Capítulo 1
Las fiestas de Halloween siempre eran el mejor lugar para divertirse, pasar tiempo con amigos, conocer nuevas personas y pasar un muy buen rato.
Pero para Izuku, era su oportunidad para lucir atuendos atrevidos y de su agrado.
—Me gustaba más el disfraz de fantasma, era mucho más atrevido— mencionó su mejor amiga mientras caminaban con dirección al lugar de la fiesta.
Izuku, miró nuevamente su atuendo, llevando sus manos a las orejas que estaban sobre su cabeza.
—¿Qué tiene de malo este? A mí me encanta.
—No tiene nada de malo, solo que imaginé que en esta ocasión te atreverías un poco más.
Frunciendo sus labios, el peliverde bajó un poco su mirada, contemplando la punta de sus zapatos mientras caminaba.
—Sabes que no es fácil— dijo, no tardando en escuchar el suspiro pesado de su amiga.
Por supuesto que lo sabía, ella más que nadie conocía sus inseguridades, sus límites y sus miedos, sin embargo, esperaba que después de retomar sus citas psicológicas, estás ayudarían un poco más, pero tal parecía que aún no era momento para aplaudir los avances.
Ella, conocía a Izuku desde preescolar, y la razón por la que se acercó a él, fue porque creía a esa edad que serían muy buenas amigas, y así fue, aunque en sí, era su mejor amigo; su cercanía fue por sus rasgos femeninos, mismos que se fueron acentuando con el pasar el tiempo, y conforme crecía, también se volvió una persona demasiado tímida, después de todo, el ser una persona andrógina, no era nada fácil para él.
Y la adolescencia fue la gota que derramó el vaso.
Sus caderas crecieron un poco, su trasero se volvió más redondo, su voz seguía siendo aguda y a los quince años, tuvo la mala suerte de desarrollar ginecomastia.
Sí, no fue un proceso fácil, recibió burlas de todo tipo durante sus años de colegio, miradas juzgadoras y llenas de crítica, incluso él director tuvo que contactar a una trabajadora social para hablar con su madre sobre los riesgos de la transición en un joven de su edad.
Aunque no era y no fue fácil explicar que Izuku, no entraba en esa clasificación. Él era persona andrógina de nacimiento, un hombre con rasgos femeninos, y un evidente desorden hormonal que lo llevó a desarrollar senos a esa edad.
Estos eran pequeños, casi no se notaban si usaba las prendas adecuadas, pero, para un joven como él y a esa edad, esa “anomalía”, sólo provocó más inseguridades en él.
Ochako, como su amiga, siempre hacía de todo para animarlo, para que aceptará su cuerpo y siempre recordarle que la opinión negativa de los demás, no debería importarle en lo más mínimo.
Pero no siempre resultaba, no cuando tener novio también era algo complicado para él.
Ser andrógino y gay, era como un combo de mala suerte.
—Te ves lindo— terminó diciendo Ochako, acercándose a él para abrazarlo y así calmar la inquietud que ella misma había provocado—. Eres el zorro más sexy que he visto— Izuku, comenzó a reír, tambaleándose un poco por el peso extra—. Tus piernas son de envidia. Y lo digo en serio, serás la sensación.
—Eso me recuerda, ¿cómo supiste de esta fiesta?
—De Mina, mi compañera de clase. Dijo que su novio siempre organiza las mejores fiestas desde preparatoria, y que estaba cordialmente invitada.
—Bueno, aún faltan algunas calles y, la música se escucha hasta aquí. Supongo que si es buena.
—Lo sea o no, tú y yo debemos divertirnos como nunca, la fiesta de Momo del año pasado fue un completo desastre.
Izuku comenzó a reír al recordar ese acontecimiento, y de cómo la policía terminó interviniendo, y todo porque un tipo grande se había atascado en la casa del árbol de la sobrina de Momo. Todos terminaron decepcionados y molestos, pues tuvieron que regresar temprano a casa.
.
.
.
La decoración era realmente la sensación del lugar, había dos esquelet0s enormes en el patio y las luces daban un aspecto bastante lúgubre; la música era buena al igual que las mejores bebidas, y ni hablar de la botana, pues cada una tenía una característica típica de la festividad.
Sí que era realmente buena, Ochako e Izuku, no dejaban de bailar en la pista. Riendo y bromeando entre ellos.
Siempre era así, esa forma tan divertida con la que Izuku se olvidaba de su alrededor.
Aunque quizá esa chispa había llamado la atención de más de uno.
—Estoy agotada, esto es mejor de lo que imaginé. Me siento tonta con mi disfraz — dijo Ochako, tomando un sorbo de su bebida, escuchando la risa de Izuku.
—Te entiendo, algunos sí que se esmeraron tanto.
—¿Cómo el Anubis a nuestras espaldas?
