Gentildonna
La habitación estaba a media luz, solo el resplandor de la luna se filtraba por la ventana, dibujando siluetas danzantes en las paredes
Tn sintió un tirón brusco y su espalda chocó contra la suavidad de una cama. El mundo se convirtió en un torbellino de confusión, oscuro y claustrofóbico. Un saco áspero le cubría la cabeza, impidiéndole ver y llenando sus pulmones con un olor a tela vieja
Tn: Por favor...Quítamelo, por favor, tengo una familia que me espera en casa
Una voz familiar, pero cargada con una intensidad que nunca le había escuchado, respondió desde la penumbra. Era Gentildonna
Gentildonna: ¿De verdad quieres que lo quite, Tn?

Su tono una mezcla de dulzura y algo más, algo peligroso
Tn: Sí, te lo ruego
Sintió cómo unas manos delicadas pero firmes aferraban la tela del saco
La tela fue retirada de su cabeza con un movimiento rápido. El primer foco de luz cegó a Tn por un instante. Cuando sus ojos se ajustaron, lo que vio le robó el aliento
Gentildonna estaba justo encima de él, arrodillada a su lado en la cama, su rostro a apenas centímetros del suyo. Sus ojos, normalmente llenos de amabilidad y una chispa traviesa, ahora ardían con una determinación feroz, una emoción que no podía identificar. Su cabello caía enmarcando su rostro, y Tn pudo sentir el calor de su cuerpo tan cerca del suyo
El corazón de Tn empezó a latir con una fuerza desbordada, no de alegría, sino de pánico puro
Se sintió atrapado, como un ciervo frente a los faros de un coche
Tn: D-donna...
Retrocedió instintivamente hasta que su espalda tocó el cabecero de la cama
Ella no se movió. En cambio, inclinó la cabeza lentamente y, antes de que Tn pudiera protestar, sus labios se posaron sobre los suyos. El beso no fue tierno; fue exigente, posesivo
Tn se quedó paralizado por un segundo, el shock recorriendo todo su ser, antes de reaccionar. Con un movimiento brusco, apartó la cabeza, rompiendo el contacto
Tn: ¡N-no!
Gentildonna se quedó quieta, su expresión cambiando de la pasión a una herida visible. Una sombra de confusión y dolor cruzó su rostro
Gentildonna: ¿Por qué me rechazas? ¿Acaso no te gusto?
Tn: No es eso, es que...
Tn no sabía cómo decirlo, cómo herirla sin que pareciera una excusa barata
Gentildonna: ¿Entonces qué es? Dímelo, Tn. Mírame a los ojos y dímelo
La presión era insoportable. Tn sintió las lágrimas asomarse por la angustia de la situación. Bajó la vista, incapaz de soportar la intensidad de su mirada
Tn: Es que... es que no puedo hacerlo porque... porque ya tengo una relación con Oguri
El silencio que siguió a sus palabras fue más ensordecedor que cualquier grito
Tn se atrevió a levantar la vista y vio el rostro de Gentildonna desmoronarse. Fue como si una estatua de mármol perfecto se agrietara por dentro. La luz en sus ojos se apagó, reemplazada por un vacío helado. Sintió cómo su propio corazón se detenía, presintiendo el dolor que acababa de infligir
Gentildonna pareció encogerse, y por un segundo, Tn vio a la niña con la que había crecido, la que le prometieron un futuro juntos
El recuerdo de su promesa infantil, de casarse cuando fueran mayores, regresó para atormentarlo
Gentildonna: Mentiroso *su voz estaba rota, casi irreconocible* Eres un mentiroso, Tn. Me lo prometiste
Tn: Es verdad. Lo siento, Gentildonna, de verdad que lo siento
Pero la tristeza en ella se transformó en rabia. Con un movimiento rápido, agarró las muñecas de Tn, sus dedos apretando con una fuerza que él no sabía que poseía. El dolor hizo que Tn gimiera
Gentildonna: ¡Retíralo! *una lágrima solitaria rodó por su mejilla*¡Retira lo que dijiste! Dime que es mentira
Tn: No puedo. Es la verdad. Lo siento
Gentildonna lo observó, su pecho subiendo y bajando agitadamente. Parecía estar luchando contra sí misma, contra la realidad. Una nueva idea, una justificación desesperada, pareció iluminar sus ojos
Gentildonna: No, no es cierto. Eres un semental, Tn. Es tu naturaleza. No puedes evitarlo. Tu cuerpo me desea, aunque tu mente esté confundida
Tn: Por favor, Gentildonna, déjame ir
Ella apretó más su agarre, sus uñas clavándose en su piel. Su rostro se acercó de nuevo, pero esta vez no había herida, solo una determinación aterradora
Gentildonna: Es hora de que cumplas tu función

Tn: ¿Qué función?
