Jimin sube en él porque se resigna a subir a ese carro con olor a óxido y a taller mecánico. Simplemente insoportable para su persona. Se entretiene en su celular, mientras remolcan la camioneta hasta dicho lugar en el que siempre termina cuando surge algún problema con el vehículo. El calor que lo aturde, la desesperación, es demasiado abrumador. Después de casi es una hora, llegan al taller. Al contrario de lo que se cree, es un lugar limpio en el 50%. Lim se encarga de estacionar la grúa y bajar el auto para proceder a buscar las herramientas.
— Puedes tomar asiento ahí mientras esperas — le señaló una silla visiblemente sucia con toda esa...asquerosidad que emanan algunas piezas de autos.
— Eso está sucio, mejor apúrate para poder irme.
— Calma, bonito. Puedes explotar, no queremos brillantina rosa por todos lados — el pelo rosa rueda los ojos con semejante fastidio.
A la distancia, una discusión lo alerta y la persigue con la mirada. Un hombre de cabello castaño vestido con solo la camisa de un traje, los primeros botones abiertos revelan sus formados pectorales que llaman la atención fácilmente. Las mismas prendas parecen quedarle demasiados ajustados, dejan visibles sus músculos tan...trabajados. El hombre con quien discute se retira, mientras el Jefe fija los ojos en ese rosita.
En su cabello rosa que acapara la atención de muchos, esa apariencia inocente que a la vez puede ser una caja de sorpresas que espera por ser explorada.
— Buenas tardes — dice con una sonrisa acercándose a él. Le echa una mirada al auto — Problemas con el caucho — Jimin asiente sin dejar de verlo, bendice su vista ahora que lo tiene tan jodidamente cerca. Parece que las prendas están a punto de romperse, ese hombre vive y muere en el gimnasio al parecer.
— Yo me encargo, Lim — lo detiene justo cuando llega con la caja de herramientas, con una mano en el pecho que lo empuja levemente para que retire — Puedes ir a tomar un descanso.
— No es nec-...— una mirada de su jefe lo hace asentir — Te dejo con el jefe, Park — el mencionado asiente y pronto están solos. Comparten miradas cargadas de esa atracción que emanan sus ojos, el deseo repentino.
— Mucho gusto — extiende su mano para estrecharla — Mi nombre es Jeon Jungkook, soy el dueño de este lugar. Aunque ya me retiré hace tiempo.
— Park Jimin.
— El influencer, ¿Quién no sabe de ti? — las mejillas del Rosita se tornan de un ligero color carmesí. Sin cortar el contacto visual, el cabello castaño comienza a desabrochar los botones de su camisa para quitarla y colocarla en la silla, cubriendo la suciedad — Esto se va a tomar mucho tiempo, deberías ponerte cómodo.
¿Cómo es capaz de hablar tan normal cuando tiene su torso descubierto? Santo cielo, que hombre tan musculoso.
«Disimula, Jimin. Disimula. Pero que bueno está »piensa para si mismo. Su rostro viene acompañado de subtítulos incapaz de pasar por alto, toma asiento para poder admirarlo mejor.
Aquel hombre toma las herramientas para alzar la camioneta lo suficiente, toma la llave de cruz para desenroscar las tuercas y retirar el caucho.
— Recién nuevo — otro asentimiento sin prestar mucha atención, cada que se mueve sus músculos se tensan, mantiene el ceño fruncido, una expresión tan atractiva. Jodidamente fuerte, ese hombre se ve que es fuego puro. Capaz de cargarlo mientras lo taladra con su verga.
Hace sus cosas de las cuales desconoce el nombre y el procedimiento hasta que lo ve frente a él. Jungkook, con el equipo revisa el caucho y le hace su mantenimiento necesario.
— Tiene arreglo. Se le enterró una pieza afilada — le mostró — En la calle se pueden encontrar muchas cosas, pero si hubieses seguido manejando, habrías jodido el caucho. Que bueno que llamaste.
La suerte estaba de su lado hoy. Afortunadamente.
