UN RESPIRO * HoSeok

Cuando llegué al apartamento sentí un rico olor a comida casera y di gracias mientras cerraba la puerta y me quitaba los zapatos.
—¿Te pilló la lluvia?—, preguntó mi roomie asomándose al pasillo con una sonrisa para luego cambiarla por una expresión de lástima. —Pareces una rata mojada—.
—Estoy mojada hasta los sostenes—, me sacudí y dejé mi abrigo colgado para que el calor del apartamento lo secara, al igual que mi paraguas en el cesto correspondiente. —Me alegra mucho que hayas preparado sopa, vengo con mucha hambre—, dije recogiendo mi cabello en un chongo alto.
—Mis dotes culinarios no son tan buenos como los del aseo, pero algo es algo—. Él tomó una cuchara y me dio a probar un poco, no sin antes soplar para enfriarlo.
Yo probé la sopa y la saboreé, dejando salir un gemido honesto de placer sensorial en mi boca.
—Hey, ¿acaso te mejoraste?—, me dijo con una risita y su cara de exageración.
—La verdad es que está muy rica—, asentí y salí de la cocina. —Me doy un baño y vuelvo, tú come si quieres—.
—Te espero, odio comer solo—, me alzó la voz mientras me perdía en el pasillo.
Hoeok era mi roomie hace unos meses; nos conocimos en el edificio donde trabajo, donde hay muchas consultas y oficinas empresariales. Como yo no podía costear todo el arriendo, busqué deliberadamente a alguien con quien vivir y el único que me dio seguridad fue él. Me di una ducha para luego volver en mi bata a sentarme al living junto a él con un tazón de sopa y fideos viendo una serie.
—¿Cómo puedo pagarte esto?—, le pregunté al finalizar mi plato.
—Déjame pensarlo—, dijo sin desviar la mirada de la serie que veíamos.
Teníamos confianza; era muy amable, gracioso y cercano. Hasta donde sabía, no tenía novia y no planeaba tenerla, al igual que yo; éramos un par de solteros que se divertían a su manera. La última vez le pagué con una caja de bombones —él ama los dulces— así que pensé que pediría algo como eso, pero cuando me respondió me quedé helada y no hice más que reír de nervios.
—Una mamada—, me miró de reojo mientras yo reía.
—Mamadas dices tú, HoSeok—, y dejé de reírme cuando noté que hablaba en serio.
—¿No quieres una caja de bombones como la otra vez?—, quise desviar la atención mientras recogía los platos.
—Vi la oportunidad y la tomé—, dijo con una risita tímida.
Yo me puse a lavar los platos pensando en si esto cambiaría las cosas, si luciría como una mujer fácil, no lo sé. Venía mal del trabajo y la verdad no me vendría mal tener un poco de acción y dejar de lado mi vibrador.
—¿Solo una mamada?—, pregunté alto.
—¿Lo estás pensando?—, se levantó del sillón acomodándose el pantalón de algodón que usaba de pijama.
—Bueno, hace mucho que no me proponen esas cosas—, admití. —Solo no quiero sentirme como una zorra—, reí con nervios.
—Cuando me regalaste los bombones en ningún momento pensé que era una muestra de afecto o amor romántico—, dijo tratando de llegar al punto. —Si me la chupas, tampoco creeré que te gusto—.
Lo miré y sonreí tratando de calmar mi ansiedad.
—Podemos hacer una cosa—, se apoyó en la encimera con los codos.
—Qué...—.
—Podemos hacer que esto sea interesante para ambos, un 69 quizás—, lanzó la idea como quien pregunta si quieres un poco de agua.
Yo me quedé en silencio secando los platos.
—Vemos porno un rato hasta sentirnos a tono y luego lo hacemos—, comentaba en voz alta. —Solo pienso que, si no queremos ser intensos, no deberíamos calentarnos de forma tradicional con el otro—.
—Eso lo haría extraño—, admití dejando la loza limpia sobre un pañito. —Digo, el calentarnos besándonos... y eso—.
—Entonces, una porno que elijamos ambos, nos ponemos a tono y un 69 hasta que acabemos los dos—, asintió como si el plan fuera perfecto.
—Bien, trato—, le tendí la mano y él la estrechó con la mía.
Volvimos al sillón y entramos a internet. Tuvimos el descaro de poner el porno en el televisor, pero al buscar nos demoramos un montón.
