𝓒𝓐𝓟𝓘𝓣𝓤𝓛𝓞 1 : 𝓜𝓲 𝓞𝓫𝓼𝓮𝓼𝓲ó𝓷
El brillo de la pantalla de mi laptop era lo único que me mantenía consciente, al menos por el momento. Mis ojos no dejaban de observar aquella nota:
ANATOMÍA HUMANA: 02
Sentía que me faltaba la respiración y tenía un nudo en la garganta; incluso quería llorar. Sin embargo, al estar entre varios de mis compañeros, solo me permití respirar profundamente. Me costaba creer mi nota; había estudiado por semanas. «¿En qué había fallado? ¿Cuál fue mi error?». Estaba tan concentrada en mis pensamientos que no escuché el timbre del receso. Mi mente solo volvió a la realidad cuando sentí un golpe seco en mi mesa; subí la mirada y encontré a mi amiga Akane.
Akane, por su parte, me saludó usando su típico tono de broma:
-Misaki-san, te ves tan tierna cuando te asustas -dijo con una leve risa mientras cerraba mi laptop-. Deja un momento las tareas, hay cosas más divertidas por hacer.
Se sentó a mi lado y vi cómo sacaba dos entradas de su bolsillo.
-Mira, dos entradas para el concierto de Luminox -sonrió con entusiasmo-. Además, va a haber muchos chicos guapos.
Por un momento miré las entradas y luego giré levemente la cabeza.
-Lo siento, Akane, tengo que estudiar y...
Akane no me dejó terminar la frase y tomó mi mano.
-Misaki-san, ¿no me dejarás sola, verdad? -hizo un pequeño puchero y sus ojos brillaron suplicantes.
Al ver su expresión, no pude negarme. Mi amiga me conocía tan bien que sabía que yo no podía resistirme a esa mirada, así que asentí tímidamente. Akane sonrió victoriosa, como si hubiera ganado un juego, e incluso levantó las manos con entusiasmo. Aquello avergonzó por un momento a Misaki; los demás alumnos la miraron confundidos, pero a Akane no le importaba en lo absoluto. Ella era así: extrovertida, alegre y a veces un poco impredecible, pero yo la entendía.
-Bien, entonces pasaré por ti a las ocho. Ponte guapa, seguro hoy te conseguimos un novio -dijo pícaramente, mientras yo me sonrojaba.
«¿En qué me metí?», pensé, pero ya era tarde para decirle que no a mi mejor amiga.
7:00 PM
Me miraba al espejo analizando mi figura y probándome diferentes vestidos. Faltaba una hora para que Akane llegara y yo simplemente estaba confundida. Ya me había probado más de cinco vestidos y ninguno me había agradado. No solía salir a fiestas, ya que pasaba la mayor parte del tiempo concentrada en mis estudios; no sabía ni cómo maquillarme y analizaba mi rostro y mi cuerpo cada diez segundos.
Al no encontrar un vestido de mi agrado, me decidí por unos pantalones vaqueros, una blusa blanca y una chaqueta de cuero. Al menos me veía decente y no se marcaban mis "rollitos". Ahora llegaba lo más complicado: el maquillaje. Tomé mis cremas y las apliqué en mi rostro, pero cuando tomé la base, dudé. «¿Y si me veo demasiado pálida?». En ese instante, la dejé nuevamente en la repisa. Me puse un poco de brillo labial, algo de rubor y me pinté levemente los párpados.
«Me veo horrible», pensé con amargura. Entonces, me distrajo el sonido de una bocina; mi amiga ya había llegado y yo no me sentía mentalmente lista. Tomé mi pequeño bolso negro y bajé. Me despedí de mi madre y salí de casa.
Subí al auto y Akane comenzó a hablar de mil cosas para calmar mis nervios, pero yo simplemente la observaba. A veces envidiaba su belleza; a diferencia de mí, ella llevaba un vestido negro muy ceñido que resaltaba su figura, sin mencionar su cabello y maquillaje impecables. Parecía una diosa comparada conmigo, que vestía de la forma más común posible.
Al llegar a la fiesta, Akane estacionó el auto y sonrió emocionada.
-¡Vamos, Misaki! Hay que estar en primera fila -mencionó.
Vi cómo se quitaba apresuradamente el cinturón; yo hice lo mismo y bajé del auto. Ella tomó mi mano y me arrastró consigo hasta la entrada del local. El guardia recibió nuestras entradas y ambas entramos juntas. Nada más cruzar la puerta, el olor a alcohol y cigarro barato llenó mis fosas nasales; hice una pequeña mueca de disgusto. Detestaba ese aroma, pero al menos lo soportaría por Akane.
Pasamos entre la multitud y noté varias miradas de chicos hacia mi amiga; algunos se la "comían" con los ojos. No me causó envidia, sino repulsión. Llegamos a la parte delantera; el grupo aún no aparecía, pero Akane ya estaba pidiendo las bebidas y obligándome a bailar para que, según ella, me soltara. Pero ni siquiera sabía hacer eso; solo movía torpemente mi cuerpo, intentando encontrar el ritmo de la música.
Cuando llegaron las bebidas, ella me entregó un vaso traslúcido. Lo miré con desconfianza y probé un sorbo; sabía amargo, no me gustó en lo absoluto. Fingí por mi amiga y seguí moviéndome. Pasaron al menos diez minutos hasta que la banda apareció; la gente gritó como loca y empezaron a empujar, provocando que mi trago cayera al suelo. Al menos ya tenía una excusa para deshacerme de él.
La banda se presentó y empezó su música. Miraba a Akane feliz, bailando y gritando, mientras yo solo me movía levemente. Ella bebía trago tras trago y yo solo observaba. Fue entonces cuando se me acercó para decirme que iría al servicio. Le dije que la acompañaba, pero ella insistió en que no era necesario, que volvería rápido.
Cuando se fue, me sentí atrapada. Como pude, me alejé hacia un rincón y me senté en una banca. Solté un suspiro de alivio; al menos ya no era tan asfixiante. En ese momento, una voz suave y delicada llamó mi atención.
-No es seguro estar sola en un lugar como este -dijo aquella voz.
Giré la mirada y por un momento quedé cautivada por su belleza. Era una chica linda; tenía unos ojos azules profundos, cabello negro hasta la cintura y un vestido azul marino, un poco holgado pero que resaltaba sus curvas de forma elegante. No supe qué responder, pero ella se sentó a mi lado.
-Soy Rioka, un gusto -sonrió amablemente-. ¿Y tú eres...? -Me miró fijamente, con curiosidad.
-Mi... Misaki... -respondí nerviosa y sonrojada-. Misaki-san -me corregí rápidamente, maldiciendo mentalmente por haber tartamudeado.
-Misaki-san -saboreó mi nombre en sus labios y sonrió nuevamente-. Hermosa flor.
Me miró con tal intensidad que sentí que mis mejillas ardían.
-¿Qué...? -balbuceé de nuevo.
-Tu nombre... eso significa, ¿verdad? -preguntó.
Volví a maldecirme por dentro; era obvio que ese era el significado.
-Sí... sí, ese es el significado de mi nombre.
No entendía por qué estaba tan nerviosa. Tal vez era su belleza, o quizá eran esos ojos azules que, con solo verlos, me hacían sentir que me penetraban el alma.