Gentildonna: Eres como un gallo en un gallinero, Tn,y los gallos... los gallos tienen que satisfacer a todas las gallinas
Y acto seguido, volvió a besarlo. Esta vez, Tn luchó con todas sus fuerzas. Se retorció, intentó apartar la cabeza, empujarla con las manos que tenía atrapadas, pero era inútil. Gentildonna era sorprendentemente fuerte, movida por una locura y un dolor que él no podía comprender
Pero entonces, algo comenzó a cambiar dentro de él. La época de celo, esa maldición biológica empezó a hacer efecto
La lucha física, el calor de su cuerpo, la insistencia de sus labios... todo comenzó a distorsionarse. Su resistencia, tan fiera al principio, empezó a desvanecerse. Sus pensamientos se volvieron borrosos, su cuerpo traicionaba a su mente
Una oleada de calor recorrió sus venas, y sus intentos de escape se volvieron más débiles, más torpes. Poco a poco, contra toda su voluntad, sintió cómo su cuerpo comenzaba a sucumbir, a responder a aquel beso forzado, mientras una parte de su mente gritaba en silencio, atrapada en una pesadilla de la que no podía escapar
La lucha de Tn se desvaneció por completo. El beso de Gentildonna, antes una agresión, se transformó en una tormenta de pasión que arrasó con sus defensas
Sus labios se movieron con una ferocidad desesperada, y Tn, perdido en la neblina de su celo, dejó de luchar
Sus manos, antes prisioneras, encontraron libertad y, como si tuvieran voluntad propia, se deslizaron hasta la cintura de Gentildonna, atrayéndola contra él con un anhelo que ya no podía negar
En un movimiento fluido y dominante, Tn invirtió sus posiciones. Con una fuerza que sorprendió a ambos, la levantó ligeramente y la depositó suavemente sobre el colchón, quedando él ahora encima, cubriéndola con su cuerpo
El cambio de poder fue instantáneo. La ferocidad en los ojos de Gentildonna se disolvió, reemplazada por un profundo sonrojo que tiñó sus mejillas. Su respiración, antes agitada, era ahora un susurro tembloroso
Gentildonna: Sé... sé gentil conmigo, Tn

Las palabras rompieron el hechizo momentáneamente. Sus manos se movieron con torpeza y urgencia, despojándose de la ropa que los separaba
Prendas volaron hasta el suelo, y pronto, ambos quedaron desnudos bajo la luz de la luna. La mirada de Gentildonna descendió por el torso de Tn hasta posarse en su miembro erecto, y sus ojos se abrieron de par en par, una mezcla de asombro y un atisbo de miedo reflejada en ellos. Nunca había imaginado algo así
Tn, por su parte, no la miraba a los ojos. Su atención estaba completamente cautivada por el cuerpo debajo de él
Observó cada curva, cada contorno de sus músculos delineados por la luz pálida. La vio no como la amiga de la infancia, sino como una obra de arte, una criatura de una fuerza y una belleza que lo dejaban sin aliento. La admiraba con una intensidad casi religiosa
Gentildonna: Apúrate.... No esperes más
Con un movimiento lento y deliberado, Tn se alineó con su entrada, sintiendo el calor que emanaba de ella. La punta de su miembro la rozó suavemente, y Gentildonna tensó, su cuerpo arqueándose ligeramente
Gentildonna: No... no te asustes si ves sangre. Es mi primera vez
Las palabras calaron hondo en Tn, una última llamada a la cordura que fue ahogada por el instinto
Con una presión firme y constante, comenzó a entrar en ella. Un gemido agudo y doloroso escapó de los labios de Gentildonna, y sus manos se aferraron a sus hombros
Gentildonna: ¡Espera! Espérame... un momento... déjame... acostumbrarme...