—¿Te gusta la categoría de tetas grandes?—, pregunté mientras navegaba por las categorías.
—No, me gustan más naturales—, respondió. —¿Tú eres de penes grandes?—.
—No me fijo mucho en ello—, respondió y me detuve en la etiqueta de doggy style.
Nos miramos impresionados por la coincidencia y apreté la categoría. Me terminé de dar cuenta de que somos muy visuales y elegimos un video de unos 20 minutos que contaba una dinámica erótica de oficina donde la chica comenzaba con una mamada y terminaba sobre el escritorio recibiendo embestidas bastante intensas de su compañero.
—Wow, eso estuvo caliente—, dijo llevando la cabeza hacia atrás, estirándose en el sillón mientras yo apagaba el televisor.
—¿Cuál fue tu parte favorita?—, le pregunté.
—Cuando la toma muestra el coño de la chica y él se lo repasa con la punta lubricada—, se cubrió el rostro. —Estaba bien mojada—.
—Sí, tienes razón—, recordé la escena asintiendo con la cabeza.
—¿Y la tuya?—, se giró a mirarme mientras llevaba su mano a la entrepierna, agarrándose la polla.
—Bueno, la parte donde él le acaricia el pelo mientras se la mama—, me mordí el labio. —Soy más romántica—.
—¿Crees estar mojada?—, preguntó acercándose a mí y subiendo su mano por mi muslo.
Yo di un respingo ante el contacto de sus manos frías con mi piel. Bajo la bata no traía nada puesto, así que me tomó por sorpresa. Asentí notando que no se detendría, y tampoco quería que lo hiciera, así que me vi en la obligación de separar mis piernas para que me tocara.
—Uff—, casi como un ronroneo. —Separa más—, me pidió y se acercó más a mí
Sus dedos separaron mis labios vaginales y buscaron mi entrada, de donde se desbordaba un cúmulo de fluido; como estoy en mi ovulación, era un poco más espeso. Arrastró con sus dedos mis fluidos hasta mi clítoris y lo acarició en círculos.
—¿No te sientes extraña porque esté haciendo esto?—, me preguntó al oído y yo negué. —¿Te gusta?—, yo asentí.
—Vamos al cuarto—, me dijo y me ayudó a levantarme para que lo siguiera a su habitación.
Yo me senté en la cama y recibí sus indicaciones. HoSeok siempre ha tenido una personalidad mandona, pero en el sexo esa cualidad lo hace muy... ardiente.
—Quítate la bata—, me dijo mientras me impulsaba a levantarme.
Él no perdió el tiempo y se quitó el pijama de dos piezas dejando su polla libre de telas. Era alargada, no tan gruesa, pero tenía presencia; yo no había visto una hace mucho tiempo. Lo vi recostarse en la cama y bombearse la polla. Mis pezones se erectaron al contacto con el cambio de temperatura y no dejé de mirar cómo sus manos se acariciaban.
—Siéntate en mi cara de una vez—, gimió ronco, mandón y erótico a la vez.
Yo me subí con cuidado a la cama. Decidí no mirarlo por la vergüenza que me daba estar en esa posición y me incliné contra él mientras sus manos se posaban en mis nalgas, bajando mi cadera para quedar contra su rostro. Siento su aliento erizándome el clítoris y presiono la tela del cubrecama. Flexionó sus piernas alzando la pelvis solo un poco para que su polla rozara con mi cara; la tenía enfrente y no sabía en qué momento engullirla.
—Ahhh—, dijo cuando su lengua me dio un lametón completo hasta mi entrada vaginal.
No sabía que estaba tan sensible hasta que lo sentí sorbeteando mis fluidos como si comiera sopa con fideos. Yo no me quedé atrás, así que lamí desde la base a la punta para luego meter su glande en mi boca y envolverlo con mi lengua muchas veces. Su polla daba saltitos y se endurecía más. Yo la engullía como podía, tratando de evitar caer de cara contra su pelvis debido a la debilidad de mis brazos y el temblor de mis piernas.
Me separé de su polla soltándola de mi boca; la veía mojada, más rojiza y dura, pero no pude evitar gemir.
—Mierda—, gemí intentando evitar que mi pelvis se frotara contra su cara. Sus manos ahora separaban mis nalgas y las apretaban.
—HoSeok, mierda, sigue—, mi voz temblaba y mis ojos lagrimeaban; mi corazón saltaba como loco en mi pecho mientras mi vientre se endurecía, pronta a acabar.