Y ver a ese hombre trabajando frente a él fue uno de los mejores espectáculos, mucho mejor que ir a comprar maquillaje y comida. Definitivamente muy delicioso y exquisito. Pero hay espectáculos que requieren atención al cien por ciento. Como apreciar la desnudez del cuerpo, descubrir cada punto de placer que con el mínimo toque puede estallar.
Durante segundos, el contacto visual persistió, cargado de esa tensión que había entre ambos, de ese hambre de llegar a mucho más, de abrir la caja de sorpresas hasta que ninguno de los dos pudiera con más. El pelo rosa no era muy bueno disimulando, mordía su labio levemente, paseaba sus ojos por todo el cuerpo del contrario y para su mala suerte, habían personas en el taller. No podría darle rienda suelta a sus pensamientos.
— Bien, ya está listo — sacudió sus manos sucias de negro de humo, pigmento que le da el color al caucho.
— ¿Cuánto sería el precio? — pregunta en voz baja, en un murmuro casi inaudible. Se siente tentado por aquel hombre, intimidado, deseado.
Jungkook se acerca hasta él, hasta colocar los brazos a cada lado de la silla.
— Gratis — susurra cerca de sus labios — Si me dejas abrirte el capo y mojarlo de aceite.
Las mejillas del pelo rosa se sonrojan, comprendiendo cada doble sentido de las palabras del castaño. El más alto se aparta para ver la confusión y la lujuria en ese ojitos adorables.
— Mi camisa.
— Oh — se levantó de inmediato para tomarla y entregársela — Está sucia, lo siento.
— No te preocupes, bombón de azúcar. No me gustan los dulces, pero sería capaz de atragantarme con la palanca — Dios santo...Ese hombre iba a hacerlo morir de una taquicardia. Nuevamente se acerca a él para posar una mano firme en su cintura y atraerlo hacia su cuerpo.
La diferencia de estatura es bien notable, perfecta.
Sus alientos chocan con la piel del otro, de repente sienten la sed en sus labios, que se calmará una vez unan sus labios en un beso tan necesitado. La mano de Jungkook, se desliza hasta el bolsillo en la parte delantera de Jimin, para tomar su celular. Sigue un camino descarrilado que roza su pene antes de llegar a su objetivo.
— Desbloquealo — el pelo rosa acata su orden y leyendo su mente, entra en la aplicación de llamadas. El castaño anota su número en el teclado — Esos labios se ven tan bien — dice muy cerca de ella — Pero se verían mucho mejor alrededor de mi polla. ¿Podrías soportar eso, Rosita?
— Deberías probarme para saberlo.
El más alto sonríe ladino, mira a los lados y pasa la lengua por esos labios carnosos y muy apetecibles.
— Llámeme cuando me necesite urgentemente, señor Park. Que tenga buena tarde— le guiña un ojo y colocándose su camisa entre abierta, decide irse. Recibiendo una sonrisa del más bajo.
No tardará en hacer esa llamada.
Jimin sube a su camioneta, miradas silenciosas y sugerentes se encargan de despedirse. Enciende el vehículo y pronto sale de ese taller que lo deja tan distraído y ansioso. Vuelve a su plan inicial de compras, productos de aseo, comida, lo esencial. Aunque si hablamos de lo esencial esa camioneta necesita abrir el capo, que se desborde de aceite no está nada mal. Cuando vuelve a su departamento, el cielo se pinta de tonos morados y anaranjados que crean un paisaje hermoso. La soledad del lugar y el silencio lo reciben. Su novio no ha llegado a casa, otra vez solo. O tal vez no.
Porque después de cenar algo ligero y ducharse, busca el número de aquel hombre y solo al primer tono le contestan.
— ¿Eres tú, bonito?
— ¿Esperando mi llamada?
— Como un maldito desesperado.
— Así me gusta, te enviaré la dirección.
— Estaré allí en quince minutos, no te prepares. Quiero hacerlo yo. Concédeme ese deseo.
— Puede ser que lo haga.