Doble vida
Mi nombre es Kaly Monroy, tengo 23 años, y mi vida, vista desde afuera, es perfectamente normal.
Me levanto temprano.
Trabajo.
Contesto mensajes cuando es necesario.
A veces salgo, a veces no.
Nada fuera de lo común.
Soy graduada con honores de la mejor escuela de Ingenieria y Tecnología, Instituto Tecnológico de Massachusetts.
Gracias a mi buen desempeño y resultado en todos los programas, pude obtener un puesto en una empresa de alto estatus.
La empresa se basa en la formación y creación de IA, y tecnología futurista.
Y… no quiero alardear pero, gano muy bien en mi puesto.
Después de dos años de trabajar ahí, he podido comprarme mi casa, de dos pisos, con dos cuartos y un baño en la parte superior.
Uno de esos cuartos es mi recamara y el otro es mi lugar seguro, en donde todo lo que yo quiera… puede pasar.
El baño es amplio, tiene un jacuzzi, una bañera, el lavabo y el retrete.
En el piso inferior o planta baja, se encuetra el cuarto de lavado, la sala, la cocina y el comedor.
Es bastante amplia y moderna, pero estilo industrial.
Pero, a pesar de que tengo todo lo que deseo, llevo una vida solitaria.
No tengo amigos, ni familia.
Ninguna relación emocional o sentimental con nadie.
Mi vida fuera de casa es completamente básica, y solo hablo con las personas para resolver dudas o proponer ideas.
Muchos podrían pensar que soy extremadamente normal y aburrida.
Lo que no saben es que, cuando llego a casa, la situación cambia.
Como si fuera una persona muy difrente.
Como si la llama ardiera dentro de mi y quisiera consumir todo a su alrededor.
Soy amante de jugar videojuegos, de toda clase de tipo: acción, aventura, terror, romance y … porno.
Y esa última categoría ha creado una obsesión en mi, consiguiendo toda clase de juguetes para satisfacer mi constante soledad.
Pero, no me quejo, es divertido.
Los videojuegos no son solo un pasatiempo.
Son mi refugio.
Desde siempre lo han sido, pero con los años dejaron de ser suficientes en su forma más simple. Ya no quería solo ganar, subir de nivel o completar misiones.
Quería sentir algo más.
Más real.
Más intenso.
Y con el tiempo… lo encontré.
Primero fueron juegos más inmersivos. Luego historias interactivas. Decisiones que cambiaban el rumbo de todo. Personajes que parecían responder de formas casi… humanas.
Pero no era suficiente.
Nunca lo era.
Así que seguí explorando.
Descubriendo otros tipos de juegos mas placenteros. Más privados. Más… personales. Experiencias diseñadas no solo para entretener, sino para provocar, para jugar con la mente, con las emociones… con el cuerpo.
No era algo que compartiera.
Nunca lo sería.
Porque afuera, yo era otra persona.
Controlada. Discreta. Invisible si era necesario.
Pero dentro de ese mundo… no había reglas. No había miradas. No había juicio.
Podía ser quien quisiera.
Podía reaccionar sin pensar.
Podía dejarme llevar.
Y eso… era adictivo.
A veces perdía la noción del tiempo. Horas que pasaban sin darme cuenta, absorbida en historias, en decisiones, en masturbaciones , en sensaciones que, aunque no eran reales… se sentían peligrosamente cercanas a serlo.
Mi departamento estaba lleno de pequeñas señales de esa doble vida. Nada obvio. Nada que alguien notaría a simple vista.
Pero yo sabía.
Sabía exactamente qué guardaba, qué usaba, qué buscaba.
Y lo más importante… sabía que nadie más lo sabía.
Esa era la parte más segura de todo.
Nadie iba a buscarme.
Nadie iba a notar si algo cambiaba.
Porque mi vida estaba diseñada para pasar desapercibida.
