Capítulo 1
Para Rin los cerezos siempre significaron algo especial; cuando era niño ver caer las hermosas flores de un color rosa pálido por la ventana significaba que la primavera había llegado y con ella volvió su actividad favorita, nadar con sus amigos.
Cuando estuvo en Australia significó su hogar, su país y el recuerdo de las personas que había dejado atrás para cumplir uno de sus sueños más grandes, más profundos y a veces sólo podía verlas a través de la pantalla de la computadora, cuando su mamá le enviaba un vídeo justo después del día de la floración .
Dejándole un sabor agridulce y una extraña sensación de haber perdido algo, algo muy importante y que jamás iba a poder recuperar.
Pues, mientras las flores anunciaban la calidez, él comenzaba a tener frío a su alrededor, un frío muy diferente al que recordaba en su país y que debía resolver por sí mismo y no deseaba buscar ayuda a su alrededor para no parecer débil, frágil.
A veces las sakuras significaban esperanza, otras veces nostalgia y en la mayoría de las ocasiones tristeza.
Aún así esas flores siguieron siendo ese efímero momento del cual quería sostenerse para jamás olvidar aquello que fue importante, aquello que tanto amaba y todo lo que no deseaba perder, lo que quería preservar.
Rin amaba la primavera y a la vez la odiaba, la amaba porque gracias a ella existían recuerdos muy felices y preciados, aquellos que le habían formado para ser el hombre que era actualmente... Pero la odiaba por no ser eterna, por tener que separarse de ella más rápido de lo deseado y hubo un momento en el cual sintió que jamás volvería a vivirla como antes.
Matsuoka Rin muchas veces se sintió frágil, frágil como una flor de cerezo, la cual caía en su mejor momento para jamás recuperarse, donde su existencia era tan efímera, insignificante y realmente no era algo que quería atado a él.
Y aunque esa fuera su perspectiva, en realidad era el único quien pensaba de esa manera.
Pues existían un par de ojos de color brillante, de un azul que se volvía cálido, brillante cuando le miraba, cuando estaba cerca de él y, ciertamente, era quien tenía una mejor perspectiva acerca de él.
Para Nitori Aiichiro, Rin si era como un Sakura, pero no como su flor, no era pequeño, no era frágil ni era sencillo de derrumbar, lo veía más como el árbol por completo; fuerte, que podía crecer tan alto como le fuera posible, era vistoso pues todo el mundo podía voltear a verlo, contemplarlo con admiración.
Como él lo hacía.
Para Aiichiro. Rin era simplemente alguien a quien podía seguir, alguien resiliente, su gran admiración iba hacía él y, sin llegar a equivocarse, conocerlo había sido la mejor experiencia.
Y aunque Matsuoka no pudiera imaginarse cada uno de los pensamientos que corrían por la cabeza de Aiichiro, sabía que era él, su antiguo y adorable kohai, quien creía ciegamente en él.
Eso dejaba lejos a Aiichiro Nitori de ser mínimamente similar a un cerezo.
Ante la mirada seria, ligeramente fría y un poco más objetiva de lo que era la de Aiichiro para describirlo, Rin veía a Aii como algo más, no era un cerezo, en lo absoluto.
Era mucho más fuerte, más resiliente, como aquel árbol que solía florecer incluso en el invierno cuando el clima no fuese el mejor, como Aii quien solía encontrar lo positivo en cualquier momento, por más difícil que esté fuera.
No era discreto, para nada, su belleza era impactante, como aquellos árboles cuyas flores tienen vibrantes colores rojizos en ellas que eran imposibles de ignorar. Su fragancia era mucho más intensa tanto que era imposible ignorarla cuando se conocía, parecida a la energía de Nitori quien parecía llenar todos los lugares, incluso lo más apáticos.
Aiichiro era impactante, podía no ser el favorito de muchos pero era su favorito. Y realmente a Rin solo le importaba eso.
Amaba a Nitori, mucho más que a la primavera.
Más que a sus recuerdos nostálgicos, mucho más que a su flor favorita.
Aiichiro era su ser favorito, era a quien deseaba sostenerse de ahora en adelante, no era efímero, no era un recuerdo triste, no era algo que debía esperar por demasiado tiempo ni lo sentiría escaparse de sus dedos con tanta velocidad.
Rin se acercó para abrazar desde atrás a Aiichiro, quien dio un brinco de sorpresa luego de sentir las manos alrededor de su cuerpo, la frente del más alto sobre su hombro y un ligero suspiro saliendo de él.
—¿Senpai? —el peligris se atrevió a preguntar, no porque le incomodaba estar así, no porque quisiera separarse, más bien sentía que algo sucedía con el hombre a quien amaba y con quien quería pasar su vida, juntos.
Matsuoka no contestó, simplemente apretó más el abrazo y se quejó levemente, dejando un momento más largo para el silencio, silencio que le fue otorgado también.
—Quédate conmigo… —se atrevió a decir, luego de un par de minutos y Nitori abrió los ojos, sorprendido, no para mal, todo lo contrario.
—Lo haré, Rin —murmuró, poniendo ambas manos sobre aquellas que lo abrazaban, mojándolo un poco después de haber terminado de lavar los trastos de la cena.
Llevaban poco tiempo viviendo juntos, aun así los sentimientos comenzaban a florecer, florecer como el deseo de jamás volver a estar separados, sin importar qué.
El pelirrojo sonrió al escuchar las palabras del otro, levantándose sólo para darle la vuelta y abrazarlo firmemente, pegando completamente el delgado cuerpo contrario sobre el propio.
—Te amo, te amo demasiado —confesó, con una voz tranquila, baja y sin importar parecer débil, aunque para Aii eso era el movimiento más valiente de todos, amaba la vulnerabilidad del mayor.
Quería ser el único a quien Matsuoka Rin le mostrara su verdadero ser.