Izuku, giró su rostro sin disimulo alguno, recibiendo un golpe por parte de su amiga en sus costillas, misma que susurraba que fuera discreto. Y eso hizo hasta conseguir verlo, aunque solo un poco.
Debido a la máscara cubriendo gran parte de su rostro, no pudo mirar bien su rostro en ese momento, no cuando lo que más llamaba la atención era su abdomen descubierto, y la poca tela que cubría su entrepierna.
Era un disfraz genial, y debido al porte, era evidente que atraería la atención de cualquiera.
Aunque Izuku, solo se conformaba con mirarlo de lejos, y apreciar su belleza, aunque…
—Oh por Dios, viene para acá— murmuró emocionada Ochako.
E Izuku, solo se mantuvo quieto observando las charolas casi vacías.
Pero Ochako, al percatarse por quién iba aquel chico, decidió comenzar a hacerse a un lado; un paso más hacia un costado, dejando el espacio suficiente para darles privacidad, aunque no tanta para poder escuchar detenidamente.
Cruzando sus dedos para que esta vez, Izuku corriera con suerte.
(...)
Katsuki amaba las fiestas en las que podía disfrazarse como le plazca, y como era de esperarse, este debía ser vistoso para robar miradas, y entre ellas, encontrar a alguien con quién pasar un muy buen rato.
Aunque tal parecía que la suerte no estaba de su lado, pues todas las chicas a su alrededor no parecían ser de su agrado, no hasta que la miró allí, esa linda chica peliverde que bailaba al ritmo de la música.
Sí, a los ojos de Katsuki, Izuku era una chica de grandes caderas y lindas pi3rnas, y por esa razón, no dudó en ir tras ella en su primera oportunidad.
—Ey— llamó así su atención, sonriendo al notar ese angelical rostro que le miraba confundido—. ¿Qué tal?
Izuku trago grueso al instante, pues no imaginó que se dirigiría a él; mirando a su alrededor, trato de buscar a Ochako, pero debido a la poca iluminación, no la distinguía a simple vista.
Katsuki por su parte, ladeo su cabeza, tratando de llamar una vez más su atención, y lo consiguió, aunque el peliverde no se sentía seguro.
—Hola— murmuró.
Y Katsuki, nuevamente amplió su sonrisa. Su voz era linda, todo en “ella”, le parecía lindo.
—¿Bailamos juntos?
.
.
.
Izuku no sabe cómo terminó en esa situación, no sabe cómo pasaron de la pista de baile al interior de un baño.
Las manos del rubio eran demasiado escurridizas, sintiendo cómo estás acariciaban sus caderas y bajaban a sus glúteos para apretarlos con fuerza, y aunque cada toque lo incitaba a acercarse, él prefería seguir manteniendo su distancia, tratando de no perderse en esos besos tan húmedos que lo hacían jadear en ocasiones.
El aliento del rubio era demasiado fuerte, era claro que estaba bastante ebrio y pudo darse cuenta de ello en el momento en que bailaron la primera canción.
Era claro que no pensaba con toda claridad, era claro que solo necesitaba un desahogo y él, él no quería ser parte de una sola noche.
Por esa razón se esforzaba por no caer, por mantener distancia y buscar la mejor oportunidad de salir de allí.
Pero sus manos, sus jodidas manos eran como las de un pulpo; y allí estaba Katsuki, acariciando ese pequeño busto por debajo de su ropa, su piel era suave, demasiado adictiva, e Izuku estaba cayendo, hasta que…
—Eres tan hermosa y ardiente— murmuró Katsuki contra su oído—. Abre tus lindas piernas para mí, déjame hundirme en ese lindo coño tuyo…
Izuku sintió un escalofrío en ese momento pues el chico atractivo que lo acariciaba con bastante deseo, pensaba que era una chica.
Sí, no era la primera vez que pasaba, pero, aun así, su pequeño y frágil corazón se agrietó.
—¿Qué sucede? — cuestionó Katsuki al sentir como sus manos lo alejaban. Mirando su rostro avergonzado, mismo que no se atrevía a mirarle—. ¡Ja! No me digas, ¿primera vez? — intuyo.
Por supuesto que no era su primera vez, no era esa la razón, si no qué, no podía estar con alguien que saldría corriendo al descubrir la realidad. Por esa razón, se las ingenió para escabullirse y llegar a la puerta del baño, pero Katsuki, se apresuró a detenerlo.
—Oye no huyas — dijo, intentando tomarla una vez más.
Pero en el momento en que Izuku sintió su mano intentar escabullirse bajo su short, le dio un pequeño codazo contra su estómago, consiguiendo así que se alejara de él, dándole acceso para abrir la puerta y salir despavorido del lugar.
Katsuki, se apresuró a salir e ir tras “ella”, pero tal parecía que era mucho más rápida y escurridiza, pues no la miró por ningún lado por más que la busco.
Izuku huyó del lugar como una princesa de cuento, justo cuando el hechizo se rompió. C