El secreto del príncipe

All Rights Reserved ©

Summary

Sebastián Harrington, príncipe, hermano del medio, reservado. Esas son las cosas que se saben sobre el pero. ¿Que pasaría si el mundo se entera de su secreto?. Sebastián tiene que hacer lo posible para que nadie se entere que se enamoró, se enamoró de un imposible, de alguien que sus padres jamás aceptarían porque eso dañaría su reputación de familia británica tradicional. A veces el amor no puede expresarse como uno quisiera o por lo menos como Sebastián quisiera. El amor que siente Sebastián por el heredero de la familia real española podría causarle bastantes problemas debido a que en su familia ser gay puede ser algo que perjudique su reputación y el lema de su padre donde lo tradicional es lo mejor para mantener la familia Harrington en lo alto.

Genre
Lgbtq/Drama
Author
kev
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO

31 de diciembre de 2025

El ruido de la celebración llega hasta mi habitación como un eco lejano, amortiguado por los muros gruesos del palacio. Música, risas, copas que chocan. Todo parece vibrar allá abajo, como si la ciudad entera respirara al mismo ritmo, celebrando algo que yo observo desde la distancia.

Estoy en el balcón, con las manos apoyadas en la baranda fría de piedra. Desde aquí puedo ver la plaza principal iluminada como si fuera de día, llena de gente que baila, grita, se abraza sin miedo. El invierno no parece importarles. Nunca lo hace cuando hay algo que celebrar.

No soy fan de los eventos públicos. Nunca lo he sido. Son ruidosos, impredecibles, llenos de miradas que pesan más de lo que deberían. Aun así, esta noche se siente distinta. No sabría decir por qué. Tal vez sea el cambio de año, tal vez sea solo una ilusión infantil, pero hay algo en el aire que me hace pensar que el 2026 podría ser diferente. Que, quizá, podría ser *mi* año.

El pensamiento me sorprende a mí mismo.

No suelo permitirme ese tipo de expectativas.

El viento frío me obliga a cerrar un poco el abrigo. Respiro hondo y observo los fuegos artificiales de prueba que ya comienzan a asomarse en el cielo, tímidos, como si también estuvieran esperando permiso.

Entonces, tres golpes firmes suenan en la puerta de mi habitación.

—Príncipe Sebastián —dice una voz conocida, tranquila—. Su padre lo está llamando.

Marcus.

Me separo del balcón y camino hacia la puerta. Él está ahí, impecable como siempre, recto, atento. No sonríe, pero sus ojos transmiten una calma extraña, como si nada pudiera desordenarlo.

—Gracias —murmuro.

No hace falta que me explique nada. Sé perfectamente qué ocurre.

Ya es hora del discurso.

Todos los años es igual. Mi padre aparece en el balcón principal del palacio, justo cuando el reloj marca el final del año, y pronuncia unas palabras solemnes sobre el reino, el progreso, la estabilidad. La tradición hecha voz. En esta familia, la palabra *tradición* no es solo un concepto; es casi una religión.

Caminamos por los pasillos largos del palacio, decorados con retratos de antepasados que nos observan desde las paredes con expresiones severas. Reyes, reinas, duques, generaciones enteras que parecen juzgarnos en silencio. A veces me pregunto si ellos también se sentían así, o si solo somos nosotros los que dudamos.

Mi padre suele decir que la tradición es lo que nos mantiene en el poder.

Mi madre dice que es lo que nos mantiene seguros, en un estatus intocable.

Alistair piensa igual que mi padre… o al menos eso dice. Nunca he estado seguro de si realmente lo cree o si simplemente cree que *debe* creerlo.

Beatrice, en cambio, opina que seguir normas más viejas que nosotros mismos es absurdo. Que el mundo cambia, aunque la corona pretenda que no.

Y yo… yo no lo sé.

No he vivido lo suficiente como para decidirlo.

Llegamos al despacho. Desde allí se accede al balcón principal, el que da vista a gran parte de la ciudad. El Palacio de Bermorne está construido para eso: para ver y ser visto. Para dominar el paisaje sin mezclarse con él.

Mis padres ya están allí. Mi madre, impecable, con esa serenidad calculada que nunca se quiebra. Mi padre, erguido, serio, como si incluso el paso del tiempo tuviera que pedirle permiso.

Alistair y Beatrice están a un lado. Ella parece inquieta, ansiosa por que todo termine. Él, como siempre, parece una estatua: presente, correcto, distante.

Mi padre da un paso al frente cuando el murmullo de la multitud empieza a disminuir.

Su voz resuena firme cuando comienza a hablar. Dice que ha sido un gran año para el reino. Que hemos crecido, que seguimos siendo fuertes, que el futuro promete tanto como el pasado. Es un discurso sencillo, sin adornos innecesarios. Funcional. Eficaz.

Escucho, pero no puedo evitar pensar en lo extraño que es que millones de personas tengan una imagen tan clara de nosotros cuando, en realidad, ni siquiera yo me conozco del todo.

Somos la familia Harrington: privilegio, estabilidad, elegancia. Eso es lo que mostramos.

Eso es lo que esperan.

Los últimos segundos del año comienzan a contarse en la plaza.

Diez.

Nueve.

Ocho.

Siento un nudo extraño en el pecho.

Tres.

Dos.

Uno.

Los fuegos artificiales estallan en el cielo al mismo tiempo que los gritos de celebración llenan el aire. El 2026 ha comenzado.

Colores brillantes iluminan la ciudad, reflejándose en las ventanas del palacio. Todo parece perfecto, casi irreal. Desde aquí arriba, la felicidad se ve ordenada, controlada, hermosa.

Aprieto los dedos contra la baranda del balcón.

No sé qué me depara este año. No sé quién seré cuando termine.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, siento que algo está a punto de cambiar.

Y aunque no sé exactamente qué es…

No puedo apartar la sensación de que nada volverá a ser igual.