Tn se detuvo, manteniéndose inmundo dentro de ella, luchando contra cada fibra de su ser que le gritaba que continuara
Podía sentir cómo sus paredes se contraían a su alrededor, adaptándose, aceptándolo. El tiempo pareció detenerse, suspendido en un instante de dolor y placer, de promesas rotas y un deseo imposible de negar
Tn se quedó completamente inmóvil, un conflicto brutal librándose en su interior. Cada instinto de su cuerpo, amplificado por la fiebre de su celo, le gritaba que se moviera, que tomara, que reclamara el placer que su naturaleza le exigía
Pero el gemido de Gentildonna, ese sonido tan crudo de dolor y sumisión, lo había anclado a la realidad. Era un ancla en medio de una tormenta de hormonas y deseos
Bajo él, Gentildonna luchaba por controlar su propia respiración. Sus labios entreabiertos dejaban escapar pequeños jadeos. Sentía una punzada aguda, un ardor que se extendía desde su entrada hasta lo más profundo de su ser
Era un dolor que la conectaba brutalmente con el momento, con la realidad de lo que estaba sucediendo. No era un sueño, no era una fantasía; era real, y Tn estaba dentro de ella. Cerró los ojos con fuerza, una lágrima solitaria escapando y deslizándose hacia su sien
Se concentró en su respiración, inhalando y exhalando, intentando relajar los músculos de su cuerpo que se habían tensado como una cuerda de arco
Poco a poco, el dolor agudo comenzó a transformarse, a ceder el paso a una sensación de plenitud, de estar inmensamente, increíblemente llena
Tn observaba cada cambio en su rostro. Vio la tensión en su mandíbula relajarse, la forma en que sus cejas fruncidas se suavizaban. Vio cómo su pecho subía y bajaba con más calma. Era una tortura y una bendición a la vez
Estaba tan cerca de ella, podía sentir el latido de su corazón a través de sus pechos, podía oler el perfume de su piel mezclado con el sudor de su esfuerzo
La tentación era abrumadora, una fuerza física que le apretaba los músculos del abdomen y le empujaba las caderas hacia adelante. Tenía que morder su propio labio para evitar un gemido que nacía de lo más profundo de su garganta.
Gentildonna sintió su contención. Sintió cómo temblaba, el esfuerzo que estaba haciendo por mantenerse quieto por ella. Abrió los ojos lentamente y lo miró. La ferocidad animal que había visto antes aún estaba ahí, latente en sus pupilas dilatadas, pero ahora se mezclaba con una ternura, una preocupación que la desarmó por completo
Vio el amor de su amigo en medio de la tormenta del semental. Una nueva oleada de emociones la inundó, un torbellino de arrepentimiento, deseo y un afecto tan profundo que le dolía
Gentildonna: Tn...
Tn: Sí...
Gentildonna: Ya... ya estoy bien *moviendo las caderas ligeramente, una invitación casi imperceptible* Puedes... puedes moverte
El permiso fue como romper una presa. Tn soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo. Lentamente, con una delicadeza que contradecía su naturaleza, comenzó a retirarse, sintiendo cada milímetro de su interior hasta que casi estaba fuera
Gentildonna soltó un gemido ahogado, esta vez no de dolor, sino de pura anticipación. Luego, volvió a entrar, con la misma lentitud, explorando, aprendiendo el mapa de su cuerpo
El segundo movimiento fue más profundo. El tercero, más seguro. Cada embestida era una pregunta y una respuesta. El dolor inicial de Gentildonna se había desvanecido por completo, reemplazado por una ola de calor que crecía con cada movimiento de Tn
Sus manos, que antes se aferraban a sus hombros, ahora se deslizaban por su espalda, sintiendo cómo sus músculos se tensaban y relajaban con cada embestida. Sus piernas, que habían estado rígidas, se doblaron y se envolvieron alrededor de su cintura, atrayéndolo más profundamente, pidiendo más sin palabras
