El Jardin de las Grietas

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Summary

En un mundo donde el sufrimiento se consume como entretenimiento de diez segundos y las pantallas han reemplazado cualquier forma real de contacto humano, Hikaru Arisawa es solo otro error de cálculo. Su madre murió en prisión. Su padre es una ausencia constante. Y la escuela se ha convertido en un circo digital donde sus compañeros lo golpean, lo humillan y graban su dolor para subirlo a redes, mientras el resto del mundo sigue scrolleando con indiferencia.Entre grietas que dejan pasar la luz, conversaciones melancólicas y filosóficas en la penumbra, y la compañía silenciosa de quienes ya han aceptado su propia fractura, Hikaru deberá decidir si quiere sobrevivir convirtiéndose en alguien más… o si tendrá el valor de forjar su propia tranquilidad desde el centro mismo de su miedo y su desesperación.

Genre
Drama
Author
Silenceshhh
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

¿Soy un error de cálculo?

Cap 1: El mundo de Arisawa Hikaru comenzaba y terminaba en el mismo color: un negro absoluto, denso y asfixiante. No era la oscuridad de una habitación sin luces, sino la oscuridad de una existencia que se sentía como un error de cálculo. A sus dieciséis años, el peso de su propio apellido le recordaba que era el heredero de una larga lista de fracasos. Caminar por los pasillos de la preparatoria era, para él, como avanzar por un campo de minas donde el premio por sobrevivir un día más era simplemente volver a empezar el siguiente.

En la escuela, el ambiente era una contradicción insoportable. Cientos de estudiantes llenaban los pasillos, pero el silencio real era sepulcral. Lo único que se escuchaba era el clic rítmico de las pantallas y el susurro de las telas al rozarse. Hikaru caminaba pegado a la pared, con la cabeza baja, observando cómo sus compañeros caminaban como autómatas, con los ojos clavados en sus teléfonos. Algunos se reían de pronto, una risa seca que no llegaba a sus ojos, mientras sus pulgares se movían frenéticamente por WhatsApp. Era la "falsa sonrisa" de una generación que solo sabía existir a través de una lente digital.

Hikaru no era diferente en su deseo, aunque sí en su realidad. Por más que intentaba convencerse de que era un observador cínico de esta sociedad rota, en el fondo, su corazón gritaba por un poco de calor. Quería encajar. Quería ser parte de uno de esos grupos que compartían memes y fotos de comida, aunque supiera que sus conversaciones eran vacías. Esa era su debilidad: el hambre de ser reconocido por alguien, por quien fuera.

Pero la realidad se encargó de recordarle su lugar antes del mediiodía.

En el patio trasero, detrás del gimnasio, un grupo de tres estudiantes de tercer año lo interceptó. No eran matones de película que buscaban dinero; eran algo peor. Eran chicos que se sentían pequeños en su propia insignificancia y necesitaban a alguien a quien aplastar para sentir que tenían poder.

—Mírenlo, es el "raro" Arisawa —dijo el líder, un chico de hombros anchos y una mirada cargada de un tedio cruel—. ¿Sigues pensando que eres especial por no hablar con nadie?

Hikaru sintió un nudo en la garganta, ese terror familiar que lo paralizaba. No tuvo tiempo de responder. El primer golpe fue un impacto seco en el estómago que le robó el aire. Cayó de rodillas, el asfalto raspando su piel. Los golpes continuaron: patadas en las costillas, empujones que lo hacían chocar contra la pared de concreto. Lo que más dolía no era el daño físico, sino lo que veía a su alrededor.

Varios estudiantes pasaban por allí. Algunos se detuvieron. Pero nadie intervino. Lo que hicieron fue peor: sacaron sus teléfonos. Hikaru, con la visión borrosa por el dolor y las lágrimas que se negaba a soltar, vio los destellos de las cámaras. Escuchó las risas contenidas. La gente solo se despejaba del scroll infinito de sus redes sociales para deleitarse con su humillación. Su miseria era contenido. Su dolor era un video de diez segundos que alguien olvidaría al minuto siguiente.

—¡Déjenlo ya! —gritó una voz femenina.

Los matones se detuvieron. Una chica de segundo, menuda y de aspecto frágil, estaba allí. Los agresores intercambiaron una mirada de complicidad y soltaron a Hikaru, pero no para irse. Caminaron hacia ella con intenciones obvias de intimidarla, de llevársela a algún rincón para "darle una lección" por entrometida.

En ese momento, la adrenalina y un asco profundo hacia su propia cobardía inundaron el cuerpo de Hikaru. No fue valentía pura, fue una rabia desesperada. Pensó que este era el momento. Si la salvaba, tal vez dejaría de ser invisible. Cegado por esa necesidad humana de redención, se puso en pie con las piernas temblándole y se lanzó contra el líder de los matones.

Fue un desastre. Hikaru no sabía pelear. Terminó en el suelo de nuevo, con el labio partido y un ojo hinchado. La pelea terminó solo cuando un profesor apareció. El profesor miró a Hikaru, que estaba tirado en el suelo, sangrando. No hubo compasión en su mirada, solo molestia.

—Arisawa, otra vez tú metiéndote donde no te debe —le regañó el profesor—. Madura de una vez.

La chica a la que había intentado defender se acercó.

—Gracias... —dijo ella, pero en cuanto se dio la vuelta y se reunió con su grupo, Hikaru escuchó su risa—. ¿Vieron eso? Parecía un perro apaleado intentando morder.

Hikaru se quedó solo. Se sentía estúpido. Se sentía débil. Pero mientras caminaba hacia la estación de tren, el encuentro con una chica llamada Akari detuvo el negro de su visión por un segundo. Ella no lo miró con burla, sino con una seriedad real.

—Oye... —dijo él, con la voz rota—. ¿Podría... podría tener tu LINE?

Ella lo escaneó: el uniforme sucio, el labio partido. Tras un silencio eterno, le mostró su código. Tenía un contacto nuevo. No sentía que su vida hubiera cambiado, pero por primera vez, tenía la pequeña e insignificante duda de si siempre sería así.

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