—Voy a acabar—, gemí. —Me corro, no pares, por favor, por favor—, supliqué sintiendo cómo comenzaba a sudar y mis piernas temblaban.
De imprevisto, dos de sus dedos entran en mi coño y me bombean mientras succiona mi clítoris y, con la punta de su lengua, lo frota dándome espasmos intensos que me hacen mover la pelvis sin control alguno.
—Mierda—, suspiré y apreté mis dientes y manos en la colcha de la cama sacudiéndome por completo. Fue ahí cuando HoSeok me soltó y se detuvo a respirar como quien sale del agua luego de largos minutos.
—Qué rico—, dijo jadeando. —Estoy mojado con tus fluidos—, rió breve. —Eres intensa, de verdad fue muy rico comerte el coño—.
Yo miré su polla a tope y la engullí con gusto, lo más profundo que pude, y lo repetí a ritmo constante. No podía hacer menos después de la forma en la que me hizo acabar. Saboreé su polla como si fuera un caramelo y gemí cada vez que la sacaba de mi boca, dejando que escuchara cómo su polla me ahogaba.
—Qué rico te suena la boca—, dijo con su voz profunda. —Mételo otra vez, hasta el fondo—, pidió y yo cumplí.
—Fóllame la boca—, le pedí ya en mi punto máximo de calentura. —Hazlo como lo hizo el tipo en esa porno—.
Alineé su polla con mi boca y me quedé quieta; me acomodé de tal forma que su polla pasara directo a mi garganta y cerré los ojos, regulando mi respiración por la nariz para no morir en el intento. Mi boca estaba abierta y no tragaba mi saliva, por lo que mis excesos caían a goteo en su pelvis chorreándolo.
—Oh sí, sí—, dijo mientras bombeaba mi boca rítmicamente.
Se me apretaba el pecho imaginando cómo se sentiría esto en mi coño, de perrito hasta el fondo, con sus manos abriendo mis nalgas viendo cómo me entraba. Sentí que jalaba de mi cadera y volvía a comerme el coño con locura mientras me bombeaba la boca; yo me comencé a desesperar y a temblar sintiendo el siguiente orgasmo de la noche.
Mierda, pienso. Es muy bueno, es intenso, es experto en coños. Metió sus dedos y combinó su ritmo con sus embestidas en mi boca. Dejé de pensar en cómo se siente; pienso que me lee la mente.
Mis piernas tiemblan, sus cogidas son lentas y profundas hasta que soltó su leche directo en mi garganta, sin dejarme la posibilidad de escupirla como solía hacer con mi ex, sino que pasó directo a mi garganta y se deslizó como miel, alimentándome.
Tres shots espesos directos a mi garganta mientras mi barbilla estaba mojada por la saliva que caía de mi boca obscenamente.
Me la sacó de la boca y yo me giré cayendo contra el costado de su cama a su lado, en dirección contraria, dejándolo respirar con claridad mientras yo me reponía tragando lo que estaba pegado en mi garganta y regulaba mi respiración.
—Eso fue...—, trata de describir, pero no halla la palabra.
—Ha sido lo más sucio que he hecho en mi puta vida sexual—, admití.
Él se sentó en la cama limpiando su barbilla de fluidos, se miró la pelvis mojada y se mordió el labio. Podría jurar que la vista lujuriosa que tenía de sí mismo, mojado por mi saliva, le daría nueva vida a su pene que aún seguía dando batalla, semierecto.
—En un momento pensé en darte la vuelta y follarte el coño—, dijo con naturalidad; ya estábamos en más que confianza.
—Casi me froto en tu cara—, le digo entre risas mirando el techo.
—Me hubiera gustado que lo hicieras—, acarició mi vientre haciendo círculos. —Debo admitir que jamás había follado una boca; me recibiste como una pro—.
—Lo hice una sola vez—, reí. —Tú... nada mal—, giré mi rostro y lo miré.
—¿Solo eso?—, miró levantando una ceja.
—Me hiciste rechinar los dientes... ¿contento?—, le lancé una almohada.
—Me conformo con un gracias—, me lanzó la almohada de vuelta.
Yo me levanté y me cubrí con mi bata.
—Gracias, por ti tendré que ducharme otra vez—, salí de su habitación.
—Buenas noches—, alzó la voz y yo cerré la puerta de su habitación.