El ritmo se aceleró, volviéndose más natural, más instintivo. Los gemidos de Gentildonna cambiaron de tono, volviéndose más altos, más desesperados, llenos de un placer que nunca antes había imaginado
Tn respondía a sus sonidos, sus movimientos volviéndose más firmes, más seguros. El mundo exterior se desvaneció por completo. No existía Oguri, no existía la promesa rota, no existía la culpa. Solo existían los dos, unidos en esa cama, en una danza primaria tan antigua como el tiempo
El olor a sexo llenaba la habitación, mezclado con los susurros de sus nombres y el sonido de sus cuerpos encontrándose una y otra vez en un ritmo que los llevaba, inexorablemente, hacia un abismo de éxtasis del que no había retorno
El reloj en la pared de la habitación, un discreto artefacto de madera, marcaba las dos de la madrugada
Las agujas se movían con una indiferencia cruel, midiendo un tiempo que para los dos cuerpos en la cama se había vuelto infinito y, a la vez, inexistente
El aire era denso, una mezcla tangible de calor corporal, perfume de sudor y el olor acre y dulce del sexo. Las sábanas, antes impecablemente blancas, eran ahora un lienzo arrugado de pasión, testimonio de la batalla que se libraba y se re-libraba en sus pliegues
Tn la tenía de nuevo, esta vez de espaldas

Su pecho pegaba a su espalda, un escudo de carne y músculo que la encerraba por completo. Un brazo rodeaba su cintura, tirándola hacia él con cada embestida profunda y controlada, mientras su otra mano se apoyaba en el colchón junto a su cabeza, dándole el impulso necesario
Gentildonna tenía la cara enterrada en la almohada, ahogando sus gemidos en el tejido, sus manos aferradas a las fibras como si fueran su único ancla a la realidad
Cada movimiento de Tn era una onda de choque que recorría su cuerpo, una fuerza que la deshacía y la volvía a construir en un ciclo sin fin. El dolor inicial era un recuerdo lejano, una fantasía casi nostálgica
Ahora solo existía la plenitud, la sensación de ser llenada hasta el límite, de estar al borde de una explosión constante que nunca llegaba del todo
Era una tortura deliciosa. Pero en medio de la neblina de placer, una chispa de conciencia, de su orgullo herido, logró encenderse. No podía permitir que esto fuera solo una rendición física. Necesitaba una victoria emocional, una rendición de su alma. Levantó la cabeza con esfuerzo, girándola hasta que su mejilla rozó la de él. Su cabello, un desorden de madejas oscuras y pegajosas, le azotaba el rostro.
Gentildonna: ¡Tn! ¡Escúchame!
Él no se detuvo, su ritmo implacable, su respiración caliente y pesada en su oreja. Parecía perdido en un trance, un piloto automático de pura testosterona y deseo
Gentildonna: ¡Olvida todo! ¡Olvídate de Oguri! ¡Olvídate de su nombre, de su cara, de cómo te hace sentir! ¡Eso no existe aquí! ¡No existe ahora! ¡Solo existo yo!
Sus palabras parecieron atravesar la niebla. Tn vaciló por un fracción de segundo, su movimiento perdiendo su fluidez
Era como si hubiera oído una voz desde muy lejos, una voz que le recordaba un mundo que había dejado atrás horas atrás. Gentildonna sintió la vacilación y supo que tenía que apretar, que tenía que clavar su victoria más profundamente que él mismo estaba dentro de ella
Gentildonna: ¡Mírame!
Y con un esfuerzo sobrehumano, logró girar su cuerpo, forzándolo a salir de ella con un movimiento brusco que les robó el aliento a los dos
Ahora lo tenía de frente, sus piernas todavía entrelazadas con las de él, sus manos en su pecho, empujándolo. Sus ojos, dos brasas en la penumbra, se clavaron en los suyos.
Gentildonna: ¡Solo piensa en mí, Tn! ¡Solo en mi cuerpo! ¡Solo en mi voz! ¡Tú eres mío esta noche, entiendes? ¡Mío!
