Mis Demonios 🩸
3ra parte: Mi historia mas personal❤️🩹
Y empezamos así;
Se me aguaron los ojos, ¿sabes?
No me preguntes por qué…
Hay momentos, hay palabras,
que logran tocar lo más profundo del alma.
—Luis Tonito
No sé si quiero recordar.
Hay partes de mi pasado que enterré para siempre… o eso creí.
Las cubrí con tierra, con años, con silencios.
Pero algunas noches… respiran.
Regresan difusas, como sombras que no terminan de tomar forma.
No hablan. No necesitan hacerlo.
Porque lo dicen todo sin decir nada.
Y lo peor no es que vuelvan…
es que nunca se fueron.
Siempre estuvieron ahí, esperando.
Pacientes. Quietas.
Como si supieran que tarde o temprano… miraría atrás.
Una historia más, una historia menos.
Todas parecen cambiar con el tiempo, deformarse, romperse, reconstruirse.
Pero hay algo que nunca cambia:
el peso.
El tiempo no se puede regresar.
Lo entendí tarde.
Cada cumpleaños pedía el mismo deseo,
como si repetirlo lo hiciera más real.
Pero nunca se cumplió.
Nunca.
Porque hay cosas que no se conceden.
Hay puertas que no se vuelven a abrir.
Y hay errores… que no se deshacen.
Ahora lo sé.
Ellos me esperan.
No en el futuro… sino dentro de mí.
Mis demonios no vienen.
Nunca llegaron.
Siempre estuvieron aquí.
Me esperan los demonios...
-Se acuerdan de ésta última frase?Y fue entonces…cuando comenzó el verdadero infierno.Para mi madre.Y para mí.
Pasé por tanto a tan corta edad que aún hoy lo recuerdo como si me hubieran insertado una tarjeta de memoria.
El cansancio de mi madre ya empezaba a notarse. Desde pequeña mi madre, a veces sufría crisis de asma… pero con el tiempo desapareció, como por arte de magia.
Hasta que un día la enfermedad, volvió.
Y esta vez, regresaron como un huracán.
Comenzó a enfermar, a marchitarse poco a poco. Recuerdo aquellas noches interminables en las que no podía dormir. Eran tratamientos tras tratamientos, cada uno distinto al anterior. Tenía un extraño aparato que la ayudaba a respirar; sin él, todo se volvía mucho más difícil.
Los hospitales se convirtieron nuestro segundo hogar.
Yo ya tenía 11 años… y no la dejaba sola ni un momento.
Si hay algo bueno en esta historia, es que aquel hombre tan cruel se marchó. Nos quedamos solo mi madre y yo.
Y llegó el día donde la hospitalizaron
Recuerdo cómo mi madre hablaba con una enfermera para que me permitiera quedarme por las noches. En ese lugar no aceptaban visitas, solo una hora por la tarde. Aun así, algunos días lograba quedarme con ella.
Otros días no.
Y esos días… me tocaba quedarme sola en casa.
Siempre le he tenido miedo a la oscuridad, pero cada noche. Rezaba “El ángel de la guarda” como si fuera un escudo invisible que me protegía.
Mi madre tenía una bacteria en uno de sus pulmones, y cada día empeoraba.
Pero ella siempre me decía lo mismo:
—Estoy bien, no te preocupes.
Y yo le creía… o al menos, quería creerle.
No le conté a nadie lo que estaba pasando. Cada mañana me levantaba, iba al colegio como si todo fuera normal. Luego volvía a casa, recogía ropa y algunas cosas que mi madre pudiera necesitar, y regresaba al hospital.
Sobrevivimos gracias a unos ahorros que mi madre tenía guardados. Y la verdad… no siempre hacían falta las tres comidas al día.
“Minudeces”, le decía yo.
Mi madre siempre que me veía con aquellos ojos llenos de lágrimas y me pregunta como me sentía yo. Jumm
Pero siempre le repetía lo mismo que ella me enseñó:
—Todo está bien.
_No te preocupes.
A esa edad me tocó aprender muchas cosas.
A coser, cuando mi pantalón del colegio se rompía (ya estaba viejo, pero aún servía).
A lavar.
A cocinar.
A arreglármelas sola.
Sin darme cuenta, aprendí a ser una niña… demasiado responsable para mi edad.
Porque en medio del miedo, de mis demonios el cansancio y la soledad, aprendí algo que me marcó para siempre:
Que el amor nos sostiene… incluso cuando sentimos que ya no podemos más.
Y que, pase lo que pase, siempre hay una fuerza dentro de nosotros que nos empuja a seguir.
-Yennifer Alvarez