La declaración fue una chispa en un polvorín. El trance animal en los ojos de Tn se quebró, y por un instante, Gentildonna vio al Tn que conocía, confundido y atormentado
Pero esa confusión se ahogó rápidamente bajo una marea de furia posesiva. No iba a ser dominado. No iba a ser recordado de sus otras lealtades. Él era el depredador aquí
Con un rugido bajo, la tomó por los hombros y la tiró de espaldas contra las almohadas. No hubo ternura en el movimiento. Fue una reclamación de territorio. Antes de que ella pudiera reaccionar, se arrojó sobre ella y la besó
No fue un beso de pasión, fue un acto de violencia. Sus labios se aplastaron contra los suyos con tanta fuerza que sintió el sabor de la sangre en su labio inferior
Su lengua no le pidió permiso, invadió su boca, luchando contra la suya, dominándola, castigándola por haberle recordado un mundo que no quería ver. Era un beso que decía "cállate", "eres mía", "no tienes poder sobre mí"
Y en ese momento, Gentildonna supo que había perdido. La batalla por el control mental estaba perdida. Él la había superado, la había doblegado con su propia ferocidad. La había obligado a sentir solo su deseo, su poder, y una parte oscura y sumisa de ella se regocijó con la derrota
Pero su orgullo, su terquedad, no podía rendirse sin un último golpe. Un golpe bajo, personal, aimed directamente al corazón de su rivalidad
Con la última fuerza de su voluntad, apartó la cara, rompiendo el beso. Ambos jadeaban, sus frentes pegadas. Tn, creyendo que había ganado, comenzó a bajar su cabeza hacia su cuello, dispuesto a dejar su propia marca
Pero Gentildonna fue más rápida. Con una precisión quirúrgica, se inclinó y sus labios se posaron en el lado izquierdo de su cuello, justo encima de la clavícula. Y entonces, mordió. No fue un mordisco para romper la piel, fue un chupete feroz, un acto de vampirismo posesivo
Succionó con toda su fuerza, sabiendo exactamente lo que estaba haciendo. Dejó una marca morada y roja, una mancha violenta en el mismo lugar donde, hacía poco, Orfevre en un arranque de celos juveniles, había dejado su propia marca más pálida
Tn se quedó completamente inmóvil. El placer se congeló y fue reemplazado por una descarga eléctrica de furia pura
El gesto no fue de amor, no fue de pasión. Fue de desafío. Fue de competencia. Fue recordarle que, incluso en el acto más íntimo, había otros fantasmas en la habitación
Tn: ¿Lo has hecho?
Gentildonna no respondió, solo sonrió débilmente, un triunfo agotado en su rostro
Eso fue todo. La última cuerda de la contención de Tn se rompió. Se apartó de ella de un salto, de pie al lado de la cama, su cuerpo un contorno de músculos tensos a la luz de la luna. Su miembro, erecto y pulsante, parecía un arma apuntando a su corazón. La miró con una intensidad que la asustó de verdad, por primera vez esa noche
Tn: ¡Ven aquí!
Ella obedeció, moviéndose para ponerse de rodillas en el centro de la cama, su cuerpo temblando de anticipación y un miedo excitante
Tn: No. Túmbate
Gentildonna se tendió de espaldas, y antes de que pudiera prepararse, Tn estaba sobre ella de nuevo. Pero esta vez fue diferente. No hubo preliminares. Se abrió paso entre sus piernas con una fuerza brusca y la embistió
El grito que escapó de sus labios fue de pura sorpresa y dolor. La penetración fue tan profunda, tan violenta, que sintió que se partía en dos. No había ritmo, no había delicadeza. Era una furia cruda, un castigo. Cada embestida era un golpe, una afirmación de poder. El cabecero de la cama golpeaba contra la pared con un ritmo frenético y violento, *BAM-BAM-BAM-BAM*, el sonido de su ira hecha madera
Gentildonna se aferró a la espalda de él, sus uñas arañando su piel, dejando rayas rojas

El dolor se mezclaba con un placer tan intenso que casi era insoportable. Cada embestida era un tormento y una bendición, una violación y una consagración
Se sentía como un barco en una tormenta, sacudida sin piedad por olas de fuerza pura, y su única opción era aferrarse al timón y sobrevivir. Los golpes contra la pared eran un tambor de guerra que marcaba el ritmo de su destrucción y renacimiento
El mundo se redujo a ese sonido, al dolor de sus uñas en su espalda, al calor de su aliento en su cuello, a la sensación abrumadora de ser llenada hasta el punto de la fractura
El tiempo perdió todo sentido. Podrían haber sido minutos, podían haber sido horas. Era una eternidad de fuerza y sumisión, un ciclo de dolor y placer que la despojó de todo pensamiento racional. Ya no era Gentildonna, la rival, la amiga de la infancia, la traicionada
Era solo un cuerpo, un recipiente para la furia y el deseo de Tn. Y en esa rendición total, encontró una extraña forma de paz
Tn, por su parte, operaba en un plano puramente instintivo. Su mente se había apagado, reemplazada por una programación biológica ancestral. La marca en su cuello ardía, no como un dolor físico, sino como una afrenta a su dominio
Cada embestida era una respuesta, una negación de la reclamación de otro macho. No estaba haciendo el amor a Gentildonna; estaba reclamando su territorio, borrando la marca de otro con la suya
La fuerza de sus embestidas comenzó a disminuir, no por falta de voluntad, sino porque su cuerpo alcanzaba sus límites físicos. La furia cedió el paso a una necesidad desesperada, un anhelo primario que se apoderó de él. Su respiración se volvió más irregular, sus movimientos menos precisos. Levantó la cabeza de su hombro, su frente brillando de sudor contra la de ella.
Tn: No... no aguanto más...
Las palabras de Tn fueron el disparo de salida para la última jugada de Gentildonna. La fuerza estaba volviendo a sus miembros, su mente se aclaraba a través de la neblina del placer
Sintió su vacilación, su debilidad, y supo que ese era su momento. Este era el control que podía ejercer, la última pieza del tablero que podía mover
Con una agilidad que sorprendió a ambos, desplegó sus piernas de su alrededor y las volvió a cerrar, esta vez con una fuerza y una intención nuevas. Se cruzaron en la parte baja de su espalda, sus talones clavándose en sus glúteos, atrapándolo dentro de ella. Al mismo tiempo, sus brazos, que antes se aferraban pasivamente, se enroscaron alrededor de su cuello, sus manos entrelazándose en su cabello en la base de su cráneo. Lo encerró. Lo aprisionó con todo su cuerpo, convirtiéndose en una jaula de piel y hueso de la que no podía escapar
Gentildonna: Entonces no lo aguantes, dejalo todo adentro, Tn. Ahora es mío. Todo es mío
El impacto de sus palabras, combinado con la sensación de estar completamente atrapado, fue el golpe final. La barrera de Tn se rompió. Con un grito ahogado que era mitad dolor, mitad éxtasis, su cuerpo se arqueó violentamente. Ondas de calor explotaron desde su centro, inundando a Gentildonna en una torrente de vida
Sintió cómo se pulsaba dentro de ella, una y otra vez, cada espasmo una entrega final. La sensación de su liberación la empujó por el borde. Un orgasmo monumental la recorrió como un terremoto, una ola de placer tan abrumador que le robó la vista y el aliento
Su espalda se arqueó en un ángulo imposible, un grito inarticulado escapando de sus labios mientras su cuerpo se sacudía incontrolablemente bajo el de él
Tn se derrumbó sobre ella, todo su peso cayendo, su cuerpo convulsionando con los espasmos finales de su liberación. Se quedó así por un largo momento, un muñeco de trapo exhausto, su cabeza enterrada en el hueco de su hombro
El silencio que siguió fue pesado, sagrado. El único sonido era su respiración entrecortada, los latidos de sus corazones desbocados y martilleando contra sus costillas en una cacofonía desordenada
Finalmente, Tn reunió las fuerzas para rodar a su lado, saliendo de ella con un movimiento lento y pesado. Cayó con un suspiro profundo y tembloroso sobre el colchón, mirando el techo sin verlo, su pecho subiendo y bajando con un esfuerzo visible
Gentildonna se quedó quieta por un momento, sintiendo el vacío que dejaba él, una humedad tibia que se esparcía entre sus muslos. Se giró lentamente hacia él, su cuerpo dolorido pero satisfecho
Una sonrisa cansada y triunfante se dibujó en sus labios. Le acarició la mejilla, despeinándole el pelo sudado de la frente con una ternura que contrastaba violentamente con la ferocidad de los últimos minutos
Gentildonna: Lo hiciste bien, Tn
Se inclinó y le dio un beso. No fue un beso de pasión, ni de rabia. Fue un beso de sellado, un beso que decía "es nuestro secreto", un beso que afirmaba la complicidad de su acto
Después, con una gracia perezosa, se estiró y tomó la manta que estaba arrugada al pie de la cama. La desplegó sobre ambos y se acurrucó contra su costado, buscando el calor de su cuerpo, su cabeza encontrando su lugar en la curva de su hombro. Tn, demasiado agotado para pensar, para sentir, para siquiera moverse, simplemente dejó que lo hiciera
Cerró los ojos y, por primera vez en esa noche larga y caótica, se rindió por completo al sueño profundo
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Fin del Umapioy